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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

16.- 10. SUBVERSIÓN DE LA ESTRUCTURA DE LA SEGUNDA SECUENCIA: EL TRIUNFO DEL AMOR EN LA MUERTE

16.- 10. SUBVERSIÓN DE LA ESTRUCTURA DE LA SEGUNDA SECUENCIA: EL TRIUNFO DEL AMOR EN LA MUERTE

10. SUBVERSIÓN DE LA ESTRUCTURA DE LA SEGUNDA SECUENCIA: EL TRIUNFO DEL AMOR EN LA MUERTE. II  PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

       l interés predominante de los transmisores peninsulares del romance por la trage­dia de don Juan vista en relación con su función de «esposo» (y dejando, por tanto, en segundo plano la tragedia en tanto en cuanto «hijo único» y en tanto en cuanto «padre de un heredero») llegó a hacer en un momento dado inadmisible la estruc­tura tradicional de la segunda secuencia del romance, la de su testamento, concebi­da, por fidelidad a los hechos históricos, como una entrevista con su padre (o, todo lo más, con los padres). La amada esposa no podía seguir figurando en el romance únicamente como objeto de las recomendaciones de don Juan a sus padres y como silenciosa sombra que, en el minuto final, cruza el escenario.

      Cuando ahora se haga presente en la escena, interrumpiendo el diálogo con el padre:

— ¡Apartaros, caballeros,    que allá va la desgraciada!112

— ¡Arredren, señores, arredren,    que ahí viene la desgraciada!113;

— ¡Hagan corro, los señores,    que viene la enamorada!
Esta se puede llamar   viuda sin ser casada114;

— Mírela por dónde viene    por enmedio de la sala,
toda cubierta de luto,    un velo negro a la cara115;

Y estando en estas razones,    entra ella por la sala,
desmelenado el cabello,    el rostro bañado en agua116;

Estando en estas razões,     dona Isabel que chegava,
descalça e em cábelo,     seus pés de brancos mirava,
deitando as mãos a cabeça,      chamando-se desgraçada117,

la esposa ya no carecerá de voz. El príncipe y la princesa, el amado y la amada, se apoderarán con su diálogo de la escena.

      La tradición oral moderna presenta dos desarrollos de este diálogo muy distin­tos (aunque no siempre mutuamente excluyentes).

      El más común, extendido por todos los tipos mayoritarios del N.O. de la Península118, es muy similar al que en la tradición sefardí sostenía el príncipe con sus padres119:

— ¿Dónde vienes, la mi luna,    dónde vienes, bien de mi alma?
— Vengo de San Salvador,    de oir la misa del alba,
de pedir a Dios del cielo    te levantes de esa cama.
— Sí me levantaré, sí,    el lunes por la mañana,
en un ataúd de pino    y una sábana de holanda;
me llevarán a la iglesia    mucha gente en mi compaña,
tú te quedarás llorando,    muy triste y desconsolada.

      Aunque los versos por mí escogidos para ejemplificar el episodio tienen múltiples sustitutos que matizan la información en formas varias 120, la estructura de la escena es muy fija (salvo en la tradición portuguesa, que pone en boca de don Juan una respuesta muy distinta, según luego veremos) 121.

      La otra concepción de la llegada de la esposa-amada ha quedado arrinconada en áreas apartadas y dispersas: en el pequeño grupo de versiones «Cántabras», en el tipo «Astur-Galaico», extendido por Lugo, el Occidente de Asturias y los valles altos del Sil y el Cúa, y en dos versiones independientes muy singulares, una de Ourense (Paradaseca a) y otra sin lugar. Según esta otra concepción, la esposa o amada viene a regalar al enfermo con un manjar delicado:

— Amante del alma mía,    amante mío del alma,
tomarás esta perita    en vino blanco mojada122;

— ¿Comeráste, mi marido,    una pera en dulce asada?123;

— Aquí te traigo tres peras,    tres peras y una manzana,
¿si las comieras, mi vida,    si las comieras, mi alma?124

Regalo que el enfermo acepta, como última muestra de amor:

— Sí la comeré, esposita,    por ser de tu mano dada125;

— Yo comer, bien la comiera,    cebándomela quien me la daba126,

y, seguidamente, los enamorados, enlazados en un tierno abrazo, lloran juntos su próxima separación:

Juntaron rostro con rostro,    juntaron cara con cara127,

llora el uno, llora el otro,    la cama riegan en agua128,

pasaran siete colchones,    siete sábanas de holanda129;

o

a los gritos y a los llantos,    manaba una fuente clara 130.

Bénichou, aunque no es indiferente a la belleza de la escena («yo no me atrevería a decir que es mala poesía») consideró esta invención, que creía privativa de unas cuantas aldeas de Cantabria, como «otro ejemplo de poesía indudablemente rústica, hecha con materiales, pensamientos y patetismo plebeyos»131, juicio totalmente des­carriado, pues como ha notado Jesús Antonio Cid132, la escena es una reminiscencia del Tristán e Iseo romancístico, cuyas versiones impresas en el siglo XVI decían:

Juntan se boca con boca    quanto una missa rezada;
llora el uno, llora el otro,    la cama bañan en agua133;
el agua que de allí sale   una açucena regaua134.

[Y, conviene recordar, el romance viejo de Tristán e Iseo no hace en esta escena sino reproducir la creada por Thomas en el poema medieval de Tristan como re­mate de toda la historia (w. 3116-3126):

Embrace lë e si s’estent,
baisse la bouchë e la face
e molt estreit a li l’embrace,
cors a cors, buche a buche estent.
Sun espirit a itant rent
e murt dejuste lui issi
pur le dolur de son ami.
Tristant murut pur sun desir
..........................................
e la bele Ysolt par tendrur.]

      La incorporación de estos motivos del romance de Trístán e Iseo al de la Muer­te del príncipe don Juan no es, tampoco, fruto de una «contaminación» reciente (de los últimos siglos), ya que el romance de tema artúrico no se ha recogido nunca en la tradición oral moderna. De hecho, bien podría ser del propio siglo XV o prime­ros años del siglo XVI, ya que nos consta que, con el incipit «Mal se quexa don Tristán» formaba parte del núcleo de romances de tema amoroso que la reina Isabel, el príncipe don Juan, la Princesa de Portugal, las infantas y sus damas gustaban can­tar en la corte pocos años antes de la muerte de don Juan, en 1495-1496. Así nos lo revela el Juego trobado que hizo a la reyna Isabel con el qual se puede jugar como dados o naypes Pinar, juego en que «las coplas son los naypes y las quatro cosas que van en cada vna d’ellas han de ser las suertes». En él se halla, entre otras similares, la siguiente estrofa:

Un fresno, dama, os presento
con vna grúa crescida
y entre tanto el pensamiento
piensa en qué serés seruida.
Y el romançe que aquí os den
es aquel c’aueys oydo
mucho triste y dolorido:
Mal se quexa don Tristán.

Y el refrán dicho por nombre
Que a las vezes lleua el ombre135.

      Las dos escenas de despedida, una con la «evocación de la propia muerte, dominada, no por la angustia de morir, sino por la compasión a la esposa desamparada» (como resume certeramente Bénichou136), otra con la comunión amorosa y fu­sión de los enamorados en el llanto, empujaron la narración hacia un desenlace pa­tético, en que la esperanza de sucesión, el niño, no es obstáculo para que el amor conduzca a la madre al encuentro de su amado en la muerte:

Él murió a la medianoche      y ella al resquebrar el alba

coinciden en decir, no sólo las versiones «cántabras» y, con expresión algo diferente, las «astur-galaicas», sino también las de la «Montaña astur-leonesa», que tienen evocación de muerte y de entierro. La unión en la muerte no exige la eli­minación del niño (aunque la favorezca, pues en las versiones «cántabras» no hay ya embarazo). Así, en el tipo «Astur-Galaico» se nos puede presentar a la enamorada

con la barriga en la boca,    daba dolor el mirarla

 (o «para parir muy cercana»)137 y, sin embargo, rematar la narración diciendo:

Estando comiendo una,    el alma se le arrancaba.
Don Pedro murió a la noche,    Teresita a la mañana.
Y aquí se acabó la historia    de dos amantes del alma138,

o, más claramente aún:

Y aquí se acaba la historia    de dos amantes del alma
que por quererse y amarse    a Dios entregan el alma139,

sin que el arrastrar a la muerte al hijo en avanzado estado de gestación impida la unión de los dos amantes en el cielo 140; o incluso, en la propia tierra, mediante las transformaciones de los cuerpos en árboles, aves, etc., típicas del romance de El conde Niño o Amor más poderoso que la muerte141 (y expresadas con los versos típi­cos de este romance; una contaminación, pues, oportuna)142:

Uno entierran en el coro    y el otro al pie del altar.
De ella naciera una oliva   y de él nació un olivar,
cuando el aire era fuerte    ambos se iban a juntar...143.

El triunfo del amor (aunque sea en la muerte) se produce, por tanto, arrollando los deberes de procreación; problema moral éste explícitamente resuelto en favor del derecho de la mujer a escoger la muerte y no parir, en una versión de Páramo de Sil (León):

Él murió a la media noche,     y ella al romper el alba.
A ambos los van a enterrar     en unas andas de plata.
Cuando van por el camino,      su conversación llevaban:
— No tengo pena el morirme,    la muerte no es escusada,
tengo pena por el niño,     que va en las mis entrañas.
— Pues el niño es tuyo y mío,    que a nadie le importa nada.

Esto es, el no nacimiento del niño a nadie debe importarle.

      Frente a este desenlace, en que la enamorada sigue al enamorado en la muerte, las versiones del tipo «Castellano-Leonés» y las del tipo «Picos de Europa» precipitan la «respuesta» de la esposa, haciendo que, incapaz de soportar la evocación que don Juan hace de su propia muerte, sufra un desmayo mortal:

Estando en estas palabras    ha caído desmayada;
ni con agua ni con vino    fueron de resucitarla.

El desmayo da lugar al nacimiento, mediante cesárea, del niño; pero sin más transcendencia que salvar al inocente, mediante el bautismo, del limbo, ya que

Todos tres mueren a un tiempo,    como tres palomas blancas,
los tres fueron a gozar    a la celestial morada144.

      A esta lectura del romance como tragedia de amor se superpone, en algunas versiones «cántabras»145 y en la generalidad de las «astur-galaicas», una tendencia a convertir a la joven esposa recién casada en simple enamorada o amante de don Juan. En esa transformación desempeñó un papel prominente, como Bénichou agudamente observa146, la frase sentenciosa «antes viuda que casada» entendida al pie de la letra como «viuda sin ser casada» y, en vista de ello, reemplazada en la tradición peninsular por esta nueva expresión147. Pero en favor de esa lectura tam­bién obraban las huellas, presentes en el romance, de la ardiente pasión amorosa del príncipe por madama Margarita, pasión que para algunos transmisores de la narración debió de parecer excesiva en un contexto matrimonial. Tan natural re­sulta la substitución de la esposa por la amante, que la vemos surgir independien­temente en estructuras del romance muy diversas.

      Así, dentro de la región «Cántabra», la «esposita» de la mayoría de las versiones del tipo, compadecida por el príncipe porque «ni es soltera ni es casada», apa­rece reemplazada en una versión por doña Rosa, compadecida por su condición de «viuda sin ser casada», y, de resultas, cuando ella entra afirmando su derecho a ser considerada viuda del moribundo, produce en la sala donde agoniza don Juan una especial tensión:

Estando en estas palabras,    doña Rosa entró en la sala,
toda vestida de negro    desde los pies a la cara.
— ¡Apartaros, caballeros,    que allá va la desgraciada!—
Los que la conocían,    se apartan de mala gana;
los que no la conocían,    ni de buena ni de mala148.

En la región «Astur-Galaica», a fin de explicar la muerte por amor del príncipe, la historia se dota de un par de secuencias previas a la enfermedad y deshaucio tomadas de un romance del que sólo conocemos una versión pura 149. En ellas se nos cuenta la persecución de la amada por sus propios padres, que resienten el que haya quedado preñada del príncipe:

— ¡Mala filla, mala filla,    que en el fuego seas quemada,
por unha mala dormida    deixache de estar casada! 150
— ¡Cale, cale, ay mi padre,    non diga mala palabra,
que el que buen amor tenía,    muy bien casadiña estaba! 151

Es, sin embargo, la tradición portuguesa la que desenvuelve con mayor decisión esta línea evolutiva del romance, modificando su estructura tradicional sin necesidad de acudir a materiales proporcionados por otros romances (según Bénichou ha puesto de manifiesto, corrigiendo la primera impresión de María Goyri 152). Pero en Portugal el romance ya no es la «historia de dos amantes del alma»; otras preocupaciones dominan.

 Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

112  Pesaguero (Cantabria], de tipo «Cántabro».

113  Rihonor de Castilla (en Sanabria, Zamora), de tipo «Castellano-Leonés».

114  La versión sin lugar (citada en la n. 31).

115  Luriezo (Cantabria), de tipo «Cántabro».

116  «... desmelenado el cabello,    la cara cubierta de agua», Casares a (León); «...con los cabello tendidos    y el rostro bañado en agua», Buiza (León). Y, semejantes, muchas versiones del tipo «Mon­taña astur-leonesa»

117  Según cinco versiones de Trás-os-Uontes (con ligeras variantes): Parada, Carviçaes b, Sambade, Duas Iglejas, Vimioso. Son similares varias otras versiones del tipo «Portugués».

118  Versiones de los tipos «Cántabro», «Picos de Europa», «Montaña astur-leonesa», «Castellano-Leonés», «Alba de Aliste», «Astur-Galaico» y «Portugués» (con raras excepciones).

119  La transferencia del motivo al encuentro con la esposa se da también en una versión sefardí de Marruecos y en otra de Oriente: «¿Dónde estabas, mi mujer,    mi mujer y siempre amada?» (Tánger a), «¿De ande venix, la mi mujer,      tan harbada y tan matada?» (Lárissa).

