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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

32.- 3. EL ARTE DE LA ARTESANÍA LITERARIA

32.- 3. EL ARTE DE LA ARTESANÍA LITERARIA

3. EL ARTE DE LA ARTESANÍA LITERARIA. IV POÉTICA DE UNA POESÍA COLECTIVA

      enéndez Pidal, al defender la existencia de una poesía tradicional cualitativa­mente distinta de la poesía individual, observaba en 1922 cómo los poemas tradi­cionales «muestran en su estilo algo primario, elemental, tan inconfundible con el artificio de cualquier estilo personal, por sencillo que sea éste, como un producto natural con los fabricados por el hombre. El estilo de esas obras es tan difícil de imitar por un poeta culto que, cuando alguno, aunque sea de vena tan fácil como el mismo Lope de Vega, tan familiarizado con toda clase de romances, canciones y bailes populares, retoca por ejemplo un romance viejo, cualquiera persona, habituada al estilo de éstos distinguirá bien cuáles versos son de Lope y cuáles tradicio­nales 12».

      Pero ese reconocimiento, intuitivo, del estilo tradicional, del estilo del autor-legíón, no ha sido seguido de un examen sistemático de las peculiaridades del arte «inimitable» del romancero. Muy responsable de ello creo que ha sido esa impre­sión de «naturalidad» que ante el arte de los refranes, villancicos y romances sintie­ron sus admiradores del Renacimiento, primero, y también sus re-descubridores en época moderna, concepto éste el de «naturalidad» que vemos colarse de rondón en la observación pidalína recién citada.

      Al negar artificio a la poesía tradicional y ponderar su naturalidad primaria y elemental se confundió la carencia en ella de «los afeites» característicos del arte dominante en cada época (a fines de la Edad Media, en el Renacimiento, en el Barroco... en la literatura de hoy) con una ausencia, imposible, de «arte». Como el propio Menéndez Pidal afirmaría más tarde (1943), rechazando la oposición Volks-poesie vs. Kunst-poesie (poesía popular en oposición a poesía de arte), el «estilo de sobriedad» no es resultado de una «espontaneidad natural», sino que esa sobrie­dad ha sido «buscada», «a veces, mediante difíciles tanteos de selección»; esto es, «arte hay en la poesía tradicional, como en toda verdadera poesía; el no aprendido canto es sólo el de las aves»13.

      Al ir leyendo, corpus tras corpus, todas las versiones de romances que hemos ido describiendo en El Romancero pan-hispánico. Catálogo general descriptivo (CGR) 14 y tener que descodificarlas para reescribir su contenido sin perder ningu­na de las variantes de intriga o fábula en ellas presente 15, los redactores de esa obra nos fuimos percatando de cómo los romances de la tradición oral moderna son sólo sencillos en apariencia: su supuesta espontaneidad narrativa «revela intencio­nado estudio y mucha madurez de arte» y su «interés dramático está graduado con habilidad teatral»; en suma, su sencillez «es una sencillez lograda con meditado artificio», según el propio Menéndez Pidal señaló ya, en tiempos pasados, tomando como ejemplo de esas afirmaciones los romances de Álora (del que sólo conoce­mos versiones del siglo XVI), y de Bernal Francés (del que sólo conocemos versio­nes de los siglos XIX y XX)16.

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

OTAS

12  R. Menéndez Pidal, Poesía pop. y poesía trad. En la reed. de El Romancero. Teorías e inv. (1928), pp. 16-17; en la de Estudios sobre el Romancero (1973), p. 332.

13  R. Menéndez Pidal, «Poes. trad. en el rom. hisp.-port.», Boletim da Academia das Ciencias de Lisboa XV (1943). En Estudios sobre elRomancero (1973), pp. 393 y 400.

14  Para los volúmenes publicados (D. Catalán et al, CGR-2, 1982, y CGR-3, 1983) y para otros que, hoy por hoy, han quedado inéditos.

15  Acerca del método de análisis y la forma de expresar los resultados del mismo, véase D. Catalán, CGR-1A (1983) o CGR-1B (1988), y, en forma sumaria, D. Catalán, «Descr. de modelos dinámicos» (1981), reed. en el cap. VII del volumen primero de la presente obra.

16  R. Menéndez Pidal, «Poes. trad. rom. hisp.-port.» (1943). En Estudios sobre el Romancero (1973), pp. 386-388.

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

*   12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

*    13.- 7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES

*    14.- 8. LA «EPHEBI FILII SENEX FORTITUDO»

*    15.- 9. LA PASIÓN AMOROSA POR MARGARITA

*   16.- 10. SUBVERSIÓN DE LA ESTRUCTURA DE LA SEGUNDA SECUENCIA: EL TRIUNFO DEL AMOR EN LA MUERTE

*   17.- 11. LOS DERECHOS DE LA MUJER

*   18.- 12. LA ESPERANZA DE UN HEREDERO PÓSTUMO

*   19.- 13. ACTUALIZACIONES DE LA ESTRUCTURA HISTÓRICA DEL ROMANCE NOTICIERO

*    20.- 14. DE NUEVO EL DOCTOR DE LA PARRA

*    21.- 15. EL ROMANCE, ENTRE LA HISTORIA Y EL REFERENTE EN QUE SE RE-CREA

III  EL MITO SE HACE HISTORIA. EL ROMANCE Y LA HERENCIA BALADÍSTICA

*    22.- 1. ROMANCERO Y BALADA

*    23.- 2. LOS MODELOS NARRATIVOS SE ADAPTAN: HERENCIA Y RECREACIÓN

*   24.- 3. DIFICULTADES DEL COMPARATISMO. UNA «BALADA» CHINA Y UN ROMANCE: LA BELLA EN MISA

*    25.- 4. UNIDAD DE LA TRADICIÓN PAN-ROMÁNICA Y PERSONALIDAD DE SUS SUBTRADICIONES: EL CABALLERO BURLADO

*    26.- 5. VARIEDAD EN LA TRADICIÓN PENINSULAR DE UNA BALADA DEL OCCIDENTE EUROPEO: LA MUERTE OCULTADA

*    27.- 6. SIGNIFICADO LITERAL Y SIGNIFICADOS SIMBÓLICOS: LA CAZA DE LA MUERTE

*   28.- 7. LA TRADICIÓN PENINSULAR Y SUS RELACIONES CON LA TRADICIÓN PAN-EUROPEA

*     29.- 8. LA SOBREVIVENCIA DE LOS MITOS Y SU ADAPTACIÓN A LA HISTORIA

IV   POÉTICA DE UNA POESÍA COLECTIVA

*     30.- 1. LA CREACIÓN COLECTIVA

*     31.- 2. LOS MATERIALES POÉTICOS EMPLEADOS EN LA CREACIÓN

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31.- 2. LOS MATERIALES POÉTICOS EMPLEADOS EN LA CREACIÓN

31.- 2. LOS MATERIALES POÉTICOS EMPLEADOS EN LA CREACIÓN

2.   LOS MATERIALES POÉTICOS EMPLEADOS EN LA CREACIÓN. IV POÉTICA DE UNA POESÍA COLECTIVA

      l método generalmente seguido para poner de manifiesto el proceso creador (al que yo mismo he recurrido con frecuencia6) ha sido, lo mismo en el pasado que en el presente, «considerar un romance en la totalidad de sus versiones conoci­das, antiguas y modernas, sin vacilar a detenerse, a veces, en detalles y motivos accesorios, de cuya vida tradicional podemos aprender mucho respecto a la géne­sis de los textos poéticos orales» (según propone el modelo defendido por Bénichou)7. Este método de recurrir al examen de las variaciones que se perciben al confrontar unas con otras las estructuras que se suceden en el tiempo o que co­existen en el espacio, ha sido fundamental para comprender el proceso de la transmisión tradicional en su doble vertiente: como renovación incesante de los textos heredados, mediante múltiples iniciativas independientes sujetas a corrien­tes de renovación estética y ética propias de cada tiempo, y como retención de una estructura heredada del pasado, no sólo memorizada en sus líneas maestras, sino en sus más pequeños detalles constructivos (motivos, variantes, versos). Pero este método apenas permite entrever otro aspecto fundamental de la creación co­lectiva: los recursos con que el autor-legión cuenta para repoetizar el legado tra­dicional.

      Ya en 1951 Ruth House Webber, en una monografía de la Universidad de Cali­fornia, Formulistic Diction in the Spanish Ballad 8, planteó la necesidad de examinar el Romancero en conjunto e identificar en él las «fórmulas» o unidades de empleo repetido que definen el lenguaje poético que reconocemos como tradicional. Su estudio pionero no tuvo continuadores hasta que la escuela americana de Parry-Lord vino a conmover a los medievalistas (a partir, sobre todo, de la publica­ción de The Singer of Tales, New York, 1965). Desde entonces, los defensores de la «composición oral», entendida según el modelo construido a partir de la observa­ción de cómo un limitado número de cantores profesionales sudeslavos componen y recomponen sus poemas épicos, han tratado de explorar la dicción «formulaica» del romancero. Pero sus exploraciones no han tenido bien en cuenta el hecho de que la transmisión de la balada, del romance, no es tarea o negocio de cantores profesionales, sino actividad social en que participa cualquiera. El lenguaje poético del romancero no es propiedad de unos especialistas, de una escuela de poetas, más o menos populares, sino patrimonio de la colectividad (hasta cierto punto como el lenguaje de cada día). Los defensores de la creación colectiva también hemos considerado necesario «examinar cómo se reproducen los poemas, esto es, comparar las estructuras genéticamente emparentadas y tratar de descubrir en qué consiste la interacción de la herencia poética y el ambiente»; y «describir la "lengua" (o sistema de comunicación poética) del romancero»9, pero, frente a los «oralistas» que renuevan el prejuicio clasista de considerar incapaces de creativi­dad artística al común de las gentes «incultas», lo hemos hecho guiados por la idea (expresada a la perfección por Sánchez Romeralo) de que, «si el pueblo ha hecho o ha colaborado decisivamente en hacer la lengua, ¿por qué asombrarnos de que la supiera y la sepa usar?»10.

      Pasados los años, creo muy necesario tratar de explicar los fundamentos de mi disentimiento respecto a concepciones de la poesía de tradición oral extrapoladas del análisis de una escuela juglaresca de poetas populares cuyas técnicas rapsódicas poco tienen que ver con los recursos poéticos del romancero que se viene cantan­do durante siete siglos en el ámbito cultural hispánico 11.   

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

OTAS

6  Por ejemplo, al estudiar el romance de El moro que reta a Valencia y al Cid, en D. Catalán, Siete siglos (1969), pp. 135-215, o los de El Enamorado y la Muerte, El sacrificio de Isaac, París y Elena, Gri­fos Lombardo y La canción del huérfano en Por campos (1970), pp. 13-55, 56-75, 101-117, 122-166, 239-269.

7  P. Bénichou, Creación poética (1968), p. 8.

8  R. H. Webber, Formulistic Diction..., obra basada en su Ph. D. Dissertation.

9  D. Catalán, «La creación tradicional» (1972), p. 165. Incorporado al cap. II de la primera parte de la presente obra, p. 77.

10  A. Sánchez Romeralo, El villancico (1969), p. 297.

11  En el proceso de definición de las unidades de la «gramática» del lenguaje román cístico conté con la colaboración de grupos de estudiantes, primero, y de colegas, después, que en las universidades de Wisconsin: Madison, California: San Diego y Madrid: Complutense, participaron en la labor de análisis en equipo de miles de versiones conservadas por la memoria de los depositarios-trasmisores de tradición. De entre ellos destaco (ordenándolos geográfica e históricamente) a los que por más tiempo se comprometieron en esa actividad: Suzanne Petersen, Teresa Meléndez, Francisco Romero, Teresa Catarella, Margarita Pazmany, Jane Yokoyama, Beatriz Mariscal, Marguerite Mizrahi Morton, Sandra Robertson, Cynthia Steele, Janet Falk, Madeline Sutherland, Antonio Cid, Ana Valenciano, Flor Salazar, Paloma Montero, Jon Juaristi.

