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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

42.- 4. NOVELIZACIÓN DE LA CRÓNICA GENERAL

42.- 4. NOVELIZACIÓN DE LA CRÓNICA GENERAL

4. NOVELIZACIÓN DE LA CRÓNICA GENERAL. VI. POESÍA Y NOVELA EN LA HISTORIOGRAFÍA CASTELLANA DE LOS SIGLOS XIII Y XIV

      El triunfo de la nueva historiografía novelesca en la Crónica General de España se consuma antes de finalizar la centuria. Su más típico representan­te, la Crónica de Castilla, remonta a los últimos años del s. XIII.32 Esta crónica, además de incorporar la extensa y fabulosa *Estoria del Cid del pseudo Ibn al-Faraŷ, dio amplia acogida a un cantar de gesta tan tardío y anti-histórico como eran las Mocedades de Rodrigo, donde, entre otras cosas no más verosí­miles, se contaba la entrada victoriosa de Fernando I y el Cid hasta Toulouse, para humillar la soberbia del rey de Francia, del Emperador y del Papa romano, que querían hacer a España tributaria.33 Toda la historia de los primeros reyes de Castilla se tiñe de carácter cidiano; los resúmenes épicos ahogan completamente a la información histórica heredada de la primitiva compilación alfonsí. En algunos casos, el cronista incluso siente el deseo de transcribir sin prosificar los versos más famosos de la gesta:

—Vos venides jurar por la muerte
    del rrey don Sancho vuestro hermano,
que nin lo matastes,
    nin fuestes en consejarlo.
Dezid: Sy juro,
    vos e estos fijos dalgo.—
Et el rrey e ellos
    dixieron: Sy juramos.
—Sy non, tal muerte murades
    qual murio vuestro hermano.
Villano vos mate,
    que non sea fijo dalgo;
de otra tierra venga,
    que non sea castellano.—
Amen, rrespondio el rrey
    e los doze fijos dalgo.
—Vos venides jurar
    por muerte de mi señor,
que nin lo matastes,
    nin fuestes consejador. —
Rrespondio el rrey con los doze que con el eran: Sy juramos.
—Sy non, tal muerte murades
    qual murio mi señor.
Villano vos mate,
    ca fijo dalgo no;
de otra tierra venga
    e non del rregno de Leon. —
Amen, rrespondio el rrey
    mudada la color.
Tres vezes lo conjuro el Çid a el
    e a los doze fijos dalgo que con el son.
Rrespondieron: Amen. Pero que fue muy sañudo el rrey contra el Çid,
e dixole: —Varón Rruy Dias,
    por que me afyncades tanto?
que oy me juramentades
    e cras besaredes mi mano.—
Rrespondio el Çid:
    —Commo me fizieredes algo,
ca en otra tierra
    sueldo dan a fijos dalgo
e asy faran a mi
    quien me quisiere por vasallo.34

Otro ejemplo:

—E los que comigo fuerdes,
    de Dios ayades buen grado;
e los que aca fyncaredes,
    quiero me yr vuestro pagado. —
Estonçe fablo don Aluar Hañes
    su primo cormano:
—Conbusco yremos todos, Çid,
    por yermos e por poblados,
e nunca vos falleçeremos
    en quanto seamos biuos e sanos,
conbusco despenderemos
    las mulas e los cauallos
    e los aueres e los paños,
sienpre vos seguiremos
    commo leales amigos e vasallos.35

      Estas características de la Crónica de Castilla son bien conocidas. Pero no se ha destacado que la novelización de la historia se extiende a los pasajes de origen erudito, en que no hay influencia de la poesía juglaresca. La desenvoltura con que el refundidor de la Crónica General altera los materia­les históricos tradicionales merece un estudio detenido. Voy a ejemplificar sus métodos con un par de pasajes típicos.

