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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

* ARTE POÉTICA DEL ROMANCERO ORAL. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

21.- 15. EL ROMANCE, ENTRE LA HISTORIA Y EL REFERENTE EN QUE SE RE-CREA

15.  EL ROMANCE, ENTRE LA HISTORIA Y EL REFERENTE EN QUE SE RE-CREA.  II  PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN.

      omo toda estructura tradicional esto es, histórica, el romance —a semejanza de las especies vivientes— se conserva transformándose, garantiza la sobrevivencia de la estructura heredada adaptándola al ambiente en que se reproduce, y sólo muere el día en que pierde su apertura, su libertad de generar individualidades nuevas.

      A lo largo de esta exposición sintética hemos ido viendo cómo la «tradición estructurada» o «estructura tradicional» que llamamos romance de La muerte del príncipe don Juan ha recogido, con acuidad extraordinaria, todos los significados que el suceso histórico de 1497 contenía, sin dejar perder ninguna de las connotaciones que los contemporáneos introdujeron en su valoración objetiva y subjetiva del drama familiar y nacional. Pero, al mismo tiempo, hemos podido ver también cómo el modelo heredado, la estructura rica en potencialidades que ofrecía o im­ponía la Historia, se ha ido adecuando, en el curso de su transmisión, al medio en que se reproducía y reproduce (a través de múltiples actos de memorización y can­to), esto es, de qué forma sucesivas generaciones de cantores, pertenecientes a di­versas comunidades humanas, han ido lentamente creando nuevas interpretaciones de la información recibida y organizándola de manera tal que su mensaje, no sólo pueda seguir siendo significativo hoy, sino abierto a nuevas reinterpretaciones en el mañana.

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

*   12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

*    13.- 7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES

*    14.- 8. LA «EPHEBI FILII SENEX FORTITUDO»

*    15.- 9. LA PASIÓN AMOROSA POR MARGARITA

*   16.- 10. SUBVERSIÓN DE LA ESTRUCTURA DE LA SEGUNDA SECUENCIA: EL TRIUNFO DEL AMOR EN LA MUERTE

*   17.- 11. LOS DERECHOS DE LA MUJER

*   18.- 12. LA ESPERANZA DE UN HEREDERO PÓSTUMO

*   19.- 13. ACTUALIZACIONES DE LA ESTRUCTURA HISTÓRICA DEL ROMANCE NOTICIERO

*   20.- 14. DE NUEVO EL DOCTOR DE LA PARRA

  Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada
Letras capitulares
Ehmcke Fraktur

Imagen: Fragmento retrato del pintor Mîr Mosavvir, viejo. (hacia 1565-1570) Dinastía mongol.  Musée Guimet - musée national des Arts asiatiques. París.

20.- 14. DE NUEVO EL DOCTOR DE LA PARRA

 

14. DE NUEVO EL DOCTOR DE LA PARRA.  II  PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN.

     omentábamos al comienzo de esta exposición que nuestro romance heredó de la Historia un drama familiar y nacional muy rico en posibilidades reinterpretativas gracias a la pluralidad de relaciones que la personalidad del agonizante y su muerte ponían en juego, en tensión. De una parte las «naturales»: Hijo-Padres, Esposo-Esposa, Enamorado-Enamorada, Padre-Hijo; de otra las forzadas por su desa­parición: Padres-Nuera, Padres-Amada, Padres-Nieto, Esposa-Muerte. Todas ellas han reclamado poderosamente la atención de los cantores-transmisores de la na­rración, provocándoles a una continua revaluación de sus contenidos explícitos y latentes. De este juego de relaciones sujetas a reinterpretación y, por tanto, a cam­bio, parece quedar excluido uno sólo de los personajes o «actantes»: el doctor De la Parra. Su papel en el romance sería, en consecuencia, fijo, estaría cerrado a toda posibilidad reinterpretativa.

      Ello es verdad para una mayoría de las versiones. Sin embargo, en los romances, organismos dinámicos, nada hay definitivamente cerrado. Y en efecto, la fun­ción del doctor De la Parra ha sido radicalmente reinterpretada por un grupo de versiones de Zamora, Ourense y el Occidente de León. Allí donde [la versión ma­nuscrita del siglo XVI y] muchas otras modernas describen el examen del paciente, diciendo:

[Ynco rodilla en el suelo    mirándole está la cara235];

Hincó la rodilla en tierra,    luego el pulso le tomara236,

Fincó su rodilla en tierra   y la lengua le mirara237,

Se assentó a su cavecera,    el pulso ya le atentava238,

o cosa similar con otras fórmulas equivalentes239, treinta y tres versiones acusan 240:

Trae solimán (~ el veneno) en el dedo    y en la lengua se lo planta241.

      Américo Castro, en 1925 y 1929 (bien lejos todavía de su preocupación por la historia «ocultada» de España), al comentar una de estas versiones (por él recogida) en que se acusa al «doctor De la Parra», se conforma con decir: «la fantasía popular vio en ello un envenenamiento»242. Pero hoy, alertados por el mismo don Américo, nos parece claro que la variante no es tan ajena a la historia como Castro suponía entonces, aunque sepamos con certeza que los Reyes Católicos pagaron generosamente al De la Parra los servicios prestados243. La variante acusatoria de­bió de surgir en algún período de fuerte anti-semitismo, cuando la profesión médi­ca seguía estando aún dominada por «confesos», por cristianos nuevos; pudo muy bien tener su origen en la etapa inicial de propagación del romance noticiero.

      En efecto, con la muerte del príncipe don Juan comienza una nueva era políti­ca en España, y no simplemente por los obligados reajustes en las relaciones internacionales dependientes de la incierta y cambiante situación sucesoria. Es la ante­sala de la gran crisis de los reinos españoles a principios del nuevo siglo. Los reyes renuevan entonces bruscamente su Consejo y salen de él los poderosos administra­tivos conversos, el Doctor Talavera y el Secretario Fernán Álvarez Zapata o de To­ledo, sustituidos por los más influyentes miembros del antiguo Consejo del Prínci­pe. Es la hora de fray Diego de Deza, quien, a finales de 1498, sucede a Torquemada como Inquisidor General.

      Gonzalo Fernández de Oviedo, que tuvo «las llaves de la Cámara en los postreros días de la vida del príncipe»244, tiene bien presente en la memoria, al escri­bir casi cincuenta años después245 el Libro de la Cámara real del príncipe don Juan, que los «dos o tres» miembros de la corte del Príncipe de Asturias y Gerona que no eran cristianos viejos «eran muy bien conocidos como por extraños al rebaño de su Gracia»246. Y nada puede darnos mejor idea del ambiente de intolerancia racial que se respiraba en el entorno del príncipe niño, bajo la guía espiritual de Deza, que el auto de fe que organizaron, como juego, el príncipe y sus donceles247, en el cual tomaron como uno de los reos a Antonio Álvarez, el hijo del Secretario real Fernán Álvarez, «y, yendo el juego adelante, hicieron su sentencia, y llevaron a quemar a Antonio Álvarez y a otros muchachos (seguramente también de esos dos o tres «confesos»), y como ya los desnudasen para ponerlos en el palo», un paje fue a dar aviso a la reina, quien, «alçando un poco las faldas y sin chapines», llegó corriendo al corral y con un bofetón dado al príncipe puso fin al juego cuando ya iban a dar garrote al hijo de su Secretario248.

      Deza fue —hoy resulta innegable 249— el gran responsable de la inicua y sanguinaria persecución desatada en Córdoba contra los conversos por el tristemente famoso Diego Rodríguez Lucero, seguida inmediatamente por los procesos (inicia­dos en 1505) contra el círculo de colaboradores y familiares del ilustre Arzobispo de Granada fray Hernando de Talavera, el antiguo hacendista y consejero espiri­tual de la reina, y finalmente contra el propio arzobispo, máximo representante de aquella generación de conversos que había puesto las bases del nuevo estado 250. Las vicisitudes de la persecución llevada a cabo por Lucero dependieron pronto de la batalla política entablada entre el rey don Fernando, viudo de la reina doña Isabel (muerta el 26 de noviembre de 1504), y el nuevo Rey de Castilla, el archidu­que Felipe 251, quien, provisto de un ideario muy distinto al del Rey Católico, apo­yó a la burguesía conversa y sus aliados, los aristócratas emparentados con ella, al tiempo que conseguía su alianza252. La enemiga a los «confesos» del rey aragonés se convirtió en verdadera obsesión al ver el crecimiento del partido filipino en Cas­tilla, que le puso en el trance de tener que ceder el gobierno del reino a su odiado yerno 253. En aquellos días críticos de 1505-1506 don Fernando trató por todos los medios de convencer al Papa de que España estaba a punto de convertirse en cis­mática si no se extremaba la represión de la herejía conversa con el fuego inquisi­torial254.

      Los perseguidos hallaron alivio temporal a sus males con la llegada de Felipe I a Castilla y la llamada concordia de Villafáfila, 27 de junio de 1506, en que el Rey de Castilla impuso a su suegro, con el apoyo de los Grandes, el abandono de la go­bernación del reino castellano y la retirada al reino de Aragón. Don Felipe oyó los cargos de los cordobeses contra Lucero y Deza y, por consejo de Garcilaso de la Vega obligó al Inquisidor General Único a delegar su cargo en el Obispo de Cata­nia don Diego Ramírez de Guzmán y suspendió la jurisdicción del Consejo Gene­ral del Santo Oficio dominada por personas afectas a Deza. Los presos fueron tras­ladados a Toro y Valladolid, el Obispo de Catania envió un inquisidor a Córdoba para estudiar el caso de Lucero y el propio Deza fue llamado «a la Corte sobre lo que no es para en carta» (como él recordará al Rey Católico algún tiempo des­pués), esto es, a responder de los cargos que se le imputaban255.

      Pero las medidas del Obispo de Catania se vieron, pronto, interrumpidas por la muerte, súbita y extraña256, del Rey de Castilla don Felipe (25 de noviembre de 1506). Deza reclamó y obtuvo, inmediatamente, el cargo de Inquisidor Gene­ral Único y reemprendió la persecución 257. Afortunadamente para los derechos de los conversos, la reentrada del Rey de Aragón en Castilla (21 de agosto de 1507), nuevamente como Gobernador de ella, fue negociada con los Grandes y puesta en práctica bajo la estela ascendente del Arzobispo de Toledo fray Fran­cisco Ximénez de Cisneros, nombrado Cardenal de España e Inquisidor del reino de Castilla, pese a las presiones de Deza sobre don Fernando258. El hábil Cardenal supo dar una salida pactada al enconado conflicto que amenazaba la paz del reino259.

      El doctor Juan de la Parra 260 se formó en la escuela médica del monasterio Jerónimo de Guadalupe, orden y monasterio con un numeroso e influyente componente «confeso»261. En tiempos del poderoso secretario converso Fernán Alvarez obtuvo de los reyes una secretaría (1490)262. Su más que probable pertenencia a esa gran «familia» se confirma en la carta, rebosante de familiaridad y desenfadado ingenio, que le dirige el 23 de julio de 1508 el médico converso Francisco López de Villalobos263; en ella hay un comentario jocoso, casi entre paréntesis264, que constituye un indicio clarísimo del origen judaico de De la Parra. En la descripción de un banquete pantagruélico al que le invitó un amigo, Villalobos alude a la gran variedad de carnes que incluía, desde los silvestres estorninos y los faisanes, hasta los pemiles salados, «non certe porcorum, sed anserum» ("no ciertamente de puercos, sino de ansarones"), y, a continuación, burlonamente, añade: «iam intelligis quid pro quo: sic enim interdum utitur apud nostram familiam» ("ya entendéis el quid pro quo, que así se acostumbra a las veces entre nuestra familia"). Está claro que esa «familia» no es otra que la de los conversos, con su heredado prejuicio contra la carne de puerco, familia en la que se incluye al destinatario de la carta mediante el adjetivo «nuestra».

      Es verdad que el doctor De la Parra no perdió la confianza ni el favor reales durante esos difíciles años de principios de siglo. Desde el 21 de julio de 1504 en que la reina doña Isabel lo «recibió» como su «físico» estuvo al servicio del infante don Fernando, el segundo hijo varón de los reyes Felipe y Juana nacido en Alcalá en 1503 265, y con ocasión de la enfermedad mortal de Felipe el Hermoso fue lla­mado a consulta, muy a última hora, y escribió un memorial en que salía al paso (aunque no con demasiada convicción) del rumor que corría entre los servidores y partidarios del rey forastero de que había muerto envenenado266; hasta aprovechó esa ocasión para intentar ocupar el puesto de uno de los médicos del rey don Fer­nando, el doctor De la Reina, cuando éste médico converso se retira, quizá por te­mor, del servicio del Rey de Aragón (octubre de 1506)267. Pero Villalobos, en su carta de 1508 al De la Parra en el momento en que entra a servir al Duque de Alba, se pregunta, mezclando la broma con lo serio:

    ¿Qué va a ser de nosotros? Nada digo de ti, que perdiste cuanto podías perder. Sólo nos queda la esperanza, peor mil veces que el sepulcro...268.

      Hoy por hoy, nada sabemos de un posible paréntesis en la carrera cortesana del doctor De la Parra durante el regreso a Castilla de Fernando el Católico. Sólo nos consta que, tras la venida a España de Carlos V, en 1517, seguía en su puesto de médico del infante don Fernando, con quien entonces (1518) marcharía a Flandes269. Pero si no fue víctima, y bien pudo serlo, de persecución inquisitorial, no estaría a salvo de insidiosas acusaciones.

      Para valorar el testimonio que le levanta ese grupo de versiones del romance conviene comentar también el verso con que en algunas de ellas se introduce al doctor:

Aún faltaba por venir    aquel doctor De la Parra,
que dicen es gran dotore,    gran dotor que adivinaba 270;

el verbo «adivinar» no es inocuo. En 1510 Villalobos, después de haber sufrido 80 días de prisión inquisitorial en solitario, precisamente cuando más seguro se sentía en su posición de médico del rey, escribe:

    Entre el vulgo corrían de mí muchos y variados juicios: Tiene el diablo en el cuer­po y lleva un familiar en el anillo, decían unos; no, replicaban otros, sino que es char­latán y hechicero, que por medio de ciertos pactos y contratos con los demonios en­gaña a los demás y gana sus voluntades; otros afirmaban que era adivino («divinator est»), presagiaba lo futuro e interpretaba los oráculos milagrosamente escritos, y no eran pocos los que sostenían que era dueño de ligar y desligar y hacer que las mujeres acudiesen de noche contra su voluntad a mi llamamiento 271.

      Aunque la profesión médica colocaba a médicos como De la Reina, De la Parra o Villalobos en puestos muy próximos a los círculos de mayor poder, el ejercicio de su profesión no dejaba de tener riesgos en la España del yugo (en representa­ción del nudo gordiano cortado con la espada) y el haz de flechas (símbolo de la fortaleza generada por la unidad nacional).

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

235  Versión manuscrita del Cartapacio de Palacio.

236  Avedillo (Zamora), inf.: Ana Rodríguez, 74 a., col: equipo del Seminario Menéndez Pidal (Jon Juaristi, Suzanne Petersen, Ana Vian y Ana María Martins), julio, 1981. Y expresiones semejantes en otras versiones del tipo «Castellano-Leonés».

237  Rihonor de Castilla (Zamora], inf.: una anciana, col.: Tomás Navarro Tomás, 1910.

238  Versiones sefardíes de Oriente (mayoría). Son semejantes Paradaseca b, Buxán a, b (Ourense) y Molezuelas (León): «sentóse en su (~ se sienta a la) cabecera    y el pulso se lo (~ le) tomaba(~ -ra»).

239  En versiones de los tipos «Montaña astur-leonesa» y «Picos de Europa».

240  En Zamora: Fuente Encalada, Uña (5 versiones), Congosta de Vidriales, San Pedro de la Viña, Villardeciervos, Doney de la Requejada (2 versiones), Villarino de Manzanas, Figueruela de Abajo, Calabor (3 versiones). En Trás-os-Montes: Guadramil (localidad fronteriza de habla leonesa). En Ourense: Vilardesilva. En León: Acebo, Fasgar, Vegapujín (2 versiones), Rodrigatos de Reguera, Valle de Finolledo, Calzada de Valdería, Felechares de Valdería, Quintanilla de Somoza, La Baña b, Pereda de Ancares, Candín (2 versiones). Veinte de ellas reseñadas en el CGR, III, p. 397.

241  El segundo hemistiquio ofrece formas varias; «y en la (~ su) lengua (~ boca, labios) se lo planta (~ l’implantará ~ se lo echaba)».

242  «El príncipe don Juan». El ensayo (de tono periodístico) se escribió en 1925; fue incluido en Santa Teresa y otros ensayos, Santander. «Historia nueva», 1929, pp. 141-151. La versión del romance se cita en la p. 146. Procede, en realidad, de Uña de Quintana.

243  Véase atrás, § 1 y n. 5.

244  Según recuerda en el Libro de la Cámara. Tomo el dato de C. Pérez Bustamante. Contestación al Discurso del Académico Electo... J. Camón Aznar, Madrid: Real Academia de la Historia, 1963, p. 127.

245  Él mismo consigna que lo estaba acabando cuando esperaba en Sevilla ocasión de embarcarse para regresar a Santo Domingo. Hay que colocar su escritura en torno a 1546-1548.

246  Testimonio recogido por J. Camón Aznar, Sobre la muerte del príncipe don Juan. Discurso, Madrid: Real Academia de la Historia, 1963, p. 60, quien destaca (a lo que parece complacido) que entre los «rasgos personales» del príncipe que «se pueden espumar» de la relación de Fernández de Oviedo en el Libro de la Cámara Real del Príncipe don Juan se halla el «antisemitismo».

247  Dato sacado del olvido por F. Márquez Villanueva, Investigaciones sobre Juan Álvarez Gato, «Anejo IV del BRAE», Madrid: S. Aguirre, 1960, p 94.

248  «y como en su tiempo empezase la Inquisición y viesen castigar algunos conffesos, concertáronse el Príncipe y sus donceles jugar a este juego. Echaron las suertes quién serían jueces y quién pe­nitenciados y cupo el serlo a Antonio Álvarez y a otros. Y yendo el juego adelante, leieron su senten­cia, y llevaron a Antonio Álvarez y a otros a quemar, y como ya los desnudasen para ponerlos en el palo, un paje mayorcillo parecióle que yba más adelante el juego que burla, y fingiendo que tenía una necesidad, fuese al aposento de la Reyna, que estava en siesta, y como oyó lo que pasava, sin tener cuenta de su autoridad y gravedad real, alçando un poco las faldas y sin chapines, se fue al trascorral donde se executaba el juego, que estava a pique que querían dar a los relajados garrote, y, según yba el negocio, de veras se le dieran; estavan tan metidos en el juego que con el calor de él [no] echaron de ver que venía la Reyna, y, aunque entró por el trascorral, buen rato no la sintieron; llegó al Príncipe y dióle un bofetón, y quitó los presos y lléveselos consigo cubiertos con unas capas. Súpose esto, y a Fernán Dálvarez se dio satisfacción de aquel juego, y hiço merced de una encomienda de Calatraua para Diego López, su hijo, que estaba en la cuna», Román de la Higuera, Familias de Toledo, fols. 225v-226. El cronista, que está tratando en su libro de Fernán Álvarez de Toledo, da como debido a la suerte que el papel de «penitenciado» recayera en el hijo del Secretario; obviamente, si el príncipe y sus donceles «echaron las suertes», se cuidaron de trucarlas. La enemiga de Deza al Secretario se ma­nifestaría abiertamente después de morir la reina, cuando su mano derecha, Lucero, le acusa nada me­nos que de preparar en Toledo, en unión con los familiares y colaboradores del Arzobispo de Grana­da, un plan de predicación de la ley de Moisés por todo el reino.

249  Desde los estudios clásicos de J. A. Llórente (Memoria histórica sobre cuál ha sido la opinión na­cional de España acerca del tribunal de la Inquisición, Madrid: Sancha, 1812 y Anales de la Inquisición en España, I, Madrid, 1812), de J. Amador de los Ríos (Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal, III, Madrid: 1876) y de H. C. Lea (A History of the Inquisition of Spain, I, New York, 1906) la crítica contaba con datos suficientes para reconocer la directa responsabilidad de fray Diego de Deza en los terribles desmanes de Diego Rodríguez Lucero. Basta leer a su gran apologista A. Cotarelo Valledor, Fray Diego de Deza, Madrid: Perales y Martínez, 1902, pp. 211-234, para conven­cerse de que Deza (a pesar de ser él mismo un marrano, de linaje converso por vía de hembra) aspiraba a una limpieza étnica de España mediante la desaparición (vía inquisitorial) de todos los cristianos nue­vos procedentes de judíos o moriscos. Sólo a los que, como herederos del integrismo católico (como es el caso de Cotarelo), aplauden los resultados depuradores del fuego para la sanidad del cuerpo nacional, cabe considerar «inicuos» a los acusadores de Deza, que lograron removerle del cargo de Inquisidor ge­neral tras arduas gestiones. Sobre la campaña de Deza contra fray Hernando de Talavera, arzobispo de Granada, véase F. Márquez Villanueva, Investigaciones sobre Juan Álvarez Gato, «Anejo IV del BRAE», Madrid: S. Aguirre, 1960, pp. 131-154. Especialmente significativos son la carta de Gonzalo de Áyora al secretario Miguel Pérez de Almazán (que publica C. Fernández Duro, «Noticias de la vida y obras de Gonzalo de Áyora y fragmentos de su crónica inédita», BRAH, XVII, 1890, 446-453) y los razonamien­tos que en Medina del Campo hicieron al Rey Católico, el 15 de setiembre de 1507, «los procuradores de Toledo y de Cordova y de Granada» (en especial el maestrescuela don Francisco Álvarez de Toledo y Gonzalo de Áyora), doc. en la R. Academia de la Historia, Calece. Salazar A-12, fols. 195r-198v (pu­blicados por Márquez Villanueva, Investig. sobre J. Álvarez Gato, 1960, pp. 404).