120 Para la gran variedad del discurso empleado, véase CGR, III, pags. 407-408 (primer verso), 406-407 (segundo y tercero), 408-409 (cuarto y quinto), 412-413 (sexto), 413-414 (séptimo), «DISC», secuencia 2111: t, s, u, at, au. Cito aquí sólo, como ejemplo, las variantes del primer verso: < Dónde (~ de dónde ~ do) vienes, la mi esposa (~ ay mi niña ~ prenda mía ~ perla mía ~ la mi luna - cristalina ~ bien de mi vida ~ mi bien ~ Teresina ~ Ricardina) (~ < donde vens, dona Isabel ~ < tu que vens aquí fazer), > dónde vienes, bien de mi alma (~ > regalo de la mi alma ~ > Ricardina de mi alma ~ > retrato da minha dama ~ > minha formosa madama ~ > prenda de las mis entrañas ~ > minha prenda deseja-da ~ > dónde vienes, la mi esclava ~ > minha rosa encarnada ~ > dónde vienes, doña Ana)? [Vid, Bur, Pal, Zam, BeB, BeA, TrM, Mnh, Lug, Ovi, Leo, San} ~ < Dónde vienes, doncellina, > tan hermosa y tan bizarra? [Leo] ~ < Dónde vienes (~ venís), la mi esposa (~ mi mujer ~ Ricardina), > tan triste (~ tan llorosa) y desconsolada (~ y apesarada ~ y tan destrozada)? [Zam, Lug, Leo] ~ < Dónde vienes, la mi esposa (~ queridina ~ Ricardina), > tan sola (~ triste ~ llorosa) y tan de mañana (> tan temprano y de mañana ~ > sola y triste y de mañana)? [Zam, Leo, Ovi, Pal, San] ~ < Dónde vens, dona Isabel, > descalca e desgrelhada (~ > descalcinha e em cábelo ~ > descalca por a geada ~ > com a cor tao de­mudada)? [TrM] ~ < Tu que tens, dona Isabel, > que vens tao desgarrada (~ atrapalhada)? [TrM] ~ < Dónde vienes, la mi esposa (~ tú, mujer ~ Teresina), > tan rendida y tan cansada (~ > tan cansada y fatigada ~ > que vienes tan sofocada ~ > que tu vens tao desrnaiada)? [Zam, Leo, Ovi, Portugal] ~ < Dónde vienes, la esposita, > que vienes tan enlutada? [Pal] I < Dónde vienes (~ fuiste), mi esposa (~ Silvanita ~ Teresita), > que tanto fue (~ dónde ha sido) tu tardanza (~ > dónde vés, que tanto tardas ~ > bien venida y tan tardada)? [Ore, Ovi, Leo, Zam} I < Qué es esto, la mi mujer, > qué es esto, mujer del alma? [San].

121  Véase adelante, § k. Hay alguna que otra versión portuguesa que sigue fiel a la estructura del romance dominante en el N.O. de España: Ligares a, Carvicaes b, Sambade (Trás-os-Montes).

122  Sarceda (Cantabria).

123 Cito el primer octosílabo por la versión de Tresabuela y el segundo por la de  Pesaguero  (Cantabria). Son muy semejantes la mayoría délas versiones de tipo «Cántabro».       

124 El primer octosílabo citado lo tomo de Queixoiro y el segundo de Cuiñas   (Lugo). La mayoría de las versiones de tipo «Astur-Galaico» son semejantes.

125  Tresabuela (Cantabria). Son muy semejantes las otras versiones de tipo «Cántabro».

126  Serandinas (Asturias), versión recogida en 1889. Otras versiones de tipo «Astur-Galaico» son semejantes.

127  Paradaseca a (Ourense, versión descrita en la n. 30). Hay versos semejantes en la versión espa­ñola sin lugar (descrita en la n. 31) y en Pesaguero, Luriezo y Tresabuela, de tipo «Cántabro».

128  Tomo el primer hemistiquio de Pesaguero y el segundo de Luriezo (Cantabria); son similares a los citados los que no incluyo de una y otra versión. En Paradaseca a: «tantas eran las lágrimas    que toda a cama regaran».

129  Paradaseca a (Ourense).

130  La versión española s. 1. (descrita en la n. 31).

131  P. Bénichou, Creación poética, p. 106.

132  En un trabajo inédito (cuya consulta me facilitó, amablemente, el autor).

133   Tomo los versos del texto impreso por Martín Nucio, c. 1547-48, en su Cancionero de Romances, Anvers, s. a. En los pliegos sueltos se dan las siguientes variantes: «Tanto están boca con boca    como vna missa rezada / llora el vno (~ el vna) llora el otro,    la cama toda (~ toda la cama) se baña (~ vana)». He manejado los siguientes: a. Romance de don Tristã  nueuamente glosado por Alonso de Salaya cõ  otras obras suyos (sic), olim Bibl. del Duque de T’Serclaes (DicARM 509); es el pliego cita­do por Fernando Colón en su Abecedarium, 12200 (sobre este pliego, cuya foto poseo, pero cuyo ori­ginal no es hoy localizable, véanse las pp. 368-369 de D. Catalán, «Los pliegos perdidos del Duque de T’Serclaes», Homenaje a Alvaro Galmés de Fuentes, III Oviedo-Madrid: Univ. de Oviedo y Credos, 1987, pp. 361-376); b. y c. Glosa del romance de dõ (~ don) Tristan... Praga, Universitáts Bibl. XVIII (DicARM, 883) y Madrid, Bibl. Nac. R-9425 (DicARM, 882), dos ediciones; d y e. Aquí comiençan diez maneras de romances... Madrid, Bibl. Nac. K-2298 (DicARM, 658) y Aquí comiençan onze maneras de romances [Burgos, 1515-1517], Londres, British Mus. G 11022(5)-(7) (DicARM, 668).

134  Cito por el Pliego suelto R-2298 de la Bibl. Nac. y el G 11022(5)-(7) del British Mus. Los otros tres pliegos dicen «del agua que dellos sale» y el Cancionero, s. a. cambia el verso en «allí naçe vn ar­boledo    que açuçena se llamaua».

135 El Juego trabado se incorporó al Cancionero general recopilado por Fernando del Castillo (Va­lencia, 1511), donde la estrofa citada se halla en el f. CLXXXV. Véase la ed. de A. Rodríguez Moñino: Real Academia Española, 1958.

136  Bénichou, Creación poética, p. 102. Don Juan, cuando la ciencia le deshaucia, acepta con resig­nación cristiana su muerte prematura; pero aunque el médico le aconseja (en los tipos «Castellano-Leonés» y de «Picos de Europa») emplear prioritariamente el breve plazo que tiene de vida en preocupaciones espirituales («otra hora y media os queda    para encomendar vuestra alma» o «una para disponer    de las cosas de tu alma, / media para despedirte    de la gente más cercana»), el dedica si últimos momentos a resolver el futuro de su esposa.

137   Variantes: «Con la barriga en la boca (~ < con su vientre a los pechos) > para parir muy cerca na (~ > que es alabanza mirarla ~ > que causa pena mirarla ~ > que daba duelo mirarla ~ > que liega muy sofocada)» en una mitad de las versiones del tipo «Astur-Galaico» (según el CGR III, p. 410).

138  En una mayoría de las versiones del tipo. Sólo el primer verso es variable: «< A los pnmei bocados (~ < y al primero bocado ~ < con el bocado en la boca ~ < no comió la mitad de una ~ < es­tando comiendo el una ~ < estando en el medio de una ~ < estándosela agarrando) > a Dios (~ a Cris­to) entregó su alma (~ > su alma a Dios entregara ~ > a mi Dios el alma daba ~ > ya Dios le arrancaba el alma ~ > ya se le ha arrancado el alma ~ > el alma se le arrancaba)», según una mitad de las versiones de tipo «Astur-Galaico»; «< y terminando la pera > y empezando la manzana, < ’tando empezan­do la pera > y el alma se le arrancaba» Corralín, Asturias. Véase CGR, III, p. 406.

139  Cabanín (Asturias).

140  Versiones «astur-galaicas» de Alvaredo y Queixoiro.

141  Denominación que, muy acertadamente, dio al romance R. Menéndez Pidal en Flor nueva de romances viejos, Madrid: Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1928, pp. 157-159.

142  Aunque sólo ocurra en la versión de Serandinas, en el Occidente de Asturias, recogida en 1889. Inmediatamente antes del primer verso citado, esta versión incluye, como las restantes del tipo «Astur-Galaico» el explicit que enfatiza el sentido del romance: «A los postreros bocados    ya Dios le arrancaba el alma. / Don Carlos murió a la noche,    Teresa por la mañana. / Ahora véase aquí la histo­ria    de (los) dos amantes del alma».

143  El tema sigue íntegro: «La reina, como traidora,    ambos mandara cortar. / De ella nació una paloma,    él fue un palomín galán; / a la ventana ’e la reina    ambos fuéronse a posar...», etc. No se omite el motivo, propio de una amplia área de la tradición, de la conversión en fuente (y río caudal), con poder de curación, utilizado para poder «castigar» a la reina persecutora de los enamorados.

144 Tipos «Castellano-Leonés» y «Picos de Europa», más algunas versiones fronterizas de tipo «Astur-Galaico» influidas por el tipo «Castellano-Leonés». Variantes: «los tres murieron a un tiem­po»; «todos tres vais (~ van) a gozar» o «se van a gozar de Dios»; «de Dios a la gloria santa» o  «a aquella tierra adorada» o «de la bienaventuranza». Algunas versiones la substituyen por expresio­nes análogas: «Estas almas, todas tres,    para el cielo caminaran»; «y con licencia de Cristo, mas al cielo vayan», etc. (véase CGR, III, p. 422).

145  Pesaguero y Sarceda (Cantabria).

146  P. Bénichou, Creación poética,  pp.114-115. 

147  La expresión «vïuda (~ viudita) sin ser casada» figura en las versiones de España s. l., Pesaguero (Cantabria), Buxán a y b, Paradaseca b (Ourense), Figueruela de Abajo, Torre de Alcañíz (Zamora) y «viúva sem ser casada» en múltiples versiones de tipo «Portugués». Análoga es la fórmula «ni es soltera ni es casada» común en las versiones de tipo «Cántabro» (aunque frecuentemente aplicado a «mi mujer», a «la mi esposa») y más explícita la que redistribuye la información entre los dos hemistiquios del verso «(Bien te puedes llamar) viuda    sin haber sido casada», utilizada en Soto de Sajambre (León).

148 Pesaguero (Cantabria). Versión publicada por J. M. de Cossio y T. Maza Solano, Romancero po­pular de la Montaña, I, Santander, 1933, p. 51.

149 La amante del príncipe maldecida (IGR 0253). La versión pura de este romance fue recogida en La Cova (Luso) por E Martínez Torner (con su música). Comienza: «Por las calles de Madrid, junto de un caño de agua / se pasea una señora     con la hija muy honrada. / — Maldita seas, mi hija,    y de Dios s quemada / por una noche de gusto     dejaste de estar casada.- / El hijo del rey, que le es­cucha,     estas palabras le daba; / -A paso, a paso mi suegra, a paso, no era nada.- / Y, estando en estas razones,     estas palabras le daba: / — Su hija ha de ser mi mujer     y ha de ser mujer honrada…» La hija, cae enferma, es deshauciada por el médico más sabio; le hacen la cesárea y extraen un niño- el niño se desarrolla prodigiosamente y destrona al abuelo que quiso quemarlo.

150 Cito el primer octosílabo por la versión de Barangón (Lugo), el segundo por las versiones de Serandinas (Asturias) y  Queixoiro (Lugo) y los dos siguientes de nuevo por la de Barangón. La maldición materna o paterna, figura en 16 versiones del tipo «Astur-Galaico».

151 La respuesta sólo figura en tres versiones del tipo «Astur-Galaico»: Barangón y Cuiñas (Lugo) y Villarino del Sil (León). Cito los tres primeros hemistiquios por la versión de Cuiñas y el cuarto por la versión de Barangón. En Villarino la réplica va dirigida a la madre. 

152  M Goyri (1904) que sólo contaba con la versión procedente de Minho publicada (y retocada) por J. B. Almeida Garrett, Romanceiro, III. Romances cavalherescos antigos, Lisboa: Imprensa Nacio­nal 1851 pp 32-35 (n° XXI) (reproducida por Th. Braga, Romanceiro Geral, Coimbra, 1867 p. 55 , creyó que el peculiar tratamiento del tema era debido a una contaminación con otro romance (p. 30). P. Bénichou, Creación poética, pp. 112-113, al poder manejar 16 versiones portuguesas más o menos similares a la amañada por Garret, vio más claro el origen de las novedades estructurales.

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

*   12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

*    13.- 7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES

*    14.- 8. LA «EPHEBI FILII SENEX FORTITUDO»

*   15.- 9. LA PASIÓN AMOROSA POR MARGARITA

  Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada
Letras capitulares
Ehmcke Fraktur

15.- 9. LA PASIÓN AMOROSA POR MARGARITA

 

9. LA PASIÓN AMOROSA POR MARGARITA. II  PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

      [ diferencia de lo que ocurre en el texto manuscrito del siglo XVI,] la atención preferente, prestada por la tradición judía, al dolor paterno, ha reducido, pero no eliminado, la función testamentaria del diálogo, que la tradición cristiana se encar­gará de enfatizar. El hijo agonizante del relato sefardí, más que preocuparse en dis­poner del futuro de su mujer y de su hijo póstumo, como hizo el príncipe en el tes­tamento histórico al que luego aludiremos, se angustia ante la viudedad triste y prematura de su joven esposa. Para reforzar esa dolorosa impresión, el romance, tanto en Oriente como en Marruecos, hace surgir inesperadamente en escena a la desdichada recién casada, cuando ya la vida del hijo del rey se está acabando. En las versiones de Oriente, inmediatamente antes o inmediatamente después de consignar que al mancebo le llega su hora («Estas palavras diziendo,    la campana ya sonava») una voz ordena de pronto:

— ¡Apartad, la buena gente,    que pase la malograda!

y en Marruecos, el romance se cierra con la siguiente escena:

Ellos en estas palabras,    la esposa por ahí entrara,
toda vestida de luto    y un velo negro a su cara.
— ¡Apartad, condes y duques,    que pase esta desgraciada!
Por ésta se ha de decir:    Antes bivda que casada.

      Esta hermosa visión, en que el romance sefardí incorpora la sombra silenciosa de la recién casada al duelo, es anti-histórica, dado que, a fin de evitar un posible aborto, no se permitió a la princesa acompañar al príncipe en sus últimos momentos 95. Pero, a pesar de ello, tiene, una profunda base histórica. La evocación antici­pada de la viudedad de la princesa, por su agonizante marido, surge también con especial relieve en la narración de Ortiz (f. 2r):

¡He dolor de la biudez muy amarga de mi muy amada esposa!

exclama el príncipe.

    Y buelto al Rey su padre, dixo: ¡O padre mío, dulçor de mi vida, ante que d’esta vida parta, tres cosas recomiendo a tu fe real... Item. Grand misericordia me mueve y soy con increyble angustia turbado por la desaventura y quebranto de la prinçesa mi muy cara esposa («commoveor misericordia et angustia incredibili premor proprie uxoris tam cara merorem»), que, viendo se biuda de mí, biuirá días de lloro («me viduata dies luctus et acerbitatis perpetuus aget»).

      La presencia de la esposa en la imaginación de don Juan era tan obsesiva y te­nía tal realidad que el moribundo la seguía deseando en la agonía:

    Requiría a menudo, demandando consejo, al confessor para alimpiar las manzillas de su consçiençia... y commo la recordaçión de su esposa tocasse muchas vezes su ánima y con su deseo su ánima se enflamasse («cumque coniugis recordatio frequenter animum eius pulsaret atque eius desiderio fragraret»), boluióse al padre espiritual diziendo: ¡O padre, enflaquesçe mi ánima con el deseo de mi muger, pregunto te si es digno de culpa este amor de mi propria muger! («Langueo proprie conjugis dulcissime desiderio numquid amor huius culpabilis sit erga vxorem»). Al qual respon­dió el confessor: Este es verdadero deudo, animado con el engrudo del sacramento Ihesu Christo, en el qual la fe d’este sacramento es vna prinçipal cosa, por la qual son dos fechos vna carne, el coraçon vno y el ánima vna96.

