Blogia
ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

26.- 3. LA EVOLUCIÓN DE -S, -Z COMPARADA CON LA DE -R, -L

26.- 3. LA EVOLUCIÓN DE -S, -Z COMPARADA CON LA DE -R, -L

3. LA EVOLUCIÓN DE -S, -Z COMPARADA CON LA DE -R, -L. III EN TORNO A LA ESTRUCTURA SILÁBICA DEL ESPAÑOL DE AYER Y DEL ESPAÑOL DE MAÑANA

      El proceso de debilitación de /s/, /θ/ en los márgenes implosivos de la sílaba debe considerarse juntamente con el proceso, enteramente análogo, de debilitación de /r/, /l/ y /n/ en las mismas distribuciones109. Aunque no es aquí mi propósito el tratar extensamente de los fenómenos tocantes a estas otras consonantes finales de sílaba, he creído imprescindible ilustrar, median­te el mapa nº 2 de este trabajo [núm. 3 del presente libro] la suerte de -r, -l en el español peninsular.

      Resumiendo los datos que proporciona el volumen I del ALPI acerca de, -r y -l en final de palabra (andar, nº 15; ayer, nº 20; ayunar, nº 21; caer, nº 31; cazador, nº 39; y baúl, nº 24; caracol, nº 36), he trazado el límite de la neutralización de /r/ : /l/ implosivas ante pausa110.

 

Mapa 3:  La -r y la -l finales en el castellano peninsular

      En líneas generales (si prescindimos del área «navarra», que tiene un origen independiente111), la gran área meridional de neutralización de /r/ : /l/ finales es muy semejante a la de la neutralización de /s/ : /θ/ finales: Alcanza hasta las estribaciones salmantinas de la Sierra de Gata; incluye los valles del Alagón, en Salamanca, del Tiétar, en Ávila, y del Alberche, en Madrid; asciende por el Tajo hasta el SE. de Madrid y S. de Guadalajara; comprende el Occidente de Ciudad Real (mientras deja fuera la mayor parte de La Mancha); incluye Jaén y Murcia (y no la huerta de Orihuela)112. Com­párense las dos líneas de trazos gruesos en los mapas 1 y 2.

      Como en el caso de las sibilantes, hallamos tres realizaciones básicamen­te distintas del archifonema final: [-l], [-h] y [Ø]. Estas tres realizaciones se corresponden con las tres realizaciones, [-s], [-h] y [Ø], del archifonema de las sibilantes en las sub-zonas B, C y D. Aunque la difusión de la realización [-l] sea mayor que la de la realización [-s], y la reducción a [Ø] algo menor que en el caso de las sibilantes, la disposición geográfica de las tres posibili­dades (que llamaré también B, C y D) ofrece una indudable analogía con la que hallábamos en el mapa de -s, -z. También aquí se impone la interpreta­ción dinámica de los datos geográficos.

      Si completamos los datos del ALPI con informaciones de varia proce­dencia respecto a -r, -l seguidas de consonante, podremos reconstruir las si­guientes etapas113:

-l + CONS.- :

-r + CONS.-

-l (final) :

-r (final)

 I: [-r]       =

[-r] .......  

[-l]        =

[-l]

II: [-r]       =

[-r] .......

[-h]       =

[-h]

III: [-r]      =

[-r] .......    

[Ø]        =         

[Ø]

3.1. Expansión del fenómeno de debilitación 114

      Nuevamente debemos suponer que el foco fue la baja Andalucía (el rei­no de Sevilla). Y, como en el caso de las sibilantes, las regiones más pronta­mente alcanzadas por la innovación debieron ser Málaga, Córdoba, la baja Extremadura (por tierra) y Cartagena (por mar). Después, la neutralización se extendería a la costa y centro de Granada y al Occidente de Jaén. Más tarde, alcanzó al resto de Andalucía y Murcia, a la alta Extremadura y la sub-sierra y a los valles medios del Tajo y el Guadiana.

 Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

NOTAS

109 Véase D. Catalán, «El español canario. Entre Europa y América», BF 19 (1960), 317-336 (especialmente 321-329) [reed. en el cap. 7 del presente libro]; «El español en Canarias», Presente y futuro de la lengua española, I (Madrid, 1963), 239-280 (261-263) [reed. en el cap. 8 del presente libro]; «El español en Tenerife. Problemas metodológicos», ZRPh 82 (1966), 467-506 (478-484) [reed. en el cap. 9 del presente libro].

110 La información del ALPI I acerca de -r + CONS.-, -l+ CONS - es insuficiente. Se limita a los mapas nos 17: árboles y 74: dulce (en 13: ahogarse y 62: decirlo condiciones morfológicas espe­ciales alteran la -r en muchas regiones; por otra parte, los grupos -rn-, -rl- merecen, como es bien sabido, consideración independiente).

111 El ALPI nos dibuja, con bastante precisión, esta área independiente, formada por los puntos 434 (Pradejón, Logr.), 602 (Arguedas, Nav.), 444 (Muro de Ágreda, Sor.), 622 (Tierga, Zar.), 448 (Cihuela, Sor.) y 625 (Codos, Zar.). A. Alonso, Estudios lingüísticos: Temas hispa­noamericanos (Madrid, 1953), p. 269 (y, anteriormente, en su contribución al Homenaje a Menéndez Pidal II, Madrid, 1925, p. 184, n. 2 y, con R. Lida, en «Geografía fonética. -/ y -r implosivas en español», RFH 7, 1945, 313-345) se había ya ocupado de la mitad septentrional de esta área (al Norte del Moncayo), describiéndola con todo detalle: Aunque «ya en Lerín y Mendavia, y un poco más en Sesma, la r final de sílaba comienza a tener un escape lateral», «el fenómeno se cumple del todo» únicamente algo más al Sur, en Lodosa, Sartaguda, Cárcar, Andosilla, San Adrián, Azagra, Marcilla, Villafranca, Milagro, Cadreita, Valtierra, Arguedas (al Norte del Ebro), y en Alcanadre, Calahorra, Alfaro, Corella, Cintruénigo, Fitero, Tudela, Murchante, Cascante, Monteagudo, Tarazona, Ribaforada, Buñuel, Cortes, Fustiñana, Borja (al Sur del Duero). Según J. Magaña, en RDyTP 4 (1948), 266-303, la pronunciación [-l] < -r ocurre en Arnedo, igual que en Calahorra. En El habla de Magallón (Zaragoza, 1945), p. 9, F. Lázaro señala que «sin excepciones siempre que la r traba sílaba final, y muchas veces cuando la sílaba es interior» se pronunica [-l] («el fenómeno... alcanza a todos los infinitivos y a los imperativos Plurales») y que «la l ante consonante se convierte en r». A. Llórente, en RFE 48 (1965), 329, registra el paso de -r final a [-l] en Alfaro, Autol, Herce y Villar de Arnedo (no en Enciso ni en Galilea). Otro foco aislado de neutralización de /r/ : /l/ implosivas en el Norte de la Península parece estar localizado en ciertos lugares de Santander: El ALPI registra un caso en el punto 401 y V A. Alonso anota, de pasada (p. 278, n. 2): «también ocurre el cambio inverso, -/ < -r, como en montañés Javiél < Javiér». Son de desear informes más completos.

112 Las noticias de los dialectólogos habían permitido ya a A. Alonso y R. Lida, en RFH 7 (1945), 313-345, esbozar un mapa esquemático de la difusión de la neutralización en la Penínsu­la; el ALPI aclara completamente la cuestión geográfica. Naturalmente, las monografías dialec­tales aportan interesantes precisiones. Sobre el extremo NO. de la frontera, en Salamanca, los estudios de A. Llórente y de P. Sánchez Sevilla comprueban que en La Ribera y en Cespedosa de Tormes no hay confusiones; R. Menéndez Pidal, El dialecto leonés2 (Oviedo, 1962), incluye un mapa (elaborado tiempo atrás) en que se dibujan dos fragmentos de la isoglosa Norte de comel: el primero incluye los lugares de «fala mañega», la comarca de El Robledal (Navasfrías, El Payo, Peñaparda, Villasrubias y Robleda) y Fuenteaguinaldo, dejando fuera a Alamedilla, Castillejo y El Bodón; el otro incluye a Sequeros y Linares de Riofrío y excluye a Monsagro, Tamames y Monleón; los datos que da A. M. Espinosa (en Arcaísmos dialectales, 1935) y los que proporcionan el propio Espinosa y L. Rodríguez Castellano (en RFE 23, 1936, 225-254 y 337-378) confirman este trazado (salvo para El Bodón, donde un viejo pronunciaba hincál) y aclaran que, entre la comarca de El Robledal y Sequeros, la isoglosa de [-l] < -r incluye a El Saugo, Agallas, Vegas de Domingo Rey y Sotoserrano y excluye a Serradilla del Arroyo; más a Oriente, Valdefuentes también neutraliza. Sobre el Sur de La Mancha, A. Alther (1935), aunque no se ocupó del problema, muestra que la distinción estaba amenazada por la pérdida de -r, -l en Almuradiel (9 ejemplos de -r > [Ø], frente a 8 de -r y 3 de -l conservadas), mientras en Castellar de Santiago se mantenía mejor (3 ejemplos de -r > [Ø], contra 11 de -r y 4 de -l correctas); en el Campo de Montiel, Villanueva de la Fuente parece distinguir, por lo general (17 -r: 3 -l, correc­tas), pero confunde en caccabér y pierde en freí, rajá ’rasgar’ (y, quizá, en bajá y ún boθá); más a Oriente, Alcaraz, en Albacete, pertenece de lleno a la zona de neutralización (vacilando entre -r -> [-l]: minál, forrajál, ehmontál, dejarrál, ehpolboriál, la flól, coliflól, y la aspiración: rehpaldáh; -l+C0NS.-y -r CONS.-también se neutralizan loh órmoh, lah armuáh ias almohadas’, arcachófah, el súlco, la phnála ’la piedra pedernal’).

113 En beneficio de la claridad, me he limitado a seriar las realizaciones más llamativas del archifonema, sin atender a sus múltiples variantes. Entre las pronunciaciones [-r] y [-l], se regis­tra, con cierta frecuencia, [l/r]. En alguna comarca, el punto de articulación del grupo se retro­trae hacia el paladar, al ampliarse el contacto de la punta de la lengua. Los grupos -rn-, -rl- merecen consideración aparte, pues tienden, con mucha mayor frecuencia que los restantes, a ser coarticulados; Ma implosiva adquiere la cualidad de «distribuida», tanto cuando no se aspira [-nn-], [-’1-] (la punta de la lengua establece un contacto mayor y más sotenido con la región alveolo-palatal que en el caso de [n-], [l-]), como cuando se aspira [-hn-], [-hl-]. En las regiones en que el archifonema final > [Ø], la vocal anterior a la implosiva puede quedar inflexionada (en alguna comarca -al, -ar llegan a pronunciarse [-ę]); pero no ha sido bien estudiado el pro­blema de la posible neutralización de -s, -z : -r, -l. Aparte del estudio de conjunto de A. Alonso y R. Lida y de los datos del ALEA, son de especial interés las contribuciones, relativas a determi­nadas comarcas, de L. Rodríguez Castellano y A. Palacio, «El habla de Cabra», RDyTP4 (1948), 387-418 y 570-599, D. Alonso, En la Andalucía de la e (Madrid, 1956), M. Alvar, «El cambio -al, -ar > -e en andaluz», RFE 42 (1958-59), 281-282, y A. Llórente en RFE 45 (1962), 240.

114 A. Alonso, siempre inclinado a retrasar la cronología de la fonética innovadora andaluza (para defender mejor la tesis de la independencia fonética del español americano), hizo hincapié en el carácter tardío (s. XIX) de la neutralización. Su opinión fue acogida por muchos (sirvan de ejemplo, A. Zamora Vicente, Dialectología española, Madrid: Gredos, 1960, 249 y G. Salvador, «Fonét. and. y su propagación», p. 184. Zamora cambió de opinión en la 2ª ed. de su Dialecto­logía, 1967, pp. 315-316). R. Lapesa en «El andaluz y el español de América», Presente y futuro de la lengua española, II (Madrid, 1963), 180-181, reunió ejemplos más que suficientes para poder afirmar que la neutralización estaba ya muy extendida en Andalucía y América en el s. XVI y principios del s. XVII, y además dos curiosos casos andaluces de entre 1384-1392 y de 1448. Puedo añadir a su lista el ms. A de la Gran Crónica de Alfonso XI, del s. XVI (tiene, al parecer, anotaciones de G. de Zurita, 1512-1580): Guadarfajara, Aljona, Ilegal (ms. P: llegar), Giblartar (ff. 17v, 94, 109, 370) [véase ahora en Gran Crónica de Alfonso XI, ed. D. Catalán «Fuentes cronísticas de la Historia de España» IV (Madrid: SMP y Gredos, 1976), caps. VIII. 17, LXVI. 23, LXXVIII. 2, CCLXIV. 9 (con una errata ultracorrecta)]. Si Sancho Panza repre­senta el habla rústica manchega, el Quijote II, 8 (Madrid, 1615), nos proporciona la primera noticia de la expansión de la neutralización de -r, -l+cons-por tierras del Guadiana (donde hoy la neutralización de -r, -l finales contiende con la distinción): «Querría que v. m. me sorbiesse vna duda que agora en este punto me ha venido a la memoria. Assoluiesse, quieres dezir, San­cho, dixo don Quixote» (ed. facsimil de la príncipe, Palma de Mallorca, 1968, f. 28 v).

CAPÍTULOS ANTERIORES:  EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

ADVERTENCIA

1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

*   2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

*   3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

*   4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

*   5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

*   6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

*   7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

*    8.- 7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII)

*   9.- 8. EL CAMBIO EN LA NORMA CORTESANA, VISTO POR LOS GRAMÁTICOS EXTRANJEROS

10.- 9. EL ESPAÑOL ORIENTAL ANTE EL TRIUNFO DE LA NUEVA NORMA DE MADRID

11.- 10. RESISTENCIA DEL ANTIGUO SISTEMA TOLEDANO EN LA ALTA EXTREMADURA

*   12.- 11. LA NUEVA NORMA ANTE EL CECEO ANDALUZ

*   13.- 12. CONCLUSIÓN

 II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA.

*   14.- 1. ESTADO DE LA CUESTIÓN

*   15.- 2. CECEOSOS DE LENGUA ESTROPAJOSA

*   16.- 3. CECEOSOS POR HÁBITO LINGÜÍSTICO

17.- 4. COMUNIDADES CECEOSAS A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVI. SU LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICA Y SOCIAL

18.- 5. EL ÇEZEO SEVILLANO EN TIEMPO DE LOS REYES CATÓLICOS, SEGÚN EL TESTIMONIO DE LAS GRAFÍAS

*    19.- 6. EL ÇEÇEO SEVILLANO, DESCRITO POR NEBRIXA

20.- 7. CARÁCTER FRICATIVO DE LA /Ç/ Y DE LA /Z/ DEL SEVILLANO MEDIEVAL

*    21.- 8. LAS GRAFÍAS Y EL ÇEZEO MEDIEVAL

*   22.- 9. CONCLUSIÓN: EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA

III EN TORNO A LA ESTRUCTURA SILÁBICA DEL ESPAÑOL DE AYER Y DEL ESPAÑOL DE MAÑANA

* 23.- III EN TORNO A LA ESTRUCTURA SILÁBICA DEL ESPAÑOL DE AYER Y DEL ESPAÑOL DE MAÑANA

* 24.- 1. CONSIDERACIONES DIACRÓNICAS ACERCA DE LA ESTRUCTURA SILÁBICA DEL ESPAÑOL

* 25.- 2. LAS SIBILANTES IMPLOSIVAS EN EL ESPAÑOL DE ESPAÑA: GEOGRAFÍA Y DIACRONÍA

       Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

Imagen: Letra mayúscula Ñ de Albert Durero.

25.- 2. LAS SIBILANTES IMPLOSIVAS EN EL ESPAÑOL DE ESPAÑA: GEOGRAFÍA Y DIACRONÍA

25.- 2. LAS SIBILANTES IMPLOSIVAS EN EL ESPAÑOL DE ESPAÑA: GEOGRAFÍA Y DIACRONÍA

  

2. LAS SIBILANTES IMPLOSIVAS EN EL ESPAÑOL DE ESPAÑA: GEOGRAFÍA Y DIACRONÍA. III EN TORNO A LA ESTRUCTURA SILÁBICA DEL ESPAÑOL DE AYER Y DEL ESPAÑOL DE MAÑANA

2.1. Las sibilantes implosivas en el español meridional

      Frente al castellano de la mitad norte de la Península, en que las sibilan­tes /s/ y /θ/ permanecen distintas y firmemente articuladas en toda posición, el castellano de la mitad sur debilita, en determinadas distribuciones, la arti­culación de ambos fonemas, tiende a neutralizar la oposición y, en última instancia, reduce la expresión del archifonema a unos rasgos fonéticamente no segmentables o incluso a cero (elipsis).

