Blogia

ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

VALDOVINOS SORPRENDIDO EN LA CAZA

60
VALDOVINOS SORPRENDIDO EN LA CAZA

Al Monte de los Acebos
--Valdovinos fue a cazar,
Ha matado un jabalí
--y otro espera de matar;
toca la cuerna de oro
--y también la de cristal.
Ya lo oyera el rey morico,
--que en altas torres está:
-Moricos, los mis moricos,
--los que estáis a mi mandar,
los que bebéis de mi vino,
--los que coméis de mi pan,
ése que toca la cuerna
--ganas tiene de pelear.
Al que traiga su cabeza,
--a oro se la he de pesar.-
Por Monte de los Acebos,
--cinco mil moricos van,
en busca de Valdovinos,
--no lo pueden encontrar.
Luego lo hallaron durmiendo
--a sombra de un olivar,
a los pies de su caballo,
--agarrado a su ronzal.
-¿Qué haces ahí, Valdovinos,
--aquí qué vienes buscar?
Si vienes buscar la muerte ,
--ya te la venimos dar;
si vienes buscar la vida,
--de aquí no la has de llevar.
-¡Oh, mi espada Doradina,
--dulce tienes el cortar,
de muchas me has sacado
--y de ésta no sé qué harás;
pero si de ésta me sacas,
--de oro te he de diamantar!-
Por la gracia de Dios Padre
--comenzó la espada a hablar:
-Si meneas los tus brazos
--como los sueles menear,
yo cortaré por los moros
--como cuchillo por pan;
las cuatro bandas de moros
--las pasaré par a par.-
A eso del mediodía
--no tenía con quien pelear.
Por Monte de los Acebos
--tres ríos de sangre van;
donde se juntan los ríos,
--hacen un brazo de mar.
Caballo de Valdovinos
--recelaba de pasar.
-¡Oh, caballo, oh, caballo,
--oh, mi caballo ruán,
de muchas me has librado,
--hoy no me has de faltar:
pasa, mi caballo, pasa,
--no receles de pasar!-
Por la gracia de Dios Padre,
--comenzó el caballo a hablar:
-Aflójame de la cincha
--y alárgame el petral
y dame la sopa en vino
--y el agua por la canal,
que esos tres ríos de sangre
--yo me los he de pasar.

