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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

EL CABALLERO BURLADO

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EL CABALLERO BURLADO

De Francia partió la niña,
--de Francia, la bien guarnida,
fuérase para París,
--do padre y madre tenía.
Se arrimara a un castillo,
--por esperar compañía;
vio venir un caballero,
--vestido a la galanía.
-Por tu vida, el caballero,
--llévame en tu compañía.
-¿A dónde va, la señora?
---A París llevo la guía.-
La cogió por la cintura
--y la subiera a la silla.
Caminaron siete leguas
--y nada no le decía;
a la entrada de las ocho
--en amor la requería.
-Tate, tate, el caballero,
--no tengáis tal osadía,
que soy hija de un leproso,
--llena estoy de leprosía,
el hombre que a mí llegara
--el mi mal le pegaría,
hoja verde que pisara
--seca se le volvería,
fuente donde yo bebiera
--al punto no manaría,
el caballo en que montara
--al punto reventaría.
-Apéese, la señora,
--que el caballo tiene estima.-
A la entrada de París,
--la niña se sonreía.
-¿De qué se ríe, la dama,
--de qué es lo que se reía?,
¿si se ríe del caballo,
--o la silla mal guarnida?
-Me río del caballero
--y de la su cobardía,
¡tener la niña en el campo,
--tratarla con cortesía!
Hombre que a mí llegase,
--por dichoso se tendría;
hierba seca que yo pise,
--verde se me volvería;
caballo que cabalgara
--en el año pariría.
-¡Atrás, atrás, mi caballo,
--la espada tengo perdida!
-Adelante, caballero,
--que yo atrás no tornaría;
hija soy del rey de Francia,
--de la reina Constantina,
los palacios de mi padre
--desde aquí bien los veía.

b)

 

Por los caños de Carmona,
--donde va el agua a Sevilla,
se pasea una señora,
--hermosa a la maravilla;
rosario de oro en la mano
--rezando el “Ave María”
y lo rezaba en romance,
--que en latín no lo sabía,
pidiéndole a Dios del cielo
--que le diese compañía
y que se la diera buena,
--que mala no la quería,
para marcharse a su tierra,
--que ella sola no sabía.
Ya le ha cogido la noche
--en una oscura montiña;
se ha arrimado a un arbolito,
--mirando el sol si salía.
Vio venir a un caballero,
--que a Cádiz lleva la guía.
-¿Me quisiera, el caballero,
--llevar en su compañía?
-¿Dónde montará, la blanca,
--dónde montará, la niña?
-A las ancas, caballero,
--que en la silla es villanía.-
Siete leguas lleva andadas,
--palabra no se decían.
A la entradita de un monte,
--de amores la pretendía.
-Poco a poco, caballero,
--no pretenda villanía,
que soy hija de un malato,
--y de una malatofina,
el hombre que a mí llegase
--malato se volvería.-
Caballero, que esto oyó,
--en el suelo la abatía.-
Se ha agarrado de la brida,
--se ha terciado la mantilla,
tantos pasos da el caballo
--como pasos da la niña.
Y a la entradita de Cádiz,
--le calcó una grande risa.
-¿De qué os reís, la blanca,
--de que os reís, la niña?
-Me río del caballero
--y de su gran bobería,
¡tiene la caza en la mano,
--de ella se le escaparía!
Soy hija del rey francés,
--de la reina francesina;
mi padre pesaba el oro,
--mi madre la plata fina
y yo pesaba el aljófar
--para dar a mis amigas.
-Volvamos atrás, la blanca,
--volvamos atrás, la niña,
que en la fuente en que bebimos
--queda mi espada perdida.
-¡Antes, antes, caballero,
--al pie de la verde encina,
antes , antes, caballero.
--fuera tuya, que no mía!