      La distribución de los alófonos de /s/ y /θ/ nos indica claramente que la variabilidad sintagmática depende de la presión del sistema silábico. La tendencia del español a reducir el papel informativo de los márgenes implosi­vos de la sílaba y a generalizar analógicamente la estructura silábica más común, el tipo /TA | TA/, es, sin duda, la fuerza estructural responsable de la extraordinaria fluctuación fónica de -s y -z finales de sílaba en la mitad sur de España. La esporádica extensión a la posición prenuclear de las variantes aspiradas de /s/, /θ/, surgidas en posición postnuclear, quizá preludie una generalización analógica de la mutación [s] > [h]39; pero, hoy por hoy, las sibilantes explosivas se conservan, por lo general, inalteradas.

      Sin atender, por el momento, a consideraciones geográficas, los fenóme­nos fonéticos del castellano meridional pueden resumirse en el siguiente cuadro:

I. -S, -θ + CONSON

║AsTAH║,    ║AθTAH║                           

II. -S, - θ + PAUSA

║AS ║,║Aθ

a):     -sT- (ASTA)

a):     -s (AS)

b):     -hT- (AhTA)

b):     -h (Ah)

c):     -h’T- (Ah’TA)

 

d):      -T’- (AT’A)

 

e):     hT- (ÄhTA)

e):     h (Äh)

f):      -T- (ATA)

f):      - Ø (A)

      Estas varias posibilidades suelen darse combinadas: c) con d); e) con c), Ejemplos:

     Gracias a la publicación del volumen I del ALPI40, nos es posible en la actualidad contemplar en conjunto el área de la neutralización de /s/ : /θ/ en posición implosiva, y observar la distribución de los varios grados de debilitación del archifonema, tanto en posición interior, como en posición final. La más importante observación que, desde el primer momento, nos permite hacer el Atlas es la de que las áreas de la «aspiración» de -s, -z + consonante y de -s, -z+pausa no son sino parcialmente coincidentes. La existencia de numerosas «hablas» castellanas en que [-s + CONS.-] y [-θ + CONS.-] > [h], mientras [-s] y [] finales siguen distinguiéndose, había escapado casi por completo a la atención de los dialectólogos.

Mapa 2: La -s y la -z interiores y finales en el castellano peninsular


2.2. La aspiración de -s, -z + cons., en la España meridional

      En el mapa nº 1 de este trabajo [núm. 2 del libro] he señalado, con un haz de isoglosas (en trazos finos), el límite norte, (por los años 30 de este siglo) de la aspiración de -s, -z seguidas de consonante, basándome en los datos que proporciona el volumen I del ALPI: La línea 1 señala el límite de la aspiración en avispa (nº 19 del ALPI), la 2 en desbocado (nº 65), la 3 en desnudo (nº 66), la 4 en castillo (nº 37), la 5 en cresta (nº 52) y la 6 en guizque41 (nº 11: «aguijón»).

      La aspiración abarca toda Andalucía y toda Extremadura42 (sólo se ex­cluyen los lugares de habla portuguesa43) y penetra, vacilantemente, por la vertiente salmantina de la Sierra de Gata44; con mayor decisión aspiran el  alto valle del Alagón, en Salamanca45, el valle del Tiétar, en Avila46 y el valle del Alberche, en Madrid47, todos tres tributarios del Tajo. Toledo48 y Ciu­dad Real49 aspiran, así como el SO. de Madrid50. En Cuenca aspira el Sur manchego51, y en Valencia las comarcas castellanas de Utiel52 y Ayora53. Albacete54, Murcia y la huerta de Orihuela55 también aspiran. Salvo en el extremo oriental del área, en que la frontera es neta, hay una franja fronteri­za en que la aspiración es menos constante que en las localidades del interior.

      El panorama del ALPI se confirma y complementa con la no muy abundante bibliografía dialectológica referente a las comarcas del centro de la Península. Tene-mo algunos datos adicionales respecto a la zona albaceteña regada por  Júcar56, acerca del Sur de Cuenca, sobre Madrid capital y Alcobendas57, sobré el Sur de Ávila58, sobre el valle salmantino del Alagón59 y respecto a la Sierra de Gata60.

      Mayor interés que estas precisiones tiene la noticia de que en Salaman­ca, bastante más al Norte de la zona serrana, existe un islote de fonética meri­dional (no registrado por el ALPI) en La Ribera junto al Duero. Según A. Llorente (1947)61, en Vilvestre y Mieza62 la -s, -z  preconsonánticas se aspiran (asimilándose más o menos a la consonante explosiva siguiente)63 y también la -s, -z finales de palabra o morfema cuando van ante consonante64 y aún ante vocal65; en otros lugares próximos, más desdialectalizados66, la -s ante consonante (y, esporádicamente, la -s final seguida de vocal) «se convierte en aspiración relajada, o se pierde»67; en pueblos de mayor comunicación (como Hinojosa del Duero68), si bien es normal la conservación de [-s] (< [-s + CONS.-] y [-θ + CONS.-]), quedan voces donde se ha perdido y que, según piensa Llórente, deben ser reliquias de una antigua pronunciación aspira­da69. La discontinuidad geográfica de estas hablas conservadoras de La Ri­bera, respecto a las otras hablas de fonética meridional, quizá se deba a la penetración de una cuña de desdialectalización por El Abadengo y tierras de Ciudad Rodrigo, comarcas bien comunicadas con Salamanca.

      El resto de Salamanca, que desconoce la aspiración, pronuncia [-s] la -z ante consonante (tisnár, peñíscu, torrésnu, cascárrias, etc.)70. Es posible que en Sayago (Zamora) se dé esta misma pronunciación71.

2.3. La aspiración de -s, -z ante pausa, en la España meridional

      En el mapa nº 1 he resumido los resultados de -s, -z finales de palabra que (respecto a los años 30) nos proporcionan los mapas pertinentes del ALPI I (árboles, nº 17; cejas, nº 41; cuñados, nº 61; deudas, nº 67; los domingos, nº 72; y coz, nº  51; cruz, nº 54; diez, nº 70; duz72, nº 74:’dulce’).

      Señalo con una línea de trazos gruesos el límite norte de la neutraliza­ción de /s/ : / θ/ finales de palabra (cualquiera que sea la realización del archifonema). Al Norte de esta línea se nos dibuja una gran área fronteriza, que llamaremos sub-área A, en que [-s] y [-θ] finales de palabra se mantienen firmes y distintas, mientras -s y -z seguidas de consonante se aspiran. Esta situación, tan peculiar, es la típica de las hablas «manchegas». La encontra­mos en el Occidente de Murcia73, en todo Albacete74, en el Occidente de Valencia75, en el Sur de Cuenca76, en el Oriente de Ciudad Real77 y de Tole­do78 y en el Sur de Madrid79. Quizá haya que sumar a esta área la huerta de Orihuela80 (pues aunque tiene [-s] por -z, ello es debido a que «sesea», a la valenciana, las antiguas /ç/ [ts] y /z/ [dz]).

      Al Sur del límite de la neutralización hallamos otra área, geográficamente más reducida y peor delimitada, pero no menos interesante, la sub-área B. En ella, aunque /s/ y /θ/ siguen distinguiéndose en posición explosiva, -s y -z finales de palabra se confunden. El archifonema tiende a realizarse en esta posición como [-s], contrastando así con la realización [-h] de las sibilantes implosivas seguidas de consonante. Esta pronunciación se mantiene en una parte del valle del Guadiana (entre La Serena y Calatrava)81 y en los Montes de Toledo82; también es característica de algunos lugares situados en la frontera de la aspiración de [-s + CONS.-] y [-θ + cons.-]83.

      La realización aspirada de las sibilantes finales (sub-área C) ocurre, con regularidad, en varias localidades contiguas de la sub-área B84, o fronterizas de la sub-área A85. Además, contiende en Andalucía la Alta (Granada, Alme­ría, centro y oriente de Jaén) con el resultado D.

        Por último, en el corazón del área de la aspiración de -s, -z interiores (reino de Sevilla, Málaga, Córdoba, Extremadura y Murcia), las sibilantes finales de palabra tienden a perderse (sub-área D).

      La visión panorámica que nos proporciona el ALPI (a pesar de que sólo podemos consultar el primero de sus tomos fonéticos) esclarece, de un golpe, la situación de ciertas hablas del extremo NE. de Andalucía que habían atraído la atención de los realizadores del ALEA. En sus encuestas dialectales, preparatorias del primero de los Atlas regionales españoles, M. Alvar y G. Salvador descubrieron, con sorpresa, que algunas localidades fronterizas mantenían (con mayor o menor vitalidad) una pronunciación no «meridio­nal» de -s, -z finales de palabra86. Los hablantes más conservadores (en su mayoría mujeres de cierta edad)87, aunque aspiraban la /s/ y la /θ/ implosi­vas ante consonante, realizaban como [-s] el archifonema en posición final88; los más innovadores seguían en cambio la norma «andaluza» (en un caso aspiraban, en otro perdían la sibilante final)89. Las ulteriores encuestas del ALEA pusieron de manifiesto la existencia de otras hablas limítrofes en que se mantiene, con mayor o menor firmeza, la pronunciación [-s] de -s, -z fina­les o, incluso, la distinción [-s : - θ] (mientras -s y -z seguidas de consonante se aspiran)90. Estos datos, unidos a los que anteriormente (1935) había reunido A. Alther91 sobre varias localidades meridionales de Ciudad Real92 y Albacete93 y a los que proporciona el ALPI, nos muestran que entre Andalucía y La Mancha hay una franja fronteriza en que las sibilantes en posición final están dejando de realizarse según la norma de las subáreas A o B para aco­modarse a la norma de las sub-áreas C o D.

      Los estudios dialectológicos de F. Krüger (1914), O. Fink (1929) y A. M. Espino­sa (1935)94, referentes a Cáceres y el Sur de Salamanca, precisan, por una parte, la situación en ambas vertientes de las sierras de Jálama95 y de Gata96, donde la pérdida de las sibilantes finales contiende con la neutralización y la distinción. Por otra parte, nos revelan que, si bien Las Hurdes (en el extremo NE. de Cáceres)97 pertenecen claramente a la sub-área D, como las comarcas al Sur del Tajo98, en buena parte del Norte de la provincia de Cáceres99  contienden las realizaciones típicas de la sub-área D  con las de las sub-áreas C, B y aún A: Mientras al S. de Plasencia algunos pueblos apartados mantienen con cierto vigor la [-h] 100, la mayoría de los lugares del partido de Coria conservan con notable vitalidad el archifonema [-s]101; y en el valle del Alagón sobreviven, al parecer, restos de la distinción [-s : - θ] y del archifonema [-s] junto a pronunciaciones con [Ø]l02, a pesar de que, aguas arriba, en la provincia de Salamanca predomina el archifonema [-s] y se registra ya la aspiración 103.

      Lejos de esta área meridional, en la comarca zamorana de Sayago, junto al Due­ro, F. Krüger registró la pronunciación [-s] por -z en varias localidades. Sus datos (no siempre claros) están pidiendo confirmación104.

2.4. Interpretación dinámica de los datos geográficos

      La existencia de una «geografía» interna, dentro de la gran área meri­dional de «aspiración» de las sibilantes implosivas, no debe hacernos pensar que las diversas pronunciaciones neológicas registradas en el Sur de España constituyan «resultados» terminales varios, característicos de diferentes co­marcas que hubieran cumplido el proceso de debilitación de un modo diver­gente. Las formas recogidas en una localidad no representan una «solución» estabilizada: Muchas veces, dentro del ámbito de una comunidad o incluso en el idiolecto de un solo sujeto, conviven posibilidades varias de las que hemos venido estudiando. El polimorfismo surge por doquier. Otras veces, si bien se registra una mayor constancia en la pronunciación local, la realiza­ción a la cual se adhieren los hablantes representa sólo una estación de trán­sito en un proceso evolutivo, cuya inestabilidad está garantizada por la pre­sión colectiva de las restantes hablas de la región que participan en el movimiento innovador. En fin, creo que, hoy por hoy, ninguna de las reali­zaciones particulares de -s -z implosivas puede ser considerada como una norma dialectal definitivamente fijada, como la pronunciación unívoca ca­racterística de un dialecto determinado, pronunciación respetada por todos los hablantes de la comunidad como herencia inalienable de las generaciones pasadas.

      Las distintas sub-áreas, que hemos señalado, no se hallan separadas por límites precisos ni estables, pues se hallan en dinámica interrelación y repre­sentan sólo etapas varias, más o menos avanzadas, de un proceso fonético que aún no ha llegado al término de su desarrollo105. Sin embargo, basta contemplar nuestro mapa nº 1 para ver que la distribución geográfica de esas sub-áreas no es caótica, sino que responde a una ordenación: En líneas generales, las cuatro sub-áreas se despliegan según el orden D, C, B, A, con­forme avanzamos desde el interior del área de la aspiración hacia la periferia. Semejante disposición exige, a mi parecer, el que consideremos a esas cuatro sub-áreas como una proyección en el espacio de cuatro estadios sucesivos de un proceso diacrónico. Esto es, me parece posible reconstruir la historia de nuestro fenómeno basándonos en su geografía.

Etapas del proceso.

      Añadiendo a la información del ALPI las noticas sobre -z seguida de consonante que nos proporcionaran las monografías dia-lectológicas, podemos llegar a distinguir cinco etapas fundamentales:

-s + CONS.- :

 - θ + CONS.-

-s (final) :      

-θ (final)

I:     [-s]   =

[-s] ........

[-s]         :

[-θ]

II:    [-h]   =

[-h] ........

[-s]         :

[-θ]

III:   [-h]   =

[-h] ........

[-s]        =

[-s]

IV:   [-h]   =

[-h] ........

[-h]        =

[-h]

V:    [-h]   =

[-h] ........

[Ø]         =

[Ø]

      Expansión del fenómeno: Su foco fue la baja Andalucía (el reino de Sevilla). Desde allí se propagó (por tierra) a la baja Extremadura, Córdoba y Málaga, y (por mar) a Cartagena y Murcia. Más tardíamente fue ganando la adhesión de Andalucía la alta (Granada, Almería y Jaén), de la alta Extre­madura, Toledo y la sub-sierra y de La Mancha. Desde Extremadura penetró en Salamanca.

      Esta interpretación dinámica de los datos geográficos no debe, sin em­bargo, llevarnos a creer en una difusión fulminante de la «aspiración» en los últimos tiempos106. Bien al contrario. El lento forcejeo (durante varias generaciones) que se observa en las zonas fronterizas de Andalucía y La Mancha y de Extremadura y Salamanca, entre la situación característica de la sub-área A o de la sub-área B y la generalización de la aspiración (o la pérdida) de las sibilantes finales (de acuerdo con la situación más avanzada de las sub-áreas C y D107), nos prueba cuán lentamente se desarrolla todo el proce­so. Me parece seguro que ya han transcurrido bastantes centurias desde que la crisis de las sibilantes empezó a manifestarse en su hipotético foco sevilla­no. Es más, incluso en la franja exterior del área de la aspiración (en el Norte de Cáceres y en Salamanca, Ávila y Madrid) creo que el fenómeno remonta, cuando menos, a mediados del siglo pasado 108.

Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

NOTAS

 

39 La [h-] explosiva procedente de /s/ surgió inicialmente en los enlaces sintácticos (T)Ah|| + || A(T)> (T)A|hA(T) (¿qu’éhéso?, senohacabó, lahermánah), a costa de la «liaison» (lazer-mánah, losóho, máságua). Los muy frecuentes  nohótros ~ nohótro(h) y bohótros ~ bohó-tro(h) son hermanos de noh án dicho; cáha Pedro, analógico de cáh Pedro, cáh(a) Andréh. Pero, ocasionalmente, en regiones de fuerte aspiración, se dan pronunciaciones como nó heñó, hí heñol ’si señor’, he háca ’se saca’, hale, ahí éh ’así es’, etc., alternando con las formas plenas (siempre más frecuentes).

40 En 1962 se publicó un lujoso primer volumen (Atlas Lingüístico de la Península Ibérica. A.L.P.I., I: Fonética, 1), que sólo contiene los 70 primeros mapas de la sección fonética (desde abeja hasta eje); los restantes mapas fonéticos (y todos los léxicos) continúan inéditos. Es lamen­table que el C.S.I.C. de Madrid no parezca considerarse obligado a continuar la publicación de unos materiales que le fueron entregados para su publicación por los autores del ALPI después de laboriosas negociaciones. [Véase adelante cap. 9].

41 Este ejemplo único de -z + cons.- sólo se documenta en el Oriente de España; por eso la línea 6 se pierde entre los puntos 470 y 478.

42 Por excepción, 364-Ceclavín no aspira en castíyu y crésta, y 366-Aliseda en cresta.

43 365-Ferreira o Herrera de Alcántara (Badajoz), 360-Valverde del Fresno y 362-Eljas (Cáceres) no aspiran -s + cons.-. En cambio, una localidad portuguesa del Alentejo, 281-Barrancos, aspira regularmente (aunque también habla portugués).