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

*   12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

*    13.- 7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES

*    14.- 8. LA «EPHEBI FILII SENEX FORTITUDO»

*    15.- 9. LA PASIÓN AMOROSA POR MARGARITA

*   16.- 10. SUBVERSIÓN DE LA ESTRUCTURA DE LA SEGUNDA SECUENCIA: EL TRIUNFO DEL AMOR EN LA MUERTE

*   17.- 11. LOS DERECHOS DE LA MUJER

*   18.- 12. LA ESPERANZA DE UN HEREDERO PÓSTUMO

*   19.- 13. ACTUALIZACIONES DE LA ESTRUCTURA HISTÓRICA DEL ROMANCE NOTICIERO

*    20.- 14. DE NUEVO EL DOCTOR DE LA PARRA

*    21.- 15. EL ROMANCE, ENTRE LA HISTORIA Y EL REFERENTE EN QUE SE RE-CREA

III  EL MITO SE HACE HISTORIA. EL ROMANCE Y LA HERENCIA BALADÍSTICA

*    22.- 1. ROMANCERO Y BALADA

*    23.- 2. LOS MODELOS NARRATIVOS SE ADAPTAN: HERENCIA Y RECREACIÓN

*   24.- 3. DIFICULTADES DEL COMPARATISMO. UNA «BALADA» CHINA Y UN ROMANCE: LA BELLA EN MISA

*    25.- 4. UNIDAD DE LA TRADICIÓN PAN-ROMÁNICA Y PERSONALIDAD DE SUS SUBTRADICIONES: EL CABALLERO BURLADO

*    26.- 5. VARIEDAD EN LA TRADICIÓN PENINSULAR DE UNA BALADA DEL OCCIDENTE EUROPEO: LA MUERTE OCULTADA

*    27.- 6. SIGNIFICADO LITERAL Y SIGNIFICADOS SIMBÓLICOS: LA CAZA DE LA MUERTE

*   28.- 7. LA TRADICIÓN PENINSULAR Y SUS RELACIONES CON LA TRADICIÓN PAN-EUROPEA

*     29.- 8. LA SOBREVIVENCIA DE LOS MITOS Y SU ADAPTACIÓN A LA HISTORIA

IV   POÉTICA DE UNA POESÍA COLECTIVA

*     30.- 1. LA CREACIÓN COLECTIVA

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30.- 1. LA CREACIÓN COLECTIVA

 

1. LA CREACIÓN COLECTIVA. IV   POÉTICA DE UNA POESÍA COLECTIVA

      a definición de la «poesía tradicional» como «creación poética colectiva» dejó de tener el carácter de misterio insondable con que el Romanticismo había rodeado esa definición desde que Menéndez Pidal, en la recién nacida Revista de Filología Española, publicó en 1914-1916 sus ensayos sobre «Poesía popular y Romancero» y, sobre todo, cuando, en 1920, habiendo sometido a comparación las 164 y 165 versiones que de la tradición oral moderna había logrado reunir de dos romances (Gerineldo y La condesita), presentó sus conclusiones en «Sobre geografía folklórica. Ensayo de un método» y cuando, no mucho después (1922), leía en Oxford su fundamental conferencia «Poesía popular y poesía tradicional en la literatura espa­ñola». Un poema tradicional es de autoría colectiva porque «es el resultado de múltiples creaciones individuales que se suman y entrecruzan»1, porque «se elabo­ra y transforma» por medio de las continuas variantes debidas a los cantores, «que actúan lo mismo sobre la idea poética en su conjunto, que sobre cada uno de los detalles en que esta idea se manifiesta»2; «No sólo [...] en la materia legendaria, sino en la exposición poética de la misma, existen tendencias colectivas, a las cua­les obedecen diversos individuos de diferentes generaciones»3; «La refundición de la poesía tradicional no es un accidente externo, como lo es la refundición de la poesía de transmisión literaria. Es la asimilación de una poesía por el pueblo, la cual ataca profundamente a la esencia misma del estilo y de la constitución del texto de esa poesía, pues el pueblo, al reproducir la obra individual la re-produce, al repe­tirla la reforma, y esta activa reelaboración es lo que da carácter colectivo a la poe­sía antes individual. Las modificaciones que cada recitador introduce, hondas o su­perficiales, como quiera que sean, cuando no se extinguen ineficaces, revisten el carácter de movimientos sociales»4.

      Medio siglo después (1968), otro notable estudioso del Romancero, Paul Bénichou, aceptando ese concepto básico de «tradicionalidad», prologó una colección de sus ensayos afirmando: «El trabajo de la tradición merece ser estudiado como proceso creador»; «El privilegio creador no perteneció exclusivamente a la edad de oro del romancero. Los transmisores, hasta hoy, conservaron el secreto incons­ciente de los procedimientos creadores propios de la poesía oral»; «Luchan en la tradición y se combinan, como en el espíritu del escritor, la materia heredada y la iniciativa creadora, las asociaciones mecánicas y la intención estética, las dudas ra­cionales y las tentaciones oscuras. La diferencia —no la única, claro está— es que en la poesía tradicional tenemos mejor a la vista el cuadro de la creación en sus di­versos episodios e incidentes»5.

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

OTAS

1  R. Menéndez Pidal, Poesía pop. y poesía trad. (1922). En la reed. de El Romancero. Teorías e inv. (1928), p. 37 y en la de Estudios sobre el Romancero, 1973, p. 344.

2  Poesía pop. y poesía trad. (1922). En la reed. de El Romancero. Teorías e inv., p. 36 y en la de Es­tudios sobre el Romancero, p. 343.

3  «Poesía pop. y romancero» (1916), p. 275. En la reed. de Estudios sobre el Romancero, p. 203.

4  R. Menéndez Pidal, «Sobre geogr. folk.» (1920), p. 338 (p. 323 en Estudios sobre el Romancero; pp. 140-141 en Cómo vive un romance].

5  P. Bénichou, Creación poética (1968), p. 8.

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

*   12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

*    13.- 7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES

*    14.- 8. LA «EPHEBI FILII SENEX FORTITUDO»

*    15.- 9. LA PASIÓN AMOROSA POR MARGARITA

*   16.- 10. SUBVERSIÓN DE LA ESTRUCTURA DE LA SEGUNDA SECUENCIA: EL TRIUNFO DEL AMOR EN LA MUERTE

*   17.- 11. LOS DERECHOS DE LA MUJER

*   18.- 12. LA ESPERANZA DE UN HEREDERO PÓSTUMO

*   19.- 13. ACTUALIZACIONES DE LA ESTRUCTURA HISTÓRICA DEL ROMANCE NOTICIERO

*    20.- 14. DE NUEVO EL DOCTOR DE LA PARRA

*    21.- 15. EL ROMANCE, ENTRE LA HISTORIA Y EL REFERENTE EN QUE SE RE-CREA

III  EL MITO SE HACE HISTORIA. EL ROMANCE Y LA HERENCIA BALADÍSTICA

*    22.- 1. ROMANCERO Y BALADA

*    23.- 2. LOS MODELOS NARRATIVOS SE ADAPTAN: HERENCIA Y RECREACIÓN

*   24.- 3. DIFICULTADES DEL COMPARATISMO. UNA «BALADA» CHINA Y UN ROMANCE: LA BELLA EN MISA

*    25.- 4. UNIDAD DE LA TRADICIÓN PAN-ROMÁNICA Y PERSONALIDAD DE SUS SUBTRADICIONES: EL CABALLERO BURLADO

*    26.- 5. VARIEDAD EN LA TRADICIÓN PENINSULAR DE UNA BALADA DEL OCCIDENTE EUROPEO: LA MUERTE OCULTADA

*    27.- 6. SIGNIFICADO LITERAL Y SIGNIFICADOS SIMBÓLICOS: LA CAZA DE LA MUERTE

*   28.- 7. LA TRADICIÓN PENINSULAR Y SUS RELACIONES CON LA TRADICIÓN PAN-EUROPEA

*     29.- 8. LA SOBREVIVENCIA DE LOS MITOS Y SU ADAPTACIÓN A LA HISTORIA

IV   POÉTICA DE UNA POESÍA COLECTIVA

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29.- 8. LA SOBREVIVENCIA DE LOS MITOS Y SU ADAPTACIÓN A LA HISTORIA

29.- 8. LA SOBREVIVENCIA DE LOS MITOS Y SU ADAPTACIÓN A LA HISTORIA

8. LA SOBREVIVENCIA DE LOS MITOS Y SU ADAPTACIÓN A LA HISTORIA. III EL MITO SE HACE HISTORIA. EL ROMANCE Y LA HERENCIA BALADÍSTICA.

      a perduración en la tradición hispánica de una narración «mítica», sin necesidad de que haya sido despojada (como en la tradición francesa) de sus significados simbólicos, es, a primera vista, sorprendente, ya que viene a contradecir la creencia de la crítica en el repudio por parte del romancero hispánico de contenidos no realis­tas. Ello nos obliga a detenernos en el análisis del significado que la fábula tiene para las comunidades que en tiempos actuales la recuerdan y la cantan. ¿Qué vi­gencia conservan los posibles mensajes encerrados en el fantástico drama de la sú­bita muerte de Olalvo-don Bueso-don Pedro cuando su esposa le va a dar su pri­mer hijo?

      Los motivos con que se estructura el drama, dotados de un doble significado realista y simbólico, pertenecen a tres campos semánticos: el vital-alimenticio, el vital-espacial y el social-familiar 99. Pero todos tres sirven al propósito de subrayar la primacía del interés de la sobrevivencia del linaje sobre el individuo: El joven esposo se separa del espacio social propio (la villa), para internarse en un espacio ajeno (la selva), donde ganar el sustento (la carne) con que sostener a la familia (a la mujer e, indirectamente, al hijo que espera); en ese espacio inhóspito y peligroso, cuando el entorno parece prometer un venturoso encuentro (el vergel), las fuerzas del mal, ajenas a toda racionalidad, atacan al intruso que ha osado acercar­se a las fronteras de lo incognoscible (el otro mundo, situado más allá de las aguas del río). En su duelo mortal, no consigue garantizarse su personal sobrevivencia (la Muerte rompe las telas de su alma); pero sí expulsar a la Muerte de este mundo (haciéndola volver más allá de las aguas), con lo que obtiene, al menos, sobrevivir en su linaje, en el hijo.

      Cuando el joven esposo regresa a la sociedad propia (a la villa), es para morir bajo la protección de la madre:

Diérale el mal de la muerte    para casa se volvía,

para casa de su madre,    que pa la de él no podía.

— Ábrame la puerta, madre,    ábramela, madre mía,
que yo me muero, ay mi madre,    antes que amanezca el día;
hágame la cama, madre,    hágamela, madre mía,
hágame la cama, madre,    para la perpetua vida 100,

aunque haya logrado, pese a todo, proporcionar el deseado alimento que ha de garantizar el feliz alumbramiento de su hijo:

— Si doña Ana quier parir,    ¡válgale Santa María!
le darán caza a comer    que don Pedro se la envía101.

      El retorno a la propia madre vieja (una suerte de des-nacimiento) es simultáneo con un re-nacimiento en su hijo varón, ya que el «mayorazgo» sale a luz, al es­pacio familiar (la casa), cuando él muere, según ya vimos:

—  ¡Albricias, señor don Pedro,    que dármelas bien podía
que doña Alda ya parió    y un hijo varón tenía!
— Pues si parió doña Alda,    hijo sin padre sería
                                                (N.O. peninsular);

Él murió a la media noche    y ella parió al ser de día
                                                 (N.O. peninsular);

— Si Alda pariere   un hijo varone,
a los ocho días    ponelde mi nombre;
si Alda pariere    un hijo abastado,
a los ocho días    ponelde en mi estado.—
En ca de Alda    tañen tañedores
y en ca de Güeso    hazían guixdores;
en ca de Alda    tañen con sonajas
y en ca de Güeso    hazían las guayas
                           (sefardíes de Marruecos).

      Y allí, en ese espacio protector, el pacto de ocultación hará posible que la joven viuda sin saberlo, con su capacidad de proveer alimento (lactancia del niño), y la madre vieja, con su capacidad de gobierno, con su sabiduría, suplan, en amigable cooperación («madre, la mi madre, la mi siempre amiga»), la falta del padre, hasta que, al año y un día, el nuevo varón pueda salir por su pie al espacio social (la vi­lla), acompañando a su madre:

Coge al niño por la mano   y pa la iglesia caminan102;

Diba el chiquillo delantre,    jugando iba la varita103.

      El «mito» sobrevive, pero no precisamente por ser una estructura universal inamovible, sino por su adaptabilidad a la Historia. La verosimilitud de la narra­ción entendida de forma literal, perfectamente aceptable en una cultura en que la Naturaleza era aún un mundo compartido por el hombre con otros seres que hoy reputamos míticos, ha venido a ser reinterpretada en el texto romancístico simbólicamente y, gracias a ello, el «mito» puede convertirse en expresión de nuevos mo­delos referenciales.

      El romance de La muerte ocultada, en sus formulaciones más conservadoras, aprueba claramente el sacrificio del joven esposo en su búsqueda del alimento que garantice la crianza de su hijo, así como la misión de las mujeres de la casa que, muerto el padre, debe ser la de garantizar la sobrevivencia del niño. Esta aprobación de uno y otro comportamiento significa la defensa de una concepción de la vida que exalta la prioridad del linaje (de la especie, quizá) sobre el individuo, y el triunfo conseguido por la abuela, al instituirse en la protectora del nieto, significa, a su vez, la defensa de un modelo de familia trigeneracional, en que los viejos con­servan, gracias a su «sabia ancianidad», una función fundamental.

      Así entendido, el romance no trata de temas inactuales, caducos para las comu­nidades que lo recuerdan. Todo lo contrario, puesto que la representación de la vida del nombre en él defendida se halla amenazada por la difusión de un nuevo modelo vital y social, según el cual cada individuo se debe a sí mismo, no a su linaje ni a la sociedad en que transcurre su vida, y no tiene por qué subordinarse a la comunidad (ni, posiblemente, a los intereses de la especie).