      La Primera crónica, glosando al Toledano y al Tudense, aludía de pasada a los últimos actos como cristiano de Alfonso VI antes de morir:

    «...recibio ell sagrado et muy sancto cuerpo de Jhesu Christo, pero fecha ante su confession muy general et muy cumplida, et recebida la penitencia ende, et librado todo su fecho de quantas cosas deuie, fino...»36

Nuestro cronista no se consideró satisfecho, y quiso crear una escena aparte, contando la muerte ejemplar del conquistador de Toledo. En ella, no sólo recoge, reordena y desarrolla las alusiones de la Primera crónica,37 sino que inventa el contenido de la «muy cumplida» confesión general a que la Cróni­ca hacía referencia:

    «Señor padre Ihesu Christo, que el tu santo cuerpo diste a marti­rio e a muerte por nos, e fue derramada la tu sangre en el mundo por la nuestra vida e por la nuestra salud, ca por la tu muerte somos libres de la grant escuridad de las tynieblas en que eramos por el pecado de los nuestros primeros padres; Señor, en el tu poder son los rregnos e tuyo es el poder de dar e de toller tan sola mente, e todas las cosas son al tu mandamiento. Señor, tu me diste rregnos a mandar en este mundo mas que yo non te meresci, e yo te serui con ellos non tan conplida mente commo deuiera, pasando en todas las cosas contra los tus mandamientos, non ygualando el derecho com­mo deuia, por que me tengo por errado contra ty. E agora, Señor, es tu voluntad de me toller los rregnos que me diste, e que me vaya deste mundo adonde la tu mercet fuere; Señor, sea la tu mercet que lieues la mi alma al tu santo paraiso, do los tus santos son, e non sea desanparada de la tu grant misericordia. E otrosy, Señor, non desanpares estos rregnos de Castilla e de Leon que fyncan en tan grant desanparo por mengua de señor, nin quieras dar lugar a los enemi­gos de la fe catolica que querrán follar los tus santos altares en que se consagra cada dia el tu santo cuerpo, nin des lugar a los malos que querran andar sueltos por la tierra faziendo mucho mal a los tus sieruos e rrobando los caminos, e da les algunt pastor bueno que los rriga al tu seruicio»38

      El cronista que así se preocupa en revestir literariamente el relato tradi­cional con adiciones deducidas de la situación y del contexto, aplica otras veces su inventiva a perfeccionar la historia refiriendo sucesos libremente fabulados con el solo propósito de ajustar el comportamiento de los persona­jes históricos a unas normas de actuación ideal. Valga como ejemplo la intervención del Cid a raíz de la traición sufrida por Alfonso VI en Rueda.

      La Historia Roderici contaba:

    «Imperator autem reuersus est ad sua castra nimium tristis. Quo audito, Rodericus, qui erat in Tutela, uenit ad imperatorem. Impera­tor autem recepit eum honorifice, et diligenter precepit ei ut sequeretur eum ad Castellam. Rodericus autem secutus est eum. Sed imperator adhuc tractauit in corde suo multa inuidia et consilio maligno, ut eiceret Rodericum de terra sua. Rodericus autem hoc comperiens, noluit ire ad Castellam...»39

La Estoria de España alfonsí, al traducir este pasaje, lo había «moralizado», disimulando el carácter fallido de la reconciliación:

    «Quando esto uio el rey don Alffonso, ouo ende muy grand pesar, et tornose a la posada muy yrado et muy sannudo. Roy Diaz Cid el Campeador, quando oyo lo que contesciera al rey don Alffonso en aquel castiello, fuesse para el con grand caualleria. Et el rey, quandol uio, fue muy alegre et plogol mucho con el, et recibiol muy bien, et perdonol, et mandol que se uiniesse con el pora Castiella. Mas el Cid non pudo estonces uenir con el; et el rey don Alffonso tornosse pora Castiella»40

Pero a la Crónica de Castilla le pareció inadmisible la pasividad del rey y del héroe después de lo ocurrido en Rueda, e hizo asumir al Cid el papel de vengador. En un principio, reproduce, más o menos, el relato alfonsí, pero supone que es Alfonso VI quien manda venir al Cid y le pide que le pese de la traición de los moros de Rueda;41 Rodrigo, entonces, aprovecha la ocasión para obtener del rey ciertos privilegios en favor de los hidalgos castellanos:

