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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

LA VUELTA DEL NAVEGANTE

LA VUELTA DEL NAVEGANTE

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LA VUELTA DEL NAVEGANTE

La vida de las galeras
--es muy mala de pasar:
comiendo del pan mohiento,
--bebiendo aguas de mar.
Siete años estuve en ellas,
--todos siete por el mar,
rodeando y navegando
--sin tierra firme tocar;
a la fin de los siete años,
--llegué a puerto de mar.
Le pedí licencia al conde,
--y no me la quiso dar;
con licencia o sin licencia,
--juré a desembarcar.
Quiso Dios y mi fortuna,
--una noche de lunar,
puse espada de correo,
--eché manos a remar,
la barca arribé a la orilla,
--echéme en un arenal.
Jornada de cuatro horas
--en dos la hube de andar;
llegué a los altos palacios
--donde dejara a mi madre,
allí encontré a mi tía
--bordando en un cabezal:
-Dios guarde a la señora
--y el su lindo trabajar.
-Bien venido, caballero,
--tan cortés en el hablar.
-Yo soy un sobrino suyo,
--don Luïs del Palomar.
-No puedes ser don Luïs,
--que él en galeras está;
para tú ser mi sobrino,
--otras señas me has de dar.
-¿Qué es de mi caballo blanco,
--que me dejara mi padre?
-Ese caballo, sobrino,
--en tu cuadra aún está.
-Me diría, la mi tía,
--la mi madre ¿cómo está?
-La tú madre, don Luïs,
--está ciega de llorar.
-¿Dónde está mi amor primero,
--quedó chica, por criar.
-Hoy se hacen los conciertos,
--mañana la casarán.
-¿A dónde, mi tía, a dónde,
--que los voy a conturbar.
Aparéjeme el caballo,
--aprisa y no de vagar;
y bájeme la vihuela,
--que yo la voy a rondar.
-No vayas allá, sobrino,
--que te han de querer matar.
-No me matarán, mi tía,
--que yo les sabré hablar.-
-Dios guarde a los padrinos
--y a los que a la mesa están.
-Bienvenido, caballero,
--tan cortés en el hablar.
-Soy pariente de la novia,
--que la vengo a visitar,.
-Entre, entre para adentro,
--asiéntese a yantar.
-Con la licencia del novio,
--con la novia quiero hablar;
el gasto que hayan hecho
--yo lo ayudaré a pagar,
siete anillos traigo de oro,
--todos siete le he de dar.-
El novio, de codicioso,
--pronto la mandó llamar.
La novia, de que lo vio,
--de él se fuera a abrazar;
tantos son besos y abrazos,
--no los pueden apartar.
-¡Mala maña tenéis, novia,
--y mala de olvidar,
que de un hombre extranjero
--os vais de él a abrazar!
-¡Miente, miente, la madrina,
--boca sucia, sin verdad,
que los amores primeros
--no se pueden olvidar!
-Y los gastos de la boda
--¿quién me los ha de pagar?
-Ellos en besos y abrazos
--bien pagos los tienes ya.
-¡Malhaya uno me diera
--y ése fue a su pesar,
con los ojos rasos de agua
--mirando para la mar.

----El romance, que no interesó a los editores del siglo XVI, o, al menos, pasajes muy característicos del romance, se documentan en muy distantes áreas conservadoras dentro de la tradición pan-hispánica, evidenciándonos que la fábula tiene su origen en la Edad Media. En los siglos XIX y XX, se han recogido versiones orales del tema en las comunidades sefardíes de Bosnia, en las islas Canarias, en Brasil, en las islas Açores, desde el Algarve hasta Entre-Douro e Minho y Tras-os-Montes (en Portugal), en Orense y Lugo (Galicia), en Sayago y en Sanabria (Zamora), en Sajambre (León), en Polaciones y Ramales (Cantabria), en la Sierra de Béjar (Cáceres), en Andorra, en Cataluña, en las islas Baleares.
----En buena parte del NO. de la Península (desde Cantabria, hasta Tras-os Montes y la Sierra de Béjar), la convivencia de este romance con el de tema similar “El conde Dirlos” ha dado lugar a muy variados préstamos de motivos entre uno y otro, tanto en una como en otra dirección. En Sayago, el regreso a su tierra del primer amor de la que va a desposarse se halla encabezado por una secuencia propia del romance de “El Quintado”, mezcla tampoco disonante.
----Más curioso es el desarrollo del romance en la tradición catalana, donde el “navegante”, al salir de la galera e informarse de la próximidad de la boda de su desposada, va a rondarla y su canción da pie a que la fábula continúe con el característico desarrollo del romance de tema mítico “El conde Niño” o “Amor más poderoso que la muerte”: el nuevo marido, que confunde la canción con el canto de la sirena, desengañado, da muerte sucesivamente a los dos enamorados, quienes sólo lograrán unirse, más allá de la vida, transformados sucesivamente en plantas y en aves.

Diego Catalán

Imagen: "Enero" de los hermanos Limbourg, Libro de las horas del Duque de Berry

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