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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

* ARTE POÉTICA DEL ROMANCERO ORAL. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

13.- 7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES

 

7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES. II  PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

        [e este entrecruzamiento de dramas particulares varios, susceptibles de ser desa­rrollados narrativamente, que la tragedia familiar y nacional contenía, la versión manuscrita se limita a contemplar el aspecto más obvio: la dolorosa pérdida del hijo heredero de España.]

      Era lógico que el romance, como los demás escritos de la época, colocase en un primer plano la desolación paterna, la «soledad» en que quedaban los Reyes Católicos al perder a su único hijo varón. La tradición sefardí mantiene esta perspecti­va, tanto en Oriente como en Marruecos; pero, contra la realidad de lo ocurrido en 1497, en que doña Isabel no vio morir a su hijo, sino que acompañó a su hija pri­mogénita hasta verla desposada con el rey don Manuel de Portugal, los cantores judíos recreadores del romance creyeron imprescindible incorporar a la dramática despedida familiar en la cámara del príncipe agonizante el duelo histórico de la reina-madre ocurrido a posteriori, por lo que duplicaron la entrevista histórica en Sa­lamanca con el rey-padre introduciendo a la reina-madre:

Estas palabras diziendo,    padre negro que arribava.
— ¿De ande venix, el mi padre,    pelando la vuestra barba?
— Vengo de rogar al Dio    que te alce de esta cama.
— Sí me alçará, mi padre,    sí me alçará, mi alma,
con un tabut de oro    y una rica mortaja.—
Estas palabras diziendo,    madre negra que arribava.
— ¿De ánde venix, la mi madre,    descalça y descaveñada
— Vengo de rogar al Dio    que te alce de esta cama.
— Si me alçara, mi madre,    la sentencia ya está dada.

                                                                (Oriente)

Como eso oyera su padre,    tendió mano a la su barba,
pelo a pelo la pelara    que en ella no dejó nada. ¡
Cómo hará por el su hijo,    espejo en que se miraba!
Ellos en estas palabras,    su madre por ahí entrara,
toda vestida de negro,    una soga a la garganta.
— ¿Ande estabas, la mi madre,    mi madre la desgraciada?
— Rogando y a Dios del cielo    que trueque alma por alma.
— Tarde recordaste, madre,    la sentencia ya está dada.

                                                              (Marruecos)

      No puede extrañarnos que este «cuadro de un duelo desgarrador» (como defi­ne certeramente Bénichou al romance en sus versiones sefardíes)76 haya adquirido en las comunidades judías una función ritual, siendo utilizado como canción fúne­bre en ocasiones de duelo y para el día de la conmemoración de la destrucción del Templo (Tiš‘āh bě-Ab).

 

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

76  P. Bénichou, Creación poética, p. 115.

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

*   12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

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Letras capitulares
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12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

12.- 6.   LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

6.   LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO. II PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

      [legado a este punto, resulta forzoso romper con mi exposición de 1981 para ac­tualizarla y dar seguidamente entrada a un testimonio que hasta diez años después de esa fecha seguía permaneciendo oculto para la crítica romancística.

      En un cartapacio manuscrito conservado en la Biblioteca de Palacio Real, encuadernado conjuntamente con otros manuscritos de contenido muy dispar, se conserva un curioso cancionero, típico de los gustos de un colector conservador de fines del siglo XVI o principios del siglo XVII, con un variado muestrario de roman­ces, villancicos y otras poesías (temáticamente afines unos a otros)59. Entre los ro­mances figura el siguiente60:

      Nueva triste, nueva triste
      que sona por toda España,
2    que ese príncipe don Juan
      está malo en Salamanca,
      malo está de callentura,
      que otro mal no se le halla.
4    Yvalo a ver el duque
      ese Duque de Calabria.
      — ¿Qué dizen de mí, ay, duque,
      que dizen por Salamanca?
6    — Que está malo Vuestra Alteza
      mas que su mal que no es nada.
      — Ansí plegue al Dios del çielo
      y a la Virgen coronada.
8    Si desta no muero, duque,
      duque, no perderéis nada.—
      Estas palabras diziendo,
      siete dotores entravan.
10   Los seis le miran el pulso,
      dizen que su mal no es nada.
      El postrero que lo mira
      es el dotor De la Parra.
12   Yncó rodilla en el suelo,
      mirándole está la cara.
      —  ¡Cómo me miras, dotor,
      cómo me miras de gana!
14   — Confiésese Vuestra Alteza,
      mande ordenar bien su alma;
      tres horas tiene de vida,
      la vna que se le acava.—
16   Estas palabras estando,
      el Rei su padre llegava:
      — ¿Qué es aquesto, hijo mío,
      mi eredero de España?
18   ¿O tenéis sudor de vida
      o se os arranca el alma?
      ¡Si os vos morís, mi hijo,
      qué ara aquel que tanto os ama!—
20   Estas palabras diziendo,
      ya caye que se desmaya.

      La primera observación que la lectura de este texto manuscrito del romance nos sugiere es la de la fundamental continuidad textual de la narración poética al pasar de voz a memoria y de memoria a voz en una larga cadena de transmisores por el espacio temporal de cinco siglos, sin necesidad de que para la conservación del texto medie la escritura61.

      Espigando en el conjunto de la tradición oral moderna los versos más afines, podemos todavía hallar en el siglo XX un «romance» que dice como en la versión del siglo XVI:

      Tristes nuevas, novas tristes
      que se suenan por España,
2    que ese príncipe don Juan
      está malo en Salamanca,
      malo está de calentura,
      que otro mal no se le halla.
4    Llamaron siete doctores
      doctores de grande fama.
      Todos le toman el pulso,
      dicen que su mal no es nada.
6    Sólo falta por venir
      aquel dotor De la Parra.
      Hincó la rodilla en el suelo,
      muy atento le mirara.
8— ¿Qué me mira usted, doctor,
      que así me mira de gana?
      — Confessa-te, dom João,
      ordena pa la tu alma;
10   tres horas tienes de vida
       y la una ya se acaba.—
       Estando en estas palabras,
       el rey su padre llegara.
12    — ¿Qué e isso, ó meu filho,
       regalo de la mi alma?
       — Unas calenturas, madre,
       que me han de arrancar el alma.
14   ¡Cómo hará por el su hijo,
       espejo en que se miraba!

      Junto a la fidelidad en el recuerdo textual, la confrontación de la versión facti­cia, que hemos extraído de la lectura del total de las versiones modernas, con la versión manuscrita de fines del siglo XVI nos pone, a la vez, de relieve la existencia de un importante olvido colectivo en la tradición oral moderna: jamás aparece en ella la escena de la visita del Duque de Calabria al príncipe enfermo.

      Como el título de Duque de Calabria era propio de los príncipes herederos del rey de Nápoles, la identificación del personaje romancístico está condicionada por la reciente investidura en el trono del «realme» de Fadrique o Federico III, después de la muerte, el 7 de octubre de 1496, de su sobrino Ferrante II o Fer­nando.

      Fadrique, para contrarrestar las aspiraciones del rey de Aragón, que se creía con más títulos que él a la corona, buscó el apoyo del papa Alejandro VI, quien, pese a las presiones de Fernando el Católico, le otorgó la investidura el 11 de ju­nio de 1497. El rey don Fernando aceptó la decisión papal, cuidándose de que el Gran Capitán renovase con el nuevo Rey de Nápoles las capitulaciones que garan­tizaban la presencia española en una serie de lugares fuertes del reino. El hijo de Fadrique, Ferrantino o Fernando, que había sido nombrado Duque de Calabria y reconocido como heredero, fue en seguida, a pesar de ser aún un niño, objeto de planes matrimoniales muy dispares, según variados esquemas de alianzas interna­cionales. La tradicional dependencia respecto a Aragón de la rama «bastarda» aragonesa de reyes de Nápoles, que, en los reinados anteriores, había obligado a Alfonso II y a su hijo Ferrante II a tomar como mujeres a la hermana y la sobrina de Fernando II de Aragón (el Rey Católico), ambas de nombre Juana, aconsejaba ahora que el nuevo rey buscara reforzar esos lazos casando al Duque de Calabria en la familia del Rey Católico, como un seguro de que los Reyes de España acudi­rían en su auxilio si el rey Carlos (Charles) VII de Francia invadía Italia; pero también cabía la opción de intentar salirse de la tutela española mediante una boda francesa y una pactada retirada de las fuerzas del Gran Capitán a Sicilia, una vez que el Rey de Francia renunciara a sus pretensiones de dominio sobre Nápoles.

      Según cuenta el Cura de los Palacios y capellán de fray Diego de Deza, Arzobispo de Sevilla,

   como reinó Federico, el Rey de España quisiera, y tanbién la reina su hermana, que casara su fijo de Federico, Duque de Calabria, con la muger del rey Fernando el Moço, su sobrina, que era asaz moça y de muy grand merescimiento, el qual casa­miento Federico ni su hijo diz que no quisieron conceder. E diz que el rey don Fer­nando escrivió algunas cartas a Federico su sobrino, Rey de Nápoles, sobre el dicho casamiento e sobre otras cosas convenientes para entre ellos, e que teniendo a él no temiesse al Rey de Francia ni a otros, que él le ayudaría e defendería el reino de Ná­poles... Y el rey Federico diz que era mucho más aficionado a Francia que no a España... E non se pudo acabar con Federico e su hijo que el dicho casamiento se fiziese 62

y afirma que el fracaso de esa negociación sería la causa de que las dos reinas viudas, la vieja y la moza, se volvieran en 1499 a España desavenidas con el rey Federico. Pese a que esta propuesta era evidentemente la solución preferida por Fer­nando el Católico, después que vino a producirse el asesinato en Roma del Duque de Gandía, Juan Borgia, el 14 de junio de 1497, y que las ambiciones seculares de César Borgia, apoyadas por su padre el Papa, introdujeran un nuevo factor político en la inestable situación de Italia, llegó a pactarse otra alianza matrimonial más grata para el Rey de Nápoles, la de su hijo el Duque de Calabria con la infanta doña María, la única hija por desposar de los Reyes Católicos; pero el convenio se man­tuvo secreto, a instancias españolas, mientras duraban las negociaciones de una posible paz con el rey Charles VII de Francia63.

      El 1 de agosto de 1497 Fadrique III se coronó pacífica y solemnemente en Nápoles, ceremonia en la que el pequeño Duque de Calabria ocupó un destacado lu­gar al lado de César Borgia, legado del Papa. Pero la continuidad de la casa «bas­tarda» aragonesa estaba lejos de hallarse asegurada. Fadrique III sabía bien que, en las negociaciones de paz, iniciadas por Francia y España durante la tregua fir­mada en Lyon (la cual en la frontera pirenaica se había iniciado el 5 de marzo y en Italia el 25 de abril y que abarcaba hasta el fin de octubre), se contemplaban fór­mulas diversas de disponer del futuro del reino de Nápoles con o sin participación suya y de su hijo. De ahí que, al igual que otros potentados europeos, enviara em­bajadores especiales a la corte española (en su caso a micer Antonio de Genaro) con el fin de defender sus intereses.

      En los meses que siguieron a las velaciones del príncipe don Juan y madama Margarita (el 2 de abril de 1497), las idas y venidas de embajadores entre Francia y España se sucedieron y, durante la estancia de la corte en Medina del Campo (a partir del 13 de junio, hasta mediados de setiembre), fueron acudiendo a ella en­viados de todas partes de Europa. Los Príncipes de España se separaron por en­tonces de los reyes y se fueron a su ciudad de Salamanca, donde entraron, según ya dije, el 23 de setiembre.

      No nos consta que el pequeño Duque de Calabria, después de la ceremonia de la coronación de su padre (1° de agosto), en la que figuró de forma destacada, via­jara a España. Pero es posible que viniera con ocasión del envío por su padre de la embajada arriba mencionada para seguir de cerca lo que en la corte española se negociaba, con el objetivo de que se celebraran cuanto antes los desposorios concertados con la infanta doña María. Lo que sí es posible asegurar es que, de ser cierta la noticia de su visita al príncipe en Salamanca, la promesa que don Juan de Castilla hizo al pequeño duque en caso de salir con vida de su enfermedad («si d’esta no muero, duque, duque no perderéis nada») tuvo que ser la de apoyar los desposorios del muchacho y, como natural consecuencia de tal pacto matrimonial, el derecho del duque a heredar el reino de su padre; esto es, a que la paz con Fran­cia no se hiciera a costa suya, como a la postre vendría a hacerse pocos años des­pués, cuando el Rey Cristianísimo Luis (Louis) XII de Francia, sucesor de Car­los VII (muerto el 8 de abril de 1498), y el Rey Católico, Fernando II de Aragón, se repartieron el «realme» y Fadrique III tuvo que entregarse y ponerse bajo la protección del rey francés64. En ese año de 1501, sólo seguiría la guerra el joven Duque de Calabria Ferrante de Aragón, entonces de 13 años (nació en 1488), quien, junto con el Conde de Polenza Juan de Guevara, resistió eri Tárente valien­temente el cerco terrestre y marítimo de Gonzalo Fernández de Córdoba. Al fin, los sitiados negociaron la capitulación y las tropas españolas entraron en la ciudad el 1 de marzo de 1502. Aunque en la capitulación con el Gran Capitán el duque quedó en libertad de escoger entre ir a vivir con su padre en Francia o venir a Es­paña a servir al Rey Católico, don Gonzalo, en connivencia con su rey, detuvo al duque en el reino, impidiéndole la salida durante meses, y acabó por llevarlo a Si­cilia y de allí deportarlo a España, donde el Rey Católico lo retuvo en prisión como rehén, en flagrante incumplimiento de lo con él pactado65. Pese a que la conducta poco digna del Rey Católico y del Gran Capitán reportaría, a la larga, el beneficio de conseguir, tras una larga guerra con Francia, la incorporación de Nápoles a la corona de los Reyes de España, Ja prisión del Duque de Calabria fue lamentada en Castilla en una hermosa glosa (Quejas del Duque de Calabria) hecha a la famosa canción bilingüe italiana y latina «Alia mía gran pena forte», canción que, según la opinión en 1548 de Gonzalo Fernández de Oviedo, habría compuesto el propio «serenissimo rey don Federique de Nápoles, año de mili e quinientos e uno que perdió el reyno porque se juntaron entre si los Reyes Católicos de España y el rey Luis de Francia»66. La glosa dice así:

¿Qu’es de ti, mi reyno antig(u)o,
o Calabria, mi ducado?
Auiendo te sido amigo,
te me has mostrado enemigo
por verme deseredado,
Que me veo sin deporte
mi cara tornada fea,
¿con quién tomare conorte
a la mía gran pena forte
dolorosa, afflita y rea?