---- No hay huellas de este romance en el Siglo de Oro. En la tradición oral moderna se ha conservado en León, Lugo y Asturias (Occidental y Central). El comienzo primitivo, que he aceptado en mi versión antológica, sólo nos es conocido gracias a dos recitadoras del Alto León (de Llanos de Alba y de La Robla) entrevistadas por Josefina Sela en 1917 y 1915. En el resto de las versiones de los siglos XIX y XX, ha sido reemplazado (debido a la relativa homofonía en los nombres "Valdovinos" y "Cond' Olinos") por la secuencia narrativa inicial del romance llamado por Ramón Menéndez Pidal "Amor más poderoso que la muerte", gerneralmente conocido como "El conde Niño" o "El conde Olinos". En ese comienzo substituto, el enamorado protagonista canta una dulce canción, a las orillas del mar, que, al ser escuchada, desde su palacio, por la Reina, despierta en ella ansias amorosas; pero, al revelarle su hija que no es ella la destinataria de la canción y sentirse generacionalmente reemplazada como objeto de deseo, ordena la muerte del cantor. En el desenlace de las más de estas versiones, se hace intervernir a la virgen María como coautora de la fantástica matanza de los moros que cercan al descuidado Olinos. Más grave para la desintegración del tema del romance carolingio es lo ocurrido en la más antigua de todas las versiones (que no por serlo representa la forma más vieja del romance), la publicada, aún en el siglo XIX, por Juan Menéndez Pidal, donde el recuerdo del romance de "El conde Olinos" impone que la batalla acabe sin victoria para el héroe, cuya muerte será seguida por la de la hija de la Reina, el entierro de los amantes perseguidos y el triunfo del Amor sobre la Muerte, al trasformarse sus cuerpos en nuevos seres que logran juntarse en su nueva vida. Este texto, recogido en Miñagón (en la Asturias gallega), publicado en 1885, habiéndo sido prontamente antologizado por Marcelino Menéndez Pelayo e incorporado a libros escolares, ha llegado a retradicionalizarse, en cierto modo, ya que se recoge entre cantores modernos de romances, y algunas de estas versiones "librescas" no sólo se cantan, sino que han acogido variantes de las trasformaciones procedentes de la tradición oral local del romance dominante, el de "El conde Olinos".
---- Pese a estas vicisitudes en su vida oral, el romance de "Valdovinos sorprendido en la caza" guarda memoria viva de la desmesura épica típica de las chansons sobre héroes francos que fascinaron a toda Europa en siglos medievales. Valdovinos es la traducción al español de Baudouin , el nombre en francés del sobrino de Carlomagno, el hijo no incestuoso de su hermana. Y la escena de Valdovinos sorprendido por los moros, yendo de caza desarmado, un episodio de la Chanson de Guiteclin o Chanson des Saisnes (o des Saxons). Conocemos el episodio en la forma en que lo relata el más famoso texto de esa epopeya, la tardía reelaboracion erudita de la gesta que escribió, en "versos nuevos" y "bien rimados", Jehan Bodel de Arras en el último cuarto del siglo XII . Se trata de una de las numerosas muestras de audaz y temeraria valentía con que Baudouin compite con Bérart, mientras el ejército franco espera la construcción de un puente que le permita cruzar al otro lado del río que le separa del ejército de los sajones. Los dos rivales pasan repetidas veces solos el río, para gozar, en el campamento moro, del amor de sus respectivas amigas. Pero se trata de una muestra temeraria singular, fruto del despecho del sobrino del Emperador, que se ha retirado a su tienda, sin despedirse siquiera de Carlomagno, por la afrenta que ante él ha recibido al hacer público Bérart un mensaje de su amante, la reina sajona Sébile, reprochándole haber dejado de visitarla por cumplir el mandamiento del Emperador de interrumpir los temerarios cruces del río. Baudouin concibe en esa ocasión una empresa cuyo peligro sea tal que resulte inigualable, como es la de vestirse ricamente, dirigirse al río fronterizo sin loriga ni yelmo, con sólo una lanza, como si fuera de caza, y cruzarlo, internándose en territorio sajón, dispuesto a mostrar a Sébile, su fidelidad amorosa.
----Aunque, en el relato de Bodel, el franco es descubierto por un pariente del rey sajón Guiteclin, que, al verle desarmado, le cree fácil presa, y Baudouin supera, con su valor y destreza, la desventaja de no hallarse armado, su hazaña carece por completo de la desmesura épica que en el romance tiene la batalla de Valdovinos con los moros qu le rodean. En la chanson de geste rimada por Bodel hay otro episodio en que, después de un encuentro amoroso con Sébile, Baudouin es perseguido por quinientos caballeros moros, que no logran impedir que llegue a orillas del río y que su caballo le pase al otro lado nadando, y, por otra parte, en cierta ocasión, se nos hace saber que su caballo le ha salvado muchas veces en sus aprietos. Pero no hay en ella modelo alguno para los parlamentos romancísticos de Valdovinos con su espada y con su caballo, ni para los hiperbólicos ríos de sangre resultado de la matanza.
---- No creo que el papel de la espada y del caballo sacando a Valdovinos del peligro mortal en que se halla, que en la tradición oral de los siglos XIX y XX se dramatiza en versos de indudable antigüedad multisecular, sea una creación del Romancero sin base en la Epopeya. Es un motivo que responde demasiado bien a los módulos de los poemas heroicos franceses compuestos por autores menos pendientes de satisfacer los gustos de un nuevo público cortesano y burgués que Jehan Bodel. Ejemplo bien conocido de cómo una chanson puede considerar "personajes" esenciales en la acción a un caballo y a una espada es la de Ogier de Danemarch, donde las proezas del danés sólo son posibles gracias al caballo llamado Broiefort y a la espada llamada Courtain. Recuérdese, en especial, el episodio en que el caballo despierta a Ogier cuando quince mil franceses están a punto de caer sobre él y en que el héroe, con su ayuda y la de su espada, logra abrirse paso por medio de cuatro mil persecutores y continuar su huida.
----Las raíces de la perdida gesta de Sansueña, que, según en otra ocasión veremos, se cantó en España, son más complejas y problemáticas que lo que la crítica suele admitir.