      El «mito» se hace, así, historia... y podemos decir que «habita entre nosotros», ya que se confunde con la vida misma; la colectividad que lo reproduce en una fá­bula va dando soluciones nuevas a los conflictos que tradicionalmente planteaba. Por ello no nos puede extrañar que nuestro romance, una vez socavado su mensaje social por el individualismo moderno, tienda a abrirse a interpretaciones totalmen­te opuestas a la recibida de la tradición conservadora, en que el pacto de oculta­ción tenía como resultado la sobrevivencia del heredero, del «mayorazgo». Efectivamente, en múltiples versiones peninsulares y muy especialmente en la «versión vulgata» (tipo «Ya viene don Pedro de la guerra herido») cantada en toda la mi­tad sur de España, se olvida por completo la suerte del hijo esperado o recién naci­do y, como desde tiempo atrás venía haciendo la tradición francesa, se centra la atención en el descubrimiento de la verdad por la esposa joven y en la subsiguiente afirmación de su derecho a la muerte:

Se ha entrado en su sala,    corrió las cortinas
— Si don Pedro es muerto,    no es razón yo viva104,

pues no se cree ya que la madre tenga que cumplir con ninguna obligación respec­to a la familia, cara al linaje. Y esta negación de que existan intereses supra-individuales que puedan exigir el sacrificio personal incluso se amplía en algunas versio­nes de la región meridional a la «misión» que inicia la intriga: a la obligación social de «servir» a la nación en el ejército. En nombre de las víctimas de ese «servicio» hay alguna versión que remata el romance extrayendo de él, como moraleja, la pro­testa:

¡Qué pícara guerra,    pícara milicia,
se ha llevao los dos    en cuarenta días!105

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

OTAS

100  La escena es similar en múltiples versiones octosilábicas. He preferido ensartar sucesivamente versos de Moldones (Zamora), Videmala (Zamora), Veiga de Forcas (Lugo), Logares (Lugo) y Villardemilo (Ourense).

101  Doney de la Requejada (Zamora). Versión cantada por Victoria Centeno (c. 45 a.), recogida por Jesús Antonio Cid, Beatriz Mariscal, Paloma Montero y Ana Pelegrín en una encuesta del Seminario Menéndez Pidal, 7 de julio de 1981.

102  Versión de Lois (León), dicha por María Muñiz. Recogida por José González, noviembre de 1908.

103  Versión de Linares (Asturias). En Palazuelo de Torío (León): «Cogió el niño de la mano,    tocando la variquina».

104 Versión de Zafra (Badajoz). Recordada y publicada por Sergio Hernández, El Folk-lore Bético Extremeño (1883-1884), pp. 129-130.

105 La Palma del Condado (Huelva). Dicha por Asunción Ogazón (44 a.) a Eduardo Martínez Torner, 1930.

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

*   12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

*    13.- 7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES

*    14.- 8. LA «EPHEBI FILII SENEX FORTITUDO»

*    15.- 9. LA PASIÓN AMOROSA POR MARGARITA

*   16.- 10. SUBVERSIÓN DE LA ESTRUCTURA DE LA SEGUNDA SECUENCIA: EL TRIUNFO DEL AMOR EN LA MUERTE

*   17.- 11. LOS DERECHOS DE LA MUJER

*   18.- 12. LA ESPERANZA DE UN HEREDERO PÓSTUMO

*   19.- 13. ACTUALIZACIONES DE LA ESTRUCTURA HISTÓRICA DEL ROMANCE NOTICIERO

*    20.- 14. DE NUEVO EL DOCTOR DE LA PARRA

*    21.- 15. EL ROMANCE, ENTRE LA HISTORIA Y EL REFERENTE EN QUE SE RE-CREA

III  EL MITO SE HACE HISTORIA. EL ROMANCE Y LA HERENCIA BALADÍSTICA

*    22.- 1. ROMANCERO Y BALADA

*    23.- 2. LOS MODELOS NARRATIVOS SE ADAPTAN: HERENCIA Y RECREACIÓN

*   24.- 3. DIFICULTADES DEL COMPARATISMO. UNA «BALADA» CHINA Y UN ROMANCE: LA BELLA EN MISA

*    25.- 4. UNIDAD DE LA TRADICIÓN PAN-ROMÁNICA Y PERSONALIDAD DE SUS SUBTRADICIONES: EL CABALLERO BURLADO

*    26.- 5. VARIEDAD EN LA TRADICIÓN PENINSULAR DE UNA BALADA DEL OCCIDENTE EUROPEO: LA MUERTE OCULTADA

*    27.- 6. SIGNIFICADO LITERAL Y SIGNIFICADOS SIMBÓLICOS: LA CAZA DE LA MUERTE

*   28.- 7. LA TRADICIÓN PENINSULAR Y SUS RELACIONES CON LA TRADICIÓN PAN-EUROPEA

*

IV   POÉTICA DE UNA POESÍA COLECTIVA

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28.- 7. LA TRADICIÓN PENINSULAR Y SUS RELACIONES CON LA TRADICIÓN PAN-EUROPEA

28.- 7. LA TRADICIÓN PENINSULAR Y SUS RELACIONES CON LA TRADICIÓN PAN-EUROPEA

7. LA TRADICIÓN PENINSULAR Y SUS RELACIONES CON LA TRADICIÓN PAN-EUROPEA. III    EL MITO SE HACE HISTORIA. EL ROMANCE Y LA HERENCIA BALADÍSTICA.

      ecíamos más arriba que este romance pan-hispánico de La muerte ocultada tiene en Europa occidental paralelos fácilmente reconocibles. En Francia se trata de la famosa balada de Le roi Renaud. La hermandad del romance hispánico y de la ba­lada francesa es tan estrecha que podemos considerarlos variantes de un mismo poema: no sólo la estructura de la narración es semejante en sus más pequeños de­talles, sino que ambos conciben la ocultación como un diálogo continuado entre la joven madre y su suegra, con la constante repetición del vocativo (cargado de nota­ciones indicíales de carácter suprasegmental) «mère m’amie» (en la balada france­sa), «madre, la mi madre,     la mi siempre amiga» (en el romance).

      En esta redacción más conocida de la balada francesa la historia comienza con el regreso de Renaud malherido de la guerra:

Le roi Renaud de guerre revint
portant ses tripes en sa main87,

(como en la versión vulgata del Sur de España), y lo mismo sucede en las versiones italianas de la balada88; sin embargo, el encuentro con la Muerte en la caza se conserva también en otro tipo de la balada francesa (que Doncieux despreció, guiándose por criterios falsamente positivistas, creyéndolo erróneamente «contaminado»89). Por ejemplo:

Le comte Redor s’en va chasser
dans le fóret de Guémené;
en son chemin a rencontré
la Mort, qui lui a parlé90.

      La proximidad formal entre las manifestaciones varias de la balada en todas las lenguas de la Romania occidental es evidente, y fácilmente nos podría inducir a pensar que todas ellas son, como algunos viejos comparatistas creyeron, derivaciones de un tronco francés. Pero el comparatismo, al pretender visualizar la transfor­mación de las baladas mediante esquemas arborescentes (en que sólo se suponen dependencias entre estados sucesivos) y al concebir las relaciones entre unas tradi­ciones y otras como unilineales, olvidó la existencia de contactos continuados en­tre las tradiciones coexistentes y la expansión sucesiva e independiente de motivos nuevos difundidos desde una rama de la tradición a otras (las relaciones sincróni­cas que capta la geografía folklórica en sus representaciones cartográficas91). La permeabilidad de las fronteras lingüísticas intra-románicas ha permitido la difu­sión, a través del continuo geográfico constituido por la tradición portuguesa, es­pañola, catalana, francesa e italiana, de innovaciones varias posteriores a la inicial difusión de la balada, haciendo así posible la coexistencia o competición, en más de una tradición, de variantes mutuamente exclusivas (como los motivos de la caza y de la guerra, arriba citados, nos lo ejemplifican).

      Mucho más perturbador para los esquemas críticos que la indicada posibilidad de que la tradición hispánica recoja innovaciones dependientes de variantes diversas y contradictorias de la tradición transpirenaica92 es la observación de que la concepción hispánica del tema de La muerte ocultada, en sus dos tipos más conser­vadores (el hexasilábico sefardí y de la «Alta Extremadura» y el octosilábico), no responde a la que nos transmite la tradición francesa. El viejo comparatismo, al centrar sus preocupaciones en la búsqueda de orígenes y de líneas de derivación y al limitarse a la comparación de motivos, se desinteresó por el fundamental proble­ma del significado de las estructuras que comparaba. A su vez, el posterior compa­ratismo estructuralista, obsesionado en poder establecer un repertorio limitado de estructuras universales capaz de explicar cualquier relato, primó en sus análisis lo permanente acrónico, frente a lo histórico temporal y espacialmente limitado, con lo que tampoco ha tendido a prestar atención al significado sociológicamente con­dicionado de las variantes de un relato. Resulta, por eso mismo, de especial interés que contemos para el tema de La muerte ocultada con una monografía, de Beatriz Mariscal93, en que se considera como una propiedad esencial de la fábula estudia­da su capacidad de ajustarse, lexémica y sémicamente, a cambios referenciales, esto es, de transmitir sistemas de valores históricamente condicionados. B. Maris­cal ha notado certeramente cómo las dos ramas de la tradición francesa revelan una concepción del contrato de ocultación distinta a la que se manifiesta en la tra­dición española más conservadora. Lo que se pretende con el contrato en la tradi­ción francesa no es la protección del hijo lactante, sino, simplemente, conseguir que la joven esposa no muera. De ahí que, al carecer del propósito indirecto de ga­rantizar la sobrevivencia del heredero, el plazo de ocultación no resulte en ella re­levante, ya que la batalla de la suegra para negar a la nuera el acceso a la verdad, que equivale a la muerte, es una batalla que algún día necesariamente ha de perder. El desenlace trágico es catártico, pues aunque el triunfo de la verdad sobre la men­tira es a la vez triunfo de la muerte sobre la vida, la esposa, al morir, afirma su de­recho a buscar el amor del que le ha privado el destino. Por otra parte, la tragedia se desarrolla en un ambiente realista, dentro de una sociedad señorial muy compe­netrada con la religiosidad cristiana: los ruidos que la joven madre percibe nos ha­cen asistir, a distancia, a los sucesivos actos del ritual católico funerario y esta larga secuencia referente a la ocultación de la muerte y entierro es la privilegiada en el relato.

      La tradición española conservadora (representada por el romance hexasilábico sefardí y de la «Alta Extremadura» y hasta cierto punto por el romance octosilábi­co) se halla muy lejos de tener en común con la tradición francesa esta concepción del tema: no sólo carece de las peculiaridades descritas, sino que maneja motivos y oposiciones sémicas que permiten entender la estructura narrativa profunda del romance como expresión de unos sistemas de pensamiento enraizados en tradicio­nes de carácter mítico bien ajenas a la superficial cristianidad propia de la balada francesa. Esta constatación nos obliga a ampliar el círculo de la comparación para incluir en él a la Europa céltica y escandinava, áreas folklóricas en que el proceso de desmitificación de los relatos tradicionales no ha tenido la fuerza que en Fran­cia o Italia.

      El gwerz bretón equivalente de la balada Le roi Renaud es Aotrou Nann hag ar Gorrigan, cuyo protagonista lleva el mismo nombre que en la balada francesa, pues «Nann» es el diminutivo de «Raunan»; pero el gwerz no tiene su origen en la tradición francesa, más bien es preciso suponer una relación inversa, dada su fidelidad a unos sistemas de creencias precristianas. El gwerz cuenta, en resumen, lo siguiente94:

    El señor Nann y su esposa se han casado muy jóvenes. Cuando la joven da a luz unos gemelos, el marido sale de caza a buscar carne de ciervo, que se le ha antojado a la recién parida. En persecución de la pieza, penetra en el bosque y llega a un prado por donde corre un riachuelo que está junto a la cueva de una «gorrigan» (elfa). Al bajarse a beber agua, la elfa, enojada porque Nann ha osado violar sus aguas, le pro­pone que se case con ella, y le amenaza que, si no lo hace, deberá escoger entre morir languideciendo durante siete años o morir en tres días. Nann no acepta el trato, mo­rirá cuando Dios quiera; de todos modos, prefiere la muerte a casarse con la elfa. Vuelto a casa de su madre, le pide que, cuando le llegue la muerte, la oculte a su es­posa. Muerto Nann, la joven hace a su suegra una serie de preguntas, que de haberle sido respondidas con la verdad, le habrían revelado la muerte de su esposo; pero la suegra consigue una y otra vez engañar a la joven, hasta que un día la viuda sale de casa vestida de negro, por consejo de su suegra, y encuentra la tumba de su marido. Descubierto el engaño, la joven viuda muere de pena. Sobre las tumbas de los dos es­posos crecen dos árboles, desde cuyas ramas vuelan dos palomas hacia el cielo.

      Hermana de este gwerz bretón es, a su vez, la balada escandinava95 de Sire Olaf y la elfa; pero en ella el tema central ya no es el de la muerte ocultada, sino la trage­dia del hombre que, habiendo penetrado inadvertidamente en el territorio de los seres sobrenaturales (en algunas versiones comete la transgresión de beber del agua de los duendes), se niega a someterse a la voluntad de las fuerzas telúricas:

     Olaf va a buscar a su novia; en el camino tiene un encuentro con la hija del rey de las elfas, quien lo invita a bailar con ella. Olaf se niega reiteradas veces. Ella le da a escoger entre morir inmediatamente o pasar siete años enfermo. Olaf escoge la muer­te inmediata. La elfa golpea mortalmente a Olaf, quien regresa a su casa moribundo. Después de pedir a su padre y hermana que le ayuden a morir, recurre a su madre, para que oculte su muerte a su novia diciéndole que fue a domar el caballo y a entre­nar a los perros para la caza. La novia llega con su cortejo al pueblo, pregunta a la madre de Olaf por qué lloran y ella no le responde. Es conducida a la sala nupcial, en donde ve a varios caballeros, pero no a Olaf. Pregunta por qué no está y la madre le dice que murió. La novia ve el cadáver y cae muerta.