Que me tiene aquí tu alteza,
sin hazelle yo traycíón
ni le tocar yo en vileza,
preso en esta fortaleza
de Xatiua de Aragón.
Ponte donde yo te vea.
¿Qué es de ti, do estáys, mis cortes?
mal por bien en mi se emplea,
diuiserunt vestem meam
et super eam miserum sortem.

¿Qu’es de tanto cauallero
que a mi mesa comía pan?,
siendo yo el propio heredero
me hizo ser estrangero
el noble Gran Capitán,
Que a la hora que fue visto,
por señor le obedescieron
y anduuo luego tan quisto
que me han fato como a Christo
quem pro nobis vendederunt.

Assí como me prendió
el esforçado y valiente,
a Castilla me imbió
y el buen rey me recibió,
pero no como a pariente,
Porque luego me metieron
donde nadie no se vea;
la fiesta que me hizieron
manus, pedes me fixerunt
dinumerauerunt ossa mea.

E fín.

Estando assí aprisionado,
falto de toda virtud,
¡o triste desventurado,
de mis tierras apartado
en mi tierna jouentud!,
Porque todo el mundo crea
a donde mi mal aporte
que, como quiera que sea,
diviserunt vestem meam
et super eam miserunt sortem
67.

      Es de notar que, pese a haberse adueñado de todo el reino de Nápoles por las armas y a tener al heredero de Federico III en prisión, los Reyes Católicos nunca llegarían a desechar de sus cálculos políticos, como una posible solución a la siempre conflictiva situación de derecho del «realme»68, la restauración de la rama bastarda aragonesa en el trono de Nápoles y el matrimonio del Duque de Calabria con la reina sobrina de don Fernando. La opción reaparecerá, con efectos políticos devastadores para la política de alianza con la Casa de Austria, en los críticos momentos en que el Rey Católico tuvo que verse cara a cara con su yerno borgoñón al llegarle a la Reina Católica la hora de la muerte69. El ma­quiavélico rey aragonés parece haber caído en esta ocasión en una hábil trampa tendida por Luis XII en unas nuevas conversaciones de paz que los embajado­res españoles mantenían en Francia, pues su tentativa de sondear un acuerdo con el rey francés a partir de esa propuesta70 le costó la ruptura con el Rey de Romanos y emperador electo Maximiliano71 y la definitiva desconfianza de su yerno el príncipe don Felipe72.

      Aclaradas las circunstancias históricas del episodio, vuelvo nuevamente a considerarlo en cuanto narración literaria. Nada más lógico en la evolución textual de un romance al transmitirse oralmente durante siglos que esta diferencia señalada  entre la versión del Siglo de Oro y las modernas. Al acercarnos en el tiempo al su­ceso cantado en el romance, hacen en su texto aparición recuerdos de detalles his­tóricos que el arte narrativo de la colectividad juzgará después inesenciales para la historia narrada y que, consecuentemente, optará por borrar del texto memorizado. Fuera del contexto político de los años 1497-1504, la visita del Duque de Cala­bria y la promesa que el Príncipe de España le hace carecían de todo sentido o función en la narración73.

       La segunda secuencia del romance (el príncipe, ante la evidencia de su muerte inminente, expresa su última voluntad) consiste, en la versión del manuscrito de la Biblioteca de Palacio, al igual que en las versiones tradicionales modernas, en el desarrollo de la patética escena histórica de la visita del rey a su hijo moribundo que Vélez de Guevara no aprovechó en su «tragedia».

      A diferencia de la primera secuencia, esta segunda es en el texto del manuscri­to sumamente simple; su escaso desarrollo contrasta con lo que hallamos como norma en la tradición oral moderna. Una mera consideración estadística lo pone bien de relieve: sus cinco versos, que representan solamente el 25% de la exten­sión del texto, resultan ser bien pocos frente a Ja media de versos que ocupa la se­cuencia en los diversos bloques de versiones tradicionales del siglo XX (y finales del siglo Xix). Escogiendo a voleo un conjunto de versiones pertenecientes a cada una de las áreas de la tradición, obtengo los siguientes datos sobre la extensión relativa de esa segunda secuencia: 50% en la tradición sefardí de Oriente; 51% en la tradi­ción sefardí del Norte de África; 65% en las versiones del N.O. de España; 77% en las versiones de Portugal. Este contraste es, ciertamente, coherente con lo que sabemos sobre las tendencias estilísticas propias de las distintas tradiciones 74. Pero, aunque esta observación nos exige atribuir a la diacronía un papel relevante en el origen del contraste notado, es preciso tener presente que, tanto en nuestro particular caso, como en los cálculos generales sobre diferencias estructurales de la tradición antigua y la moderna hechos en otras ocasiones, el gusto de los colectores-transcriptores de textos tradicionales del siglo XVI por los finales truncos, inconclusivos75, puede también ser un factor que contribuya de forma notable a la diferencia notada. La importancia de este factor nos impone el tratar de superar las simples constataciones estadísticas acudiendo al análisis del contenido narrativo de la secuencia.

      Los cinco versos de dieciséis sílabas de la versión antigua manuscrita desarrollan dialoguísticamente un sólo motivo: el del dolor del rey-padre ante la muerte del heredero de la corona de España. Es éste, claro está, el punto de vista sobre el drama de 1497 que tenía que prevalecer en el tiempo histórico en que se produjo la entrevista del rey don Fernando con su único hijo don Juan, el Príncipe de Espa­ña. Sin embargo, otros personajes, otras interrelaciones humanas y políticas y otros sentimientos dotaban de complejidad a la despedida del príncipe del mundo].

      El joven don Juan que se enfrentaba con la muerte era, en la historia, a) hijo único varón de unos padres-reyes aún vivos, b) esposo y, a la vez, enamorado de una mujer también muy joven, venida de tierras lejanas como parte de una alianza entre familias-estados, con la cual se hallaba recién casado, pero que era ya madre gestante, y c) padre de un futuro niño-heredero, de sexo por el momento incierto. Todas estas personas competían en la Historia (y podían hacerlo en el relato) en el protagonismo del suceso de octubre de 1497: el príncipe o agonizante, los reyes o padres, la princesa o amada y el heredero presunto o hijo «marcado» por su naci­miento póstumo.

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

59  El códice de la Biblioteca de Palacio Real II-961 (olim 2-H-G) ha sido editado por C. Ángel Zorita, Ralph A. DíFranco y José J. Labrador Herráiz, Poesías del Maestro León y de Fr. Melchor de la Serna y otros (siglo XVl). Códice número 961 de la Biblioteca Real de Madrid, Cleveland: Cleveland State University, 1991. El códice, en cuarto, contiene cuatro manuscritos en su origen independientes. El nuestro ocupa los actuales fols. 82 a 115 (un total de 34 folios) y es el cuarto de los manuscritos. Pese a la fecha que por la presencia de ciertos temas históricos hay que asignar a esta sección del códice facti­cio, c. 1578, el gusto predominante responde más al de las colecciones de mediados del s. XVI que al de los cartapacios literarios del último cuarto del siglo.

60  Se halla en el fol. mod. 98r. Impreso con el n° 59 en las pp. 188-189 de la edición citada. En sus notas los editores no realizan la identificación con el famoso romance de la tradición oral moderna. Ha sido José Manuel Pedrosa, en una reseña de la publicación de 1991 (en la Revista de Literatura LV, 109, 1993, 288-293), quien ha llamado la atención sobre este texto: «Pero el romance que acaso mejor puede ilustrar el carácter tradicional de muchas de las fuentes del manuscrito es el n° 59 "perla" indu­dable de la recopilación: la única versión antigua conocida de La muerte del príncipe don Juan» (p. 293). Gracias a Pedrosa, incorporo esta importante novedad a mi estudio.

61 El «fenómeno» es tan habitual que a los estudiosos del romancero tradicional moderno se nos olvida la obligación de enfatizarlo. Sin embargo, no sobra insistir en tal obviedad, pues siempre que se recuerda que los textos literarios almacenados en las memorias humanas son tan dignos de considera­ción como los textos almacenados en escritura, la reacción de los historiadores y críticos literarios es comparable a la de los tres monos que nada quieren ver, oír o comentar y se tapan los ojos, las orejas y la boca.

62 Memorias del reinado de los Reyes Católicos que escribía el bachiller Andrés Bernáldez, cura de los Palacios,  ed. y estudio por M. Gómez Moreno y J. de M. Carriazo, Madrid: CSIC, 1962, pp. 387-388.

63 Gerónimo de Çurita, Historia del Rey don Hernando el Católico, V, Çaragoça: Herederos de Pedro Lanaja y Lamarca, 1670, fol. 142-142v, al tratar de sucesos inmediatamente posteriores a la muerte del rey Carlos de Francia (8 de abril de 1498), dice que el rey don Fadrique escribió al Rey Católico «que el Rey tuuiese por bien que se publicasse el matrimonio, que se auía tratado, entre la Infanta doña María con el Duque de Calabria su hijo, afirmando que, pues el Rey de Francia era muerto, cessaua la causa por la qual el Rey Católico no quería que se supiesse», pero que el Rey Ca­tólico «estaua muy lexos que el [matrimonio] de la Infanta su hija se concertasse con el Duque de Calabria, aunque se tenía aquello suspenso por él»; y que una vez sabida por don Fadrique la ida de César Borgia a Francia (octubre de 1498), considerando que significaba «su perdición y de su casa», envió dos embajadores a España (Raphael de los Falcones y Hector Piñatelo) para insistir en la nece­sidad de publicar inmediatamente el concertado matrimonio (fol. 158v). No sé en qué meses de 1497 se harían esos tratos, pues Çurita no ha hecho antes referencia a ellos; pero sin duda el matrimonio se firmaría en el verano u otoño de 1497 para apartar a Fadrique de un posible entendimiento con Francia.

64  En cumplimiento del pacto secreto de Fernando de Aragón con Luis de Francia (firmado en Granada el 10 de octubre de 1500), mientras el rey francés avanzaba (8 de julio, 1501) sobre Nápoles y, una vez rendida Gaeta, obtenía la renuncia al trono de Fadrique III, que se conformó con recibir unas rentas en el interior de Francia y vivir de ellas a la sombra de Luis XII, el Gran Capitán desem­barcaba en Tropea (5 julio, 1501) y, en menos de un mes, ocupaba las dos Calabrias. Según Bernáldez, la salida de Tarento del duque se produjo ya en el contexto político del enfrentamiento entre los alia­dos franceses y españoles, una vez destronado Fadrique III: Estando poniendo en práctica la «partija» del reino de Nápoles,

    «començó a fallar la verdad entre los franceses e a crecer la sobervia e la inbidia, porque luego tuvieron manera que Taranto, que era en la parte del Rey de España, se tuviese e se non diesse al Grand Capitán, por manera que el duque don Fernando non se entregasse, como en la capitulación estava. Púsose el cerco sobre Taranto a veinte y ocho de Septiembre del dicho año de MDI y el Martes primero de Março se entregó la cibdad e salió el duque della. E se paso en Mesina para venir en España. El qual llegó en Mesina en fin del mes de Agosto. E éste es el Duque de Calabria, fijo del Rey Federico que perdió el reino» (ed. citada, pp. 405-406).

El Duque de Calabria, Ferrantino o don Fernando de Aragón sólo recobraría la libertad en el reinado de Carlos V, quien trató de compensarle casándole con la reina Germana de Foix (la segunda mujer del Rey Católico) y concediéndole la regencia de Valencia, donde el duque mantuvo una esplendorosa corte, en que la literatura y la música florecieron bajo su muy especial patronazgo. Gracias a él podemos aún hoy gozar las incomparables polifonías del Cancionero de Uppsala y leer El Cortesano de Luis Milán.

65 Çurita dedica varias páginas (obra cit., pp. 228-246) a explicar cómo dilata el Gran Capitán el cumplir lo pactado con el duque y cómo, finalmente, lo deporta.

66  Gonçalo Fernández de Oviedo, Historia general y natural de las Indias, Parte I, libro V, cap. 1.

67 Las Quejas del Duque de Calabria se hallan impresas en el pliego suelto (DicARM, 771) Comiença el romance del rey Ramiro, con su glosa. Y otra glosa de la canción A la mía gran pena forte. Con la de Rosafresca. Año 1564 (ejemplar en Praga: Universitáts Bibl.), que se había impreso ya en el primer cuarto del siglo XVI pues don Fernando Colón lo compró en Medina del Campo, por «3 blan­cas», el «23 de nouienbre de 1524» (según su Regestrum, núm. 4106, donde lo describe así: «Romançe del rey ramiro con su glosa. I. ya se asienta el rey ramiro glosa. I. pves en los casos de amores. It. glosa de la mia gran pena forte. I. ques de ti mi reyno antiguo, ítem, glosa de rosa fresca. I. quando yo os quise querida de que no sabía de amor. est. in 4° 2. col. [DicARM, 1035]). También se en­cuentran manuscritas en un cancionerillo poético del siglo XVI encuadernado con el Cartapacio de Hernández de Padilla (ms. D79, Bibl. de Palacio Real, Madrid, olim 2-B-10), fols. 228-256v, en el fol. 233. Dio ambas noticias R. Menéndez Pidal, «Cartapacios literarios salmantinos del siglo XVI», BRAE, I (1914), pp. 43-55, 151-170, 298-320: p. 305. Acerca de A la mia gran pena forte, véase la in­formación reunida por J. Romeu Figueras, Cancionero musical de Palacio (siglos XV-XVl), vol. 3-B, «La Música en la Corte de los Reyes Católicos», IV-2, Barcelona: CSIC, 1965, núm. 317, pp. 418-420. La canción A la mia gran pena forte no fue compuesta «a propósito de las desgracias del Duque de Cala­bria», como por un lapsus afirma P. Cátedra, Seis pliegos poéticos barceloneses desconocidos, c. 1540, Madrid: El Crotalón, 1983, p. 32, sino a la deposición de su padre el rey Fadrique III; sólo una de las diversas glosas hechas a la famosa composición italiana, la que aquí comentamos, se centra en la per­sona del Duque.