250  Debemos a F. Márquez Villanueva los más completos y esclarecedores estudios acerca de la etapa final de la vida de fray Hernando, de su ideología de converso y de su persecución por Deza y el rey Fernando, primero en Investig. sobre J. Álvarez Gato (1960), cap. IV, luego en su estudio prelimi­nar de Fray Hernando de Talavera. O. S. H., Católica impugnación, ed. y notas de F. Martín Hernán­dez, Barcelona: Juan Flors, 1961.

251  Poco antes de que la reina doña Isabel muriera (25 de noviembre de 1504), el 24 de noviembre, el Rey Católico había remitido a su yerno, a través de sus embajadores en la corte flamenca (Gutierre Gómez de Fuensalida, don Juan Manuel y el Obispo de Palencia), las tajantes condiciones con que es­taba dispuesto a recibirle en Castilla: «Dezid claramente al Prinçipe, nuestro hijo, y a los suyos, sy en ello hablaren, que sy la Reyna muere (guárdela Dios), la Prinçesa ha de venir a tomar la posesyón y governaçión d’estos reynos, como señora propietaria que entonçes será dellos, y que syn ella el Prínçipe no es parte, ni sería reçebido en ninguna manera» (Duque de Alba, Correspondencia de Fuensalida, p. 310). Don Felipe no sentía tentación alguna de ir a España en términos tales: «ni acá se haze aparejo para yr a España, ni creo que desde el día que fuese neçesario sería su partida dentro de medio año, avyendo de levar a la Prinçesa, porque d’esto tyene tanto temor como ya avemos escrito, qu’el señor y los servidores temen de ser todos enpozados o deshonrrados», contesta Fuensalida, desde Amberes, el 3 de diciembre de 1504 (obra cit., p. 315). Al saberse en Flandes la muerte de doña Isabel y que don Fernando (invocando el testamento de la reina) ha quedado «por perpetuo governador de sus rey­nos», el embajador reitera al Rey Católico su máxima «salus omnium consistit in filio [esto es, en el in­fante don Carlos], porque sy los padres van a reynar y vuestra alteza alça la mano de la governaçión, poderoso es Dios para hazer todo lo que quisyere, mas, sy por razón humana lo avemos de juzgar, byenaventurados serán aquellos que no lo verán» (Bruselas, 22 de diciembre) y, por su parte, la Corte flamenca teme, incluso, que el Rey Católico pacte con el Rey de Portugal su matrimonio con la despo­seída doña Juana, «la Beltranica» (obra cit., p. 318). Con cierta razón mose de Villa se quejaba enton­ces al embajador: «Pues a qué ha de yr allá el Rey, o para qué le llamáys Rey, que llamalle Rey y no te­ner reyno o yr al reyno de que se llama Rey y no mandar en él como Rey qué será?. Será syno como vn niño governado. Pardiós, yo no sé entender esta cosa» (carta de Fuensalida, 27 de diciembre de 1504, obra cit., p. 319). El rey don Fernando siguió adelante con su plan y obtuvo la aprobación de él en las Cortes de Toro (11 y 23 de enero de 1505, fecha esta última en que probó ante las Cortes la incapaci­dad de su hija la reina con cartas de Martín de Mújica).

252 El triunfo del Rey-gobernador fue efímero. En Bruselas, su antiguo embajador extraordinario don Juan Manuel pasó a servir al nuevo Rey de Castilla, don Felipe (ya en 22 de diciembre de 1504, Duque de Alba, Correspondencia de Fuensalida, pp. 318, 320), hecho que denuncia, con gran alarma, Fuensalida el 16 de enero de 1505 (obra cit., pp. 321-324). Por entonces, don Juan Manuel ya actuaba como portavoz y enlace de los Grandes de Castilla que iban tomando partido por el Rey de Castilla contra el Gobernador Perpetuo: la casa de los Manrique, el Duque de Nájera (don Pedro Manrique de Lara) y el Marqués de Villena (don Diego López Pacheco) y su parentela (según la carta de Fuensa­lida, obra cit., p. 322). En los meses sucesivos del año 1505 el embajador aragonés va consignando, carta tras carta, cómo, pese a que el Rey Católico haya creído que «tiene ya las cosas de allá puestas en seguro» (p. 329), Grandes como el Marqués de Villena, el Almirante y el Conde de Benavente (don  Alonso Pimentel) van enviando mensajeros al nuevo rey y que el Obispo de Catania es de la «opinión» de don Juan Manuel (16 de febrero); que el propio rey don Felipe le ha hecho saber «que tenía mensa­jeros del Marqués de Villena y del Almirante y del Duque de Nájera y del Conde de Benavente y car­tas de otros muchos señores de Castilla» (5 de marzo) y que también «cada día» envía cartas el Carde­nal de Santa Cruz (don Bernardino de Carvajal) y trabaja por tener potestad de legado (26 de marzo). Aparte de «la costunbre de los castellanos, mayormente de los Grandes, que son amigos de mutaçiones», está bien claro que el partido pro-filipino se ha reclutado entre las grandes familias cuya sangre noble se hallaba mezclada con la «suzia» de las hijas de poderosos y acaudalados conversos, y que, por lo que les toca, han sido y seguirán siendo protectores de otros conversos más desprotegidos. El papel de esa gran «familia» de los «confesos» en esta coyuntura política la denuncia también Fuensalida (26 de marzo de 1505), cuando lo ocurrido en Toro agría la actitud del Rey de Castilla y los suyos: «çierto digo a V. Al. que quisiera más que V. Al. me mandara echar por dos años en vna galera, que no que me mandara quedar aquí, porque yo no puedo escapar de muerto o deshonrrado, según son malos los que consejan y ligeros de creer los consejados, que no solamente han trabajado de ponerme en mala graçia del Rey, mas aquello han hecho con la Reyna, por yndustria de don Juan y de muchos conversos que están aquí al seruiçio de su alteza».

253 En carta a don Francisco de Rojas, su embajador en la corte papal, de 9 de junio de 1506, el Rey de Aragón le explica: «Y porque sepáis algo de lo de aquá, mis fijos desembarcaron en La Coruña y yo iba derecho allí a los recibir. Los Grandes, que piden cosas de la Corona Real, y los conversos han fecho grandísimas diligencias y estremos para poner desconfianza del Rey mi fijo a mí... y esto ha sido causa de dilatarse nuestras vistas» (publicada por A. Rodríguez Villa, «Don Francisco de Rojas embajador de los Reyes Católicos», BRAH, XXVIII, 1896, p. 449). Y a la alianza de los Grandes y los conversos atribuye igualmente su secretario Miguel Pérez de Almazán que don Fernando tenga que abandonar el reino (1 de julio de 1506, art. cit., p. 452): «los Grandes lo facen por repartirse la Corona Real, los conversos por librarse de la Inquisición, que ya no la hay, e por gobernar... si Dios no lo pro­vee milagrosamente, Castilla se perderá e destruyrá sin remedio, e cumplirse ha lo que dicen: El año de siete, dexa a España y vete». En su carta del 9 de junio, el Rey-Gobernador, que aún no aceptaba su derrota, seguía insistiendo para que Rojas utilizase ante el Papa las confesiones de los conversos que había extraído Lucero, entre las que se incluía el plan de reunirse en Toledo en la casa del antiguo secretario de la reina Isabel, Fernán Alvarez, y conversos bajo la guía del Arzobispo de Granada fray Hernando de Talavera para organizar la predicación por todo el reino de Castilla de la ley de Moisés y el anuncio de la llegada del Mesías (véase Márquez, Investig. sobre J. Álvarez Gato, pp. 132-133).

254 Con su poder como Gobernador Perpetuo del reino de Castilla, don Fernando se apresuró a escribir al Papa (17 de noviembre, 1505) instándole a que revocase las comisiones y advirtiéndole que «si yo o otro Principe huviera declinado d’ello, se hauría puesto tan grande cisma y herejía en la Igle­sia de Dios que fuera mayor que la de Arriano, y V. S. deue dar gracias a Dios que en mi tiempo se haya descubierto, por que sea castigado y reprimido» (Arch. de Simancas, Libro II de cédulas reales, f. 244; edítalo Cotarelo, Fray Diego de Deza, pp. 349-350), y, pese a las cartas de los Reyes de Castilla desde Flandes ordenando a Deza, bajo pena de destierro y confiscación, que suspenda toda suerte de actuaciones hasta su llegada, la represión siguió imparable: el 3 de enero de 1506 (cuatro días antes de que don Felipe y doña Juana embarcaran camino de España), una persona tan adepta al Rey de Ara­gón como Pietro Martire d’Anghiera escribía al Conde de Tendilla escandalizado: «¿Qué oigo, ilustre Conde, cunde la fama de que se ha inventado ese crimen contra nuestro Arzobispo, varón santísimo, y que esa mancha se ha extendido a toda su casa, con testigos presentados a fuerza de mañas y de supli­cios. No sé dónde pueda volver los ojos. No creo sea posible encontrar alguno más santo que este pre­lado» (Epístola 295, versión de J. López de Toro cit., p. 120). En efecto, no había donde volver los ojos, pues el rey don Fernando, el 22 de abril (un día antes de que don Felipe y doña Juana reembar­caran en Inglaterra rumbo a España), daba órdenes a Juan de Loaysa de que presionase al Papa para que desechara las apelaciones contra Deza (Lea, A History ofthe Inquisition, pp. 196-197) y el 9 de ju­nio (trece días después de que los reyes desembarcaran en La Coruña), «yendo de camino para me juntar con el Rey e la Reyna mis fijos», escribía a su embajador en Roma don Francisco de Rojas acu­sando a los conversos de haberle ofrecido cien mil ducados «porque fuese contento que se sobreseye­se en la Inquisición solamente fasta que el Rey e la Reina mis fijos viniesen» y tratando por su parte de conseguir que el tema de los procesos de Córdoba y Granada se acelere y el Papa no dé oídos a los de­fensores de los perseguidos por Lucero y Deza: «En lo de la Inquisición, allá se envían las mismas con­fesiones de los presos, por do verán sus culpas, y, pues aquellas son claras, trabajad en que S. S. revo­que las comisiones que dio, como Loaysa dirá. Quanto a lo del Arzobispo de Granada, para con vos, lo que d’él se dice confesiones son de sus mismas hermanas e parientes e criados e servidores...» (BRAH, XXVIII, 1896, art. cit. en la n. 253, p. 448). Por fortuna para fray Hernando de Talavera, cuando el 13 de junio de 1506 Rojas remite a don Fernando la licencia papal para proceder contra el Arzobispo (D. Clemencín, Elogio de la Reina Católica doña Isabel, Madrid, 1821, p. 490), el Rey Católico se había quedado casi solo frente a su yerno y estaba a punto de tener que ceder el gobierno de Castilla.

255  A. Cotarelo, Fray Diego de Deza, pp. 222 y 350-351. Deza rememora al Rey Católico lo ocurrido en el «Memorial» citado en la n. 257.

256  Sobre las sospechas de que secuaces del maquiavélico rey don Fernando hubieran dado «boca­do» a su yerno, véase adelante n. 266. Ya el 7 de junio anterior, los embajadores en Roma del rey don Felipe le habían advertido (vía don Juan Manuel) que, si quería vivir, nunca comiera con su suegro.

257  J. A. Llórente, Historia crítica de la Inquisición en España. Reed. de Hiperion, Pozuelo de Alarcón, Madrid, 1981, vol. I, pp. 262-265; Cotarelo, Fray Diego de Deza, pp. 255-256. Subsiguientemente, Córdoba se alzó en armas con la protección del Marqués de Priego, obligando a Lucero a huir preci­pitadamente de la ciudad (6 de octubre de 1506).

258  Deza hubo de renunciar (por el mes de marzo de 1507) al cargo de Inquisidor como consecuencia de la firme actitud del Consejo de Castilla, a pesar de haber intentado por todos los medios enemistar a don Fernando con Cisneros, según muestra el «Memorial» que le envió a Nápoles el 11 de enero de 1507 (publicado por Cotarelo, Fray Diego de Deza, pp. 850-855), donde insidiosamente acu­sa al Arzobispo: «digo esto porque de la corte de la Reyna n. s. me an certificado que V. Al. escribyó a su enbaxador que dixese al Arçobispo de Toledo que enviaua a Roma a suplicar al Papa que lo enbiase proueydo por inquisidor general d’estos reinos, de lo qual yo estoy muy marauillado porque V. Al. conoce bien que tal prouisión sería en grande ofensa de Dios y para destruiçión de la Inquisiçión y para malos fines que él sabría tener... porque la impunaçión que él a hecho y haze a este Santo Ofiçio sale de odio y enemiga que le tiene, lo cual está bien conoçido, y seyendo asy y teniendo el Arçobispo de Toledo la osadía para hazer mal y trayción qual V. Al. y toda Castilla sabe, no aurá enpacho de cosa que d’él digan syno hazer su hecho». Don Fernando, en su nueva estrategia política, había decidido ya prescindir de Deza y buscar un acomodo con los Grandes, por lo que el 18 de mayo de 1507 comuni­caba a Cisneros su propuesta al Papa de promoverle a Inquisidor General de Castilla: «Habiendo re­nunciado el Arzobispo de Sevilla la presidencia de Inquisidor General de los reinos de Castilla por cartas que me envió, solicité también que el pontífice máximo señalase vuestra reverendísima persona para este oficio. Y, en verdad, dos cosas os pido agora: la una es..., y la otra que con toda razón y dili­gencia procuréis que no sea en cosa alguna disminuida la autoridad del Arzobispo de Sevilla, sobre lo cual, aunque es supérfluo el advertiros, persuádeme que así lo haga mi afecto solícito a su dignidad» (apud Cotarelo, Fray Diego de Deza, p. 14).

259  Cisneros, como nuevo Inquisidor General de Castilla, hizo prontamente prender a Lucero, el brazo ejecutor de la política persecutoria de Deza, y creó una junta para juzgar el caso (9 de junio de 1508); finalmente, resolvió el tema un imponente tribunal con miembros del Consejo de Castilla, obis­pos y juristas presidido por Cisneros (3 de julio de 1508, resolución que fue publicada el 1° de agosto). Este tribunal, llamado Congregación católica, si bien calificó a los testigos utilizados por Lucero como falsarios y libertó y rehabilitó a las personas perseguidas y acusadas, llegando incluso a ordenar la ree­dificación de las casas de los condenados que habían sido derribadas por orden inquisitorial, se limitó a privar a Lucero de su oficio, dejándolo en libertad en su canongía bajo su protector fray Diego, a quien no se consideró responsable de los excesos cometidos por sus subordinados. El carácter pacta­do de la sentencia nos parece evidente, pese a las consideraciones político-morales con que don Ar­mando Cotarelo (Fray Diego de Deza, pp. 232-234), desde su ideología de hombre anti-liberal del siglo XX, basa su voto particular acusatorio contra la Congregación presidida por Cisneros: «las pesquisas se hicieron con manifiesta animadversión para Lucero»; «la injusticia ha sido patrimonio de todos los tiempos y con frecuencia las pasiones bastardas atrepellan la razón y el derecho: No había entonces, como hoy, periódicos de gran circulación que, sin otra ley que su capricho o particular provecho, infa­masen inicuamente a las más honradas personas y a vuelta de repetidas calumnias lograsen derribarlas y escarnecerlas; pero, en cambio, sobraban los nobles levantiscos e intrigantes ganosos de medrar y que para lograrlo no reparaban en medios, abusando de la débil mano que regía el Estado, y el fin era exactamente el mismo».

260  Los datos que tenemos del doctor Juan de la Parra han sido reunidos por Narciso Alonso Cortés, «Dos médicos de los Reyes Católicos», Hispania-Madrid, XI (1951), 604-657: especialmente, pp. 629-657.

261  Es de sobra conocido el peso que en la orden de los Jerónimos tuvieron los conversos y cómo, pese al foco de judaizantes descubierto en Guadalupe en 1486, lograron impedir la introducción de un estatuto de limpieza de sangre. Sobre la famosa escuela médica del monasterio de Guadalupe (que causó la admiración del viajero Tetzel, acompañante de León Rosmithal de Blatna) véase B. López Díaz, La escuela de Medicina de Guadalupe, Monasterio de Guadalupe, 1918, y N. Alonso Cortés, «Dos médicos» (1951), cit. en la n. 260, pp. 629-630.

262  El nombramiento de Juan de la Parra como secretario real está refrendado por Fernán Alvarez de Toledo. Véase en N. Alonso Cortés, «Dos médicos», art. cit. en la n. 260, pp. 632-634, la edición de la carta real de 9 de febrero de 1490.

263  Algunas obras del doctor Francisco López de Villalobos. Publícalas la Sociedad de Bibliófilos Españoles, Madrid: imprenta M. Ginesta, 1886, pp. 221-228: «Reuerendo doctori De la Parra prothomedico, Franciscus de Villalobos. P.P.» (epístola VI).

264  En la edición citada, las cartas latinas van acompañadas de una espléndida versión española, que conserva la gracia y expresividad de la prosa de Villalobos.

265 Dato éste tenido ya en cuenta por María Goyri, «Romance de la muerte del príncipe don Juan» (1904) p. 35, extraído de A. Rodríguez Villa, «El Emperador Carlos V y su Corte», BPAH, XLII, 1903 (2a ed., 1913), p. 473 y La reina doña Juana la Loca, Madrid, 1892, p. 202. Más detalles en N. Alonso Cortés, «Dos médicos», pp. 637-638.

266  Noticia conocida también por María Goyri (1904), p. 35, tomándola de Rodríguez Villa, La Reina doña Juana (1892), p. 441. N. Alonso Cortés, «Dos médicos», pp. 638-641, publica el memorial en que consta como post data el párrafo: «Después se ha dicho en el vulgo de los Flamencos y aun de los Castellanos que le dieron yerbas. No le vi yo señales de tal cosa ni sus físicos, cuando allá estuve, tenían tal sospecha ni pensamiento. La verdad es que la materia fue mucha y por su callar mal socorri­da y de muchos se hizo maliciosa». En su información previa explica cómo fue llamado el miércoles de mañana al entrar el rey en el seteno día de la enfermedad («hicieron correo a mí y no sé si a otros físi­cos, porque yo sólo fui») y que sólo le vio a última hora («Yo llegué a verle este día jueves noche des­pués de media noche a las dos y le hallé que le sojuzgaua ya tanto la enfermedad y la virtud tan cayda que ninguna esperança avía ni aparejo de remedio... En esto estuve allí cinco horas, que fue hasta las siete, y partime...»).

267  N. Alonso Cortés, «Dos médicos», pp. 641-642, que reproduce la carta, escrita el mismo día que el memorial. Sobre la «fuga» del doctor Fernán Alvarez de la Reina, véase Márquez, Investig. sobre J. Alvarez Gato, pp. 146-147. Indudablemente, De la Parra no logró el favor del Rey Católico, a pesar de su diligencia en acercarse al principal beneficiado por la muerte de don Felipe, su suegro el Rey de Aragón.

268  «Quid ergo erit nobis. De te equidem nil loquor. Tantum enim perdidisti quantum perderé potuisti. Sola nobis superat spes, que deterior est sepulcro quippe...» (ed. cit., p. 227).

269  N. Alonso Cortés, «Dos médicos», pp. 642-647. Carlos V le recompensó tardíamente sus mal pagados servicios médicos al infante don Fernando nombrándole en 1520 obispo de Almería; pero no llegó a regresar de Flandes, ya que don Juan murió al año siguiente.

270  En las varias versiones de Uña de Quintana (Zamora). Otra de Congosta de Vidriales (Zamora) dice también: «Sólo falta por venir    el gran doctor De la Parra / que dicen que es buen doctor, buen doctor que adivinaba».

271  «Multiplex opinio de me et varia iudicia inter vulgus spargebantur. Alij enim dicebant quia demonium habet, et familiarem spiritum in anulo secum ducit. Alij vero non nisi quia circulator et maleficus est, quibusdamque pactis et federibus demonum alios seducit et aliorum beniuolentias captat. Alij autem dicebant quia diuinator est et futurorum presagia atque oracula miraculose scripta predicit. Plurimi autem affirmabant etiam quia ligare potest et dissoluere, feminasque sibi inuitas aducere noctu» (ed. cit., pp. 246-247), en carta al Obispo de Plasencia, don Cosme de Toledo (epístola X).