    «E el Çid agradesçiole la merçet que le fazia, mas dixole que nunca verrnia a la su merçet sy non le otorgase lo que le queria demandar. E el otorgo gelo. Et el Çid demando que quando alguno ouiese de sallir de la tierra, que ouiese treynta dias de plazo, asy commo ante auia nueue; e que non pasase contra ningunt omne fijo dalgo ni çibdadano syn ser oydo commo deuia con derecho; ni pasase a las villas ni a los lugares contra sus fueros nin contra sus preuillejos nin contra sus buenos vsos, nin les echase pecho ninguno desaforado, sy non que se le pudiese alçar toda la tierra por esto fasta que lo emendase. Et el rrey otorgo gelo todo».42

Seguidamentre, aclara que si el Cid no va con el rey a Castilla es porque se propone castigar a los moros traidores:

    «Estonçe dixole que se veniesse con el para Castilla. Estonce dixo el Cid que lo non faria, mas que se terrnia çercado aquel lugar fasta que le diese derecho de aquel moro e de los que eran con el. E el rey agradesçiogelo mucho lo que dezia, e vinose para Castilla. E finco el Çid sobre aquel lugar»43

El pormenorizado relato del fabuloso cerco de Rueda por el Cid, incluido en el capítulo siguiente, nos muestra cómo el cronista refundidor no siente el menor embarazo al narrar un suceso por él imaginado:

    «Cuenta la estoria que yugo el Cid grant tiempo sobre Rueda, e tanta guerra e tanta premia les fizo fasta que les menguo la vianda en tal manera que se morian de fanbre, en guisa que era tan grande la flaqueza en ellos que ya non podían lidiar nin defender el castillo, e querianlo dar de buena mente sy el Çid les diese salida; mas el non queria sy non sus cuerpos dellos por vengar el rrey. Et quando aquello vieron, salieronse del castillo a conpañas e dauanse a catiuo; e tanta salia de la gente que fynco el castillo yermo. Et desi conbatiolo el Cid e tomolo por fuerça e prendio a Almofalaz e quantos eran con el, e mato muchos e los otros fueron catiuos, en guisa que non fynco ninguno dellos. E enbio estonce preso a Almofalaz con sus consejeros al rrey don Alfonso. Con este presente plugole mucho, e fizo muy grant justicia dellos, e enbio mucho agradescer al Cid en commo lo ayudara a vengar de la grant desonrra e daño que rrescibiera».44

      Los ejemplos citados creo que ilustran suficientemente hasta qué punto la prosa histórica de los últimos años del s. XIII había abandonado las normas de Alfonso X y se había lanzado por el camino de la invención.

      El conocimiento de estos nuevos procedimientos historiográficos me pa­rece de capital importancia para el estudio de las fuentes perdidas que se reflejan en las Crónicas, especialmente de las fuentes épicas.45 Sírvanos como ilustración de ello un pasaje donde Menéndez Pidal creyó preciso suponer la interferencia de una gesta desconocida.46

      La histórica derrota sufrida por el conde Berenguer de Barcelona a manos del Cid, que terminó con la prisión de la flor del ejército franco y aún del propio conde, se cuenta en la Estoria de España combinando cuidadosa­mente los relatos complementarios de dos fuentes contemporáneas: la Histo­ria Roderici y el Bayān de Ibn cAlqama. Según el texto de la Estoria de España conservado por la Primera crónica, al finalizar la batalla,

    «el conde Berenguiel, quando uio que Dios le auie yrado, ueno muy omillosamientre a mesura del Çid et metiose en sus manos. El Çid recibiol muy bien et onrrol mucho et enuiol. Desi estaio estonces con aquellos presos que tenie por muy grand auer, et sobresso quel diessen demas las espadas preciadas que fueran de otros tiempos...» etc.47

Lo mismo dice la Crónica de veinte reyes, que conserva algún detalle de la Historia Roderici omitido por la Prímera crónica: «...El Cid destajo entonces con aquellos que tenia presos por ocho mill marcos y que le diesen avn demas las espadas preciadas...»48 («quatenus ob redemptionem suam .LXXX. milia marcas de auro Ualentie sibi darent»).49

      A continuación, siguiendo a Ibn cAlqama, las crónicas basadas en la Estoria de España alfonsí cuentan que el rey de Denia y Tortosa, sabidor de la derrota del conde, muere, con lo que Rodrigo se siente señor del Levante. En la Primera crónica:

    «el Çid fue muy loçano por ello, et creciol tanto el coraçon que non tenie en nada a quantos omnes de armas eran en su tiempo en Espanna. Et dessi tornosse essa ora el Çid Roy Diaz pora Valencia, et dixo que ell apremiarie a quantos sennores en ell Andaluzia eran, de guisa que todos serien suyos; et que el rey Rodrigo que fuera sennor dell Andaluzia que non fuera de linnage de reys et pero que rey fue et regno, et que assi regnarie ell et que serie el segundo rey Rodrigo»50

      Como ha hecho notar Menéndez Pidal,51 esta desmesura del Cid (que consignan los historiadores árabes)52 fue considerada inadmisible por varios historiadores cristianos medievales. La propia Crónica de veinte reyes censuró el pasaje, omitiendo la escandalosa comparación con el rey Rodrigo. Reto­ques de este tipo son normales en la historiografía alfonsí.

      Pero el comportamiento de la Crónica de Castilla es muy distinto. Para moralizar los párrafos finales, subsituyó la soberbia del Cid, al saber la muerte del rey de Denia y Tortosa, por una oración y por una entrada triunfal en Valencia:

    «Et el Cid fue tan alegre que fynco los ynojos et gradesçio mucho a Dios quanta mercet le fiziera en acabar tan grant fecho commo aquel et los otros. Et desi torrnose para Valencia, et salio el Rey a rreçebirlo con grant alegría e con grant alboroço»54

También es característica de esta Crónica la explicación de por qué y cómo el conde barcelonés derrotado se entrega prisionero al Cid:

    «Cuenta la estoria que yendo el conde fuyendo, que le dixieron commo eran presos todos los sus altos omnes que vinieran con el, e toda la otra gente muertos e presos, e fue muy grande el quebranto que tomo, de guisa que cayo del cauallo e perdio la fabla. E los que yuan con el echaronle del agua en el rrostro; e quando acordo, començo de rrecontar su mal diziendo que auia ayrado a Dios, por que quería contender con su sieruo; et pues que asi era, que queria ante ser preso con los suyos que non torrnar a su tierra, e que se queria meter en las manos del Cid de buena ventura. E consejaronle que lo non fiziese. Mas el non quiso catar por su consejo, e torno se para el Cid mucho omildosamente e pusose a su mesura que feziese en el commo fuese su voluntad».

que precede al relato, coincidente con el de la Primera crónica, sobre cómo se comporta el Cid con los prisioneros:

    «Et estonce el Cid fizole mucha onrra e mucho bien. E estonce estajo con el por los presos que tenia, e dio le grant auer, e demas las espadas presciadas de todos que fueran de otro tienpo...»55

Menéndez Pidal,56 considerando al formador de la Crónica de Castilla discípulo fiel de la escuela alfonsí, creyó impensable que hubiese ideado por su cuenta la escenita dramática extraña a las restantes Crónicas, y supuso que esta escena procedía de una desconocida fuente juglaresca cidiana mane­jada por Alfonso X. Según su modo de ver, la Crónica de Castilla reproduciría aquí fielmente el borrador de la Estoria de España alfonsí; mientras la Prime­ra crónica y la Crónica de veinte reyes habrían abreviado malamente el relato original, conservando sólo la frase «el Conde Berenguiel quando uio que Dios le auie yrado, ueno muy omillosa mientre a mesura del Cid».57 Pero es el caso que esta versión concisa del razonamiento del conde es traducción fiel de la Historia Roderici:

    «Comes autem Berengarius, uidens et cognoscens se a Deo uerberatum et confusum et in manu Roderici captum, humilis misericordiam ei petens, ante Roderici in suo tentorio sedentis peruenit, eique indulgentiam multa prece expetiit»58

y, por tanto, la escena de la Crónica de Castilla debe explicarse como una amplificación: El cronista refundidor se propuso desarrollar la lección moral implícita en la frase procedente de la fuente latina, y al mismo tiempo, trató de justificar la aparente decisión del conde de venir voluntariamente a poder del Cid.59 Conociendo los criterios historiográficos que presidieron la elaboración de esta Crónica, la hipótesis del poema épico desconocido resulta completamente innecesaria.