68 Aunque las armas fueron de ordinario muy decisivas en la determinación de a quién pertenecía el señorío de Nápoles, siendo como era el "realme" feudo de la Iglesia, la posesión podía ser siempre invalidada por una acción diplomática arbitrada por el Papa. Las constantes oscilaciones en los siste­mas de alianzas con que se pretendía eludir una situación en que Francia, España o Austria se alzara con el incontestable dominio de Italia, hacían muy difícil la conservación de un estado de hecho por mucho tiempo. Por ello, aunque la victoria del Gran Capitán en Garellano (28 de diciembre de 1503) y la capitulación de Gaeta (1 de enero de 1504) cerraban la etapa bélica, los Reyes Católicos optarían por una solución política: «agora que Nos tenemos todo el reyno de Napoles y le podemos dar al dicho Archiduque y a su hijo, nuestro nieto [el infante don Carlos], y por no lo tener el Rey de Francia, tene­mos Nos que hazer en acabar que él lo aya por byen, y porque teniéndolo nosotros se podrá asentar esto, mediante Nuestro Señor, de otra manera que antes, ... avemos hecho mover en Roma al Cardenal de Ruan, por mano tercera, como que no salía de Nos, este medio, conviene saber: que se haga el casa­miento del ynfante don Carlos, nuestro nieto, y de madama Glaudia, fija del Rey de Francia, como está asentado, y que renunciemos Nos el derecho que tenemos al reyno de Nápoles en favor del dicho Ynfante, nuestro nieto, y el Rey de Francia renuncie su derecho en favor de la dicha madama Glaudia, e quel Archiduque aya de tener e governar todo el reyno de Napoles como tutor de los dichos don Carlos e madama Glauda, dando nueva ynvestydura La Sylla Apostólica...» (carta de los Reyes Católi­cos, 1 de enero de 1504, Correspondencia de Gutierre Gómez de Fuensalida, 1907, pp. 198-199).

69  Según el testimonio del Cardenal de Rouan, los embajadores españoles, Gralla y el doctor Agus­tín, transcurrido el plazo de 30 días con que el rey de Francia les había conminado (el 15 de julio) para que consigan la aceptación por los Reyes Católicos de las cláusulas a que condicionaba la firma de la paz sobre el reino de Nápoles, vinieron a él el 18 de agosto de 1504 y, ante el Chanciller de Francia, dijeron las siguientes palabras: «qu’el Rey y la Reyna d’España, sus señores, no hallauan mejor medio para venir a la paz con el Rey de Francia, ni más seguro para sus conçiençias, que restituyr el reyno de Nápoles al rey Federico de Aragón, como primeramente avia seydo platicado; y que sy el Rey de Francia quería, que luego los dichos Rey y Reyna se lo restituyrían, con condición qu’el fijo del rey Fe­derico case con la sobrina del Rey d’España, hermana del dicho rey Federico, y que aquellos suçedan en el reyno», según la carta, «de la mano del cardenal» mismo, recibida por el príncipe don Felipe y que el embajador Gutierre Gómez de Fuensalida transcribió para sus reyes el 19 de setiembre (D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, pp. 277-278), y de acuerdo con lo anteriormente comunicado verbalmente al embajador de don Felipe, mose de Villa, por el cardenal (de que Fuensalida había in­formado ya a los Reyes Católicos el 30 de agosto). La reina doña Isabel no había dejado de estar febril desde julio, y a finales de setiembre el rey don Fernando temía ya por su vida (carta a sus embajadores en Flandes del 26 de setiembre).

70  Cuando los embajadores españoles procuraron tener audiencia secreta con el Rey de Francia y éste, por hallarse enfermo, los remitió al Cardenal de Rouan y al Chanciller (18 de agosto), e hicieron ante él la propuesta de volver a la negociación de la restitución del realme a don Fadrique, el Cardenal se apresuró a informar a mose Villa, embajador del príncipe don Felipe (y, seguramente, al de su pa­dre Maximiliano de Austria) para inclinarles a pactar por separado y romper con los Reyes Católicos. El príncipe se lo comunicó a los tres embajadores españoles (Fuensalida, don Juan Manuel y el Obis­po de Catania) «asaz turbado», aunque protestando de que no lo creía, y el 30 de agosto Fuensalida, aunque en la entrevista con el príncipe lo echó a risa, atribuyendo todo a «tronperias de los france­ses», escribió por correo aparte y alarmadísimo a los reyes pidiéndoles con toda urgencia una contes­tación. Entre tanto, una vez que los embajadores españoles presentaron oficialmente la propuesta de devolución ante el Rey de Francia y su Consejo (el 24 de agosto), el propio Luis XII, los miembros to­dos de su Consejo y el Cardenal de Rouan remitieron tres cartas al príncipe, en que le aseguraban, con todo el énfasis posible, la verdad de lo que escribían que les fue dicho por mosen Gralla y micer Agus­tín acerca de la nueva propuesta de paz (vistas por don Juan Manuel y por Fuensalida, que se apresu­raron a escribirlo a sus reyes desde Bolduque, 19 de setiembre de 1504, encomendando su carta a Hoz, cerero de la princesa doña Juana).

71 Según la versión que el 10 de setiembre de 1504 (desde Medina del Campo) se habían apresura­do a enviar los Reyes Católicos a su yerno el príncipe don Felipe, a través de sus embajadores en Flan­des (el Obispo de Catania, don Juan Manuel y Fuensalida), sus embajadores en Francia (mosen Gralla y micer Agustín), viendo que los embajadores de don Felipe y del Rey de Romanos en Francia (mose de Villa y Filiberto Natural proboste de Utrech), por intermedio de los cuales negociaban la paz entre Francia y España, consideraban definitivamente rotas las negociaciones y que el Rey de Francia se de­cidía por la reanudación de la guerra como solución al conflicto de Nápoles, habrían recurrido a la ar­timaña de evitar la ruptura total del proceso de paz sacando del olvido esa vieja propuesta: «Y como los nuestros ovyeron sentimiento que los franceses los querían despedir para que se viniesen a Nos syn concluyr ni asentar cosa ninguna y tenían mandamiento nuestro que en caso que los franceses los desafuziasen del todo de la negociación del Príncipe y del Ynfante [se refiere a la propuesta de entregar el realme al Príncipe don Felipe como tutor de los niños, el infante don Carlos, su hijo, y Glaudia, la heredera del rey de Francia, previamente desposados] y los quisyesen despedir para que se viniesen syn ninguna conlusyón, que por descargo y justificaçión nuestra para con Dios y con el mundo hiziesen de nuestra parte con el Rey de Françia todas las justificaçiones que se pudiesen hazer para que no viniésemos en rompimiento a nuestra culpa, y porque avía poco qu’el Rey de Françia, por desechar, segund pareçió, la negoçiaçión que hera en favor del Príncipe, nos avia hecho dezir, por via del rey don Fadrique, que él quería concluyr aquella negoçiaçión del rey don Fadrique, y no la que hera en fa­vor del Príncipe y que por nosotros quedava de hazer la paz, después de aver sydo nuestros enbaxadores desafuziados y despedydos del todo de la negoçiaçión que hera en favor del Príncipe, como ave­mos dicho, teniendo por cierto qu’el rey de Francia no dezia lo del rey don Fadrique para hazerlo syno por justyficársenos, asymismo por justificarnos y porque no pareçiese que desechávamos ningund medio de paz de los que él movía, salimos a él respondiéndole a ello d’esta manera: que nuestros enbaxadores dixesen de nuestra parte al Cardenal de Rúan y al Chanciller que, pues el Rey de Francia no quería venir en la negociación que procurávamos en favor del Prínçipe y del Ynfante don Carlos, que respondiesen qué hera su voluntad en la negoçiaçión que al comienço se habló de la restituçión del rey don Fadrique...» (D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, p. 273). Por carta de Fuensalida, envia­da desde Gante el 10 de abril de 1504 a sus reyes (D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, p. 220), sabemos que el embajador español había conseguido transcribir una carta del embajador del Rey de los Romanos y del Príncipe enviado a Francia (el Proboste de Utrech, Filiberto Natural) en que notificaba a don Felipe cómo un secretario de don Fadrique de Aragón había regresado de España, tras ir a negociar la restitución del realme, afirmando que «el Rey d’España le dixo que hera contento, tanto qu’el Rey de Francia consyntiese y que su hijo de don Fadrique casase con la sobrina del Rey d’Espa­ña», pero que la orden recibida por los embajadores (aunque personalmente interesados en esta pro­puesta) era la de negociar que don Felipe tuviese el realme para su hijo y la hija del Rey de Francia.

72 Maximiliano, sintiéndose burlado personalmente, firmó de inmediato, por él y por su hijo, alian­za con Francia (Tratado de Blois, 23 de setiembre de 1504), sin incluir para nada a sus consuegros los Reyes Católicos, y el archiduque, aunque siempre más cauto (temeroso, sin duda, de las consecuencias que la ruptura con sus suegros podría tener para la sucesión de España), se mostró «tan corrido y es­candalizado que es maravilla» y declaró taxativamente ante Fuensalida: «Sy esto es mentira que los françeses me escriuen, ésta es la mayor desverguença que nunca Rey ni tales personas hizieron, mentir tan claramente y firmar y sellar su mentira; y, sy es verdad, ésta es la mayor enemiga que nunca padres hizieron a hijo...» (carta de Fuensalida, 19 de setiembre de 1504, D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, p. 281). Las explicaciones y seguridades de los Reyes de España, llegadas con retraso, no bastarían para borrar los efectos del mal paso en las cortes del Rey de Romanos y del archiduque; el Rey Católico se vería forzado a jugar sus cartas aislado y a la defensiva, ante el creciente poderío políti­co de Luis XII, cuando la muerte de la Reina Católica (26 de noviembre) abra definitivamente la crisis sucesoria.

73 Tan sólo es posible que haya en la tradición oral moderna algunos elementos (de intriga o de discurso) transferidos desde esta escena omitida a otros contextos de la historia narrada. Así, quizá sean restos de esa escena transicional los versos que aparecen en un grupo de versiones del tipo «Cán­tabro» que dicen: «Todos le vienen a ver,     todos los Grandes de España; / ha venido un tío suyo     un lunes por la mañana»; pero el papel de este personaje extraño al resto de la tradición oral moderna se confunde con el del doctor De la Parra, a quien substituye en todas sus funciones. También podría alegarse como recuerdo de las ofertas al Duque de Calabria versos como «Que se Ihe dessem a vida, teria[m] paga avultada», «Si me das buenas anuncias,      le mando una rica manda», en que el príncipe se dirige a los médicos, en general, o, en particular, al doctor De la Parra (versiones de Rapa a y Lajeosa, en Beira Alta, Miranda do Douro, en Trás-os-Montes y Guímara y Villarino de Sil, en León). En el plano verbal, podrían tener su origen en la escena omitida las preguntas retóricas con que se anuncia, a veces, la mala nueva que corre por España: «¿Qué se cuenta por Sevilla,      qué se cuenta por Grana­da?», «¿Qué se cuenta, qué se cuenta,       qué se cuenta por España?».

74 Cfr. S. Petersen, «Cambios estructurales en el Romancero tradicional», en El Romancero en la tradición oral moderna. Ier Coloquio Internacional, ed. D. Catalán et al, Madrid: Seminario Menéndez Pidal y Rectorado de la UCM, 1972, pp. 167-179, y D. Catalán, «Análisis electrónico del mecanismo reproductivo en un sistema abierto. El modelo Romancero», Revista de la Universidad Complutense, XXV (1976), 55-77; véase ahora, mejor, en la presente obra, cap. 2, § 8 de la Primera Parte.

75 Notado, desde antiguo, por R. Menéndez Pidal. Véase su Romancero hispánico, cap. III, § 7; cap.X, §3.

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

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11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

 

5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO. II PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

      n la escena teatral de Luis Vélez de Guevara se conserva, según hemos visto, la intriga de la primera secuencia del romance, aunque disfrazada con el ropaje dis­cursivo propio de la comedia barroca española; pero la rememoración del conteni­do del romance se detiene en el motivo de la ejemplar resignación estoico-cristiana del joven príncipe moribundo, que la tradición oral moderna ofrece también («No siento yo el morir,    que de morir nadie escapa»), pero constituyendo el núcleo de una secuencia nueva.

      Esta segunda secuencia es de contenido mucho más complejo que la primera y de esa complejidad va a depender la sobrevivencia hasta hoy del romance. Su «frase secuencial» podría enunciarse así: «el príncipe, deshauciado, acepta con resig­nación la muerte y hace testamento, encomendando su viuda a sus padres y reco­nociendo a su hijo postumo como heredero». Esa «frase» se escenifica mediante un diálogo del moribundo con su padre.

      Dado que el romancero tradicional, más que narrar sucesos, los escenifica, reviviendo ante el oyente acciones y parlamentos, esta entrevista dialogada entre el hijo y el padre nos parece, a primera vista, una dramatización poética del testa­mento del heredero de los Reyes Católicos (en el cual, según veremos, se manifies­ta la natural preocupación del príncipe por su mujer y por su hijo en cierne). Sus tres motivos básicos podrían ser considerados, el primero un tópico (el de la ente­reza y resignación del joven), el segundo (el de la preocupación por la viuda) un componente falto de relieve, a menos que se novelice sentimentalmente, y el terce­ro una disposición, específica, sí, del suceso de 1497 (pues la princesa se hallaba embarazada al morir don Juan), pero redundante, por demasiado obvia. El roman­ce del siglo XX en nada se hallaría constreñido por la historia en su desarrollo poé­tico del drama. Pero tal impresión de libertad es absolutamente falsa.

      La entrevista entre padre e hijo no es un escenario dramático libremente elegido por la poesía. Fue un suceso del que ningún narrador contemporáneo de la muerte del príncipe podía prescindir57, pues el rey don Fernando no acudió a ella desde la cámara contigua, sino reventando caballos, abandonando las bodas de su primogénita doña Isabel con el rey don Manuel de Portugal y enviando a ellas a la reina doña Isabel58, que tardó en enterarse del desenlace fatal. En cuanto a la conversación mantenida, hemos de diferir su análisis para más adelante.

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

57  Comentan la venida del Rey Católico y la entrevista tanto Pietro Martire d’Anghiera, como el licenciado Ortiz, como Juan del Enzina, como Alonso de Santa Cruz, y, tras ellos, cuantos han referido con algún detalle la muerte del príncipe.