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

*   12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

*    13.- 7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES

*    14.- 8. LA «EPHEBI FILII SENEX FORTITUDO»

*    15.- 9. LA PASIÓN AMOROSA POR MARGARITA

*   16.- 10. SUBVERSIÓN DE LA ESTRUCTURA DE LA SEGUNDA SECUENCIA: EL TRIUNFO DEL AMOR EN LA MUERTE

*   17.- 11. LOS DERECHOS DE LA MUJER

*   18.- 12. LA ESPERANZA DE UN HEREDERO PÓSTUMO

*   19.- 13. ACTUALIZACIONES DE LA ESTRUCTURA HISTÓRICA DEL ROMANCE NOTICIERO

  Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada
Letras capitulares
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Imagen: cuadro de Piero della Francesca: Madonna del Parto ( año 1460) 


19.- 13. ACTUALIZACIONES DE LA ESTRUCTURA HISTÓRICA DEL ROMANCE NOTICIERO

19.- 13. ACTUALIZACIONES DE LA ESTRUCTURA HISTÓRICA DEL ROMANCE NOTICIERO

13. ACTUALIZACIONES DE LA ESTRUCTURA HISTÓRICA DEL ROMANCE NOTICIERO.  II  PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN.

      a negativa a incorporar al texto del poema los sucesos posteriores a aquel otoño de 1497 no fue, sin embargo, general. La tradición ofrece hoy varias tentativas de actualizar el texto, realizadas, sin duda, en momentos varios entre 1498 y 1501. Esas actualizaciones hechas en el primitivo romance «noticiero», no sólo difieren en fecha, sino también en intencionalidad, según vamos a ver.   

    En lugar de la deseada prole, ha tenido un aborto; en vez de la apetecida descendencia, nos ha ofrecido una informe masa de carne digna de lástima199

escribe el 5 de enero de 1498 Anglería en otra de sus cartas 200. Y esta frustración de la esperanza suscitada por el embarazo de la princesa se incorpora al romance en un área compacta, que abarca los tipos «Castellano-Leonés» y «Picos de Euro­pa», expresada mediante una variante en que se entremezclan datos antihistóricos (nacimiento mediante cesárea y muerte de la madre):

Luego le abrieron el vientre   y de sus entrañas sacan
un niño como una rosa,    parece un rollo de plata201,

con datos históricos (la muerte del niño):

Los tres fueron a gozar    a la celestial morada202.

      El «rollo de plata» que substituye a la «informe masa de carne» de Anglería es, sin duda, un embellecimiento poético; pero la descripción del humanista, con su sorprendente naturalismo, creo que está también lejos de ser objetiva y que sólo se explica como reflejo del interés de la corte española en cerrar el paso a cualquier consideración de que el hijo postumo del heredero de España hubiera «nacido». De haber vivido un tiempo legal suficiente, el niño (al parecer, niña), podría haber substituido a su padre como punto de referencia para establecer quién era el más propincuo pariente con derecho a la herencia, de modo que la princesa, su madre, podía constituir una línea sucesoria con no menos títulos que la de la tía paterna primogénita203 (al menos, en el reino de Castilla 204). No era esa la solución sucesoria que los Reyes Católicos estaban dispuestos a propiciar. Rápidamente, antes de hacer saber la noticia del aborto al abuelo y al tío materno del infante frustrado (al Rey de Romanos Maximiliano y al archiduque Felipe), declararon herederos a los Reyes de Portugal, como comunica seguidamente Pietro Martire al Arzobispo de Braga:

    Por tanto, al faltar la deseada prole por parte del Príncipe, son llamados a esta ingente mole de tantos reinos sus futuros posesores —si Dios no dispone de otra cosa— tu Rey Manuel y su esposa Isabel. Por medio de mensajeros se les ha avisado que vengan a tomar posesión de la primogenitura. Ojalá entren con buena y feliz es­trella...205.

      La celeridad y el secreto no impidieron que el archiduque Felipe intentara al­zarse con la sucesión206 (quizá con la colaboración del embajador alemán en Espa­ña, Lupián, y de la propia hermana de don Felipe, la princesa viuda207).

    Por otra parte, la llegada de esta noticia a la corte alemana supuso, de inmedia­to, un cambio en las relaciones entre los Reyes de España y la casa de Austria 208, un cambio que afectó, entre otras cosas 209, a la suerte de la princesa, pues los Reyes Católicos, sospechosos de que Maximiliano se inclinaría, tarde o temprano, a seguir la política de amistad con Francia que su hijo el archiduque preconizaba210, obstaculizaron cuanto pudieron los planes del Rey de Romanos de tener a su lado y en su poder a su hija Margarita 211, la cual no logró salir de la tutela de sus antiguos suegros hasta dos anos después de su aborto. Sólo el 20 de diciembre de 1499 cruzaría la frontera por Hernani, después de que se le hiciera en Granada solemne entrega de «sus joyas de oro e plata, perlas y piedras y otras cosas de azienda» de su cámara el 29 de setiembre de ese año212, de acuerdo con los justos deseos de don Juan expresados en el romance en las versiones de los tipos mayoritarios del Norte de España:

— De las joyas que le di,    padre, no le quitéis nada213.

      La extraordinaria dilación en la partida de la princesa se debió al deseo de los Reyes Católicos de que el nuevo matrimonio que se negociara a madama Margarita no fuera en perjuicio de los intereses españoles214, y, por otra parte, a las indecisiones políticas de Maximiliano, impotente, tras la disolución en la práctica de la San­ta Liga, de frenar los planes italianos de los reyes franceses Carlos VII y Luis XII y deseoso de presionar lo más posible a los Reyes Católicos en el tema sucesorio215. Durante esos dos años, los planes secretos de dar un nuevo marido a la princesa Margarita tienen pendientes a las cancillerías, mientras los Reyes Católicos se es­fuerzan por ganar tiempo. Entre tanto, la Princesa de España va acumulando razo­nes para odiar a sus suegros y cuando, finalmente, logre escapar de su tutela y abandone España casi fugitiva, será una pieza fundamental en la creación de una política de la Casa de Austria claramente hostil a los Reyes de España216.

      En las versiones de tipo «Montaña astur-leonesa»217 hallamos una recomendación del príncipe don Juan a sus padres que me parece un claro eco de aquella ten­sa espera, durante los largos meses de negociaciones para el retorno de la princesa a su tierra:

— Si la volvéis a casar,    casármela bien casada,
si se quiere ir pa su tierra,    enviármela acompañada,
que no digan sus parientes    que quedó desamparada218.

Y en dos excelentes versiones, una de Paradaseca (Ourense) y otra portuguesa (sin lugar), el romance se remata con un lamento de la viuda que, a mi juicio, reproduce muy acertadamente los sentimientos de Margarita en vísperas de su diferido viaje:

— ¡ Ay triste de mí, cuitada,    que pasé la mar salada
con seiscientos caballeros    todos de capa y espada
y ahora la paso sola,    triste y desconsolada!219

— ¡Ai triste de mim, ai triste,    ai triste de mim, coitada!
Passei a Serra Morena    com duzentos de cávalo,
agora, por meus pecados,    a passarei so a meu cargo! 220

      Gracias a las cartas del embajador de los Reyes Católicos en la corte imperial, Gutierre Gómez de Fuensalida, estamos muy bien informados respecto a las maniobras dilatorias de los Reyes de España221, intuimos la insatisfacción de la prin­cesa222 y comprobamos que, como expresan las versiones romancísticas citadas, el costo que supondría un viaje hasta su tierra con suficientes garantías de seguridad y con el boato debido a la dignidad de tan alta señora no resultaba fácilmente asu-mible en aquella circunstancia histórica por los que más debieran preocuparse de su decoro. El día 15 de agosto de 1498 desde Friburgo, Fuensalida describe a sus reyes la entrevista que ha tenido con Maximiliano y los argumentos que en ella se cruzaron acerca del retorno de la princesa:

    Sy vuestra magestad (argumenta el embajador ante el Rey de Romanos) ovyera advertido d’esto al Rey y a la Reyna mis señores, pudyera ser que os escusaran de mu­cha costa, por que sus Altezas hizieran aparejar su armada en que la señora Prinçesa pudyera venir segura y honrrada; pero sy vuestra magestad d’esto querrá dyferir hasta el março, yo hallaría modo de poderos seruir, y escriuirlo ya al Rey y a la Reyna mis señores, y podría ser que costase a vuestra magestad la mitad menos de lo que le cos­tará enbiando tan repentynamente por la señora Prinçesa. Respondyóme: —No se puede esperar más tienpo, porque yo la quiero dexar donde ha de estar... y basta una carraca que yo enbiaré y quatro naves que el Rey y la Reyna mis hermanos le darán y con esto podrá venir segura 223

y el día 20 de agosto, en una nueva carta, Fuensalida vuelve a contar una conversación similar (¿quizá la misma?) con el Rey de Romanos, en que él repite los argu­mentos ya señalados y Maximiliano objeta:

    —No se puede esperar más, y esto es lo que convyene hacer y la costa no será mucha, que con una carraca que yo enbiaré y con quatro barchas qu’el Rey y la Rey­na mis hermanos le darán, basta que venga hasta Genova,

a lo que Fuensalida responde crítico:

    Yo le dixe que me parecía que segund los cosarios françeses andavan por aquellas mares, que hera poca armada y tanbyén que no hera honrra de su magestad que vna tal señora viniese con çinco navios, mayormente a desenbarcar en puerto ageno y no suyo

y, seguidamente, el embajador se explaya ante sus reyes en criticar la miserable ac­titud del emperador electo:

    Por estos aparejos que acá hazen para traer a la señora Princesa, y por la compa­ñía que envían para que venga con su Alteza juzgarán Vuestras Altezas quáles son las cosas de acá, y que asy tyenen por mucho enbiar una carraca y tres enbaxadores que enbía, que ninguno d’ellos tyene acá más de dos cavallos, quito el mas viejo que tyene quatro o cinco, como sy enbiasen la flota que Vuestras Altezas enbiaron con la señora Archiduquesa224.

      Aunque, como explica Çurita en su Historia del rey don Hernando el Católico (citada en la n. 185), fols. 169d-170a, la propia princesa «daua gran prissa a su par­tida», ni siquiera la llegada en 1499 de los comisionados especiales del Rey de Ro­manos y del Archiduque (el Señor de San Pi y el de Vere), fue bastante para que los reyes sus suegros permitieran el viaje, ya que el Rey Católico «procuró que se detuuiesse y sobreseyesse por entonces en su partida»; al fin, ante la decidida acti­tud de la princesa, «no se pudo embargar su partida y en lo más áspero del inuierno y con el tienpo más frío y de más nieues que nunca se vio, prosiguió su camino y fue entregada a los Embaxadores que tenían poder para lleuarla... Desta ida de la Princesa recibieron el Rey y la Reyna descontentamiento».

      Pocos meses después de llegada Margarita a la corte de los archiduques Felipe y Juana (entra en Gante el 5 de marzo de 1500), la solución «portuguesa» a la cri­sis sucesoria de España, tan grata a los Reyes Católicos, queda finalmente deshecha por los golpes de la Fortuna225: el 24 de agosto de 1498 había muerto, de parto, la Reina de Portugal, y aunque su hijo el príncipe Miguel sobrevivió226, el principito murió antes de cumplir los dos años, el 20 ó 29 de julio de 1500227. Los Reyes Ca­tólicos se vieron entonces forzados a reconocer como heredera a la princesa doña Juana, lo cual abría el camino de la corona de Castilla a su marido el archiduque228.

      Esta nueva solución de la cuestión sucesoria dejó también su huella en la tradi­ción romancística. En el tipo «Castellano-Leonés», cuando el príncipe pide a sus padres que respeten el derecho de su mujer a las joyas, a las arras, se introduce una curiosa exclusión:

Si no es el anillo de oro    que le di de enamorada229,

que Bénichou desacredita considerando el verso como una «inmediata elaboración popular» del verso anterior (el del ruego) 230. Pero el romancero tradicional, que rara vez utiliza metáforas en el plano del «discurso», hace muy frecuente uso de motivos simbólicos, de metáforas en el plano de la intriga, y, en este caso, la exclu­sión del anillo significa que, una vez rotos los lazos matrimoniales por muerte de don Juan, se deben a su esposa las arras, pero no el derecho de mayorazgo. Si, aje­nos a estas posibilidades significativas del lenguaje del romancero, nos resistiéra­mos a admitir ese valor simbólico, nos sorprendería encontrar en unas cuantas ver­siones, muy alejadas entre sí, la siguiente aclaración:

No quiero que [ella] lo tenga,    ni tampoco que lo traiga,
ése mando que lo den    a una de mis hermanas231,

o, aún más claramente:

ése mando que le quiten    y le den a doña Juana232

o

...que dejo a mi hermana Juana233,

explicación que evidentemente recuerda la sucesión en el reino de Castilla de la princesa doña Juana, «La Loca», declarada heredera tras la muerte, en julio de 1500, del príncipe don Miguel, y que sólo sería jurada por las Cortes al venir a España en 1502 234.

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

199  «Peperit abortiuum pro desiderata sobole Margarita. Pro esurito puerperio, offam nobis praestitit collachri mandam». Aunque el parto de Margarita fuera abortivo, resulta sorprendente que J. San Hermida, «Cien mil esperanças allí se anegaron», en Medioevo y Literatura. Actas del V Congreso de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval, Granada, 27 sept.- 1 oct. 1993, ed. J. Paredes, Granada, 1995, pp. 307-319, considere (p. 316) como «inexactitud histórica» del romance el «que la princesa Margarita dé a luz un hijo postumo del príncipe».

200  Epístola CXCI (192 en la traducción castellana), dirigida al arzobispo de Braga, en Portugal. Sobre su fecha, véase n. 205.

201  Dentro de esta fórmula, abundan las variantes en la comparación del niño: «como un clavel», «como las flores», «como una estrella», «como un lucero», «como el sol» y, en alguna versión se dice, simplemente, «tan hermoso». Hay expresiones más sencillas, como «Sacan de su vientre un niño,    parece un rollo de plata» y fórmulas substituías como «Luego sacaron un niño,    los rayos del sol em­barga».

202   Cito por Castril de Duero (Valladolid). Expresiones similares se dan en muchas de las versiones de tipo «Castellano-Leonés».

203   Confróntese lo dispuesto, algunos años después, en las Cortes de Toro (1505) por iniciativa del rey don Fernando: «Por evitar muchas dubdas que suelen ocurrir cerca de los fijos que mueren rezién nascidos sobre si son naturalmente nascidos o si son abortiuos, ordenamos e mandamos qu’el tal fijo se diga que naturalmente es nascido e que no es abortiuo quando nasció biuo todo e que a lo menos después de nascido biuio veynte e quatro oras naturales e fue bautizado antes que moriese, e si de otra manera nascido, murió dentro de dicho término o no fue bautizado, mandamos qu’el tal fijo sea auido por abortiuo e que no pueda heredar a sus padres ni a sus madres ni a sus ascendientes» (ed. cit. en la n. 182, p. 202). Las «dudas» que esta disposición trataba de evitar son las que, obviamente, se plantea­ron a la muerte del hijo del príncipe don Juan: de ser considerado «naturalmente nascido» y no «abor­tivo» la herencia por «representación» podía seguir distintos derroteros, dado que la línea de legitimi­dad admitía a los ascendientes (como se aclara en las Cortes de Toro): «Los ascendientes legítimos, por su orden e línea derecha, sucedan ex testamento o ab intestato a sus descendientes y les sean legíti­mos herederos, como lo son los descendientes a ellos, en todos sus bienes, de cualquier calidad que sean, en caso que los descendientes no tengan fijos o descendientes legítimos» (ed. cit., p. 200).

204  Como el feto fue de sexo femenino, según consigna G. Fernández de Oviedo y confirman las cartas recibidas por Maximiliano de su embajador Lupián y de su hija («por las quales le synificauan aver movido la señora prinçesa vna hija», desmintiendo la noticia anterior, llegada desde Milán, de «que la señora Prinçesa avia movido vn hijo»), según se ve en D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, pp. 21 y 23, las Cortes del reino de Aragón se habrían resistido a aceptar su línea de herencia.

205 «Reuocantur ergo, deficiente a principe optata prole, ad ingentem hanc tot regnorum molem, futuri possessores (ni Deus aliter statuerit) tuus Em[m]anuel Rex, et eius vxor Helisabetha, primogenituram sumpturi veniant, per cursores monentur. Venturos prope diem existimamus. Adeant fausto, secundoque sidere... oramus finem suae truculentiae fors imponat, sinatque iam tandem Hispana suo progredi ordine sceptra oramus", epístola CXCI. La fecha de "nonis junii" creo es debida a una errata o mala lectura de «iun.» por «ian.» y que la carta fue escrita el 5 de enero de 1498.

206 Enterados los Reyes Católicos, escribieron con gran urgencia a Fuensalida (añadiendo una se­gunda «çifra» a la que le enviaban, llegadas ambas a manos del embajador el 5 de junio de 1498). Es cierto que Fuensalida les tranquilizó diciendo: «no estén con cuydado de lo que me mandaron escriuir en la vltima çifra que se escribió tocante a auer tomado el Archiduque título de Príncipe, nunca acá tal se pensó, antes en esto ha hablado el Rey de Romanos muy byen, como ya tengo escrito a Vuestras Al­tezas» (carta desde Rotenburg, 9 de junio de 1498, D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, p. 48).

207 Ello explicaría porqué los Reyes Católicos exigieron urgentemente la revocación del embajador Lupián (según consta por la carta de 7 de julio de Fuensalida) y la disculpa dada por Maximiliano: «Respondióme que a él le pesava porque su enbaxador de tal manera se oviese governado, pero que él no podía hazer que aquello no fuese hecho; mas qu’él lo enmendaría con revocar a Lupián». La con­fianza de Margarita en Lupián se deduce del hecho de que el Rey de Romanos, para más asegurar a los Reyes Católicos vía Fuensalida, «no quiso recebir las escrituras ni las cartas de la señora Prinçesa ni de Lupián, ni las leyó, y díxome: Guardadlas vos, porque no quiero que ninguno de mi cámara ni otra persona las vea» (carta desde Friburg, 7 de julio, 1498, D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, p. 50). La identificación de Margarita con la política llevada a cabo por Lupián resulta clara en las pa­labras de Maximiliano a Fuensalida en 4 de julio de 1498, cuando se resistía a la revocación de Lupián diciendo: «que nunca avia seydo su costunbre deshonrrar sus seruidores y que por la honor de Lupián quería con toda brevedad despachar est’otros enbaxadores y que Lupián se sufriese hasta tanto que est’otros llegasen y avn porque la Princesa no reçibiese desplazer y syntiese soledad de quedar syn per­sona suya que estuviese con ella» (D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, p. 69).

208 Maximiliano se enteró, vía Milán y Francia, del importante suceso mucho antes de que sus consuegros los Reyes de España se lo comunicaran, según aclara la correspondencia del embajador Gutie­rre Gómez de Fuensalida: «Por los sumarios que de Milán vyenen al Rey de Romanos se supo aquí vna nueva que de Françia fue escrita al Duque, que dezía que la señora Prinçesa vía movido un hijo, y que luego Vuestras Altezas avían declarado por heredera de sus reynos a la señora Reyna de Portugal y al Rey su marido, y que Vuestras Altezas los llamavan Prínçipes d’España y que el Rey de Portu­gal asy se yntitula. Anme dicho que el Rey sabe la nueva, pero no me ha hablado sobre ello, ni yo no le he hablado en ello, como quiera que toda la Corte lo sabe y certifícanme qu’el Rey lo vido por aquel sumario dicho» (carta del 22 de febrero de 1498, desde Innsbruck, D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, pp. 21-22). Pero el suceso provocó que Maximiliano, después de que, poco tiempo antes, Fuensalida hubiera escrito en su presencia una larga misiva a los Reyes Católicos que incluía un exten­so infraescrito de «su mano propia del Rey de Romanos» (en el macarrónico latín que utilizaba), le lla­mara de nuevo y «asy como descuydado» se apoderara del original de lo que «el dya pasado» había sido escrito (D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, pp. 18-19 y 21).

209  La misiva que Maximiliano enviaba a los reyes de España (y que en la nueva entrevista se guar­daba: «tomó vna çintilla y ató aquella escritura que yo le dy y metióla en el arca», D. de Alba, Corres­pondencia de Fuensalida, p. 21), era un plan detallado de acción militar conjunta contra Francia, so pretexto de que Carlos VIII no devolvía Güeldres al archiduque Felipe, a cuyo señorío pertenecía. El plan pretendía detener, con dinero aportado por los «potentados de Italia», la proyectada ocupación francesa del ducado de Milán y del realme de Nápoles, esto es, trataba de dar nueva vida a la Santa Liga. Pero Maximiliano, sospechoso en adelante respecto a la alianza española, vacila en su confianza anterior de poder impedir el dominio francés sobre Italia sobreponiéndose en la próxima dieta a la in­clinación de los príncipes alemanes que preferían sacrificar a los italianos en beneficio de un entendi­miento con Francia.