Diego Catalán


EL INFANTE VENGADOR

59
EL INFANTE VENGADOR

Don Arbelo Pardo viene
--en un caballo andador,
el cabello trae revuelto,
--demudada la color.
Se topó con conde Carlos,
--hijo del Emperador.
-¿A dónde va, don Arbelo
--en su caballo andador?
-Voy a sacar a don Diego
--de boca de aquel dragón,
y a muchos más compañeros,
--que de buena sangre son.-
Jornada de treinta leguas
--en un día caminó;
y en llegando a los portales,
--por don Diego preguntó.
-¡A espacio, a espacio, Arbelo,
--que estas puertas del rey son!
Tomó él la lanza en la mano
--y con ella le tiró.
Se la metió por los pechos
--y a la espalda le salió;
de sangre que de él salía
--todo el patio se llenó.

----Una versión, dicha por Marcelina Mandiás, de 75 años, de O Bolo ('El Bollo´), en Orense, a Víctor Sainz Armesto, en 1905, es el único testimonio que conozco de la pervivencia del tema en la tradición del siglo XX por vía exclusivamente oral. El romance "carolingio" de que procede fue recogido por los impresores de romances del siglo XVI, desde el Cancionero de Romances de Amberes, sin año de (c. 1547-1548) en adelante, en una magnífica versión. Otro texto antiguo, que remata, muy acertadamente, la historia en su punto culminante, fue editada en 1605 por Juan de Ribera; quizá proceda de la versión, hoy perdida, que se imprimió, entre los "Romances nuevamente compuestos por Tomás López", en Jerez de la Frontera, 1593 (que alcanzó a ver A. Rodríguez Moñino en la biblioteca de Cejador).
----El romance del siglo XX reinterpreta lo narrado en el texto antiguo con un gran desparpajo, fruto de la trasmisión oral. Comienza, en su primer verso, por dar nombre al protagonista, que en el romance del siglo XVI era un anónimo "infante vengador" malentendiendo la fórmula inicial "Velo, velo, por do viene" ; nombre que, una vez instituido, reitera en el curso de la narración. Visualiza la agitación de espíritu del impetuoso caballero, no sólo mediante el color demudado de su cara, sino aplicando la calificación de "revuelto", procedente del antiguo verso "su manto rebuelto al braço", al cabello del héroe. Y da una función enteramente nueva al "dragón", que era mentado en el romance de los siglos XVI y XVII al describir el extraordinario"venablo cortador" que lleva en su mano el infante vengador:

con la punta del venablo
--sacarían un arador

(aludiendo al "arador de la sarna", que se sacaba de debajo de la piel),

siete vezes fue templado
--en la sangre de un dragón
y otras tantas afilado

(o amolado)

--porque cortasse mejor;
el hierro fue hecho en Francia

(o en Vizcaya)

y el asta en Aragón,
--perfilándoselo yva
en las alas de su halcón.

Ese mítico venablo era, en el romance de los siglos XVI y XVII, el verdadero "protagonista":

siete vezes lo pensava
--si lo tiraría o no
y, al cabo de las ocho,
--el venablo le arrojó,
por dar al dicho don Quadros,
--dado a al Emperador:
passado le ha manto y sayo,
--que era de un tornasol,
por el suelo ladrillado
--más de un palmo le metió;

especialmente en la versión más tardía, que abandona ahí el relato, con los versos:

Por un patín ensollado
--palmo y medio le metió,
quanto una missa rezada
--el venablo retembló.

----En el romance tradicional del siglo XX sólo hace su aparición el venablo al final, trasmutado en lanza que cumple su misión de atravesar al destinatario. El nuevo desenlace no destruye, sin embargo, uno de los aciertos poéticos en que la versión publicada por Juan de Ribera mejoraba a la de los Cancioneros: el reforzar la inedintificación de los personajes envueltos en la historia. Somos los receptores de la narración quienes hemos de dar respuesta a múltiples interrogantes: ¿Quién es el muerto?, ¿qué implicación tiene en el drama el hijo del Emperador?, ¿quiénes son don Diego y sus nobles compañeros? La posible relación del texto de tradición oral del siglo XX con el romance carente de desenlace que circulaba en el siglo XVII se subraya por la presencia en ambos textos de otra voz compartida con funciones distintas: el patio, en que ocurre la acción final.