58 Tras largas negociaciones, pues don Manuel de Portugal (y su camarero mayor don Juan Ma­nuel) estaban muy sospechosos y temerosos de porqué los Reyes Católicos exigían unas vistas para hacer entrega de la princesa (según se ve por las cartas de 29 de julio de 1497 de don Alonso de Silva a los Reyes de España). Don Fernando, doña Isabel y el príncipe don Juan su hijo firmaron con don Juan Manuel (el privado y representante del rey de Portugal) el convenio del concierto de casamiento en Medina del Campo, 11 de agosto de 1497. La entrega de la princesa doña Isabel deberían hacerla personalmente los reyes a don Manuel en Ceclavin el 30 de setiembre, al día siguiente los esposos se velarían y consumarían el matrimonio y al tercer día el Rey de Portugal se reintegraría a su reino. El 12 de setiembre, a petición del rey portugués, los Reyes Católicos (en carta a su embajador don Alonso de Silva), aceptaron trasladar las vistas a Valencia de Alcántara, «porque diz que sus lugares que están fronteros a Ceclavín no tienen agua», y, en vista de que el camino se alargaba así en «tres jornadas», pidieron a su vez, que «se alargue el plazo tres o quatro días por este respecto» (Medina del Campo, 12 de setiembre de 1497). Los documentos se hallan reproducidos en A. Paz y Meliá, El cronista Alon­so de Palencia. Su vida y sus obras, Madrid: The Hispanic Society of America, 1914, pp. 330-337. La llamada de fray Diego alcanzó a los reyes cuando se encaminaban a las vistas, según Juan del Enzina: «Al medio camino la nueua llegó / de como crecía su mal por entero; / sabida la nueua de aquel mensagero, / el rey, a gran priessa, de allí se boluió». Por Pietro Martire (carta n° 182) sabemos que «el desdichado padre dio orden de que los correos ocultasen a la reina el suceso, enviándole los de cos­tumbre, para que poco a poco vaya haciéndose a este dolor. Y, a fin de no desgarrar súbitamente su corazón, la va entreteniendo con varias epístolas, escribiéndole que el estado del príncipe unos días mejora y otros empeora»; sólo le dirá la noticia de que ha muerto al regresar a su lado.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

** ARTE POÉTICA DEL ROMANCERO ORAL, II. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO:

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

TODOS LOS ARTÍCULOS DE LA 1ª PARTE:
*  ARTE POÉTICA DEL ROMANCERO ORAL, I. LOS TEXTOS ABIERTOS DE CREACIÓN COLECTIVA

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10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

 

4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA. II PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

     unque el romance nunca fuera impreso en el Siglo de Oro, a comienzos del si­glo XVII era suficientemente conocido del público que asistía a las representaciones teatrales como para que Luis Vélez de Guevara, en una comedia de tema folclórico, La Serrana de la Vera (que se conserva autógrafa), escrita bien en 1603, o bien en 161353, decidiera recurrir a la primera secuencia del poema tradicional para construir una escena dramática en que un supuesto testigo cuenta la muerte del prínci­pe y para que en ese relato dejara caer, de cuando en cuando, un verso del roman­ce tradicional (Acto 2° w. 1629 y ss. de la «tragedia»):

D. Garz.         Luego en llegando me aprobó el consexo,
           1630  aunque llegué a ocasión a Salamanca
                    para España bien trágica.

Capitán.                             ¿En qué estado
                    queda el príncipe?

D. Garz.                                 Oydme con cuydado.
                    Después que de la carrera
                    de aquel caballo, que a España

           1635  fue el de Troia, pues a sido
                    de tan gran desdicha causa,
                    quedó
el príncipe don Juan
                    tan
enfermo en Salamanca,
                    de su mal lograda vida

           1640  con tan pocas esperanzas,
                    Fernando y doña Isabel,
                    la jornada de Granada
                    dexando, dieron la buelta
                    a llorar tan gran desgrazia.
          
1645  Siete dotores lo curan,
                    y entre ellos el De la Parra,
                    nuebo Galeno español
                    que a Esculapio se adelanta.

                    Todos hasta el catorzeno
          
1650   la vida al príncipe alargan,
                     y el De la Parra una noche
                     le dize tales palabras:
                    
«Muy malo está vuestra alteza,
                     don Juan, Príncipe de España;
           1655   al cuerpo faltan remedios,
                     acúdanse a los del alma.
                     La muerte a nadie perdona,
                     que de los reyes las guardas
                     atropella y no respeta

           1660   como maior rey la manda.
                     Tres oras tenéys de vida
                     y la una ya se pasa,
                     que de la vida es el pulso
                     el relox que las señala.

           1665   Quien os engaña, no os quiere,
                     y a quien oy os desengaña
                     debéys más, que las lisonjas
                     aquí no sirben de nada.
                     Sin herederos vox dexa

           1670   el cielo: secretas causas
                     debe de aver que lo ordenan,
                     que en la tierra no se alcanzan.
                     El reyno, por vuestra muerte,
                     queda a la señora infanta;
           1675   anpare Dios a Castilla
                     y a bos os perdone el alma».
                     Valor mostrando, responde
                     el príncipe al De la Parra:
                     «Con ser la verdad primera
           
1680   que me han dicho, no me espanta.
                      Natural cosa es la muerte;
                      sólo me aflige la falta
                      que puedo hazer a Castilla,
                      aunque dexo tres hermanas;
           
1685   pero Dios, que determina
                      que muera, sabrá anparalla
                      con herederos que inporten
                      más a su yglesia romana.»
                      Y recibiendo de nuebo

            1690   los sacramentos, dio el alma
                      al zielo, luto a Castilla
                      y general llanto a España.

      El efecto buscado por Vélez de Guevara está claro. En medio del lenguaje típico de la comedia del siglo XVII, los versos tomados de la tradición oral resaltan por su di­ferente troquel, constituyendo llamadas de atención del autor al público ante quien se representaba la obra para que se percate del recurso literario consistente en la utilización en las tablas por la poesía cortesana de la literatura colectiva popular, que todos conocen porque viene siendo cantada y transmitida oralmente a través de los tiempos.

      La constatación de que a comienzos del siglo XVII se cantaba el romance de la Muerte del príncipe don Juan fue hecha en 1916 por el matrimonio Menéndez Pidal al editar la comedia autógrafa de Vélez54, pero pasó inadvertida a Bénichou. Gracias a ella sabemos que, como era de esperar55, los «siete doctores» y «el De la Parra» eran parte integrante de la historia romancística desde tiempos lejanos y que el pronóstico de las tres horas escasas de vida («tres oras tenéys de vida      y la una ya se pasa») era ya la fórmula tradicional56 empleada para anunciar la inmediatez de la muerte del príncipe y no una creación poética tardía.

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

53 Ms. R-101 de la Biblioteca Nacional, Madrid. El manuscrito autógrafo, firmado por el autor al final de los dos últimos actos, fecha la «tragedia de la Serrana de la Vera» «en Valladolid a 7 [sin mes] de 1603». Lleva, además, el envío «Para la señora Jusepa Vaca». Como M. A. Buchanan señaló en su breve reseña de la ed. Menéndez Pidal-Goyri de la «tragedia» (MLN, XXXII, 1917, 423-426), nos consta que el 25 de agosto de 1603 el marido de Jusepa Vaca, Juan de Morales, cobraba en Valladolid, sede de la Corte, 600 reales, de orden de la reina, por dos comedias representadas en su presencia (BHi, IX, 1907, p. 368). Es de notar, sin embargo, que al principio de las tres jornadas, después de la invocación «Jhesus, María, Jhosé», Vélez escribe los nombres «Luys [el suyo propio], Úrsola [el de su segunda mujer], Francisco [?], Juan [el de su hijo nacido en 1611], Antonio [el de su hijo bautizado el 1 de enero de 1613]», dato este que, unido a la afirmación de Luis Vélez, en un memorial dirigido a Felipe IV, de que su llegada a Valladolid (después de servir a Felipe III en Italia Oriente y Argel) se produjo «la misma noche del Viernes que para dicha del mundo vos nacéis y Cristo muere» [Viernes Santo, 5 de abril de 1605] torna problemática la relación del manuscrito autógrafo con la fecha en él señalada (cfr. la ed. Menéndez Pidal-Goyri, cit. en la n. 54, pp. 125-127). E. Rodríguez Cepeda en su edición de La serrana de la Vera, «Aula magna» (Madrid: Alcalá, 1967), admite como lectura del autó­grafo el año 1613 y no el de 1603 y argumenta en favor del año 1613, utilizando criterios métricos y el de que «Vélez estaba en Valladolid este año, de paso para las fiestas de Lerma, y Jusepa y su marido, Juan de Morales, preparaban viaje para esta ciudad en la misma fecha» (p. 17).

54  Luis Vélez de Guevara, La Serrana de la Vera, ed. R. Menéndez Pidal y Ma Goyri de Menéndez Pidal, en «Teatro Antiguo Español. Textos y estudios». I, Madrid: Centro de Estudios Históricos, 1916, pp. 157-159. Aparte de lo comentado en esas páginas, en el texto de la «tragedia» los editores destacaron en cursiva varios versos que consideraban de procedencia romancística.

55  Bénichou, Creación poética, p. 100, sin conocer la referencia de Vélez de Guevara, había observado con respecto a la primera secuencia del romance, que «este comienzo, si es antiguo, como parece por su presencia en toda la tradición, atestigua una poetización temprana del relato de la muerte de don Juan, efectuada según las normas propias del estilo tradicional. Lo demuestran la ausencia casi completa de datos sobre la enfermedad del protagonista, el uso de números tradicionales (cinco doc­tores, tres horas), los detalles contrastados (muchos médicos alentadores, uno pesimista...), la increíble precisión del pronóstico».

56  Bénichou se asombraba de que el pronóstico únicamente «quede formulado racionalmente en una sola versión», la que dice «tienes tres horas de vida,    cuatro con la comenzada», mientras que «ha triunfado umversalmente en la forma ilógica», representada por el verso «tres horas tienes de vida,    hora y media ya pasada» (y semejantes).

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*   7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*   8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*   9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

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9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

 

3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE.  II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN.

      l romance sólo consta de dos secuencias narrativas esenciales. La primera es un desarrollo poético de la «frase secuencial» «la ciencia anuncia la inevitable proxi­midad de la muerte del príncipe», y gira alrededor de la expectación a que da lu­gar la venida del doctor De la Parra, llamado a consulta. Los elementos narrativos constitutivos de esa secuencia son muy constantes en la tradición y pueden ejemplificarse así:

      Tristes nuevas, tristes nuevas,    que se cuentan por España:
2    que el príncipe don Juan    está malo en Salamanca,
      malo está de calentura,    que otro mal no se le halla.
4    Siete doctores lo curan    de los mejores de España;
      unos le escullan el pulso,    otros le miran las aguas;
6    miran unos para otros,    dicen que su mal no es nada.
      Sólo falta por venir    aquel doctor De la Parra.
8    Estando en estas razones,    cuando a la puerta llegaba,
      cabalgando en mula prieta,    collar de oro en su garaganta.
10   Hincó la rodilla en tierra    y la lengua le mirara;
      luego que le tomó el pulso,    de esta manera le habla:
12   — Ordena, príncipe, ordena,    ordena por la tu alma;
      tres horas tenéis de vida,    la una ya va pasada.

      Como ya sabemos, en esta secuencia el romance del siglo XX hereda de la histo­ria el motivo nuclear en torno al cual se organiza toda la información: la consulta al doctor De la Parra ante el fracaso de los médicos de cabecera. Quizá haya que identificar con él, según más adelante veremos, al «licenciado de Guadalupe» que, junto al doctor Nicolás de Soto, nombra Gonzalo Fernández de Oviedo como los dos médicos que atendieron al príncipe en sus últimos días; pero, gracias al per diem incluido en la partida de gastos extraordinarios ocasionados por la enferme­dad y exequias del príncipe, arriba citado, podemos asegurar, no sólo que le aten­dió, sino que fue especialmente llamado en aquella ocasión, a diferencia de los mé­dicos que eran «de planta»40.

      Pero, además de este dato central, la tradición conserva memoria de bastantes otros pormenores históricos característicos del suceso.

      El nombre del protagonista es todavía, en la mayoría de las versiones, «don Juan», y son muy numerosas las que lo identifican como «el príncipe» (a veces, «el infante») don Juan o como «el Príncipe de España». Las versiones marro­quíes recuerdan su condición de señor de Salamanca, llamándolo «esse rey de Salamanca» y en una versión de Miranda do Douro (Trás-os-Montes] además de denominarle «dom João de Salhamanha», se ofrece «Salhamanha» en don al médico que consiga salvar a don Juan la vida41. En otra de Tresabuela (Cantabria) se re­cuerda su condición de Príncipe de Asturias haciéndole que quiera transmitir las «Asturias de Oviedo» a su mujer42.

      Una versión leonesa y otra alentejana especifican la ciudad donde cae enfermo:

El señor príncipe don Juan    está malo en Salamanca;

Que estava João morrendo   na vila de Salamanha,

y varias versiones de Zamora y el Sur de León señalan, indirectamente (como una previsión del moribundo), que donjuán fue llevado a enterrar

en unas andas de pino    a la iglesia’e Salamanca43.

Las versiones marroquíes recuerdan que el «rey de Salamanca», antes de ir a Sala­manca, estuvo en Burgos:

De Burgos partió esse rey,    de Burgos a Salamanca

y que, por entonces, recibe una señal premonitoria de su muerte:

En meatad de aquel camino    del cielo cayó una carta.
— Alzáidla, mis caballeros,    alzáidla y bien notalda.
— Vuestra es, mi señor rey,    para vos viene mandada.

      Según la historia, fue camino de Burgos, después de que madama Margarita llegara por mar a Santander, donde los príncipes repitieron los desposorios (19 de marzo de 1497) y, finalmente, en Burgos se velaron (24 de abril). Petrus Martyr de Angleria (Pietro Martire d’Anghiera)44, en una carta del 29 de abril, en el curso de su descripción de los festejos nupciales, dice:

    Se organizaron juegos de cañas al estilo troyano y demás solemnidades, cual con­venía a la pompa real. Mas advierte que, según su costumbre, la Fortuna mezcló su in­fausta copa de hiél entre tanta alegría45.

En efecto, un hijo del Comendador Mayor de Santiago murió pisoteado por su propio caballo después de caerse de él:

    Anonadados todos con la inesperada desgracia de tan distinguido joven —conti­núa Pietro Martire— ya nadie se atreve a soltar las riendas. Bajo el peso del dolor, pa­recen presagiar que estas bodas no van a ser felices por mucho tiempo46.

      Llegado el príncipe con madama Margarita a Salamanca el 23 de setiembre, «al tercer día fue preso de una repentina fiebre», según Pietro Martire (dato confir­mado por Juan del Enzina)47. Sus padres, los reyes, acudieron a visitarle, pero no pareciendo cosa de importancia, siguieron camino a las bodas de la infanta Isabel con el Rey de Portugal don Manuel,  en la frontera de Extremadura48. En la tarde del viernes 29 de setiembre (a las seis y a las siete, después de mediodía) su antiguo tutor y ahora Obispo de Salamanca fray Diego de Deza, bajo cuyo paternal cuidado se halla don Juan, escribe a los reyes muy alarmado por el empeoramiento de la salud del príncipe49, pues, aunque don Juan ha dormido bien, «comió como suele, con el apetito perdi­do...50 y, estando escriuiendo ésta, lo ha reuesado todo. Y el mayor trabajo del mundo es ver su apetito tan caído y su Alteza se ayuda mal». Atendido por los médicos de su cámara y algunos otros de quienes se requirieron urgentemente sus servicios51, no su­pieron darle remedio. Muerto el príncipe, recibió inicialmente sepultura en la iglesia mayor de Salamanca «jueves en esclareciendo», cinco días de octubre.

