Alabóse el conde Vélez -- en las Cortes se alabó, que no hay dama ni doncella -- que a él le niegue el amor, si no fuera la infanta, -- a quien no lo demandó, que, si se lo demandara, -- no le dijera de no. Mucho pesó a los galanes, -- que esto en la Corte se oyó. Allí estaba el conde Bueso, -- que en el buen día nació: -Esposita tengo,Vélez, -- de quince años, que más no, que, si tú me la vencieras,
Se paseaba Silvana --por la su huerta florida con la vihuela en los brazos -- ¡oh qué bien que la tañía!, si bien tañe la vihuela, -- mejor romance decía. Su padre la está mirando -- desde una alta celosía: -¡Qué bien pareces, Silvana, -- en ropas de cada día, más que la reina tu madre, -- en las de Pascua Florida! Silvana, ¿si tu quisieras -- holgar conmigo un día? -Yo, mi padre, bien holgara -- y también toda la vida, mas las penas del infierno
-¿Quién es ese caballero --que a mi puerta ha dicho: ”Abrid”? -Ábremela, Catalina, --la del cuerpo muy gentil, soy Bernal Francés, señora, --el que te solía servir, de noche para la cama, --de día para el jardín. -Levántate, Teresica, --levántate y ve a abrir. -No tengo lumbre ni aceite, --ni torcida pa’l candil; levántese, la señora, --pues con él ha de dormir.- Se levanta la cuitada,
Un hijo tenía Abrahán --muy querido y estimado; le traía bien vestido, --le traía bien calzado, de los regalos del mundo, --le tenía regalado: que no comía gallina, --ni comía cordero asado, sólo pavo de las Indias, --que costaba cien ducados. Dios, por saber su intención, --mandó que fuese quemado. -Si el Rey del Cielo lo manda,