    En otras versiones, cuando la novia es conducida al lecho nupcial, un paje le revela que será entregada al hermano de Olaf, pues él yace muerto en otra sala. Se niega a ser entregada al hermano, pide ver al muerto, se arroja en la caja, lo besa y muere 96.

      El gwerz bretón y la balada escandinava contienen algunos detalles desconocidos de la tradición hispánica y presentes en la francesa, como la alternativa ofreci­da al cazador de morir rápidamente o languidecer durante siete años (conservada por la mal llamada versión «contaminada»)97. Pero lo sorprendente es la similitud extraordinaria de las primeras secuencias del gwerz (y en parte de la balada escan­dinava) con las del romance hexasilábico sefardí y de la «Alta Extremadura»: el antojo de la esposa-madre, la ida de caza, la entrada en el vergel prohibido, el locus amoenus, la violación de las aguas, el conflicto con el ser sobrenatural ante la resis­tencia del esposo a someterse a su voluntad, la muerte diferida hasta llegar a casa de la madre. Sólo en un detalle muestra el gwerz (apoyado por la balada escandina­va) una superior coherencia respecto al romance: en la femineidad del ser infernal (a la que vimos apuntaba, engañosamente, en la tradición hispánica, el prado de rosas donde el cazador va a tener su combate mortal). La balada escandinava, aun­que más alejada de la tradición española ya que considera secundario el tema de la ocultación de la muerte, tiene una curiosa relación especial con la tradición hispá­nica: el nombre de Olalvo, que en el romance catalán recogido en El Rosellón con­serva el protagonista (frente a los muy extendidos don Bueso y don Pedro) es indu­dablemente el Olaf ~ Olav de la balada nórdica, coincidencia ésta bien llamativa, que prueba lo imposible que es establecer líneas únicas de filiación en la transmi­sión baladística98.

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

OTAS

87 Cito por una versión anotada por E. Jue en Rouen c. 1850, quien la aprendió de una tía suya a quien a su vez, se la había enseñado una monja que vivió en el siglo XVII. Véase H. Davenson, Le livre des chansons. Ou introduction à la chanson populaire française, Neuchatel: La Baconniere, 1946, pp.

88 Véase C. Nigra, Canti popolare del Piemonte, Torino: Roux Frassiti, 1888, pp. 142-149.

89 Doncieux,  Le Romancéro populaire de la France, Paris: E. Bouillon, 1904, pp. 87-88.

90 Versión cantada por Jeanne Hardy de Villechoun, en Grand-Auverné, el 19 de diciembre de 1875 (Revue des traditions populaires, XII, 1897, pp. 295-297).

91 Véase, en la presente obra, el cap. I de la Parte primera.

92 El caso citado de la caza y la guerra no es el único en el corpus de La muerte ocultada.

93 B. Mariscal de Rhett, «La balada occidental moderna ante el mito: Análisis semiótico del roman­ce de La muerte ocultada», Ph. D. diss., Univ. of California, San Diego, 1978. De ella deriva la exposición que acompaña a la publicación de las versiones del romance en RTLH, XII (1984-1985).

94  Puede ejemplificar el gwerz bretón la versión normalizada por Hersart de la Villemarqué, Barzaz-Breiz. Chants populaires de la Bretagne, París, 1923. B. Mariscal, La muerte ocultada, en RTLH, XII (1984-85), publica una traducción española en las pp. 49-51.

95  Difundida por Islandia, Dinamarca, Suecia y Noruega.

96  S. Grundtvig, Elveskud, dansk, svensk, norsk, faeroesk islands, skotsks, vendisk, boemisk, tysk, fransk, italiensk, catalonsk, spansk, bretonsk Folkevise, Copenhague, 1881, reunió ya 69 versiones; hay muchas más en colecciones posteriores.

97  «— Veux-tu mourir dès aujourd’hui, / ou d’être sept ans à langui? / Veux-tu mourir dès à présent, / ou d’être sept ans languissant? / — J’aim’ mieux mourir dès aujourd’hui, / que d’être sept ans à languir. / J’aime mieux mourir dès à présent, / que d’être sept ans languissant».

98  Según llamó ya la atención R. Menéndez Pidal, Romancero hispánico (1953), I, p. 322.

99  Como destaca bien B. Mariscal (obras citadas en la n. 93).

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

*   12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

*    13.- 7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES

*    14.- 8. LA «EPHEBI FILII SENEX FORTITUDO»

*    15.- 9. LA PASIÓN AMOROSA POR MARGARITA

*   16.- 10. SUBVERSIÓN DE LA ESTRUCTURA DE LA SEGUNDA SECUENCIA: EL TRIUNFO DEL AMOR EN LA MUERTE

*   17.- 11. LOS DERECHOS DE LA MUJER

*   18.- 12. LA ESPERANZA DE UN HEREDERO PÓSTUMO

*   19.- 13. ACTUALIZACIONES DE LA ESTRUCTURA HISTÓRICA DEL ROMANCE NOTICIERO

*    20.- 14. DE NUEVO EL DOCTOR DE LA PARRA

*    21.- 15. EL ROMANCE, ENTRE LA HISTORIA Y EL REFERENTE EN QUE SE RE-CREA

III  EL MITO SE HACE HISTORIA. EL ROMANCE Y LA HERENCIA BALADÍSTICA

*    22.- 1. ROMANCERO Y BALADA

*    23.- 2. LOS MODELOS NARRATIVOS SE ADAPTAN: HERENCIA Y RECREACIÓN

*   24.- 3. DIFICULTADES DEL COMPARATISMO. UNA «BALADA» CHINA Y UN ROMANCE: LA BELLA EN MISA

*    25.- 4. UNIDAD DE LA TRADICIÓN PAN-ROMÁNICA Y PERSONALIDAD DE SUS SUBTRADICIONES: EL CABALLERO BURLADO

*    26.- 5. VARIEDAD EN LA TRADICIÓN PENINSULAR DE UNA BALADA DEL OCCIDENTE EUROPEO: LA MUERTE OCULTADA

*    27.- 6. SIGNIFICADO LITERAL Y SIGNIFICADOS SIMBÓLICOS: LA CAZA DE LA MUERTE

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27.- 6. SIGNIFICADO LITERAL Y SIGNIFICADOS SIMBÓLICOS: LA CAZA DE LA MUERTE

27.- 6. SIGNIFICADO LITERAL Y SIGNIFICADOS SIMBÓLICOS: LA CAZA DE LA MUERTE

6. SIGNIFICADO LITERAL Y SIGNIFICADOS SIMBÓLICOS: LA CAZA DE LA MUERTE.  III    EL MITO SE HACE HISTORIA. EL ROMANCE Y LA HERENCIA BALADÍSTICA.

      n el relato de la versión de Casillas nos llama la atención, de inmediato, el com­bate de don Bueso con el puerco. Es evidente que, aparte de su sentido literal, ese segmento de la intriga apunta a otros significados, de carácter simbólico. El com­bate, aunque podamos admitirlo como hecho real, es también una metáfora, una metáfora en la intriga. Don Bueso, al pelear con el puerco, pelea, evidentemente, con una fuerza misteriosa que viene de súbito a quitarle la vida cuando esperaba gozar de un heredero. La ocasión y el lugar en que ocurre el combate resultan tam­bién significativos en ese plano simbólico:

      Don Bueso iba de caza, actividad con muchas connotaciones: la caza es aventu­ra propia de varones que se internan en territorio ajeno, hostil, dispuestos a conse­guir alimento para los suyos, o que, simplemente, se ejercitan, en lucha con la na­turaleza, en el arte y rigores de la guerra; es aventura de persecución y cobro de una pieza deseada, fugitiva, hábil en sus esguinces defensivos y peligrosa en sus inesperados contraataques.

      Don Bueso ha llegado a un prado, que invita a la relajación, al refrigerio de una merienda. Está, pues (¡qué duda cabe!), en el locus amoenus, en el lugar placente­ro que convida a la comunión sensorial con la naturaleza. En otra de las versiones de la «Alta Extremadura» se dice aún más claramente que en la de Casillas:

Y salió don Bueso   al monte a cazar,
n’un prado de rosas    se ha puesto a merendar 57.

      Este escenario, con su simbolismo, es un poderoso indicio que hace esperar una «caza de amor»; pero el jabalí sustituye a la esperada doncella y el cazador es cazado por la Muerte. Esas aguas del río, que el jabalí enturbia,

Y ya vido un puerco    emporcando (~ enturbiando) el río58,

no son sólo un complemento del idílico prado y de sus rosas; constituyen, a la vez, la frontera entre el acá, donde don Bueso tiene a su mujer gestante, y el más allá, desde donde irrumpe la fuerza irracional del puerco, sorda a la desesperada peti­ción del cazador:

— Puerco, no me empuerques    las aguas de arriba,
no dejes a doña Ana   viuda y recién parida 59;

son, pues, símbolo de la frontera de la vida, y, asimismo, símbolo de la vida misma, que don Bueso siente ya enturbiada por la muerte.

      Simbólico también es el paralelístico combate, donde el hombre consigue ven­cer a su enemigo, pero para quedar a su vez él con el corazón atravesado (como re­sulta claro en las versiones hermanas de la de Casillas60). Y no menos simbólicas son, sin duda, las dos procesiones, también paralelas, la de los carros de la muerte, que se llevan de la escena el puerco, y la de las damas y galanes que conducen a don Bueso, marcado ya por su fatal encuentro, a entrevistarse con su esposa recién parida61.

      El antojo de doña Ana, secuencia con que se abre el relato, resulta, asi, estar preñado de enormes contenidos simbólicos: el deseo de la gestante, que, de no cumplirse, conduciría al aborto, a la frustración del heredero, es el que envía a don Bueso a su encuentro con la Muerte; es el propio hijo, por tanto, aún no nacido, el que exige al padre, a su natural proveedor, ir a cazar al puerco, ir a cazar a la Muerte, para traerle a él a la Vida.

      La metáfora de la «Caza de la Muerte» resulta más clara, aún, que en estas ver­siones de la Alta Extremadura, en la tradición sefardí. En Marruecos el romance dice así:

       — Yo te dexo, Alda,    con el Dios del cielo,
2     los pavos del rey   voy a ir a verlos.—
       Levantóse Güeso,    lunes de mañana,
4     alzara sus armas,    fuérase a la caza.
       En un prado verde se sentó a almorzar,
6     allí vido Güeso su negra señal.
       Criador del cielo,
       ¡Válgame Dios del cielo,    pensamientos tengo!

       En un prado verde se sentó a almorzar,
8     vio venir a Huerco las armas llevare.
       — Así Dios te dexe    con Alda viviré,
10    tú me has de dexar   las aguas bulliré;
       así Dios te dexe    con Alda folgare,
12    tú me has de dexar   los ríos passare.
       — Así Dios me dexe    con Alda viviré,
14    no te hay de dexar   las aguas bulliré;
       así Dios me dexe    con Alda folgare,
16    no te hay de dexar   los ríos passare.—
       Firió Güeso a Huerco    en el calcañale,
18    firió Huerco a Güeso    en la veluntade;
       firió Güeso al Huerco    con su rica espada,
20    firió el Huerco a Güeso    en telas del alma.
       Ya llevan al Huerco    en carretas cuatro,
22    ya llevan a Güeso   muerto y desmayado;
       ya llevan a Huerco    en carretas cinco,
24    ya llevan a Güeso   muerto y desmayido.
       Alda no lo sepa
       si Alda lo sabe,    luego queda muerta!
62

Y en Oriente, tras un comienzo sui generis (que aquí no nos interesa)63, se cuenta igualmente:

…………………………………….         ……………………..
— ¿Onde s’assentó a comerla?    Al pie d’una clara huente.
Por ahí passó el Huerco    para las aguas dañare.
— Salgamos juntos al campo    y juntos a pelear.—
Ofico le dio al Huerco,    ya non le pareçió nada;
el Huerco le dio a Ofico,    le tocó en telas del alma.
Ya se lo llevan a Ofico    entre campos y carreras;
ya se lo llevan a Huerco    entre damas y donzellas 64.

      La batalla con la Muerte se declara en las versiones sefardíes sin rodeos, al identificar al contendiente de Bueso con el Huerco, el Orcus latino, esto es el Deus Inferorum, Plutón, o para otros el Stix fluvius, el río o palude Estigia, cuyas aguas son mortales. Y el hombre lucha por defender el paso de esas aguas que separan el reino de la Muerte del de los vivos; aunque quizá ha sido él quien ha provocado el encuentro al salir de caza el lunes (día fatídico en el lenguaje del romancero65), dejando en manos de Dios a la parturienta, para acercarse a las aguas del Estigia, pe­netrando (si entiendo bien el primer pareado del romance) en el vergel prohibido de los pavos reales.

      Las versiones octosilábicas del N.O. no están tan recargadas de motivos simbó­licos, pero conservan el de la caza fatídica. En una versión66 se mantiene la salida en lunes:

Un lunes por la mañana    don Pedro a caza salía;

y muy frecuentemente el destino trágico del cazador se anuncia premonitoriamen­te, mediante el fracaso en la caza:

Lleva los perros cansados,    la caza no parecía.