      La tradición romancística ha retenido también las particularidades de la fatal enfermedad del príncipe (estado febril e inapetencia, sin otros síntomas):

Malo está de calentura, que otro mal no se le halla

’tou nesta cama deitado, por ora nao me dói nada

estou doente nesta cama, doente sem comer nada52,

así como la desorientación de los varios médicos que le prestan asistencia (según hemos visto en los versos 3-6 de la versión ejemplar facticia citada más arriba). Es el fracaso de los médicos de cabecera, igual que en la historia, lo que hace necesaria la llegada a su lado del doctor De la Parra.

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

40 P Bénichou, Creación poética, no tuvo noticia del documento de Simancas; por ello, al enume­rar «los rasgos que concuerdan con la verdad histórica» únicamente reconoce: «la mención... del doc­tor De la Parra, que fue, en efecto, un médico de la corte española en aquellos tiempos» (p. 96).

41  Publicada en J. Leite de Vasconcellos, Romanceiro português (1958), p. 23. Sobre la donación de la ciudad de Salamanca véase adelante, n. 169.

42  Publicada por J. M. de Cossío y T. Maza Solano, Romancero popular de la Montaña, Santander, 1933-34, p. 53. Sobre la donación del Principado de Asturias, véase adelante n. 169.

43   Soto de Sajambre (véase atrás, n. 28), Tolosa (véase atrás, n. 17); Uña de Quintana (Zamora), Calzada de la Valdería y San Feliz de Valdería (León).

44   Opus Epistolarum Petri Martyris Anglerii Mediolanensis..., Compluti... M.D. XXX. Ed. facsimilar en Petrus Martyr de Angleria, Opera... Opus Epistolarum, Introd. by E. Woldan, Graz: Akademische Druck- u. Verlagsanstalt, 1966 (He consultado también otra ed.: Opus Epistolarum Petri Martyris Anglerii Mediolanensis..., París: apud Fredericus Leonard, MDCLXX, que ofrece otra numeración de las cartas). Aprovecho, por lo general, la cuidada traducción castellana publicada en Pedro Mártir de Angleria, Epistolario, Estudio y traducción por J. López de Toro, I, «Documentos Inéditos para la Historia de España», IX (Madrid: Góngora, 1953).

45  Texto latino: «Ludus Troicus coeteraque solemnia qualia decuit in pompa regia, instruuntur. Sed aduerte, quam infaustum fellis poculum, tantae laetitiae fortuna more suo commiscuerit...». La carta fue dirigida al Cardenal de Santa Cruz y está fechada en III Kls. Maii. M.CCCCXCVII («Liber decimus», carta CLXXV de la ed. citada, 174 en la ed. de 1670 y en la trad. esp.).

46  Texto latino: «Inopino namque tanti adulescentis casu, stupent omines, nec soluere iam quisquam habenas audet, haud fore diu foelices nuptias merore oppressi praesagire videntur».

47  «Tertio die praecipite febre corripitur» epist. CLXXXII (= 182 en la trad. española). P.M.A.M. Cardinalis sanctae crucis. XV Kalendas Nouembris M.CCCCXCVII. Lo mismo consigna Enzina, quien acompañando al Duque de Alba don Fadrique, su señor, estuvo ese tiempo en Salamanca: «El Príncipe nuestro, preçioso, ecelente, / ya reposado en su gran ciudad, / al día tercero sintió enferme­dad, / mostrando la poco no poco doliente», A la dolorosa muerte del Príncipe Don Juan... Tragedia trabada por Juan de la Enzina, s. 1. ni a. Apéndice al Cancionero de Juan del Encina. Primera edición, 1496, ed. facsímile de la Real Academia Española, Madrid: Tip. RABM, 1928.

48  Hemos de creer a Juan de Enzina cuando narra: «luego se vió muy triste la gente, / aun que pensauan su mal ser liuiano». «El Rey y la Reyna primero vinieron / a ver a su hijo estando doliente; / mas ellos, pensando ser poco acidente, / porque era forçado de allí se partieron: / lleuauan la hija pri­mera que ouieron / a dar por muger al Rey Lusitano», ya que el poeta escribió y representó en Sala­manca ante los príncipes El triunfo del Amor en el breve tiempo que en ella estuvieron.

49   La carta se conserva en un manuscrito de la Academia de la Historia (Varios de Historia y marina, E-132, p. 89). Fue publicada por la Sociedad de Bibliófilos Españoles como apéndice (V: «Documentos relativos a la enfermedad y muerte del Príncipe D. Juan», A) al Libro de la Cá­mara Real del Príncipe don Juan (1870), pp. 232-233. La carta está fechada en Salamanca «oy vier­nes a las siete después de mediodía». En una postdata suplica que uno de los reyes acuda inmediatamente.

50  Fray Diego consigna, seguidamente, que lo entonces comido fue «no cantidad de media pechuga de pollo; prouáronle de unos murcillos de brazo de carnero y de una pierna de carnero, no comió casi nada».

51  En su carta, fray Diego alude a las disposiciones de los médicos de cabecera («lo que acuerdan estos físicos es darle muchas vezes de día y de noche algo que tome, o en zumos o en manjar»); pero, ante la debilidad creciente de don Juan («después d’ésta escrita, han venido a su Alteza algunas con­gojas, y la virtud hállanla muy caída»), dispone la llamada de otros médicos: «en tal necesidad no espe­ramos el mandamiento de Vuestras Altezas para llamar al dotor De la Reyna y a otros físicos».

52  El primer verso citado según una versión judeo-española de Orán (ed. P. Bénichou, Rom. judeo-esp. de Marruecos, 1968, p. 47). Varias versiones peninsulares de León y Ourense dicen que don Juan está con «unas fuertes calenturas    que el cuerpo le abrasaban». Cito por una versión de Sigüeya (La Cabrera, León], dicha por Manuela Blanco, 75 a.,  y Dominga Álvarez, 87 a., en julio de 1981 a un equipo encuestador del Seminario Menéndez Pidal (Diego Catalán, Ana Vian, Juan Antonio Blanco y Rachel Hollcenberg). El segundo verso citado se halla en la versión portuguesa s. 1. (cit. en la n. 32) y el último es propio de un grupo de versiones de Trás-os-Montes y de una versión de Beira Alta (de Mondim).

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*   7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*   8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

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Imagen: fragmento de la Danza macabra,  Bergamo, Italia: pintor desconocido, fresco  de L’Oratorio dei Disciplini, 1485.

8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

 

2.  EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA.  II PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

      unque no muy difundido en la tradición oral moderna, el romance de La muerte del príncipe don Juan me es conocido en un número bastante grande de versiones; unas 360 (frente a las 46 que reunió Bénichou13). Pertenecen casi sin excepción a tres grandes áreas geográficas: las comunidades sefardíes de Oriente14, las comuni­dades sefardíes de Marruecos y Argel15 y el Norte y Occidente de la Península Ibérica.

      En este área del N.O. cuyos puntos extremos meridionales son Otero de Herreros en Segovia16 y [Vila Nova de Portimão en el Algarve17], pueden distinguirse siete grupos básicos de versiones, o «tipos»18: el «Cántabro»19, el de «Picos de Europa»20, el «de la «Montaña astur-leonesa»21, el «Castellano-Leonés»22, el de «Alba de Alis­te»23, el «Astur-Galaico»24, y el «Portugués»25. Quedan un tanto al margen de esta distribución algunas versiones que difieren en aspectos más o menos significativos de las de su entorno26 , pero que no llegan a presentar rasgos específicos sobresa­lientes 27 y, sobre todo, cinco versiones muy singulares: Soto de Sajambre (León)28, Páramo de Sil (León)29, Paradaseca a (Ourense)30 y las dos únicas versiones de procedencia desconocida que contiene el corpus, recogidas una en España31 y otra en Portugal32. Aparte de las tres grandes áreas en que el romance se conserva como tema autónomo (la de Oriente, la de Marruecos y la del N.O. peninsular) queda memoria parcial de él en regiones muy varias utilizado para encabezar otros temas del romancero: así lo hallamos [nuevamente en otra versión d]el Algarve en Portugal33 y además en la tradición gitana de Andalucía la Baja, en Canarias y en Cuba y Santo Domingo34.

      La ausencia de impresiones del romance en el Siglo de Oro35 ha hecho a la crítica interesada en la evaluación de las posibilidades rememorativas de la tradición oral recurrir a la comparación directa del romance «moderno», tal cual nos los presenta el corte sincrónico constituido por las versiones recogidas en el siglo XX (o los últimos años del siglo XIX), con la información escrita contemporánea del su­ceso. Sus conclusiones, como hemos dicho, no pueden ser más dispares. Por mi parte, cuando en 1981 hice esa comparación guiado por la lectura del estudio de Bénichou en que sometía a crítica el supuesto romance «noticiero» postulado por la erudición historicista y llegaba a la conclusión de que la memoria colectiva sólo había retenido una «vaga silueta poética dibujada sobre el esqueleto de las reminis­cencias históricas»36, me sorprendió el ir hallando en el romance tradicional mo­derno un sinfín de datos cuya historicidad se comprobaba en la documentación contemporánea del suceso37, eso sí, repartidos entre las varias versiones tradiciona­les coleccionadas. Aunque algunos de esos recuerdos posean un escaso valor indi-vidualizador, otros son muy característicos de las circunstancias de la muerte del príncipe, tal como la vivieron y sintieron los españoles de fines del siglo XV. Lejos de ofrecer una desdibujada silueta del romance «noticiero» perdido, la tradición oral del siglo XX, en su conjunto, asombra por su capacidad de seguir recordando, después de medio millar de años, todas las particularidades del drama de 149738.

      La constatación de que la memoria colectiva había sido capaz de mantener noticia de todas las particularidades que individualizan el hecho histórico cantado no me movió seguidamente a defender que la restauración del romance medieval «no­ticiero» fuera la tarea más interesante propuesta por la documentación reunida, ya que me sentía tan ajeno como Bénichou a la «nostalgia del prototipo», propia de los filólogos comparatistas que aún siguen aferrados a la metodología y propósitos de una diacronía temporalmente invertida, de una «historia» que marcha a contracorriente del devenir histórico. Mi concepción de los estudios de la transmisión li­teraria me llevaban a defender (en consonancia con la «revolución copérnica» de Vinaver39) que lo que procedía no era el tratar de recobrar el texto perdido medie­val del romance, sino intentar poner de manifiesto el proceso histórico, el proceso creador (de acuerdo, en sustancia, con lo defendido en su programático ensayo por Bénichou).

      Pero, para realizar esa tarea, consideré (frente a lo sostenido por Bénichou) que interesaba formarse una clara idea del «esqueleto», o estructura básica, del romance «noticiero», si se quería comprender cómo los trasmisores del romance fueron desarrollando hasta hoy los varios temas que, en potencia, encerraba el proto­tipo medieval del poema.

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

13  P. Bénichou, Creación poética, pp. 96, n. 2; 98, n. 4; 103, n. 12; 106, n. 18; 113, n. 33. En D. Ca­talán, J. A. Cid, F. Salazar, A. Valenciano y S. Robertson, El romancero pan-hispánico. Catálogo Gene­ral Descriptivo (CGR), III, Madrid: Seminario Menéndez Pidal, 1983, p. 367, se enumeran ya 265 ver­siones.

14  En el CGR, III, p. 265 se alude a 18 versiones y 2 fragmentos de Oriente: 10 y 1 fragmento de Grecia (procedentes de Salónica, 10, y Lárissa, 1), más 1 y 1 fragmento de Rodas; 1 de Bulgaria (Sofía); 4 y 1 fragmento de Turquía (todas de Esmirna) y 1 versión sin lugar. La más antigua es de Salónica (Grecia), 1860 y la más moderna de Esmirna (Turquía), recogida en Cambridge, Mass. USA, 1980. Sú­mense otras dos versiones de Esmirna.

15  En el CGR, III, p. 265 se alude a 18 versiones y 1 fragmento de Marruecos y Argel: 1 de Tánger, 12 de Tetuán 1 de Oran, 1 sin lugar. La más antigua es de Tánger, 1905-1906, la más moderna de Tetuán, 1962.

16  Desde principios de siglo se conocía una versión incompleta de Otero de Herreros, dicha por Gregoria Prieto, en agosto de 1912 (anotada por María Goyri); en 1982 (el 7 de julio) un equipo encuestador del «Seminario Menéndez Pidal» (constituido por Ana Valenciano, Raquel Calvo, Javier Ormazábal, Dolores Sanz y Blanca Urgell) encontró el romance nuevamente en el mismo lugar, pero más completo, dicho por Frutos de la Calle (77 a.). Ambas versiones han sido publicadas en el Roman­cero general de Segovia. Antología 1880-1992, ed. R. Calvo, con la supervisión de D. Catalán, Segovia: Seminario Menéndez Pidal y Diputación Provincial de Segovia, 1993, pp. 13-14.

17  Hasta fecha reciente, el área portuguesa parecía tener como extremo el Alto Alentejo, siendo la versión más meridional entre las conocidas una de Tolosa recogida por J. Leite de Vasconcelos el 14-IV-1931 y publicada en el Romancero português póstumo del colector, Coimbra, 1958, p. 26 (núm. 15). Pero la aparición en el Museu Nacional de Arqueologia e Etnologia, de Belém, Lisboa, de un «es­pólio literario e etnográfico de Estácio da Veiga» ha puesto en conocimiento de la crítica una versión algarvia completa similar a las del Norte de Portugal, transcrita en un manuscrito de cuatro páginas con el título «Romances que se recitão em Va Na de Portimão». Debo esta noticia y el conocimiento del precioso texto inédito a José Joaquim Días Marques que prepara su tesis doctoral sobre el roman­cero contenido en el citado «espólio».

18  La existencia, en los romances más difundidos, de «tipos» regionales de estructura bastante fija en sus variantes narrativas y expresivas fue ya observada por D. Catalán y A. Galmés, «La vida de un romance en el espacio y el tiempo» (1950), en R. Menéndez Pidal et al., Cómo vive un romance. Dos ensayos sobre tradicionalidad, Madrid: RFE, Anejo LX, 1954, pp. 143-301, esp. 147, 179-194, 208-216, 241-256, 264-267, 272-275. P. Bénichou, al estudiar el romance de La muerte del príncipe don Juan notó la existencia de varios de estos tipos peninsulares denominándolos «grupos»: el «primero» abar­ca conjuntamente a nuestros tipos «Castellano-Leonés» y de «Picos de Europa»; el «segundo» a nues­tro tipo «Cántabro» y el «tercero» al «Portugués». La clasificación que utilizo fue avanzada ya en el «NOIN» y en el «NODI» del análisis del romance realizado en el CGR, III, pp. 367-433. Modifico la denominación de alguno de los tipos después de los últimos hallazgos de versiones tradicionales.

