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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

12.- 11. LA NUEVA NORMA ANTE EL CECEO ANDALUZ

12.- 11. LA NUEVA NORMA ANTE EL CECEO ANDALUZ

11. LA NUEVA NORMA ANTE EL CECEO ANDALUZ.  I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY.

      El triunfo de la confusión en el reino de Toledo y su incorporación al «fino castellano» de la corte debió de tener una temprana repercusión en las grandes ciudades andaluzas. Pero en Andalucía la lucha entre los antiguos hábitos distinguidores y la nueva simplificación sirvió, además, para poner de relieve la crítica situación en que allí se hallaba el sistema medieval de sibilantes, a causa de la caducidad de la oposición entre las dorso-dentales /ç/ y /z/ y las  ápico-alveolares /ss/ y /s/88.

      1557. Durante el período en que las sibilantes sonoras estaban todavía vigentes, Antonio de Corro, un antiguo fraile sevillano, publicó en la emigra­ción, en Oxford (1586), un pequeño tratado de español para franceses (escri­to hacia 1560, cuando el autor estaba en Francia). Su testimonio es, sin duda, válido para los años anteriores a 1557, fecha en que salió de España. Su /z/ era sonora, pues recomienda que «los franceses la pronuncien como su s, pero con mayor vehemencia» y la compara con el zaim hebreo89.

      1584. La primera indicación sobre la costumbre de confundir /ç/ y /z/ aparece ligada al problema del «ceceo»: en 1584, Juan Sánchez, cordobés que publica en Sevilla, denuncia la habitual confusión de «la s con la c o con la z, diziendo o escriviendo sera por cera [...] casa por caça, coser por cozer, etc., o al reves [...]». Estos homónimos dialectales no se deben sólo a la pérdida de la oposición ápico-alveolar : dorso dental (caso de coser = cozer o sera = ce­ra), sino también a la desaparición de la sonoridad (casa, con /s/ sonora, igualado a caça, con /ç/  sorda). Si ésta no fuera de por sí una prueba sufi­ciente, podríamos aducir una evidencia adicional: la afirmación de que si a la z «le dieramos el nombre de ze, que vulgarmente se le da, coincidiera con el nombre de nuestra c, lo cual fuera de algún inconveniente»90.

      Como un resultado natural de la penetración en el andaluz del sistema madrileño (con su carencia de las oposiciones /ç/:/z/, /ss/:/s/, /x/:/j/, /b/:/v/), la ortografía tradicional entra en crisis en Andalucía, igual que anteriormente había ocurrido en el reino de Toledo. El caos gráfico que sus­tituye a la regularidad anterior es denunciado, con interesantes precisiones cronológicas, por el «culto sevillano» Juan de Robles, quien dice91:

«[...] escribían todos nuestros abuelos y padres una misma Ortografia, como lo diran las escrituras y cartas antiguas, si hay quien las tenga. A lo menos soy testigo de vista de las de ahora cincuenta años [Robles escribe en 1631] en que aprendi a leer, en las cuales nunca halle diferencia que me inquietase ni confundiese, con ser muchas respeto de la universal corres­pondencia que tenia mi tio el contador Juan de Robles con todo el estado de la gran casa de Medina-Sidonia. Esto duro hasta el año 1580, en que, con el contagio de aquella peste que tanto afligió esta provincia, entro el de la novedad y alteración, afligiendonos en su modo mas [...] Lo cual se vee hoy, no solo entre los ignorantes (que de eso no hay que hablar), sino entre los doctos y bien entendidos entre quien no hallaran dos que totalmente se conformen en el escribir92

(Es importante señalar, sin embargo, que, aunque Robles aprendió, an­tes de 1580, la ortografía tradicional en las escrituras antiguas de la Casa de Medina-Sidonia, él mismo ya no tuvo oportunidad de entender las dife­rencias fonéticas en que se basaba la distinción gráfica entre c, ç y z)93.