      Este motivo adquiere mayor relieve en algunas versiones, donde aparece unido a una cualificación del lugar en donde el cazador se ha internado, que resulta ser extrañamente inhóspito:

Los perros lleva cansados,    la caza perdida iba.
No encontraba qué cazar,    mas que unos cuervos que había.
—  ¡Comerlos, perros, comerlos,    mal de rabia os daría!
                                     Villanueva de la Tercia (León)67;

Ya no hallaba qué cazar,    ni tampoco caza había
si no son los cuervos negros,    que los perros no querían
                                               Corporario (Salamanca)68;

Caminara siete leguas    sin encontrar cosa viva,
si no es un cuerpoespino    que pa los perros valía.
—  ¡Cómele, perros, cómele,    que aquí otra cosa no había!
                                                          Linares (Asturias)69.

      Sólo en un par de versiones encuentra allí a la Muerte en persona:

En el medio del camino    la Muerte que le salía70,

Vio la Muerte n’el camino,    pra su casa se volvía71;

siendo más común que no se la personifique:

Diérale el mal de la muerte,    a su casa se volvía.

      Pero el simbolismo de haber ido a cazar a la Muerte se expresa en la frase que dirige a su madre, al llegar a la casa de ella y saber que su mujer ha tenido el primer hijo, un «mayorazgo»:

— La caza que traigo, madre,    la Muerte en mi compañía72;

— Que yo fui a buscar la vida,    Muerte vié en mí compañía73.

      Nuestra versión de Casillas, después del episodio de la caza y combate con la Muerte, básicamente narrativo, y tan pronto como don Bueso es trasladado a su casa, continúa el romance en forma de un diálogo ininterrumpido que abarca va­rias secuencias de la fábula. En otra de las versiones de la Alta Extremadura74, que conserva mejor que la de Casillas toda esta sección del poema, el diálogo continúa hasta el final mismo del romance:

— Suegra, la mi suegra,    la mi siempre amiga,
¿cuál es ese ruido    que suena allá arriba?
— Eso son los toros    de que estás parida.—75
— Suegra, la mi suegra,    la mi siempre amiga,
¿por qué doblan tanto   las campanas lindas?
— Por un hijo mío    que se ha muerto en Indias.—
— Suegra, la mi suegra,    la mi suegra amiga,
¿de qué tiempo salen   las parías a misa?
— Pues unas al mes,    otras quince días;
tú saldrás al año,    que te convenía.—
— Suegra, la mi suegra,    la mi siempre amiga,
¿de qué visto yo    pa salir a misa?
— Vístete de negro,    que te convenía76.
— Suegra, la mi suegra,    la mi siempre amiga,
¿de qué visto al niño    pa salir a misa?
— Vístele de negro,    que te convenía.—
— ¡Qué viuda tan bella,    qué viuda tan linda!
— No mires pa atrás,    que es descortesía.—
— Suegra, la mi suegra,    la mi siempre amiga,
¿cuyo es esta laude    de oro enguarnecida?
¡ Su hijo un año muerto   y nada me decía!

      En este habilísimo «fundido» de escenas, ni la entrada y salida de personajes en la habitación de doña Ana, primero, ni, después, el paso de un tiempo a otro hasta que se cumple el plazo de un año, ni, finalmente, la ida de la viuda (y de su «siempre amiga» suegra) a la iglesia exigen la introducción de acotaciones en el diálogo. Sin otra información que los parlamentos de los personajes (como en La Celestina de Fernando de Rojas) el romance consigue ir cambiando el escenario según va relatando la llegada de don Bueso a conocer a su primogénito, su parti­da simulando que va a tierras lejanas y su muerte y entierro sin que se entere la re­cién parida, y, después, nos hace saber el discurrir del tiempo hasta cumplirse el año de vida encerrada de la joven madre, que permite su salida a misa, y el descu­brimiento en la iglesia de la muerte del esposo, ocultada por la suegra durante ese largo año.

      Esta ocultación durante un año y un día (en la mayoría de versiones), que el marido pacta con su propia madre y que ella cumple eficazmente, requiere una explicación.

      Está bien claro que el pacto de ocultación tiene por objeto proteger la vida de la joven esposa:

— No lo diga a doña Ana    durante un año y un día;
que, si lo sabe doña Ana,    de pena se moriría

dicen algunas versiones octosilábicas del N.0.77; y el estribillo de la hexasilábica marroquí comenta:

Alda no lo sepa;
si Alda lo sabe,    luego queda muerta!

Pero, dado que, una vez acabado el plazo, la nuera va a saber lo ocurrido, ¿para qué vale la ocultación? No puede tener otro fin que proteger al niño, al heredero, según hacen saber las versiones canarias:

— No le digan de mi muerte,    no le den a saber nada,
mientres no estaba parida,    y mientres no esté alumbrada78;

pero, comúnmente, la protección no es sólo del peligro de no nacer, pues, por lo general, la esposa ha parido ya:

— No me llo diga a doña Ana,    que está de recién parida,
non me llo diga a doña Ana   n’un ano e mais un día.

— No me lo diga a doña Ana    dentro d’un ano e n’un día,
paridiña de tres días,    de pena se morrería

(aclaran varias versiones gallegas)79. Este plazo de ocultación por un año y un día hoy nos parece extraño, absurdamente formulario (y por ello, sin duda, algunas versiones lo substituyen por los cuarenta días del puerperio); pero es un plazo significativo, narrativamente lógico, pues se corresponde con el de una lactancia pro­longada, muy común en otro tiempo:

— Lo que le encargo, mi madre,    lo que le encargo es, mi vida, que no lo diga a doña Ana    sin que se cumpla año y día,

que, como es niña pequeña,    el niño no criaría80.

Lo que el padre y la abuela tratan de conseguir es que la joven esposa viva para cumplir su deber de alimentar al niño, de cuyo nacimiento pedía albricias la madre vieja:

—  ¡Albricias, don Bueso, albricias,    que doña Ana está parida:
’tá la infantina en la cama   y un mayorazu tenía!81,

o que exhibía, satisfecha, la recién parida:

— Arrímate, don Bueso,    arrímate a la cama,
y verás al infante    cómo busca la mama82,

o cuyo nacimiento se va a producir inmediatamente después de la muerte del pa­dre, como si el alma del difunto fuera a transmigrar al heredero:

Él murió a la media noche   y ella parió al ser de día83;

— Si Alda pariere   un hijo varone,
a los ocho días    ponelde mi nombre;
si Alda pariere    un hijo abastado,
a los ocho días    ponelde en mi estado.—
En ca de Alda   tañen tañedores
y en ca de Güeso    hazían guixdores;
en ca de Alda   tañen con sonajas
y en ca de Güeso   hazían las guayas84;

Al cuarto de don Francisco    galans plós  y dols hi havía
y al cuarto de donya Alda    galans ballades hi havía85.

      La ocultación debe, por ello, prolongarse hasta que la vida autónoma del hijo esté garantizada, según expresa el verso:

Hasta que el niño no vaiga    por la mano para misa86.

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

OTAS

57 Navalmoral de la Sierra (Ávila).

58  Malpartida de Plasencia (Cacares). La variante es de Candelario («< Vido venir un puerco   > en­turbiando el río»).

59  Casillas (Ávila). Variante: <« No me empuerques, puerco,    > las aguas de arriba...».

60  «< Al puerco le ha dado    > en el corvejón,    < y a don Hueso le ha dado > en el corazon> (Malpartida, Candelario); «< Don Bueso al puerco  > le dio en el corvejón    < y el puerco a don bue so    > en el corazón» (Navalmoral). La versión de Casillas invierte, malamente, el lugar en que recit> la herida el puerco y don Bueso.

61  «< Carros y carretas    > van a por el puerco, < damas y galanes> van a por don tí (Navalmoral, Casillas), «< Carros y carretas    > venir a por el puerco,    < criadas y doncellas    > ve­nir a por don Bueso» (Candelario); «< Carros y carretas    > a buscar don Bueso,    < damas y doncellas    > a buscar su cuerpo» (Buenavista).

62  Las versiones sefardíes de Marruecos remontan a una misma estructura, que trato de represen­tar en el texto publicado. He optado por acudir a varias de ellas. Los w. 1-2 proceden de una versión de Tánger dicha por Hanna Bennaim (70 a.) a Manuel Manrique de Lara en 1915; no son habituales. Los restantes son muy generales (con pequeñas variantes). Algunas versiones conservan bien las series paralelas, otras las simplifican. Los dos estribillos figuran en dos versiones de Tánger, una de Tetuán y otra de Larache; sólo el primero, en otra versión de Tánger y sólo el segundo, en otras tres versiones de Tetuán. Véase RTLH, XII (1985), pp. 66-78, donde se publican 14 versiones de esa tradición.

63 Las cuatro versiones publicadas en RTLH, XII (1985), pp. 78-80 proceden de Salónica (Gre­cia). Todas comienzan contando (más o menos) «< Chico era Ofico, > chico y de la cuna; < lo me­tieron por rubico > a meldar las criaturas; < Ofico estava hazino > le duelía la cabeca, < mandó onde la rubisa > que le haga una chorbeca (o < le mercó un negro cestico > para que eche las merendas)».

64 En el texto que doy como muestra utilizo las varias versiones de Salónica que conozco.

65  Sobre el lunes como día fatídico, véanse algunos ejemplos en CGR-1 (1984), p. 134.

66  Versión de Linares (ay. Ribadesella, Asturias), dicha por Victoria Suárez (73 a.), recogida por Juan Menéndez Pidal, año 1902.

67  Dicha por María González Belanzategui a Josefina Sela en 1919.

68  Versión de Corporario (Salamanca), recogida en 1910 por Federico de Onís.

69  La versión citada en la n. 66.

70 Calabor (Zamora). Versión recogida en 1922 por Fritz Krüger.

71 San Mamed (Ourense). Dicha por Vicenta Ramona Fernández a Alfonso Hervella, 1909.

72 Por ejemplo, en Huergas de Cordón (León), versión recogida por Josefina Sela en 1918 ó 1919 de boca de Agustina Rodríguez Arias (c. 40 a.).

73 Versión de Tablado, junto a Sistema (Ibias, Asturias) cantada por Arcides González (51 a.) que recogí, acompañado de Jacinto Alguacil, Tomoko Mimura y Margarita Mizrahi Morton, el 29 de junio de 1980 (aldea mal identificada en RTLH, XII, 1985, pág. 99).

 74 De Navalmoral de la Sierra (Ávila).

75 En Malpartida (Cáceres): «< es que juegan cañas    > a la recién parida».

76  En Buenavista, antes Pocilgas (Salamanca): «< Suegra, la mi suegra,    > la mi bien querida, <  ¿cuál de [las] mis tocas    > me pondré aquel día?    < — La negra, mi alma,    > la negra, mi vida, < que, como eres blanca,    > bien te parecía».

77  Cito por una versión de Logares (Lugo), dicha por Benito Calvin (50 a.), recogida en 1929 por Aníbal Otero y Eduardo Martínez Torner.

78  Versiones de Fuencaliente (La Palma) y Tenerife, sin lugar, recogidas por José Pérez Vidal y Mercedes Morales, respectivamente (ed. D. Catalán, La flor de la marañuela, 1969, vol. II, pp. 6-7 y I, pp. 246-247, respectivamente).

79  Las versiones citadas son de Palleirós (Josefa Hervella) y Vilardemilo (Dominga González) en Ourense, ambas recogidas por Alfonso Hervella, 1909. Semejante es la recogida en 1981 por Ana Va­lenciano y Aurelio González en El Bao (Ourense) de boca de Sara Arias Domínguez (81 a.) durante una encuesta del Seminario Menéndez Pidal: «< No se lo diga a doña Ana    > dentro de un año y un día,    < que está parida de pouco    > de pena se moriría».

80  En la versión de Linares (Asturias) citada en la n. 66.

81  Cito por la misma versión de Linares (Asturias). En una versión de Villaviciosa (Asturias) dicha por Juana Sánchez, de apodo «Xuana la Molinera» (70 a.) recogida por María Gaño y publicada por J. Menéndez Pidal, Viejos romances que se cantan -por los asturianos (1885), pp. 181-182, se dice: «< — Albricias, señor don Pedro,    > que dármelas bien podría,    < que doña Alda ya parió    > y un hijo varón tenía».

82  En la versión de Navalmoral de la Sierra (Avila) citada en la n. 48.

83  Palazuelo de Torio (León), dicha por Josefa Bayón (60 a.). Col. Ovidio González Bandera. Sobre esta versión véase Romancero general de León, I (1991), ed. D. Catalán y M. de la Campa, pp. XLIII-XLIV.

84  Versión de Tetuán, dicha por Macni Ben Simbra (65 a.), recogida en 1915 por Manuel Manri­que de Lara. Donde en la versión de Tetuán se lee «ponelde mi estrado», creo que hay que restituir «ponelde en mi estado», según dice la versión de Alcazarquivir dicha por Simha Eljarat (c. 70 a.), re­cogida en 1916 por el mismo Manrique de Lara.