19  11 versiones de Cantabria, en su mayoría publicadas por J. M. de Cossío y T. Maza Solano, Romancero popular de la Montaña, Santander, 1933-1934.

20  45 versiones del Norte de Falencia, N.E. de León, Oriente de Asturias y S.O. de Cantabria.

21  43 versiones de la montaña central leonesa y del centro de Asturias («tipo» desconocido de Bénichou); las leonesas en su mayor parte recogidas por Josefina Sela en los años diez; las asturianas por Jesús Suárez en los años ochenta (finales) y noventa.

22  85 versiones de Burgos, la llanura de Palencia, Valladolid, Segovia, la llanura de León hasta los Montes de León, La Cabrera, y también Sanabria en Zamora; penetra hasta Ourense (versión de Rivadavia). La rama «leonesa» y «zamorana» de este tipo sólo ha quedado bien definida tras las encuestas del «Seminario Menéndez Pidal».

23 13 versiones del Occidente de Zamora y una versión fronteriza portuguesa («tipo» desconocido de Bénichou).

24  62 versiones del Occidente de Asturias, Lugo y el N.O. de León («tipo» desconocido de Bénichou). Las del N.O. de León y de la parroquia de Sisterna denotan la penetración de motivos proce­dentes del tipo «Castellano-Leonés».

25  49 versiones de Trás-os-Montes, Beira Alta, Beira Baixa, Alto Alentejo y Algarve, más 29 versiones españolas de Ourense, de Sanabria y Aliste en Zamora y de La Cabrera Baja en León. Con poste­rioridad a la publicación postuma del Romanceiro português de J. Leite de Vasconcellos por L. F. Lindley Cintra (1958), que Bénichou alcanzó a conocer (1964 y 1968), la recolección de romances tra­dicionales en Trás-os-Montes se reactivó gracias a las encuestas de M. da Costa Fontes com a colaboração de Maria-João Câmara Fontes (Romanceiro da Provincia de Trás-os-Montes: Distrito de Bragança, Coimbra, 1983), a las que siguieron las de P. Ferré y J. J. Dias Marques por todo el Norte de Portugal. Gracias a estas exploraciones modernas, la tradición del Norte de Portugal nos es bien conocida. La presencia en las provincias contiguas de España de formas del romance análogas a las portuguesas ha sido un hecho que sólo ha adquirido importancia como consecuencia de las encuestas realizadas en los años ochenta por los equipos del «Seminario Menéndez Pidal».

26  Algunas versiones de Tierra de Campos y de León se destacan por olvidar la preñez de la esposa y enfatizar (como en el tipo de «Alba de Aliste») el abandono en que van a quedar los hijos del di­funto.

27  En efecto, no desarrollan motivos ajenos a los que se hallan presentes en los tipos que hemos enumerado.

28  Dicha por Segunda Díaz, de 70 años. Recogida por Ramón Menéndez Pidal en setiembre de 1910. Análogo parece un fragmento de Oseja recogido en la misma fecha (que contrasta con otras ver­siones del mismo lugar).

29   Dicha por «La Romancera», una mujer que no quiso decir su nombre. Recogida por Felisa de las Cuevas.

30   Dicha por Camila Núñez Rodríguez, de 68 años. Recogida por Aníbal Otero en diciembre de 1934.

31   La española está escrita por una mano popular (sin sujetarse a la ortografía).

32   La portuguesa fue publicada en J. Leite de Vasconcellos, Romanceiro Portugués, Coimbra, 1958, p. 27 (núm. 16).

33   En el Algarve, 1 versión de Tavira-Fuzeta, publicada por S. Ph. M. Estácio da Veiga, Romanceiro do Algarve, Lisboa: Joaquim Germano de Sousa Neves, 1870) sirve de comienzo a las Quejas de doña Urraca. Acerca de los diferentes grados de manipulación de esta versión por su colector-editor en las varias formas en que nos la dejó transcrita, véase ahora J. J. Dias Marques, «Contribuição para o estudo do Romanceiro do Algarve de Estácio da Veiga à luz de manuscritos inéditos», tesis presentada en la Unidade de Ciências Exactas e Humanas, Universidade do Algarve, 1997.

34  En Sevilla (en 1 versión de la tradición gitana recogida por Manuel Manrique de Lara) encabeza a Entierro y boda contrastados; en Canarias (5 versiones) a La muerte ocultada, y en Santo Domingo y Cuba (4 versiones) a No me entierren en sagrado (o Si se está mi corazón). Las versiones canarias pueden leerse, reunidas, en D. Catalán, La flor de la marañuela, I y II, Madrid: Seminario Menéndez Pidal, 1969, I (o en su reed. de 1996), pp. 246-247 y II, pp. 6-7, 48 y 143; las del Caribe, en F. de Nolasco, Poesía folklórica de Santo Domingo, Santiago, Rep. Dominicana, El Diario, 1946, p. 313, en E. Garrido, Versiones dominicanas de romances españoles, Ciudad Trujillo, 1946, pp. 81-82, y en B. Mariscal, Ro­mancero general de Cuba, México: El Colegio de México, 1996, p. 197.

35  Al menos, no figura en ninguno de los «Pliegos sueltos» y cancioneros de romances conocidos en nuestros días.

36 P. Bénichou, Creación poética, pp. 96-97.

37 Según enseguida veremos, para la reconstrucción histórica del apocamiento vital y muerte del Príncipe, aparte de su testamento, contamos con dos relatos contemporáneos de excepción: las cartas de Pietro Martire d’Anghiera y un Tratado del canónigo Alfonso Ortiz.

38 La sobrevivencia en el conjunto de las versiones orales del los siglos XIX y XX de una muy completa información acerca de las circunstancias y consecuencias del suceso de 1497 no exige, según ve­remos, contra lo que pudiera creerse, que el romance «noticiero» primigenio las contuviera todas, pues la memoria de la colectividad respecto al hecho histórico cantado y al mundo en que se inscribía permitiría, durante un tiempo, enriquecer o actualizar el texto sin perder aún noción de su particulari­dad histórica. Por otra parte, no todos los pormenores del romance original han de haber sobrevivido en alguna o algunas de las versiones modernas. El problema es análogo al que plantea la reconstruc­ción de proto-lenguas.

39 Como, en un rasgo de desafiante inmodestia, califica E. Vinaver a su teoría del desarrollo de los géneros narrativos medievales en The Rise of Romance, Oxford, 1971, en relación al comparatismo re­constructor de arquetipos.

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*   7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

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7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN


 

1.   EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN. II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

       ntre la gran familia poética que constituyen los romances conservados por la tra­dición oral moderna, el de la Muerte del príncipe don Juan es el niño mimado de la crítica.

      En mayo de 1900, estando en el Burgo de Osma, el matrimonio Menéndez Pidal-Goyri descubrió, inesperadamente, la sobrevivencia oral del romancero en Castilla después de varios siglos en que la voz de la tradición había dejado de recogerse en textos escritos. Entre los romances cantados por su primer informante, una lavandera de La Sequera (Burgos) se hallaba el que comienza:

Voces corren, voces corren,    voces corren por España
que don Juan, el caballero,    está malito en la cama.
Le asisten cinco doctores    de los mejores de España:
uno le mira los pies,    otro le mira la cara
y otro le coge la sangre    que de su cuerpo derrama;
otro le dice a don Juan:    — El mal que tenis no es nada — .
Toaviá tié que venir    aquel dotor de la Parra...

       Al comunicar, inmediatamente, a Menéndez Pelayo su hallazgo, Menéndez Pidal no valoró este romance, ya que en su carta sólo transcribió de él los dos prime­ros dieciseísílabos (junto con el incipit de El quintado), en un párrafo encabezado por la frase «Otros breves fragmentos me eran desconocidos» 2. Pero no mucho después, María Goyri reconoció en él una narración de la muerte del príncipe don Juan, el malogrado heredero de los Reyes Católicos, y en 1904, después de espigar en publicaciones anteriores fragmentos hasta entonces no identificados del mismo romance y de recoger algún otro texto de la tradición oral, publicó un ensayo titu­lado «Romance de la muerte del Príncipe don Juan (1497)» 3. En ese trabajo, Ma­ría Goyri señalaba ya que el doctor Juan de la Parra había sido un médico notable en la corte de los Reyes Católicos y en la de Felipe el Hermoso, por lo que era de sospechar, aunque las informaciones coetáneas no lo registrasen, que, en efecto, junto con otros médicos, asistiera al príncipe en sus últimos momentos.

      Desde esa fecha, la «lavandera del Duero», el romance de La muerte del prínci­pe don Juan y el súbito amanecer del romancero castellano después de una noche de varios siglos, corrieron parejos en el recuerdo de Menéndez Pidal 4 y de cuan­tos, a comienzos del siglo XX, se conmovieron con el hallazgo.

      El hecho de que la memoria del pueblo castellano fuese capaz de retener durante más de cuatrocientos años recuerdos precisos de la narración noticiera de un suceso ocurrido en 1497 (narración nunca impresa en pliegos sueltos o cancioneros) mostraba la importancia de la tradición oral como testimonio complementario de Ja documentación escrita del romancero viejo. El papel de la tradición oral de los siglos XIX-XX en la reconstrucción del romancero medieval venía a ser paralelo a la información que para la reconstrucción histórica de la lengua proporcionaban los dialectos, considerados por la filología de principios de siglo testimonios de un pasado muchas veces más fidedignos que la propia documentación escrita me­dieval.

      La veracidad del romance moderno en lo que toca a la asistencia prestada al príncipe en su última enfermedad por el doctor De la Parra, sospechada en 1904  por María Goyri, resultó comprobada documentalmente, algunos años después, al descubrirse que, en unas cuentas de los gastos de la enfermedad y exequias del príncipe que hay en el archivo de Simancas, constaba la siguiente partida:

    Yten que se dieron al doctor de la Parra, físico, por los días que aquí estovo curando de su alteza, diez mili maravedís5,

dato que el matrimonio Menéndez Pidal vino a añadir, con indudable satisfacción, a la historia crítica del romance en una publicación de 19166.

      La lectura y valoración historicista del romancero tradicional moderno, apoyándose en este caso y en otros no menos ilustrativos, se impuso y, a pesar de los estudios en que el propio Menéndez Pidal destacó la importancia de la variante y en que constató que las calidades estéticas características de un poema tradicional se adquieren en el curso de su transmisión y no hay que suponerlas provinientes de su prototipo7, las investigaciones dedicadas a la tradición moderna del romancero primaron continuamente la visión arqueológica, reconstructiva o restauradora8.

      Medio siglo más tarde (1963)9, en un verdadero tour de force, Paul Bénichou, eligió el romance de La muerte del príncipe don Juan para mostrar que la tradición moderna «merece nuestro interés, no sólo por los vestigios que conserva del pasado, sino también en virtud de sus creaciones propias como cosa que vive y vale por sí misma». «De hecho —llega a afirmar— el romancero no es poesía antigua con­servada entre nosotros; mientras se canten romances, serán y tendrán que ser, por fuerza, poesía actual» 10. Y, para mostrar la incesante actividad creadora de la «multitud no literaria», Bénichou se aplicó en notar y comentar de qué manera las varias ramas de la tradición han entendido, en época moderna, el contenido poéti­co del romance «histórico» sobre la muerte del príncipe don Juan. La nueva poe­sía que brota del viejo texto es para Bénichou «plebeya, como lo fue siempre y seguirá siéndolo toda poesía oral mientras la haya en nuestra cultura», pero no por eso menos "humana" e intensa. Bénichou consigue presentarnos vivamente el drama general humano que atrae el interés y estimula la imaginación creadora de los modernos cantores populares de Portugal y España y de las comunidades sefardíes de Marruecos y del Oriente mediterráneo, drama que, a su parecer, nada tiene ya que ver con el suceso histórico de 1497, del que sólo retendría, en las distintas versio­nes, algunas reminiscencias que concuerdan con la verdad histórica.

      El golpe de péndulo en la crítica era, sin duda, necesario, pues, como el propio Bénichou observa, aunque Menéndez Pidal advirtió «las virtualidades creadoras que encierra, en cada momento, la tradición oral en su incesante movimiento hacia el futuro», esa capacidad renovadora, tantas veces señalada y alabada, no recibió por su parte la misma atención que la capacidad rememoradora de la tradición, sin duda debido a que su orientación filológica le imponía «porre l’accento piú sul processo di tradizione che su quello di elaborazione, piú sugli aspetti conservatori —e quindi documento di transmissione— che sui momenti innovatori del patri­monio conectivo» (según resume, a fines de los años 60, Di Stefano, otro crítico del método histórico hasta entonces predominante) 11.

      Mi propósito aquí es utilizar, una vez más, este famoso romance para replantear el problema central subyacente en ese enfrentamiento entre las lecturas historicistas y las lecturas estructurales o basadas en la proclamada primacía del análisis sincró­nico: ¿son las narraciones romancísticas que hoy se cantan poemas del siglo XX, o poemas medievales o renacentistas?, ¿son estructuras homologas con la realidad en que actualmente se recrean, o con la realidad social en que se creó su prototipo?

      El estudio que sigue se basa en una definición de los poemas del romancero tradicional que niega autonomía a cada una de las realizaciones de un romance (fijada en texto por la curiosidad de un hombre de letras que la ha despojado de su esencial fugacidad oral) respecto a su modelo, respecto a la estructura virtual que realiza. Parto de una concepción de los romances de transmisión oral como estruc­turas abiertas, cuyo texto va siendo dinámicamente modificado, en busca de su «perfección», mediante el desarrollo de las posibilidades varias, a veces contradictorias, de entendimiento del mismo preexistentes en su estado anterior12. La com­paración de las múltiples versiones-objeto cuya generación está presidida por el mismo modelo tradicional o romance nos evidencia que cada una de ellas repre­senta un equilibrio ocasional y precario entre interpretaciones poéticas e ideológi­cas varias entrevistas por sucesivos cantores, interpretaciones que, en la memoria de los realizadores, compiten por organizar el poema en direcciones divergentes. Aunque una manifestación múltiple y variada de las virtualidades que una estruc­tura contiene no supone, en principio, la transformación de esa estructura básica, es característico de los modelos considerados «dinámicos» que el propio «progra­ma virtual» sufra constantes (aunque muy lentos) reajustes como consecuencia del proceso mismo de actualización o producción que da lugar a cada nueva versión.