      En fin, buena parte de las novedades de la Crónica de Castilla no son poesía prosificada, sino prosa retórica, prosa novelesca.

Diego Catalán. La Estoria de España de Alfonso X. Creación y evolu­ción. (1990)

NOTAS

 

32  La Versión gallego-portuguesa de la Crónica de Castilla conservada en el ms. A2, se fecha hacia 1295-1312 o antes, no después (véase L. F. Lindley Cintra, Crón. 1344, pp. CCXXXI y CCCXXIX, y «Uma tradução galego-portuguesa desconhecida do Liber regum», BHisp, LII (1950), 27-40; D. Catalán, De Alfonso X, pp. 347-354.

33  Mientras no se publique la monografía que sobre las Mocedades prepara S. G. Armistead, o una ed. de la Crónica de Castilla, puede consultarse la Chronica del famoso cavallero Cid Ruydiez Campeador, ed. V. A. Huber, Marburg, 1844, o Stuttgart, 1853, caps. I-XXII, pues esta Crónica particular del Cid es un fragmento de la de Castilla.

34 Ms. G, caps. 76-78.

35  Ms. G, c. 90. [Sobre estos versos épicos véase ahora S. G. Armistead, «The Initial Verses of the Cantar de Mio Cid», La Corónica, XII, 1984, 178-186].

36  PCG, p. 645b2-7. La Primera crónica recoge las rápidas alusiones del Toledano y del Tudense a la cristiana muerte del rey y las desenvuelve en el párrafo citado.

37  «Estonçe mando llamar todos los perlados que eran y e ordeno su testamento muy bien e muy conplida mente... Desi fizo su confesión general ante todos en esta manera: ... (siguen las palabras que a continuación se citan en texto)... Pues que esto ouo dicho, demando el cuerpo de Dios e rresçibiolo mucho apuesta mente e muy bien, los ynojos fitos e con grant deuoçion llorando de sus ojos e arrepintiendose de sus pecados. E quando todo esto ouo acabado, partiosele el alma del cuerpo...» (ms. G, c 295).

38  Ms. G, c. 295.

39  Ed. R. Menéndez Pidal en Esp. Cid5 (1956), p. 928.

40  PCG, p. 356a.

41  «Quando esto vio el rrey, ouo grant pesar, e torrnose para la posada teniendose por escrnido. E enbio por el Cid que era çerca. E el Çid, quando vio mandado del rrey e sopo la rrazon en commo contesçiera, fuese para el con grant caualleria. E el rrey salio contra el e onrrolo mucho e contole el mal que rresçibiera del moro e dixole quel pesase ende. Et estonçe perdonole e dixole que se viniese con el para Castilla» (ms. G, c. 110).

42 En esta «Carta Magna» que el Cid impone a Alfonso VI es bien clara la huella de la rebelión de las villas e hidalgos castellanos contra Alfonso X.

43 Ms. G, c. 110.

44  Ms. G, c. 111.

45  Permítaseme ofrecer aquí, sin comentarios,  la nueva versión de la fuga del león: «En casa del Çid auia vn leon muy grande e muy fuerte e muy ligero, e guardauanlo tres omes en vna casa e en vn corral muy alto; e quando querian alinpiar el corral, metían el leon en vna casa, e desi alinpiauan el corral, e despues çerrauan la puerta e salia a comer. E tenialo alli el Çid por tomar plazer con el quando se pagaua. Et el corral era dentro en el alcaçar, cabo del palasçio. Et el Cid comia cada dia con su conpaña, e desque auia comido adormeçiase a las vezes en el escaño» (sigue la llegada de las nuevas del desembarco de Búcar, la reunión en el alcazar y el sueño del Cid). «Et los moros que estauan guardando el leon estauan alinpiando el corral, et quando oyeron el rroydo de las nueuas de los moros, abrieron la caseta al leon e vinieronse para el palasçio onde estaua el Çid, e oluidaron la puerta abierta. E pues el leon ouo comido e vio la puerta abierta, salio del corral, e endereço al palasçio do estauan todos...» (ms. G, c 228).