----El tema de la oportunidad perdida ha dado lugar a varias baladas europeas que no deben confundirse entre sí. La que aquí he ejemplificado con dos textos en español es una balada conocida, no sólo en las varias lenguas hispánicas (portugués, gallego, español, sefardí, catalán) sino también en francés y en italiano. Su expresión en diversas lenguas románicas no atenta a su unidad poemática, ya que conserva en ellas la misma estructura narrativa y aun verbal. Es un ejemplo clarísimo de cómo las baladas no necesitan ser reescritas para cruzar las fronteras lingüísticas de la Romania.
----Tanto en España como en Francia conocemos versiones de mediados del siglo XV; pero esos textos medievales no son los mejores representantes de esta balada pan-románica, ya que fueron manipulados por los poetas (Juan Rodríguez de Padrón y Olivier Basselin) que los incluyeron en sus repertorios, pues trataron de ajustar el texto tradicional llegado a sus oídos a sus personales ideales poéticos, propios del medio en que y para el que escribían. En el caso español, otra de las tres versiones antiguas conocidas, la impresa en el "Cancionero de Romances de Amberes" de c. 1548, es, en general, mucho más fiel al primitivo modelo tradicional pan-románico, al cual remontan los textos conservados por tradición oral hasta el siglo XX.
----Aunque la similitud estructural de la balada en los varios ámbitos románicos sea indicativa de una génesis común, ya en los textos más antiguos se observa un enfoque diverso en el romance peninsular y en la correspondiente canción transpirenaica. La tradición francesa y la italiana sólo se interesan en la comicidad de la ingeniosa victoria de la damisela sobre su ingenuo acompañante. La burla, subrayada por el paralelismo entre la falsa identificación que de sí hace la joven cuando se halla en el medio del bosque, y la verdadera, que revela pasado el bosque, se cuenta despreocupadamente, frívolamente, sin pararse a desarrollar el núcleo narrativo, interesándose sólo en la expresión lírica, hasta que la risa de la joven estalle al poder decir, cuando está ya a salvo, que es la hija de un rico burgués de la villa. En las versiones que conservan el segmento narrativo de la petición, por parte del caballero, de una segunda oportunidad, ello es sólo para poner en su boca una ridícula oferta de dinero, que la hija del rico burgués rechaza despreciativamente.
----La tradicion de las cinco lenguas hispánicas arranca de un modelo ideológicamente más complejo, que exige elaborar la figura de la protagonista dotándola de una personalidad singular. Ello se debe a que el propósito del romance no es sólo contar una aventura cómica, sino transmitir un código de conducta caballeresca. La “cobardía” del caballero, al tratar a la niña en el campo con “cortesía”, no es sólo vista como un resultado del ingenio que caracteriza al género femíneo, a la “picardía” con que la doncella sabe detener las primeras tentativas de seducción o fuerza de su acompañante haciéndose pasar por la hija de un leproso, maldito por naturaleza, sino que es considerada un fallo grave del carácter del joven caballero, una falta que le descalifica como varón. Lo pone claramente de manifiesto su fútil intento de engañar, a su vez, a la niña proponiéndole volver a buscar la espada, que dice haber perdido en el locus amoenus en que se hallaron a su paso por el bosque, sin darse cuenta de que esa supuesta pérdida del arma que define al varón es, en un plano simbólico, una pérdida que hace inútil su petición de una segunda ocasión.
----El tema de la ocasión perdida, que en esta balada pan-románica se nos presenta revestido de una de sus mejores expresiones poéticas, tiene en el Romancero otra manifestación muy distinta, pero no menos atrayente, en el romance de “La infantina”. Originalmente, uno y otro romance nada tenían que ver; pero su pertenencia a un mismo campo semántico hizo que, ya desde la Edad Media, tendieran a entrar en contacto en la tradición oral. Modernamente, el deseo de los cantores romancísticos de dotar a la ingeniosa niña de nuestro romance de una personalidad que justifique el arriesgado viaje que emprende en solitario ha dado lugar a la expansión de un romance mixto de las dos fábulas primitivas, según comentaré más adelante.

Diego Catalán

Imagen de portada: autorretrato de joven, de Bernini

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