210  Que el archiduque Felipe (atento a sus consejeros flamencos) no quería aceptar el liderazgo po­lítico de Fernando el Católico y, desviándose de la política seguida por su padre, se inclinaba decidi­damente a la alianza con Francia, lo confesará en su día el propio Maximiliano a Fuensalida: «Muchas nuevas tenemos y no son buenas, porqu’el Archiduque mi hijo quiere ser françés y estar so las alas del Rey de Françia y en la obidiencia de aquél y no en la mía»; «Ya os he dicho que mi hijo quiere ser françés y estar so la protección del Rey de Francia, y esto han hecho sus consejeros porque yo no pue­da aver a mi hijo en mi poder» (carta del 16 de junio de 1498, D. de Alba, Correspondencia de Fuensa­lida, pp. 71 y 72).

211  Desde que el cauteloso silencio de Maximiliano se rompe (tras la llegada desde España de cartas directas de su embajador Gaspar de Lupián y de su hija) e, hipócritamente, comenta con el emba­jador español los acontecimientos, asintiendo a todo lo hecho por sus consuegros (19 de marzo, 1498), Fuensalida intuye que el Rey de Romanos planea una importante jugada diplomática a base de un nuevo casamiento de la princesa: «Senty en aquella habla que el secretario me hizo de parte del Rey, que se piensa dónde podrán colocar a la señora Princesa por aver generación», (carta desde Inns­bruck, 23 de marzo, 1498, D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, p. 24). Los Reyes Católicos no pueden oponerse a que Margarita case de nuevo: Fuensalida, tras recibir, el 13 de abril, cartas de sus reyes, escritas el 2 y el 4 de febrero desde Medina del Campo, dice diplomáticamente al Rey de Roma­nos, «que como quiera que se hazía graue a Vuestras Altezas pensar que la señora Prinçesa oviese de casar, pero que, consyderando su hedad, que era razón pensar en casarla» (D. de Alba, Corresponden­cia de Fuensalida, p. 25). No obstante, tratan de posponer lo más posible la entrega de Margarita a su padre, según es bien patente en la Correspondencia de Fuensalida. Ya en esa misma carta de 1° de mayo de 1498, escrita desde Ulma, explica a sus reyes cómo en una plática con el Rey de Romanos aprovechó para argumentarle las ventajas «de hazer lo quel rey y la reyna mis señores dizen y querryan, que por su consolaçión vuestra majestad les dexe la señora Princesa en su poder hasta ser conçertado su casamiento» (D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, p. 26); cuando, más tarde, Maximiliano quiere enviar una embajada a España que diligencie la venida de la princesa, la política de Fuensalida consiste en detener lo más que puede todo el proceso; habiendo Maximiliano despacha­do tres embajadores para ir en busca de la princesa (entre el 23 de abril y el 1° de mayo), ocultándolo a Fuensalida, el embajador se esforzó por embarazar su ida: «Como yo sé que no se haze aparejo de armada y sy es verdad que los enbaxadores [no] partirán hasta que vamos a Frayburg, no do priesa por saber lo que querrá hazer, porque la dylación suya hará al propósyto, que se pasará el verano antes que se vayan los enbaxadores a Vuestras Altezas, pues para el ynvierno buena razón avrá para no na­vegar y asy se ganará este año» (carta desde Ulma de 14 de mayo de 1498), D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, p. 37). «Yo he tenido todas las formas que he podydo por dilatar su partyda, creyen­do que esto cumplía al serviçio de Vuestras Altezas, y esto por dos cosas... y la otra hera para traer la Señora Prinçesa, y parecíame que para entramas a dos hera byen la dilaçión en la partida de los enba­xadores, porque se pasase el verano y se ganase el tiempo del ynvierno que... para navegar no es bue­no...» (carta desde Friburgo del 7 de julio de 1498, D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, p. 59). En fin, cuando la partida de los embajadores resulta inevitable, aún Fuensalida recurre a nuevas tri­quiñuelas: «Yo le dixe que me parece que yrían mejor y más seguros, sy Vuestras Altezas estuvieran en Salamanca, yo los encaminara que fueran a desenbarcar en Sevilla (por alongar el camino y ganar más tiempo)... y con estas pláticas y otras yo los he detenido desde el comienço de agosto hasta oy, que son veynte días del dicho mes, y ellos están tan temerosos del tránsyto de la mar por lo que yo les he di­cho, que me han dicho que avnqu’el Rey les mande que luego antes de Nabidad tornen y traygan a la Prinçesa, que ellos no lo harán, ni se pondrán en la mar hasta la cuaresma o hasta después de pascua de Resurrecçión» (carta desde Friburgo, 20 de agosto de 1498, D. de Alba, Correspondencia de Fuen-salida, p. 88).

212 El libro inventario se conserva en Simancas.

213 Una mayoría de las versiones de los tipos «Castellano-Leonés», «Picos de Europa» y «Montaña astur-leonesa» y una mitad de las de tipo «Astur-Galaico».

214 En un principio, la amenaza más grave es la de un casamiento con el Rey de Francia que selle una inversión de alianzas. Maximiliano se la deja caer a Fuensalida (aunque siempre presentando la propuesta como indeseable) tan pronto como comenta con él la declaración de herederos a la corona unida española de los reyes de Portugal (el 13 de abril de 1498): «Deziros he lo que he sabido por çierto. El Rey de Francia ha puesto en plática de dar a su muger a Luys Mosior con vna gran suma de pecunias y dalle un mediano estado en que biva y él tenerse a Bretania, porque está dysfíuziado de aver hijos d’ella, y procurar de aver a mi hija para casar con ella. Y esto no lo consentiré por ninguna cosa, ni mi hija lo querrá, porque ella tyene mala opinión de venir a Françia, y asy mismo sé que por parte del Rey de Françia le fue dado con que moviese y avn se hordenava de tosigar al rey mi herma­no» (según carta de Fuensalida escrita en Ulma el 1 de mayo de 1498, D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, p. 25). Es cierto que el 17 de mayo (antes del cierre de esa carta) ya tenía noticia Maximi­liano de que el divorcio de Carlos VIII y Ana de Bretaña (que permitiría al rey francés casarse con Margarita, con la cual ya tiempo atrás estuvo desposado) nunca habría de realizarse, pues había muer­to el rey de Francia (D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, pp. 26-27). No menos peligro veían los Reyes Católicos en que la princesa fuera a convertirse en un peón de las maniobras políticas de su hermano Felipe y los flamencos; a este respecto, Fuensalida trata de obtener seguridades de Maximi­liano: «byen creo que no querrá vuestra magestad ponella en poder de los flamencos para que no seays señor d’ella quando quisyéredes» le comenta el embajador el 13 de abril (D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, p. 26), a lo cual contestó en su momento Maximiliano tratando de tranquilizar a sus consuegros: «... dize que... sy esto no fuere y determinare de enbiar por su hija, será para traella a Alemania y no para levarla a Flandes, que en ninguna manera la porná en poder de su hermano ni de los de su Consejo» (según se recuerda en carta de 21 de mayo de 1498, D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, p. 46). En esos tiempos, lo más temido, como explica Çurita (fols. 169d y 170a de la obra cit. en la n. 185), es que Margarita pudiera servir para romper la alianza de España con Inglate­rra, substituyendo como esposa del Príncipe de Gales a la infanta Catalina, hija de los Reyes Católicos, cuyas capitulaciones matrimoniales se habían firmado el 1 de octubre de 1496, pero que aún no se ha­bía casado por poderes; y ese temor seguía aún vigente en 1500, cuando Margarita logra escapar de manos de sus suegros (según se ve por carta de Fuensalida desde Londres de 8 de julio, Corresponden­cia de Fuensalida, p. 129).

215  Súbitamente, en una larga audiencia, tenida entre el 5 y el 9 de junio de 1498, el Rey de Roma­nos se presenta ante Fuensalida como rival directo de los nuevos Príncipes de España, diciendo que sus derechos al trono portugués son superiores a los del Rey de Portugal don Manuel, pues vienen por «linea derecha» (si bien de hembra), y que, si tiene por buena la sucesión de don Manuel, es «por ser­var el amistad y debdo con el Rey y Reyna mis hermanos, pues le tomaron por hijo», pero que era pre­ciso evitar que «por la sucesyón del reyno de Portugal y avn por la suçesión de los reynos de Castilla y Aragón y Seçilia naçiese alguna discordya entre los herederos suyos [se refiere a los Reyes Católicos] y los míos, por do la amistad que entre nosotros está hecha fuese dysuelta entre nuestros hijos». El obje­tivo es claro: «Lo que yo quiero es que el Rey y la Reyna d’España mis hermanos, pues son padres de todos, hagan una declaraçión entre el Archiduque, mi hijo y suyo, y entre el Rey de Portugal sobre la suçesyón» y los términos de ella precisos: «podría aconteçer que la Reyna de Portugal oviese hijas y no hijos, y podrá ser asymismo que la Reyna de Portugal falleçiese antes que sus padres syn heredar ella»; siendo así, él se postularía como rey con derecho a Portugal (frente a su sobrina nieta) y exige a los Re­yes Católicos que declaren «sy será heredera [de sus reinos] su hija la Archiduquesa o su nieta hija de la Prinçesa no aviendo heredado la madre» (siendo varón el nieto, el derecho de representación no lo discute). Fuensalida pide perdón a los reyes por tomarse el «atrevimiento» de advertirles que Maximi­liano desconfía «y como él conosca la mala voluntad que los françeses tyenen a Vuestras Magestades, cree que fácilmente los trayría a su amistad para poner a Vuestras Altezas en neçesydad y, segund mi pensamiento, él se arma para que, sy suçediere no respondelle Vuestras Altezas como él quería o que se pone alguna dilaçión a la respuesta y a la obra... No me atrevo a escriuir esto más claro... Vuestras Altezas comprehenderán lo que querría dezir» (extensa carta escrita a lo largo de varios días consecu­tivos al 9 de junio, completada el 27 y concluida el 7 de julio de 1498 desde la Dieta de Friburgo. En D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, pp. 49-70).

216  Acerca del odio de la Princesa Margarita, fomentado por su entorno flamenco, a sus suegros, véase Çurita (obra cit. en la n. 63), fol. 169-l69v. Como enemiga fundamental de la política de los Re­yes Católicos la tratará siempre el embajador Fuensalida, cuando madama llega a Flandes y los archi­duques negocian el venir a España para ser jurados príncipes herederos: así, a los temores de los Reyes de España de que don Felipe deje a su hermana como «governadora en este estado», el embajador re­plica (Bruselas, 5 de noviembre de 1500) «estaré en vigilancia para lo entender, y sy lo entendiere, para lo estorvar por los mejores modos que yo podré y sabré», y cuando ese plan parece próximo a re­alizarse («Madama Margarita es venida aquí a Bruselas, qu’el Prínçipe fue por ella..., dizen que trabaja por quedar en la governaçión deste estado y que le queden en poder sus sobrinos»), insiste (Bruselas, 12 de enero de 1501) «trabajaremos de lo estorvar»; en fin, un par de meses después, convencido de que los príncipes don Felipe y doña Juana «no tyenen más voluntad de yr a España que de yr al ynfierno», se decide a no callar lo que piensa y, tras argumentar que «el Prinçipe querría yr a España, mas no para quedar en ella, syno para ser recibido por Principe y tornarse luego; y creo que sy él supiese que no avía de ser asy, que no le levarían allá syno por fuerça», achaca a madama Margarita la culpa de los malos hábitos de don Felipe: «y no quiero dezir quánto a esto ayuda la buena condiçión de ma­dama Margarita, que sabe byen seguir la condiçión o voluntad y apetytos de su hermano» (Duque de Alba, Correspondencia de Fuensalida, pp. 162, 170 y 181).

217 Recuérdese que en este tipo de la «Montaña astur-leonesa» no ocurre el pacto, entre el padre y el hijo, de la integración de la nuera en la familia después de quedar viuda.

218  Cito el primer verso según una versión de San Martín de la Tercia (León). Expresiones análogas en otras versiones: «< Si se quiere casar, padre (~ < padre, si se quier casar), > casármela bien casada (~ > usted no le diga nada)», Camplongo a, Rediezmo, La Robla a. En algunas versiones la petición se matiza suponiendo una mayor pasividad de la joven viuda; «si la enviáis pa su tierra...»; «... que la echáis desamparada». De ahí que una versión (La Robla a ) añada; «Porque no diga la gente    que en tierra ajena se hallaba». Hay versiones que extienden la libertad de la viuda, completando el derecho a volver entre los suyos con el derecho a casarse de nuevo: «Si se quier casar la niña,    usted no le diga nada»; derecho que también puede reconocerse con palabras en que se admite una mayor dependen­cia de la mujer respecto a sus suegros: «si la volvéis a casar,    casármela bien casada». En todas las va­riantes se da, sin embargo, por supuesto que la suerte de la viuda está en manos de la familia de su ma­rido, a pesar de haber sido mujer con casa propia. Variantes de los otros versos: «< Si se quiere ir (~ si la enviáis - si la echa ~ si alguna vez va) pa (~ a) su tierra, > enviármela (~ mandármela ~ me la echa) acompañada (~ > no la envíen sin compaña ~ > dir, parientes, a llevarla), < porque no digan los suyos (~ < que no diga la su gente ~ < que dirán los de su tierra ~ < que dirán los sus parientes) > que que­dó desamparada». Tipo «Montaña astur-leonesa» (mayoría).

219  Paradaseca a (versión descrita en la n. 30).

220 Portuguesa del Norte s. 1 (versión descrita en la n. 32).

221  Véase atrás, n. 211.

222  «De la señora Prinçesa vino vn correo al Rey de Romanos, y he trabajado por saber qué truxo o con qué vino, y no lo he podydo entender, syno qué vyene diziendo mili males, y asymismo vino otro Hulibel, que era maçero de la señora Princesa, y éste en mal dezir no perdona a nadye... y de la venida de aquel correo ha naçido dar más priesa en el despacho de los enbaxadores... para traer a la señora Prinçesa», Carta de Fuensalida a los reyes, 20 de agosto de 1498 (D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, p. 87).

223  D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, pp. 84-85.

224 D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, p. 88.

225 Isabel, junto con el rey de Portugal don Manuel, fueron jurados herederos de Castilla el 29 de abril de 1498. Las cortes de Zaragoza se resistieron a aceptarla, siendo mujer, por heredera; pero se pactó el reconocimiento del posible hijo varón nacido de ella (derecho de representación). Cuando el 23 de agosto nació el príncipe Miguel, a costa de la vida de la madre, parecía solucionado el conflicto sucesorio, ya que las cortes del reino aragonés lo juraron como heredero, 22 de setiembre de 1498, el reino castellano lo hizo en enero de 1499 y el 7 de marzo de 1499 el portugués. Pero Fortuna, no aten­diendo a las oraciones de Petrus Martyr («... finem suae truculentiae sors imponat, sinatque iam tan­dem Hispana suo progredi ordine sceptra oramus»), siguió impidiendo al cetro hispano sucederse en su debido orden. Es curioso ver como los panegiristas de los Reyes Católicos, que tanto lugar habían dado a la Providencia divina en el advenimiento de sus soberanos a las coronas de Castilla y Aragón, prefieren ahora hablar de la Fortuna, cuando la Providencia va destruyendo una tras otra las expecta­tivas sucesorias de los católicos Reyes de España.

226 Don Felipe hizo llegar a la corte de Maximiliano la falsa noticia de que el príncipe hijo de los Reyes de Portugal había muerto tres días después que su madre: «toda la Corte del Rey de Romanos estava llena d’esta nueva qu’el señor Archiduque auía escrito a su padre, y no es neçesario dezir sy estauan tristes o alegres, porque Vuestras Altezas lo comprehenderán», escribe Gutierre Gómez de Fuensalida (D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, p. 97). Pero el embajador español mostró al Rey de Romanos una carta de los Reyes Católicos «escrita ocho días después que la Reyna paryó» (en realidad, el 31 de agosto) que mostraba lo falso de la noticia.

227 Çurita (obra cit. en la n. 63, p. 185) señala como fecha de la muerte del príncipe Miguel el 20 de julio de 1500.

228 Aunque los Reyes Católicos presionaron entonces para que doña Juana y don Felipe vinieran a España para ser reconocidos herederos por las Cortes de Castilla y de Aragón, el archiduque dilató el viaje en espera de lograr aclarar el panorama internacional pactando con Francia la boda de su hijo primogénito con la heredera del reino francés y tratando de obtener que los Reyes de España y Francia renunciaran en ellos el reino de Nápoes y le dieran a él su pingüe administración hasta la mayor edad de don Carlos. Doña Juana y don Felipe sólo serían formalmente reconocidos como herederos de Castilla y de Aragón el 22 de mayo (Cortes de Toledo) y el 4 de agosto (Cortes de Zaragoza), res­pectivamente, del año 1502.

229  O con otras expresiones substitutas: «no siendo», «sólo», «sino que», «menos», «mas que», «excepto». En Uña de Quintana b el verso correspondiente es: «si no son unos guantes de oros    que le di de enamorada». En los tipos de «Montaña astur-leonesa» y «Picos de Europa», por incompren­sión de la extraña restricción, dan un nuevo sentido al verso reemplazando esas expresiones por «tam­poco» (con lo que el verso se convierte en una reafirmación de la esperanza de que la alianza familiar no se rompa).

230  P. Bénichou, Creación poética, p. 101.

231  «No quiero que lo tenga,    ni tampoco que lo traiga, / quiero que se lo den    a mi hermana», Fasgar (León occ.); «y ése mando que le den    a una de mis hermanas», Villaquilambre (León), del tipo «Montaña astur-leonesa»; «Quíteselo, el rey mi padre,    para una de mis hermanas», San Pedro de la Viña (Zamora). Similarmente, en una versión de Uña de Quintana (Zamora) se dice: «y si los guantes aquellos    se los deis a mi hermana».

232  Soto de Sajambre (León).

233  Palacio de Sil (León).

234  Véase n. 228.

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

*   12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

*    13.- 7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES

*    14.- 8. LA «EPHEBI FILII SENEX FORTITUDO»

*    15.- 9. LA PASIÓN AMOROSA POR MARGARITA

*   16.- 10. SUBVERSIÓN DE LA ESTRUCTURA DE LA SEGUNDA SECUENCIA: EL TRIUNFO DEL AMOR EN LA MUERTE

*   17.- 11. LOS DERECHOS DE LA MUJER

*   18.- 12. LA ESPERANZA DE UN HEREDERO PÓSTUMO

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Imagen: cuadro de Bernhard Strigel: Retrato del Emperador Maximiliano I

18.- 12. LA ESPERANZA DE UN HEREDERO PÓSTUMO

18.- 12. LA ESPERANZA DE UN HEREDERO PÓSTUMO

12. LA ESPERANZA DE UN HEREDERO POSTUMO.  II  PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

      unque «marcado» por su nacimiento postumo y, por tanto, destinado para el pa­pel de héroe, el hijo del moribundo no constituye en el romance el centro de aten­ción que fue para los contemporáneos 185, cuando alimentó su esperanza de tener un sucesor de la monarquía de España que fuera natural de ella 186. Sin embargo, en áreas muy distantes entre sí de la tradición se reclama para el heredero postumo (al menos en caso de ser varón187) el principado de España:

— Mira, si tuviere hijo,    mi corona le sea dada,
mi corona y mi anillo,    mi sello con que sellaba188;

— Se troujese mujer hembra,    que sea reina de España;
se troujese hombre varón,    mi corona le dejaba189;

— Si la infanta pare niña,    enreinadla en Salamanca;
si la infanta pare niño,    enreinadle en toda España 190;

— Ella si trae un varón,    que sea príncipe de España;
ella si trae una henbra,    que sea monja en Santa Clara191

o se prevé la regencia, durante la menor edad del niño, de la princesa su madre:

— Si la reina pare un hijo,    será reina encoronada;
si la reina pare una hija,    será reina endesdechada192.

Así dicen los judíos de Marruecos y de Esmirna y los cantores cristianos de Lu­go, el Occidente de Asturias, el N.O. de León y un lugar de Zamora 193 y otro de Ourense 194. La dispersión de la variante por tan distantes y variadas ramas de la tradición nos prueba que el romance tuvo que nacer en aquel otoño de 1497 en que España, «privada (como dice Anglería) del único ojo que tenía» 195, aguardaba el fruto de la preñez de la princesa Margarita como «reparo y consolación» (según las palabras de los reyes al comunicar en diciembre de 1497 la esperanza de suce­sión a su consuegro Maximiliano de Austria 196. Esa coyuntura, frustrada no mu­chos días después de escrita esta carta 197, quedó fijada en la estructura del roman­ce, y aún hoy sigue alimentando la esperanza de los muchos cantores del romance que se conduelen de la muerte del don Juan romancístico, pero mantienen a la princesa en indefinido estado de gestación 198.

 Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

 

185  Sólo en la tradición canaria la preocupación por el fruto del embarazo de la esposa se hace do­minante; pero, como resultado de ello, la narración se desvía hacia el tema de otro romance presente en la tradición oral, La muerte ocultada, del que la escena inicial del nuestro se convierte en mera in­troducción. En las restantes áreas de la tradición, la presencia de la cláusula testamentaria en favor del reconocimiento de los derechos del hijo postumo no impide que el centro de atención del agonizante sea su amada. El diálogo con el padre (o madre) se mueve inexorablemente en esa dirección desde el momento mismo en que don Juan revela o recuerda que su esposa está embarazada. Los cantores po­pulares de los siglos XIX y XX no comparten la nostalgia por un devenir histórico frustrado que repeti­damente han expresado los visitantes ilustrados del hermoso sepulcro del príncipe don Juan en Santo Tomás de Ávila, esculpido por el maestro Domenico Fancelli.

186  El testamento de don Juan, dictado el 4 de octubre a su secretario Gaspar de Gricio, contiene la cláusula (p. 237 de la ed. citada en la n. 168):

    «Dexo por mi legítimo e universal heredero de todos los otros mis bienes remanientes a mi hijo o hija que pariere la serenísima princesa, mi muy cara e muy amada muger, de que agora está preñada».

    Nada dice, claro está, de que en la herencia se halle incluido el derecho a suceder a sus abuelos en los reinos de España, pues no tenía atribuciones para decirlo. Sin embargo, a pesar del precedente histórico contrario, representado por la sucesión de Sancho IV al trono, en detrimento de los derechos de su sobrino el niño don Alfonso de la Cerda, primogénito (vivo y no póstumo) del primogénito de Alfonso X muerto antes de heredar a su padre, los reyes debieron de optar, sin vacilar, por el dere­cho de «representación» consignado en Las Partidas. Ya en tiempos de Juan I, con motivo de las pretensiones al trono de los descendientes ingleses del rey don Pedro, los juristas castellanos habían reconocido la ilegitimidad de la dinastía desde Sancho IV (defendiendo el derecho al trono de su rey por vía materna, a través de Francia), tesis que aún conservaba carácter oficial bajo los Reyes Católi­cos (como confirma la Crónica de los Reyes Católicos de Fernando del Pulgar, ed. J. de M. Carriazo, Madrid: Espasa Calpe, 1943, p. 71), y, algún tiempo después, don Fernando, en las Cortes de Toro de 1505, establecería decididamente: «que siempre el fijo e sus descendientes legítimos, por su or­den, representen la persona de sus padres, aunque sus padres no ayan subcedido en los dichos mayoradgos». El carácter póstumo del hijo en nada cambiaba la situación mientras naciese dentro de los diez meses después de la muerte de su padre. La intención de los Reyes Católicos se transparenta en la carta de Pedro Mártir escrita desde la corte camino de Alcalá de Henares el 19 de octubre: «... dejaba encinta, cuando murió, a Margarita; si da a luz un hijo, nos traerá alguna esperanza, aun­que a largo plazo».

187  El romance duda si, en caso de ser hembra, el hijo postumo tendría derecho al principado de España. Por lo ocurrido poco más tarde en las Cortes de Zaragoza de 1498, sabemos que los aragone­ses no habrían reconocido a la niña; en Castilla, en cambio, las hembras podían heredar, a falta de va­rón. Razones de Estado habrían inclinado a los Reyes Católicos a buscar un argumento legal que les permitiera transmitir los reinos al nieto portugués que les habría de proporcionar en breve la hermana mayor del príncipe don Juan. Me temo que en tal caso se exigiera de la hija de madama Margarita la misma decisión que proponen algunas versiones romancísticas:

Y si trajera una infanta,    que no quiera ser casada,
que la estudie para monja    al convento ’e Santa Clara.

188  En una versión sefardí de Tánger, recogida en 1905-1906 por José Benoliel.

189  En la versión gallega de Paradaseca a (Ourense), citada en la n. 30.

190  Versiones sefardíes de Marruecos (mayoría).

191  Con variantes (mayores o menores), una mitad de las versiones del tipo «Astur-Galaico» y va­rias versiones zamoranas recogidas en Uña de Quintana.

192  Versiones sefardíes de Esmirna (mayoría).

193   El citado en la n. 191.

194   El citado en la n. 189.

195   «Vnico quem habebat oculo amisso» (al comunicar al Cardenal de Santa Cruz la muerte del príncipe, carta de 19 de octubre de 1497, arriba citada).

196   «Nosotros trabaiamos en consolarla y darle plazer, como si nada perdiera, y de su preñez stá buena, bendito Dios, y speramos de su misericordia que el fruto que d’ella salirá será reparo y conso­lación de nuestro trabaio» (Instrucción de los Reyes Católicos a Gutierre de Fuensalida, Alcalá, 8 de diciembre de 1497), D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, p. 7.

197  Es seguro que el aborto no se había aun producido el 18 de octubre, cuando escribe Anglería desde Víllasandino yendo la Corte hacia Alcalá. No es dato tan seguro el contenido de la citada «Ins­trucción» a Fuensalida del 8 de diciembre, dadas las astucias diplomáticas del Rey Católico (cfr. ade­lante n. 208); pero es muy probable que la esperanza de heredero continuara. Desde luego el aborto ocurrió antes del 5 de enero de 1498 en que Anglería comunica la noticia al Arzobispo de Braga (vé­anse las nn. 200 y 205).

198  Es lo que ocurre en la tradición sefardí de Marruecos y de Oriente, en las Canarias, en Ourense (mayoría), en el tipo «Portugués» (mayoría), en el tipo «Alba de Aliste» y en algunas versiones sueltas: Villardeciervos (Zamora), Cembranos y Lulo (León), Casomera a (Asturias), Guiñas y Barangón (Lugo).

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

*   12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

*    13.- 7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES

*    14.- 8. LA «EPHEBI FILII SENEX FORTITUDO»

*    15.- 9. LA PASIÓN AMOROSA POR MARGARITA

*   16.- 10. SUBVERSIÓN DE LA ESTRUCTURA DE LA SEGUNDA SECUENCIA: EL TRIUNFO DEL AMOR EN LA MUERTE

*   17.- 11. LOS DERECHOS DE LA MUJER

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Imagen: retrato de Margarita de Austria hacia 1490, pintado por Jean Hey.  Metropolitan Museum, New York

17.- 11. LOS DERECHOS DE LA MUJER

17.- 11. LOS DERECHOS DE LA MUJER

11. LOS DERECHOS DE LA MUJER. II  PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

      n la tradición del tipo «Portugués» la existencia de la amante plantea un proble­ma moral153, que los padres de don Juan van a tratar de resolver forzando la confe­sión de su hijo antes de que muera154

— Que é isso, ó meu filho,    retrato da minha cara?
S’estás em passo de morte,    só te peço ũa palavra:
se tu deixas neste mundo    algũa menina enganada.
— Deixo a dona Isabel,    há set’anos enganada155;

y exigiéndole algo más que el fácil recurso de compensar a la «menina desgraçada» con dinero:

— Já le deixo vinte contos    só por ver se ela casava.
— Que é isso, ó meu filho?    Que é isso? Não é nada!
A honra dũa donzela    dinheiro nenhum a paga!156

En consecuencia, cuando la amante acude a su lado, tratando de infundirle esperanzas de vida:

—Venho de pedir a Virgem      que te tire dessa cama,

él ya no replica con una evocación de su entierro, sino arrepintiéndose de no ha­ber formalizado sus lazos amorosos con ella:

— Se daqui me levantasse,    ó minha rosa encarnada,
vestira-te d’ouro fino    e de prata agaloada,
levaria-te eu à igreja,    trazia-te bem casada157.

Este arrepentimiento158 es bastante para algunos transmisores del romance159, que permiten, seguidamente, morir tranquilo a don Juan:

Virou-se para a parede,    a alma a Deus entregara 160;

pero otros, más preocupados por la suerte de la amante viuda que por el alma de don Juan, introducen un final elegiaco, haciendo que la «menina» se queje en un patético planto:

Deitou as mãos ao cábelo    a chamar-se desgraçada:
— Ai de mim, triste viúva,    viúva sem ser casada!161

final éste que otros cantores han reelaborado para hacer más explícito el problema inherente a la definición de la desgraciada como «viuda sin ser casada»:

Lançou as mãos a cabeça   e chamou-se desgraçada.
— Não arregues teus cábelos    nem cortes a tua gala,
p’ra que a gente te não chame   viúva sem ser casada.
Se estiveres na janela    e meu corpo ali passar,
retira-te la p’ra trás    que te não ouçam chorar!162

      Las duras palabras que emplea el moribundo cuando advierte a su amante que le está prohibido el llanto en público no tienen la intención de avergonzarla (ante sí misma o ante nosotros), como entiende Bénichou163, sino, por el contrario, que­jarse ante nosotros, los oyentes, de que la sociedad, al no admitir como viuda a la «menina desgranada», refrenda, con su costumbre y su ley, el comportamiento ini­cial de don Juan, cuando, amparado en su riqueza, pretendía abusivamente pagar honras con dinero, y no el del don Juan arrepentido, que reconoce los derechos de la mujer con la que ha vivido.

      Esta lanza en favor de los derechos de la amante de don Juan nos pone de re­lieve que la evolución hacia lecturas sentimentales, románticas, puede encubrir adecuaciones de los arquetipos narrativos del romancero tradicional a las preocupaciones sociológicas de las comunidades humanas que, desde hace siglos, vienen utilizándolos.

      Paul Bénichou, guiado en su crítica de la tradición oral por una estética «literaria» 164, suele calificar negativamente de «plebeyas» las variantes que manifiestan la preocupación del moribundo por la suerte material de su viuda recién casada o «sin ser casada»165; pero la lectura «económica» o «socio-económica» del romance no es una invención «rústica», sino que tiene su punto de partida, como cualquiera de las otras, en la propia historia.

      Ya hemos visto cómo en la mayoría de versiones la solución que don Juan busca para la temprana viudedad de su esposa es encomendarla al cuidado de sus pa­dres (de los de él). Pero el recurso de reclamar la transferencia del amor paterno a la nuera (mediante el señuelo del nieto postumo166), no puede ocultar el problema nue acongoja al moribundo: su imposibilidad de disponer de un patrimonio, en el que dejar establecida a su mujer, independientemente de lo que sus padres quieran hacer en favor de ella una vez que se halle viuda. De ahí su patética súplica:

— De las joyas que le di,    por Dios, no le quitéis nada167,

común a los tipos mayoritarios «Castellano-Leonés», «Picos de Europa» y «Mon­taña astur-leonesa», así como la explicación que a esa súplica anteponen las versio­nes de tipo «Castellano-Leonés».

— A la tú esposa, don Juan,    l’harás una buena manda.
— Mientras mis padres vivieran,    yo no puedo mandar nada.
— Mándale, hijo, lo que quieras,    de nada será privada.
— Las arras y los anillos,    padre, no le quite nada.

Esta súplica del don Juan romancístico podría creerse muy impropia del don Juan que moría en 1497; pero, si en el testamento histórico del príncipe leemos la cláu­sula referente a la esposa, y no únicamente la petición al padre (que Ortiz nos transmite), veremos que el don Juan hijo de reyes también estaba forzado a enco­mendar la suerte de la esposa a los padres:

    E suplico a sus altezas que hayan encomendada la serenísyma princesa, mi mui cara e mui amada muger, e mandar cumplir con ella las arras que le prometieron, e hagan con ella como yo de sus excelentysymas virtudes espero, lo qual remito a lo que a sus altezas bien visto fuere.

      Con excepción de las arras prometidas, cuya entrega depende del cumplimien­to o no, por parte de los Reyes Católicos, de lo pactado antes de las bodas, el príncipe «no puede mandar nada», sólo rogar 168. Sabemos, por el Libro de la Cámara del Príncipe don Juan de Gonzalo Fernández de Oviedo, que los reyes retuvieron la soberanía del principado de Asturias y de las muy importantes ciudades que des­glosaron de la Corona para formar el patrimonio del príncipe 169, el cual, aunque podía disponer de sus rentas, no tenía autoridad para enajenarlas 170.

      Aunque en algunas versiones modernas el príncipe tiene intención de dejar a la princesa ese patrimonio de origen regio:

— Yo la dejaré Sevilla,    yo la dejaré Granada
y a las Asturias de Oviedo,    sin ellas no vale nada 171;

en otras esta intención se condiciona a la voluntad de los reyes:

— Si mis padres son gustantes,    dexo Sevilla y Granada172

de acuerdo con el sentir mayoritario de la tradición173.

      El «motivo» de la impotencia para disponer de bienes que garanticen el futuro económico de la mujer amada sigue siendo prioritario para los cantores del roman­ce en una extensa área de la tradición. La sociedad rural, en que desde hace siglos se canta la muerte de don Juan, es muy sensible al problema de la familia, la propiedad y la herencia. No puede extrañarnos que haya hecho suya la tragedia de una mujer casada en tierra ajena, cuyo marido, a la hora de la muerte, lo único que puede ofrecerle es la buena disposición de su propio padre a concederle un lugar dentro de la familia paterna. De ahí que el «motivo» no sólo se manifieste en el diálogo del hijo con el padre (o madre), sino también en la propia despedida de la mujer. En los tipos mayoritarios «Castellano-Leonés», de «Picos de Europa» y de la «Montaña astur-leonesa» el moribundo visualiza ante ella el propio entierro:

— Luego me levanto, esposa,    el lunes por la mañana,
con los pies amarillitos    y la cara amortajada;
llorando irás a la iglesia   y te volverás a casa.
                                          (tipo «Picos de Europa»);

— Yo me he de levantar   el lunes por la mañana,
en un ataúd de pino,    entre sábanas de holanda;
me llevarán a la iglesia   mucha gente en acompaña,
tú te irás detrás de todos    muy triste y desconsolada

o, donde la costumbre no admite la asistencia de mujeres al entierro;

tú te quedarás llorando   muy triste y desconsolada
                    (una y otra en el tipo «Castellano-Leonés)174:

— Si levantaré, querida,    de la cama pa las andas;
verás mi cuerpo tendido    pidiéndote una mortaja
y los curas a la puerta   para sacarme de casa.
Juntos iremos a misa    a la ermita ’e Santa Clara,
tú con el tu luto negro,    yo con mi mortaja blanca.
Yo me quedaré allí,    tú te vendrás para casa,
tus ojos serán dos fuentes    que manarán agua clara
y regarán campos verdes    entre Sevilla y Granada.
                                     (tipo «Montaña astur-leonesa»),

pero esa visualización no es sólo un modo de comunicarle patéticamente el fin de toda esperanza, sino una brutal advertencia sobre el desamparo en que, una vez que él haya muerto, va ella a hallarse, desposeída de su hogar:

— Verás las calles oscuras    y las tus puertas cerradas
y la justicia a la puerta   pidiéndote las fianzas,
y no tendrás quién te fíe,    esposa mía del alma
            (tipos «Castellano-leonés» y «Picos de Europa»);

— De mis tíos y parientes    serás la más despreciada
y te quitarán las llaves    como a una ruin criada
                                   (tipo «Montaña astur-leonesa»).

Ante tal desamparo, la viuda, según la tradición de los tipos «Castellano-Leonés» y «Picos de Europa», sólo tendrá un recurso, buscar el apoyo de los suegros:

— Si no tienes quién te fíe,    mi padre el rey te fiara
          (tipo «Castellano-Leonés», subárea castellana)175

— Si no es el rey mi padre,    que allí le queda la manda;

— No siendo los reis mis padres,    porque a ellos les tocaba;

— Que te fíe el rey mi padre,    después de Dios a él tocaba;

— Fiarás del rey mi padre    que el derecho te guardara;

— Que te fíe el rey mi padre,    que a él te dejo encargada
(variantes todas ellas del tipo «Castellano-Leonés», subárea zamorano-leonesa)176

— Allí te fiaran mis padres    que a ellos te dejo encargada
                                                     (tipo «Picos de Europa»).

En el tipo «Montaña astur-leonesa» el esposo moribundo no ofrece a su esposa sa­lida alguna; pero en un grupo de versiones de ese tipo la oferta de integración en la familia del marido será hecha enseguida por el propio suegro, cuando ella caiga desmayada:

El suegro, que a punto estaba,    luego acudió a levantarla:
— Arriba, arriba, mi nuera,    arriba, arriba, mi esclava,

motivo aclarado en algunas versiones con un verso adicional:

arriba, arriba, mi nuera,    no quedas desamparada177.

El pacto, cuando lo hay, no resulta satisfactorio para la viuda, a pesar de la buena disposición que manifiesta el suegro, padre del moribundo. Su «respuesta» es, invariablemente, la muerte. En los tipos «Castellano-Leonés» y «Picos de Europa, de forma inmediata»:

Estando en estas palabras    cayó al suelo desmayada;
no la han sabido volver   ni con vino ni con agua,
ni con agua ni con vino    no pueden resucitarla;

en la «Montaña astur-leonesa», puede producirse también de forma inmediata (sin mediar desmayo), o tras las palabras del suegro arriba mencionadas, pero la «respuesta» de la esposa es idéntica y está plenamente clarificada, sea por ella misma:

— No lo querrá Dios del cielo    ni la Virgen soberana,
no lo querrá Dios del cielo    que quede desamparada—,

sea por el narrador:

No quiso Dios de los cielos    quedase desamparada

o

Tuvo fortuna la niña,    no quedó desamparada178,

antes de constatar:

que él murió a la media noche,    la niña al riscar el alba179.

Sólo una de las versiones considera aún preciso explicitar la razón de esa segunda muerte 180:

que no quiso Dios del cielo,    porque en tierra ajena estaba.

      Está bien claro. El romance, en esta extensa área de la tradición ocupada por los tipos mayoritarios, tiene como mensaje una protesta social, una protesta en cierto modo "feminista"181, ante la inutilidad, en medios campesinos, del derecho concedi­do en las Cortes de Toro (1505) por Fernando el Católico de que «el fijo e fija casado e velado sea ávido por hemancipado en todas las cosas para siempre»182, substrayén­dolo así de la patria potestad en que Las Partidas aún le obligaban a vivir183.

      El tono de protesta con que el romance exhibe el desamparo de la viuda se confirma y refuerza en las versiones que hemos agrupado en el tipo «Alba de Aliste» procedentes de la frontera zamorana con Portugal, que suelen empezar con los versos: — «Santísimo Sacramento    ¿dónde vas tan de mañana? / — Voy visitar un enfermo      que está muy malito en cama». En estas versiones de la «raya» de Portugal (y en una versión de Tierra de Campos, en algunas zamoranas y leonesas y en una asturiana184) la entrevista del moribundo con su padre ha sido eliminada, pues su mujer ni es joven ni está preñada y, por tanto, no hay por qué tratar de integrarla en el hogar paterno; pero la viuda, madre ahora de varios hijos, sigue sien­do vista como la víctima, no ya de la Fortuna, que con la muerte del esposo le pri­va del sustento aportado por el pater familias, sino de una sociedad opresiva, que persigue con sus instituciones a los débiles:

— Sí me aliviará, mujer,    antes de por la mañana:
verás curas a la puerta,    los confrades con las hachas,
me verás poner en pino    entre sábanas de holanda,
me verás coger al hombro,    me verás salir de casa,
me verás ir a la iglesia,    oirás misa cantada,
me verás ir al sepulcro    donde el cristiano remata,
me verás tapar con tierra,    tú te volverás pa casa,
verás las mis puertas negras,    mis llaves enferrojadas,
verás comer la justicia,    para tus hijos no hay nada.

 Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS


153 En Portugal la preñez de la mujer sólo sirve como signo de deshonra; el niño no tiene ningún papel.

154 La tradicional entrevista del moribundo con su padre (o padres) cambia radicalmente de propósito. Ya no es una dolorosa despedida, sino una llamada de atención paterna al hijo por su conducta moralmente inaceptable.

155 Esta pregunta, con variantes, caracteriza a la mayoría de las versiones de Algarve, Alto Alemtejo, Beira Baixa y Beyra Alta, Minho y Tras-os Montes, y a las versiones análogas, que incluimos en este tipo, de Buxán a, b, Rubiales, Paradaseca b (Ourense), Calabor a, b, Vigo de Sanabria, Molezuelas de Carballeda, Figueruela de Abajo, Torres de Aliste b (Zamora).

156  La mayoría de las versiones de Beira Alta y Trás-os-Montes, la de vila Nova de Portimão (Algarve) y las de Buxán a, b, Rubiales, Paradaseca b (Ourense), Calabor a, b, Vigo de Sanabria, Figueruela de Abajo y Torres de Aliste b (Zamora), con diversas variaciones en la expresión.

157  Cito por una versión de Gimonde (Trás-os-Montes) recogida en 1935 (J. de Leite de Vasconce­los, Romanceiro portugués, pp. 21-22, núm. 8). Una mayoría de las versiones de Beira Alta y Trás-os-Montes son análogas; también la de Vila Nova de Portimão (Algarve).