44 Al Norte de la Sierra de Jálama, 358-El Payo no aspira. 357-Fuenteaguinaldo y 355-Serradilla del Arroyo sólo aspiran en dhnú(d)o.

45 356-Linares de Riofrío (con 3 casos sí y 2 no) y 359-Valdefuentes de Sangusín (2 sí: 3 no).

46 452-Santa Cruz del Valle. En cambio, 451-La Horcajada, en el Tormes, no aspira. Al NO. del Adaja, 450-Grajos aspira esporádicamente en dhnudo.

47 454-Cadalso de los Vidrios (con 3 : 2).

48 465-Camarenilla y 469-El Romeral no aspiran en cresta.

49 478-Pedro Muñoz no aspira en castíllo.

50 457-Valdelaguna (con 3 : 2).

51 473-Honrubia (con 3, incluido guíshque : 3).

52 767-Caudete de las Fuentes. No aspiran ya 764-Tuejar, ni 768-Pedralba, ni 771-Godelleta.

53 776-Teresa de Cofrentes. No aspira 777-Anna.

54 Al Norte del Júcar aspiran ya 483-Tarazona de la Mancha (salvo los ejemplos con -st-) y 485-Higueruela (excepto crésta).

55 789-Dolores. No aspira, en cambio, 786-Monforte.

56 A Zamora Vicente, en RFE 27 (1943), 233-255, estudia la «conversación corriente, fami­liar de personas de Albacete y algunos pueblos próximos» (nombra entre ellos a Madrigueras, Tarazona de la Mancha [= 483 del ALPI], La Gineta, Motilleja y la vega del Júcar). Registra la neutralización de -z + CONS.-y -s+ CONS, (repísco, míscle, cascárria, gasnáte, etc., igual a espá, esnúa etc) y añade que «en los medios rústicos» esta -s se aspira: «El rasgo fonético de mayor importancia en el habla de la región es la aspiración de -s final de grupo [sic] o sílaba». Señala que en Albacete y Tarazona la articulación es «sorda, fricativa, laríngea» y que s + b-> [-h f-] («fricativa labiodental sorda»), -s + d-> [-h -] y -s+g- > [-xh-] («fricativa, velar, sorda» .

57 D Alonso, La fragmentación fonética peninsular, «ELH» I: Suplemento (Madrid 1962), p 49 se refiere vagamente a que «hay algo de aspiración de 5 en puntos de la zona manchega de la provincia de Cuenca» y nota que «en Alcobendas, al N. de Madrid, se pronunica áhko,  móhka». La pronunciación aspirada, como propia de las clases populares madrileñas fue ya observada por Galdós (Fortunata y Jacinta, 1886-87, II, II, 1 al describir los «atroces» defectos de pronunciación de Fortunata: «las eses se le convertían en  jotas sin que ella misma lo notase, ni evitarlo pudiera». A. Zamora Vicente, Dialectología española 1  (Madrid, 1960), p. 60 [2. ed., Madrid 1967 p 71] constata: «Incluso en la capital, el habla de las clases populares ya aspira». En D.  Catalán, La escuela lingüística española, Madrid, 1955, p. 46, noté ya, de pasada, que las pronunciaciones [-xk-], [-xg-] estaban muy generalizadas en Madrid.

58 V García de Diego, en RFE 3 (1916), 308, registró la pronunciación ma ’bizma’ en Santa Cruz del Valle (452 del ALPI) y en Poyales del Hoyo; frente a bísma en Arenas, Villarejo del Valle y Cebrero[s].                                                                                      

59  A. M. Espinosa y L. Rodríguez Castellano, en RFE23 (1936) 232-233 registran inhíeshto en Valdefuentes (359 del ALPI) y forrahcaol en Arroyomuerto. P. Sánchez Sevilla, en RFE 15 (1928), 143, n. 1, hace constar que en Cespedosa de Tormes se desconoce la aspiración de la -s final de sílaba, propia de los pueblos serranos como, por ejemplo, Baños de Montemayor.

60 Según los datos de O. Fink, Studien über die Mundarten der Sierra de Gata (Hamburg, 1929), pp. 79-92, en Cáceres la aspiración es constante, tanto en las Hurdes altas como en los lugares al Sur de la Sierra de Gata; pero no en Villamiel y Trevejo al Sur de la Sierra de Jálama (en contacto con el enclave de habla portuguesa de Valverde del Fresno, Eljas y San Martín); igualmente, en la vertiente norte, salmantina, de las sierras, Peñaparda (frente a Gata) aspira en déhti ’desde’ (pero no en iθquiérda), mientras al pie de la Sierra de Jálama, El Payo y Navasfrías no aspiran.

61 En su inmadura tesis doctoral titulada Estudio sobre el habla de La Ribera (Salamanca, 1947), pp. 65-68, 102, 107-108, 110-111, 214, 215, 217, 219, 221, 223. Resulta sorprendente que, doce años después, toda una serie de párrafos de este libro hayan sido reimpresos en forma de artículo en la RFE 42 (1958-59), 151-165.

62 Lugares donde /h/ y /š, ž/ del antiguo español han dado [h~ɦ], como en Extremadura.

63 Ejemplos: áhta, cáhta, éhto~étto (éhtuh iɦus), detáɦo, diɦíhtes, comíhtes, ácco, cáhco~ cáco, áhno, fréhno, mímmo; conóhco, pellíhco ~ pellico, torréhno.

64 Mucha teɦas, tréh cásas, dó piés, dohθiéntos, lo dientes, tréɦ uébos; diéh tíus, háhte p’alánti, una béh que, crúh santa.

65 Loɦ ómbris, loɦ ótrus, noɦótros, boɦótros, la oréɦas, bámoɦ a bér, éhtoh áires; úna crúh álta.

66 En Aldeadávila, Corporario, Masueco y aldeas colindantes, donde la aspiración de los antiguos fonemas /h/ (en cast. central [Ø]), /š/ y /ž/ (en cast. central [x]) es menos frecuente.

67 En otros párrafos afirma que la aspiración es casi constante entre los viejos e incultos de Corporario (y cita matéhtis, -hteis), y que en Aldeadávila hay restos de aspiración preconsonántica (junto a luh ómbris, nuɦótrus). De Masueco cita éhtu (junto a bámoh a bér).

68 Con aspiración de h- y j caduca.

69 Ejemplos: cáco ’casco, tiesto’, cacarón, dipués, detájo (~dehtájo), háte p’atrás (ant.). Además constata que «la -s final ante l- se pierde siempre en toda La Ribera». Las formas verbales comités, dejátes, esbaratátes, que Llórente aduce también aquí, podrían explicarse mor­fológicamente. Es de notar que en el volumen I del ALPI 352-Hinojosa no ofrece ejemplos de aspiración.

70 Según Llórente, esto ocurre «en toda la provincia, aun en la capital».

71 F. Krüger, Studien zur Lautgeschichte westspanischer Mundarten (Hamburg, 1914), p. 304, anota como generales isquierda y biscocho (ejemplos no muy significativos).

72 Este arcaísmo persiste en pocos lugares.

73 561-El Hornico de Ascona (con tendencia a aspirar ocasionalmente).

74 488-Letur, 489-Agramón (con tendencia a aspirar ocasionalmente), 487-Caudete de la En­cina (con tendencia a aceptar la pérdida de la implosiva, como en los lugares vecinos de Mur­cia), 486-Peñas de S. Pedro, 482-Munera, 483-Tarazona de la Mancha, 485-Higueruela, 484-Casas de Ves. Frente a estos datos del ALPI, A. Zamora Vicente, en sus breves «Notas para el estudio del habla albaceteña», RFE 21 (1943), 233-255, da a conocer varias transcripciones quimográficas con -s final aspirada o perdida de Tarazona ( = 483 del ALPI) y de Albacete: loh iénteh, lah trébedeh y lahφ fφóta, lohφ fφímoh y lah trébedeh, respectivamente. Me resisto a admitir que entre 1936 y 1943 la sub-área A haya desaparecido, y que la aspiración de -s, -z haya desplazado definitivamente a la distinción, en posición final, ante pausa.

75 776-Teresa de Cofrentes, 767-Caudete de las Fuentes.

76  473-Honrubia.

77 480-El Viso del Marqués, 481-Carrizosa, 478-Pedro Muñoz.

78 469-El Romeral.

79 457-Valdelaguna, 454-Cadalso de los Vidrios. En Avila, 450-Grajos, y en Salamanca, 367-Fuentegauinaldo, donde la aspiración interior sólo se documenta en «desnudo», distinguen, des­de luego, [-s] : [-0] finales.

80 789-Dolores.

81 370-Campanario (Súmese jós, documentado por Espinosa y Rodríguez-Castellano en RFE 23, 1936, 359), 475-Puebla de don Rodrigo (añádase os. Id., 243), 470-Alcolea de Calatrava. En RFE 23 (1936), se documentan algunos casos de neutralización en otros lugares de Badajoz y Ciudad Real no muy alejados: ós Anchuras, ós y tihéras Helechosa, ós Valdemanco, ós ~ óh Alamillo, hós Cabeza de Buey (pp. 242-244 y 359), frente a Fuenlabrada y Siruela, ó:, áh Chillón (pp. 242-243).

82 466-Sevilleja de la Jara (con cierta tendencia a la aspiración: cós ~ cóh, crús, diéh, dús; déudah, cuñáuh, θéjas, árboles, lor domíngos; añádase ás y ós, según Espinosa y Rodríguez-Castellano en RFE 23, 1936, 241. No lejos de Sevilleja, en El Campillo: óθ), 468-Los Yébenes (que, en bastantes casos, conserva la [-θ]: cóθ, crúθ, dúθ, pero diés).

83 465-Camarenilla, Toledo; 452-Santa Cruz del Valle, Avila; 359-Valdefuentes, 356-Linares, 355-Serradilla del Arroyo (que vacila: θ, crúh, diés) y 358-El Payo (que vacila: crúθ, diés). Salamanca. Las monografías dialectologías confirman los datos del  ALPI: A. M. Espinosa, Arcaísmos dialectales (Madrid, 1935) anotó en Valdefuentes crús, diés, hués, perdís, cós, la ós, nuéh; lah ermánash, frente a numerosos ejemplos de [-s]; y en Linares crús, diés, hués, perdis, nués ~ nuéθ, cós, el aós ’la hoz’; las  ermánah y numerosos casos de [-s]. En Serradilla observó vacilación entre nuéθ, cóθ, diés, hués, crús ~ crúh, perdís ~ perdíh; loh árboles, borθeguíes, de brúθes. Para El Payo contamos con las observaciones de O. Fink (1929) y de Espinosa (1935); ambos están concordes en que la [-s] se conserva siempre (ermánes, adiós, los ómbres, dos, martes, nosotros, etc.), pero para -z Espinosa señala vacilación entre [-θ] y [-s] (crúθ, huéθ, lúθ, perdíθ, nués, diés) y Fink entre [-θ] y [Ø] (nuéθ, perdíθ, lúθ ~ lú, pá, dié).

84 463-Lagartera (súmense: áɦ, óɦ; orníllah, documentados en RFE 23, 1936, 240), 464-Cebolla, Toledo; 477-Villarrubia de los Ojos, 479-Fuencaliente (añádase: hoh, según Espinosa y Rodríguez-Castellano RFE 23, 1936, 361), Ciudad Real.

85 509-Las Navas de Tolosa, 510-La Puerta de Segura, Jaén.

86 M. Alvar, «Diferencias en el habla de Puebla de don Fadrique (Granada)», RFE 40  (1956), 1-32; G. Salvador, El habla de Cúllar Baza (Granada, 1958) o RFE 41 (1957), 161-252, y, anteriormente, en «Fonética masculina y fonética femenina en el habla de Vertientes y Tarifa (Granada)», Orbis 1 (1952), 19-24 [reed. en Estudios dialectológicos Madrid: Paraninfo, 1987, 182-189].

87 En Vertientes y Tarifa (aldeas de Cúllar-Baza) el grupo conservador abarcaba a las muje­res de más edad y a un viejo de unos setenta y tantos años. Las mujeres de edad media (30-40 años) vacilaban más. En Puebla de don Fadrique el representante del habla conservadora fue una viuda de 65 a.

88 Según G. Salvador, en Vertientes y Tarifa «donde con mayor persistencia encontramos -s es en posición final» (la cual, si sigue vocal, puede sonorizarse). Ante oclusiva sonora la aspira­ción es, en cambio, general (con coarticulación del grupo); ante oclusiva sorda surge a veces la articulación plena, alternando con la aspiración (en interior de palabra) o con la aspiración y pérdida (entre morfemas separables). Según M. Alvar, en Puebla, su sujeto femenino principal aspiraba las sibilantes agrupadas (y practicaba la coarticulación) con gran regularidad (gahpácho, grāɦnál; ehpéjo, ahtílla, calóhtros, dó mohcas, rehcórdo, ehcojémos, dehlabón, ejajál ’des­gajar’, lo pínos, la liendres, dó fótas ’dos botas’, la facas ’las vacas’, lo θientes, do jallínas, múncha jrácias, etc.), mientras conservaba sistemáticamente el archifonema sibilante final (bós, lús, almirés, ás; áθes, más, una θeréθas, la penas, lo mimbres, trébedes, dó pedaθos, úno θéhtos, ehcojéis, reyís, trujíhtes, bímos, las-ánimas, etc.).

89 La norma «nueva», propia del resto del municipio de Cúllar (incluso de las aldeas de El Aguaderico, Ventaquemada, Matián y Pulpite) y aceptada ya por los hombres y por las mujeres más jóvenes de Vertientes y Tarifa, consiste en perder la sibilante final. En Puebla, el sujeto masculino de la encuesta aspiraba las sibilantes agrupadas (pero evitaba la coarticulación) y también las finales (bóh, lú, almiréh, áh; áθeh, máh, una θeréθah, loh diénteh, la pénah, etc., ehcojéi, reí, trají ttih, bímos, la ánimah, etc.) casi sin excepción.

90 A un lado y otro de Puebla de don Fadrique, en Santiago de la Espada (J-400), Jaén, y en Topares (Al-200), Almería, también las sibilantes finales vacilan entre la conservación y la aspi­ración, mientras las sibilantes interiores se aspiran con más regularidad. Santiago: er cás ~ er cáh, pés (de trigo), ás ~ áh; samúgas ~ samúgah, mies, dedíles, birórtas, aguaéras, θéjas, miájas, ehpuértas, etc. (predominan, pues, los resultados de la sub-área B). Topares: θ (de trigo), pero ás; la trós, miés, amúġah, bilórtah, migájah, palóneh, etc. (la etapa C está ya desplazando a las etapas A y B). Al pie de Sierra Morena, Aldeaquemada (J-100), Jaén, pertenece claramente a la sub-área A, con [-h + CONS.-] y [-s] [-θ] (cáθ, áθ, jaraíθ, maíθ, pálo dúθ, etc.; jamúgas, agráθes, aθitunéros, ehcardáles, miés, dedíles, etc.). Sin duda, existen algunos otros lugares andaluces que también conservan la etapa A o la B (cfr. G. Salvador, Cúllar-Baza, § 54).

91 A. Alther, Beiträge zur Lautlehre südspanischer Mundarten (Aarau, 1935). Sus datos proceden de una encuesta de 1930.

92 Al Norte de Sierra Morena (frente a Aldeaquemada: J-100), los lugares de Almuradiel y Castellar de Santiago aspiran, claro está, en posición interior (Almuradiel: ihquíerdu, bíhco, jãɦmín, rebúnna; la bíhppa, lop htteh, lantíhcu, múhlo, lab bótah, lo φasos, lo déoh, las gránθash, lo jránoh, etc. Castellar: bíhcu, el guíhqui, rebũɦna, lor   reɦnoh, frente a iθquíerdu; dipputá, θéhtta, áhcua, el cáccu, eɦmontálla, el frénno, Iãɦ naríθes, lab botínah, Dió juárde, etc.). En posición final, a diferencia de Aldeaquemada (ALEA J-100) y de Viso del Marqués (ALPI 480), que mantienen firmemente [-s] y [-θ], Almuradiel vacila ya entre la conservación (el arróθ, la lombríθ, la nuéθ ~ la nuéh, laperdíθ, la codorníθ, la óθ, el alcabúθ  el  arcaduz’; más, lor rúlos, las enθías, las ettéras, lab beyótas, lab bíboras, la φárbas ’las barbas’, loθ θéyos, la jícarash, loh corbejónesh, etc.) y la aspiración (diéh, paloma torcáh, la narí; loh alpargáteh, lah críbah, tiéneh, lap piédrah, las álah, lah unθiérah, lohp piñóneh, lob balanθíneh, log gabiláneh, guardamónteh, etc.), y Castellar entre la conservación o neutralización en [-s] (la perdíθ, la lúθ elétrica, el arrós, la lombrís, diés, la ós; las abújas, los alpargátes, borrúchos, borrícos, mártes, los áros, granáus arréños, lob bélros, lob básos, lãɦmóhcas, lam manos, lar θiruélas, la setas, etc.) y la aspiración (l’almiréh, la bejéh, el tragalúh, la θicatríh, el jaraíh, una nué~ la nuéh, palóma torcá, la naríh, el pálo dúh; loh ataéroh, las áncah, máh, lah erramiéntah, loh próbeh, lab biyótah, séiθ θiéntoh, lod déoh, úbãɦ négrah, lo juácharoh, etc. Más al Norte, en el Campo de Montiel, Alther Süds-pan. Mundarten, halló una situación semejante a la de Almuradiel en Villanueva de la Fuente: l’almeréθ, el arróθ, la lumbríθ, laperdíθ, la godorníθ, la raiθ, la óθ, ún áθ, pero la θicatríh, diéh, el capatáh, maíh; los áθes, deθís, más, lap pésas, la tós, lah óllas, ehpuértas, la paéres, trígõɦ nános, la jranás, etc., pero juébeh, alúbiah, con mulétah, las abújah, las eppígah, loh eredéroh, lob bérroh, laθ θeréθah, lon  nídoh, lo játoh, dijímoh, etc.