      Ese desesperado intento que hace la imaginación del joven moribundo de prolongar hasta la muerte la gozosa posesión de la mujer amada, recogido en el Trata­do de Ortiz, explica el llamativo emparejamiento de tropos empleado por el Cura de los Palacios para dar noticia de la muerte del heredero de los Reyes Católicos:

    Estando en el hervor de su plazer, llegó el príncipe don Juan sosodicho, por sus ciertas jornadas, al cabo del viaje de su peregrinación que vino a andar en este mísero mundo97,

y nos obliga, por lo tanto, a considerar menos sorprendente la conversación que incluye la singular versión romancística de Soto de Sajambre (León) 98. En ella, la reina subraya apesadumbrada:

— Bastante le dejas, hijo,    para tan poco gozarla,

contraponiendo los dones que el príncipe quiere que le respeten a su esposa, con la brevedad de su matrimonio; a lo que don Juan contesta:

— Bastante la gocé, madre,    que de mí queda preñada,

tomando el verbo «gozar» en su tercera acepción del Diccionario de la Academia.

      Estas alusiones al placer dentro de la vida conyugal son, sin duda, un rasgo que individualiza extraordinariamente la historia del príncipe 99,  haciendo aún más es­trecha la relación entre casamiento y muerte que la que señalaba ya el corto espa­cio transcurrido entre ambos sucesos. Fue el 4 de abril de 1497, seis meses antes de morir, cuando, tras esperar el paso obligado de la Semana Santa 100, «nuestro joven, ardiendo en amor —según comenta Pietro Martire— consiguió de sus padres se le dispusiera el lecho matrimonial, llegando por fin, a los deseados abrazos» 101 con madama Margarita. Pero habían pasado sólo un par de meses y ya la multipli­cación de los deseados abrazos y el continuado hervor del placer tenían alarmados a los médicos del príncipe y al propio rey Fernando, aunque no a la Católica reina, acostumbrada a la natural robustez de su marido, según cuenta la desenfadada pluma del humanista italiano, en carta al Cardenal de Santa Cruz de 13 de junio de 1497 102.

     En días anteriores te escribí, purpurado príncipe, lo que aconteció en Burgos a la llegada de la regia nuera Margarita. Mas pasé en silencio mi opinión sobre ella, por­que todavía no la conocía lo suficiente. Si la vieras, te harías una idea de que estabas contemplando a la misma Venus. Cual en belleza, porte y edad pudo Marte desear a Citerea, tal desde Flandes nos la enviaron, sin desfigurar con ningún afeite, sin arreglar con ningún arte. Dirías que era Oritia escapada de las manos del helado Boreas. Pero temblamos al pensar que todo esto algún día nos acarree a nosotros la infelici­dad y la perdición a España. Preso en el amor de la doncella, ya está demasiado páli­do nuestro joven Príncipe. Los médicos, juntamente con el Rey, aconsejan a la Reina que alguna vez que otra aparte a Margarita del lado del príncipe, que los separe y les dé treguas, alegando que la cópula tan frecuente constituye un peligro para el Prínci­pe. Una y otra vez la ponen sobre aviso para que observe cómo se va quedando chu­pado y la tristeza de su porte; y anuncian a la Reina que, a juicio suyo, se le pueden reblandecer las médulas y debilitar el estómago. Le instan a que, mientras le sea posi­ble, corte y ponga remedio al principio. No adelantan nada 103.

      Que el origen de la misteriosa enfermedad del príncipe fuese el «amor», lo cree también el romance. Lo declara llanamente el verso

Malo está don Juan de amores,    muy malo está en la su cama,

conservado en una versión española de Asturias (y deformado en otras dos, una igualmente asturiana y otra de Sevilla)104 y lo confirman muchas portuguesas, en las cuales se afirma:

Que estava dom João á morte,    doente por sua dama105;

Y creo que también lo sugieren, aunque en forma metafórica106, tres versiones muy alejadas entre sí geográfica y estructuralmente107, que atribuyen el origen de la enfermedad a un «accidente»:

El señor príncipe don Juan    está malo en Salamanca,
que cayó de su caballo    a las puertas de su amada,
por cortar un ramo verde   y ponerlo en su ventana.

      El notorio amor del príncipe a la princesa obliga, por otra parte, a que no consideremos deformación novelizadora, ajena al tema del romance primigenio, la ten­dencia mayoritaria de la tradición cristiana a hacer girar preferentemente la entrevista con el padre (a veces con la madre) en torno a la esposa y su futuro. La ma­dura entereza y resignación con que el joven afronta la muerte, que en la carta de Pietro Martire y el Tratado de Ortiz ocupan el centro de la exposición, en el romance interesan sólo para destacar, por contraste, lo único que al príncipe enton­ces le «pesa» y que el canónigo, según vimos, deja bien de manifiesto en el relato de los últimos momentos del joven agonizante108:

— Pésame de mi esposita,    es niña y queda preñada109.

Le pesa dejarla, le pesan sus pocos años (tenía de hecho 17 años) y le pesa su embarazo, por más que suponga una esperanza de heredero. De ahí que la entregue al cuidado de los padres, suplicándoles que la tengan por hija:

— Padre mío, la mi esposa    a vos la dejo encargada.
Partirán bienes con ella    como si fuera mi hermana110.

      Se trata de la misma recomendación (una de las tres) que Ortiz consigna en su Tratado (fols. 2v-3r):

    —Pues, si me fuestes piadosos y muy buenos padres en la bida, sedlo a ella y reçebidla en lugar mío, asy os lo suplico, y aued misericordia de su biudez, queda preñada, y temo d’ella que para (corr. parirá) dolor, llena ella de dolores111.

 Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

95 Apartamiento del cual se queja  dolorosamente el príncipe a su padre el rey (de acuerdo con el Tratado de Ortiz) cuando le dice: «¡Ay, que daré mi espíritu sin consolación de mi madre v sin su bendición y sin saludar a mi muy amada muger que cierre los ojos de su amador en la salida de mi ánima!» («... sine coniugis dulcissime salutatione que claudat amantis oculos in spiritus exalatione»).

96  Estos pasajes ponen de manifiesto que el Tratado consolatorio de Ortiz, a pesar de sus colores retóricos, está lejos de ser, como hubiéramos podido pensar, un relato de la muerte ejemplar del prín­cipe construido sobre tópicos.

97  Bernáldez, Memorias (ed. de 1962, cit. en la n. 62), p. 378.

98  Véase atrás, n. 30.

99  La actitud del confesor del príncipe (fray García de Padilla) y del canónigo Ortiz ante ese placer está, desde luego, aún muy lejos de la moral matrimonial que exigiría la Iglesia a los casados después de la Contrarreforma (Cfr. F. Márquez Villanueva, «Bonifacio y Dorotea: Mateo Alemán y la novela bur­guesa». Actas del VIII Congr. de la Asoc. Int. de Hispanistas, Brown Univ. 22-27 agosto 1983, Madrid: Istmo, 1986, p. 68 y n. 20). Pero, aunque en los tiempos de los Reyes Católicos las buenas costumbres dieran más lugar a la sensualidad, el erotismo de la joven pareja de príncipes resultaba llamativo.

100  El 25 de enero de 1495 el príncipe había otorgado su poder para que contrajera matrimonio en su nombre el embajador Francisco de Rojas y su apoderado contrajo matrimonio por palabras de pre­sente «en la villa de Malinas a cinco dias del mes de noviembre». Pero, según la costumbre real espa­ñola, se celebraron nuevamente los desposorios (previa obtención de una bula papal de 12 Kls. Aprilis a. 1946), poco después de que madama Margarita desembarcase (tras un accidentado viaje) en Santan­der el 6 de marzo de 1497, antes de entrar en Burgos el Domingo de Ramos de 1497 (19 de marzo). Como ya consignamos más arriba, a causa de la abstinencia sexual exigida por el calendario eclesiásti­co, los príncipes no pudieron velarse hasta el día de Quasimodo, 2 de abril de 1497.

101  «Ardens amore noster ephebus, parari sibi genialem thorum a parentibus, impetrat, ad optatos tandem complexus deuenitur».

102  La carta CLXXVI de Anglería, fechada en Medina del Campo (Methinnae Campi) «idibus Iunii. M.CCCCXCVII» (cuando los príncipes y los reyes seguían juntos) dice así en su texto latino: «Superioribus diebus ad te scripsi, purpurate princeps, quae Burgis acta sunt, Margarita regia nuru aduentante. Sed qualem esse intelligerem, quia non dum bene notam, silentio praeterieram. Eam, si videris, Venerem ipsam te intueri arbitraberis, qualem forma, motibus, atque aetate, potuit Mars desiderare Citheream talem ad nos illam belge miserunt, nullo fucco illitam, arte nulla comptam. Orithiam e Boreae vigentíbus manibus elapsam dices, sed, ne ista infoelicitatem nobis et Hispaniae pernitiem aliquando pariant, trepidamus, pallet iam nímis, huius puellae amore pellectus, hic nostri ephebus prin­ceps. Hortantur medici reginam, hortatur et Rex, ut a principis latere Margaritam aliquando semoueat, interpellet indutias praecantur, protestantur periculum ex frequenti copula ephebo imminere. Qualiter eum suxerit, quanue subtristis incedat consideret, iterum atque íterum monent, medullas ledi, stomachum hebetari, se sentiré reginae renunciant. Intercidat, dum licet, obstetque principiis instant, nil proficiunt. Respondet regina, nomines non oportere, quos Deus iugali vinculo iunxerit, separare, principis ab infantia naturae debilitatem arguunt, qui pulliculis gallicinis, rebusque huiuscemodi moli-bus, tamquam inualidus semper fuerit educatus, non nonfidat mariti exemplo proclamant, quem natu­ra miro corporis robore ab vtero formauit, magnum esse Ínter genitorem, et genitum discrimen, repe-tunt, nil tamen auscultat regina, perstat in foemineo proposito, muliere quam numquam induisse hactenus visa est, nunc assumpsit. constantem illam esse semper ego praedicaui, nolim peruicacem, nimium confidit».

103 Y Anglería seguidamente hace suyas las advertencias hechas a la reina de que el príncipe siempre fue criado muellemente y tratado como un inválido, y que no debe creer que el príncipe, de débil naturaleza, pueda seguir el ejemplo de su marido, a quien desde el útero hizo naturaleza un roble.

104  El verso citado figura en una versión de Llanera, dicha por Vicenta Suárez (c. 50 a.), recogida en Salinas por Josefina Sela, 1914. La especificación de que la enfermedad es «de amores», al ir adosa­da al nombre propio, ha sido entendida como parte de él: «Juan de Amores». De ahí que en esa ver­sión se continúe llamando así al personaje que agoniza y que en otras dos versiones, una de El Llamoso (conc. Belmonte de Miranda, Asturias), inf. María Menéndez (c. 80 a.) recogida en 1991 por Jesús Suárez y otra de la tradición gitano-andaluza de Sevilla (la citada en la n. 34), ese verso haya dado lu­gar a construcciones como: «De ver a don Juan de Amores,    que está enfermo en la su cama» y «Va­mos con don Juan de Amores,    que está malito en la cama».

105  Tuizelo (varias) en Trás-os-Montes. Semejantes: Rapa a, Lajeosa (Beira Alta) y una mitad de las versiones de Trás-os-Montes, con variantes como: «com penas da sua dama (~ amada)», «do mal de damas na cama».

106  Según el relato que Anglería le hace al Cardenal de Santa Cruz el 19 de octubre de 1497, todas las puertas de Salamanca fueron adornadas con «ramas verdes» para recibir a los príncipes («...viridantibus ramis cuncti postes cooperti, aulaeis mira Belgarum arte laboratis, domorum parietes contecti»); el romance aprovechó ese recuerdo para su metafórica referencia. La imagen de la caída del caba­llo del príncipe rondador, que a continuación citamos, podría haber sido tomada en sentido literal por Vélez de Guevara al comienzo de su relato de la muerte de don Juan cuando dice: «Después que de la carrera / de aquel caballo, que a España fue el de Troia... / quedó el príncipe don Juan...». El motivo podría también explicarse como debido al recuerdo del accidente mortal sufrido en 1491 por el prín­cipe de Portugal don Alfonso, recién desposado con la princesa Isabel, la primogénita de los Reyes Católicos (según piensan R. Menéndez Pidal y M. Goyri, ed. citada, pp. 158-159), suceso igualmente recordado por el romancero, o ser simplemente, una alusión a la también fatal caída, en las bodas del príncipe don Juan, de Alonso de Cárdenas, que hemos comentado más arriba (como sugiere M. Goyri en un apunte manuscrito).

107 Lerma (Burgos), de tipo: «Castellano-Leonés», Soto de Sajambre (León, descrita en la n. 28), la cual incluye el diálogo (arriba citado) referente al «goce» del amor conyugal, y la versión española s. 1. (descrita en la n. 31), estas dos últimas de estructura muy singular.

108 El verso que a continuación cito (o sus análogos) suele ir en contraposición de la afirmación, arriba citada, de que no le pesa tener que morir pues Dios ha decretado su muerte, o precedido de versos introductorios como «Llamen para acá a mi padre,      tan solita una palabra...»; «Lo que le en­cargo, mi padre,     lo que mucho le encargara...».

109 Con variantes múltiples: «No siento mas que mi esposa,     es niña y queda ocupada», «Padre, mire por mi esposa     que es niña y queda preñada», «Esta niña que ahí queda      ya sabéis que encinta estaba», etc.

110  Ejemplifico con Villaquilambre (León) y Barangón (Lugo). Semejante a Barangón es Cuiñas (Lugo): «Poñerala y dotarala    como si fuera mi hermana».

111  «Si gratia optimi parentes mihi in vita fuistis, illi estote illamque mei loco suscipite obsecro et illius viduitatis miserimini, grauidam relinquo, cui metuo dolorem parturiat plena doloribus».

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

*   12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

*    13.- 7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES

*    14.- 8. LA «EPHEBI FILII SENEX FORTITUDO»

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Letras capitulares
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Imagen de portada: Fragmento  espejo de marfil, fabricado en París, siglo XIV. 

14.- 8. LA «EPHEBI FILII SENEX FORTITUDO»

 

 8. LA «EPHEBI FILII SENEX FORTITUDO». II  PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

      [ese a la similitud existente entre la escena en el manuscrito antiguo y la escena en la tradición sefardí (que alcanza, en el plano verbal, a la conservación de la ponde­ración «qué hará...»), hay que reconocer el enorme progreso estético que represen­tan las versiones tradicionales modernas, en las que el patetismo desgarrador del dolor paterno se expresa con intensidad mayor y recursos poéticos mucho más ri­cos. Esta superioridad innegable se apoya en una «novedad» básica: en dotar al mo­ribundo de un papel activo, sacándole de la situación de mero objeto del duelo]. Al así hacerlo, aparece en la escena un motivo fundamental: frente a la negativa del rey (o de los reyes) a aceptar el hecho y consecuencias de la muerte del heredero, el príncipe muestra inequívocamente delante de (o, incluso, frente a) ellos su serena resignación ante lo dispuesto por Dios. En esta «adición» la tradición judía no va sola; toda la tradición cristiana, peninsular, es heredera de una idéntica concepción. La secuencia suele abrirse con la llegada del padre-rey77:

Estando en estas palabras,    el rey viejo allí llegara;

Estando en estas razones,    entra el padre por la sala,

quien viene, aún esperanzado, a confortar al hijo:

—¿Cómo te va, el mi hijo,    cómo te va en esa cama?;

pero el hijo lo desengaña y, a la vez, da muestras de su resignación ante la muerte:

— Bien me va, mi padre, bien,    porque Dios así lo manda;
tres horas tengo de vida,    hora y media va pasada78.