En confirmación del doble testimonio de Sánchez y de Robles, que coin­ciden en señalar como fecha crítica para la implantación del nuevo sistema sin /z/ y /s/ sonoras en el habla sevillana los comienzos de la década del 80, podemos aducir el «paso» representado en el Colegio de los Jesuítas de Sevilla el año 1580 (véase más arriba, n. 19), donde el ceceo ha suplantado total­mente al zezeo.

Carecemos de nueva información hasta un cuarto de siglo después, en que Mateo Alemán, sevillano, publica en México (1609) su Ortografía (escri­ta en España pocos meses antes). Alemán rechaza explícitamente cualquier criterio etimológico como base de la escritura, diciendo: «lo que pretendo introduzir solo es que a la lengua imite la pluma [...]»« para que otros [...] de nuestro escrevir vengan ellos a hablar segun i de la manera que hablamos», pues, de otra forma, «el estranjero no sabra como lo tiene de pronunciar». Su fonetismo puede resumirse en una frase: «la ortografía es un arte de bien escrevir y el escrevir es copia del bien hablar». Pero nótese que Alemán reco­noce una norma de «bien hablar» por encima de los malos hábitos personales de los hablantes94, e incluso de los suyos propios, según vamos a ver.

Alemán (que niega una dualidad de s o de j en español y se burla de los que siguen empleando ss y x como sustitutos gráficos de s y j), reacciona de modo diferente al discutir el caso de /ç/ y /z/. Ya en el prólogo Al lector observa: «Querer tratar del uso de las letras b por v, ni z por ç., con otras que andan al beneplacito de cada uno, seria proceder en infinito». Más adelante denuncia la mala costumbre de confundir /ç/ y /z/, ligando la cuestión al problema del ceceo: «muchos [...] equivocan [la z] con la ç i otros la truecan con la s»; «aunque andan trocadas entre Andaluzes, reino de Toledo i Caste­llanos viejos, la ç por s, i z por ç [...]»95, y bromea ingeniosamente sobre este «vicio»: «i aun ai algunos, yo los e visto, i no de los comunes, mas ombres de cuyas letras i autoridad se tiene gran conceto, que para dezir ciento ponen ziento, en que pierden mas de a ciento por ciento de credito». Alemán de­nuncia que es sumamente común la fusión de /z/ y /ç/ desde un extremo de España al otro, y nota que esta confusión se practica entre gente culta de elevado nivel. Pero insiste en que «quien atentamente las considerare hallara el vicio» acudiendo al oído, ya que «ni ai reglas para enseñar a poner ç por z o s por ç, b por v, ni lo contrario, mas de por el modo de pronunciacion de cada letra», «[...] mas del oido i entendimiento de cada uno»; y considera que, si se tratase de explicar la distinción «por arte y método», sería más práctico hacer un vocabulario. No obstante, confiesa que él mismo tiene la costumbre de confundir las sibilantes: «En lo que tambien conosco que yerro algunas vezes por descuido, porque me vuelvo al natural como la gata de Venus, i pecado jeneral en los Andaluzes, de que no se an escapado los Castellanos todos, poner ç por s i z por ç o al reves.» ¡Aunque Alemán remitía al oído de cada uno como base suficiente para distinguir ortográficamente ç y z, resulta que él mismo era uno de los muchos hablantes ceceosos incapaces de distinguir con exactitud ç, z y s! Después de saber esto, creo que es muy significativo que en su Ortografía no haya ninguna descripción de la z (cf. A. Alonso, De la pronunciación, I, n. 215).

En vista de la confesión de Alemán, me es imposible estar de acuerdo con las conclusiones de Amado Alonso. El testimonio de Alemán, hablante ceceoso, que en la práctica confunde s, z y ç (como reconoce A. Alonso, De la pronunciación, I, p. 317) y teóricamente no admite la oposición /s/ :/ss/, no puede ser base para afirmar la permanencia de una oposición fonética entre /ç/ :/z/ después de que ambas articulaciones coincidían en ser sordas, según pretende Amado Alonso, ni en Sevilla (donde el ceceo era lo usual), ni siquiera en la lengua general de fondo toledano o, mejor, madrileño96.