46  R. Menéndez Pidal, «Tradicionalidad» (1955), pp. 150-154.

47  PCG, p. 564a43-b3.

48  Cito por el ms. L de la Crónica de veinte reyes (el ms. J transforma los «marcos» en «maravedís»). [En el ms. Ss la abreviatura «mrs.» resulta ambigua.]

49  Ed. Menéndez Pidal, en Esp. Cid7(1969), p. 94910-12.

50  PCG, p. 564b14-25.

51  R. Menéndez Pidal, «Tradicionalidad» (1955), p. 151.

52  Ibn Bassām recoge la frase alabanciosa en forma algo distinta: «Un Rodrigo perdió esta Península, pero otro Rodrigo la liberará». Véase R. Dozy, Recherches sur l’histoire et la littérature de l’Espagne pendant le Moyen Age, Paris-Leyde: Maisonneuve y E. J. Buill, 1881, II, p. 22 y R. Menéndez Pidal, Esp. Cid7, pp. 412-413 y 575-576.

53  «El Çid quando lo supo fue muy loçano e muy alegre, con el plazer que ende ouo dixo que non tenia en nada quantos poderosos eran en aquell tiempo, e que el apremiaria a quantos señores eran del Andaluzia e qu’el serie su señor dellos. Después desto fuese para Valencia» (ms. J).

54  Ms. G, c 158.

55  Ms. G, c. 158.

56  «Tradicionalidad» (1955), pp. 153 y 154.

57  Lección de la Primera crónica; en la Crónica de veinte reyes: «el conde de Barçelona quando vio que Dios le avie ayrado, vino muy vmillosamente a mesura del Cid» (ms. L).

58  Ed. Menéndez Pidal, en Esp. Cid7 (1969), p. 9491-4.

59  Deducida de la traducción alfonsí, que no reprodujo con fidelidad las palabras de la fuente latina.

CAPÍTULOS ANTERIORES:  LA ESTORIA DE ESPAÑA DE ALFONSO X. CREACIÓN Y EVOLUCIÓN:

PRESENTACIÓN

1.- PRESENTACIÓN. «LA ESTORIA DE ESPAÑA DE ALFONSO X. CREACIÓN Y EVOLUCIÓN»

I. ALFONSO X HISTORIADOR

*  2.- 1. LA FUNCIÓN DEL CONOCIMIENTO EN LA RESTAURACIÓN DEL IMPERIUM

3.- 2. LA HISTORIA COMO CONOCIMIENTO CIERTO Y EXHAUSTIVO DE LOS HECHOS PASADOS

4.- 3. TEXTO Y GLOSA. LA EXPLICACIÓN DE HECHOS Y PALABRAS

5.- 4. LA ESTRUCTURACIÓN CRONOLÓGICA DE UNA HISTORIA ECUMÉNICA

6.- 5. LA ARMONIZACIÓN DE LO NARRADO Y EXPLICADO POR LAS VARIAS FUENTES EN LA GENERAL ESTORIA

7.- 6. LA ESTORIA DE ESPAÑA HISTORIA DEL SOLAR «ESPAÑA» Y DE SUS NATURALES

8.- 7. DOS PRINCIPIOS DE ESTRUCTURACIÓN: LOS SEÑORÍOS Y LA CRONOLOGÍA

9.- 8. LA ARMONIZACIÓN DE LOS RELATOS DE LAS FUENTES EN LA ESTORIA DE ESPAÑA

*   10.- 9. LA EXPLICACIÓN DE LOS HECHOS

*   11.- 10. EJEMPLARIDAD Y DECORO HISTORIOGRÁFICOS

*   12.- 11. EL ESPEJO DE LA HISTORIA

II. EL TALLER HISTORIOGRÁFICO ALFONSI.

13.- 1. LA PRIMERA CRÓNICA GENERAL NO ES LA CUMPLIDA REALIZACIÓN DE LA ESTORIA DE ESPAÑA PROYECTADA POR ALFONSO X

14.- 2. CÓMO SE ELABORÓ LA ESTORIA DE ESPAÑA EN LAS ESCUELAS ALFONSÍES. ETAPAS VARIAS EN LA COMPILACIÓN

15.- 3. LA «QUARTA PARTE» DE LA ESTORIA DE ESPAÑA. LA SECCIÓN DEDICADA A LA HISTORIA «CONTEMPORÁNEA» (ALFONSO VII-AÑO 1243)