— No lo siento por mi muerte,    si es la hora llegada79.

— No sentía yo el morir,    que ya mi cuenta está dada80.

— Yo no siento el morir,    que de morir nadie escapa81.

— Yo no me cuesta morir,    que la muerte es heredada82.

— No lo siento por mi muerte    porque tan presto me llama83.

—  ¡Qué poco duraste, mi hijo,    siendo Príncipe de España!
— Bastante duré, mi padre,    morir cuando Dios lo manda84.

       El tema de la «ephebi filii senex fortitudo», como única consolación para los padres en el dolor de perder a su heredero y único hijo varón, es evidentemente el motivo dominante en la entrevista tal como la ha entendido la tradición oral moderna sefardí y española. Esta inversión de los esperados papeles, que su respectiva edad asignaba al rey don Fernando y al príncipe de 19 años, no es una creación romancística surgida a distancia secular del suceso, pues en ella insisten los dos auto­res contemporáneos que con mayor conocimiento y de forma más impresionante dieron cuenta de la entrevista: el humanista Pietro Martire d’Anghiera (Petrus Martyr), testigo presencial del encuentro, en una carta escrita pocos días después85, y el canónigo Alfonso Ortiz, en su Tratado del fallesçimiento de don Juan Príncipe de las Españas, compuesto para consolación de los reyes86. Uno y otro coinciden en la sustancia del diálogo y en los conceptos que utilizaron padre e hijo, aunque cada cual lo expresa según un arte retórica muy divergente (en una limpia y tajante prosa epistolar latina, el humanista; con elocuencia sagrada, el canónigo87). A esas dos artes retóricas hay que agregar la del lenguaje tradicional del romancero, que ya hemos visto como se expresa.

      «La madura (senex) entereza del joven hijo» que según la carta de Anglería dejó admirado al rey88 y que Ortiz, en su reconstrucción de la tragedia, hace, a su vez, ponderar al rey don Fernando cuando da cuenta a la reina doña Isabel de su última entrevista con el hijo moribundo, constituye también el centro de la exposición de los dos narradores literatos contemporáneos del suceso:

    llegado ante el príncipe, el rey «lo anima a que tenga valor y no decaiga, recor­dándole que en muchas ocasiones la esperanza ha acarreado la salud a personas gra­vemente enfermas»89 (según Anglería); pero el hijo «previno» al rey (según Ortiz, f. 2r) de «que sentía acercársele la muerte»90 (Anglería), requiriendo su bendición para caminar «commo peregrino a rregión longínca» (Ortiz, f. 2r), y «virilmente, rogó y suplicó al padre que lleve con entereza»91 lo inevitable (Anglería) y se pliegue a la vo­luntad de Dios (Ortiz, Anglería) pues él, por su parte, «no se contrista porque le qui­ten de en medio de forma tan prematura»92 (Anglería).

      El canónigo y el romance coinciden, incluso, en hacer utilizar al príncipe un mismo símil, el de la batalla con la muerte. Según Ortiz (f. 2r), el príncipe, «ya él cercano a la muerte, desamparado de la esperança de los médicos» y advertido por uno de sus donceles (don Juan Chacón) de su próximo fin, comenzó a «demandar las armas spirituales, asy commo el que avía de pelear con enemigo cruel»; y coloca en boca del propio don Juan, un breve discurso ponderando la conveniencia de esas armas93. En la extraordinaria versión romancística de Paradaseca a (Ourense], el rey y el príncipe dialogan así:

— ¿Qué haces ahí, hijo mío,    para ir a la batalla?
— Si peleara con los moros,    padre mío, no se me daba;
pero peleo con la muerte,    es lo que más recelaba.

      [Ante esta sorprendente coincidencia en la concepción de la escena de la entrevista de los dos testigos contemporáneos del suceso y de la tradición romancística del siglo XX, cabe sospechar que la concesión de «voz» al príncipe, que caracteriza a todos los textos modernos frente a la versión antigua manuscrita, sea sólo una «novedad» aparente, y su ausencia en el texto antiguo fruto del gusto romancístico predominante (pero, sin duda, no exclusivo) en el siglo XVI, que habría llevado a preferir el dejar inconcluso el tema, rematándolo con el desmayo del dolorido rey. No sería éste un caso único de truncamiento de una narración que había sido y se­guirá siendo más completa94.]

 Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

77  O con la ansiedad del enfermo, quien, al saber que su muerte está próxima y es inevitable, desea poder hablar con su padre: «— Venga usted acá, mi padre,    que le   he de hacer una encarga»; «— Llamen para acá a mi padre,    tan sólita una palabra».

78  Tipos «Montaña astur-leonesa» y «Astur-Galaico». Cito por Villarino del Sil (León).

79  Tipo «Cántabro» (mayoría).

80   Agüimes (Gran Canaria). Versión recogida por Francisco Tarajano (fue publicada en la ed. citada en la n. 34).

81   Versiones de los Montes de León.

82   Versiones de Sanabria (Zamora).

83   Santa Cruz (Tenerife), dos versiones, y Fuencaliente y Garafía (La Palma). Versiones recogidas por Mercedes Morales (1952-1953) y por José Pérez Vidal y Rómulo Pérez (fueron publicadas en la ed. citada en la n. 34).

84  Aldeas «conqueiras» de Asturias: diez versiones de El Bao y Corralín, Tablado y Sisterna; y Trasmonte (parr. S. Esteban de Noceda, conc. Cangas de Narcea).

85   Opus epistolarum, ed. citada en la n. 44, epístola CLXXXII (182 también en la traducción de López de Toro). Escrita desde Villasandino (cuando la Corte va camino de Alcalá) el 18 de octubre de 1497 (15 Kls.-nov.). Anglería subraya en ella su carácter de testigo presencial: «Estaba también pre­sente yo, que para dar compañía al Príncipe había dejado a los soberanos».

86 Tratado del fallesçimiento del muy inclyto señor don Juan el terçero, Príncipe de las Españas, por Alfonso Ortiz, doctor en vtroque jure, canónigo de la santa yglesia de Toledo. La versión al castellano de esta obra se conserva en el ms. 367 de la Biblioteca de la Universidad de Salamanca. Acerca de ella llamó ya la atención G. M. Bertini, «Un diálogo humanístico sobre la educación del príncipe don Juan», en V Congreso de la Corona de Aragón: Fernando el Católico y la cultura de su tiempo, 1961. Al­gunos fragmentos fueron editados por J. Camón Aznar, Sobre la muerte del príncipe don Juan. Discurso académico, 24 de marzo de 1963, Madrid: Real Academia de la Historia, 1963, pp. 99-112 (quién, en la n. 2 de la p. 99, da una sigla errónea para el manuscrito salmantino). Ni uno, ni otro, supieron de la conservación de la versión latina original, en el ms. 368 de la misma biblioteca, fols. 62v-93v, sobre la que dio ya noticia P. Cátedra, «Prospección sobre el género consolatorio en el siglo XV», en Letters and Society in Fifteenth-Century Spain. Studies... P. E. Russell, ed. A. Deyermond y J. Lawrence, Lon­dres: The Dolphin Books, 1993.

87  Alonso Ortiz, canónigo de Toledo, escribió contra el humanista converso Juan de Lucena un Tratado contra la carta del protonotario Juan de Lucena, incluido, como pieza final y fundamental, en Los tratados del doctor Alonso Ortiz, Sevilla: por tres alemanes compañeros, 1493 (ejemplar en Ma­drid, Bibl. Nacional, I-1905). Es, dada su fecha, la primera apología de la Inquisición española. Va prologada por el propio Torquemada.

88   «Ephebus fílii senex fortitudo».

89  «Hortabatur filium bono sit animo, ne deficiat, spem saepe numero grauiter laborantibus salutem adduxisse».

90  «Sentiré se mortem praesentaneam».

91  «Patremque viriliter ipse orat, obsecratque ferat aequo animo».

92  «Se non angi, quod e medio immaturus tollatur».

93  Según el Tratado (f. 2r), es el propio príncipe quien acude al símil de las armas, exclamando: «¡O quam más saludable cosa es guarnesçer el ánima para la contienda del juyzio con la çelada de la fe y con otras armas spirituales que buscar defensión demasiada para el cuerpo!», aunque luego el trata­dista continúe elaborando el símil por su cuenta.

94  Basta acudir a la Tercera parte de la Silva de Romances, Zaragoza: Esteban de Nájera, 1551, para hallar una variada muestra de relatos de origen tradicional truncados y provistos de remates anti-tradicionales: Gerineldo, «En aquellas peñas pardas» (Grifos Lombardo), «Cuando vos nascistes, hijo (La canción del huérfano), «Por los bosques de Cartago» (Eneas goza de Dido). El arreglo no es, sin embar­go, obra de Esteban de Nájera, pues de algunas de estas versiones conocemos la fuente, que es un pliego suelto anterior. Véanse los estudios referentes a estos textos de R. Menéndez Pidal «Sobre geogr. folk.» (1920 y reediciones) y míos, D. Catalán, Por campos (1970).

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

*   12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

*    13.- 7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES

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Letras capitulares
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13.- 7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES

 

7. LA DOLOROSA SOLEDAD DE LOS PADRES. II  PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

        [e este entrecruzamiento de dramas particulares varios, susceptibles de ser desa­rrollados narrativamente, que la tragedia familiar y nacional contenía, la versión manuscrita se limita a contemplar el aspecto más obvio: la dolorosa pérdida del hijo heredero de España.]

      Era lógico que el romance, como los demás escritos de la época, colocase en un primer plano la desolación paterna, la «soledad» en que quedaban los Reyes Católicos al perder a su único hijo varón. La tradición sefardí mantiene esta perspecti­va, tanto en Oriente como en Marruecos; pero, contra la realidad de lo ocurrido en 1497, en que doña Isabel no vio morir a su hijo, sino que acompañó a su hija pri­mogénita hasta verla desposada con el rey don Manuel de Portugal, los cantores judíos recreadores del romance creyeron imprescindible incorporar a la dramática despedida familiar en la cámara del príncipe agonizante el duelo histórico de la reina-madre ocurrido a posteriori, por lo que duplicaron la entrevista histórica en Sa­lamanca con el rey-padre introduciendo a la reina-madre:

Estas palabras diziendo,    padre negro que arribava.
— ¿De ande venix, el mi padre,    pelando la vuestra barba?
— Vengo de rogar al Dio    que te alce de esta cama.
— Sí me alçará, mi padre,    sí me alçará, mi alma,
con un tabut de oro    y una rica mortaja.—
Estas palabras diziendo,    madre negra que arribava.
— ¿De ánde venix, la mi madre,    descalça y descaveñada
— Vengo de rogar al Dio    que te alce de esta cama.
— Si me alçara, mi madre,    la sentencia ya está dada.

                                                                (Oriente)

Como eso oyera su padre,    tendió mano a la su barba,
pelo a pelo la pelara    que en ella no dejó nada. ¡
Cómo hará por el su hijo,    espejo en que se miraba!
Ellos en estas palabras,    su madre por ahí entrara,
toda vestida de negro,    una soga a la garganta.
— ¿Ande estabas, la mi madre,    mi madre la desgraciada?
— Rogando y a Dios del cielo    que trueque alma por alma.
— Tarde recordaste, madre,    la sentencia ya está dada.

                                                              (Marruecos)

      No puede extrañarnos que este «cuadro de un duelo desgarrador» (como defi­ne certeramente Bénichou al romance en sus versiones sefardíes)76 haya adquirido en las comunidades judías una función ritual, siendo utilizado como canción fúne­bre en ocasiones de duelo y para el día de la conmemoración de la destrucción del Templo (Tiš‘āh bě-Ab).

 

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

76  P. Bénichou, Creación poética, p. 115.

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

*   12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

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Letras capitulares
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12.- 6. LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

12.- 6.   LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO

6.   LAS DOS SECUENCIAS DEL ROMANCE ORAL EN UN MANUSCRITO DEL SIGLO DE ORO. II PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

      [legado a este punto, resulta forzoso romper con mi exposición de 1981 para ac­tualizarla y dar seguidamente entrada a un testimonio que hasta diez años después de esa fecha seguía permaneciendo oculto para la crítica romancística.

      En un cartapacio manuscrito conservado en la Biblioteca de Palacio Real, encuadernado conjuntamente con otros manuscritos de contenido muy dispar, se conserva un curioso cancionero, típico de los gustos de un colector conservador de fines del siglo XVI o principios del siglo XVII, con un variado muestrario de roman­ces, villancicos y otras poesías (temáticamente afines unos a otros)59. Entre los ro­mances figura el siguiente60:

      Nueva triste, nueva triste
      que sona por toda España,
2    que ese príncipe don Juan
      está malo en Salamanca,
      malo está de callentura,
      que otro mal no se le halla.
4    Yvalo a ver el duque
      ese Duque de Calabria.
      — ¿Qué dizen de mí, ay, duque,
      que dizen por Salamanca?
6    — Que está malo Vuestra Alteza
      mas que su mal que no es nada.
      — Ansí plegue al Dios del çielo
      y a la Virgen coronada.
8    Si desta no muero, duque,
      duque, no perderéis nada.—
      Estas palabras diziendo,
      siete dotores entravan.
10   Los seis le miran el pulso,
      dizen que su mal no es nada.
      El postrero que lo mira
      es el dotor De la Parra.
12   Yncó rodilla en el suelo,
      mirándole está la cara.
      —  ¡Cómo me miras, dotor,
      cómo me miras de gana!
14   — Confiésese Vuestra Alteza,
      mande ordenar bien su alma;
      tres horas tiene de vida,
      la vna que se le acava.—
16   Estas palabras estando,
      el Rei su padre llegava:
      — ¿Qué es aquesto, hijo mío,
      mi eredero de España?
18   ¿O tenéis sudor de vida
      o se os arranca el alma?
      ¡Si os vos morís, mi hijo,
      qué ara aquel que tanto os ama!—
20   Estas palabras diziendo,
      ya caye que se desmaya.

      La primera observación que la lectura de este texto manuscrito del romance nos sugiere es la de la fundamental continuidad textual de la narración poética al pasar de voz a memoria y de memoria a voz en una larga cadena de transmisores por el espacio temporal de cinco siglos, sin necesidad de que para la conservación del texto medie la escritura61.