En suma: aunque los datos que nos proporcionan los gramáticos y tra­tadistas andaluces no son completos, podemos concluir lo siguiente: Hacia mediados del siglo XVI (antes de 1557: Corro), la distinción entre una /z/  sonora y una /ç/ sorda seguía siendo la norma en Andalucía; por otro lado, varias fuentes nos hacen saber que entonces era ya práctica común la confu­sión de las dos series de sibilantes, dorso-dentales (/ç/:/z/) y ápico-alveolares (/ss/;/s/), en una sola serie (/ç/:/z/). Una vez admitida en el habla cortesana de Madrid y Toledo la pérdida de la distinción /ç/ /z/, el neologismo encontró poca resistencia en Andalucía, que muy pronto siguió los pasos del reino toledano (Juan Sánchez, 1584). Los cuatro fonemas medievales /ç/, /z/, /ss/ y /s/ se fundieron allí en uno hacia finales del siglo. La solución fue pronto aceptada incluso por las personas más cultas (Alemán, 1609). Un sistema intermedio, con los cuatro fonemas reducidos a dos, /ç/, /z/, se mantuvo, posiblemente, por cierto tiempo97. Pero esos islotes lingüísticos indudablemente no incluían las ciudades andaluzas más importantes.

Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

NOTAS

88 Véase R. Lapesa, «Sobre el ceceo y el seseo andaluces», en Estructuralismo e Historia. Miscelánea Homenaje a A. Martinet, I, ed. D. Catalán, «Biblioteca Filológica», La Laguna: Universidad, 1957, pp. 67-94.

89 En 1570, el sevillano Cristóbal de las Casas, por lo general repetidor pasivo de lo leído en manuales anteriores, sólo nos ofrece un comentario vago: la doble z italiana (¿sorda?, ¿sonora?) se pronunciaba «como entre la c cerilla y nuestra z ablandándola un poco». ¿Sería todavía corriente la sonoridad de la /z/?

90 Amado Alonso no hace uso de la noticia de confusión entre casa y caça y, a propósito de la identidad de los nombres de las letras «ce» y «ze», comenta que «sería demasiado deducir de este texto la igualación de /ç/ y z en Córdoba o en Sevilla en 1584» (De la pronunciación, I, n. 208). Es de notar que Juan Sánchez «nada de provecho dice de la c ni de la z en sus lugares respectivos» (A. Alonso, De la pronunciación, I, p. 304), lo cual disipa las últimas dudas que pudiera haber en relación con nuestras deducciones.

91 J. de Robles, El culto sevillano, ms. de 1631.

92 Véase Amado Alonso, en Boletín del Instituto Caro y Cuervo, VII, 1951, p. 153, n. 44. Como el ceceo ya estaba arraigado en Sevilla desde el siglo XV, no creo que la crisis ortográfica denunciada por Robles dependiera del triunfo de la indistinción entre /ç/ y /ss/ y entre /z/ y /s/, como sugiere Amado Alonso.

93 Robles, en 1631, se nos muestra como un seguro no-distinguidor de /ç/ y /z/ cuando, al usar la ortografía como prueba, defiende la existencia de una pronunciación diferente, no sólo para z y c, sino también para ce, ci y ç (cfr. A. Alonso, De la pronunciación, I, n. 283). La doctrina ortográfica de Robles se basaba en la consideración de que «es falso decir ni entender que en el  ABC hay dos letras que sean tan conformes en el sonido que pueda la una dellas servir por ambas sin defecto ninguno».

