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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

JUAN LORENZO, CUERNOS DE ORO

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JUAN LORENZO, CUERNOS DE ORO

¡Hermosa me era yo, hermosa,
--más que rosa en el rosal,
más que la luna y el sol
--y la flor del limonar;
pensando de ser casada,
--pasé las aguas del mar!
Estando yo a la mi puerta
--con la mi mujer real,
tañía yo la vihuela,
--mi mujer, al son, cantar
y los mis hijicos chicos
--iban, al son, a bailar,
alcé mis ojos a lejos,
--cuanto más los pude alzar
y vi venir un navío
--sobre aguas de la mar.
Las tablas de aquel navío
--eran de rico nogal,
las cuerdas de aquel navío
--eran de oro torzal;
con él vi muchas galeras
--navegando por la mar.
Mi corazón me dijera:
--"¡Es el Rey de Portugal!"
Eché mi capa en el hombro
--y lo fuera a saludar.
Yo le hablé buena palabra;
--él me respondía con mal.
-¿Los vuestros hijos qué hacen
--con vuestra mujer leal?
-Mis hijos, vuestros esclavos,
--mi mujer otro que tal.
Venid en buen hora, rey,
--yo os haré convidar.
-¿Y para toda esta gente
--qué les daréis de almorzar?
-Para vos y mí, el buen rey,
--pichoncicos en agraz;
para toda vuestra gente
--vacas y corderos hay,
vino tinto, vino claro,
--lo mejor de Portugal.
Mientras que ordenan las mesas,
--¡a la huerta a solazar!-
La mujer de Juan Lorenzo
--salió sola a pasear.
Escogió el rey una rosa,
--la mejor en el rosal:
-Tomad, señora, esta rosa,
--esta rosa del rosal,
que entre todas las hermosas
--no he visto su parigual,
y de aquí a quince días
--seréis reina en Portugal.
Tu marido Juan Lorenzo,
--yo le mandaré matar.
-No matéis a Juan Lorenzo,
--ni os entre en voluntad,
es padre de los mis hijos,
--mi primer amor carnal;
desterradlos de estas tierras,
--que en ellas no coman pan.-
-Juan Lorenzo, Juan Lorenzo,
--¿quién te hizo tanto mal?,
¿dónde está tu gentileza,
--la que en ti solía andar?
-Perdila, señor, perdila,
--perdila por el mi mal:
¡quien tiene mujer hermosa,
--se la sepa bien gozar,
ay de mí, Juan Lorenzo,
--con mi mano la fui a dar!
-Andad vos, el mi marido,
--con la vida escaparás;
en traje de carbonero
--me vendrás a visitar.

----Sólo los sefardíes han conservado memoria del romance hasta el siglo XX, tanto en Oriente, como en Marruecos. De las comunidades orientales, conozco versiones de Sarajevo (las mejores, del siglo XIX), Salónica , Lárissa, Esmirna y Rodas; de Occidente, de Tánger, Tetuán, Larache, Alcazarquivir y Ceuta . En Sarajevo y en Monastir, ha prestado motivos a otros romances. Es frecuente, en una y otra rama de la tradición, el intento de "moralizar" la historia introduciendo un desenlace en que la hermosa revela su fidelidad al marido asesinando al rey.
----La mujer de João Lourenço da Cunha, doña Leonor Telles (madre de la reina de Castilla doña Beatriz, por razón de la cual Juan I trató de proclamarse rey de Portugal, siendo deshecho en Aljubarrota), fue hija del amante de la reina doña María (la despreciada mujer portuguesa de Alfonso XI), a quien el hijo de ésta, el rey don Pedro de Castilla dio muerte ante su propia madre; por su ambición y su espléndida belleza, Leonor Telles fue llamada "Flor de Altura". Habiendo venido, desde sus posesiones, a la Corte portuguesa a visitar a su hermana, María Telles (a cuya trágica muerte contribuiría andado el tiempo), el rey don Fernando, que por entonces andaba envuelto en amores con su hermanastra (hija de doña Inés de Castro), se encaprichó con ella. João Lourenço, que ya tenía descendencia en su mujer, no facilitó la anulación de su matrimonio, como pretendía el rey, y tuvo que huir a Castilla. Coronada doña Leonor por reina de Portugal, su marido, exiliado en Castilla, traía por divisa unos cuernos dorados. Dicen los cronistas castellanos, que hizo por esa su mujer una canción famosa "Ay donas por quien tristura e penado siempre pena" y el romance que comienza "Yo me estava en Coimbra". Si este romance relativo a la reina doña Leonor (y no el de "Isabel de Liar" o uno referente a Inés de Castro, como se viene diciendo) es el que, en 1526 o 1527, glosó Gil Vicente en su Farsa dos Almocreves, contrahaciéndolo disparatadamente:

Yo me estaba en Coimbra,
--cidade bem assentada,
pelos campos de Mondego
--não vi palha nem cevada.
Quando aquillo vi, mesquinho,
--entendi que era celada...,

obviamente, aunque su tema fuera análogo al del romance conservado por la tradición judeo-española no se trataba del mismo, ya que el conocido por Gil Vicente, al igual que su contrafacta, habría de tener asonante -á.a y no -á.

Diego Catalán

Imagen del "Libro de los torneos de los caballeros del Kraichgau"

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