      Espigando en el conjunto de la tradición oral moderna los versos más afines, podemos todavía hallar en el siglo XX un «romance» que dice como en la versión del siglo XVI:

      Tristes nuevas, novas tristes
      que se suenan por España,
2    que ese príncipe don Juan
      está malo en Salamanca,
      malo está de calentura,
      que otro mal no se le halla.
4    Llamaron siete doctores
      doctores de grande fama.
      Todos le toman el pulso,
      dicen que su mal no es nada.
6    Sólo falta por venir
      aquel dotor De la Parra.
      Hincó la rodilla en el suelo,
      muy atento le mirara.
8— ¿Qué me mira usted, doctor,
      que así me mira de gana?
      — Confessa-te, dom João,
      ordena pa la tu alma;
10   tres horas tienes de vida
       y la una ya se acaba.—
       Estando en estas palabras,
       el rey su padre llegara.
12    — ¿Qué e isso, ó meu filho,
       regalo de la mi alma?
       — Unas calenturas, madre,
       que me han de arrancar el alma.
14   ¡Cómo hará por el su hijo,
       espejo en que se miraba!

      Junto a la fidelidad en el recuerdo textual, la confrontación de la versión facti­cia, que hemos extraído de la lectura del total de las versiones modernas, con la versión manuscrita de fines del siglo XVI nos pone, a la vez, de relieve la existencia de un importante olvido colectivo en la tradición oral moderna: jamás aparece en ella la escena de la visita del Duque de Calabria al príncipe enfermo.

      Como el título de Duque de Calabria era propio de los príncipes herederos del rey de Nápoles, la identificación del personaje romancístico está condicionada por la reciente investidura en el trono del «realme» de Fadrique o Federico III, después de la muerte, el 7 de octubre de 1496, de su sobrino Ferrante II o Fer­nando.

      Fadrique, para contrarrestar las aspiraciones del rey de Aragón, que se creía con más títulos que él a la corona, buscó el apoyo del papa Alejandro VI, quien, pese a las presiones de Fernando el Católico, le otorgó la investidura el 11 de ju­nio de 1497. El rey don Fernando aceptó la decisión papal, cuidándose de que el Gran Capitán renovase con el nuevo Rey de Nápoles las capitulaciones que garan­tizaban la presencia española en una serie de lugares fuertes del reino. El hijo de Fadrique, Ferrantino o Fernando, que había sido nombrado Duque de Calabria y reconocido como heredero, fue en seguida, a pesar de ser aún un niño, objeto de planes matrimoniales muy dispares, según variados esquemas de alianzas interna­cionales. La tradicional dependencia respecto a Aragón de la rama «bastarda» aragonesa de reyes de Nápoles, que, en los reinados anteriores, había obligado a Alfonso II y a su hijo Ferrante II a tomar como mujeres a la hermana y la sobrina de Fernando II de Aragón (el Rey Católico), ambas de nombre Juana, aconsejaba ahora que el nuevo rey buscara reforzar esos lazos casando al Duque de Calabria en la familia del Rey Católico, como un seguro de que los Reyes de España acudi­rían en su auxilio si el rey Carlos (Charles) VII de Francia invadía Italia; pero también cabía la opción de intentar salirse de la tutela española mediante una boda francesa y una pactada retirada de las fuerzas del Gran Capitán a Sicilia, una vez que el Rey de Francia renunciara a sus pretensiones de dominio sobre Nápoles.

      Según cuenta el Cura de los Palacios y capellán de fray Diego de Deza, Arzobispo de Sevilla,

   como reinó Federico, el Rey de España quisiera, y tanbién la reina su hermana, que casara su fijo de Federico, Duque de Calabria, con la muger del rey Fernando el Moço, su sobrina, que era asaz moça y de muy grand merescimiento, el qual casa­miento Federico ni su hijo diz que no quisieron conceder. E diz que el rey don Fer­nando escrivió algunas cartas a Federico su sobrino, Rey de Nápoles, sobre el dicho casamiento e sobre otras cosas convenientes para entre ellos, e que teniendo a él no temiesse al Rey de Francia ni a otros, que él le ayudaría e defendería el reino de Ná­poles... Y el rey Federico diz que era mucho más aficionado a Francia que no a España... E non se pudo acabar con Federico e su hijo que el dicho casamiento se fiziese 62

y afirma que el fracaso de esa negociación sería la causa de que las dos reinas viudas, la vieja y la moza, se volvieran en 1499 a España desavenidas con el rey Federico. Pese a que esta propuesta era evidentemente la solución preferida por Fer­nando el Católico, después que vino a producirse el asesinato en Roma del Duque de Gandía, Juan Borgia, el 14 de junio de 1497, y que las ambiciones seculares de César Borgia, apoyadas por su padre el Papa, introdujeran un nuevo factor político en la inestable situación de Italia, llegó a pactarse otra alianza matrimonial más grata para el Rey de Nápoles, la de su hijo el Duque de Calabria con la infanta doña María, la única hija por desposar de los Reyes Católicos; pero el convenio se man­tuvo secreto, a instancias españolas, mientras duraban las negociaciones de una posible paz con el rey Charles VII de Francia63.

      El 1 de agosto de 1497 Fadrique III se coronó pacífica y solemnemente en Nápoles, ceremonia en la que el pequeño Duque de Calabria ocupó un destacado lu­gar al lado de César Borgia, legado del Papa. Pero la continuidad de la casa «bas­tarda» aragonesa estaba lejos de hallarse asegurada. Fadrique III sabía bien que, en las negociaciones de paz, iniciadas por Francia y España durante la tregua fir­mada en Lyon (la cual en la frontera pirenaica se había iniciado el 5 de marzo y en Italia el 25 de abril y que abarcaba hasta el fin de octubre), se contemplaban fór­mulas diversas de disponer del futuro del reino de Nápoles con o sin participación suya y de su hijo. De ahí que, al igual que otros potentados europeos, enviara em­bajadores especiales a la corte española (en su caso a micer Antonio de Genaro) con el fin de defender sus intereses.

      En los meses que siguieron a las velaciones del príncipe don Juan y madama Margarita (el 2 de abril de 1497), las idas y venidas de embajadores entre Francia y España se sucedieron y, durante la estancia de la corte en Medina del Campo (a partir del 13 de junio, hasta mediados de setiembre), fueron acudiendo a ella en­viados de todas partes de Europa. Los Príncipes de España se separaron por en­tonces de los reyes y se fueron a su ciudad de Salamanca, donde entraron, según ya dije, el 23 de setiembre.

      No nos consta que el pequeño Duque de Calabria, después de la ceremonia de la coronación de su padre (1° de agosto), en la que figuró de forma destacada, via­jara a España. Pero es posible que viniera con ocasión del envío por su padre de la embajada arriba mencionada para seguir de cerca lo que en la corte española se negociaba, con el objetivo de que se celebraran cuanto antes los desposorios concertados con la infanta doña María. Lo que sí es posible asegurar es que, de ser cierta la noticia de su visita al príncipe en Salamanca, la promesa que don Juan de Castilla hizo al pequeño duque en caso de salir con vida de su enfermedad («si d’esta no muero, duque, duque no perderéis nada») tuvo que ser la de apoyar los desposorios del muchacho y, como natural consecuencia de tal pacto matrimonial, el derecho del duque a heredar el reino de su padre; esto es, a que la paz con Fran­cia no se hiciera a costa suya, como a la postre vendría a hacerse pocos años des­pués, cuando el Rey Cristianísimo Luis (Louis) XII de Francia, sucesor de Car­los VII (muerto el 8 de abril de 1498), y el Rey Católico, Fernando II de Aragón, se repartieron el «realme» y Fadrique III tuvo que entregarse y ponerse bajo la protección del rey francés64. En ese año de 1501, sólo seguiría la guerra el joven Duque de Calabria Ferrante de Aragón, entonces de 13 años (nació en 1488), quien, junto con el Conde de Polenza Juan de Guevara, resistió eri Tárente valien­temente el cerco terrestre y marítimo de Gonzalo Fernández de Córdoba. Al fin, los sitiados negociaron la capitulación y las tropas españolas entraron en la ciudad el 1 de marzo de 1502. Aunque en la capitulación con el Gran Capitán el duque quedó en libertad de escoger entre ir a vivir con su padre en Francia o venir a Es­paña a servir al Rey Católico, don Gonzalo, en connivencia con su rey, detuvo al duque en el reino, impidiéndole la salida durante meses, y acabó por llevarlo a Si­cilia y de allí deportarlo a España, donde el Rey Católico lo retuvo en prisión como rehén, en flagrante incumplimiento de lo con él pactado65. Pese a que la conducta poco digna del Rey Católico y del Gran Capitán reportaría, a la larga, el beneficio de conseguir, tras una larga guerra con Francia, la incorporación de Nápoles a la corona de los Reyes de España, Ja prisión del Duque de Calabria fue lamentada en Castilla en una hermosa glosa (Quejas del Duque de Calabria) hecha a la famosa canción bilingüe italiana y latina «Alia mía gran pena forte», canción que, según la opinión en 1548 de Gonzalo Fernández de Oviedo, habría compuesto el propio «serenissimo rey don Federique de Nápoles, año de mili e quinientos e uno que perdió el reyno porque se juntaron entre si los Reyes Católicos de España y el rey Luis de Francia»66. La glosa dice así:

¿Qu’es de ti, mi reyno antig(u)o,
o Calabria, mi ducado?
Auiendo te sido amigo,
te me has mostrado enemigo
por verme deseredado,
Que me veo sin deporte
mi cara tornada fea,
¿con quién tomare conorte
a la mía gran pena forte
dolorosa, afflita y rea?

Que me tiene aquí tu alteza,
sin hazelle yo traycíón
ni le tocar yo en vileza,
preso en esta fortaleza
de Xatiua de Aragón.
Ponte donde yo te vea.
¿Qué es de ti, do estáys, mis cortes?
mal por bien en mi se emplea,
diuiserunt vestem meam
et super eam miserum sortem.

¿Qu’es de tanto cauallero
que a mi mesa comía pan?,
siendo yo el propio heredero
me hizo ser estrangero
el noble Gran Capitán,
Que a la hora que fue visto,
por señor le obedescieron
y anduuo luego tan quisto
que me han fato como a Christo
quem pro nobis vendederunt.

Assí como me prendió
el esforçado y valiente,
a Castilla me imbió
y el buen rey me recibió,
pero no como a pariente,
Porque luego me metieron
donde nadie no se vea;
la fiesta que me hizieron
manus, pedes me fixerunt
dinumerauerunt ossa mea.

E fín.

Estando assí aprisionado,
falto de toda virtud,
¡o triste desventurado,
de mis tierras apartado
en mi tierna jouentud!,
Porque todo el mundo crea
a donde mi mal aporte
que, como quiera que sea,
diviserunt vestem meam
et super eam miserunt sortem
67.

      Es de notar que, pese a haberse adueñado de todo el reino de Nápoles por las armas y a tener al heredero de Federico III en prisión, los Reyes Católicos nunca llegarían a desechar de sus cálculos políticos, como una posible solución a la siempre conflictiva situación de derecho del «realme»68, la restauración de la rama bastarda aragonesa en el trono de Nápoles y el matrimonio del Duque de Calabria con la reina sobrina de don Fernando. La opción reaparecerá, con efectos políticos devastadores para la política de alianza con la Casa de Austria, en los críticos momentos en que el Rey Católico tuvo que verse cara a cara con su yerno borgoñón al llegarle a la Reina Católica la hora de la muerte69. El ma­quiavélico rey aragonés parece haber caído en esta ocasión en una hábil trampa tendida por Luis XII en unas nuevas conversaciones de paz que los embajado­res españoles mantenían en Francia, pues su tentativa de sondear un acuerdo con el rey francés a partir de esa propuesta70 le costó la ruptura con el Rey de Romanos y emperador electo Maximiliano71 y la definitiva desconfianza de su yerno el príncipe don Felipe72.

      Aclaradas las circunstancias históricas del episodio, vuelvo nuevamente a considerarlo en cuanto narración literaria. Nada más lógico en la evolución textual de un romance al transmitirse oralmente durante siglos que esta diferencia señalada  entre la versión del Siglo de Oro y las modernas. Al acercarnos en el tiempo al su­ceso cantado en el romance, hacen en su texto aparición recuerdos de detalles his­tóricos que el arte narrativo de la colectividad juzgará después inesenciales para la historia narrada y que, consecuentemente, optará por borrar del texto memorizado. Fuera del contexto político de los años 1497-1504, la visita del Duque de Cala­bria y la promesa que el Príncipe de España le hace carecían de todo sentido o función en la narración73.

       La segunda secuencia del romance (el príncipe, ante la evidencia de su muerte inminente, expresa su última voluntad) consiste, en la versión del manuscrito de la Biblioteca de Palacio, al igual que en las versiones tradicionales modernas, en el desarrollo de la patética escena histórica de la visita del rey a su hijo moribundo que Vélez de Guevara no aprovechó en su «tragedia».

      A diferencia de la primera secuencia, esta segunda es en el texto del manuscri­to sumamente simple; su escaso desarrollo contrasta con lo que hallamos como norma en la tradición oral moderna. Una mera consideración estadística lo pone bien de relieve: sus cinco versos, que representan solamente el 25% de la exten­sión del texto, resultan ser bien pocos frente a Ja media de versos que ocupa la se­cuencia en los diversos bloques de versiones tradicionales del siglo XX (y finales del siglo Xix). Escogiendo a voleo un conjunto de versiones pertenecientes a cada una de las áreas de la tradición, obtengo los siguientes datos sobre la extensión relativa de esa segunda secuencia: 50% en la tradición sefardí de Oriente; 51% en la tradi­ción sefardí del Norte de África; 65% en las versiones del N.O. de España; 77% en las versiones de Portugal. Este contraste es, ciertamente, coherente con lo que sabemos sobre las tendencias estilísticas propias de las distintas tradiciones 74. Pero, aunque esta observación nos exige atribuir a la diacronía un papel relevante en el origen del contraste notado, es preciso tener presente que, tanto en nuestro particular caso, como en los cálculos generales sobre diferencias estructurales de la tradición antigua y la moderna hechos en otras ocasiones, el gusto de los colectores-transcriptores de textos tradicionales del siglo XVI por los finales truncos, inconclusivos75, puede también ser un factor que contribuya de forma notable a la diferencia notada. La importancia de este factor nos impone el tratar de superar las simples constataciones estadísticas acudiendo al análisis del contenido narrativo de la secuencia.

      Los cinco versos de dieciséis sílabas de la versión antigua manuscrita desarrollan dialoguísticamente un sólo motivo: el del dolor del rey-padre ante la muerte del heredero de la corona de España. Es éste, claro está, el punto de vista sobre el drama de 1497 que tenía que prevalecer en el tiempo histórico en que se produjo la entrevista del rey don Fernando con su único hijo don Juan, el Príncipe de Espa­ña. Sin embargo, otros personajes, otras interrelaciones humanas y políticas y otros sentimientos dotaban de complejidad a la despedida del príncipe del mundo].