85   En la única versión catalana octosilábica procedente de Calaf (Barcelona), citada en la n. 59.

86   En Cervantes (Zamora), versión recogida en 1912 por Américo Castro.

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

*   12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

*    13.- 7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES

*    14.- 8. LA «EPHEBI FILII SENEX FORTITUDO»

*    15.- 9. LA PASIÓN AMOROSA POR MARGARITA

*   16.- 10. SUBVERSIÓN DE LA ESTRUCTURA DE LA SEGUNDA SECUENCIA: EL TRIUNFO DEL AMOR EN LA MUERTE

*   17.- 11. LOS DERECHOS DE LA MUJER

*   18.- 12. LA ESPERANZA DE UN HEREDERO PÓSTUMO

*   19.- 13. ACTUALIZACIONES DE LA ESTRUCTURA HISTÓRICA DEL ROMANCE NOTICIERO

*    20.- 14. DE NUEVO EL DOCTOR DE LA PARRA

*    21.- 15. EL ROMANCE, ENTRE LA HISTORIA Y EL REFERENTE EN QUE SE RE-CREA

III  EL MITO SE HACE HISTORIA. EL ROMANCE Y LA HERENCIA BALADÍSTICA

*    22.- 1. ROMANCERO Y BALADA

*    23.- 2. LOS MODELOS NARRATIVOS SE ADAPTAN: HERENCIA Y RECREACIÓN

*   24.- 3. DIFICULTADES DEL COMPARATISMO. UNA «BALADA» CHINA Y UN ROMANCE: LA BELLA EN MISA

*    25.- 4. UNIDAD DE LA TRADICIÓN PAN-ROMÁNICA Y PERSONALIDAD DE SUS SUBTRADICIONES: EL CABALLERO BURLADO

*    26.- 5. VARIEDAD EN LA TRADICIÓN PENINSULAR DE UNA BALADA DEL OCCIDENTE EUROPEO: LA MUERTE OCULTADA

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La Garduña Ilustrada

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26.- 5. VARIEDAD EN LA TRADICIÓN PENINSULAR DE UNA BALADA DEL OCCIDENTE EUROPEO: LA MUERTE OCULTADA


5. VARIEDAD EN LA TRADICIÓN PENINSULAR DE UNA BALADA DEL OCCIDENTE EUROPEO: LA MUERTE OCULTADA
. III EL MITO SE HACE HISTORIA. EL ROMANCE Y LA HERENCIA BALADÍSTICA.

     l caso de La muerte ocultada es diverso, pues, al estudiar esta balada, no nos pode­mos conformar con un comparatismo intrarománico, ya que resulta imprescindible tener en cuenta la persistencia hasta tiempos modernos de narraciones afines de ámbito pan-europeo, que heredan paradigmas mitémicos de antigüedad milenaria.

      En el verano de 1947, en una de mis excursiones a pie por la Cordillera Central44, llegué a Navalperal de Pinares45, donde tuve ocasión de entrevistar a Tomasa Gon­zález, entonces de unos 40 años, natural de Casillas (Avila), que me franqueó la en­trada de su casa. Lo que mayor impresión me causó (como colector de romances46) de aquella velada fue el siguiente relato poético de la señora Tomasa:

        Estaba doña Ana    con dolores de parir
2      y se le ha antojado   un hueso de javalí.
        Se ha marchado don Güeso    a caza de cazar,
4      y en medio de un prado    se ha parado a merendar.
        — Puerco, no me empuerques    las aguas de arriba;
6      no dejes a doña Ana   viuda y recién parida.—
        Ha ido el puerco a don Güeso,    le ha mordido un corvejón;
8      ha ido don Güeso al puerco    y le ha atravesado el corazón.
       Carros y carretas    van a por el puerco;
10    damas y galanes   van a por don Güeso.
       Al puerco le llevan    a la carnicería,
12    y al señor don Güeso    pa su casa iba.
       — ¿Qué tal te encuentras, Ana,    en tu parto primero?
14    — Yo bien me encuentro, don Güeso,    si tú vienes bueno.
       Arrímate, don Güeso,    arrímate a la cama,
16    verás al infante    cómo busca la mama.
       — Espérate, doña Ana,    espérate a razones,
18    que me llama el rey   para ir a sus cortes.
       — Si te llama el rey   para ir a sus cortes,
20    ¿qué hará una mujer   parida de anoche?
       — Comer y beber   y darte buena vida;
22    buena suegra te queda,    pues te asistiría.—
       — Diga usted, mi suegra,    de mí siempre amiga,
24    ¿cómo tocan tanto    esas campanas tan lindas?
       [— Es por un caballero    que se ha muerto en Indias]47.
26    — Diga usted, mi suegra,    de mí siempre amiga,
       ¿qué es ese ruidito    por el patio arriba?
28    — Es una corrida de toros    porque tú estás parida.—
       — Diga usted, mi suegra,    de mí siempre amiga,
30    ¿de qué tiempo salen    las recién paridas?
       — Unas salen al mes,    otras a los cuarenta días
32    y otras salen al año,    a ti te pertenecía.
       — Diga usted, mi suegra,    de mí siempre amiga,
34    ¿de qué traje salen   las recién paridas?
       — Unas salen de raso    y otras de seda fina,
36    otras salen de negro,    a ti te pertenecía.—
       Ya que ha llegado el tiempo    salir de parida a misa,
38    se ha encontrado un caballero:    «¡Vaya una viuda más linda!»
       — Diga usted, mi suegra,    de mí siempre amiga,
40    me ha dicho ese caballero    «¡vaya una viudita más linda!»
       — Tú anda y calla, que es a otra    que por ahí atrás venía.—
       Ya que ha llegado a la iglesia     y vio el sepulcro de don Güeso.
42    Allí tiraba rosarios,    allí tiraba medallas;
       allí tiraba collares;    todito lo destrozaba.
                                                                      Amen.

      Esta versión y otras cinco (una de ellas sólo un fragmento), procedentes de la región que vamos a llamar Alta Extremadura (N. de Cáceres, S. de Salamanca y S. de Avila)48, constituyen los últimos sobrevivientes peninsulares de un tipo del romance de La muerte ocultada que se documenta también entre los judíos sefardíes de Marruecos (y, fragmentariamente, entre los de Oriente). Esa franja de la Alta Extremadura, en que ese tipo del romance se conserva, viene a constituir el reborde exterior de una gran área meridional, que abarca Extremadura (inclu­yendo también el Sur de Salamanca y de Ávila), La Mancha y Andalucía, don­de se ha impuesto una «versión vulgata» del romance. En esa versión «vulgata», que como es común a todas las «vulgatas» ofrece sólo escasas variaciones en su texto, el motivo de la caza ha sido reemplazado por su equivalente funcional, la guerra 49.

Ya viene don Pedro    de la guerra herido
y viene corriendo (~ volando)    por ver a su hijo...

      El romance hexasilábico sobrevive también en la tradición catalana. Pero en ella sólo una versión de Arles (Roselló)50, que dice:

Es mort don Olalbo    a la cacería,

y otra de Donzell (Lleyda)51, que comienza:

DonBueso se va    a la romería;
mentre está cazando,    la muerte li arriba

conservan el motivo de la caza; en las restantes se prescinde totalmente del episodio inicial, y el romance comienza con la secuencia de la despedida del esposo, cuando deja a su mujer próxima a parir o recién parida y parte, supuestamente, a tierras lejanas por un «any i un día»52.

      En Cataluña este romance hexasilábico convive con otra redacción de la misma historia en octosílabos 53; y el romance octosilábico es el único conocido en el Nor­te de España y de Portugal (N. de Salamanca, Zamora, Trás-os-Montes, Ourense, Lugo, Asturias, León y N. de Falencia)54, donde comienza así:

Don Hueso iba de caza,    no caza como solía    

o

A cazar iba don Pedro,    a cazar como solía.

      Fuera de la Península, el romance octosilábico se conserva también en Cana­rias 55, donde no hay caza, ni guerra, pues la noticia de la muerte la recibe el esposo estando enfermo en cama. La nueva escenificación procede del romance de la Muerte del príncipe don Juan y el enlace entre ambos temas lo proporciona la preocupación de don Juan por su hijo postumo, cuya vida quiere proteger de un posi­ble aborto 56.

      La variabilidad métrica y cambiante estructura, dentro de una innegable uni­dad, de este romance de La muerte ocultada, resulta doblemente interesante al comparar las versiones españolas con la tradición baladística europea. Pero antes de entrar en ese terreno, conviene que nos familiaricemos un poco más con nues­tra versión de la provincia de Ávila y sus hermanas en las varias lenguas hispánicas.

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

OTAS

44  En que a una jornada montañera incorporaba el deporte cinegético de rastrear romances.

45  Hoy lugar invadido por madrileños veraneantes o domingueros.

46  Al margen de esos intereses, lo que me dejó impresión más imborrable fue la escandalosa libertad con que un niñuco de un par de años, rojo por el alcohol, se amorraba continuamente a una bote­lla de vino. Cuando, transcurridos los años, el 28-VIII-1980, J. A. Cid y A. Vian reentrevistaron a To­masa González, mi paso por el pueblo era recordado fechándolo como ocurrido algunos meses antes de la muerte del niño.

47 Este verso (25) fue omitido en la recitación de 1947; lo restituyo a partir de la recitación de 1980, en el curso de la encuesta citada en la n. 46.

48 Malpartida de Plasencia (Cáceres), (Gregoria Canelo, 1904); Candelario (Salamanca), (Diego Catalán y Alvaro Galmés, 1947); Buenavista, antes Pocilgas (Salamanca): Apolonia Pedreira, 66 a (Ma­nuel Manrique de Lara, 1918); Navalmoral de la Sierra (Ávila): Clotilde Martínez (Agapito’ Marazuela, c. 1933); Casillas (Avila): Asunción Peinado, 64 a. y Ascensión Guerra, 35 a. (Jesús Antonio Cid y Ana Vían, 1980). Pueden leerse editadas en RTLH, XII (1985), pp. 59-66.

49  En RTLH, XII (1985), pp. 159-278 se editan 178 versiones y fragmentos de este tipo del romance (de ellas sólo 2 y un fragmento muestran que la «versión vulgata» empieza a difundirse fuera del área señalada).

50  Publicada por M. Milà i Fontanals, Romanceríllo catalán: Canciones tradicionales, T ed., Barcelona: A. Verdaguer, 1882, p. 157.

51   Recogida por Joan Tomàs y Joan Amades para el Cançoner Popular de Catalunya, 1929.

52   En RTLH, XII (1985), pp. 28-30 y 80-91, Beatriz Mariscal publicó 8 versiones, 2 facticias y variantes de otras 9, representativas de la tradición catalana.

53   Sólo me es conocida una versión de Calaf (Barcelona), publicada en 1896 por Milà i Fontanals, Romanceríllo, pp. 157-158. Reed. en RTLH, XII (1985), pp. 156-157.

54   En RTLH, XII (1985), pp. 93-152, se publican 79 versiones octosilábicas del N.O. peninsular.

55 Véanse las cinco versiones canarias publicadas en RTLH, XII (1985), pp. 152-156, procedentes de D. Catalán, La flor de la marañuela, I y II (1969).
 
56    — No lo siento por mi muerte,    porque tan presto me llama,
       siéntolo por la princesa,    es niña y queda ocupada.
       No le digan de mi muerte,    no le den a saber nada,
       mientres no estaba parida    y mientras no esté alumbrada.
Cfr. cap. II, §§ 9 y 12.

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

*   12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

*    13.- 7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES

*    14.- 8. LA «EPHEBI FILII SENEX FORTITUDO»

*    15.- 9. LA PASIÓN AMOROSA POR MARGARITA

*   16.- 10. SUBVERSIÓN DE LA ESTRUCTURA DE LA SEGUNDA SECUENCIA: EL TRIUNFO DEL AMOR EN LA MUERTE

*   17.- 11. LOS DERECHOS DE LA MUJER

*   18.- 12. LA ESPERANZA DE UN HEREDERO PÓSTUMO

*   19.- 13. ACTUALIZACIONES DE LA ESTRUCTURA HISTÓRICA DEL ROMANCE NOTICIERO

*    20.- 14. DE NUEVO EL DOCTOR DE LA PARRA

*    21.- 15. EL ROMANCE, ENTRE LA HISTORIA Y EL REFERENTE EN QUE SE RE-CREA

III  EL MITO SE HACE HISTORIA. EL ROMANCE Y LA HERENCIA BALADÍSTICA

*    22.- 1. ROMANCERO Y BALADA

*    23.- 2. LOS MODELOS NARRATIVOS SE ADAPTAN: HERENCIA Y RECREACIÓN

*   24.- 3. DIFICULTADES DEL COMPARATISMO. UNA «BALADA» CHINA Y UN ROMANCE: LA BELLA EN MISA

*    25.- 4. UNIDAD DE LA TRADICIÓN PAN-ROMÁNICA Y PERSONALIDAD DE SUS SUBTRADICIONES: EL CABALLERO BURLADO

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25.- 4. UNIDAD DE LA TRADICIÓN PAN-ROMÁNICA Y PERSONALIDAD DE SUS SUBTRADICIONES: EL CABALLERO BURLADO

4. UNIDAD DE LA TRADICIÓN PAN-ROMÁNICA Y PERSONALIDAD DE SUS SUBTRADICIONES: EL CABALLERO BURLADO. III EL MITO SE HACE HISTORIA. EL ROMANCE Y LA HERENCIA BALADÍSTICA.

      ara el estudio de El caballero burlado podemos partir de textos muy viejos, haciendo remontar la comparación, entre las manifestaciones españolas y francesas del tema, a tiempos medievales.

