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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

ESPINELO

ESPINELO

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ESPINELO

Tan alta iba la luna
--como el sol al mediodía,
cuando el manto de Espinelo
--bordaban en Berbería.
Le cortaron siete moras
--siete cristianas cautivas;
siete damas hilar seda
--por coser la empedrería.
Tardose en hacer el manto
--siete semanas y un día,
acabaran de labrarle
--día de Pascua Florida.
No bien le vino a estrenar,
--para la Corte se iría;
envidióselo la reina
--un día al salir de misa:
-¿Cuánta era, Espinelo,
--cuánta era su valía?
-Nada es menester, señora,
--para vos se merecía.
-Por vida tuya, Espinelo,
--¿vendrás a almorzar un día?-
Cayera Espinelo enfermo,
--enfermo, que se moría;
la reina le hizo la cama,
--la cama de enfermería:
púsole catre de oro,
--las tablas de plata fina,
almadraques de plumaje
--de pavos y cardelinas;
púsole cinco almohadas,
--sábanas de holanda fina,
cobertor de fina grana,
--bordado de seda y sirga,
las borlas que de él colgaban
--de aljófar y perlas finas.
Siete damas a sus pies,
--otras tantas le servían.
-Por vida tuya, Espinelo,
--¿cuándo era tu nacida?,
¿si naciste por San Juan,
--o por la Pascua Florida?
Me dirías, Espinelo,
--¿de qué linaje venías?
-Mi madre era una reina,
--señora muy soberbiosa,
en medio de su reinado
--hizo una ley afrentosa:
“la que para dos de un vientre,
--la tengan por alevosa,
que duerme con dos maridos,
--no puede ser otra cosa”.
Quiso Dios y la Fortuna
--n’ella cayó la deshonra,
que me parió a mí, Espinelo,
--y a otra noble persona;
me pariera a mí y al otro
--los dos juntos en un hora.
Para no verse afrentada,
--pidió consejo a una mora.
El consejo que le dio
--aquella perra traidora:
que hiciera una caja,
--a modo de una redoma,
y me metiese a mí dentro
--y me echase a la mar honda.
Me hallaron los marineros
--junto a una espina redonda;
y la fortuna que tuve,
--me acogió una pescadora.
Por eso soy Espinelo,
--no lo tengo por deshonra.