158  Las variantes de discurso que se dan en esta escena pueden verse agrupadas en CGR, III, ro­mance n° 70, Disc, secuencia Y I /// f, h, i, (pp. 400-401) y secuencia 2/// bg, bh (p. 416). Algunas ver­siones, quizá más conservadoras (portuguesa s. L, Parada, Carviçaes a, b, Ligares b}, conciben a la in­versa el diálogo en que el moribundo manifiesta el arrepentimiento por no haber protegido debidamente a su amante. Son los padres los que le proponen satisfacer la deuda de honor con dinero: «— Paga-la tu com dinheiro,    que o dinheiro tudo paga»; «— Eu lhe darei mil dobrões,    para ver se a calava, / darei-lhe inda mais duzentos,    para ver se a casava». Y es el amante quien moraliza: «E o filho então dizia,     por sua boca falava: / — A honra duma donzela    com dinheiro não se paga»; «— Cale-se la, o minha mãe,    com isso não me diz nada, / por bem dinheiro que eu deixe,    a honra nunca é paga».

159  Sólo una versión tradicional (Rapa b, publicada por M. A. Furtado de Mendonça en RL, XIV, 1911, pp. 13-14) y la que publicó Almeida Garrett recurren a la solución del casamiento in extremis.

160 Verso que, con ligeras variantes, figura en cinco versiones de Trás-os-Montes.

161  Versión de Rapa (conc. Celorico da Beira) recogida el 5-IX-1910 (J. Leite de Vasconcelos, Romanceíro portugués, I, pp. 25-26, núm. 14).

162  El primer verso aparece, con variantes, en dos versiones de Beira Alta (Lajeosa y Rapa) y otras dos de Trás-os-Montes (Gestosa, Bragança s. l.); el segundo en cuatro versiones de Trás-os-Montes (Gestosa, Gimonde a, b, c) y, limitado al destrozo de «as galas», en otras tres (Ligares a, Carviçais a y Bragança s.l.). Cito los últimos tres versos según una versión de Rebordãos (Trás-os-Montes); pero rea­parecen además, con algunas variantes, el primero en Ligares a, Carviçais a y Bragança s.l. y el cuarto y quinto en Carviçais tí y en Parada.

163  P. Bénichou, Creación poética, p. 112.

164 Gracias a su sensibilidad de lector, Bénichou ha captado muy bien y expuesto de forma maes­tra la evolución del tema hacia lecturas sentimentales, románticas, evolución que hoy podemos considerar como una de las grandes tendencias de los arquetipos narrativos del romancero tradicional en su paulatina adaptación a un mundo de valores nuevo. En cambio, ha desestimado otro proceso, no me­nos importante, que compite con éste en la reorganización y reinterpretación de los motivos de la na­rración: el interés de los narradores en poner de relieve los problemas de orden social y económico la­tentes en la historia recordada, dimensión de la vida que no puede dejarse a un lado al examinar diacrónicamente el género constituido por el romancero oral.

165 P. Bénichou, Creación poética, pp. 102, 118.

166  Cuando, en una mayoría de versiones, don Juan recuerda que su esposa (o enamorada) es una madre gestante («mi esposa queda preñada», «de mi queda embarazada» «ya sabéis que encinta esta­ba», «es niña y queda ocupada», «es niña y encinta estaba», «que de mim ficou pejada», «de siete me­ses preñada», «de siete meses cargada», «nueve meses alumbrada», etc.), no sólo invoca su estado para recordar la esperanza de heredero, sino para que sus padres se conmuevan y la protejan. Así lo entendieron multitud de cantores, que fueron echando en olvido los derechos sucesorios del niño para preocuparse crecientemente por la madre.

167  Con variantes como: «De los dones que le di», «De el dote que yo le di», «De cuanto yo le he dado», etc.

168  El testamento del príncipe don Juan se conserva en el Archivo de Simancas (Estado. Patronato real. Téstamenos. Legajo núm. 5, fol. 3°). Fue publicado por la Sociedad de Bibliófilos Españoles como anejo al Libro de la Cámara real del príncipe don Juan de Gonzalo Fernández de Oviedo, Madrid, 1870, entre los «Documentos relativos a la enfermedad y muerte del príncipe D. Juan», apartado B, pp. 233-238. Cito el texto teniendo a la vista el manuscrito de Simancas. La retórica del testamento no puede dejarnos pasar inadvertido que el presunto heredero de la «ingente mole de tantos reinos» (como Anglería dice en su carta al Arzobispo de Braga de 5 de junio de 1498, sobre la cual luego ha­blaremos) nada podía dejar por sí mismo a la princesa: la semejanza de la súplica testamentaria a los reyes con la conservada por el romance es bien notable (obsérvese que el príncipe encomienda el bie­nestar de su esposa a los padres con independencia total de la situación de madre gestante en que ella se halla, hecho que hará constar más adelante en otra cláusula, cuando hereda a su hijo postumo).

169  El 20 de mayo de 1496, en Almazán, recibió la donación del Principado de Asturias; luego la de Alcaraz y en un mismo día las de Salamanca y Toro, Cáceres y Trujillo, Baeza, Ecija, Ronda y Loja, Logroño (G. Fernández de Oviedo, Libro de la Cámara, ed. cit, pp. 213, 226, 231).

170  Los reyes mantuvieron la jurisdicción real sobre el patrimonio del Príncipe. Gonzalo Fernán­dez de Oviedo, Libro de la Cámara, pp. 214, 227, 229, hace constar explícitamente que no podía don Juan enajenar parte ninguna de él.

171  Este deseo lo expresan varias versiones del tipo «Cántabro». Cito por Tresabuela. Variantes: «Yo la mandaré a Sevilla,    yo la mandaré a Granada» (La Puente del Valle); «Pues yo le mando a Sevilla,    a Toledo y a Granada» (Luriezo); «Mándale tú, mi sobrino,    a Trujillo y a Granada» (Uznayo b). En Pesaguero la variante se enriquece con reminiscencias de la épica medieval: «Yo le man­dare a Sevilla,    yo le mandare a Granada / y, si no basta con esto,    a Torre y a Torquemada».

172  El Bao (Ourense).

173  Expresado en el verso, arriba citado «< Mientras mis padres vivieran (~ vivan los mis padres), > no le (~ yo no) puedo mandar (~ dejar) nada» o «< qué quieres que yo le quede, > señor, si no ten­go nada» o «> mi manda no vale nada» que aparece en versiones de Valladolid, Burgos, Palencia, Za­mora, León, Asturias y Ourense, y que, en otras versiones, aunque no llegue a explicítarse en un verso, resulta no menos patente.

174 La primera posibilidad es la predominante en el área occidental del tipo «Castellano-Leonés» (Sur de León, Zamora y Guadramil en Trás-os-Montes}; la segunda es la propia de su área central (Va­lladolid, Palencia, Burgos, Segovia).

175  Según hemos visto en la n. 174, el tipo «Castellano-Leonés» se subdivide en dos subáreas: una central o castellana y otra occidental o zamorano-leonesa.

176  Véase la nota anterior.

177  Villanueva de la Tercia (León). Versos, hasta cierto punto, similares en Velilla de la Tercia, Rodiezmo, Ventosilla y Buiza.

178  Cito por La Seca de Alba, Cabornera y San Martín de la Tercia (León), respectivamente. Muchas otras versiones son similares.

179  La generalidad de las versiones del tipo «Montaña astur-leonesa».

180  La Robla a (León).

181  La negativa de la joven viuda a aceptar el pacto hecho a sus espaldas entre su marido y su sue­gro, mediante el que se asegura su integración en la familia, cuenta, a lo que creo, con la aprobación de las cantoras del romance, las cuales en el curso de los últimos siglos han sido los fundamentales transmisores (y recreadores) del patrimonio poético colectivo.

182  «Ordenamiento de las Cortes de Toro de 1505». En Cortes de los antiguos reinos de León y de Castilla publicadas por la Real Academia de la Historia, vol. V, Madrid: Sucesores de Rivadeneyra, 1882, p.211.

183  En la IV Partida, Titules XVII y XVIII, al tratar respecto a la patria potestas de «las razones porque se tuelle el poderío que han los padres sobre los hijos» y, especialmente («Ley XV»), de la em-pancipatio, no se contempla que el casamiento sea causa de emancipación, Quaría Partida, Salamanca: Andrea de Portonariis, 1555.

184  Mazariegos (Palenda), San Pedro de la Viña y Uña de Quintana (Zamora), Calzada de Valdería a, Cembranos y Lulo (León), Casomera a (Asturias).

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

*   12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

*    13.- 7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES

*    14.- 8. LA «EPHEBI FILII SENEX FORTITUDO»

*    15.- 9. LA PASIÓN AMOROSA POR MARGARITA

*   16.- 10. SUBVERSIÓN DE LA ESTRUCTURA DE LA SEGUNDA SECUENCIA: EL TRIUNFO DEL AMOR EN LA MUERTE

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16.- 10. SUBVERSIÓN DE LA ESTRUCTURA DE LA SEGUNDA SECUENCIA: EL TRIUNFO DEL AMOR EN LA MUERTE

16.- 10. SUBVERSIÓN DE LA ESTRUCTURA DE LA SEGUNDA SECUENCIA: EL TRIUNFO DEL AMOR EN LA MUERTE

10. SUBVERSIÓN DE LA ESTRUCTURA DE LA SEGUNDA SECUENCIA: EL TRIUNFO DEL AMOR EN LA MUERTE. II  PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

       l interés predominante de los transmisores peninsulares del romance por la trage­dia de don Juan vista en relación con su función de «esposo» (y dejando, por tanto, en segundo plano la tragedia en tanto en cuanto «hijo único» y en tanto en cuanto «padre de un heredero») llegó a hacer en un momento dado inadmisible la estruc­tura tradicional de la segunda secuencia del romance, la de su testamento, concebi­da, por fidelidad a los hechos históricos, como una entrevista con su padre (o, todo lo más, con los padres). La amada esposa no podía seguir figurando en el romance únicamente como objeto de las recomendaciones de don Juan a sus padres y como silenciosa sombra que, en el minuto final, cruza el escenario.

      Cuando ahora se haga presente en la escena, interrumpiendo el diálogo con el padre:

— ¡Apartaros, caballeros,    que allá va la desgraciada!112

— ¡Arredren, señores, arredren,    que ahí viene la desgraciada!113;

— ¡Hagan corro, los señores,    que viene la enamorada!
Esta se puede llamar   viuda sin ser casada114;

— Mírela por dónde viene    por enmedio de la sala,
toda cubierta de luto,    un velo negro a la cara115;

Y estando en estas razones,    entra ella por la sala,
desmelenado el cabello,    el rostro bañado en agua116;

Estando en estas razões,     dona Isabel que chegava,
descalça e em cábelo,     seus pés de brancos mirava,
deitando as mãos a cabeça,      chamando-se desgraçada117,

la esposa ya no carecerá de voz. El príncipe y la princesa, el amado y la amada, se apoderarán con su diálogo de la escena.

      La tradición oral moderna presenta dos desarrollos de este diálogo muy distin­tos (aunque no siempre mutuamente excluyentes).

      El más común, extendido por todos los tipos mayoritarios del N.O. de la Península118, es muy similar al que en la tradición sefardí sostenía el príncipe con sus padres119:

— ¿Dónde vienes, la mi luna,    dónde vienes, bien de mi alma?
— Vengo de San Salvador,    de oir la misa del alba,
de pedir a Dios del cielo    te levantes de esa cama.
— Sí me levantaré, sí,    el lunes por la mañana,
en un ataúd de pino    y una sábana de holanda;
me llevarán a la iglesia    mucha gente en mi compaña,
tú te quedarás llorando,    muy triste y desconsolada.

      Aunque los versos por mí escogidos para ejemplificar el episodio tienen múltiples sustitutos que matizan la información en formas varias 120, la estructura de la escena es muy fija (salvo en la tradición portuguesa, que pone en boca de don Juan una respuesta muy distinta, según luego veremos) 121.

      La otra concepción de la llegada de la esposa-amada ha quedado arrinconada en áreas apartadas y dispersas: en el pequeño grupo de versiones «Cántabras», en el tipo «Astur-Galaico», extendido por Lugo, el Occidente de Asturias y los valles altos del Sil y el Cúa, y en dos versiones independientes muy singulares, una de Ourense (Paradaseca a) y otra sin lugar. Según esta otra concepción, la esposa o amada viene a regalar al enfermo con un manjar delicado:

— Amante del alma mía,    amante mío del alma,
tomarás esta perita    en vino blanco mojada122;

— ¿Comeráste, mi marido,    una pera en dulce asada?123;

— Aquí te traigo tres peras,    tres peras y una manzana,
¿si las comieras, mi vida,    si las comieras, mi alma?124

Regalo que el enfermo acepta, como última muestra de amor:

— Sí la comeré, esposita,    por ser de tu mano dada125;

— Yo comer, bien la comiera,    cebándomela quien me la daba126,

y, seguidamente, los enamorados, enlazados en un tierno abrazo, lloran juntos su próxima separación:

Juntaron rostro con rostro,    juntaron cara con cara127,

llora el uno, llora el otro,    la cama riegan en agua128,

pasaran siete colchones,    siete sábanas de holanda129;

o

a los gritos y a los llantos,    manaba una fuente clara 130.

Bénichou, aunque no es indiferente a la belleza de la escena («yo no me atrevería a decir que es mala poesía») consideró esta invención, que creía privativa de unas cuantas aldeas de Cantabria, como «otro ejemplo de poesía indudablemente rústica, hecha con materiales, pensamientos y patetismo plebeyos»131, juicio totalmente des­carriado, pues como ha notado Jesús Antonio Cid132, la escena es una reminiscencia del Tristán e Iseo romancístico, cuyas versiones impresas en el siglo XVI decían:

Juntan se boca con boca    quanto una missa rezada;
llora el uno, llora el otro,    la cama bañan en agua133;
el agua que de allí sale   una açucena regaua134.

[Y, conviene recordar, el romance viejo de Tristán e Iseo no hace en esta escena sino reproducir la creada por Thomas en el poema medieval de Tristan como re­mate de toda la historia (w. 3116-3126):

Embrace lë e si s’estent,
baisse la bouchë e la face
e molt estreit a li l’embrace,
cors a cors, buche a buche estent.
Sun espirit a itant rent
e murt dejuste lui issi
pur le dolur de son ami.
Tristant murut pur sun desir
..........................................
e la bele Ysolt par tendrur.]

      La incorporación de estos motivos del romance de Trístán e Iseo al de la Muer­te del príncipe don Juan no es, tampoco, fruto de una «contaminación» reciente (de los últimos siglos), ya que el romance de tema artúrico no se ha recogido nunca en la tradición oral moderna. De hecho, bien podría ser del propio siglo XV o prime­ros años del siglo XVI, ya que nos consta que, con el incipit «Mal se quexa don Tristán» formaba parte del núcleo de romances de tema amoroso que la reina Isabel, el príncipe don Juan, la Princesa de Portugal, las infantas y sus damas gustaban can­tar en la corte pocos años antes de la muerte de don Juan, en 1495-1496. Así nos lo revela el Juego trobado que hizo a la reyna Isabel con el qual se puede jugar como dados o naypes Pinar, juego en que «las coplas son los naypes y las quatro cosas que van en cada vna d’ellas han de ser las suertes». En él se halla, entre otras similares, la siguiente estrofa:

Un fresno, dama, os presento
con vna grúa crescida
y entre tanto el pensamiento
piensa en qué serés seruida.
Y el romançe que aquí os den
es aquel c’aueys oydo
mucho triste y dolorido:
Mal se quexa don Tristán.

Y el refrán dicho por nombre
Que a las vezes lleua el ombre135.

      Las dos escenas de despedida, una con la «evocación de la propia muerte, dominada, no por la angustia de morir, sino por la compasión a la esposa desamparada» (como resume certeramente Bénichou136), otra con la comunión amorosa y fu­sión de los enamorados en el llanto, empujaron la narración hacia un desenlace pa­tético, en que la esperanza de sucesión, el niño, no es obstáculo para que el amor conduzca a la madre al encuentro de su amado en la muerte:

Él murió a la medianoche      y ella al resquebrar el alba

coinciden en decir, no sólo las versiones «cántabras» y, con expresión algo diferente, las «astur-galaicas», sino también las de la «Montaña astur-leonesa», que tienen evocación de muerte y de entierro. La unión en la muerte no exige la eli­minación del niño (aunque la favorezca, pues en las versiones «cántabras» no hay ya embarazo). Así, en el tipo «Astur-Galaico» se nos puede presentar a la enamorada

con la barriga en la boca,    daba dolor el mirarla

 (o «para parir muy cercana»)137 y, sin embargo, rematar la narración diciendo:

Estando comiendo una,    el alma se le arrancaba.
Don Pedro murió a la noche,    Teresita a la mañana.
Y aquí se acabó la historia    de dos amantes del alma138,

o, más claramente aún:

Y aquí se acaba la historia    de dos amantes del alma
que por quererse y amarse    a Dios entregan el alma139,

sin que el arrastrar a la muerte al hijo en avanzado estado de gestación impida la unión de los dos amantes en el cielo 140; o incluso, en la propia tierra, mediante las transformaciones de los cuerpos en árboles, aves, etc., típicas del romance de El conde Niño o Amor más poderoso que la muerte141 (y expresadas con los versos típi­cos de este romance; una contaminación, pues, oportuna)142:

Uno entierran en el coro    y el otro al pie del altar.
De ella naciera una oliva   y de él nació un olivar,
cuando el aire era fuerte    ambos se iban a juntar...143.

El triunfo del amor (aunque sea en la muerte) se produce, por tanto, arrollando los deberes de procreación; problema moral éste explícitamente resuelto en favor del derecho de la mujer a escoger la muerte y no parir, en una versión de Páramo de Sil (León):

Él murió a la media noche,     y ella al romper el alba.
A ambos los van a enterrar     en unas andas de plata.
Cuando van por el camino,      su conversación llevaban:
— No tengo pena el morirme,    la muerte no es escusada,
tengo pena por el niño,     que va en las mis entrañas.
— Pues el niño es tuyo y mío,    que a nadie le importa nada.

Esto es, el no nacimiento del niño a nadie debe importarle.

      Frente a este desenlace, en que la enamorada sigue al enamorado en la muerte, las versiones del tipo «Castellano-Leonés» y las del tipo «Picos de Europa» precipitan la «respuesta» de la esposa, haciendo que, incapaz de soportar la evocación que don Juan hace de su propia muerte, sufra un desmayo mortal:

Estando en estas palabras    ha caído desmayada;
ni con agua ni con vino    fueron de resucitarla.

El desmayo da lugar al nacimiento, mediante cesárea, del niño; pero sin más transcendencia que salvar al inocente, mediante el bautismo, del limbo, ya que

Todos tres mueren a un tiempo,    como tres palomas blancas,
los tres fueron a gozar    a la celestial morada144.

      A esta lectura del romance como tragedia de amor se superpone, en algunas versiones «cántabras»145 y en la generalidad de las «astur-galaicas», una tendencia a convertir a la joven esposa recién casada en simple enamorada o amante de don Juan. En esa transformación desempeñó un papel prominente, como Bénichou agudamente observa146, la frase sentenciosa «antes viuda que casada» entendida al pie de la letra como «viuda sin ser casada» y, en vista de ello, reemplazada en la tradición peninsular por esta nueva expresión147. Pero en favor de esa lectura tam­bién obraban las huellas, presentes en el romance, de la ardiente pasión amorosa del príncipe por madama Margarita, pasión que para algunos transmisores de la narración debió de parecer excesiva en un contexto matrimonial. Tan natural re­sulta la substitución de la esposa por la amante, que la vemos surgir independien­temente en estructuras del romance muy diversas.

      Así, dentro de la región «Cántabra», la «esposita» de la mayoría de las versiones del tipo, compadecida por el príncipe porque «ni es soltera ni es casada», apa­rece reemplazada en una versión por doña Rosa, compadecida por su condición de «viuda sin ser casada», y, de resultas, cuando ella entra afirmando su derecho a ser considerada viuda del moribundo, produce en la sala donde agoniza don Juan una especial tensión:

Estando en estas palabras,    doña Rosa entró en la sala,
toda vestida de negro    desde los pies a la cara.
— ¡Apartaros, caballeros,    que allá va la desgraciada!—
Los que la conocían,    se apartan de mala gana;
los que no la conocían,    ni de buena ni de mala148.

En la región «Astur-Galaica», a fin de explicar la muerte por amor del príncipe, la historia se dota de un par de secuencias previas a la enfermedad y deshaucio tomadas de un romance del que sólo conocemos una versión pura 149. En ellas se nos cuenta la persecución de la amada por sus propios padres, que resienten el que haya quedado preñada del príncipe:

— ¡Mala filla, mala filla,    que en el fuego seas quemada,
por unha mala dormida    deixache de estar casada! 150
— ¡Cale, cale, ay mi padre,    non diga mala palabra,
que el que buen amor tenía,    muy bien casadiña estaba! 151

Es, sin embargo, la tradición portuguesa la que desenvuelve con mayor decisión esta línea evolutiva del romance, modificando su estructura tradicional sin necesidad de acudir a materiales proporcionados por otros romances (según Bénichou ha puesto de manifiesto, corrigiendo la primera impresión de María Goyri 152). Pero en Portugal el romance ya no es la «historia de dos amantes del alma»; otras preocupaciones dominan.

 Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

112  Pesaguero (Cantabria], de tipo «Cántabro».

113  Rihonor de Castilla (en Sanabria, Zamora), de tipo «Castellano-Leonés».

114  La versión sin lugar (citada en la n. 31).

115  Luriezo (Cantabria), de tipo «Cántabro».

116  «... desmelenado el cabello,    la cara cubierta de agua», Casares a (León); «...con los cabello tendidos    y el rostro bañado en agua», Buiza (León). Y, semejantes, muchas versiones del tipo «Mon­taña astur-leonesa»

117  Según cinco versiones de Trás-os-Uontes (con ligeras variantes): Parada, Carviçaes b, Sambade, Duas Iglejas, Vimioso. Son similares varias otras versiones del tipo «Portugués».

118  Versiones de los tipos «Cántabro», «Picos de Europa», «Montaña astur-leonesa», «Castellano-Leonés», «Alba de Aliste», «Astur-Galaico» y «Portugués» (con raras excepciones).

119  La transferencia del motivo al encuentro con la esposa se da también en una versión sefardí de Marruecos y en otra de Oriente: «¿Dónde estabas, mi mujer,    mi mujer y siempre amada?» (Tánger a), «¿De ande venix, la mi mujer,      tan harbada y tan matada?» (Lárissa).

120 Para la gran variedad del discurso empleado, véase CGR, III, pags. 407-408 (primer verso), 406-407 (segundo y tercero), 408-409 (cuarto y quinto), 412-413 (sexto), 413-414 (séptimo), «DISC», secuencia 2111: t, s, u, at, au. Cito aquí sólo, como ejemplo, las variantes del primer verso: < Dónde (~ de dónde ~ do) vienes, la mi esposa (~ ay mi niña ~ prenda mía ~ perla mía ~ la mi luna - cristalina ~ bien de mi vida ~ mi bien ~ Teresina ~ Ricardina) (~ < donde vens, dona Isabel ~ < tu que vens aquí fazer), > dónde vienes, bien de mi alma (~ > regalo de la mi alma ~ > Ricardina de mi alma ~ > retrato da minha dama ~ > minha formosa madama ~ > prenda de las mis entrañas ~ > minha prenda deseja-da ~ > dónde vienes, la mi esclava ~ > minha rosa encarnada ~ > dónde vienes, doña Ana)? [Vid, Bur, Pal, Zam, BeB, BeA, TrM, Mnh, Lug, Ovi, Leo, San} ~ < Dónde vienes, doncellina, > tan hermosa y tan bizarra? [Leo] ~ < Dónde vienes (~ venís), la mi esposa (~ mi mujer ~ Ricardina), > tan triste (~ tan llorosa) y desconsolada (~ y apesarada ~ y tan destrozada)? [Zam, Lug, Leo] ~ < Dónde vienes, la mi esposa (~ queridina ~ Ricardina), > tan sola (~ triste ~ llorosa) y tan de mañana (> tan temprano y de mañana ~ > sola y triste y de mañana)? [Zam, Leo, Ovi, Pal, San] ~ < Dónde vens, dona Isabel, > descalca e desgrelhada (~ > descalcinha e em cábelo ~ > descalca por a geada ~ > com a cor tao de­mudada)? [TrM] ~ < Tu que tens, dona Isabel, > que vens tao desgarrada (~ atrapalhada)? [TrM] ~ < Dónde vienes, la mi esposa (~ tú, mujer ~ Teresina), > tan rendida y tan cansada (~ > tan cansada y fatigada ~ > que vienes tan sofocada ~ > que tu vens tao desrnaiada)? [Zam, Leo, Ovi, Portugal] ~ < Dónde vienes, la esposita, > que vienes tan enlutada? [Pal] I < Dónde vienes (~ fuiste), mi esposa (~ Silvanita ~ Teresita), > que tanto fue (~ dónde ha sido) tu tardanza (~ > dónde vés, que tanto tardas ~ > bien venida y tan tardada)? [Ore, Ovi, Leo, Zam} I < Qué es esto, la mi mujer, > qué es esto, mujer del alma? [San].

121  Véase adelante, § k. Hay alguna que otra versión portuguesa que sigue fiel a la estructura del romance dominante en el N.O. de España: Ligares a, Carvicaes b, Sambade (Trás-os-Montes).

122  Sarceda (Cantabria).

123 Cito el primer octosílabo por la versión de Tresabuela y el segundo por la de  Pesaguero  (Cantabria). Son muy semejantes la mayoría délas versiones de tipo «Cántabro».       

124 El primer octosílabo citado lo tomo de Queixoiro y el segundo de Cuiñas   (Lugo). La mayoría de las versiones de tipo «Astur-Galaico» son semejantes.

125  Tresabuela (Cantabria). Son muy semejantes las otras versiones de tipo «Cántabro».

126  Serandinas (Asturias), versión recogida en 1889. Otras versiones de tipo «Astur-Galaico» son semejantes.

127  Paradaseca a (Ourense, versión descrita en la n. 30). Hay versos semejantes en la versión espa­ñola sin lugar (descrita en la n. 31) y en Pesaguero, Luriezo y Tresabuela, de tipo «Cántabro».

128  Tomo el primer hemistiquio de Pesaguero y el segundo de Luriezo (Cantabria); son similares a los citados los que no incluyo de una y otra versión. En Paradaseca a: «tantas eran las lágrimas    que toda a cama regaran».

129  Paradaseca a (Ourense).

130  La versión española s. 1. (descrita en la n. 31).

131  P. Bénichou, Creación poética, p. 106.

132  En un trabajo inédito (cuya consulta me facilitó, amablemente, el autor).

133   Tomo los versos del texto impreso por Martín Nucio, c. 1547-48, en su Cancionero de Romances, Anvers, s. a. En los pliegos sueltos se dan las siguientes variantes: «Tanto están boca con boca    como vna missa rezada / llora el vno (~ el vna) llora el otro,    la cama toda (~ toda la cama) se baña (~ vana)». He manejado los siguientes: a. Romance de don Tristã  nueuamente glosado por Alonso de Salaya cõ  otras obras suyos (sic), olim Bibl. del Duque de T’Serclaes (DicARM 509); es el pliego cita­do por Fernando Colón en su Abecedarium, 12200 (sobre este pliego, cuya foto poseo, pero cuyo ori­ginal no es hoy localizable, véanse las pp. 368-369 de D. Catalán, «Los pliegos perdidos del Duque de T’Serclaes», Homenaje a Alvaro Galmés de Fuentes, III Oviedo-Madrid: Univ. de Oviedo y Credos, 1987, pp. 361-376); b. y c. Glosa del romance de dõ (~ don) Tristan... Praga, Universitáts Bibl. XVIII (DicARM, 883) y Madrid, Bibl. Nac. R-9425 (DicARM, 882), dos ediciones; d y e. Aquí comiençan diez maneras de romances... Madrid, Bibl. Nac. K-2298 (DicARM, 658) y Aquí comiençan onze maneras de romances [Burgos, 1515-1517], Londres, British Mus. G 11022(5)-(7) (DicARM, 668).

134  Cito por el Pliego suelto R-2298 de la Bibl. Nac. y el G 11022(5)-(7) del British Mus. Los otros tres pliegos dicen «del agua que dellos sale» y el Cancionero, s. a. cambia el verso en «allí naçe vn ar­boledo    que açuçena se llamaua».

135 El Juego trabado se incorporó al Cancionero general recopilado por Fernando del Castillo (Va­lencia, 1511), donde la estrofa citada se halla en el f. CLXXXV. Véase la ed. de A. Rodríguez Moñino: Real Academia Española, 1958.

136  Bénichou, Creación poética, p. 102. Don Juan, cuando la ciencia le deshaucia, acepta con resig­nación cristiana su muerte prematura; pero aunque el médico le aconseja (en los tipos «Castellano-Leonés» y de «Picos de Europa») emplear prioritariamente el breve plazo que tiene de vida en preocupaciones espirituales («otra hora y media os queda    para encomendar vuestra alma» o «una para disponer    de las cosas de tu alma, / media para despedirte    de la gente más cercana»), el dedica si últimos momentos a resolver el futuro de su esposa.

137   Variantes: «Con la barriga en la boca (~ < con su vientre a los pechos) > para parir muy cerca na (~ > que es alabanza mirarla ~ > que causa pena mirarla ~ > que daba duelo mirarla ~ > que liega muy sofocada)» en una mitad de las versiones del tipo «Astur-Galaico» (según el CGR III, p. 410).

138  En una mayoría de las versiones del tipo. Sólo el primer verso es variable: «< A los pnmei bocados (~ < y al primero bocado ~ < con el bocado en la boca ~ < no comió la mitad de una ~ < es­tando comiendo el una ~ < estando en el medio de una ~ < estándosela agarrando) > a Dios (~ a Cris­to) entregó su alma (~ > su alma a Dios entregara ~ > a mi Dios el alma daba ~ > ya Dios le arrancaba el alma ~ > ya se le ha arrancado el alma ~ > el alma se le arrancaba)», según una mitad de las versiones de tipo «Astur-Galaico»; «< y terminando la pera > y empezando la manzana, < ’tando empezan­do la pera > y el alma se le arrancaba» Corralín, Asturias. Véase CGR, III, p. 406.

139  Cabanín (Asturias).

140  Versiones «astur-galaicas» de Alvaredo y Queixoiro.

141  Denominación que, muy acertadamente, dio al romance R. Menéndez Pidal en Flor nueva de romances viejos, Madrid: Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1928, pp. 157-159.

142  Aunque sólo ocurra en la versión de Serandinas, en el Occidente de Asturias, recogida en 1889. Inmediatamente antes del primer verso citado, esta versión incluye, como las restantes del tipo «Astur-Galaico» el explicit que enfatiza el sentido del romance: «A los postreros bocados    ya Dios le arrancaba el alma. / Don Carlos murió a la noche,    Teresa por la mañana. / Ahora véase aquí la histo­ria    de (los) dos amantes del alma».

143  El tema sigue íntegro: «La reina, como traidora,    ambos mandara cortar. / De ella nació una paloma,    él fue un palomín galán; / a la ventana ’e la reina    ambos fuéronse a posar...», etc. No se omite el motivo, propio de una amplia área de la tradición, de la conversión en fuente (y río caudal), con poder de curación, utilizado para poder «castigar» a la reina persecutora de los enamorados.

144 Tipos «Castellano-Leonés» y «Picos de Europa», más algunas versiones fronterizas de tipo «Astur-Galaico» influidas por el tipo «Castellano-Leonés». Variantes: «los tres murieron a un tiem­po»; «todos tres vais (~ van) a gozar» o «se van a gozar de Dios»; «de Dios a la gloria santa» o  «a aquella tierra adorada» o «de la bienaventuranza». Algunas versiones la substituyen por expresio­nes análogas: «Estas almas, todas tres,    para el cielo caminaran»; «y con licencia de Cristo, mas al cielo vayan», etc. (véase CGR, III, p. 422).

145  Pesaguero y Sarceda (Cantabria).

146  P. Bénichou, Creación poética,  pp.114-115. 

147  La expresión «vïuda (~ viudita) sin ser casada» figura en las versiones de España s. l., Pesaguero (Cantabria), Buxán a y b, Paradaseca b (Ourense), Figueruela de Abajo, Torre de Alcañíz (Zamora) y «viúva sem ser casada» en múltiples versiones de tipo «Portugués». Análoga es la fórmula «ni es soltera ni es casada» común en las versiones de tipo «Cántabro» (aunque frecuentemente aplicado a «mi mujer», a «la mi esposa») y más explícita la que redistribuye la información entre los dos hemistiquios del verso «(Bien te puedes llamar) viuda    sin haber sido casada», utilizada en Soto de Sajambre (León).

148 Pesaguero (Cantabria). Versión publicada por J. M. de Cossio y T. Maza Solano, Romancero po­pular de la Montaña, I, Santander, 1933, p. 51.

149 La amante del príncipe maldecida (IGR 0253). La versión pura de este romance fue recogida en La Cova (Luso) por E Martínez Torner (con su música). Comienza: «Por las calles de Madrid, junto de un caño de agua / se pasea una señora     con la hija muy honrada. / — Maldita seas, mi hija,    y de Dios s quemada / por una noche de gusto     dejaste de estar casada.- / El hijo del rey, que le es­cucha,     estas palabras le daba; / -A paso, a paso mi suegra, a paso, no era nada.- / Y, estando en estas razones,     estas palabras le daba: / — Su hija ha de ser mi mujer     y ha de ser mujer honrada…» La hija, cae enferma, es deshauciada por el médico más sabio; le hacen la cesárea y extraen un niño- el niño se desarrolla prodigiosamente y destrona al abuelo que quiso quemarlo.

150 Cito el primer octosílabo por la versión de Barangón (Lugo), el segundo por las versiones de Serandinas (Asturias) y  Queixoiro (Lugo) y los dos siguientes de nuevo por la de Barangón. La maldición materna o paterna, figura en 16 versiones del tipo «Astur-Galaico».

151 La respuesta sólo figura en tres versiones del tipo «Astur-Galaico»: Barangón y Cuiñas (Lugo) y Villarino del Sil (León). Cito los tres primeros hemistiquios por la versión de Cuiñas y el cuarto por la versión de Barangón. En Villarino la réplica va dirigida a la madre. 

152  M Goyri (1904) que sólo contaba con la versión procedente de Minho publicada (y retocada) por J. B. Almeida Garrett, Romanceiro, III. Romances cavalherescos antigos, Lisboa: Imprensa Nacio­nal 1851 pp 32-35 (n° XXI) (reproducida por Th. Braga, Romanceiro Geral, Coimbra, 1867 p. 55 , creyó que el peculiar tratamiento del tema era debido a una contaminación con otro romance (p. 30). P. Bénichou, Creación poética, pp. 112-113, al poder manejar 16 versiones portuguesas más o menos similares a la amañada por Garret, vio más claro el origen de las novedades estructurales.

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

*   12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

*    13.- 7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES

*    14.- 8. LA «EPHEBI FILII SENEX FORTITUDO»

*   15.- 9. LA PASIÓN AMOROSA POR MARGARITA

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15.- 9. LA PASIÓN AMOROSA POR MARGARITA

 

9. LA PASIÓN AMOROSA POR MARGARITA. II  PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

      [ diferencia de lo que ocurre en el texto manuscrito del siglo XVI,] la atención preferente, prestada por la tradición judía, al dolor paterno, ha reducido, pero no eliminado, la función testamentaria del diálogo, que la tradición cristiana se encar­gará de enfatizar. El hijo agonizante del relato sefardí, más que preocuparse en dis­poner del futuro de su mujer y de su hijo póstumo, como hizo el príncipe en el tes­tamento histórico al que luego aludiremos, se angustia ante la viudedad triste y prematura de su joven esposa. Para reforzar esa dolorosa impresión, el romance, tanto en Oriente como en Marruecos, hace surgir inesperadamente en escena a la desdichada recién casada, cuando ya la vida del hijo del rey se está acabando. En las versiones de Oriente, inmediatamente antes o inmediatamente después de consignar que al mancebo le llega su hora («Estas palavras diziendo,    la campana ya sonava») una voz ordena de pronto:

— ¡Apartad, la buena gente,    que pase la malograda!

y en Marruecos, el romance se cierra con la siguiente escena:

Ellos en estas palabras,    la esposa por ahí entrara,
toda vestida de luto    y un velo negro a su cara.
— ¡Apartad, condes y duques,    que pase esta desgraciada!
Por ésta se ha de decir:    Antes bivda que casada.

      Esta hermosa visión, en que el romance sefardí incorpora la sombra silenciosa de la recién casada al duelo, es anti-histórica, dado que, a fin de evitar un posible aborto, no se permitió a la princesa acompañar al príncipe en sus últimos momentos 95. Pero, a pesar de ello, tiene, una profunda base histórica. La evocación antici­pada de la viudedad de la princesa, por su agonizante marido, surge también con especial relieve en la narración de Ortiz (f. 2r):

¡He dolor de la biudez muy amarga de mi muy amada esposa!

exclama el príncipe.

    Y buelto al Rey su padre, dixo: ¡O padre mío, dulçor de mi vida, ante que d’esta vida parta, tres cosas recomiendo a tu fe real... Item. Grand misericordia me mueve y soy con increyble angustia turbado por la desaventura y quebranto de la prinçesa mi muy cara esposa («commoveor misericordia et angustia incredibili premor proprie uxoris tam cara merorem»), que, viendo se biuda de mí, biuirá días de lloro («me viduata dies luctus et acerbitatis perpetuus aget»).

      La presencia de la esposa en la imaginación de don Juan era tan obsesiva y te­nía tal realidad que el moribundo la seguía deseando en la agonía:

    Requiría a menudo, demandando consejo, al confessor para alimpiar las manzillas de su consçiençia... y commo la recordaçión de su esposa tocasse muchas vezes su ánima y con su deseo su ánima se enflamasse («cumque coniugis recordatio frequenter animum eius pulsaret atque eius desiderio fragraret»), boluióse al padre espiritual diziendo: ¡O padre, enflaquesçe mi ánima con el deseo de mi muger, pregunto te si es digno de culpa este amor de mi propria muger! («Langueo proprie conjugis dulcissime desiderio numquid amor huius culpabilis sit erga vxorem»). Al qual respon­dió el confessor: Este es verdadero deudo, animado con el engrudo del sacramento Ihesu Christo, en el qual la fe d’este sacramento es vna prinçipal cosa, por la qual son dos fechos vna carne, el coraçon vno y el ánima vna96.

      Ese desesperado intento que hace la imaginación del joven moribundo de prolongar hasta la muerte la gozosa posesión de la mujer amada, recogido en el Trata­do de Ortiz, explica el llamativo emparejamiento de tropos empleado por el Cura de los Palacios para dar noticia de la muerte del heredero de los Reyes Católicos:

    Estando en el hervor de su plazer, llegó el príncipe don Juan sosodicho, por sus ciertas jornadas, al cabo del viaje de su peregrinación que vino a andar en este mísero mundo97,

y nos obliga, por lo tanto, a considerar menos sorprendente la conversación que incluye la singular versión romancística de Soto de Sajambre (León) 98. En ella, la reina subraya apesadumbrada:

— Bastante le dejas, hijo,    para tan poco gozarla,

contraponiendo los dones que el príncipe quiere que le respeten a su esposa, con la brevedad de su matrimonio; a lo que don Juan contesta:

— Bastante la gocé, madre,    que de mí queda preñada,

tomando el verbo «gozar» en su tercera acepción del Diccionario de la Academia.

      Estas alusiones al placer dentro de la vida conyugal son, sin duda, un rasgo que individualiza extraordinariamente la historia del príncipe 99,  haciendo aún más es­trecha la relación entre casamiento y muerte que la que señalaba ya el corto espa­cio transcurrido entre ambos sucesos. Fue el 4 de abril de 1497, seis meses antes de morir, cuando, tras esperar el paso obligado de la Semana Santa 100, «nuestro joven, ardiendo en amor —según comenta Pietro Martire— consiguió de sus padres se le dispusiera el lecho matrimonial, llegando por fin, a los deseados abrazos» 101 con madama Margarita. Pero habían pasado sólo un par de meses y ya la multipli­cación de los deseados abrazos y el continuado hervor del placer tenían alarmados a los médicos del príncipe y al propio rey Fernando, aunque no a la Católica reina, acostumbrada a la natural robustez de su marido, según cuenta la desenfadada pluma del humanista italiano, en carta al Cardenal de Santa Cruz de 13 de junio de 1497 102.

     En días anteriores te escribí, purpurado príncipe, lo que aconteció en Burgos a la llegada de la regia nuera Margarita. Mas pasé en silencio mi opinión sobre ella, por­que todavía no la conocía lo suficiente. Si la vieras, te harías una idea de que estabas contemplando a la misma Venus. Cual en belleza, porte y edad pudo Marte desear a Citerea, tal desde Flandes nos la enviaron, sin desfigurar con ningún afeite, sin arreglar con ningún arte. Dirías que era Oritia escapada de las manos del helado Boreas. Pero temblamos al pensar que todo esto algún día nos acarree a nosotros la infelici­dad y la perdición a España. Preso en el amor de la doncella, ya está demasiado páli­do nuestro joven Príncipe. Los médicos, juntamente con el Rey, aconsejan a la Reina que alguna vez que otra aparte a Margarita del lado del príncipe, que los separe y les dé treguas, alegando que la cópula tan frecuente constituye un peligro para el Prínci­pe. Una y otra vez la ponen sobre aviso para que observe cómo se va quedando chu­pado y la tristeza de su porte; y anuncian a la Reina que, a juicio suyo, se le pueden reblandecer las médulas y debilitar el estómago. Le instan a que, mientras le sea posi­ble, corte y ponga remedio al principio. No adelantan nada 103.