      El joven don Juan que se enfrentaba con la muerte era, en la historia, a) hijo único varón de unos padres-reyes aún vivos, b) esposo y, a la vez, enamorado de una mujer también muy joven, venida de tierras lejanas como parte de una alianza entre familias-estados, con la cual se hallaba recién casado, pero que era ya madre gestante, y c) padre de un futuro niño-heredero, de sexo por el momento incierto. Todas estas personas competían en la Historia (y podían hacerlo en el relato) en el protagonismo del suceso de octubre de 1497: el príncipe o agonizante, los reyes o padres, la princesa o amada y el heredero presunto o hijo «marcado» por su naci­miento póstumo.

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

59  El códice de la Biblioteca de Palacio Real II-961 (olim 2-H-G) ha sido editado por C. Ángel Zorita, Ralph A. DíFranco y José J. Labrador Herráiz, Poesías del Maestro León y de Fr. Melchor de la Serna y otros (siglo XVl). Códice número 961 de la Biblioteca Real de Madrid, Cleveland: Cleveland State University, 1991. El códice, en cuarto, contiene cuatro manuscritos en su origen independientes. El nuestro ocupa los actuales fols. 82 a 115 (un total de 34 folios) y es el cuarto de los manuscritos. Pese a la fecha que por la presencia de ciertos temas históricos hay que asignar a esta sección del códice facti­cio, c. 1578, el gusto predominante responde más al de las colecciones de mediados del s. XVI que al de los cartapacios literarios del último cuarto del siglo.

60  Se halla en el fol. mod. 98r. Impreso con el n° 59 en las pp. 188-189 de la edición citada. En sus notas los editores no realizan la identificación con el famoso romance de la tradición oral moderna. Ha sido José Manuel Pedrosa, en una reseña de la publicación de 1991 (en la Revista de Literatura LV, 109, 1993, 288-293), quien ha llamado la atención sobre este texto: «Pero el romance que acaso mejor puede ilustrar el carácter tradicional de muchas de las fuentes del manuscrito es el n° 59 "perla" indu­dable de la recopilación: la única versión antigua conocida de La muerte del príncipe don Juan» (p. 293). Gracias a Pedrosa, incorporo esta importante novedad a mi estudio.

61 El «fenómeno» es tan habitual que a los estudiosos del romancero tradicional moderno se nos olvida la obligación de enfatizarlo. Sin embargo, no sobra insistir en tal obviedad, pues siempre que se recuerda que los textos literarios almacenados en las memorias humanas son tan dignos de considera­ción como los textos almacenados en escritura, la reacción de los historiadores y críticos literarios es comparable a la de los tres monos que nada quieren ver, oír o comentar y se tapan los ojos, las orejas y la boca.

62 Memorias del reinado de los Reyes Católicos que escribía el bachiller Andrés Bernáldez, cura de los Palacios,  ed. y estudio por M. Gómez Moreno y J. de M. Carriazo, Madrid: CSIC, 1962, pp. 387-388.

63 Gerónimo de Çurita, Historia del Rey don Hernando el Católico, V, Çaragoça: Herederos de Pedro Lanaja y Lamarca, 1670, fol. 142-142v, al tratar de sucesos inmediatamente posteriores a la muerte del rey Carlos de Francia (8 de abril de 1498), dice que el rey don Fadrique escribió al Rey Católico «que el Rey tuuiese por bien que se publicasse el matrimonio, que se auía tratado, entre la Infanta doña María con el Duque de Calabria su hijo, afirmando que, pues el Rey de Francia era muerto, cessaua la causa por la qual el Rey Católico no quería que se supiesse», pero que el Rey Ca­tólico «estaua muy lexos que el [matrimonio] de la Infanta su hija se concertasse con el Duque de Calabria, aunque se tenía aquello suspenso por él»; y que una vez sabida por don Fadrique la ida de César Borgia a Francia (octubre de 1498), considerando que significaba «su perdición y de su casa», envió dos embajadores a España (Raphael de los Falcones y Hector Piñatelo) para insistir en la nece­sidad de publicar inmediatamente el concertado matrimonio (fol. 158v). No sé en qué meses de 1497 se harían esos tratos, pues Çurita no ha hecho antes referencia a ellos; pero sin duda el matrimonio se firmaría en el verano u otoño de 1497 para apartar a Fadrique de un posible entendimiento con Francia.

64  En cumplimiento del pacto secreto de Fernando de Aragón con Luis de Francia (firmado en Granada el 10 de octubre de 1500), mientras el rey francés avanzaba (8 de julio, 1501) sobre Nápoles y, una vez rendida Gaeta, obtenía la renuncia al trono de Fadrique III, que se conformó con recibir unas rentas en el interior de Francia y vivir de ellas a la sombra de Luis XII, el Gran Capitán desem­barcaba en Tropea (5 julio, 1501) y, en menos de un mes, ocupaba las dos Calabrias. Según Bernáldez, la salida de Tarento del duque se produjo ya en el contexto político del enfrentamiento entre los alia­dos franceses y españoles, una vez destronado Fadrique III: Estando poniendo en práctica la «partija» del reino de Nápoles,

    «començó a fallar la verdad entre los franceses e a crecer la sobervia e la inbidia, porque luego tuvieron manera que Taranto, que era en la parte del Rey de España, se tuviese e se non diesse al Grand Capitán, por manera que el duque don Fernando non se entregasse, como en la capitulación estava. Púsose el cerco sobre Taranto a veinte y ocho de Septiembre del dicho año de MDI y el Martes primero de Março se entregó la cibdad e salió el duque della. E se paso en Mesina para venir en España. El qual llegó en Mesina en fin del mes de Agosto. E éste es el Duque de Calabria, fijo del Rey Federico que perdió el reino» (ed. citada, pp. 405-406).

El Duque de Calabria, Ferrantino o don Fernando de Aragón sólo recobraría la libertad en el reinado de Carlos V, quien trató de compensarle casándole con la reina Germana de Foix (la segunda mujer del Rey Católico) y concediéndole la regencia de Valencia, donde el duque mantuvo una esplendorosa corte, en que la literatura y la música florecieron bajo su muy especial patronazgo. Gracias a él podemos aún hoy gozar las incomparables polifonías del Cancionero de Uppsala y leer El Cortesano de Luis Milán.

65 Çurita dedica varias páginas (obra cit., pp. 228-246) a explicar cómo dilata el Gran Capitán el cumplir lo pactado con el duque y cómo, finalmente, lo deporta.

66  Gonçalo Fernández de Oviedo, Historia general y natural de las Indias, Parte I, libro V, cap. 1.

67 Las Quejas del Duque de Calabria se hallan impresas en el pliego suelto (DicARM, 771) Comiença el romance del rey Ramiro, con su glosa. Y otra glosa de la canción A la mía gran pena forte. Con la de Rosafresca. Año 1564 (ejemplar en Praga: Universitáts Bibl.), que se había impreso ya en el primer cuarto del siglo XVI pues don Fernando Colón lo compró en Medina del Campo, por «3 blan­cas», el «23 de nouienbre de 1524» (según su Regestrum, núm. 4106, donde lo describe así: «Romançe del rey ramiro con su glosa. I. ya se asienta el rey ramiro glosa. I. pves en los casos de amores. It. glosa de la mia gran pena forte. I. ques de ti mi reyno antiguo, ítem, glosa de rosa fresca. I. quando yo os quise querida de que no sabía de amor. est. in 4° 2. col. [DicARM, 1035]). También se en­cuentran manuscritas en un cancionerillo poético del siglo XVI encuadernado con el Cartapacio de Hernández de Padilla (ms. D79, Bibl. de Palacio Real, Madrid, olim 2-B-10), fols. 228-256v, en el fol. 233. Dio ambas noticias R. Menéndez Pidal, «Cartapacios literarios salmantinos del siglo XVI», BRAE, I (1914), pp. 43-55, 151-170, 298-320: p. 305. Acerca de A la mia gran pena forte, véase la in­formación reunida por J. Romeu Figueras, Cancionero musical de Palacio (siglos XV-XVl), vol. 3-B, «La Música en la Corte de los Reyes Católicos», IV-2, Barcelona: CSIC, 1965, núm. 317, pp. 418-420. La canción A la mia gran pena forte no fue compuesta «a propósito de las desgracias del Duque de Cala­bria», como por un lapsus afirma P. Cátedra, Seis pliegos poéticos barceloneses desconocidos, c. 1540, Madrid: El Crotalón, 1983, p. 32, sino a la deposición de su padre el rey Fadrique III; sólo una de las diversas glosas hechas a la famosa composición italiana, la que aquí comentamos, se centra en la per­sona del Duque.

68 Aunque las armas fueron de ordinario muy decisivas en la determinación de a quién pertenecía el señorío de Nápoles, siendo como era el "realme" feudo de la Iglesia, la posesión podía ser siempre invalidada por una acción diplomática arbitrada por el Papa. Las constantes oscilaciones en los siste­mas de alianzas con que se pretendía eludir una situación en que Francia, España o Austria se alzara con el incontestable dominio de Italia, hacían muy difícil la conservación de un estado de hecho por mucho tiempo. Por ello, aunque la victoria del Gran Capitán en Garellano (28 de diciembre de 1503) y la capitulación de Gaeta (1 de enero de 1504) cerraban la etapa bélica, los Reyes Católicos optarían por una solución política: «agora que Nos tenemos todo el reyno de Napoles y le podemos dar al dicho Archiduque y a su hijo, nuestro nieto [el infante don Carlos], y por no lo tener el Rey de Francia, tene­mos Nos que hazer en acabar que él lo aya por byen, y porque teniéndolo nosotros se podrá asentar esto, mediante Nuestro Señor, de otra manera que antes, ... avemos hecho mover en Roma al Cardenal de Ruan, por mano tercera, como que no salía de Nos, este medio, conviene saber: que se haga el casa­miento del ynfante don Carlos, nuestro nieto, y de madama Glaudia, fija del Rey de Francia, como está asentado, y que renunciemos Nos el derecho que tenemos al reyno de Nápoles en favor del dicho Ynfante, nuestro nieto, y el Rey de Francia renuncie su derecho en favor de la dicha madama Glaudia, e quel Archiduque aya de tener e governar todo el reyno de Napoles como tutor de los dichos don Carlos e madama Glauda, dando nueva ynvestydura La Sylla Apostólica...» (carta de los Reyes Católi­cos, 1 de enero de 1504, Correspondencia de Gutierre Gómez de Fuensalida, 1907, pp. 198-199).

69  Según el testimonio del Cardenal de Rouan, los embajadores españoles, Gralla y el doctor Agus­tín, transcurrido el plazo de 30 días con que el rey de Francia les había conminado (el 15 de julio) para que consigan la aceptación por los Reyes Católicos de las cláusulas a que condicionaba la firma de la paz sobre el reino de Nápoles, vinieron a él el 18 de agosto de 1504 y, ante el Chanciller de Francia, dijeron las siguientes palabras: «qu’el Rey y la Reyna d’España, sus señores, no hallauan mejor medio para venir a la paz con el Rey de Francia, ni más seguro para sus conçiençias, que restituyr el reyno de Nápoles al rey Federico de Aragón, como primeramente avia seydo platicado; y que sy el Rey de Francia quería, que luego los dichos Rey y Reyna se lo restituyrían, con condición qu’el fijo del rey Fe­derico case con la sobrina del Rey d’España, hermana del dicho rey Federico, y que aquellos suçedan en el reyno», según la carta, «de la mano del cardenal» mismo, recibida por el príncipe don Felipe y que el embajador Gutierre Gómez de Fuensalida transcribió para sus reyes el 19 de setiembre (D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, pp. 277-278), y de acuerdo con lo anteriormente comunicado verbalmente al embajador de don Felipe, mose de Villa, por el cardenal (de que Fuensalida había in­formado ya a los Reyes Católicos el 30 de agosto). La reina doña Isabel no había dejado de estar febril desde julio, y a finales de setiembre el rey don Fernando temía ya por su vida (carta a sus embajadores en Flandes del 26 de setiembre).

70  Cuando los embajadores españoles procuraron tener audiencia secreta con el Rey de Francia y éste, por hallarse enfermo, los remitió al Cardenal de Rouan y al Chanciller (18 de agosto), e hicieron ante él la propuesta de volver a la negociación de la restitución del realme a don Fadrique, el Cardenal se apresuró a informar a mose Villa, embajador del príncipe don Felipe (y, seguramente, al de su pa­dre Maximiliano de Austria) para inclinarles a pactar por separado y romper con los Reyes Católicos. El príncipe se lo comunicó a los tres embajadores españoles (Fuensalida, don Juan Manuel y el Obis­po de Catania) «asaz turbado», aunque protestando de que no lo creía, y el 30 de agosto Fuensalida, aunque en la entrevista con el príncipe lo echó a risa, atribuyendo todo a «tronperias de los france­ses», escribió por correo aparte y alarmadísimo a los reyes pidiéndoles con toda urgencia una contes­tación. Entre tanto, una vez que los embajadores españoles presentaron oficialmente la propuesta de devolución ante el Rey de Francia y su Consejo (el 24 de agosto), el propio Luis XII, los miembros to­dos de su Consejo y el Cardenal de Rouan remitieron tres cartas al príncipe, en que le aseguraban, con todo el énfasis posible, la verdad de lo que escribían que les fue dicho por mosen Gralla y micer Agus­tín acerca de la nueva propuesta de paz (vistas por don Juan Manuel y por Fuensalida, que se apresu­raron a escribirlo a sus reyes desde Bolduque, 19 de setiembre de 1504, encomendando su carta a Hoz, cerero de la princesa doña Juana).