93 En Alcaráz (Albacete) quedan pocas reliquias de la pronunciación de [-s] y [-θ] finales: el áθ, la óθ, alcabúθh, pero la lúh (la lúθ elétrica~ la lúh elétrica), infelíh; la siérbas ’las serbas’, lo serbáres, laz lígas, frente a multitud de casos con [-h].

94 Acerca de estos libros, véanse las notas 60, 71 y 83.                                   ,

95 Al pie de la Sierra de Jálama, los pueblos de habla portuguesa (Valverde, Eljas y S. Martín, Cáceres) mantienen la [-š~-ž] final (/s/), mientras reducen a [Ø] la final procedente de la sibilante dental antigua representada en la ortografía por -z (perdí~ pirdí, no ’nuez’, ’paz’, lú, de bé en cuándu,  dę´  ’diez’, crú) salvo en compuestos y casos de ’liaison’ (deθiseiš ~ deθaseiž, deθ omiš). Curiosamente, esta misma situación se da en los lugares vecinos de habla española, Villamiel y Trevejo, según los datos concordes de O. Fink, Sierra de Gata, y A. M. Espinosa, Arcaísmos dialectales: perdí ’perdiz’, crú (y la crú sagrá), nué, pá (y en pá ehté), hué de pá ’juez de paz’, diéh (pero dié áñus ~diéd áñus, según Espinosa; dié páiris ’diez padres’, según Fink; en la composición diθiséis), lú, de bé en cuándu, en bó arta; dós (y dámbuz y dos), adióz (con «ese sonora»), mártiz, loz lábius, güénas tárdis, páharus, nuédis ’nueces’, tenaθas ~ (eh)tenádas, a bédis, de brúθiš, séiz áñus, buzótrus, etc. Es posible que la pérdida de -z final sea debida a una evolución local de la «zeta sonora» (conservada en estos dialectos): [] > [Ø]. En Cilleros, algo más al Sur, Espinosa constató la conservación regular de -s (pero no da noticias de -z). Al Norte de la sierra, en los lugares salmantinos que forman la comarca de «El Robledal» (Navasfrías, El Payo, Peñaparda, Villasrubias y Robleda) contienden pronunciaciones diversas. En Navasfrías (que linda con los pueblos de «fala mañega»), los datos de Fink presentan un panorama ente­ramente igual al de Villamiel: perdí, nué, pá, dié, pádris (pero diéθ ómbris, dieθiséis), lú (y lú brillánti), de bé en cuándu; adiós, lúnis, huébis, dagáliz, dóz (y dámbuz a dós), los ómbris, buzótrus, etc. En cambio, Espinosa anotó crúθ  y, en casos de ’liaison’ vacilación entre [d] y [z] (diéd arrobas ~ diéz arrobas, lúd aθúl, en pád esté, de béd en cuándo, en bód alta), junto a [-s] conservada (enθías, nuéθis, tréz áñus, cuencas, nuzótrus, adéas ’acedas’, pezétas, etc.). Sobre El Payo ( = 358 del ALPI), que suele conservar la [-θ] (pero, a veces, neutraliza en [-s], según Espinosa, o marcha de acuerdo con Navasfrías, según Fink), véase atrás n. 83. En Peñaparda, Fink recogió formas con -s, -z > [Ø] (lú; adió, do); pero los datos, más abundantes, de Espinosa ofrecen la neutralización en [-s] (crús, nués, perdís; crúdis, nuédis, perdídis,  narídis, tenadas, deθiséis, de brúθis, laz álas, tréz años, los miz íhos, buzótros, dámbuz a dós), y en caso de ’liaison’ la vacilación entre la reposición de la interdental («zeta sonora») o la conservación de la ápico-alveolar («ese sonora»), con predominio, ya, de esta solución (de béd en cuándu ~ de béz en cuándu, en pád esté ~páz y guérra, úna béz era ún réy). En Villasrubias, Espinosa documenta una situación igual a la de Peñaparda (crús, núes, frente a en pád esté, de béd en cuándu, úna béd ún réy; crúdis, nuédis, narídis, estenádas, rézis, tréz áñus, dámbuz a dós).

96 Al Sur de la Sierra de Gata, Fink encontró sólo -s, -z > [Ø], en Acebo, Hoyos, La Fatela, Gata y Torre de don Miguel. Espinosa, en cambio, afirma que en Hoyos, Gata y Torre, aunque predomina la pérdida, coexiste con ella la [-s]. Anteriormente, Krüger, Westspan. Mundarten (1914), anotó nués, frente a 4 ejemplos de -z >[Ø] y numerosísimos de -s > [Ø] en Gata; pero en Torre registró 4 casos de [-s] por -z, frente a 3 de [Ø], junto a 1 de [-s] conservada y 6 de -s > [Ø] (hay que tener en cuenta, sin embargo, que el sujeto de Krüger pronunciaba las sibilantes de una forma atípica, según Espinosa, §§ 71 y 117).

97 F. Krüger (1914) da abundantes ejemplos de Castillo, Pinofranqueado, Cambroncinos y Casar de Palomero; O. Fink (1929) de Pinofranqueado, Aldehuela, Horcajo, El Gasco, Fragosa, Cambroncinos y Nuñomoral; A. M. Espinosa (1935) de Pinofranqueado. La pérdida de /s/, /θ/ finales es absolutamente regular.

98 También es general, al N. de Alcántara, en Ceclavín, Zarza la Mayor y otros lugares. En el SE. de la provincia, la [-h] se oye aún en Fresnedoso (bordeguíneh), según Espinosa, y en Talavera la Vieja (ún háɦ), según Espinosa y Rodríguez Castellano (RFE 23, 1936, 238). En Castañar de Ibor: ós ’hoz’ (frente a Alía: ó;), según RFE 23 (1936), 238 y 240.

99 En vista de que el ALPI (tal como ha venido a ser publicado) ofrece en la provincia de Cáceres una malla muy floja, he decidido incorporar al mapa n.e 1 dos puntos adicionales, sobre los que estamos muy bien informados: Malpartida de Plasencia y Guijo de Galisteo.

100 En Malpartida de Plasencia, mientras uno de los sujetos de Espinosa perdía siempre la -s final, otros tendían a aspirarla con bastante regularidad. Respecto a -z, Espinosa anotó crúh (junto a crú) y béh, al lado de 5 ejemplos de pérdida. También encontró la aspiración en Serradi­lla y, al O. de Plasencia, en Montehermoso (crúh); pero en ambos lugares domina, con mucho, la pérdida. En el resto del partido de Plasencia sólo se han recogido ejemplos de -s, -z > [Ø]. También Jarandilla, en la Vera de Plasencia, pierde las sibilantes finales (y Villanueva y Valver­de de la Vera dicen hǫ´,  según Espinosa y Rodríguez Castellano en RFE 23, 1936, 237).

101 En Villanueva de la Sierra, Krüger recogió siempre [-s] y Espinosa [-s] y [Ø] (con predo­minio de la pérdida) para -s; según los datos de Krüger, la -z vacilaba entre [-θ] y [-s] (huéθ, diéθ, béθ ~ bés, cóθ ~ cós, perdíθ ~ perdis, crús, lús, junto a nué). En Villa del Campo, Krüger y Espinosa están de acuerdo en señalar que -s, -z se neutralizan en [-s] (aunque, según Espinosa, a veces se pierdan). Para Pozuelo, los datos de Krüger dan una mayoría de casos de -z > [-s] (pés, hués, pás, diés, nués, frente a crú), aunque la -s se pierde con frecuencia; Espinosa anotó dos aspiraciones (diéh; áñoh) junto a casos varios de -s > [Ø] y alguno de conservación. En Guijo de Galisteo, según los abundantes datos de Krüger y Espinosa, -s, -z > [-s] (aunque Espinosa  afirma que ocasionalmente se da también la pérdida). En Guijo de Coria, según Espinosa, la conservación de [-s] es regular. Los datos de Krüger respecto a Morcillo muestran la conserva­ción constante del archifonema [-s]. En Riolobos, Espinosa anotó 3 ejemplos de -z > [-s] (diés, nués, perdís) y 4 de -z > Ø, al lado de varios casos de -s > [Ø], y en Holguera 2 de [-θ] (huéθ, diéθ), 1 de [-s] (perdis) y 2 de [Ø] (crú, nué), junto a análogas vacilaciones de -s entre [-s] y [Ø]. En Torrejoncillo, Krüger sólo recogió dié(θ), frente a ɦũẽ, crú, lú, nué, aunque en sus ejemplos la -s conservada es más abundante que la perdida; según Espinosa, la -s se conservaría siempre (no da noticias de -z). Al Sur de estos lugares del partido de Coria, Cañaveral (según los datos de Espinosa) vacila también entre la conservación del archifonema [-s] y [Ø].

102 Mientras, de acuerdo con los datos de Krüger (1914), en Ahigal y Mohedas -s, -z > [Ø], en Granadilla [-s] se conserva y la /θ/ final vacila entre [-θ] y [Ø] (raiθ, óθ, nuéθ, diéθ, huéθ, lú, crú, pé) y en Zarza de Granadilla -s vacila entre [-s] (6 ejemplos) y [Ø] (2 ejemplos) y -z entre [-6] (hóθ, crúθ), [s] (lús, hués) y [Ø] (nué, dié).

103 Espinosa observó cierta tendencia a la aspiración en Sotoserrano (agrádes, borθeguíeh, de brúθe) y en La Alberca (borθeguíeh, de brúθe); también registra un ejemplo de Arroyomuerto (de brúθeh). Respecto a Valdefuentes y Linares, donde lo normal es la neutralización de -s, -z en [-s] (con algún caso de aspiración), véase n. 83 (allí reunimos también los datos referentes a Serradilla del Arroyo, Salamanca, al N. de Las Hurdes).

104 Los sujetos de Fariza y Cozcurrita seseaban toda z, por tanto también la -z final. En Fermoselle, anotó óθ, perdíθ y θ, frente a nués, bés, diés, crús, jués, pés. En Pinilla, perdiθ, nuéθ, béθ, lúθ, en boca de un sujeto, frente a diés, hues, pés en boca de otro. En Badillo, θ, frente a cós, ós, nués, bés, diés, lús, crús, hués.

105 El contraste con un fenómeno ya cumplido, como el ceceo-seseo, es manifiesto. La fron­tera de la desfonologización de las sibilantes dentales y ápico-alveolares es, en general, precisa y fija. Pese al prestigio de la Baja Andalucía, el ceceo-seseo no progresa (más bien al contrario, ya que en algunas localidades del E. de Andalucía, muy expuestas al contacto con la pronunicación distinguidora, la norma oficial del castellano tiende a reintroducirse, por «desdialectalización»).

106 G. Salvador, «La fonética andaluza y su propagación social y geográfica», Presente y futuro de la lengua española, II (Madrid, 1964), 183-188, ha visto bien el carácter expansivo de la nueva fonética «andaluza». Sin embargo, por desconocer en su conjunto la geografía peninsular de la aspiración, ha malinterpretado el testimonio de las hablas norte-andaluzas de fonética más conservadora. Apoyándose en los datos del ALEA y encuestas complementarias, según las cuales las mujeres viejas de varias localidades del extremo NE. de Andalucía la Alta conservan las sibilantes finales ante pausa, y sabiendo que la aspiración se oye hoy en Toledo y el Sur de Ávila, llega a conclusiones inadmisibles: «Lo que esto quiere decir es ni más ni menos que en ochenta años, los que hace que aprendieron a hablar las viejas interrogadas en Vertientes, en Puebla de don Fadrique o en Villacarrillo, el avance de un nivel fonético de habla ha llegado desde el paralelo que pasa por esos lugares, el 38, hasta el 40 y algo más. Y que dentro de otros ochenta años cabe suponer que en cualquier aldea de esas provincias centrales se puedan hallar unas cuantas viejas que pronuncien a la castellana, y algunas otras menos viejas que mezclen aún las pronunciaciones; pero nada más». Si hubiera tenido presente el testimonio del ALPI, la pronunciación de las viejas de esos lugares andaluces no le habría parecido tan sorprendente (dada la existencia de las sub-áreas A y B), ni tan moderna la penetración de la aspiración hasta la Sierra de Gredos. Véanse, por lo demás las notas 107 y 108. [En una «apostilla de 1985», al trabajo de 1951-52 cit. en la n. 86, Salvador reconoce que sus impresiones de 1977 requieren ser reajustadas: «Tuve ocasión, hace cuatro años, de hablar con dos mujeres vertienteras, madre e hija, de 50 y 30 años aproximadamente. Pues bien, su pronunciación era poco más o menos la que yo había registrado treinta años antes en las que entonces tenían la misma edad»; insiste también sobre lo erróneo de su profecía en otra «apostilla de 1985», a la reed. del trabajo cit. en la presente nota, incluida en Estudios dialectológicos, Madrid: Paraninfo, 1987, pp. 61-69].

107 Según las encuestas de G. Salvador, para que la situación fonética de la sub-área D, propia de Cúllar-Baza (y de la mayor parte de Andalucía), se imponga en dos pequeñas aldeas de su municipio (Vertientes y Tarifa), que pertenecían a la sub-área B, se necesita el paso de varias generaciones (por lo menos, las tres hoy convivientes). Los 25 años transcurridos desde las encuestas del ALPIy de Alther hasta las del ALEA no parecen haber alterado sensiblemente el carácter transicional de las hablas a un lado y otro de Sierra Morena (en que contiende la fonética de la sub-área C, con las de las sub-áreas A y B). En Cáceres, la situación descrita por Krüger, Westspan. Mundarten, según datos de 1912, y la descrita por Espinosa, Arcaísmos dialectales, según datos de 1930-31, coinciden en general.

108 Cuatro de los sujetos del extremo NE. de Cáceres (Las Hurdes y alrededores), pertene­ciente a la sub-área D, que Krüger entrevistó en 1912, habían nacido entre 1835 y 1850 (bastante antes que las viejas de Vertientes o La Puebla de don Fadrique). En Salamanca, los sujetos de Valdefuentes y Sotoserrano (sub-área B) que interrogó Espinosa habían nacido en 1850 y 1857. En Madrid, Fortunata (cfr. n. 57) aspiraba ya en 1886.

CAPÍTULOS ANTERIORES:  EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

ADVERTENCIA

1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

*   2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

*   3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

*   4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

*   5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

*   6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

*   7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

*    8.- 7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII)

*   9.- 8. EL CAMBIO EN LA NORMA CORTESANA, VISTO POR LOS GRAMÁTICOS EXTRANJEROS

10.- 9. EL ESPAÑOL ORIENTAL ANTE EL TRIUNFO DE LA NUEVA NORMA DE MADRID

11.- 10. RESISTENCIA DEL ANTIGUO SISTEMA TOLEDANO EN LA ALTA EXTREMADURA

*   12.- 11. LA NUEVA NORMA ANTE EL CECEO ANDALUZ

*   13.- 12. CONCLUSIÓN

 II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA.

*   14.- 1. ESTADO DE LA CUESTIÓN

*   15.- 2. CECEOSOS DE LENGUA ESTROPAJOSA

*   16.- 3. CECEOSOS POR HÁBITO LINGÜÍSTICO

17.- 4. COMUNIDADES CECEOSAS A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVI. SU LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICA Y SOCIAL

18.- 5. EL ÇEZEO SEVILLANO EN TIEMPO DE LOS REYES CATÓLICOS, SEGÚN EL TESTIMONIO DE LAS GRAFÍAS

*    19.- 6. EL ÇEÇEO SEVILLANO, DESCRITO POR NEBRIXA

20.- 7. CARÁCTER FRICATIVO DE LA /Ç/ Y DE LA /Z/ DEL SEVILLANO MEDIEVAL

*    21.- 8. LAS GRAFÍAS Y EL ÇEZEO MEDIEVAL

*   22.- 9. CONCLUSIÓN: EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA

III EN TORNO A LA ESTRUCTURA SILÁBICA DEL ESPAÑOL DE AYER Y DEL ESPAÑOL DE MAÑANA

* 23.- III EN TORNO A LA ESTRUCTURA SILÁBICA DEL ESPAÑOL DE AYER Y DEL ESPAÑOL DE MAÑANA

* 24.- 1. CONSIDERACIONES DIACRÓNICAS ACERCA DE LA ESTRUCTURA SILÁBICA DEL ESPAÑOL

       Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

Imagen: Letra mayúscula O de Albert Durero.