      Esta capacidad de adaptación de la estructura virtual o modelo tradicional al medio en que se realiza la re-producción posibilita la «actualidad», la adecuación del mensaje al contexto social e histórico en que la estructura virtual se realiza, se­gún destaca Bénichou. Pero la herencia es también evidente: las versiones que ac­tualmente se cantan de un romance revelan, a cada paso, que los motivos narrati­vos, el lenguaje poético y aun el vocabulario empleado en ellas viene en parte del pasado y que las intenciones denotativas y connotativas del relato responden a si­tuaciones histórico-sociales distintas de las actuales. El romance no es primero estructura y luego tradición (o viceversa), sino que es, al mismo tiempo y en todo momento, tradición estructurada o estructura tradicional. En consecuencia, cual­quier estudio basado en un corte sincrónico de la tradición oral deberá tener pre­sente que el modelo abstraído del conjunto de manifestaciones coexistentes es también histórico, esto es: está doblemente condicionado por la tradición y por el mundo real en que esa tradición se manifiesta (referente contemporáneo).

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

1 Desconocemos el nombre de la cantora; en las versiones anotadas sólo consta su procedencia y su edad: «La Sequera, a dos leguas de Aranda de Duero», «Muger de 40 años, que no sabe escribir», y el dato respecto a los romances de que «los aprendió todos de niña jugando a los alfileres, se los de­cían las mugeres del pueblo cuando hilaban»; en uno de los textos anotados se concreta «aprendido a los 8 [años]». Sobre el encuentro de este primer informante del Romancero tradicional castellano con­tamos con un apunte de María Goyri, escrito en su vejez, que se guarda en el «Archivo Menéndez Pi­da!»:

    En Mayo de 1900 me hallaba en viaje de bodas recorriendo la parte de la ruta cidiana por la provincia de Soria. Habíamos hecho un alto en el Burgo de Osma para desde allí radiar excur­siones breves para estudiar el terreno, antiguos caminos, castillos y los archivos de algunos pue­blos. Nos alojábamos en casa de un beneficiado de la catedral, cuya anciana madre nos atendía con amistosa solicitud. Para que la ayudase aquellos días, había tomado una asistenta, mujer de 40 años, natural de La Sequera (prov. Burgos) de carácter abierto. Cuando venía a arreglarnos la habitación, solía yo ayudarla y conversaba con ella. Un día, estando haciendo la cama, se me ocurrió recitar el romance del Conde Sol y me dijo que lo conocía, así como otros varios que había aprendido en su infancia y que todavía cantaba para acompañar sus faenas y especialmente cuando iba a lavar al río. Entre varios romances que me cantó conocidos por mí (en aquel tiempo ya tenía yo afición al estudio del Romancero), entonó uno que yo no había leído y, según avanzaba, creí reconocer en él la narración de la muerte del Príncipe D. Juan, malogra­do heredero de los Reyes Católicos.

La rememoración es, en parte, errónea, ya que nos consta que la identificación de «Voces corren» con el hecho histórico de la muerte del príncipe don Juan no la hizo María Goyri «según avanzaba» el canto, sino bastante después (véase n. 2).

2  La carta a Marcelino Menéndez Pelayo llegó a tiempo para que la incluyera en el vol. III del «Suplemento a la Primavera y flor de romances de Wolf» titulado Romances populares recogidos de la tradi­ción oral (vol. X de su Antología de poetas líricos castellanos, Madrid: Hernando, 1900), pp. 220-222. El «maestro», al redactar los tomos referentes al Romancero, seguía con mucha atención los progresos de la investigación del joven Menéndez Pidal (contra lo que algunos creen, no sólo se aprende en or­den jerárquico descendente).

3  BHi, VI (1904), 29-37.

4  Véase R. Menéndez Pidal, El romancero español. Conferencias dadas en la Columbia University de New York los días 5 y 7 de abril de 1909, New York: The Hispanic Society, 1910, pp. 100-102; Cómo vivió y como vive el Romancero, Valencia: López Mezquida, s.a. [1947?], pp. 62-63 (pueden leerse reu­nidos en Estudios sobre el romancero, «Obras completas de R. Menéndez Pidal», XI, Madrid: Espasa Calpe, 1973, pp. 7-66, esp. 66-67, y 403-462, esp. 429-430); Romancero hispánico, II, Madrid: Espasa Calpe, 1953, pp. 29-37. A mi parecer, la rememoración de María Goyri (que, por su letra temblorosa, sólo pudo ser escrita c. 1950) mezcla datos directamente recordados con otros procedentes de la lec­tura de las Conferencias impresas en 1910.

5  Archivo General de Simancas. Estado, leg. 1° f. 357 y ss. «Gastos de despensa y cera». El documento había sido editado por la Sociedad de Bibliófilos Españoles, Libro de la Cámara del Príncipe don ]uan e offiçios de su casa e seruiçio ordinario, compuesto por Gonçalo Fernández de Oviedo, Ma­drid, 1870 (en la sección V, dedicada a los «Documentos relativos a la enfermedad y muerte del Prín­cipe D. Juan»), p. 243.

6  En la p. 158, n. 1 de las «Observaciones y notas» que acompañan a su edición de la comedia de Luis Vélez de Guevara, La Serrana de la Vera, citada más adelante (véase n. 54).

7  Me refiero, especialmente, a «Sobre geografía folklórica, Ensayo de un método», RFE, VII (1920), 229-328, y a Poesía oral y poesía tradicional en la literatura española (Conferencia leída en All Souls College el lunes 26 de junio de 1922). Oxford: Imprenta Clarendoniana, 1922. Reeds. en Estu­dios sobre el Romancero, Madrid: Espasa Calpe, 1973, pp. 217-323 y 325-356.

8  Recuérdese el final de las conferencias sobre El romancero español (1910), pp. 129-131 en que se defiende que «la edición crítica del Romancero debe buscar sus datos en el recuerdo producido hoy, lo mismo que en el producido hace tres siglos» y compara la información sobre un romance, despeda­zada entre los datos que aporta un pliego gótico de antaño y una danza campesina de hoy, con el cuer­po triturado, hecho jigote, de don Enrique de Villena, esperando en su redoma a que se unan sus pe­dazos para alcanzar nueva vida. En la reed. de Estudios sobre el Romancero, 1973, pp. 82-84.

9  P. Bénichou, «Variantes modernas en el romancero tradicional. Sobre la Muerte del Príncipe D. Juan», RPh, XVII (1963-64), 235-252. Trabajo incorporado a Creación poética en el romancero cional, Madrid: Credos, 1968, pp. 95-124.

10  P. Bénichou, Creación poética, p. 8.

11  P. Bénichou, Creación poética, pp. 7, 97-98; G. di Stefano, Sincronía e diacronia nel Romancero. Istituto di Letteratura Spagnola e Ispano-Americana, n° 15, Pisa: Univ. di, 1967, p. 123. Cfr. mis rese­ñas de estos trabajos en RPh, XXIV (1970-71), «Memoria e invención en el Romancero de tradición oral», pp. 1-125, 441-463, y en El Romancero en la tradición oral moderna. Ier Coloquio Internacional, Madrid: Seminario Menéndez Pidal y Rectorado de la UCM, 1972, ed. D. Catalán, S. G. Armistead y A.  Sánchez Romeralo, «La creación tradicional en la crítica reciente», pp. 153-165. [Reelaboradas en el cap. 2 de la Parte primera de la presente obra.]

12  Según expuse en D. Catalán, con la colaboración de T. Catarella, «El romance tradicional, un sistema abierto», en El Romancero en la tradición oral moderna (1972), pp. 181-205. Reed. en el cap. 3 de la Parte primera de la presente obra. Véase ahora D. Catalán, con la colaboración de J. A. Cid, B.  Mariscal, F. Salazar, A. Valenciano y S. Robertson, Teoría general y metodología del Romancero Pan-Hispánico. Catálogo General Descriptivo (CGR). 1A (o su versión en inglés 1B: General theory and methodology of the Pan-Hispanic Bailad. General Descriptive Catalogue), Madrid: Seminario Menéndez Pidal, 1984 (o 1988) cap. I, § 1b y c.

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

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6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

 

5.   TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO.   I. HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE.

      ara contestar a la última pregunta que arriba nos habíamos formulado, resulta ne­cesario abandonar el ejemplo particular, constituido por nuestro romance de Be­lerma, y tratar de explicar la pervivencia de este poema, representativo de una poe­sía marginada, considerándolo un mero caso particular de un hecho general: la sobrevivencia, en la olvidada cultura de la España rural, de una de las más altas creaciones de esa cultura, el Romancero.

      La mayoría de los estudiosos de la literatura (y aun muchos investigadores de la tradición oral) siguen considerando los «textos» recogidos en boca de cantores popu­lares como restos, o todo lo más reliquias, de unas creaciones pretéritas, cuyo valor es­triba en lo que aún conservan de una poética añeja, hoy fragmentada y deformada por la incomprensión de los depositarios del saber tradicional. El Romancero que nos ofrece el pueblo de hoy estaría —según esos críticos de la literatura— tan momificado como el corazón amojamado que el Montesinos cervantino presenta a Belerma.

      Nada más lejos de la verdad. Los romances que hoy se cantan no son fósiles de un sistema de pensar y sentir ajeno e incomprensible para los portadores de ese caudal poético que tiene sus raíces en un pasado lejano, sino que forman parte de la cultura viva de los que los recuerdan y transmiten. Si, en nuestro caso particular, los aldeanos, artesanos y mercaderes ambulantes «conqueiros» siguen cantando el envío del enamorado corazón del primo de Montesinos a Guelerma o Guillerma, acompañado de la explicación sentenciosa «que el que muerto te lo envía, vivo no te lo negara», es porque el motivo poético de la entrega del corazón, que el enamorado hace a su amada, sigue siendo comprendido y sentido por los cantores, y no se trata de una imposición anacrónica de un sistema ideológico heredado de las clases dominantes de la sociedad al que el anónimo autor de «O Belerma, o Belerma», en el siglo XV, o Tortajada, en el siglo XVII, servían.

      El interés de los «conqueiros» por la metáfora en que se sustenta el romance de la embajada de Montesinos no es un caso excepcional ni insólito. Los transmisores de romances han dado muestra, durante los siglos últimos, de su alto grado de comprensión del lenguaje poético utilizado por el Romancero tradicional al ha­ber sabido conservar y renovar la compleja articulación sémica de los poemas, sin que, al actualizar su discurso, hayan dejado perder las posibles significaciones me­tafóricas que muy frecuentemente acompañan al significado literal de la narración.

      Como prueba de ello voy a traer a colación un romance bastante menos raro en la tradición oral moderna que el de Belerma, pero cuyas posibilidades metafóri­cas exceden con mucho a las del relato del envío del corazón enamorado: el ro­mance de El prisionero.

      Este romance fue uno de los favoritos de los poetas trovadorescos y de los músicos de vihuela cuando, a finales del siglo XV y principios del siglo XVI, se puso de moda en medios cortesanos el Romancero viejo y la canción lírica tradicional. Co­nocemos nada menos que seis versiones independientes del romance anteriores a 1550: la del Cancionero musical de Palacio de tiempo de los Reyes Católicos61, la glosada por Nicolás Núñez (acogida ya en el Cancionero General de 1511)62, la glosada por Alonso Pérez (que se incluye en su Guirlanda esmaltada de Galanes hacia 1512-1514)63, la glosada por Garci Sánchez de Badajoz (sólo incorporada al Cancionero General en su reedición de 1514, pero muy difundida por pliegos suel­tos y cancioneros manuscritos)64, la glosada en la Comedia Thebayda (1521)65 y, finalmente, la continuación que añadió Martín Nucio, en la edición de 1550 del Cancionero de Romances de Amberes, al texto entresacado de la glosa de Garci Sánchez que había publicado en la primera edición, sin año, de su Cancionero66.

      Todas consisten en el discurso de un «yo» anónimo que lamenta la llegada de los calores primaverales de mayo y con ellos del rebrotar de las pasiones amoro­sas, pues él, en contraste con los demás vivientes, no puede participar del goce, por hallarse encerrado en unas tenebrosas prisiones, y haber perdido el último vínculo que conservaba con el mundo exterior, una pajarita, que con su canto le informaba cada día de la llegada del amanecer, silenciada de un tiro de ballesta por un cazador.

      Este núcleo esencial del romance, que podemos ejemplificar así67:

Que por mayo era, por mayo,    quando faze las calores,
quando los enamorados    van servir a sus amores,
sino yo, triste cuitado,    que yago en estas prisiones,
que non sé quando es de día,    nin sé quando es de noche,
sino por una avezilla    que me cantava all alvor,
matómela un ballestero,    de Dios aya el galardón,

se halla adornado, en la más refinada de las versiones viejas, la de Garci Sánchez, con un verso evocador de la naturaleza en primavera:

quando canta la calandria   y responde el ruyseñor,

verso que inicia la aproximación del romance a la canción de mayo68; también glosan la escueta alusión al despertar primaveral los versos exclusivos, bastante torpes, de la versión del Cancionero musical:

quando dueñas y donzellas    todas andan con amores,
quando los que están penados    van servir a sus amores,
cavalleros y escuderos   van servir a sus señores.

      Pero, en esta última versión y en las de Alonso Pérez y Martín Nucio,  el romance se mantiene novelescamente complejizado con la presencia de un motivo que desvía la atención hacia la situación material del preso, apartándola del tema de su soledad e incomunicación: la alusión a la larga duración de un cautiverio denotada por la longitud adquirida por sus cabellos (que le sirven a la vez de colchón y man­ta), por sus barbas (que o bien le ciñen la cintura o bien le sirven de mantel) y por sus uñas (que utiliza de «cuchillo tajador»); en dos de estas versiones con un mayor contenido novelesco el prisionero sueña con recobrar la libertad obteniendo de su hermana o de su esposa el envío de una empanada en que se oculten las herramien­tas precisas parajimar los hierros y cavar un túnel en la torre69.

      El éxito en ambientes literarios y musicales de tiempo de los Reyes Católicos alcanzado por este romance se debió, sin duda, a la posibilidad de interpretar sim­bólicamente la prisión. Los glosadores están concordes en identificarse con el «yo» que lamenta la llegada de la primavera, presentándose en sus glosas como cautivos, sin libertad, por obra del amor70. La transformación de la cárcel de cal y canto en cárcel de amor es tan natural para la generación literaria contemporánea de Diego de San Pedro que incluso Alonso Pérez, a pesar de glosar una de las versiones extensas del romance, con crecimiento de cabellos y empanada rellena de «lima sorda» y «pico cavador», desarrolla a todo lo largo de su glosa el tema de la falta de libertad al hallarse encadenado por la pasión en «cárceles de amo­res»71. En las versiones de Nicolás Núñez, de Garci Sánchez y de la Thebaida, eli­minados los motivos ajenos al contraste entre la natural participación de los hom­bres en el cíclico despertar primaveral y la privación que sufre el «yo» prisionero de toda comunicación sensorial con el mundo exterior, la interpretación simbólica del romance resultaba inevitable siendo como eran sus autores una generación de poetas acostumbrados al conceptismo de la poesía amorosa trovadoresca. Así, en la glosa de Garci Sánchez, el mejor poeta de los glosadores del romance, la aveci­lla que cantaba al albor no es otra cosa que la «breve esperanza» de que la amada pueda venir a iluminar súbitamente las tinieblas de la prisión en que sufre el alma del poeta:

Esta es la breve esperança
que en vos, señora, he tenido,
que ya por mi mal andança,
la ha tirado vuestro olvido,
y, muerto en vuestra menbrança,
ya no espero redención,
qu’en su muerte desespero,
matómela un ballestero,
déle Dios mal galardón.