71 Según la versión que el 10 de setiembre de 1504 (desde Medina del Campo) se habían apresura­do a enviar los Reyes Católicos a su yerno el príncipe don Felipe, a través de sus embajadores en Flan­des (el Obispo de Catania, don Juan Manuel y Fuensalida), sus embajadores en Francia (mosen Gralla y micer Agustín), viendo que los embajadores de don Felipe y del Rey de Romanos en Francia (mose de Villa y Filiberto Natural proboste de Utrech), por intermedio de los cuales negociaban la paz entre Francia y España, consideraban definitivamente rotas las negociaciones y que el Rey de Francia se de­cidía por la reanudación de la guerra como solución al conflicto de Nápoles, habrían recurrido a la ar­timaña de evitar la ruptura total del proceso de paz sacando del olvido esa vieja propuesta: «Y como los nuestros ovyeron sentimiento que los franceses los querían despedir para que se viniesen a Nos syn concluyr ni asentar cosa ninguna y tenían mandamiento nuestro que en caso que los franceses los desafuziasen del todo de la negociación del Príncipe y del Ynfante [se refiere a la propuesta de entregar el realme al Príncipe don Felipe como tutor de los niños, el infante don Carlos, su hijo, y Glaudia, la heredera del rey de Francia, previamente desposados] y los quisyesen despedir para que se viniesen syn ninguna conlusyón, que por descargo y justificaçión nuestra para con Dios y con el mundo hiziesen de nuestra parte con el Rey de Françia todas las justificaçiones que se pudiesen hazer para que no viniésemos en rompimiento a nuestra culpa, y porque avía poco qu’el Rey de Françia, por desechar, segund pareçió, la negoçiaçión que hera en favor del Príncipe, nos avia hecho dezir, por via del rey don Fadrique, que él quería concluyr aquella negoçiaçión del rey don Fadrique, y no la que hera en fa­vor del Príncipe y que por nosotros quedava de hazer la paz, después de aver sydo nuestros enbaxadores desafuziados y despedydos del todo de la negoçiaçión que hera en favor del Príncipe, como ave­mos dicho, teniendo por cierto qu’el rey de Francia no dezia lo del rey don Fadrique para hazerlo syno por justyficársenos, asymismo por justificarnos y porque no pareçiese que desechávamos ningund medio de paz de los que él movía, salimos a él respondiéndole a ello d’esta manera: que nuestros enbaxadores dixesen de nuestra parte al Cardenal de Rúan y al Chanciller que, pues el Rey de Francia no quería venir en la negociación que procurávamos en favor del Prínçipe y del Ynfante don Carlos, que respondiesen qué hera su voluntad en la negoçiaçión que al comienço se habló de la restituçión del rey don Fadrique...» (D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, p. 273). Por carta de Fuensalida, envia­da desde Gante el 10 de abril de 1504 a sus reyes (D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, p. 220), sabemos que el embajador español había conseguido transcribir una carta del embajador del Rey de los Romanos y del Príncipe enviado a Francia (el Proboste de Utrech, Filiberto Natural) en que notificaba a don Felipe cómo un secretario de don Fadrique de Aragón había regresado de España, tras ir a negociar la restitución del realme, afirmando que «el Rey d’España le dixo que hera contento, tanto qu’el Rey de Francia consyntiese y que su hijo de don Fadrique casase con la sobrina del Rey d’Espa­ña», pero que la orden recibida por los embajadores (aunque personalmente interesados en esta pro­puesta) era la de negociar que don Felipe tuviese el realme para su hijo y la hija del Rey de Francia.

72 Maximiliano, sintiéndose burlado personalmente, firmó de inmediato, por él y por su hijo, alian­za con Francia (Tratado de Blois, 23 de setiembre de 1504), sin incluir para nada a sus consuegros los Reyes Católicos, y el archiduque, aunque siempre más cauto (temeroso, sin duda, de las consecuencias que la ruptura con sus suegros podría tener para la sucesión de España), se mostró «tan corrido y es­candalizado que es maravilla» y declaró taxativamente ante Fuensalida: «Sy esto es mentira que los françeses me escriuen, ésta es la mayor desverguença que nunca Rey ni tales personas hizieron, mentir tan claramente y firmar y sellar su mentira; y, sy es verdad, ésta es la mayor enemiga que nunca padres hizieron a hijo...» (carta de Fuensalida, 19 de setiembre de 1504, D. de Alba, Correspondencia de Fuensalida, p. 281). Las explicaciones y seguridades de los Reyes de España, llegadas con retraso, no bastarían para borrar los efectos del mal paso en las cortes del Rey de Romanos y del archiduque; el Rey Católico se vería forzado a jugar sus cartas aislado y a la defensiva, ante el creciente poderío políti­co de Luis XII, cuando la muerte de la Reina Católica (26 de noviembre) abra definitivamente la crisis sucesoria.

73 Tan sólo es posible que haya en la tradición oral moderna algunos elementos (de intriga o de discurso) transferidos desde esta escena omitida a otros contextos de la historia narrada. Así, quizá sean restos de esa escena transicional los versos que aparecen en un grupo de versiones del tipo «Cán­tabro» que dicen: «Todos le vienen a ver,     todos los Grandes de España; / ha venido un tío suyo     un lunes por la mañana»; pero el papel de este personaje extraño al resto de la tradición oral moderna se confunde con el del doctor De la Parra, a quien substituye en todas sus funciones. También podría alegarse como recuerdo de las ofertas al Duque de Calabria versos como «Que se Ihe dessem a vida, teria[m] paga avultada», «Si me das buenas anuncias,      le mando una rica manda», en que el príncipe se dirige a los médicos, en general, o, en particular, al doctor De la Parra (versiones de Rapa a y Lajeosa, en Beira Alta, Miranda do Douro, en Trás-os-Montes y Guímara y Villarino de Sil, en León). En el plano verbal, podrían tener su origen en la escena omitida las preguntas retóricas con que se anuncia, a veces, la mala nueva que corre por España: «¿Qué se cuenta por Sevilla,      qué se cuenta por Grana­da?», «¿Qué se cuenta, qué se cuenta,       qué se cuenta por España?».

74 Cfr. S. Petersen, «Cambios estructurales en el Romancero tradicional», en El Romancero en la tradición oral moderna. Ier Coloquio Internacional, ed. D. Catalán et al, Madrid: Seminario Menéndez Pidal y Rectorado de la UCM, 1972, pp. 167-179, y D. Catalán, «Análisis electrónico del mecanismo reproductivo en un sistema abierto. El modelo Romancero», Revista de la Universidad Complutense, XXV (1976), 55-77; véase ahora, mejor, en la presente obra, cap. 2, § 8 de la Primera Parte.

75 Notado, desde antiguo, por R. Menéndez Pidal. Véase su Romancero hispánico, cap. III, § 7; cap.X, §3.

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

*   11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

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11.- 5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO

 

5. LA ENTREVISTA CON FERNANDO EL CATÓLICO. II PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

      n la escena teatral de Luis Vélez de Guevara se conserva, según hemos visto, la intriga de la primera secuencia del romance, aunque disfrazada con el ropaje dis­cursivo propio de la comedia barroca española; pero la rememoración del conteni­do del romance se detiene en el motivo de la ejemplar resignación estoico-cristiana del joven príncipe moribundo, que la tradición oral moderna ofrece también («No siento yo el morir,    que de morir nadie escapa»), pero constituyendo el núcleo de una secuencia nueva.

      Esta segunda secuencia es de contenido mucho más complejo que la primera y de esa complejidad va a depender la sobrevivencia hasta hoy del romance. Su «frase secuencial» podría enunciarse así: «el príncipe, deshauciado, acepta con resig­nación la muerte y hace testamento, encomendando su viuda a sus padres y reco­nociendo a su hijo postumo como heredero». Esa «frase» se escenifica mediante un diálogo del moribundo con su padre.

      Dado que el romancero tradicional, más que narrar sucesos, los escenifica, reviviendo ante el oyente acciones y parlamentos, esta entrevista dialogada entre el hijo y el padre nos parece, a primera vista, una dramatización poética del testa­mento del heredero de los Reyes Católicos (en el cual, según veremos, se manifies­ta la natural preocupación del príncipe por su mujer y por su hijo en cierne). Sus tres motivos básicos podrían ser considerados, el primero un tópico (el de la ente­reza y resignación del joven), el segundo (el de la preocupación por la viuda) un componente falto de relieve, a menos que se novelice sentimentalmente, y el terce­ro una disposición, específica, sí, del suceso de 1497 (pues la princesa se hallaba embarazada al morir don Juan), pero redundante, por demasiado obvia. El roman­ce del siglo XX en nada se hallaría constreñido por la historia en su desarrollo poé­tico del drama. Pero tal impresión de libertad es absolutamente falsa.

      La entrevista entre padre e hijo no es un escenario dramático libremente elegido por la poesía. Fue un suceso del que ningún narrador contemporáneo de la muerte del príncipe podía prescindir57, pues el rey don Fernando no acudió a ella desde la cámara contigua, sino reventando caballos, abandonando las bodas de su primogénita doña Isabel con el rey don Manuel de Portugal y enviando a ellas a la reina doña Isabel58, que tardó en enterarse del desenlace fatal. En cuanto a la conversación mantenida, hemos de diferir su análisis para más adelante.

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

57  Comentan la venida del Rey Católico y la entrevista tanto Pietro Martire d’Anghiera, como el licenciado Ortiz, como Juan del Enzina, como Alonso de Santa Cruz, y, tras ellos, cuantos han referido con algún detalle la muerte del príncipe.

58 Tras largas negociaciones, pues don Manuel de Portugal (y su camarero mayor don Juan Ma­nuel) estaban muy sospechosos y temerosos de porqué los Reyes Católicos exigían unas vistas para hacer entrega de la princesa (según se ve por las cartas de 29 de julio de 1497 de don Alonso de Silva a los Reyes de España). Don Fernando, doña Isabel y el príncipe don Juan su hijo firmaron con don Juan Manuel (el privado y representante del rey de Portugal) el convenio del concierto de casamiento en Medina del Campo, 11 de agosto de 1497. La entrega de la princesa doña Isabel deberían hacerla personalmente los reyes a don Manuel en Ceclavin el 30 de setiembre, al día siguiente los esposos se velarían y consumarían el matrimonio y al tercer día el Rey de Portugal se reintegraría a su reino. El 12 de setiembre, a petición del rey portugués, los Reyes Católicos (en carta a su embajador don Alonso de Silva), aceptaron trasladar las vistas a Valencia de Alcántara, «porque diz que sus lugares que están fronteros a Ceclavín no tienen agua», y, en vista de que el camino se alargaba así en «tres jornadas», pidieron a su vez, que «se alargue el plazo tres o quatro días por este respecto» (Medina del Campo, 12 de setiembre de 1497). Los documentos se hallan reproducidos en A. Paz y Meliá, El cronista Alon­so de Palencia. Su vida y sus obras, Madrid: The Hispanic Society of America, 1914, pp. 330-337. La llamada de fray Diego alcanzó a los reyes cuando se encaminaban a las vistas, según Juan del Enzina: «Al medio camino la nueua llegó / de como crecía su mal por entero; / sabida la nueua de aquel mensagero, / el rey, a gran priessa, de allí se boluió». Por Pietro Martire (carta n° 182) sabemos que «el desdichado padre dio orden de que los correos ocultasen a la reina el suceso, enviándole los de cos­tumbre, para que poco a poco vaya haciéndose a este dolor. Y, a fin de no desgarrar súbitamente su corazón, la va entreteniendo con varias epístolas, escribiéndole que el estado del príncipe unos días mejora y otros empeora»; sólo le dirá la noticia de que ha muerto al regresar a su lado.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

** ARTE POÉTICA DEL ROMANCERO ORAL, II. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO:

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*    8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*    9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

TODOS LOS ARTÍCULOS DE LA 1ª PARTE:
*  ARTE POÉTICA DEL ROMANCERO ORAL, I. LOS TEXTOS ABIERTOS DE CREACIÓN COLECTIVA

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10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

 

4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA. II PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

     unque el romance nunca fuera impreso en el Siglo de Oro, a comienzos del si­glo XVII era suficientemente conocido del público que asistía a las representaciones teatrales como para que Luis Vélez de Guevara, en una comedia de tema folclórico, La Serrana de la Vera (que se conserva autógrafa), escrita bien en 1603, o bien en 161353, decidiera recurrir a la primera secuencia del poema tradicional para construir una escena dramática en que un supuesto testigo cuenta la muerte del prínci­pe y para que en ese relato dejara caer, de cuando en cuando, un verso del roman­ce tradicional (Acto 2° w. 1629 y ss. de la «tragedia»):

D. Garz.         Luego en llegando me aprobó el consexo,
           1630  aunque llegué a ocasión a Salamanca
                    para España bien trágica.

Capitán.                             ¿En qué estado
                    queda el príncipe?

D. Garz.                                 Oydme con cuydado.
                    Después que de la carrera
                    de aquel caballo, que a España

           1635  fue el de Troia, pues a sido
                    de tan gran desdicha causa,
                    quedó
el príncipe don Juan
                    tan
enfermo en Salamanca,
                    de su mal lograda vida

           1640  con tan pocas esperanzas,
                    Fernando y doña Isabel,
                    la jornada de Granada
                    dexando, dieron la buelta
                    a llorar tan gran desgrazia.
          
1645  Siete dotores lo curan,
                    y entre ellos el De la Parra,
                    nuebo Galeno español
                    que a Esculapio se adelanta.

                    Todos hasta el catorzeno
          
1650   la vida al príncipe alargan,
                     y el De la Parra una noche
                     le dize tales palabras:
                    
«Muy malo está vuestra alteza,
                     don Juan, Príncipe de España;
           1655   al cuerpo faltan remedios,
                     acúdanse a los del alma.
                     La muerte a nadie perdona,
                     que de los reyes las guardas
                     atropella y no respeta

           1660   como maior rey la manda.
                     Tres oras tenéys de vida
                     y la una ya se pasa,
                     que de la vida es el pulso
                     el relox que las señala.

           1665   Quien os engaña, no os quiere,
                     y a quien oy os desengaña
                     debéys más, que las lisonjas
                     aquí no sirben de nada.
                     Sin herederos vox dexa

           1670   el cielo: secretas causas
                     debe de aver que lo ordenan,
                     que en la tierra no se alcanzan.
                     El reyno, por vuestra muerte,
                     queda a la señora infanta;
           1675   anpare Dios a Castilla
                     y a bos os perdone el alma».
                     Valor mostrando, responde
                     el príncipe al De la Parra:
                     «Con ser la verdad primera
           
1680   que me han dicho, no me espanta.
                      Natural cosa es la muerte;
                      sólo me aflige la falta
                      que puedo hazer a Castilla,
                      aunque dexo tres hermanas;
           
1685   pero Dios, que determina
                      que muera, sabrá anparalla
                      con herederos que inporten
                      más a su yglesia romana.»
                      Y recibiendo de nuebo

            1690   los sacramentos, dio el alma
                      al zielo, luto a Castilla
                      y general llanto a España.

      El efecto buscado por Vélez de Guevara está claro. En medio del lenguaje típico de la comedia del siglo XVII, los versos tomados de la tradición oral resaltan por su di­ferente troquel, constituyendo llamadas de atención del autor al público ante quien se representaba la obra para que se percate del recurso literario consistente en la utilización en las tablas por la poesía cortesana de la literatura colectiva popular, que todos conocen porque viene siendo cantada y transmitida oralmente a través de los tiempos.

      La constatación de que a comienzos del siglo XVII se cantaba el romance de la Muerte del príncipe don Juan fue hecha en 1916 por el matrimonio Menéndez Pidal al editar la comedia autógrafa de Vélez54, pero pasó inadvertida a Bénichou. Gracias a ella sabemos que, como era de esperar55, los «siete doctores» y «el De la Parra» eran parte integrante de la historia romancística desde tiempos lejanos y que el pronóstico de las tres horas escasas de vida («tres oras tenéys de vida      y la una ya se pasa») era ya la fórmula tradicional56 empleada para anunciar la inmediatez de la muerte del príncipe y no una creación poética tardía.