24.- 1. CONSIDERACIONES DIACRÓNICAS ACERCA DE LA ESTRUCTURA SILÁBICA DEL ESPAÑOL

24.- 1. CONSIDERACIONES DIACRÓNICAS ACERCA DE LA ESTRUCTURA SILÁBICA DEL ESPAÑOL

1. CONSIDERACIONES DIACRÓNICAS ACERCA DE LA ESTRUCTURA SILÁBICA DEL ESPAÑOL1. III EN TORNO A LA ESTRUCTURA SILÁBICA DEL ESPAÑOL DE AYER Y DEL ESPAÑOL DE MAÑANA

      Al estudiar diacrónicamente la fonología del español nunca se ha aten­dido a la transformación estructural más importante de cuantas ha sufrido la lengua después del período preliterario: la de su estructura silábica.

1.1. El español antiguo. Proliferación de las sílabas cerradas

      En los siglos de «orígenes» de las lenguas romances hispánicas, el proto-español (los varios dialectos hablados en el centro-norte de la Península entre el gallego y el catalán) concluye ante nuestra vista2 dos procesos fonéticos de desarrollo paralelo3 (que en Hispania tuvieron lugar en época mucho más tardía que en la Romania del Norte): la inmatización, ensordecimiento y pérdida de algunas vocales finales. Tras un largo forcejeo entre las formas con y sin apoyo vocálico, llegó finalmente a triunfar (hacia fines del s. XI) una nueva estructura silábica, caracterizada por la variedad y frecuencia de las sílabas cerradas /(C1)VC2/4. En vista de ello, el español (en sus variedades castellanas, algo menos en las leonesas y algo más en las aragonesas) ofrece, durante sus primeros siglos literarios, una gran riqueza de consonan­tes implosivas y abundantes grupos implosivos: Junto a -l y -r, más frecuentes que en el español moderno5, es posible que -// y -rr conservasen su independencia6. Desde luego, al lado de -n7, supervivía -m8, claramente diferenciada (según evidencia la ulterior evolución de los grupos con -n  y  -m implosivas)9. Aunque en posición implosiva la marca de sonoridad dejaba, al parecer, de ser pertinente10, el tratamiento posterior de -ss (frente a -s) 11, de -(s)ç, -(l)ç (frente a -z) 12, de -t (frente a -d)13, de -nt (frente a -nd)14, etc. nos evidencia que la neutralización no impedía el seguir clasificando correctamente los alófonos de las dos series. Por lo demás, eran posibles como finales, además de -l (-ll), -r (-rr), -n (-ñ) y -m, -s (-ss), -ns15, -z (-ç), -nz (-nç), -lz (-lç), -rz16, [-č] -ch, [-nč] -ng17, [-š-ğ, -ž] -x o -y18, -f o   -v19, -b, -p, -mb, -mp20, -t, -d, -nt, -nd, -rt, -rd, -It o -Id, -st, -it21, -c, -g, -nc22. El aragonés ampliaba el inventario, debido sobre todo a la apócope de C1(e)s, C1(e)z  (que daba lugar a abundantes ejemplos de -ns, -nz, -Is, -rs y -rz) y de C1(o), C1(o)s; también conocía finales en -rb y -rn, grupos interiores -mp, etc.23.

      Me parece claro que el español antiguo (desde finales del s. XI hasta el s. XIII y, menos claramente ya, hasta bien avanzado el s. XIV) no estaba estructuralmente inclinado a dar preferencia al paradigma silábico /C1V/, y que la tendencia del español a la sílaba abierta, tan manifiesta en el español moderno, no puede considerarse como una característica estructural que pre­sida ininterrumpidamente la evolución diacrónica del español desde la época latina hasta nuestros días24.

1.2. Del español antiguo, al español medio. Una fundamental reorganización de la estructura silábica

      Sólo a finales del s. XIII y a lo largo del s. XIV el español empieza a reducir el papel informativo del margen implosivo de la sílaba.

      Toda una serie de acomodaciones fonéticas (alteraciones del corte silábi­co y vocalizaciones25, asimilaciones26, disimilaciones27, metátesis28, etc.29) y, ocasionalmente, la presión de la analogía morfológica30 vienen a transformar las sílabas interiores y consiguen hacer muy limitado el número de los fone­mas utilizables con valor distintivo en posición implosiva preconsonántica. Simultáneamente, ya sea mediante asimilaciones, neutralizaciones o elipsis31, ya sea a través de la reposición (o adición) de una vocal de apoyo (justifica­ble por razones fonéticas o morfológicas)32, las consonantes finales vienen a quedar reducidas a ese mismo número. A fines de la Edad Media el español no admite ya en el margen implosivo sino -n, -l, -r, -s, -z, -x (muy rara33) y -d, aparte de

      La tendencia a seguir reduciendo el inventario pondrá, más tarde, en peligro tanto a -x33, como a -d34, y si hoy -j  y -d aún pueden citarse como consonantes finales del español, ello se debe, solamente, a la importancia adquirida en época moderna por la lengua escrita como modelo de la pro­nunciación culta.

      En esta fundamental reorganización silábica del s. XIV no participaron los dialectos alto-aragoneses. Las decadentes hablas pirenaicas todavía nos conservan un sistema silábico en que la estructura /(C1)VC2)/ goza de gran vitalidad35, en manifiesto contraste con lo que, desde hace siglos, ocurre en el castellano.

1.3. La crisis de las últimas implosivas

      En el s. XVIII las minorías cultivadas aceptaron el principio de que la «corrección» lingüística debía prevalecer sobre la costumbre. En consecuen­cia, intentaron sujetar su habla a las normas de pronunciación recomendadas por la erudición. La escritura impuso su imperio sobre la palabra. Este pre­dominio de la letra vino a minar, en la lengua culta, la norma estructural que limitaba a -n, -l, -r, -s y -z el inventario de los fonemas con valor distintivo en el margen implosivo de la sílaba: Los hispano-hablantes cultivados del s. XVIII comenzaron a pronunicar los «grupos cultos» de consonantes en los préstamos latinos (y en otros extranjerismos); después, la progresiva demo­cratización de la cultura durante los dos siglos siguientes ha conseguido di­fundir esta nueva norma de pronunciación entre un número cada vez mayor de usuarios de la lengua española. Creo, sin embargo, que las nuevas consonantes implosivas no se hallan perfectamente integradas en la estructura de la lengua y que en una descripción fonológica del español es preciso seguir distinguiendo entre las implosivas tradicionales y las «cultas». Estas, por lo general, siguen estando adscritas a unas secciones del léxico de empleo muy restringido. Además, los hablantes populares que evitan la antigua pronun­ciación con reducción del grupo consonantico (tipo colúna, dotór, ojéto, fúbol), por considerarla demasiado rústica o vulgar, no suelen ir más allá de introducir una de las consonantes implosivas tradicionales (doztór, fúrbol) o una consonante neutra (ojécto, colúgna)36.

      Pese a este movimiento contra corriente, iniciado en el s. XVIII, la ten­dencia a debilitar las consonantes finales de sílaba continúa haciendo progre­sos en el español moderno. Aunque -s, -z37, -r, -l y -n todavía se mantienen en grandes áreas del mundo hispano-hablante, son también muy extensas las áreas, conectadas a través de los océanos38, en que las «últimas» implosivas se hallan en crisis. En un primer paso, las consonantes quedan reducidas a tres, una sibilante, una líquida y una nasal; después, el sincretismo se hace aún mayor y la información que pueden transmitir los márgenes implosivos de las sílabas se aproxima, cada vez más, a [∅] (cero).

Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

NOTAS

1 Fue A. Alonso quien, en un artículo pionero («Una ley fonológica del español», HR, 13, 1945, 91-101), destacó por vez primera que los márgenes implosivos de las sílabas españolas son portadores de una información fonológica muy escasa, pues en ellos abundan las neutralizacio­nes y sincretismos y cada archifonema puede tener una dispersión fonética extraordinaria. Pero ha sido B. Malmberg (a partir de su artículo «La structure syllabique de l’espagnol», BF9, 1949, 99-120) quien ha concebido una fonología diacrónica del español «based on the assumption of a general tendency to use exclusively open syllables and to reduce all consonantal distinctions in postvocalic position in a syllable to zero» (StL 15, 1961, 1-9). Varios de sus trabajos han sido reeditados en el libro misceláneo Estudios de fonética hispánica (Madrid, 1965); véase también el cap. VII de Structural Linguistics and Human Communication (Berlin-Göttingen-Heidelberg, 1967), o, en versión española, Lingüística estructural y comunicación humana (Madrid, 1969). Cfr. G. de Granda, La estructura silábica y su influencia en la evolución fonética del dominio ibero-románico (Madrid, 1966) [y, ahora, Becerra, Cartag. Ind., 1985, c. 4, § I].

2 Gracias a la documentación de voces en latín arromanzado que reunió y estudió R. Menéndez Pidal en Orígenes del español (Madrid, 1926), 3a ed. muy corregida y adicionada (Ma­drid, 1950).

3 El paralelismo fue notado, de pasada (pp. 193-194) por R. Lapesa en «La apócope de la vocal en castellano antiguo. Intento de explicación histórica», Estudios dedicados a Menéndez Pidal, II (Madrid, 1951), 185-226.

4 Aunque los «francos», cuya influencia cultural y política sobre la España del s. XII y principios del s. XIII es incuestionable, contribuirían, sin duda, a difundir la apócope de la vocal final, no creo que haya que atribuir a su prestigio el arraigo de la apócope en la lengua hablada de Aragón, Castilla y León durante los siglos XII, XIII y XIV, según piensa Lapesa. Como el propio Lapesa reconoce, la caída de las vocales intertónicas había modificado profundamente la estructura de la sílaba interior de palabra e incluso la de la sílaba final (a causa de la proclisis y la enclisis, que permitía tratar como intertónicas a muchas vocales finales de palabra o morfe­ma), hasta tal punto que «las limitaciones respecto a las consonantes finales de sílaba y palabra quedaban en suspenso». No veo, por tanto, razón alguna para seguir considerando a la «apóco­pe extrema» como extraña al genio del idioma. De otra parte, la geografía del fenómeno favore­ce el carácter autóctono que creemos que hay que conceder a la apócope, pues su intensidad disminuye gradualmente según pasamos del catalán al aragonés, del aragonés al castellano, del castellano al leonés y del leonés al gallego-portugués. [Como réplica, en parte, a esta nota, R. Lapesa insiste en «De nuevo sobre la apócope vocálica en castellano medieval» NRFH 24 (1975) 13-23, acerca del carácter extranjerizante del apócope tal como se manifiesta en los documentos medievales de los siglos XII y XIII. El trabajo puede leerse reeditado en Estudios de historia lingüística española, (Madrid: Paraninfo, 1985), pp. 198-208].

5  Por ejemplo: val ’vale’, sal ’sale’, suel, quisol ’le quiso’, unaferidal dava, nol diessen, aynal creçio, aneldo, elzina, dol[d]rá, mulnera ’molinera’; aduxier ’adujere’, respondier, yo comprar ’yo comprare’, fier, sorze, etc.

6 Aunque el sincretismo gráfico es dominante (mil, piel, aquel, la cal ’la calle’, val ’valle’, tol[d]rá, cabalgar; tor, Gutierr~Gutier, cargadas, etc.) es de notar que, al reaparecer la vocal, sea por fonética sintáctica (Vall-(H)arta, Vall-Ota; Torr-(d’) Ambril, Torr-Alba), sea por repul­sión de la apócope (Cobiel del Campo y de la Cesa > Cubillo del Campo y del César, Barbadiel del Pez > Barbadillo del Pez, Bustiel de Xave > Bustillo de Chaves, Xaramiel Quemado y de la Fuente > Jaramillo, Castriel don Elo y de Lope Díaz > Castrillo de Onielo y de don Juan; Benabar > Benabarre; Loar > Loarre), reaparecen las consonantes «fuertes». Análogo es el caso de la forma apocopada luen y el moderno lueñe.

7 También más frecuente que en el español moderno: mantien ’mantiene’, vin vos buscar, vintelo ’te lo vine’, annado, senra, etc.

8 Alfagem, com~cum ’como’, commom ’como me’, quem fezist, firiom ’me hirió’, todom ’todo me’, aquim, con miedom pasara, semdero, comde, limde ~ limbde, mamlas ~mamblas, Flamla ~ Llambla, tem[b)lar, nim[b]la ’ni me la’, quem[b]lo ’que me lo’, camra~cambra, om[-b]ro, mem[b]rar, com[b]rie ’comería’, karrera zam[b]rana ’zamorana’, nomnado ~nombrado, semnadura ~ sembradura, lumnoso, etc.

9 El carácter labial de la consonante de tránsito en limbde, cambra, membrar, temblar, nombre, nimbla ’ni me la’ etc., contrasta con la dentalidad de la de ondrar, cendra, vendrá, etc. También constrasta la evolución de -m’n > -mbr-, con la de -n’m- (anma > alma, mermar) y -n ’n- (annado > alnado).

10 A diferencia del catalán antiguo, donde -b, -d, -g, -ğ  siguieron distinguiéndose, hasta el s. XIII, de -p, -t, -k, -č. Véase E. Alarcos, «Algunas consideraciones sobre la evolución del conso­nantismo catalán». Estructuralismo e Historia. Homenaje a A. Martinet, II. Ed. D. Catalán (La Laguna, 1958), pp. 5-40.

11 Aunque en los siglos de apócope intensa se documentan mies, es ’ese’, al lado de mes, traves, astorices, etc., a fines de la Edad Media resurgieron miesse, esse (Nebrixa todavía registra sólo miesse, y hoy día muchos dialectos castellanos conservadores retienen la forma miese).

12 A fines de la Edad Media, Nebrixa sólo admite las formas duce, coce, hoce, hace (< FASCE), pece y aún hoy estas formas son comunes en los dialectos castellanos conservadores. Los dialectos extremeños que distinguen las sibilantes sonoras de las sordas, como hacía el español medieval y el del s. XVI, pronuncian todas estas voces con [-θe] (A. M. Espinosa, Arcaísmos dialectales, Madrid, 1935, pp. 5-11). 

13 Aunque se documenta la alternancia de grafías -t~-d, tanto para /d/ implosiva (verdad~verdat, lid~lit, pid~pit), como para /t/ implosiva (setmana ~ sedmana, promet ~promed ’promete’, quet~ qued ’que te’, etc.), especialmente en el s. XIV, finalmente siete, mate tomaron un apoyo vocálico, y no pared, red, etc.

14 A pesar de alternancias gráficas como grand~grant, dend~dent, San Fagund~San Fagunt, Ferrand~ Ferrant, etc., que parecen indicar la fusión de -nd con -nt (adelant, ifant, mont, etc), más tarde -nt > -nte (adelante, infante, monte, etc.), mientras -nd > -n (gran, den, aquen, Safagun, Hernan) o -nde, -ndo (grande, dende, aquende, Hernando, etc.).

15 Casas, vienes, mes, astorices, conquis, pris, pus ’puse’, ajus ’ayuso’, asno, fresno; mies, es ’ese’, yo fues, pudies, determinas ’determinase’, ploguies, partios, alegrosle tod el cuerpo sonrisos de coraçon, ixiendos, ques ’que se’; Alfons, Orens.

16 Cruz, solaz, diz, faz, fiz, aduz, Garcez, Di(d)az, Roiz, aztor, leztori, cizra, azre (< ACER), yazra, maldizre, rezno, plazdo, amizdat; crez, pez; alcanz, estonz, Ponz, Lorenz, Arganz; calz; arz, terz.

17 Lech, noch, much; Sanch (escrito Sang).

18 Dix, adux, trax, trox, remax, box, barnax, linax, relox, Mayrit > Maydrid, [*cog[d]re] ( > codre).

19  Naf ’nave’, nief,  nuf,  nuef años, me of a, alef, bevra.

20 Quiçab, recib lo, cab, algib, almutaceb, trebde, cabdal, rabdo, cobdo, bebdo, orebze, anubda; princep, Jucep, Felip, Lop, riepto; limbde; comptar, Camptorto.

21 Siet, sacerdot, ataut, not ’no te’, diot, yot, quet, setmana, Sotlongo, alfetna; verdad, lid, red, cantad, pud ’pude’, pid, almud, Vermud, Bellid, Adfonso, Adsenda, cadnado, judgar; ade­lant, font~fuent, pont~puent, ifant, sedient, luzient, valient, veynt, gent, occident, convent, argent, semejant, Kintla; ond, segund, allend, porend, cuend, Melend; fuert, muert, cort, conort, art, part, fuertment; verd; Bernald ~ Bernalt, humilt;  aquest, est, huest, arciprest, trist, resucitest, mintist, levest, sachestme; alcait.