      Que el origen de la misteriosa enfermedad del príncipe fuese el «amor», lo cree también el romance. Lo declara llanamente el verso

Malo está don Juan de amores,    muy malo está en la su cama,

conservado en una versión española de Asturias (y deformado en otras dos, una igualmente asturiana y otra de Sevilla)104 y lo confirman muchas portuguesas, en las cuales se afirma:

Que estava dom João á morte,    doente por sua dama105;

Y creo que también lo sugieren, aunque en forma metafórica106, tres versiones muy alejadas entre sí geográfica y estructuralmente107, que atribuyen el origen de la enfermedad a un «accidente»:

El señor príncipe don Juan    está malo en Salamanca,
que cayó de su caballo    a las puertas de su amada,
por cortar un ramo verde   y ponerlo en su ventana.

      El notorio amor del príncipe a la princesa obliga, por otra parte, a que no consideremos deformación novelizadora, ajena al tema del romance primigenio, la ten­dencia mayoritaria de la tradición cristiana a hacer girar preferentemente la entrevista con el padre (a veces con la madre) en torno a la esposa y su futuro. La ma­dura entereza y resignación con que el joven afronta la muerte, que en la carta de Pietro Martire y el Tratado de Ortiz ocupan el centro de la exposición, en el romance interesan sólo para destacar, por contraste, lo único que al príncipe enton­ces le «pesa» y que el canónigo, según vimos, deja bien de manifiesto en el relato de los últimos momentos del joven agonizante108:

— Pésame de mi esposita,    es niña y queda preñada109.

Le pesa dejarla, le pesan sus pocos años (tenía de hecho 17 años) y le pesa su embarazo, por más que suponga una esperanza de heredero. De ahí que la entregue al cuidado de los padres, suplicándoles que la tengan por hija:

— Padre mío, la mi esposa    a vos la dejo encargada.
Partirán bienes con ella    como si fuera mi hermana110.

      Se trata de la misma recomendación (una de las tres) que Ortiz consigna en su Tratado (fols. 2v-3r):

    —Pues, si me fuestes piadosos y muy buenos padres en la bida, sedlo a ella y reçebidla en lugar mío, asy os lo suplico, y aued misericordia de su biudez, queda preñada, y temo d’ella que para (corr. parirá) dolor, llena ella de dolores111.

 Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

95 Apartamiento del cual se queja  dolorosamente el príncipe a su padre el rey (de acuerdo con el Tratado de Ortiz) cuando le dice: «¡Ay, que daré mi espíritu sin consolación de mi madre v sin su bendición y sin saludar a mi muy amada muger que cierre los ojos de su amador en la salida de mi ánima!» («... sine coniugis dulcissime salutatione que claudat amantis oculos in spiritus exalatione»).

96  Estos pasajes ponen de manifiesto que el Tratado consolatorio de Ortiz, a pesar de sus colores retóricos, está lejos de ser, como hubiéramos podido pensar, un relato de la muerte ejemplar del prín­cipe construido sobre tópicos.

97  Bernáldez, Memorias (ed. de 1962, cit. en la n. 62), p. 378.

98  Véase atrás, n. 30.

99  La actitud del confesor del príncipe (fray García de Padilla) y del canónigo Ortiz ante ese placer está, desde luego, aún muy lejos de la moral matrimonial que exigiría la Iglesia a los casados después de la Contrarreforma (Cfr. F. Márquez Villanueva, «Bonifacio y Dorotea: Mateo Alemán y la novela bur­guesa». Actas del VIII Congr. de la Asoc. Int. de Hispanistas, Brown Univ. 22-27 agosto 1983, Madrid: Istmo, 1986, p. 68 y n. 20). Pero, aunque en los tiempos de los Reyes Católicos las buenas costumbres dieran más lugar a la sensualidad, el erotismo de la joven pareja de príncipes resultaba llamativo.

100  El 25 de enero de 1495 el príncipe había otorgado su poder para que contrajera matrimonio en su nombre el embajador Francisco de Rojas y su apoderado contrajo matrimonio por palabras de pre­sente «en la villa de Malinas a cinco dias del mes de noviembre». Pero, según la costumbre real espa­ñola, se celebraron nuevamente los desposorios (previa obtención de una bula papal de 12 Kls. Aprilis a. 1946), poco después de que madama Margarita desembarcase (tras un accidentado viaje) en Santan­der el 6 de marzo de 1497, antes de entrar en Burgos el Domingo de Ramos de 1497 (19 de marzo). Como ya consignamos más arriba, a causa de la abstinencia sexual exigida por el calendario eclesiásti­co, los príncipes no pudieron velarse hasta el día de Quasimodo, 2 de abril de 1497.

101  «Ardens amore noster ephebus, parari sibi genialem thorum a parentibus, impetrat, ad optatos tandem complexus deuenitur».

102  La carta CLXXVI de Anglería, fechada en Medina del Campo (Methinnae Campi) «idibus Iunii. M.CCCCXCVII» (cuando los príncipes y los reyes seguían juntos) dice así en su texto latino: «Superioribus diebus ad te scripsi, purpurate princeps, quae Burgis acta sunt, Margarita regia nuru aduentante. Sed qualem esse intelligerem, quia non dum bene notam, silentio praeterieram. Eam, si videris, Venerem ipsam te intueri arbitraberis, qualem forma, motibus, atque aetate, potuit Mars desiderare Citheream talem ad nos illam belge miserunt, nullo fucco illitam, arte nulla comptam. Orithiam e Boreae vigentíbus manibus elapsam dices, sed, ne ista infoelicitatem nobis et Hispaniae pernitiem aliquando pariant, trepidamus, pallet iam nímis, huius puellae amore pellectus, hic nostri ephebus prin­ceps. Hortantur medici reginam, hortatur et Rex, ut a principis latere Margaritam aliquando semoueat, interpellet indutias praecantur, protestantur periculum ex frequenti copula ephebo imminere. Qualiter eum suxerit, quanue subtristis incedat consideret, iterum atque íterum monent, medullas ledi, stomachum hebetari, se sentiré reginae renunciant. Intercidat, dum licet, obstetque principiis instant, nil proficiunt. Respondet regina, nomines non oportere, quos Deus iugali vinculo iunxerit, separare, principis ab infantia naturae debilitatem arguunt, qui pulliculis gallicinis, rebusque huiuscemodi moli-bus, tamquam inualidus semper fuerit educatus, non nonfidat mariti exemplo proclamant, quem natu­ra miro corporis robore ab vtero formauit, magnum esse Ínter genitorem, et genitum discrimen, repe-tunt, nil tamen auscultat regina, perstat in foemineo proposito, muliere quam numquam induisse hactenus visa est, nunc assumpsit. constantem illam esse semper ego praedicaui, nolim peruicacem, nimium confidit».

103 Y Anglería seguidamente hace suyas las advertencias hechas a la reina de que el príncipe siempre fue criado muellemente y tratado como un inválido, y que no debe creer que el príncipe, de débil naturaleza, pueda seguir el ejemplo de su marido, a quien desde el útero hizo naturaleza un roble.

104  El verso citado figura en una versión de Llanera, dicha por Vicenta Suárez (c. 50 a.), recogida en Salinas por Josefina Sela, 1914. La especificación de que la enfermedad es «de amores», al ir adosa­da al nombre propio, ha sido entendida como parte de él: «Juan de Amores». De ahí que en esa ver­sión se continúe llamando así al personaje que agoniza y que en otras dos versiones, una de El Llamoso (conc. Belmonte de Miranda, Asturias), inf. María Menéndez (c. 80 a.) recogida en 1991 por Jesús Suárez y otra de la tradición gitano-andaluza de Sevilla (la citada en la n. 34), ese verso haya dado lu­gar a construcciones como: «De ver a don Juan de Amores,    que está enfermo en la su cama» y «Va­mos con don Juan de Amores,    que está malito en la cama».

105  Tuizelo (varias) en Trás-os-Montes. Semejantes: Rapa a, Lajeosa (Beira Alta) y una mitad de las versiones de Trás-os-Montes, con variantes como: «com penas da sua dama (~ amada)», «do mal de damas na cama».

106  Según el relato que Anglería le hace al Cardenal de Santa Cruz el 19 de octubre de 1497, todas las puertas de Salamanca fueron adornadas con «ramas verdes» para recibir a los príncipes («...viridantibus ramis cuncti postes cooperti, aulaeis mira Belgarum arte laboratis, domorum parietes contecti»); el romance aprovechó ese recuerdo para su metafórica referencia. La imagen de la caída del caba­llo del príncipe rondador, que a continuación citamos, podría haber sido tomada en sentido literal por Vélez de Guevara al comienzo de su relato de la muerte de don Juan cuando dice: «Después que de la carrera / de aquel caballo, que a España fue el de Troia... / quedó el príncipe don Juan...». El motivo podría también explicarse como debido al recuerdo del accidente mortal sufrido en 1491 por el prín­cipe de Portugal don Alfonso, recién desposado con la princesa Isabel, la primogénita de los Reyes Católicos (según piensan R. Menéndez Pidal y M. Goyri, ed. citada, pp. 158-159), suceso igualmente recordado por el romancero, o ser simplemente, una alusión a la también fatal caída, en las bodas del príncipe don Juan, de Alonso de Cárdenas, que hemos comentado más arriba (como sugiere M. Goyri en un apunte manuscrito).

107 Lerma (Burgos), de tipo: «Castellano-Leonés», Soto de Sajambre (León, descrita en la n. 28), la cual incluye el diálogo (arriba citado) referente al «goce» del amor conyugal, y la versión española s. 1. (descrita en la n. 31), estas dos últimas de estructura muy singular.

108 El verso que a continuación cito (o sus análogos) suele ir en contraposición de la afirmación, arriba citada, de que no le pesa tener que morir pues Dios ha decretado su muerte, o precedido de versos introductorios como «Llamen para acá a mi padre,      tan solita una palabra...»; «Lo que le en­cargo, mi padre,     lo que mucho le encargara...».

109 Con variantes múltiples: «No siento mas que mi esposa,     es niña y queda ocupada», «Padre, mire por mi esposa     que es niña y queda preñada», «Esta niña que ahí queda      ya sabéis que encinta estaba», etc.

110  Ejemplifico con Villaquilambre (León) y Barangón (Lugo). Semejante a Barangón es Cuiñas (Lugo): «Poñerala y dotarala    como si fuera mi hermana».

111  «Si gratia optimi parentes mihi in vita fuistis, illi estote illamque mei loco suscipite obsecro et illius viduitatis miserimini, grauidam relinquo, cui metuo dolorem parturiat plena doloribus».

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

*   12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

*    13.- 7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES

*    14.- 8. LA «EPHEBI FILII SENEX FORTITUDO»

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14.- 8. LA «EPHEBI FILII SENEX FORTITUDO»

 

 8. LA «EPHEBI FILII SENEX FORTITUDO». II  PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

      [ese a la similitud existente entre la escena en el manuscrito antiguo y la escena en la tradición sefardí (que alcanza, en el plano verbal, a la conservación de la ponde­ración «qué hará...»), hay que reconocer el enorme progreso estético que represen­tan las versiones tradicionales modernas, en las que el patetismo desgarrador del dolor paterno se expresa con intensidad mayor y recursos poéticos mucho más ri­cos. Esta superioridad innegable se apoya en una «novedad» básica: en dotar al mo­ribundo de un papel activo, sacándole de la situación de mero objeto del duelo]. Al así hacerlo, aparece en la escena un motivo fundamental: frente a la negativa del rey (o de los reyes) a aceptar el hecho y consecuencias de la muerte del heredero, el príncipe muestra inequívocamente delante de (o, incluso, frente a) ellos su serena resignación ante lo dispuesto por Dios. En esta «adición» la tradición judía no va sola; toda la tradición cristiana, peninsular, es heredera de una idéntica concepción. La secuencia suele abrirse con la llegada del padre-rey77:

Estando en estas palabras,    el rey viejo allí llegara;

Estando en estas razones,    entra el padre por la sala,

quien viene, aún esperanzado, a confortar al hijo:

—¿Cómo te va, el mi hijo,    cómo te va en esa cama?;

pero el hijo lo desengaña y, a la vez, da muestras de su resignación ante la muerte:

— Bien me va, mi padre, bien,    porque Dios así lo manda;
tres horas tengo de vida,    hora y media va pasada78.

— No lo siento por mi muerte,    si es la hora llegada79.

— No sentía yo el morir,    que ya mi cuenta está dada80.

— Yo no siento el morir,    que de morir nadie escapa81.

— Yo no me cuesta morir,    que la muerte es heredada82.

— No lo siento por mi muerte    porque tan presto me llama83.

—  ¡Qué poco duraste, mi hijo,    siendo Príncipe de España!
— Bastante duré, mi padre,    morir cuando Dios lo manda84.

       El tema de la «ephebi filii senex fortitudo», como única consolación para los padres en el dolor de perder a su heredero y único hijo varón, es evidentemente el motivo dominante en la entrevista tal como la ha entendido la tradición oral moderna sefardí y española. Esta inversión de los esperados papeles, que su respectiva edad asignaba al rey don Fernando y al príncipe de 19 años, no es una creación romancística surgida a distancia secular del suceso, pues en ella insisten los dos auto­res contemporáneos que con mayor conocimiento y de forma más impresionante dieron cuenta de la entrevista: el humanista Pietro Martire d’Anghiera (Petrus Martyr), testigo presencial del encuentro, en una carta escrita pocos días después85, y el canónigo Alfonso Ortiz, en su Tratado del fallesçimiento de don Juan Príncipe de las Españas, compuesto para consolación de los reyes86. Uno y otro coinciden en la sustancia del diálogo y en los conceptos que utilizaron padre e hijo, aunque cada cual lo expresa según un arte retórica muy divergente (en una limpia y tajante prosa epistolar latina, el humanista; con elocuencia sagrada, el canónigo87). A esas dos artes retóricas hay que agregar la del lenguaje tradicional del romancero, que ya hemos visto como se expresa.

      «La madura (senex) entereza del joven hijo» que según la carta de Anglería dejó admirado al rey88 y que Ortiz, en su reconstrucción de la tragedia, hace, a su vez, ponderar al rey don Fernando cuando da cuenta a la reina doña Isabel de su última entrevista con el hijo moribundo, constituye también el centro de la exposición de los dos narradores literatos contemporáneos del suceso:

    llegado ante el príncipe, el rey «lo anima a que tenga valor y no decaiga, recor­dándole que en muchas ocasiones la esperanza ha acarreado la salud a personas gra­vemente enfermas»89 (según Anglería); pero el hijo «previno» al rey (según Ortiz, f. 2r) de «que sentía acercársele la muerte»90 (Anglería), requiriendo su bendición para caminar «commo peregrino a rregión longínca» (Ortiz, f. 2r), y «virilmente, rogó y suplicó al padre que lleve con entereza»91 lo inevitable (Anglería) y se pliegue a la vo­luntad de Dios (Ortiz, Anglería) pues él, por su parte, «no se contrista porque le qui­ten de en medio de forma tan prematura»92 (Anglería).

      El canónigo y el romance coinciden, incluso, en hacer utilizar al príncipe un mismo símil, el de la batalla con la muerte. Según Ortiz (f. 2r), el príncipe, «ya él cercano a la muerte, desamparado de la esperança de los médicos» y advertido por uno de sus donceles (don Juan Chacón) de su próximo fin, comenzó a «demandar las armas spirituales, asy commo el que avía de pelear con enemigo cruel»; y coloca en boca del propio don Juan, un breve discurso ponderando la conveniencia de esas armas93. En la extraordinaria versión romancística de Paradaseca a (Ourense], el rey y el príncipe dialogan así:

— ¿Qué haces ahí, hijo mío,    para ir a la batalla?
— Si peleara con los moros,    padre mío, no se me daba;
pero peleo con la muerte,    es lo que más recelaba.

      [Ante esta sorprendente coincidencia en la concepción de la escena de la entrevista de los dos testigos contemporáneos del suceso y de la tradición romancística del siglo XX, cabe sospechar que la concesión de «voz» al príncipe, que caracteriza a todos los textos modernos frente a la versión antigua manuscrita, sea sólo una «novedad» aparente, y su ausencia en el texto antiguo fruto del gusto romancístico predominante (pero, sin duda, no exclusivo) en el siglo XVI, que habría llevado a preferir el dejar inconcluso el tema, rematándolo con el desmayo del dolorido rey. No sería éste un caso único de truncamiento de una narración que había sido y se­guirá siendo más completa94.]

 Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

77  O con la ansiedad del enfermo, quien, al saber que su muerte está próxima y es inevitable, desea poder hablar con su padre: «— Venga usted acá, mi padre,    que le   he de hacer una encarga»; «— Llamen para acá a mi padre,    tan sólita una palabra».

78  Tipos «Montaña astur-leonesa» y «Astur-Galaico». Cito por Villarino del Sil (León).

79  Tipo «Cántabro» (mayoría).

80   Agüimes (Gran Canaria). Versión recogida por Francisco Tarajano (fue publicada en la ed. citada en la n. 34).

81   Versiones de los Montes de León.

82   Versiones de Sanabria (Zamora).

83   Santa Cruz (Tenerife), dos versiones, y Fuencaliente y Garafía (La Palma). Versiones recogidas por Mercedes Morales (1952-1953) y por José Pérez Vidal y Rómulo Pérez (fueron publicadas en la ed. citada en la n. 34).

84  Aldeas «conqueiras» de Asturias: diez versiones de El Bao y Corralín, Tablado y Sisterna; y Trasmonte (parr. S. Esteban de Noceda, conc. Cangas de Narcea).

85   Opus epistolarum, ed. citada en la n. 44, epístola CLXXXII (182 también en la traducción de López de Toro). Escrita desde Villasandino (cuando la Corte va camino de Alcalá) el 18 de octubre de 1497 (15 Kls.-nov.). Anglería subraya en ella su carácter de testigo presencial: «Estaba también pre­sente yo, que para dar compañía al Príncipe había dejado a los soberanos».

86 Tratado del fallesçimiento del muy inclyto señor don Juan el terçero, Príncipe de las Españas, por Alfonso Ortiz, doctor en vtroque jure, canónigo de la santa yglesia de Toledo. La versión al castellano de esta obra se conserva en el ms. 367 de la Biblioteca de la Universidad de Salamanca. Acerca de ella llamó ya la atención G. M. Bertini, «Un diálogo humanístico sobre la educación del príncipe don Juan», en V Congreso de la Corona de Aragón: Fernando el Católico y la cultura de su tiempo, 1961. Al­gunos fragmentos fueron editados por J. Camón Aznar, Sobre la muerte del príncipe don Juan. Discurso académico, 24 de marzo de 1963, Madrid: Real Academia de la Historia, 1963, pp. 99-112 (quién, en la n. 2 de la p. 99, da una sigla errónea para el manuscrito salmantino). Ni uno, ni otro, supieron de la conservación de la versión latina original, en el ms. 368 de la misma biblioteca, fols. 62v-93v, sobre la que dio ya noticia P. Cátedra, «Prospección sobre el género consolatorio en el siglo XV», en Letters and Society in Fifteenth-Century Spain. Studies... P. E. Russell, ed. A. Deyermond y J. Lawrence, Lon­dres: The Dolphin Books, 1993.

87  Alonso Ortiz, canónigo de Toledo, escribió contra el humanista converso Juan de Lucena un Tratado contra la carta del protonotario Juan de Lucena, incluido, como pieza final y fundamental, en Los tratados del doctor Alonso Ortiz, Sevilla: por tres alemanes compañeros, 1493 (ejemplar en Ma­drid, Bibl. Nacional, I-1905). Es, dada su fecha, la primera apología de la Inquisición española. Va prologada por el propio Torquemada.

88   «Ephebus fílii senex fortitudo».

89  «Hortabatur filium bono sit animo, ne deficiat, spem saepe numero grauiter laborantibus salutem adduxisse».

90  «Sentiré se mortem praesentaneam».

91  «Patremque viriliter ipse orat, obsecratque ferat aequo animo».

92  «Se non angi, quod e medio immaturus tollatur».

93  Según el Tratado (f. 2r), es el propio príncipe quien acude al símil de las armas, exclamando: «¡O quam más saludable cosa es guarnesçer el ánima para la contienda del juyzio con la çelada de la fe y con otras armas spirituales que buscar defensión demasiada para el cuerpo!», aunque luego el trata­dista continúe elaborando el símil por su cuenta.

94  Basta acudir a la Tercera parte de la Silva de Romances, Zaragoza: Esteban de Nájera, 1551, para hallar una variada muestra de relatos de origen tradicional truncados y provistos de remates anti-tradicionales: Gerineldo, «En aquellas peñas pardas» (Grifos Lombardo), «Cuando vos nascistes, hijo (La canción del huérfano), «Por los bosques de Cartago» (Eneas goza de Dido). El arreglo no es, sin embar­go, obra de Esteban de Nájera, pues de algunas de estas versiones conocemos la fuente, que es un pliego suelto anterior. Véanse los estudios referentes a estos textos de R. Menéndez Pidal «Sobre geogr. folk.» (1920 y reediciones) y míos, D. Catalán, Por campos (1970).

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

*   12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

*    13.- 7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES

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