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

53 Ms. R-101 de la Biblioteca Nacional, Madrid. El manuscrito autógrafo, firmado por el autor al final de los dos últimos actos, fecha la «tragedia de la Serrana de la Vera» «en Valladolid a 7 [sin mes] de 1603». Lleva, además, el envío «Para la señora Jusepa Vaca». Como M. A. Buchanan señaló en su breve reseña de la ed. Menéndez Pidal-Goyri de la «tragedia» (MLN, XXXII, 1917, 423-426), nos consta que el 25 de agosto de 1603 el marido de Jusepa Vaca, Juan de Morales, cobraba en Valladolid, sede de la Corte, 600 reales, de orden de la reina, por dos comedias representadas en su presencia (BHi, IX, 1907, p. 368). Es de notar, sin embargo, que al principio de las tres jornadas, después de la invocación «Jhesus, María, Jhosé», Vélez escribe los nombres «Luys [el suyo propio], Úrsola [el de su segunda mujer], Francisco [?], Juan [el de su hijo nacido en 1611], Antonio [el de su hijo bautizado el 1 de enero de 1613]», dato este que, unido a la afirmación de Luis Vélez, en un memorial dirigido a Felipe IV, de que su llegada a Valladolid (después de servir a Felipe III en Italia Oriente y Argel) se produjo «la misma noche del Viernes que para dicha del mundo vos nacéis y Cristo muere» [Viernes Santo, 5 de abril de 1605] torna problemática la relación del manuscrito autógrafo con la fecha en él señalada (cfr. la ed. Menéndez Pidal-Goyri, cit. en la n. 54, pp. 125-127). E. Rodríguez Cepeda en su edición de La serrana de la Vera, «Aula magna» (Madrid: Alcalá, 1967), admite como lectura del autó­grafo el año 1613 y no el de 1603 y argumenta en favor del año 1613, utilizando criterios métricos y el de que «Vélez estaba en Valladolid este año, de paso para las fiestas de Lerma, y Jusepa y su marido, Juan de Morales, preparaban viaje para esta ciudad en la misma fecha» (p. 17).

54  Luis Vélez de Guevara, La Serrana de la Vera, ed. R. Menéndez Pidal y Ma Goyri de Menéndez Pidal, en «Teatro Antiguo Español. Textos y estudios». I, Madrid: Centro de Estudios Históricos, 1916, pp. 157-159. Aparte de lo comentado en esas páginas, en el texto de la «tragedia» los editores destacaron en cursiva varios versos que consideraban de procedencia romancística.

55  Bénichou, Creación poética, p. 100, sin conocer la referencia de Vélez de Guevara, había observado con respecto a la primera secuencia del romance, que «este comienzo, si es antiguo, como parece por su presencia en toda la tradición, atestigua una poetización temprana del relato de la muerte de don Juan, efectuada según las normas propias del estilo tradicional. Lo demuestran la ausencia casi completa de datos sobre la enfermedad del protagonista, el uso de números tradicionales (cinco doc­tores, tres horas), los detalles contrastados (muchos médicos alentadores, uno pesimista...), la increíble precisión del pronóstico».

56  Bénichou se asombraba de que el pronóstico únicamente «quede formulado racionalmente en una sola versión», la que dice «tienes tres horas de vida,    cuatro con la comenzada», mientras que «ha triunfado umversalmente en la forma ilógica», representada por el verso «tres horas tienes de vida,    hora y media ya pasada» (y semejantes).

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*   7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*   8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*   9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

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9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

 

3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE.  II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN.

      l romance sólo consta de dos secuencias narrativas esenciales. La primera es un desarrollo poético de la «frase secuencial» «la ciencia anuncia la inevitable proxi­midad de la muerte del príncipe», y gira alrededor de la expectación a que da lu­gar la venida del doctor De la Parra, llamado a consulta. Los elementos narrativos constitutivos de esa secuencia son muy constantes en la tradición y pueden ejemplificarse así:

      Tristes nuevas, tristes nuevas,    que se cuentan por España:
2    que el príncipe don Juan    está malo en Salamanca,
      malo está de calentura,    que otro mal no se le halla.
4    Siete doctores lo curan    de los mejores de España;
      unos le escullan el pulso,    otros le miran las aguas;
6    miran unos para otros,    dicen que su mal no es nada.
      Sólo falta por venir    aquel doctor De la Parra.
8    Estando en estas razones,    cuando a la puerta llegaba,
      cabalgando en mula prieta,    collar de oro en su garaganta.
10   Hincó la rodilla en tierra    y la lengua le mirara;
      luego que le tomó el pulso,    de esta manera le habla:
12   — Ordena, príncipe, ordena,    ordena por la tu alma;
      tres horas tenéis de vida,    la una ya va pasada.

      Como ya sabemos, en esta secuencia el romance del siglo XX hereda de la histo­ria el motivo nuclear en torno al cual se organiza toda la información: la consulta al doctor De la Parra ante el fracaso de los médicos de cabecera. Quizá haya que identificar con él, según más adelante veremos, al «licenciado de Guadalupe» que, junto al doctor Nicolás de Soto, nombra Gonzalo Fernández de Oviedo como los dos médicos que atendieron al príncipe en sus últimos días; pero, gracias al per diem incluido en la partida de gastos extraordinarios ocasionados por la enferme­dad y exequias del príncipe, arriba citado, podemos asegurar, no sólo que le aten­dió, sino que fue especialmente llamado en aquella ocasión, a diferencia de los mé­dicos que eran «de planta»40.

      Pero, además de este dato central, la tradición conserva memoria de bastantes otros pormenores históricos característicos del suceso.

      El nombre del protagonista es todavía, en la mayoría de las versiones, «don Juan», y son muy numerosas las que lo identifican como «el príncipe» (a veces, «el infante») don Juan o como «el Príncipe de España». Las versiones marro­quíes recuerdan su condición de señor de Salamanca, llamándolo «esse rey de Salamanca» y en una versión de Miranda do Douro (Trás-os-Montes] además de denominarle «dom João de Salhamanha», se ofrece «Salhamanha» en don al médico que consiga salvar a don Juan la vida41. En otra de Tresabuela (Cantabria) se re­cuerda su condición de Príncipe de Asturias haciéndole que quiera transmitir las «Asturias de Oviedo» a su mujer42.

      Una versión leonesa y otra alentejana especifican la ciudad donde cae enfermo:

El señor príncipe don Juan    está malo en Salamanca;

Que estava João morrendo   na vila de Salamanha,

y varias versiones de Zamora y el Sur de León señalan, indirectamente (como una previsión del moribundo), que donjuán fue llevado a enterrar

en unas andas de pino    a la iglesia’e Salamanca43.

Las versiones marroquíes recuerdan que el «rey de Salamanca», antes de ir a Sala­manca, estuvo en Burgos:

De Burgos partió esse rey,    de Burgos a Salamanca

y que, por entonces, recibe una señal premonitoria de su muerte:

En meatad de aquel camino    del cielo cayó una carta.
— Alzáidla, mis caballeros,    alzáidla y bien notalda.
— Vuestra es, mi señor rey,    para vos viene mandada.

      Según la historia, fue camino de Burgos, después de que madama Margarita llegara por mar a Santander, donde los príncipes repitieron los desposorios (19 de marzo de 1497) y, finalmente, en Burgos se velaron (24 de abril). Petrus Martyr de Angleria (Pietro Martire d’Anghiera)44, en una carta del 29 de abril, en el curso de su descripción de los festejos nupciales, dice:

    Se organizaron juegos de cañas al estilo troyano y demás solemnidades, cual con­venía a la pompa real. Mas advierte que, según su costumbre, la Fortuna mezcló su in­fausta copa de hiél entre tanta alegría45.

En efecto, un hijo del Comendador Mayor de Santiago murió pisoteado por su propio caballo después de caerse de él:

    Anonadados todos con la inesperada desgracia de tan distinguido joven —conti­núa Pietro Martire— ya nadie se atreve a soltar las riendas. Bajo el peso del dolor, pa­recen presagiar que estas bodas no van a ser felices por mucho tiempo46.

      Llegado el príncipe con madama Margarita a Salamanca el 23 de setiembre, «al tercer día fue preso de una repentina fiebre», según Pietro Martire (dato confir­mado por Juan del Enzina)47. Sus padres, los reyes, acudieron a visitarle, pero no pareciendo cosa de importancia, siguieron camino a las bodas de la infanta Isabel con el Rey de Portugal don Manuel,  en la frontera de Extremadura48. En la tarde del viernes 29 de setiembre (a las seis y a las siete, después de mediodía) su antiguo tutor y ahora Obispo de Salamanca fray Diego de Deza, bajo cuyo paternal cuidado se halla don Juan, escribe a los reyes muy alarmado por el empeoramiento de la salud del príncipe49, pues, aunque don Juan ha dormido bien, «comió como suele, con el apetito perdi­do...50 y, estando escriuiendo ésta, lo ha reuesado todo. Y el mayor trabajo del mundo es ver su apetito tan caído y su Alteza se ayuda mal». Atendido por los médicos de su cámara y algunos otros de quienes se requirieron urgentemente sus servicios51, no su­pieron darle remedio. Muerto el príncipe, recibió inicialmente sepultura en la iglesia mayor de Salamanca «jueves en esclareciendo», cinco días de octubre.

      La tradición romancística ha retenido también las particularidades de la fatal enfermedad del príncipe (estado febril e inapetencia, sin otros síntomas):

Malo está de calentura, que otro mal no se le halla

’tou nesta cama deitado, por ora nao me dói nada

estou doente nesta cama, doente sem comer nada52,

así como la desorientación de los varios médicos que le prestan asistencia (según hemos visto en los versos 3-6 de la versión ejemplar facticia citada más arriba). Es el fracaso de los médicos de cabecera, igual que en la historia, lo que hace necesaria la llegada a su lado del doctor De la Parra.

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

40 P Bénichou, Creación poética, no tuvo noticia del documento de Simancas; por ello, al enume­rar «los rasgos que concuerdan con la verdad histórica» únicamente reconoce: «la mención... del doc­tor De la Parra, que fue, en efecto, un médico de la corte española en aquellos tiempos» (p. 96).

41  Publicada en J. Leite de Vasconcellos, Romanceiro português (1958), p. 23. Sobre la donación de la ciudad de Salamanca véase adelante, n. 169.

42  Publicada por J. M. de Cossío y T. Maza Solano, Romancero popular de la Montaña, Santander, 1933-34, p. 53. Sobre la donación del Principado de Asturias, véase adelante n. 169.

43   Soto de Sajambre (véase atrás, n. 28), Tolosa (véase atrás, n. 17); Uña de Quintana (Zamora), Calzada de la Valdería y San Feliz de Valdería (León).

44   Opus Epistolarum Petri Martyris Anglerii Mediolanensis..., Compluti... M.D. XXX. Ed. facsimilar en Petrus Martyr de Angleria, Opera... Opus Epistolarum, Introd. by E. Woldan, Graz: Akademische Druck- u. Verlagsanstalt, 1966 (He consultado también otra ed.: Opus Epistolarum Petri Martyris Anglerii Mediolanensis..., París: apud Fredericus Leonard, MDCLXX, que ofrece otra numeración de las cartas). Aprovecho, por lo general, la cuidada traducción castellana publicada en Pedro Mártir de Angleria, Epistolario, Estudio y traducción por J. López de Toro, I, «Documentos Inéditos para la Historia de España», IX (Madrid: Góngora, 1953).

45  Texto latino: «Ludus Troicus coeteraque solemnia qualia decuit in pompa regia, instruuntur. Sed aduerte, quam infaustum fellis poculum, tantae laetitiae fortuna more suo commiscuerit...». La carta fue dirigida al Cardenal de Santa Cruz y está fechada en III Kls. Maii. M.CCCCXCVII («Liber decimus», carta CLXXV de la ed. citada, 174 en la ed. de 1670 y en la trad. esp.).

46  Texto latino: «Inopino namque tanti adulescentis casu, stupent omines, nec soluere iam quisquam habenas audet, haud fore diu foelices nuptias merore oppressi praesagire videntur».

47  «Tertio die praecipite febre corripitur» epist. CLXXXII (= 182 en la trad. española). P.M.A.M. Cardinalis sanctae crucis. XV Kalendas Nouembris M.CCCCXCVII. Lo mismo consigna Enzina, quien acompañando al Duque de Alba don Fadrique, su señor, estuvo ese tiempo en Salamanca: «El Príncipe nuestro, preçioso, ecelente, / ya reposado en su gran ciudad, / al día tercero sintió enferme­dad, / mostrando la poco no poco doliente», A la dolorosa muerte del Príncipe Don Juan... Tragedia trabada por Juan de la Enzina, s. 1. ni a. Apéndice al Cancionero de Juan del Encina. Primera edición, 1496, ed. facsímile de la Real Academia Española, Madrid: Tip. RABM, 1928.

48  Hemos de creer a Juan de Enzina cuando narra: «luego se vió muy triste la gente, / aun que pensauan su mal ser liuiano». «El Rey y la Reyna primero vinieron / a ver a su hijo estando doliente; / mas ellos, pensando ser poco acidente, / porque era forçado de allí se partieron: / lleuauan la hija pri­mera que ouieron / a dar por muger al Rey Lusitano», ya que el poeta escribió y representó en Sala­manca ante los príncipes El triunfo del Amor en el breve tiempo que en ella estuvieron.

49   La carta se conserva en un manuscrito de la Academia de la Historia (Varios de Historia y marina, E-132, p. 89). Fue publicada por la Sociedad de Bibliófilos Españoles como apéndice (V: «Documentos relativos a la enfermedad y muerte del Príncipe D. Juan», A) al Libro de la Cá­mara Real del Príncipe don Juan (1870), pp. 232-233. La carta está fechada en Salamanca «oy vier­nes a las siete después de mediodía». En una postdata suplica que uno de los reyes acuda inmediatamente.

50  Fray Diego consigna, seguidamente, que lo entonces comido fue «no cantidad de media pechuga de pollo; prouáronle de unos murcillos de brazo de carnero y de una pierna de carnero, no comió casi nada».

51  En su carta, fray Diego alude a las disposiciones de los médicos de cabecera («lo que acuerdan estos físicos es darle muchas vezes de día y de noche algo que tome, o en zumos o en manjar»); pero, ante la debilidad creciente de don Juan («después d’ésta escrita, han venido a su Alteza algunas con­gojas, y la virtud hállanla muy caída»), dispone la llamada de otros médicos: «en tal necesidad no espe­ramos el mandamiento de Vuestras Altezas para llamar al dotor De la Reyna y a otros físicos».

52  El primer verso citado según una versión judeo-española de Orán (ed. P. Bénichou, Rom. judeo-esp. de Marruecos, 1968, p. 47). Varias versiones peninsulares de León y Ourense dicen que don Juan está con «unas fuertes calenturas    que el cuerpo le abrasaban». Cito por una versión de Sigüeya (La Cabrera, León], dicha por Manuela Blanco, 75 a.,  y Dominga Álvarez, 87 a., en julio de 1981 a un equipo encuestador del Seminario Menéndez Pidal (Diego Catalán, Ana Vian, Juan Antonio Blanco y Rachel Hollcenberg). El segundo verso citado se halla en la versión portuguesa s. 1. (cit. en la n. 32) y el último es propio de un grupo de versiones de Trás-os-Montes y de una versión de Beira Alta (de Mondim).

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*   7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*   8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

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Imagen: fragmento de la Danza macabra,  Bergamo, Italia: pintor desconocido, fresco  de L’Oratorio dei Disciplini, 1485.