22 Anric, duc, achac, zumak ~ zumag, xac ’jaque’, roc, baldrac, albaroc, marjadrac; Diag ~ Diac; franc.

23 Xemenons, Enecons, molins, capellans, morabitins; totz, heredatç, ayatz e possidatz, tingatz ~ tingatç, faretz, siaç; fronz, fonz, Galinz (< TS, D’S); casals, ortals, cabeçals, paduls, Novals, Castellosvals, Loscertals, nols ’no les’; labradors, populators, sorors, Luzars; Acenarz, Lascorzs; carn; Ayerb, Suprarb; Crist; çinc (escrito con -nch); pleit; baix; nuill, cristayll (claramente con ); fic, Pinsec; arampne, nompnadas, dompno, condempnoron, fenpnas; cipdat, capbreu; jutgamos, dotze; sotçmiso, etc.

24 Creo, por tanto, que la tendencia moderna del español a generalizar las sílabas abiertas no nos autoriza a explicar las evoluciones antiguas de los romances hispánicos en función de esa tendencia, pues está lejos de haber sido operante «desde los orígenes hasta nuestros días» (como piensa Malmberg). Para probar que en los dialectos romances de Hispania de la época visigótica hubo una marcada tendencia a convertir en abiertas las sílabas cerradas, habría que acudir a la Gramática Histórica (esto es, a la documentación proto-romance de los siglos IX-XI y a la reconstrucción comparativa), no a la Fonética instrumental ni a la Dialectología.

25 Creo que la existencia de limbde nos obliga a considerar que la silabización primitiva fue limbde, , combrie, cogombro, nimbla ’ni me la’, mambliellas, Maydrit, ondrar, cendrada, etc. (comparable a comptar, bebdo, cibdad, etc.) y que luego pasó a ser cogombro, Llam-bra, ombre, vendra, etc. También sangne > sangre, cizra > cidra~sidra, bevra > breva. Junto a las vocalizaciones de ciudad, beodo, caudal, codo, hay que citar Ausenda (< Adsenda).

26 Santander ( < Santemder), linde, senda, conde, Candespina, Canredondo, contar; reto; semana; açor, sidra; medrar (< *meg[d)rar), codría ’cogería’, Madrid; yollo ’yo te lo’, matallo.

27 Alma ( < anma), alnado ( < annado), mermar.

28 Candado, breva, arce, cernada, viernes, ferildos.

29 Cámara ( < cambra, camra).

30 Molinera, zamorano, comeria, maldezire, yazera, tollera, dolera.

31 Allen, aquen, gran, segun, den (< dend), Safagun, ribal (<. ribald), Bernal, saz (< salz), pagan ( < pagam), sin ’si me’, promed ’promete’, qued ’que te’; quiça ( < quiçab), Jose.

32 Sacerdote, siete, duque, achaque, roque, xaque, marjadraque, Anrique, Diego, todo, Lope, Felipe, nave, ove, nueve, miesse, esse, coce, pece, lueñe, calle, valle, algibe, alcaide, noche, mucho, humilde, arcipreste, corte, conorte, parte, muerte, infante, adelante, allende, grande, conde, franque, franco, Orense, Lorenzo, Ponce, etc. y comprare, aduxiere, pudiesse, oviesse, traxe, dixe, aduze, faze, fize, sale, vale, recibe, pude, pide, mentiste, sacaste, hiriome, partióse, que me, no te, quisole, no le, etc.

33 Relox, box, borrax~borras, carcax; caxco, descaxcar, coxquillas, coxquear, coxcorron, caxcavel, excamochos, moxcas, maxcara, moxmordos, maxmordon, taxbique, moxtrenco. Ac­tualmente sólo el monosílabo boj se pronunica con [x] (alternando con boje).

34 En posición interior de palabra la -d perdió su autonomía y quedó convertida en un alófono de /θ/ (juzgar, portazgo); en posición final, o dio [∅] (= cero) (en las regiones con mayor relajación de las implosivas), o se dejó absorber por la /θ/. Sobre la tendencia de -d> [∅] ya en el s. XVI, cfr. A. Alonso, De la pronunciación medieval a la moderna en español, I (Madrid, 1955), 73-91.

35 El alto-aragonés, que desde antiguo se mostró intermedio entre el castellano y el catalán en cuanto a la pérdida de vocales (y, por tanto, más favorable aún que el castellano antiguo a la sílaba cerrada), no ha participado en la relajación de las implosivas finales propia del español moderno. A. Badía, El habla del valle de Bielsa (Barcelona, 1950), al describir las peculiaridades fonéticas del belsetán (una de las hablas alto-aragonesas mejor conservadas), destaca que «la posición implosiva final da a las consonantes oclusivas una fuerza especial». Debido a la apóco­pe, las consonantes finales son abundantes y variadas, así como los grupos: tóp, tót, abét, bót, perdút, caminót, piét ’pie’, bóc, tróc, cuér, matúr, estrél, nel ’en el’, lel ’se lo’, toθín, pín, plén, estentín, tién, me’n bóy, chiθárd, aqués, se’s llebában, cantás, cayés, fués, partís ’partiese’, mullés ’mujeres’, dinés, matús, tróθ, diθ, tóθ. piéθ, chuchéθ, campanáls, fíls, niérvols, alfálθ, fálθ, chirmáns, gatolíns, cáns, núns ’en unos’, dúns ’de unos’, tóps, chiθát8. La tendencia a la sílaba cerrada es tan notable que aún peduran las pronunicaciones geminadas de -nn- ( < -NN-, -ND-), -mm- ( < -MM-, -MB-) y -ll- (< -LL-): nínno, capánna, pénna, escannáse, barannáto, espuénna, brénna, commáis ’comadres’, tammién, payél.la, bél.la, bel.lóta. Frases alto-aragonesas como ¿Cuáns áños de vída’m’darás?, ¿Te’n vóls anár? Nó’n vúi, Nó’ls en hé donát, Mol me’n són ’me lo son mucho’, con su profusión de enclíticos, muestran bien claramente la poca repugnancia de los dialectos pirenaicos a las sílabas cerradas. A la vista de esta estructura silábica del alto-aragonés moderno (que no hace sino prolongar la del aragonés antiguo) y teniendo en cuenta que el catalán aún contrasta más llamativamente con el español moderno, me parece poco apropiado el invocar la tendencia fónica de los dialectos españoles a la sílaba abierta para explicar el cambio -MB-> m-, -ND-> n-, según hace B. Malmberg, Estudios de fonética hispánica (Madrid, 1965), pp. 22-24, pues, según es notorio, ambos cambios son ante todo propios del oriente de la Península (catalán, aragonés), aunque el de -MB- > m- alcanzara al castellano y el de -ND- > n- se manifestara en el centro de la Península esporádicamente. Por lo demás, la etapa -mm-, -nn-, que Malmberg considera innecesaria, se halla, según hemos visto, documentada en el alto-aragonés.

36 Cfr D. Catalán, «Nuevos enfoques de la fonología española», RPh 18 (1964), 178-191 (específicamente, pp. 186-187 [en la reedición incluida en el presente libro, pp. 250-251]; D. Catalán, «El español de Tenerife. Problemas metodológicos», ZRPh 82 (1966), 467-506 (específi­camente, p. 484, n. 68 [en la reedición incluida en el presente libro, cap. 8, n. 68].

37 Distintas, en el español que distingue /ṡ/ : /θ/, o reducidas a una sola sibilante, en el español seseoso-ceceoso.

38 Cfr. D. Catalán, «Génesis del español atlántico. Ondas varias a través del Océano», Revis­ta de Historia Canaria 24 (1958), 1-10 [Reeditado en el cap. 5 del presente libro].

CAPÍTULOS ANTERIORES:  EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

ADVERTENCIA

1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

*   2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

*   3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

*   4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

*   5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

*   6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

*   7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

*    8.- 7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII)

*   9.- 8. EL CAMBIO EN LA NORMA CORTESANA, VISTO POR LOS GRAMÁTICOS EXTRANJEROS

10.- 9. EL ESPAÑOL ORIENTAL ANTE EL TRIUNFO DE LA NUEVA NORMA DE MADRID

11.- 10. RESISTENCIA DEL ANTIGUO SISTEMA TOLEDANO EN LA ALTA EXTREMADURA

*   12.- 11. LA NUEVA NORMA ANTE EL CECEO ANDALUZ

*   13.- 12. CONCLUSIÓN

 II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA.

*   14.- 1. ESTADO DE LA CUESTIÓN

*   15.- 2. CECEOSOS DE LENGUA ESTROPAJOSA

*   16.- 3. CECEOSOS POR HÁBITO LINGÜÍSTICO

17.- 4. COMUNIDADES CECEOSAS A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVI. SU LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICA Y SOCIAL

18.- 5. EL ÇEZEO SEVILLANO EN TIEMPO DE LOS REYES CATÓLICOS, SEGÚN EL TESTIMONIO DE LAS GRAFÍAS

*    19.- 6. EL ÇEÇEO SEVILLANO, DESCRITO POR NEBRIXA

20.- 7. CARÁCTER FRICATIVO DE LA /Ç/ Y DE LA /Z/ DEL SEVILLANO MEDIEVAL

*    21.- 8. LAS GRAFÍAS Y EL ÇEZEO MEDIEVAL

*   22.- 9. CONCLUSIÓN: EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA

III EN TORNO A LA ESTRUCTURA SILÁBICA DEL ESPAÑOL DE AYER Y DEL ESPAÑOL DE MAÑANA

* 23.- III EN TORNO A LA ESTRUCTURA SILÁBICA DEL ESPAÑOL DE AYER Y DEL ESPAÑOL DE MAÑANA

       Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

Imagen: Letra mayúscula P de Albert Durero.

23.- III EN TORNO A LA ESTRUCTURA SILÁBICA DEL ESPAÑOL DE AYER Y DEL ESPAÑOL DE MAÑANA

23.- III EN TORNO A LA ESTRUCTURA SILÁBICA DEL ESPAÑOL DE AYER Y DEL ESPAÑOL DE MAÑANA

III EN TORNO A LA ESTRUCTURA SILÁBICA DEL ESPAÑOL DE AYER Y DEL ESPAÑOL DE MAÑANA*

      La «fonología diacrónica», a fin de poder seguir concibiendo las lenguas, en cada estadio de su evolución histórica, como estructuras estáticas «où tout se tient», redujo la historia fonética a la descripción y comparación de los paradigmas fonemáticos propios de cada uno de esos estadios. La atención se concentró en las unidades discretas mínimas y en los rasgos distintivos que en cada momento las definían. Las unidades de expresión complejas, como la sílaba, fueron dejadas de lado en los esquemas diacrónicos. Se las trató como si fueran, meramente, combinaciones de fonemas, que sólo interesaban a la descripción sintagmática de las lenguas. No se tuvo en cuenta que la organi­zación estructural de las unidades de expresión complejas es de primordial importancia para comprender el mecanismo de las fluctuaciones alofónicas y de la distribución de los fonemas, y que las modificaciones del sistema fono­lógico suelen producirse como consecuencia de la generalización analógica de evoluciones que en su origen estuvieron condicionadas distribucionalmente.

      Pero, si la tendencia a estructurar fonológicamente una lengua según unos ciertos paradigmas silábicos (o aún de acuerdo con unidades de expre­sión superiores) requiere mucha mayor atención que la que tradicionalmente se le ha prestado en las fonologías diacrónicas, todavía me parece de mayor importancia el historiar las modificaciones sufridas, dentro de una lengua histórica, por su organización silábica. Y, sin embargo, pocos capítulos de la fonología han sido tan descuidados como éste.

 Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

* Publicado en Sprache und Geschichte. Festschrift für H. Meier (München: Fink-Verlag, 1971), 78-110.

Mapa 1. Las sibilantes /ç/: /z/ y /ss/: /s/ en la Ibero-romania

CAPÍTULOS ANTERIORES:  EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

ADVERTENCIA

1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

*   2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

*   3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

*   4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

*   5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

*   6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

*   7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

*    8.- 7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII)

*   9.- 8. EL CAMBIO EN LA NORMA CORTESANA, VISTO POR LOS GRAMÁTICOS EXTRANJEROS

10.- 9. EL ESPAÑOL ORIENTAL ANTE EL TRIUNFO DE LA NUEVA NORMA DE MADRID

11.- 10. RESISTENCIA DEL ANTIGUO SISTEMA TOLEDANO EN LA ALTA EXTREMADURA

*   12.- 11. LA NUEVA NORMA ANTE EL CECEO ANDALUZ

*   13.- 12. CONCLUSIÓN

 II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA.

*   14.- 1. ESTADO DE LA CUESTIÓN

*   15.- 2. CECEOSOS DE LENGUA ESTROPAJOSA

*   16.- 3. CECEOSOS POR HÁBITO LINGÜÍSTICO

17.- 4. COMUNIDADES CECEOSAS A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVI. SU LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICA Y SOCIAL

18.- 5. EL ÇEZEO SEVILLANO EN TIEMPO DE LOS REYES CATÓLICOS, SEGÚN EL TESTIMONIO DE LAS GRAFÍAS

*    19.- 6. EL ÇEÇEO SEVILLANO, DESCRITO POR NEBRIXA

*    20.- 7. CARÁCTER FRICATIVO DE LA /Ç/ Y DE LA /Z/ DEL SEVILLANO MEDIEVAL

*    21.- 8. LAS GRAFÍAS Y EL ÇEZEO MEDIEVAL

*   22.- 9. CONCLUSIÓN: EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA

III EN TORNO A LA ESTRUCTURA SILÁBICA DEL ESPAÑOL DE AYER Y DEL ESPAÑOL DE MAÑANA

       Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

Imagen: Letra mayúscula Q de Albert Durero.

22.- 9. CONCLUSIÓN: EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA

22.- 9. CONCLUSIÓN: EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA

9. CONCLUSIÓN. II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA

      La temprana fricatización de los fonemas /ç/ y /z/ en el reino de Sevilla vino a debilitar grandemente una oposición fundamental en el sistema de sibilantes, pues sólo el punto de articulación, ya dorso-dental, ya ápico-alveolar (rasgo inicialmente no fonológico), sirvió desde entonces de marca en la correlación , /ç, z/ : /ss, s/.

      El sistema60

/ç/ [ş] : [ṡ] /ss/
/z/ [ȥ] : [ż] /s/

podía, claro está, haberse mantenido secularmente (según ha ocurrido en el Norte de Portugal)61; pero su inestabilidad era, a todas luces, manifiesta. De otra parte conviene destacar que la solución más tarde adoptada por el caste­llano toledano, el paso de las dentales a interdentales, que permitió al espa­ñol normativo estabilizar la oposición /ç/ (< /z/) : /ss/ (< /s/), no fue conocida en el reino de Sevilla: el camino hacia la desfonologización quedó, por tanto, abierto desde época muy antigua.

      En el último cuarto del siglo XV el çeçeo-zezeo (esto es, la sustitución de la /ss/ y la /s/, sibilantes ápico-alveolares, por la correspondiente pareja de sibilantes dorso-dentales, /ç/ y /z/) era un fenómeno lingüístico profunda­mente arraigado en el habla común del reino de Sevilla. Sólo una minoría social lingüísticamente más selecta (de la que Nebrixa puede constituir un buen ejemplo) continuaba practicando la antigua distinción y oponía una /ss/ y una /s/ ápico-alveolares a una /ç/ y una /z/ dorso-dentales, pero también fricativas. En el último cuarto del s. XV y primero del siglo XVI, el hábito del cezeo estaba ya muy lejos de ser una característica fonológica

privativa de la «canalla» sevillana: Un canónigo sevillano, limosnero de la reina Católica en 1487, un escribano real en 1492, un hidalgo de Sanlúcar nacido hacia 1490 y capitán en la conquista de México (a donde pasó en 1519), o un clérigo, «apasionado de la casa de Niebla» en 1522, çezeaban como cualquier albañil o gitano de Sevilla.

      Podemos, por tanto, afirmar que, al tiempo de iniciarse la expansión atlántica de Castilla, aquellos hablantes «quos vulgo Hispani ceceosos vocant» constituían la mayoría de la población en el reino de Sevilla y, en consecuencia, prácticamente la totalidad de los que se embarcaban para Canarias o América (pues pocos Nebrixas colaboraron durante esa primera época en la conquista); ¡Con qué razón hermanaba en México Bernal Díaz del Castillo las determinaciones «çeçeoso» y «sevillano»!

      Cuanto hasta aquí llevo argumentado me obliga a rechazar decidida­mente la idea, hoy tan generalmente recibida, de una génesis del çeçeo ameri­cano (seseo, según la terminología vulgar) enteramente independiente del desarrollo del çeçeo en Andalucía.