      Conocemos una versión francesa de mediados del siglo XV: se incluye entre las canciones de Olivier Basselin (c. 1450) en el Manuscrit de Bayeux 23. Por aquellos mismos años escribe Juan Rodríguez del Padrón, a quien el Cancionero manuscrito de Londres atribuye la versión española más antigua conservada24. Otras dos versiones españolas fueron impresas en el siglo XVI: una, en el Cancionero de romances de Amberes: Martín Nucio, s. a. (c. 1547-48)25; otra, en pliegos sueltos, como obra de Rodrigo de Reinosa26. Modernamente se han recogido numerosas versiones francesas e italianas, así como en las cuatro lenguas hispánicas (español, sefardí, portugués, catalán).

      La unidad de la balada pan-románica es, en este caso, evidente (una vez expul­sado del corpus un grupo de versiones francesas que pertenecen a otra balada similar, La oportunidad perdida21). Las versiones de las varias lenguas románicas tienen en común un núcleo narrativo consistente en las siguientes secuencias: Una donce­lla, necesitada de compañía para una jornada de camino, consigue un acompañan­te desconocido; el acompañante intenta aprovechar la soledad del monte para se­ducirla; la doncella asume una falsa identidad que la descalifica como objeto deseable; el acompañante cae en el engaño y se reporta; acabada la jornada, cuan­do llega a territorio poblado, la doncella descubre a su acompañante el engaño, re­velándole su identidad y se burla de la cortesía con que él la ha tratado; el caballe­ro burlado manifiesta, a veces, su pesar por no haber sabido gozar de la ocasión, solicitando, cómicamente, a la doncella que le conceda otra oportunidad.

      La unidad de la balada no sólo se revela en el contenido narrativo, sino en la si­militud del discurso empleado. [Sirvan de ejemplo algunos versos pertenecientes a los dos momentos en que la doncella «descubre» al acompañante a qué grupo social pertenece, primero en la secuencia del engaño28, luego en la secuencia del des­engaño o burla29:

Secuencia del engaño:

Quand sun stait an mes al bosc,   j’à ciamà d’chi l’era fia.
— Mi sun fia d’ün póver om,    j’è set agn ch’l’è an maladia;
se quaiscün a m’tucherà,    l’istess mal mi i-j tacheria.
— Calè, bela, dal caval,    che’l vost mal mi lo vöi mia.

Quandi c’è staja ansimma ir cavà    chille u i dis di chi r’è fija.
— Mi sun fija d’ïn povr’om    chi l’ha sett’agn d’malatia.—
...................................     ...................................
— Calèe, vui bela, d’ansimma ar cavà,    mi av’ansignerò sa vía.


N’en soun pas au mitan doou bouesc,    quùn poutoun l’a surpriso.
— Tiretz-vous arrier, chivalier,    prendriatz ma maladio.
— Quelle maladie avez-vous,    Rosette belle fille?
— Jou siou la filho d’un ladrie   nat dans la ladrarlo.

Quand nous fûmes au milieu du bois    la belle se mit dire:
— Sommes-nous au milieu du bois,    sommes-nous à la rive?
— Oserait-on vous demander    de qui vous êtes fille?
— Je suis la fille du bourreau,    du bourreau de la ville.

— No debaixi, gran cavallé,    no debaixi, cavaller mió,
que jo son fia d’un lebrón    qu’en té mala lebrosia,
hombre que a mi s’acosta    d’aquest mal si en moriria.

I caminarem set llegos    i tan sois res no es decian...
I adabat li preguntà    ella de qui era fia.
— Soy fia del rei leprós    del mal de la leprosía
que aquell que en mi tocarà    aquell propi mal tendría

Siete leguas lleva andadas    palabra no se decían
y al cabo de las ocho    amores le requería.
— Hija soy del rey mulato,    de la reina mulatilla,
el hombre que a mí llegara   mulato se volvería
y el caballo ande montara     al punto reventaría.
— Caballero, que esto oyó,    en el suelo la ponía.

En el medio del camino    de amores la requería.
— Tate, tate, caballero,    no toquéis en ropa mía,
que soy hija de un malato    y de una malatofina
y el hombre que en mí tocare     malato se volvería,
el campo que yo trillase     nunca otra hierba daría,
caballo que yo montase     bien pronto reventaría.
— Apéese, la señora,    aunque sea descortesía.

— Quem no meu corpo tocar   mulato se tornaria
burro que ’na fora    de repente rebenteria...
fontes que êles beber    de repente secariam.
— Pon-te ali, menina,    nas ancas do meu renchil

Secuencia del desengaño o burla:

Quand sun stáit fora del bosc   la bela se büta a rie.
— Mi sun fia d’ün gran signur,    l’è padrón de custa vila.

Quand r’è staja anfund at bosch    turna a dì di chi r’è fija.
— Fija d’in ricch marcant,    patrun d’tant masarie.

Quand agueroun passat lou bouesc   Roso se met’a rire.
— De que risetz, Roso m’amour,    Rosette belle fille?
— Rise pas de vouestre beautat    ni de vouestro soutiso,
rise d’aver passat lou bouesc    coum’un’hounesto filho.

Quand nous fûmes hors du bois,    la belle se mit à rire.
— Oserait-on vous demander    ce qui vous fait tant rire?
— Je ris de tois, je ris de moi,    je ris de ta bêtise
je suis la fille d’un bourgeois    du plus haut de la ville.

Com varen ser mes avant   la senyora se risía.
— De què te’n rises, senyora,    de qué te’n rises, alma mía,
que te’n rises del cavallo    o te’n rises de la silla?
—Jo no me’n ric del cavall,    que ell ha fet sa valentía,
ni me’n rigo de la silla,    perquè està ben gornecida,
me’n ric de tu, cavaller,    amb tanta covardería:
passeges dames pel món    i les guardes cortesía.

Com forèn baix de ciutat   la jova va fe una risa.
— De que risse, mí senyora,    de que risse, senyora mía,
que se rise del cavallu    perqué no ha fet ta más via?
— No me risse del cavallu,    ni la sella ni la brida,
sinés del gran cavallé    de la seva cobardía,
que soy fia de dony Juan   i de donya Catalina.

Y a la entrada de Cádiz   la niña se sonreía.
— ¿De qué te ríes, ingrata,    de qué te ríes, la niña?
— Me río del caballero,    de su grande cobardía:
viendo la niña en el campo    en el suelo la ponía.
Hija soy del rey francés,    de la reina francesina,
mi padre pesaba el oro,    mi madre la plata fina.

A la salida del monte   y a la entrada de la villa
se revolvió la señora   le calcó una grande risa:
— ¡A la hija del rey en el monte   la creéis lo que decía!

Chegando mais adiante    donzila se tora a rir.
— De que vos rides, menina,    de que vos rides, donzila?
— Eu rio me do cavaleiro    e da sua cobardia:
estando uma menina na serra    que lhe guardou cortezia...
— Dizes-me, minha senhora,    dizei de quem sois filha?
— Sou filha do Rei de França,    neta do Rei de Castilha.]

      El descubrimiento de la unidad del corpus pan-románico de El caballero burla­do y la determinación de los rasgos esenciales de su arquetipo no son las únicas conclusiones de interés en un estudio comparatista de esta balada; importa, además, observar cómo ese arquetipo va generando las varias manifestaciones del tema en el tiempo y en el espacio, y cómo esas manifestaciones responden a varias concepciones del poema dentro de su esencial unidad. Gracias a un estudio monográfico de la balada realizado por Teresa Meléndez (1974)30, podemos ver hoy, claramente, que las versiones netamente folklóricas del tema, las recogidas de la tradi­ción oral en las diferentes áreas lingüísticas durante los siglos XIX y XX, ofrecen una estructura común, que contrasta, en rasgos varios, con las de las dos versiones «li­terarias» más viejas (el romance semi-trovadoresco de Padrón y la canción coral, quizá concebida para la danza, de Basselin). Las peculiaridades de esos textos vie­jos serían atribuibles, más que a su fecha medieval, a la forzada incorporación de la narración tradicional a los idearios poéticos de uno y otro autor. Pero aún mayor interés que esta observación (generalizable a buena parte de los testimonios escri­tos antiguos de una balada o de un romance, que, si existen, es precisamente por haber sido atraídos a la literatura no folklórica, no tradicional) tiene ahora para nos­otros esta otra: A pesar de las adaptaciones sufridas por los prototipos tradiciona­les que Padrón y Basselin utilizaron, sus textos se inscriben perfectamente en las dos ramas que nos da a conocer la tradición moderna, la pan-hispánica y la france­sa, y comparten con las versiones de los siglos XIX y XX correspondientes a esas dos ramas las propiedades más notables en que contrastan una y otra31.

     En el texto de Basselin la narración comienza con el diálogo:

— Et qui vous passera le boy,
dictes, ma doulce amye.
— Nous le passeron, ceste foys,
sans point de villenye,

sin el más mínimo intento de caracterizar a los personajes. Una actitud semejante revelan las versiones modernas francesas, ya comiencen de forma similar, ya saquen a escena una Margueridette cualquiera, que, a la entrada del bosque, espera llorosa un protector32. La cuestión es colocar lo antes posible al solícito pasajero y a la desvalida joven en medio del bosque, donde la niña usará el ingenio frente a la posible fuerza del caballero. La burla, subrayada por el paralelismo entre la falsa identificación que de sí da la joven cuando se halla en medio del bosque y la verda­dera identificación que revela pasado el bosque, se cuenta despreocupadamente, frívolamente, sin pararse a desarrollar el núcleo mínimo narrativo, interesándose sólo en la expresión lírica, subrayada a veces por la pregunta en boca de la bella

Sommes-nous au milieu du bois?
Sommes-nous á la rive?,

hasta que la risa de la joven estalle y la doncella revele al pasajero que es la hija de un rico burgués de la villa33.

      En la concepción española de la balada la historia no se reduce a la burla. Como es de rigor en el romancero hispánico, el ser de los personajes contendientes es un componente semántico indispensable para la comprensión de la narración. La niña y el joven caballero no son meros «actantes» sin otra definición que las operaciones sintagmáticas en que participan: uno y otro representan, significan. Por eso, desde antiguo, su presentación en escena aparece muy elaborada. La ver­sión de Padrón dice:

Yo me iba para Francia,    do padre y madre tenía,
errado avía el camino,    errado avía la vía;
arryméme a un castillo    por atender compañía.
Por ý viene un escudero    cavalgando a la su g[u]isa
— ¿Qué fazes ay, donzella,    tan sola y sin compañía?
— Yo me iba para Francia,    do padre y madre tenía,
errado avía el camino,    errado avía la vía.
Si te plaze, el escudero,    llévesme en tu compañía.
— Plázeme (dixo), señora,    sí faré, por cortesía.—
Y a las ancas del cavallo    él tomado la avía.

      Y la versión, más folklórica, del Cancionero de Amberes, sin año:

De Francia partió la niña,    de Francia, la bien guarnida,
perdido lleva el camino,    perdido lleva la guía;
arrimádose ha un roble   por atender compañía.
Vio venir un cavallero,    que a París lleva la guía.
La niña, desque lo vía,    desta suerte le dezía:
— Si te plaze, cavallero,    llévesme en tu compañía.
— Plázeme (dixo), señora,    plázeme (dixo), mi vida.—
Apeóse del cavallo   por hazelle cortesía;
puso la niña en las ancas    y él subiérase en la silla.

Leyendo estas versiones antiguas, Menéndez Pidal se preguntaba34:

    ¿Quién es la niña (no una niña, indeterminada), esa niña perdida en el robledal, satisfecha de sus atractivos a la vez que de su astucia? Después que, burlona, sabe im­poner comedimiento al caballero acompañante, avergüenza con victoriosa sonrisa la cobardía del comedido. ¿Es hija del rey de Francia, como dice una de las versiones?, ¿o eso también es burla para más escarnio de la timidez?.

Ante esta pregunta, el lector de literatura medieval puede optar, como hace Menéndez Pidal, por conformarse con la poética incertidumbre:

    No hace falta saberlo, la indecisión es lo mejor. La niña sabe hacerse admirar y servir, y sabe hacerse respetar, sin que tratemos de adivinar quién es.

Pero los cantores del romance se han venido haciendo también la pregunta duran­te siglos, y no se han resignado a que no hubiera respuesta.

      La inquietante personalidad de esa «niña» extrañamente sola fuera de poblado, extrañamente sabia al evaluar la psicología de su contendiente y extrañamente agresiva en su descalificación del joven inexperto ha obsesionado a la tradición! El deseo de clarificar la definición de la protagonista no se manifiesta sólo en modifi­caciones del desenlace (como es frecuente en el romancero) sino que conduce a la creación de escenas introductorias destinadas a presentarla.

      En unas ramas de la tradición se insiste en su sabiduría, en su condición de puer senex, de "florida en años, en prudencia cana":

En los caños de Carmona,    donde va el agua a Sevilla,
se pasea una señora,    hermosa a la maravilla,
rosario de oro en sus manos,    rezando el «Avemaria»,
y lo rezaba en romance,    que en latín no lo sabía,
pidiéndole al Dios del cielo    que la diera compañía
y que se la diera buena,    que mala no la quería.
Ve venir a un caballero,    que a Cádiz lleva la guía:
— ¿Me quisiera, el caballero,    llevar en su compañía?
— ¿Dónde quiere, la señora,    a las ancas o a la silla?
— A las ancas, caballero,    que es la honra tuya y mía35.