----Este romance, aunque es poco común, se ha conservado en el Romancero del siglo XX en áreas de la tradición muy distintas: entre los judíos sefardíes de Marruecos y entre los de Monastir (en Macedonia) y en algunos pueblos de Zamora y de Burgos.
Antes de las encuestas por mí organizadas desde el Seminario Menéndez Pidal, fuera de la tradición sefardí sólo era conocida una versión peninsular, recogida por Tomás Navarro Tomás en 1910.
----Gracias a la tradición oral moderna, sabemos que la única versión impresa en el siglo XVI, heredada por varios cancionerillos de romances de un pliego suelto, sufrió en manos de su primer editor una sistemática revisión para eliminar del romance un rasgo de arcaísmo: el que comience en asonante -í.o y, a partir del momento en que Espinelo cuenta la historia de su vida, pase a estar en el difícil asonante -ó.a. Frente al testimonio de los cantores modernos del romance en las más distantes tradiciones, el corrector del siglo XVI eliminó las rimas en -ó.a, dejando en su arreglo bastantes huellas de ello al colocar numerosas voces con esas terminaciones en los versos impares o en el interior de los versos. En esa versión antigua, el romance se iniciaba situando ya a Espinelo en la suntuosa cama próximo a morir, invirtiendo dramáticamente el orden natural de la historia de su vida. La curiosidad respecto a ella no es de la reina, sino de “Mataleona, su querida”, que se halla a su cabecera. La divina Providencia ha restaurado el natural destino del hijo de rey, pese a la acción de su madre; pero no mediante un retorno al reino paterno, sino en tierra extraña, ya que quien le prohijó fue el anterior Sultán del reino en que asistimos a su muerte. Para nada se habla del extraordinario manto.
----En la tradición oral del siglo XX, el manto de Espinelo es un motivo narrativo que ocupa un lugar destacado tanto en las versiones sefardíes de Marruecos como en las de Zamora y de Burgos. Aunque no se nos haga explícito, ese manto envidiado por la reina constituye, de alguna forma la anagnórisis, el reconocimiento del hijo arrojado a la mar honda por su madre, siendo parte de la fábula, aunque sólo conste en los textos de forma explícita en añadidos explicativos obviamente superfluos. Por más que la escena de la cama nos remita en sus detalles a un ambiente oriental, el manto envidiado por la reina constituye, de alguna forma, el “indicio” o prueba que conduce al reconocimiento de la realeza de Espinelo.
----La literatura medieval europea nos ofrece otras dos manifestaciones del tema, esta vez fuera de la tradición baladística: en el cantar narrativo italiano “Gibello” (conservado en una miscelánea toscana del siglo XV) y en un “lai” de Marie de France, “Le Fraisne” (de antes de 1165). Los tres textos, el francés, el italiano y el español, son manifestaciones de una misma “fábula”, de un mismo modelo narrativo; pero su relación no es directa (ni el romance ha conocido los textos literarios, ni el poema italiano debe nada a Marie de France); todos tres heredan una tradición folclórica que hunde sus raíces en un pasado desconocido para nosotros. El romance castellano publicado en el siglo XVI contiene motivos de “Le Fraisne” no presentes en “Gibello”(siendo el principal la aceptación de un fitónimo como base de la identificación del héroe: Fraisne-Espinelo) y motivos de “Gibello” no presentes en “Le Fraisne” (siendo los más sobresalientes la promulgación de la ley injusta y el intento de la reina de deshacerse de uno de los gemelos echándolo al mar). Los textos literarios francés e italiano, con una intriga mucho más desarrollada (de forma dispar) que la de la versión del romance publicada en el siglo XVI, rematan el cuento con la esperable anagnórisis, con el encuentro de los dos gemelos y con la admisión de su error por los sustentadores del prejuicio respecto al parto doble, cuya desaparición en la versión vieja del romance conlleva que la “marca de identidad” con que la reina echa al mar a su hijo siguiendo el consejo de la mora (“y pongas también en ella / mucho oro y joyería / porque quien al niño hallasse / de criárselo holgaría”) pierda su función, ya que la recuperación de su naturaleza regia se produce en tierra ajena. Y es de notar que el motivo del manto tejido y bordado para Espinelo en las versiones orales modernas de Marruecos y del NO. de la Península y colocado en ellas en una privilegiada posición inicial, tiene en los textos francés e italiano su paralelo: es obviamente el mismo “manto” que acompaña a Gibello en todos los avatares de su vida, hasta que en el desenlace de la historia sirve de prenda de reconocimiento por parte de su madre la reina, y es asimismo el que Fraisne conserva hasta depositarlo en la cama nupcial de su hermana y que desencadena el proceso de reconocimiento, que la llevará a substituir a su hermana en el lecho conyugal. El paralelo con esos otros textos nos hace entender mejor en el romance cómo es el fantástico manto, con que el hijo de la Naturaleza logra atraer la atención de la reina, el que le permite “adueñarse” simbólicamente de la condición regia, que por nacimiento le pertenecía. Antes ya de narrar la historia de su infortunio, Espinelo se prepara para morir (quizá más bien para renacer) en cama regia. La cama le sirve de trono. Desde él revelará su condición regia.
----Otra importante observación, que la comparación entre el conjunto de la tradición oral del romance y los textos transpirenaicos nos permite hacer, es la siguiente: aunque todas las versiones romancísticas tienen, no cabe duda, un origen único, en el curso de la transmisión del romance, su texto ha seguido teniendo contacto con la difusa tradición pan-europea del tema. En la versión del siglo XVI y en las tradicionales de Monastir y de Marruecos, lo que desencadena el castigo de la reina es, como en “Gibello”, la proclamación de una ley injusta; en cambio, en una de las versiones zamoranas y en la única conocida burgalesa, se trata, como en “Le Fraisne”, de la injusta acusación a una mujer concreta y el episodio romancístico se ajusta en sus detalles aún más a otras leyendas medievales menos emparentadas en que la acusada es una mendiga que llega a pedir limosna a la puerta de la acusadora. Por otra parte, en Aliste (Zamora) Espinelo se feminiza, transformándose en “Pinela”, acercándose así a la trama de “Le Fraisne”.
----Pese a la escasa presencia del romance de “Espinelo” en la tradición oral peninsular del siglo XX, se documenta, como en el de “La Infantina”, su transformación en una ronda (en una versión turolense, bien lejos, pues, del área en que hoy perdura el recuerdo del tema). En ella, quien ocupa la suntuosa cama minuciosamente descrita es la dama rondada. La trasposición es habilísima, ya que, si Espinelo, en la antigua versión del romance, recibía la solícita atención de su amante:

a su cabecera tiene
--Mataleona su querida,
con las plumas d’un pavón
--la su cara le resfría,

en la ronda del siglo XX, un servidor íntimo atiende a su señora también con la pluma de un pavo real, no para aliviarla del calor, sino dispuesto a recoger sus más íntimas palabras:

en la cabecera tiene
--el galán que más estima,
recostado en un bufete
--y sentado en una silla,
con una pluma en la mano,
--que de pavo parecía.

Maravillas de la trasmisión poética oral.

Autor: Diego Catalán

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