      Amado Alonso, ardiente defensor de esa doctrina poligenética, resume su argumentación afirmando: «Estamos seguros pues de que los andaluces no trajeron a América el seseo ya hecho; no creemos tampoco que, considerán­dolo como transplante de tendencias, ya que no de productos, fueran ellos el fermento o levadura del seseo americano; pero en cambio sí creemos que obraron como fermento en la precipitación y en la solución de la crisis». «El seseo americano es un proceso no importado sino cumplido en América». «Téngase en cuenta la grave circunstancia de que los sevillanos mismos, los más adelantados entre los andaluces en el desarrollo del seseo-ceceo, lo cum­plieron en la /ç/ después del Descubrimiento». «En ninguna parte cuadraría mejor que aquí el iluminador concepto lingüístico de Antoine Meillet: Las convergencias observadas permiten establecer que, en materia de cambios lingüísticos, las innovaciones son generales más que generalizadas, y que la identidad o la paridad de las condiciones en que se encuentran los sujetos hablantes es el hecho esencial, y la imitación una cosa secundaria»62.

      La situación del çezeo en los puertos atlánticos de España al tiempo de iniciarse la aventura colonizadora nos asegura que fueron los propios europeizadores de Canarias, el Caribe y México, salidos de la Península, los que implantaron desde un principio entre las nuevas comunidades ultramarinas el hábito de çezear como sevillanos (según la expresión de Bernal Díaz).

      Por los mismos años que iban surgiendo esas nuevas comunidades castellano-hablantes en Canarias y América se castellanizaba en la Península el reino de Granada y también allí el çeçeo sevillano se impondría en la mayor parte de las villas y pueblos repoblados. Nada más natural que el triunfo de este neologismo fonológico, entonces en su creciente de expansión, entre las nuevas agrupaciones castellano-hablantes del reino granadino o de Canarias, preferentemente pobladas con gentes de la Andalucía occidental; y nada más natural, también, que su implantación en Ultramar.

      Gracias a las pacientes y metódicas pesquisas de Peter Boyd-Bowman sobre la región de procedencia de los colonizadores de América anteriores a 1600 contamos con datos que, por primera vez, pueden considerarse suficien­tes para evaluar con justeza el papel jugado por cada región hispánica en la colonización63. Y sobre todo, gracias a la riqueza del material analizado, estamos en condiciones de desglosar del resto el testimonio estadístico de los años 1493-1519, «periodo antillano» de la colonización, en que se forja la comunidad hispánica de ultramar desde la cual se ha de realizar en las déca­das inmeditas (1520-1540) el asalto al Continente. Los datos de este «periodo antillano» son bien significativos.

      En los primeros años del descubrimiento, de 1493 a 1508, los andaluces representan nada menos que un 60% de los colonos; mientras Castilla la Vieja, Castilla la Nueva, León y Extremadura aportan sólo un 6% cada cual.

      Aunque más adelante se acabe este monopolio de la empresa americana por Andalucía, la proporción de andaluces sigue siendo notabilísima, de tal modo que durante el «periodo antillano» en conjunto (hasta 1519) de cada tres colonos uno procedía del reino de Sevilla y entre las mujeres nada menos que dos de cada tres; sólo de la ciudad de Sevilla (con Triana) había un colono entre cinco y la mitad del total de mujeres. El contraste entre la apor­tación humana de Sevilla ciudad, con 958 inmigrantes identificados, y la de la imperial Toledo, con 101, o la de Burgos, con 63, es desde luego concluyente; pero no lo es menos el que el pequeño puerto de Palos, con 151 colo­nos, doble casi la cifra de los que salieron de toda una Salamanca, 88; o que un Moguer, con 56 colonos conocidos, sobrepase a Madrid, con sólo 53, y un Jerez, con 45, a Valladolid, con 39, etc.

      Entre los primeros colonos de Puerto Rico 41% eran andaluces y sólo un 32% de Castilla la Vieja, León, Asturias y Castilla la Nueva (16,5 % eran vascos). En el Istmo, en la pequeña colonia de Darién, antes de la llegada en 1514 de Pedrarias Dávila, resulta identificable la procedencia de 146 hombres (de los 515 de Balboa y algunos otros venidos previamente) y, de estos 146, más de la mitad, 83, eran andaluces, 15 vascos, 12 castellanos viejos, 11 del reino de Toledo y 10 extremeños. Incluso las primeras expediciones a Méjico de Cortés y Narváez, hechas desde Cuba, llevan un fuerte grupo de andaluces (30%), más numeroso que el de extremeños (un 13%) o el de castellanos viejos (un 20%) a pesar de la naturaleza de los capitanes.

      En fin, como Boyd-Bowman apunta «the first or Antillean period is clearly dominated in number, unity and prestige of colonists by the Andalusian provinces of Sevilla and Huelva, and it is the insular Spanish koiné developed at this time, with its store of Antilleanisms, that was carried by island settlers to the mainland».

 Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

Universidad de La Laguna

NOTAS

60 No se olvide la existencia de una tercera pareja, /x/ = [š], /j/ = [ž], que venía a impedir la palatalización de [ṡ], [ż].

61 En una amplia zona del Norte de Portugal pervive, en efecto, el sistema

/ç/ = [ṣ] : /ss/ = [ṡ]: /x/ = [š]
/z/ = [z]:/s/ = [ż]: /j/ = [ž]

    Esa área comprende buena parte de Trás-os-Montes y ciertas zonas de Entre Douro e Minho. Tiende a perder terreno ante la presión de un sistema dialectal simplificado, que pode­mos llamar «beirão» (pues en la Beira tiene su punto de partida), en que /ç/ y /z/ son seseados (con [ṡ], [ż]), y ante la invasión del sistema ciudadano de Porto, arraigado sobre todo en los puertos y en las grandes villas, que es çezeoso (como el portugués normativo o meridional).

62 A. Alonso, «Historia del ceceo», pp. 185, 184, 184 y 185, respectivamente.

63 Boyd-Bowman, «Regional Origins of the Earliest Spanish Colonists of America», PMLA, LXXI (1956), pp. 1152-1172. [Posteriormente, P. Boyd-Bowman ha emprendido la publicación de un magno índice geobiográfico de 40.000 pobladores españoles de América en el siglo XVI, del que han visto la luz los volúmenes I: 1493-1519 (Bogotá, 1964) y II: 1520-1539 (México, 1968). En espera de los dos restantes, véase además Boyd-Bowman, Patterns of Spanish Emigration to the New World (1493-1580) (Buffalo: State Univ. of New York at Buffalo, 1973)].

CAPÍTULOS ANTERIORES:  EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

ADVERTENCIA

1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

*   2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

*   3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

*   4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

*   5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

*   6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

*   7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

*    8.- 7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII)

*   9.- 8. EL CAMBIO EN LA NORMA CORTESANA, VISTO POR LOS GRAMÁTICOS EXTRANJEROS

10.- 9. EL ESPAÑOL ORIENTAL ANTE EL TRIUNFO DE LA NUEVA NORMA DE MADRID

11.- 10. RESISTENCIA DEL ANTIGUO SISTEMA TOLEDANO EN LA ALTA EXTREMADURA

*   12.- 11. LA NUEVA NORMA ANTE EL CECEO ANDALUZ

*   13.- 12. CONCLUSIÓN

 II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA.

*   14.- 1. ESTADO DE LA CUESTIÓN

*   15.- 2. CECEOSOS DE LENGUA ESTROPAJOSA

*   16.- 3. CECEOSOS POR HÁBITO LINGÜÍSTICO

17.- 4. COMUNIDADES CECEOSAS A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVI. SU LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICA Y SOCIAL

18.- 5. EL ÇEZEO SEVILLANO EN TIEMPO DE LOS REYES CATÓLICOS, SEGÚN EL TESTIMONIO DE LAS GRAFÍAS

*    19.- 6. EL ÇEÇEO SEVILLANO, DESCRITO POR NEBRIXA

*    20.- 7. CARÁCTER FRICATIVO DE LA /Ç/ Y DE LA /Z/ DEL SEVILLANO MEDIEVAL

*    21.- 8. LAS GRAFÍAS Y EL ÇEZEO MEDIEVAL

       Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

Imagen: Letra mayúscula R de Albert Durero.

21.- 8. LAS GRAFÍAS Y EL ÇEZEO MEDIEVAL

21.- 8. LAS GRAFÍAS Y EL ÇEZEO MEDIEVAL

8. LAS GRAFÍAS Y EL ÇEZEO MEDIEVAL. II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA

      A pesar de la resistencia de las minorías sevillanas más cultas al çezeo (un Nebrixa naturalmente no çezeaba), la confusión de /ss/ con /ç/ y de /s/ con /z/ era en tiempo de los Reyes Católicos un fenómeno profundamente arraigado en el habla común de Sevilla, según hemos podido documentar. ¿Desde cuándo venía luchando el neologismo de la desfonologización con la imperante norma tradicional? Es esta una pregunta que nos conduce al estu­dio de lo que cabría llamar la prehistoria del çezeo, una prehistoria realmente brumosa.

      Sin duda, el mejor guía en esta investigación lo constituyen las cacogra­fías. Un estudio sistemático de las grafías, no sólo de las regiones çeçeeantes, sino de todo el reino de Castilla, en los manuscritos de los siglos XIV y XV, constituiría una firme base para levantar este capítulo de la historia del espa­ñol en forma definitiva.

     Desgraciadamente estamos hoy lejos de poder emprender semejante tarea: las colecciones de manuscritos editadas con fines lingüísticos son escasísimas y las publicaciones de los historiadores (aun en aquellos casos en que tratan de conservar la ortografía tradicional)53 son a menudo dignas de poca fe54. En consecuencia, nos tenemos que contentar con casos ejemplares sobre los que no es posible levantar sino inseguras conclusiones.

      Amado Alonso ha mostrado con buenas razones lo arriesgado que es sacar deducciones a partir de casos aislados de ç y z por s o viceversa. Aparte de la inseguri­dad de muchas lecturas (en el caso de s y z) queda siempre en pie el problema de que los casos aislados de ç  por s o de z por s (o viceversa) pueden ser debidos simplemente a trueques esporádicos, semejantes a los que llevaron en el castellano común a la estabilización de formas como çurzir por surzir, cedazo por sedazo, o ceniza, cerveza, cereza, etc.55. De hecho en documentos de Castilla la Vieja o Toledo se dan con cierta frecuencia algunas confusiones56, que no pueden explicarse como reflejo de una desfo­nologización, sino como simples trueques, dada la continuidad de la distinción entre /ss, s/ : /ç, z/ hasta hoy día.

      De todos modos, el gran arraigo del çezeo en Sevilla a fines del s. XV nos permi­te conceder especial significación a los ejemplos sueltos de confusión entre ç o z y s de la primera mitad del siglo procedentes del reino de Sevilla. Lapesa ha aducido como ejemplo más temprano de çeçeo sevillano el del códice del Cancionero de Baena, reunido antes de 1445, posiblemente autógrafo del propio Juan Alfonso de Baena (que nació en las proximidades de Marchena y residió cerca de Morón y de Osuna); en él se hallan escritos Çatán ’Satán’, çedal ’sedal’, escaçeza, çenado ’senado’ y bruçelas57. Menéndez Pidal ha llamado la atención sobre las grafías dieʃ y dieʃmos repetidamente usadas en Sanlúcar o Niebla, 1419, mientras en los documentos de otras regiones castellanas nunca aparecen estas voces escritas sino con -z, a pesar de su extraordinaria frecuencia58. Amado Alonso reúne documentos sevillanos de 1426, 1408, 1403 y aún 1398 publicados por A. D. Savage que, si nos fiásemos de las transcripciones del editor, estarían llenos de casos de -s- por -z-; pero dudo mucho que resistan una confrontación con los originales59.

       En fin, en tanto no se lleve a cabo una investigación más sistemática, sólo podemos indicar que el zezeo y el çeçeo tuvieron probablemente un largo período de incubación durante el s. XV (y quizá desde antes), de tal modo que en el último cuarto del siglo el neologismo era ya una práctica muy recibida entre el común de las gentes sevillanas.

Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

NOTAS

53 Por desgracia y en nombre de no sé que extraño criterio, la mayor parte de los historiado­res españoles reproducen los documentos modernizando parcial o totalmente la ortografía originaria.

54 Véanse las notas 39 y 40.

55 A. Alonso, «Trueques», pp. 1-12 y A. Alonso, «Historia del ceceo», p. 153.

56 Hecho observado desde antiguo, sobre el que insiste A. Alonso, «Historia del ceceo», pp. 152-158.

57 Lapesa, «Sobre el ceceo andal.», p. 72.

58 Menéndez Pidal, «Sevilla frente a Madrid», [p. 112].

59 A. Alonso observa con excesivo optimismo: «esta serie parece hecha con cuidado paleográfico»; pero al mismo tiempo señala que ha comprobado tres falsas lecturas, siendo así que «cada tomito o cuadernillo trae al principio fotografía, no de una página, sino del comienzo de las líneas de la primera página, de modo que apenas es posible comprobar la transcripción», «Historia del ceceo», n. 32).

CAPÍTULOS ANTERIORES:  EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

ADVERTENCIA

1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

*   2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

*   3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

*   4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

*   5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

*   6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

*   7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

*    8.- 7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII)

*   9.- 8. EL CAMBIO EN LA NORMA CORTESANA, VISTO POR LOS GRAMÁTICOS EXTRANJEROS

10.- 9. EL ESPAÑOL ORIENTAL ANTE EL TRIUNFO DE LA NUEVA NORMA DE MADRID

11.- 10. RESISTENCIA DEL ANTIGUO SISTEMA TOLEDANO EN LA ALTA EXTREMADURA

*   12.- 11. LA NUEVA NORMA ANTE EL CECEO ANDALUZ

*   13.- 12. CONCLUSIÓN

 II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA.

*   14.- 1. ESTADO DE LA CUESTIÓN

*   15.- 2. CECEOSOS DE LENGUA ESTROPAJOSA

*   16.- 3. CECEOSOS POR HÁBITO LINGÜÍSTICO

17.- 4. COMUNIDADES CECEOSAS A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVI. SU LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICA Y SOCIAL

18.- 5. EL ÇEZEO SEVILLANO EN TIEMPO DE LOS REYES CATÓLICOS, SEGÚN EL TESTIMONIO DE LAS GRAFÍAS

*    19.- 6. EL ÇEÇEO SEVILLANO, DESCRITO POR NEBRIXA

*    20.- 7. CARÁCTER FRICATIVO DE LA /Ç/ Y DE LA /Z/ DEL SEVILLANO MEDIEVAL

       Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

Imagen: Letra mayúscula S de Albert Durero.

20.- 7. CARÁCTER FRICATIVO DE LA /Ç/ Y DE LA /Z/ DEL SEVILLANO MEDIEVAL

20.- 7. CARÁCTER FRICATIVO DE LA /Ç/ Y DE LA /Z/ DEL SEVILLANO MEDIEVAL

7. CARÁCTER FRICATIVO DE LA /Ç/ Y DE LA /Z/ DEL SEVILLANO MEDIEVAL. II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA.

      Los datos sobre confusión ente /ç/  y /ss/ y entre /z/ y /s/ que hemos venido aduciendo, bastan para afirmar que a fines de la Edad Media tanto la /ç/ como la /z/ habían perdido en el reino de Sevilla su primitivo carácter africado, al menos en el habla popular47. Así lo ve también Amado Alonso48.

      Amado Alonso supone que, en el habla cuidada de los cultos, al lado de esas variantes fricativas, pervivieron, hasta el propio s. XVII, las formas ple­nas africadas. No puedo compartir esta opinión. Bien al contrario, considero que no ya en el siglo XVII, pero ni siquiera a finales del s. XV, existían en Sevilla más realizaciones de /ç/ y /z/ que las fricativas.

       Según hemos visto, Nebrixa se extiende largamente en la demostración de que la s greco-latina equivalía al sámech hebreo y a la ç  castellana (o, lo que es lo mismo, a la s de los çeçeosos hispanos, que daban a la /ss/ la pronunciación de la /ç/). Me parece ciertamente imposible que todo un Ne­brixa pudiese atribuir a la s greco-latina una pronunciación africada [ts] (como parece interpretar Amado Alonso). Devolvamos a Nebrixa el crédito que merece como filólogo, admitiendo, por el contrario, que sus estudios filológicos le llevaron a defender la hipótesis razonable de que la s greco-latina, al igual que la /ç/ de su propio castellano, era una fricativa dorso-dental. Por otra parte, la equiparación que nos da Nebrixa de la /ss/ de los çeçeosos con su propia /ç/ (véase la cita de 1507, fol. 130, citada en nuestro apartado anterior) nos asegura, en forma definitiva, que su /ç/ era fricativa, ya que en modo alguno cabe admitir una etapa de «tsetseo» de la /ss/; no creo que nadie sea capaz de suponer a un sevillano de hacia 1500 llamándose a sí mismo «tsevillano». No contradice nuestra interpretación el párrafo dedicado a la interjección latina de silencio si o st y al verbo sileo, comparados por Nebrixa a la correspondiente expresión castellana ci, como una prueba más en su demostración de que la s greco-latina tenía una pronunciación equivalente a la c romance, y no a la s49. Este pasaje no nos autoriza a suponer que ese ci fuese pronunciado [tse], según piensa Amado Alonso, ya que la interjección de silencio castellana aducida por Nebrixa es el símbolo gráfico de un ruido inarticulado (ajeno al sistema) que oscila entre [şt ~ ş ~ ṡ ~ şşş~ ts ~ tststs ~ tš, etc.] (la i de apoyo, tiene una función exclusivamente gráfica: la de descartar la lectura de la c en su valor «propio» de [k]50.

