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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

EL PRISIONERO

EL PRISIONERO

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EL PRISIONERO

Mes de Mayo, mes de Mayo,
--mes de muy fuertes calores,
----(¡Vitor vitanda!,
--------vitanda vitor!)
cuando los toros son bravos,
--los caballos corredores
cuando los trigos encañan,
--los linos están en flores;
----(¡Vitor vitanda!)
las damas andan en gala,
--los galanes en jubones.
Cuando los enamorados
--regalan a sus amores:
----(¡Vitanda vitor!)
quién los sirve con naranjas,
--quién los sirve con limones,
quién los sirve con manzanas,
--el fruto de los amores.
----(¡Vitor vitanda!)
Yo, la tristica de mi,
--metida en esta prisión,
sin saber cuándo amanece,
--ni cuando arrayaba el sol;
----(¡Vitanda vitor!)
si no es por tres avecicas,
--que me cantan al albor:
la primera es la calandria,
--el otro es el ruiseñor,
la otra la tortolica,
--que anda sola, sin amor:
----(¡Vitor vitanda!)
no se posa en el romero,
--ni en ramos que tengan flor,
que se posa en las aradas
--a la sombra de un terrón,
a recoger el granito
--que derrama el labrador.
----(¡Vitanda vitor!)
Ahora, por mis pecados,
--no sé quién me las mató;
¡malhaya sea la escopeta,
malhaya sea el cazador!

---- Éste es uno de los romances procedentes de la tradición medieval más tempranamente incorporado a la literatura letrada. Fue uno de los favoritos de los poetas trovadorescos y de los músicos de vihuela, cuando, a fines del s. XV y comienzos del s. XVI, se pusieron de moda en medios cortesanos el romancero viejo y la canción lírica tradicional. Los poetas lo glosaron (comentando cada dos octosílabos mediante una estrofa de su personal creación) y los músicos hicieron variaciones polifónicas a partir de su melodía. Nada menos que cinco textos diferentes del romance anteriores a la mitad del siglo XVI nos son conocidos gracias a ellos. El éxito de este romance tradicional en ambientes literarios y musicales de tiempo de los Reyes Católicos fue debido a la doble lectura que de la narración puede hacerse, considerando la prisión de cal y canto, o metafóricamente como cárcel de amor. Suele ser esta interpretación la comentada en las glosas. Para la poesía cancioneril de raíces medievales nada más natural que el leer el romance como una expresión de los sentimientos de un corazón desesperado. Pero esa lectura no es patrimonio de los lectores letrados, ya que nunca ha sido ajena a los transmisores del romancero tradicional. En el Romancero del siglo XX sigue siendo patente en múltiples versiones; en la nuestra, mediante la feminización del “Yo” cantor que realizan las cantoras al referir la historia.
----En tres de las antiguas versiones, la trama narrativa no se reduce al cogollo lírico, que la versión glosada por Garcí Sánchez de Badajoz hizo para siempre famoso, pues mantiene dos componentes narrativos que sólo encajan en la interpretación literal de la historia: el de la larga duración del cautiverio del preso (dramatizada con el desmesurado crecimiento de su pelo, barba y uñas) y el de que aún trate de recobrar su libertad escapándose con la ayuda de sus familiares. Son motivos que sólo han pervivido en la tradición judeo-española de Oriente y en la catalana. La tendencia evolutiva más general del romance ha sido la de irse aproximando, más y más, a la “Canción de Mayo”, celebrativa de la euforia que en los seres vivos provoca la llegada de la Primavera; las “mayas” han formado parte, desde la Edad Media, de las tradiciones no cristianas persistentes en la Cristiandad. Debido a su influjo, el romance de “El prisionero” ha ido progresivamente acogiendo referencias al brotar de las flores, al canto de las aves, al celo en los animales y a los juegos de los mancebos y doncellas, incluidos los ritos de la lucha de los “monagos” “en bragas, sin vestidos”, que ya recuerda el “Libro de Alexandre” en el siglo XIII y a los que aún se alude, fuera de este romance, en la tradición oral portuguesa del Romancero (¡en un romance de tema cidiano!).
----En mi versión, que depende fundamentalmente de la tradición zamorana del romance, se percibe la influencia de otro romance lírico, en la inclusión del motivo de la tortolica que anda sola sin amor. También es típico de esa tradición el estribillo de origen goliardesco “vitor vitanda” ‘viva lo prohibido’, aplicado al goce amoroso carnal.

Autor: Diego Catalán

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