16.- 4. LA «QUARTA PARTE» DE LA ESTORIA DE ESPAÑA EN LA SECCIÓN DEDICADA A LA HISTORIA «MODERNA» (FERNANDO I-ALFONSO VI)

17.- 5. LA «TERCERA PARTE» DE LA ESTORIA DE ESPAÑA

III. ALFONSO X NO UTILIZÓ EL «TOLEDANO ROMANZADO»

18.- INTRODUCCIÓN

19.- 1. VERSIONES EN ROMANCE DEL TOLEDANO

20.- 2. LOS MANUSCRITOS COMPLETOS DEL TOLEDANO ROMANZADO

* 21.- 3. LA «CHRONICA OMNIUM PONTIFICUM ET IMPERATORUM ROMANORUM» INCORPORADA A LA «OPERA HISTORICA» DE DON RODRIGO XIMÉNEZ DE RADA Y AL «TOLEDANO ROMANZADO»

22.- 4. EL PROBLEMA DE LA FECHA Y EL AUTOR DEL ROMANZAMIENTO

23.- 5. LA «HISTORIA DE LOS GODOS» DEL TOLEDANO ROMANZADO NO ES UNA HISTORIA GOTHICA CONTINUADA

24.- 6. LA « YSTORIA DE LOS GODOS» DEL TOLEDANO ROMANZADO NO ES UNA TRADUCCIÓN AMPLIADA DEL TOLEDANO

25.- 7. ADICIONES DEL TRADUCTOR

26.- 8. LA PRIMERA CRÓNICA GENERAL NO UTILIZÓ EL TOLEDANO ROMANZADO

IV. EL MIO CID DE ALFONSO X Y EL DEL PSEUDO IBN AL-FARAŶ

*   27.- INTRODUCCIÓN

*   28.- 1. LA ESTORIA DE ESPAÑA DE ALFONSO X Y LA PRIMERA CRÓNICA GENERAL

29.- 2. EL FIN DE LA ESTORIA DE ESPAÑA ALFONSÍ Y LA ESTORIA CARADIGNENSE DEL CID

*   30.- 3. EL MIO CID QUE UTILIZÓ ALFONSO X

31.- 4. LA «REFUNDICIÓN DEL MIO CID» Y LA «LEYENDA DE CARDEÑA»

32.- 5. CONCLUSIÓN

V. LA «VERSIÓN CRÍTICA» DE LA ESTORIA DE ESPAÑA Y SUS DERIVACIONES

*   33.- 1. UNA VERSIÓN OLVIDADA DE LA CRÓNICA GENERAL

34.- 2. LA «VERSIÓN VULGAR» Y LA «VERSIÓN ENMENDADA DESPUÉS DE 1274» DE LA ESTORIA DE ESPAÑA

35.- 3. UN «ARREGLO» DE LA «VERSIÓN ENMENDADA»

36.- 4. LOS REYES ASTUR-LEONESES. LOS MSS. L, *Ľ Y LA CRÓNICA GENERAL VULGATA

37.- 5. DOS RAMAS TEXTUALES DERIVADAS DE LA MISMA «*VERSIÓN CRÍTICA»

38.- 6. APARICIÓN DE LA VERSIÓN CRÍTICA. EL MS. SS

VI. POESÍA Y NOVELA EN LA HISTORIOGRAFÍA CASTELLANA DE LOS SIGLOS XIII Y XIV

39.- 1. LA SECULARIZACIÓN DE LA HISTORIOGRAFÍA POR OBRA DE ALFONSO X

40.- 2. DESINTEGRACIÓN DE LOS MÉTODOS HISTORIOGRÁFICOS ALFONSÍES

41.- 3. LA NOVELA CIDIANA CARADIGNENSE

Diseño gráfico: 


La Garduña Ilustrada 

Imagen: Miniatura de Alfonso VI de Castilla. Siglo XII. Archivo de la Catedral de Santiago de Compostela.

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