      Concluimos, por tanto, que hacia 1500 la /ç/ del reino de Sevilla era una fricativa dorso-dental sorda. Los hablantes más cultivados (p. ej. Nebri­xa) continuaban distinguiéndola de la /ss/ ápico-palatal; el vulgo ceceaba la /ss/, igualándola con la /ç/ fricativa dorso-dental.

       En cuanto a la /z/ de Nebrixa, Amado Alonso la cree africada, fundán­dose en que nuestro gran latinista propugna su equivalencia con sd. Pero esta equivalencia la apunta Nebrixa para el griego y el latín, no para el castellano. Bien es verdad que Nebrixa incluye la z entre las «figuras de letras que tene­mos prestadas del latín» y que «nos sirven por si mesmas» pero esta equipa­ración queda desautorizada por un comentario muy significativo que hace el propio Nebrixa sobre la pronunciación vulgar de la z latina: «Errores latinorum:... Quod non recte proferunt z quasi littera simplex, cum sit composita ex sd»51. Es decir, los coetáneos de Nebrixa al hablar latín no acertaban a dar a la z su correcta pronunciación sd y, dejándose llevar de la que era habitual en su lengua romance, trataban a la z como letra simple. Este testi­monio conviene confrontarlo con el que en 1531 nos da Vanegas (sobre el que en otro trabajo insistiremos), cuando denuncia el adulterino sonido que, «estribando en la lengua castellana», daban algunos a la z greco-latina, pro­nunciándola no sd, según era lo correcto, sino como se pronuncia en arábigo azogue y en castellano zorra52. La comparación con el árabe, donde el zay era una dorso-dental fricativa, me parece ilustrar bien el distingo de Nebrixa. Esta /z/ dorso-dental fricativa sonora, que se oponía en el habla de Nebrixa a la /s/ ápico-palatal fricativa sonora, coincide perfectamente con la articu­lación que, según nuestros supuestos, habían generalizado los zezeosos sevi­llanos como único representante de /z/ y de /s/.

      En suma: Podemos afirmar que en el s. XV se hallaba tan generalizada en el habla común del reino de Sevilla la pérdida del carácter africado de /ç/ y /z/, que la /ç/ se asemejaba peligrosamente a la /ss/ y la /z/ a la /s/, dando lugar a una creciente tendencia a identificar estos fonemas en una pareja única de dorso-dentales fricativas, sorda y sonora. Mientras el habla vulgar y familiar se decidía por la práctica confundidora, el habla cuidada de las minorías sociales lingüísticamente más selectas mantenía aún en 1500 la distinción entre sibilantes ápico-palatales y sibilantes dorso-dentales; pero el testimonio de Nebrixa nos evidencia que, ya entonces, hasta el habla más esmerada y consciente de esas minorías desconocía toda otra articulación de /ç/ y /z/ que no fuese la misma pronunciación fricativa practicada por el vulgo çezeoso.

Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

 

NOTAS

47 La confusión entre las sibilantes dorso-dentales (sorda y sonora) y las ápico-palatales (sorda y sonora) supone un estado de lengua previo en que las dorso-dentales se han hecho fricativas; mientras la /ç/ y la /z/ fueran africadas la desfonologización era imposible.

48 «Volviéndolo a pensar tras mi estudio de las confusiones s-z, abundantes en el siglo XV: La /z/ de los sevillanos debía ser corrientemente fricativa» (De la pronunciación, n. 17 bis, felizmente exhumada por Lapesa de una nota marginal manuscrita por A. Alonso en una sepa­rata). Igualmente la confusión /ss/ = /ç/, que A. Alonso supone aparecida hacia la mitad del s. XVI, le induce a pensar que hacia 1500 «también la /ç/ había empezado a aflojarse allí» (De la pronunciación, p. 115), idea recogida más adelante en esta forma: «la pronunciación fricativa de la /ç/... se venía practicando corrientemente desde tiempo atrás. En Andalucía, popularmente, desde principio de siglo —se refiere al s. XVI—, según sospechamos» (De la pronunciación, p. 381).

49 Otra conjetura nada despreciable para descubrir la verdad nos la proporciona, dice Ne­brixa, el que «...omnes grammatici fatentur interiectionem si (aut quemadmodum apud Plautum legitur st) qua silentium imperatur, a sono vocis fictam esse. Sextus quoque Festus Pompeius sileo, inquit, ’tacere’ significat ficto verbo ab s littera, quae nota silenti est». Y puesto que las interjecciones, por ser voces casi onomatopéyicas, permanecen inalteradas por el tiempo y el espacio «consequens est ut eo modo interiectio si et verbum sileo tunc proferretur quo nunc si cum silentium imperamus hispane profertur, hoc est, quasi per ci litteras». (Así, en 1503; en 1507 da preferencia a la variante st sobre si: «... interiectionem st, aut si, quemadmodum apud Terentium legitur...» «ut interiectio st et verbum sileo...»).
      Nuevo indicio nos proporciona la denuncia que Nebrixa hace entre los Errores Graecorum (fol. 128) de la pronunciación que daban los más a la sigma griega «quasi per sibilum, cum habeat vocem hebraici sama aut anseris strepentis». Opone aquí Nebrixa el sibilo de la s ápico-palatal (del sim hebraico) al especial graznido del ganso propio del samech dental. Cómo enten­día el anseris strepitum Nebrixa no nos lo dice, pero sí sabemos cómo lo interpretaron sus seguidores refiriéndolo sin excepción a la θeta griega: Vanegas 1531, al comparar con la t y la d la θ  griega o th, dice «se forma de la misma manera salvo que entra más la lengua entre los dientes, y floxamente rompe con más abundancia de huelgo que en las dos passadas se halla. Esta letra se dice anserina porque tiene el sonido que hace el ansarón quando lo van a tomar»; Vergara 1537: « θ...valet t addito aere sive flatu, ita ut referat anseris strepitum»; Mekerche 1544: « θ ...valet quod hebraeorum tau sine daghes, id est, ita ut referat anseris strepitum ut ϑεóς theos, addito aere sive flatu»; el Brócense 1581: ϑη̃̃τα, theta, ab Hebraeo theth, refert anseris strepi­tum». Coinciden todos los autores en relacionar el anseris strepitum con la θ griega, [θ] en Vanegas, dudoso si [θ] o [tθ] en Vergara (= t con h) y Mekerchi (= t con h — tau sin daghes [=θ]). Nebrixa, claro, no pensó en igualar la sigma a la θeta; pero la interpretación de Vanegas nos inclina a ver en el anseris strepitum el ceceo propio de una dental fricativa.

50 Preguntados hablantes de hoy en zona de s dorso-dental (en Canarias) se inclinan por la interpretación [şşş..] «ese repetida».

51 En el folio 128 de las Introductiones latinae, Salamanca 1481, 1482, 1483, 1485?; «Editio secunda», Burgos 1493, etc. (Véase A. Alonso, «Nebrija», p. 44, n. 99).

52 Véase A. Alonso, De la pronunciación, p. 119.

CAPÍTULOS ANTERIORES:  EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

ADVERTENCIA

1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

*   2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

*   3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

*   4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

*   5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

*   6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

*   7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

*    8.- 7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII)

*   9.- 8. EL CAMBIO EN LA NORMA CORTESANA, VISTO POR LOS GRAMÁTICOS EXTRANJEROS

10.- 9. EL ESPAÑOL ORIENTAL ANTE EL TRIUNFO DE LA NUEVA NORMA DE MADRID

11.- 10. RESISTENCIA DEL ANTIGUO SISTEMA TOLEDANO EN LA ALTA EXTREMADURA

*   12.- 11. LA NUEVA NORMA ANTE EL CECEO ANDALUZ

*   13.- 12. CONCLUSIÓN

 II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA.

*   14.- 1. ESTADO DE LA CUESTIÓN

*   15.- 2. CECEOSOS DE LENGUA ESTROPAJOSA

*   16.- 3. CECEOSOS POR HÁBITO LINGÜÍSTICO

17.- 4. COMUNIDADES CECEOSAS A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVI. SU LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICA Y SOCIAL

18.- 5. EL ÇEZEO SEVILLANO EN TIEMPO DE LOS REYES CATÓLICOS, SEGÚN EL TESTIMONIO DE LAS GRAFÍAS

*    19.- 6. EL ÇEÇEO SEVILLANO, DESCRITO POR NEBRIXA

       Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

Imagen: Letra mayúscula T de Albert Durero.

 

19.- 6. EL ÇEÇEO SEVILLANO, DESCRITO POR NEBRIXA

19.- 6. EL ÇEÇEO SEVILLANO, DESCRITO POR NEBRIXA

6. EL ÇEÇEO SEVILLANO, DESCRITO POR NEBRIXA. II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA

       Las cacografías confundidoras de ç y s-, -ss- son, pues, bastante abun­dantes en el trentenio 1490-1520, época en que el sevillano Nebrixa nos pro­porciona las primeras descripciones de /ç/  y /s/. Según Amado Alonso, Ne­brixa constituye un «testimonio a silentio... decisivo» para probar que en 1507 los sevillanos (y los andaluces en general) diferenciaban las sibilantes como los castellanos, no habiendo aún aparecido el çeçeo41. En completo desacuerdo con esta opinión, hoy tan recibida, creo, por el contrario, que Nebrixa nos proporciona el primer testimonio explícito de la práctica ceceo­sa en el reino de Sevilla.

      Nebrixa42 explica que la pronunciación del sámech hebreo «qui non est absimilis ei quem nostri temporis inscitia dat c litterae e vel i sequentibus» (1503, cap. XVII)43, difiere de la del sin hebreo (= s castellana, según Nebri­xa) 44 por su carácter de dental:

    «...quod sama ad supernorum dentium radices lingua appulsa sonum reddit, sin vero ad médium caeli palatum illisa formatur» (1503, cap. XVII).

        En 1507, fol. 130, insiste precisando aún más:

    «nam sin priori lingua ad palatum applicata effingitur, sama vero ad supernorum dentium radices lingua illisa sonum reddit».

       Deducimos de aquí que la oposición entre /ç/ y /ss/ en castellano se basaba en el punto de articulación, ya dorso-dental (como en el sámech), ya ápico-palatal (como en el sin). Nebrixa continúa: 

    «Atque Martianus Capella, ubi in Philologiae Nuptiis inducit Grammaticen in qua oris parte litterae formentur graphice describentem, s, inquit, littera sibilum facit dentibus verberatis. Ex quo fit sigma graecum et s latinum eo modo proferre debeat quo sama hebraicum, hoc est, lingua ad su­pernos dentes appulsa, ut vult Martianus, non eo modo quo sin hebraicum, hoc est, lingua ad médium caelum illisa, quo modo huius rationes ignari proferunt» (1503, cap. XVIII).

       Basándose en Marciano Capella, que describe la s latina como dental, Nebrixa deduce la equivalencia s latina = sámech hebreo. Al concluir, por esta y otras consideraciones45, que la s greco-latina era, no una ápico-palatal como la s castellana y el sin hebreo, sino una dental como el sámech y la ç del castellano vulgar, se le impuso la comparación con la pronunciación de los ceceosos hispanos: los clásicos, ¡qué paradoja!, pronunciaban su s como aquellos hispanos que, apartándose de la norma del castellano, extendían la pronunciación de la /ç a la /ss/ romance:

     Ex ómnibus igitur his rationibus satis constat s litteram quem sonum reddere debeat: hoc est, non eum..., sed eum potius quem genus quoddam hominum ceceosos Hispani vocant, non sine quadam offensionis levissimae venustate» (1503, cap. XVII). «Fuit tempus quo et putabam hanc litteram tali sono debere proferri quali nunc imperitum vulgus enunciat, et quas in illius prolatione delicias fieri prohibet Quintilianus coniectabam illorum esse quod vulgo Hispani ceceosos vocant; nunc vero, his rationibus quas supra attulimus convicti, asseveramus illos recte, nos perperam hodie hanc litteram pronunciare, ut qui solebant a nobis derideri possint nos vicissim iure suo eludere. Sed nos illos hac una in re superamus: quod utramque vocem possumus efferre; illi vero inemendabili oris pravitate non possunt» (1507, fol. 130).

      Este razonamiento de Nebrixa cobra sólo su verdadero sentido si no nos obstinamos en identificar a los ceceosos españoles, citados por Nebrixa, con los escasísimos individuos diseminados por toda España que, tarados fisioló­gicamente, eran incapaces de pronunciar correctamente la s, a causa de tener una lengua estropajosa, gorda o con frenillo46, y reconocemos en ellos a los hablantes coterráneos de Nebrixa que, por un hábito lingüístico heredado de sus mayores, practicaban la indistinción de los fonemas /ss/ y /ç/. Los estu­dios filológicos llevaron a Nebrixa a suponer que la s greco-latina no era ápico-palatal como la s castellana [ṡ], sino dorso-dental. De ahí que enseñase la equivalencia s greco-latina = ç castellana [ş]; o, lo que es lo mismo, s greco-latina = s de los ceceosos, puesto que los ceceosos daban a la /ss/ la misma realización [ş] que a la /ç/, siendo incapaces de distinguir ambos fonemas. Nebrixa explica claramente que la pronunciación ceceada de la s era, sin más, la que él mismo reservaba (como distinguidor entre /ss/ y /ç/) para la /ç/; así, aunque los ceceosos le aventajaban por continuar dando a la s la pronunciación dorso-dental que tenía en las lenguas clásicas, él tenía sobre ellos la superioridad de saber pronunciar, además de esa sibilante dorso-dental (que utilizaba en castellano como /ç/) equivalente a la s greco-latina y al sámech hebraico, una sibilante ápico-palatal (que utilizaba en cas­tellano como /ss/) carente de precedentes greco-latinos, pero comparable al sin del hebreo.

Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

NOTAS

41 A. Alonso, «Historia del ceceo», pp. 121-123.

42 1503 = De vi ac potestate litterarum, Salamanca, 1503.
   1507 = Repetitio quarta. De litteris hebraicis, cum quibusdam annotationibus in Scripturam Sacram, Alcalá? o Salamanca?, 1507. Véase, A. Alonso, «Nebrija», p. 1.

43 A. Alonso, «Nebrija», p. 21, n. 36.

44 Véase A. Alonso, De la pronunciación, p. 112, n. 14. La igualación sin = s castellana se deduce de numerosos pasajes (Véase A. Alonso, «Nebrija», pp. 20-25 y 52-54).

45 Nebrixa apoya esta su tesis sobre muy variados argumentos filológicos: Además de aducir la autoridad de San Jerónimo y las descripciones de Terenciano y Marciano Capella, hace notar las transcripciones de la s latina por el sámech hebreo en nombres propios de personas y lugares, y la continuidad de la interjección de silencio latina si o st (y del correspondiente verbo sileo) en la interjección romance ci (dato que considera muy significativo pues «interiectionum voces naturales prope sint, quippe quae neque locorum distantia neque temporis diuturnitate mutentur»).

46 Según hace A. Alonso, «Historia del ceceo», pp. 122-123.

CAPÍTULOS ANTERIORES:  EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

ADVERTENCIA

1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

*   2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

*   3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

*   4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

*   5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

*   6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

*   7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

*    8.- 7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII)

*   9.- 8. EL CAMBIO EN LA NORMA CORTESANA, VISTO POR LOS GRAMÁTICOS EXTRANJEROS

10.- 9. EL ESPAÑOL ORIENTAL ANTE EL TRIUNFO DE LA NUEVA NORMA DE MADRID

11.- 10. RESISTENCIA DEL ANTIGUO SISTEMA TOLEDANO EN LA ALTA EXTREMADURA

*   12.- 11. LA NUEVA NORMA ANTE EL CECEO ANDALUZ

*   13.- 12. CONCLUSIÓN

 II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA.

*   14.- 1. ESTADO DE LA CUESTIÓN

*   15.- 2. CECEOSOS DE LENGUA ESTROPAJOSA

*   16.- 3. CECEOSOS POR HÁBITO LINGÜÍSTICO

17.- 4. COMUNIDADES CECEOSAS A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVI. SU LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICA Y SOCIAL

18.- 5. EL ÇEZEO SEVILLANO EN TIEMPO DE LOS REYES CATÓLICOS, SEGÚN EL TESTIMONIO DE LAS GRAFÍAS

       Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

Imagen: Letra mayúscula U de Albert Durero.