94 Correas también rechaza, en nombre de la langue, ciertas peculiaridades de la parole, como son los casos de adaptación de un fonema a su contorno fónico (la asimilación de s ante rr, la labialización de n ante b, p o m, la r doble ante l, n, etc., cfr. arriba, n. 45), ya que «no son bastantes leves afetos de konkursos para alterar letras»; o, por otra parte, las peculiaridades fónicas de una comarca (aunque sean las de su país de origen, Extremadura): «la xe que los Extremeños la pronunzian muy espresa [...] mas [...] estos diferentes afetos no konstituien dife­rente letra, ni es kausa bastante de alterar la eskritura».

95 Amado Alonso tiene plena razón al considerar como intencionadamente oscuros éstos y otros párrafos de Alemán en los que parece incluir a andaluces, toledanos y castellanos viejos en una misma práctica criticable. Alemán, andaluz ceceoso, adopta, como táctica defensiva, la afirmación de que, si los andaluces cometen una transgresión al confundir s y c, los de Toledo y Castilla la Vieja no carecen menos de defectos, ya que confunden /c/ y /z/.

96 Antes de 1618, probablemente hacia 1605, Morales, maestro de escuela primaria de Montilla (Córdoba), señala que /ç/ tenía un sonido «que es el mesmo de la z, algo mas recio» y que /z/ «tiene su pronunciación y sonido como la c castellana [...] algo mas floxo»; y da como regla la de que «los nombres que con fuerça se pronuncian a de ser ç y los que algo floxamente z». Morales parece con ello describir una oposición /z/ sonora : /ç// sorda que quizá aún sobrevivía en unos pocos rincones conservadores. Pero, como señala Amado Alonso, probablemente nos hallamos ante reliquias de caracterizaciones previas tomadas de manuales. Conviene recordar a este respecto que, como el propio Morales nos dice, a su alrededor «muchas personas y lugares pronuncian mal la s poniendo en su lugar c y otros al contrario», y estos ceceosos seguramente no distinguían /s/, /z/ sonoras de /ss/ /ç// sordas, ya que el propio Morales iguala /ss/ con /s/.

97 Si diésemos crédito a Morales, quien, al menos teóricamente, distingue entre la /ç/ sorda y la /z/ sonora, al tiempo que denuncia el triunfo del ceceo (véase nota anterior). La dialectología moderna ha descubierto la existencia de s y z sonoras en un pequeño grupo de pueblos andaluces muy aislados, en el interior de la Sierra de Cantinero (al sur dé Córdoba, lindando con Granada y Jaén). «Encontramos por dicho camino [de Priego a El Higueral] un pastor de la Parrina que distinguía s y z, frente a la confusión característica de Rute, Priego, Alcalá la Real, etc.; pero lo que más nos sorprendió fue que pronunciase ambos sonidos como consonantes sonoras. Un muchacho de un cortijo, encontrado poco después, presentaba el mismo fenómeno. Hablamos con unas mujeres de La Laguna, las cuales también distinguían y sonorizaban. En El Higueral comprobamos más ampliamente dicha pronunciación». «La sonoridad era unas veces clara y plena y otras tenue y apagada». Según los ejemplos recogidos y la declaración de los investigadores, la sonoridad afectaba a /z/, /s/ y a /ç/, /ss/ ([meźa, doze, kabeza, panza]; y, por fonética sintáctica, podía incluso extenderse a la inicial: [-zinko, -źei]). No había, pues, resto de la oposición fonológica sordez : sonoridad, ya que las variantes sonoras y sordas funcionan como variantes articulatorias del mismo fonema (RFE, XX, 1933, p. 241).            

CAPÍTULOS ANTERIORES:  EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

ADVERTENCIA

1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

*   2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

*   3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

*   4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

*   5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

*   6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

*   7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

*    8.- 7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII)

*   9.- 8. EL CAMBIO EN LA NORMA CORTESANA, VISTO POR LOS GRAMÁTICOS EXTRANJEROS

10.- 9. EL ESPAÑOL ORIENTAL ANTE EL TRIUNFO DE LA NUEVA NORMA DE MADRID

       Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

Imagen: Letra mayúscula Z de Albert Durero.

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