      En otras, por el contrario, se trata de explicar la presencia de la niña en la floresta y su habilidad para eludir el ser cazada, identificándola con una doncella ma­ravillosamente devuelta a la condición de ser natural (utilizando el escenario de La infantina):

A cazar iba don Pedro,    a cazar donde solía,
los perros lleva cansados    y un falcón perdido había.
Oscurecióle la noche    en una escura montina,
donde canta la culebra,    la sierpe le respondía,
donde cae la nieve a copos,    agua serenita y fría.
A aquello de media noche    echó los ojos arriba,
por ver si venía el alba,    por ver si venía el día;
en la cañita más alta   vio estar una blanca niña,
cabello de su cabeza    todo el roble le tondía,
los ojos de la su cara    resplandecían la montina,
los dientes de la su boca   parecían sal molida.
— ¿Qué haces ahí, la blanca,    qué haces ahí, la linda?
— Estoy cumpliendo una promesa    que me ha echado mi madrina.
— Bájate de ahí, la blanca,    bájate de ahí, la linda,
bájate de ahí, la blanca,    antes que yo suba arriba.
— Quieto, quieto, el caballero,    que yo bajar bien solía
a comer hierbas del campo    y a beber del agua fría.
No me bajaré yo, no,    mientras no amanezca el día,
hoy se cumplen los siete años,    mañana se cumple el día
hoy se cumplen los siete años    que estoy n’el roble subida.—
Bajara de rama en rama,    parecía una palomita.
— ¿Tú si quieres ir en ancas,    tú si quieres ir en silla?
— N’ancas, n’ancas, caballero,    que es la honra suya y mía 36.

      También el joven adquiere en las versiones españolas una personalidad de que su correspondiente francés carecía. Su «cobardía», al tratar a la niña en el campo con «cortesía», no es sólo vista como un resultado de la «picardía», del ingenio, de la mujer, que detiene las primeras tentativas de seducción de su acompañante mediante la falsa revelación de que es hija de leprosos o maldita por naturaleza, sino que es un fallo del carácter del joven caballero, una falta que lo descalifica como varón. Lo pone claramente de manifiesto su fútil intento de engañar, a su vez, a la niña proponiéndole volver a buscar la espada o lanza que dice haber perdido en el locus amoenus 37 , sin darse cuenta de que esa supuesta pérdida del arma que define al varón es, en un plano simbólico, una pérdida real que hace inútil su petición de una segunda ocasión.

— Vuelta, vuelta, mi caballo,    po’l camino que traía,
que en la fuente en que bebimos    quedó mi espada dorida 38.

— Vuelta, mi caballo, vuelta,      vuelta para la montina
que se me esqueció la espada      al pe de la verde encina39.

— Atrás, atrás, mi caballo,     vuelve, vuelve para arriba,
donde merendé ayer tarde    quedó mi espada tendida40.

— Atrás, atrás, la mi señora,    que la lanza olvidaría41.

      Cuando la tradición francesa y la italiana, preocupadas únicamente en destacar el triunfo de la joven sobre el ingenuo acompañante, incluyen el segmento narrativo de la petición de una segunda ocasión es sólo para poner en boca del caballero una ridicula oferta de dinero42, que la hija del rico burgués rechaza despreciativamente.

      Pese a la personalidad que cabe descubrir en las dos grandes ramas de su tradi­ción, la balada románica de El caballero burlado sigue siendo un solo poema, y nos muestra cómo, dentro de la Romania occidental, las baladas no necesitan ser reescritas para transpasar las fronteras lingüísticas: la conversión de una balada france­sa en una balada italiana, catalana o española es tan natural como la catalanización o el aportuguesamiento de un romance español (o cualquier otro trasvase que en­tre estas cinco lenguas imaginemos). En este caso, la comparación con una balada inglesa de tema análogo, The Baffled Knight, sólo sirve para poner de relieve cómo no basta una identidad en la fábula para que dos baladas puedan considerarse una misma: The Baffled Knight y la balada románica de El caballero burlado nada tie­nen de común en la organización artística y en la intencionalidad del relato43.

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

OTAS

 

23  Ha sido publicada repetidas veces en el siglo XIX: Vaux-de-vire d’Olivier Basselin, suivis d’un choix d’anciens vaux-de-vire... Publiés par Louïs du Bois, Caen, 1821, p. 190 (núm. 30); Vaux-de-vire d’Olivier Basselin et Jean le Houx, suivis d’un choix d’anciens vaux-de-vire... Nouvelle éd. revue par P. L. Jacob [Paul Lacroix], París, 1858, p. 225; A. Gasté, Chansons normandes du XVe siècle, publiées pour la première fois sur les mss. de Bayeux et de Vire, Caen, 1866, p. 72 (núm. 43).

24  Comienza: «Yo me yva para Francia    do padre y madre tenía», British Museum, Add. 104131, f. 31. Se halla bajo la rúbrica «Comiençan las obras de Joan Rodrigues de Padrón...». Sobre la atribución a Padrón de éste y otros romances la crítica ha adoptado posiciones muy varias desde que H. Rennert llamó la atención acerca de estas obras en «Lieder des Juan Rodríguez del Padrón», ZRPh, XVII (1893), 544-558, y publicó el cancionero, «Der spanische Cancionero des Brit. Museums (ms. Add. 104131)», RF, X (1899), 1-179. Las opiniones varían desde considerar los textos de los romances de Juan Rodríguez del Padrón como los originales de los poemas, hasta creer que esos textos son ver­siones tradicionales en que Padrón no intervino. Creo evidente que los romances no son poe­sías de Padrón que, con el tiempo, llegaran a tradicionalizarse, como ocurrió con algunos romances trovadorescos (véase en la Parte primera de la presente obra el cap. XII); su preexistencia como temas romancísticos y baladísticos es innegable. Ello no excluye la posibilidad de que Padrón los hiciera su­yos e interviniera activamente en su reforma. Cfr. T. Meléndez, «Juan Rodríguez del Padrón and the Romancero», en El Romancero hoy: Historia, Comparatismo, Bibliografía crítica, ed. S. G. Armistead et al., Madrid: Seminario Menéndez Pidal, 1979, pp. 15-36. El grado de intervención es, claro está, dis­cutible.

25  En los folios 259-260. Es el texto más divulgado. R. Menéndez Pidal en su reed. facsímil del Cancionero de Martín Nucio cree que, posiblemente, fue tomado directamente de la tradición oral (Madrid: CEH, 1914 y Madrid: CSIC, 1945), p. XLIII.

26  Comiença vn razonamiento por coplas en que se contrahaze la germanía y fieros de los rufianes y las mugeres del partido... Con otras dos maneras de romance. Y la chinagala. Fechas por Rodrigo de Reynosa (ejemplar en Madrid: Bibl. Nacional R-9449, DicARM 474); Égloga fecha por Diego de Guadalu­pe. Dios te salue acá qué hazeys de que se os ha a sollar... It. vn romance En los tienpos que me vi... It. Otro De Francia salió la niña... It. vn romance que se intitula A la china gala la gala chinela...», citado en el Regestrum de don Fernando Colón (pliego desconocido, DicARM 240); Aquí comiençan quatro ma­neras de Romances: el vno de Magdalenica y el otro De Francia partió la niña... (ejemplar que perteneció a don Fernando Colón, quien lo cita en su Abecedarium, hoy en Madrid: Bibl. Nacional R-2257, DicARM 669).

27  Según ha razonado T. Meléndez Hayes, «A study of a ballad: The continuity of El caballero burlado», Ph. Diss.: Univ. of California, San Diego, 1977. La estructura fabulística y el discurso empleado en una y otra balada permiten acabar con una confusión arraigada en estudios anteriores del tema; ob­viamente las dos baladas no están genéticamente emparentadas.

28  Los fragmentos citados proceden, respectivamente, de dos versiones piamontesas, la primera, de Villa-castelnuovo (Canavese), publicada por C. Nigra, Canti popolari del Piemonte, Torino: Roux Frassati, 1888, pp. 275-276 y la segunda por G. Ferraro, Canti popolari monferrini, Torino-Firenze: Ermanno Loescher, 1870, pp. 76-77; de una versión provenzal publicada por D. Arbaud, Chants populaires de la Provence, Aix: A. Makaire, 1864, pp. 90-92 y otra del Franco-Condado, publicada por Ch. Beauquier, Chansons populaires recueillies en Franche-Comté, Paris: E. Lechevalier y E. Leroux, 1894, pp. 303-305; de dos versiones catalanas, ambas posiblemente baleáricas, la primera, al parecer, de Majorca (Mallorca), la segunda de Eivissa (Ibiza), (la ibicenca, perteneciente a los materiales de Marià Aguiló, tiene malamente desplazada dentro de la narración la secuencia citada); de dos versio­nes castellanas, una de Fuenteguinaldo (Salamanca], otra de Aballes (Asturias), la primera recogida en 1910 por Federico de Onís, la segunda en el siglo XIX por José Amador de los Ríos; y finalmente de una versión portuguesa de las islas atlánticas, recogida por J. B. Purcell en 1969 en Urzelina (ilha de S. Jorge, Açores). Las hispánicas son textos inéditos, salvo que la versión de Aballes fue publicada, con abundantes «correcciones», por el propio J. Amador de los Ríos (1861) y la ibicenca sirvió para crear la versión facticia publicada por M. Aguiló (1893); en ambos casos utilizo los textos auténticamente tradicionales inéditos.

29 Los textos citados tienen el mismo origen que los descritos en la n. 28.

30 Obra citada en la n. 27.

31  Según destacó Teresa Meléndez en su tesis doctoral citada en la n. 27.

32  J.- F. Bladé, Poésies populaires en langue française, recueillies dans l’Armagnac et l’Agenais, Paris 1879, p. 76.

33  Véase la versión arriba citada del Franco-Condado que se rematará con la sentencia de la donce­lla: «II fallait plumer la perdrix    tandis qu’elle était prise».

34 En un apunte manuscrito conservado en el Archivo Menéndez Pidal. Descubrió este curioso apunte Teresa Meléndez cuando, en 1973, trabajaba con los materiales del Archivo.

35 Cito por la versión de Fuenteguinaldo (Salamanca) recogida por Federico de Onís en 1910.

36   La escena, tal como figura en texto, corresponde a la tradición de Sanabria (Zamora). Combino una versión de San Ciprián, recogida en 1922 por Fritz Krüger, con otra de Ribadelago, recogida en 1949 por Álvaro Galmés y por mí.

37   Son muy frecuentes las alusiones al lugar o momento en que, según el acompañante, se produjo la pérdida de la espada, espuela o lanza, del tipo de «en la fuente onde bebimos», «al pie de una fuen­te fría», «en donde bebimos agua», «donde almorzamos», «donde merendé ayer tarde», «al pie de una verde encina» que apuntan claramente a un espacio que la Naturaleza ha dispuesto, dentro de la espe­sura del monte, de forma tal que pueda servir de himeneo.

38   Cito por la versión de Cabanín (Luarca, Asturias), dicha por Dolores Gayo, apodada «La Cie­ga», 35 a. Col. Casimiro Cienfuegos, 1916. Sobre esta informante vaqueira, véase J. A. Cid, «El romancero tradicional en Asturias», tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 3 vols., 1991, vol. I, p. 55.

39   Cito por la versión de Penouta, dicha por Benita Pérez. Col. Alfonso Hervella, c. 1909.

40  Así en una versión de Cascantes de Alba (León), dicha por Melchora Fernández García, 48 a. Col. Eduardo Martínez Torner, julio de 1916.

41  Según una versión de Rodas, dicha por Paloma Berahaim Galante, 50 a. Col. M. Manrique de Lara, 1911.

42  «— Belo, se vouriatz retournar,    cent écus vous darie» (D. Arbaud, 1864, p. 92); «Muntèe, vui bela, an simma ir cavà,    sentu schî d’oro vi duniria» (G. Ferraro, 1870, p. 76).

43  Como demostró T. Meléndez en el trabajo de 1977 citado en la n. 19.

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

*   12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

*    13.- 7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES

*    14.- 8. LA «EPHEBI FILII SENEX FORTITUDO»

*    15.- 9. LA PASIÓN AMOROSA POR MARGARITA

*   16.- 10. SUBVERSIÓN DE LA ESTRUCTURA DE LA SEGUNDA SECUENCIA: EL TRIUNFO DEL AMOR EN LA MUERTE

*   17.- 11. LOS DERECHOS DE LA MUJER

*   18.- 12. LA ESPERANZA DE UN HEREDERO PÓSTUMO

*   19.- 13. ACTUALIZACIONES DE LA ESTRUCTURA HISTÓRICA DEL ROMANCE NOTICIERO

*    20.- 14. DE NUEVO EL DOCTOR DE LA PARRA

*    21.- 15. EL ROMANCE, ENTRE LA HISTORIA Y EL REFERENTE EN QUE SE RE-CREA

III  EL MITO SE HACE HISTORIA. EL ROMANCE Y LA HERENCIA BALADÍSTICA

*    22.- 1. ROMANCERO Y BALADA

*    23.- 2. LOS MODELOS NARRATIVOS SE ADAPTAN: HERENCIA Y RECREACIÓN

*    24.- 3. DIFICULTADES DEL COMPARATISMO. UNA «BALADA» CHINA Y UN ROMANCE: LA BELLA EN MISA

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La Garduña Ilustrada

Letras capitulares Victorian LET

Imagen: La dama y el unicornio: tapiz del siglo XV,  Flandes.