      La identificación de los cantores enamorados con el «yo» del discurso romancístico hacía incluso posible, en los ambientes cortesanos, feminizar al prisionero. En el Amadís de Grecia se nos cuenta cómo Niquea:

cantava aquel romance que dize: Por el mes era de mayo; y quando llegó a dezir. sino yo, triste cuytada, que yago en estas prisiones, que no sé quando es de día ni quando las noches son, dando un gran sospiro, soltó la harpa e dixo...72.

      Pasados los siglos, el romance de El prisionero sigue siendo cantado tanto en las comunidades urbanas sefardíes del Mediterráneo oriental como en las aldeas y pue­blos de muy diversas regiones de Portugal y de España. En una versión sefardí de Jerusalén aún se conserva memoria de la carta con que el preso trata de obtener su libertad (con verso que recuerda a la versión glosada por Alonso Pérez)73 y en otra de Rodas, para ponderar la duración de la prisión, se alude a la barba encanecida74; también una versión catalana mantiene el motivo de la longitud de cabellos, barba y uñas (en forma muy similar a la versión de Martín Nucio, aunque con algún detalle que recuerda a la versión del Cancionero musical de Palacio)75. Pero, por lo general, la tradición oral de los siglos XIX y XX ha preferido, como los mejores glosadores de fines del siglo XV, reducir el romance a su núcleo más lírico, y ha tendido a elaborar dos motivos, el de la descripción de la estación primaveral y sus efectos en la naturaleza y en la sociedad:

Mes de mayo, mes de mayo,    cuando los grandes calores,
cuando los toritos bravos,   los caballos corredores

(o «cuando los bués andan gordos,    los caballos corredores»),

cuando las cebadas granan,    los trigos toman colores

(o «cuando las cebadas granan,     los linos están en flores», o «cuando los centenos ciernen     y los campos crían flores»),

cuando los enamorados   le dan gusto a sus amores:
unos regalan con rosas,    otros con rosas y flores,
otros con dulces naranjas,    otros con agrios limones,
otros con buenas palabras    que roban los corazones,

y el de la comunicación del preso con el mundo exterior gracias al canto de las aves, generalmente diversificadas en tres pájaros representativos de otras tantas especies. Más inesperado para el lector letrado de literatura tradicional, según ha destaca­do Sandra Robertson en un conciso y penetrante ensayo publicado en 197976, es que la posibilidad de reinterpretar metafóricamente la prisión sea aún sentida por buena parte de los cantores modernos del romance, tanto en las comunidades urba­nas sefardíes del Mediterráneo oriental77 como en las aldeas de muy diversas regio­nes de Portugal y de España. El caso más claro nos lo ofrece una versión de la mon­taña de León:

Mes de mayo, mes de mayo,    mes de los fuertes calores,
cuando los toritos bravos,    los caballos corredores,
cuando los enamorados    gozaban de sus amores,
cuando un corazón se encuentra     metido en estas prisiones
sin saber cuándo es de día,    sin saber cuándo es de noche,
sino po’l cantar de los pájaros    que andaban por estos montes78.

      El solitario confinamiento del cantor en la cárcel de una pasión no compartida resulta también evidente, aunque no sea explícito, en versiones como esta zamorana que en seguida voy a citar, en que la utilización metafórica del romance para expre­sar un estado de ánimo con el que las cantoras pueden identificarse resulta doble­mente señalizada mediante la feminización del prisionero y mediante la conversión del tercer pajarito (gracias a la incorporación de un motivo del romance de fontefrida19) en un doble de la encarcelada cantora:

Mes de mayo, mes de mayo,    mes de muy fuertes calores,
las damas andan en gala,    los galanes en jubones,
yo, la tristica de mí,    metida en estas prisiones,
yo no sé cuándo amanece,    ni cuándo arrayan los soles,
sólo los tres pajarcitos    que me cantan los sermones:
unas son las golondrinas,    otros son los ruiseñores
y otra es la cocuyada,    que anda sola, sin amores,
no se posa n’el romero,    ni en ramos que tienen flores,
que se posa ’n las aradas    a la sombra ’e los terrones80.

      La noche oscura del alma enamorada no necesita ya siquiera de los muros de una prisión para que el cantor, al rayar el alba de la mañana de San Juan, el día eufórico del solsticio de verano, se sienta angustiosamente privado de libertad para acudir a la llamada del pájaro que canta en la sierra:

Manhaninha do São João,    pela manhã do alvor,
todos os criados vão   visitar o seu senhor,
só de mim, triste, coitado,    não sei quando arraia o sol,
se não fossem três passarinhos    que me anunciam o alvor.
Primeira é a cotovia,    segundo o rouxinol,
terceira é a calhandrina    a que se repenica melhor.
O rouxinol canta na silveira    a cotovia no giestal,
a calhandrina na serra    à sombra do queirogal81.

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

Seminario Menéndez Pidal y Universidad Autónoma de Madrid

 OTAS

61   Cancionero musical de Palacio (siglos XV-XVl) ms. 1335 (olim: 2-1-5) de la Bibl. de Palacio Real, Madrid, ff. 56v-57 (como parte de la segunda sección dedicada a los «Romances»).

62  La glosa comienza: «En mi desdicha se cobra / nuevo dolor que m’esmalta». Cancionero general de muchos y diversos autores. Copilado por Fernando del Castillo, Valencia: Christofal Kofman alemán de Basilea, 1511, ff. CXXXVIr y v. Se reprodujo en pliegos sueltos: Romance que dize Por la matanza va el viejo por la matanqa adelante. Con su glosa. E otras coplas. Y una glosa sobre otro romance (pl. s. gót., Praga: Universitáts-Bibl., DicARM 1051); Romance de la mora morayma: glosado Otro romance que dize. Por mayo era por mayo: glosado... (pl. s. gót., Praga: Universitáts-Bibl., DicARM 1011). También fue in­cluida en el Cancionero delBritish Museum (Add. 10431, ff. 42v-43r).

63   La glosa comienza: «Si libres mis pensamientos / de vuestra ausencia se viessen». Cancionero lla­mado guirlanda esmaltada de galanes y eloquentes dezires de diversos autores. Madrid: Bibl. Nacional, R-31621, ff. i-jr. Hay edición moderna: Cancionero de Juan Fernández de Constantina, Madrid: Socie­dad de Bibliófilos Madrileños, 1914, pp. 12-17.

64  La glosa comienza: «Si de amor libre estuviera / no sintiera mi prisión». Cancionero general de muchos y diversos autores. Otra vez ympreso emendado y corregido por el mismo autor... Valencia: Jorge Castilla, 1514, f. 118v. Don Fernando Colón poseyó un pliego suelto (que describe sumariamente en el Abecedarium B en tres lugares [cois. 534, 691 y 694A]) comprado en Roma en 1530, que hoy conoce­mos en dos ediciones: Las maldiciones dichas clara escura del mismo Garcisanchez de Badajoz. Comiençan en esta manera, una identificada como de Sevilla: Jacobo Cromberg, entre 1511 y 1515 (DicARM 47: pl. s. gót., Wien: Osterreichische Nationalbibliothek), otra identificada como de Toledo: Juan de Villaqui-rán, hacia 1512-1515, DicARM 45, Oporto: Bibl. Pública x-3-26(13) [del que hay ed. moderna en «Jo­yas bibliográficas» (1976)], y DicARM 46, Paris: Bibl. Nationale, Inv. Reserve Yg (86-112) n° 106, que incluye también la glosa de Garci Sánchez. También- figura en el f. 9r del Cancionero del British Mu­seum (citado en la n. 62) y en los ff. 17v-20r del Cancionero musical poético da Biblioteca Públia Horten­sia, de Elvas (citado en la n. 4, a).

65  La glosa comienza «Quando el bien de vos me vino, / quando la cuita que passo, / quando sentía el desatino...». Hay también ed. de 1546. La moderna de la «Colección de libros raros», 1894, pp. 257-259, no sólo moderniza la ortografía, sino que, en nuestro romance, sustituye malamente «cantava all alvor» por «cantaba al amor».

66  Cancionero de Romances... nuevamente corregido, emendado y añadido en muchas partes, Anvers: Martín Nucio, 1550, ff. 265r-266r. Hay edición moderna de A. Rodríguez Moñino, Cancionero de Ro­mances (Anvers, UJO), Madrid: Castalia, 1967, pp. 300-301.

67  Los versos que siguen son una versión facticia, construida a base de las varias versiones viejas. He pretendido acercarme a la forma más arcaica de cada hemistiquio. Naturalmente, podrían preferirse otras «reconstrucciones».

68  Aproximación que se irá haciendo más y más notable conforme pasan siglos de tradicionalidad. Hoy es patente en la mayor parte de las versiones que conserva la tradición oral. En algunos casos el romance incluso ha dejado de serlo, absorbido por la tradición folklórica de «los mayos» y «las marzas».

69  En la versión glosada por Alonso Pérez el prisionero dice: «escreuir quiero vna carta    a mi hermana la mayor / que me embíe vn empanada    no de truchas ni salmón, / mas de vna lima sorda    y de vn pico cauador, / la lima es para los hierros,    el pico para la torre». A su vez, la versión interpolada del Cancionero de romances editada por Nucio en 1550 reclama un ave «que me lleue vna embaxada [a] mi esposa Leonor, / que me embíe vna empanada,    no de trucha [n]i salmón, / sino de vna lima sorda    y de vn pico tajador, / la lima para los hierros    y el pico para la torre».

70  «Que ni sé si so captivo / ni si muero, ni si vivo/ ni si tengo libertad», Nicolás Núñez; «Si libres mis pensamientos / de vuestra ausencia se viessen, / bien lo creo que sufriessen / las prisiones más con­tentos / mientras más escuras fuessen; / mas si mis fuerças ensayo, / lo que me da más desmayo / en las cárceles de amores / ser perpetuos los dolores», Alonso Pérez; «Todos andan sin pasión, / todos viven sin cuydado, / sino yo triste, cuytado, / que yago en esta prisión», Garci Sánchez (es de notar que en la glosa de Garci Sánchez una prisión no excluye la otra: «quién podrá preso tener / el cuerpo en esta to­rre / y ell alma en vuestro poder»).

71  Véase n. 70.

72  Nono Libro de Amadis d’ Gaula: que es la corónica del muy valiente y esforçado príncipe y cavallero de la ardiente espada Amadís de Grecia... (1530), Parte 2a, cap. 89, f. 217 b, 11-17 (Bibl. de Stuttgart). Cito por J. de Perot, «Reminiscencias de romances en libros de caballerías», RFE, II (1915), 289-292.

73  «Escribir quiero una carta    de mi mano la mayor, / mandársela al rey mi padre,    que sepa de mi dolor».

74  «De que entré en esta cárcel   mostachinos non tenía, / agora, por mis pecados,    la barba me se emblanquezía». Versión cantada por Miriam Rabeno Israel, recogida en 1911 por Manuel Manrique de Lara.

75  «Los cabellos de mi cabeza    m’en redondean els talones, / los pelos de mia barba   m’en redonde­an els genollos, / las uñas de mias manos    parecen uns tajadores». Versión publicada por M. Milá i Fontanals, Romanceríllo catalán, 2ª ed., Barcelona, 1896, núm. 239, p. 211. Cfr. en el Cancionero de Amberes de 1550: «cabellos de mi cabeça   llegan me al coruejón, / los cabellos de mi barba    por manteles tengo yo, / las vñas de las mis manos    por cuchillo tajador», y en el Cancionero musical: «Las barbas de la mi cara    çiñólas en rrededor, / ... / cabellos de mi cabeça   me allegan al corbejón, / de noche los é por cama,    de día por cobertor».

76  S. Robertson, «The limits of narrative structure: One aspect in the study of El Prisionero», en El romancero hoy: Poética, ed. D. Catalán et al, Madrid: Seminario Menéndez Pidal, 1979, pp. 313-3 L

77  S. Robertson cita como ejemplo una versión recogida en Salónica por Manuel Manrique de Lara en 1911.

78  Versión de Vega de los Viejos (Babia, León), dicha por Consuelo Vega Fernández, de 20 años. Recogida en 1908 por M. Manrique de Lara. Publicada en Romancero general de León, I: Antología 1899-1989, por D. Catalán y M. de la Campa, Madrid: Seminario Menéndez Pidal y Diputac. de León,

79 Según señaló E. Asensio, Poética y realidad en el cancionero peninsular de la Edad Media, Madrid: Gredos 1957 2a ed. 1970, p. 260, a la vista de una versión de procedencia zamorana, oída a Eulalia Galvarriato (la mujer de Dámaso Alonso). Sobre la evolución en la memoria de Eulalia Galvarriato (una transmisora inusual de tradición) de esta versión, véanse mis observaciones en las pp. 139-143, de D. Catalán, «Al margen de un concierto de música de los siglos XV y XVI», en ¡Alça la voz, pregonero! Homenaje ’a don Ramón Menéndez Pidal, Madrid: Institución Libre de Enseñanza y Seminario Menén­dez Pidal, 1979, pp. 135-150 y 157-169.

80 Sigo, fundamentalmente, el texto de la versión de Florentina Vara (23 años) de Otero de Bodas (Zamora), recogida en agosto de 1912 por Américo Castro. Enmiendo «jibones» en «jubones», «rome­ría» en «romero» y singularizo «las cocuyadas que andan solas» en «la cocuyada, que anda sola», apo­yándome en las lecciones de Valentina Canas (22 años) de Ferreras de Arriba (Zamora): «y otra es la cruzcayata,        que anda sola sin amores, / no se posa en el romero     ni árboles que tengan flores, / que se posa en las aradas    a la sombra ’e los terrones» (versión recogida también por A. Castro, julio de 1912).

81 Versión seleccionada por S. Robertson, procedente de J. Leite de Vasconcellos, Romanceiro Português, I, Coimbra: Universidade, 1958, p. 276. Fue recogida, por el propio Leite de Vasconcellos, en Rebordãos (Trás-os-Montes).

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

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