Diego Catalán

EL PAJECICO SACADO DEL MAR

58
EL PAJECICO SACADO DEL MAR

Mañanita, mañanita,
--mañanita de San Juan,
alcé mis paños de Holanda
--y a la mar me fui a lavar.
Encontré un pajecico
--que de mí quiso burlar.
Dile yo un entrepecho
--y a la mar le eché a nadar.
Duele mi corazón, duele,
--de mirarlo allí ahogar;
echéle los mis trenzados
--y saquéle de la mar.
Hícele cama de rosas,
--cabecera de azahar,
cobertor con que se tapa
--las hojas de un limonar.

----Sólo la tradición judeo-española marroquí nos da a conocer este romance; y su debilidad como narración tiende en ella a vincularlo a algún otro para "completar" su historia. Me parece, sin embargo, temáticamente suficiente como aquí lo recojo: con sus dos actos fundados en las dos reacciones de la joven doncella ante el "acosador", el no menos joven e inexperto varón. Una delicada perla de la corona.

Diego Catalán

Imagen: splinder.com

EL CONDE ALEMÁN

 

57
EL CONDE ALEMÁN

Alta, alta va la luna
--cuando el sol salir quería,
cuando el conde Alemán
--él con la reina dormía.
Alta, alta va la luna
--cuando el sol alboreaba,
cuando el conde Alemán
--él con la reina holgaba.
No lo sabe hombre del mundo,
--cuantos en la corte había,
si no era la su hija
--que a los sus pies bien dormía.
No lo sabe hombre del mundo
--cuantos en la corte estaban,
si no era la su hija
--que lo veía y callaba.
-Si algo visteis, Belisenda,
--encubridlo y enceladlo
os dará el conde Alemán
--manto de fino damasco.
Si algo visteis, la mi hija,
--enceladlo y encubridlo,
también la reina tu madre
--os dará ajuar cumplido.
-¡El diaño lleve el ajuar
--y ese manto de damasco!,
¡aún tengo a mi padre vivo
--y me quieren dar padrastro!
De que él venga de misa
--yo todo he de decirlo:
que en vida del rey mi padre
--tomasteis nuevo marido.
De que él venga de misa,
--yo todo he de contarlo:
que en vida del rey mio padre
--tomasteis nuevo amado.
-¡Malhaya sea, mi hija,
--la leche que yo os diera!
-¡Malhaya sea el pan
--que de mi padre comierais!-
Estando en estas palabras,
--el buen rey que llegaría.
Topó a la niña llorando,
--de ella se amancillaría:
-¿Por qué lloras, Belisenda,
--quién a ti te ha hecho mal?
-Vino el conde Alemán,
--conmigo quiso burlar.
Estando en la mi puerta,
--en mi bastidor labrando,
pasó el conde Alemán,
--me tiró de mis trenzados.
-Así ríen, la mi hija,
--así ríen los muchachos.
-De detrás de esos reires
--acontecen muchos daños.
-Si os place, la mi hija,
--haré al conde matarlo.
-No lo matéis, el mi padre,
--ni lo quisierais matar,
el conde es niño y muchacho,
--del mundo quiere gozar;
desterradlo de estas tierras,
--que en ellas no coma pan.

----Este romance, del que hay versión del siglo XVI, incorporada al Cancionero de romances de Amberes en 1550, sólo ha llegado por vía oral hasta el siglo XX gracias a tres ramas de la tradición panhispánica: la judeo-española de Oriente (conozco versiones de Istib, de Salónica y de Jerusalén), la judeo-española de Marruecos y la gallego-portuguesa. De España sólo tengo presente dos versiones: una de Piñor (Orense), en gallego, que recogió Victor Said Armesto en 1904, y otra versión de Herrera de Alcántara (Cáceres), en el portugués local, que recogió Jesus Bal en 1931 (de boca de Antonia Nevado, de 40 años).
----Me atengo, en mi versión antológica, a la tradición sefardí, aunque, en su desenlace, se aparta completamente de la versión antigua, ya que, a fin de dulcificar la figura de la infanta, evita la cruel escena del ajusticiamiento del joven conde a la vista de su amante, que la tradición portuguesa y gallega conserva. No he querido traducir versos al español, que sólo existen en portugués y en gallego, como son éstos:

-Não quero vestidos d'ouro
--cá os tenho de damasco,
ainda meu pai é vivo
--ja me querem dar padrasto!
As mangas desta camisa
--não chegue eu a romper,
se, em vindo meu pai da missa,
--se lho eu n ão for dizer!-
-Venha embora, meu pai,
--boa seja a sua vinda.
que eu tenho que lhe contar
--uma grande maravilha:
estando eu no meu tear,
--tecendo seda amarela,
veio o conde de Alemanha
três fios me tirou dela!
-Cala-te lá, minha filha,
--isso não há que estranhar,
o conde é rapaz novo,
--isso seria a brincar.
-Leve o diabo o seu brinquinho,
--mal o haja o seu brincar!
Pegou-me a mim nos braços,
--a cama me quis levar!
-Cala-te lá, minha filha,
--e pãe-me de almoçar,
que amanhã por estas horas
--vai o conde a degolar.-
-Venha ver, ó minha mãe,
--venha a ver a fidalguia,
com a cabeça num prato
--e o sangue numa bacia-
-Mal o hajas, minha filha,
--mais o leite que mamaste,
a uma cara tão linda
--que morte lhe tu causaste!
-Cale-se lá, mimha mãe,
--não a faça eu calar:
a morte que teve o conde
--não lha faça eu levar!
Eu sujei a minha cara
--para a sua alimpar.

Diego Catalán

 

 

En portada: grabado de autor desconocido 

EL CID PIDE PARIAS AL MORO

EL CID PIDE PARIAS AL MORO

56
EL CID PIDE PARIAS AL MORO

Por la vega de Granada
--iba el Cid al mediodía,
en su caballo Babieca,
--ique al par del viento corría,
y doscientos caballeros,
--ique lleva en su compañía.
Iban contando hazañas
--ipara llevar alegría,
iban contando hazañas
--icada cual de sus amigas:
unos las dejan preñadas,
--iotros las dejan paridas,
otros las dejan doncellas,
--iambas del amor rendidas.
-Ya que todos heis hablado,
--icontaré yo de las mías.-
Metió la mano en su seno,
--isacó a la Virgen María:
-Cata aquí a la que yo amo,
--ide noche y también de día;
siempre la llevo conmigo,
--ila tengo en mi compañía.-
El rey, que lo está mirando
--ide un mirador que tenía:
-Bien venido seas, Cid,
--ibuena sea tu venida.
Si venís a ganar sueldo,
--idoblado te lo daría;
si venís a tornar moro,
--iseréis señor en Turquía,
si os venís a casar,
--icasaréis con hija mía.
-Yo no vengo a ganar sueldo,
--ino lo he ganado en mi vida,
y tampoco a tornar moro,
--ique mejor ley es la mía,
tampoco vengo a casarme,
--ique mi Jimena aún es viva;
vengo a llevarme las parias
--ide mi tío el rey de Castilla.
-Esas no las llevas, Cid,
--ique él a mí me las debía.
-O las he de llevar, perro,
--io te he de quitar la vida.
-Habla poco a poco, el Cid,
--imansito y con cortesía,
que quizá haya aquí en mi Corte
--iquien vuelva por la honra mía.
El Cid llevaba una lanza,
--iciento seis palmos tenía,
cada vez que la blandeaba,
--ihierro con hierros hería,
cada vez que la blandeaba,
--itemblaba la morería.
De tres en tres los mataba,
--ide seis en seis los enhila.
-¡Vuelta, vuelta, mi caballo
--iy mi lanza jabalina,
que si vas ensangrentada,
--iyo te lavaré en Castilla!

--i--iAl son de chácaras y tambores oyó cantar, en 1984, este espléndido romance cidiano la antropóloga americana Martha E. Davis al labriego de Chipude, Ruperto Chineda, en La Gomera (Islas Canarias); y, gracias a la capacidad de los gomeros de hablar potenciando la voz articulada mediante el silbido (con el famoso "silbo gomero"), pude, un año después, hallarle, tras un lejano cerro, donde labraba unas tierras con su arado romano, y tener la oportunidad de anotar la letra de "El Cid pide parias al moro".
--i--iEn mi versión antológica no he dado acogida a unos versos que aún perviven en el Romancero del siglo XX como herencia del mismo romance en el extremo Noroeste de la Península:

Por el Val de las Estacas
--iva Rodrigo al mediodía,
relumbrando van sus armas
--icomo el sol cuando nacía,

pues allí sólo se conservan como un motivo desligado del romance de "El Cid pide parias al moro".
--i--iEl tema del romance proviene de la Historia y de la Poesía épica: Rodrigo Díaz de Vivar fue, ciertamente, enviado por Alfonso VI al rey al-Mu`tamid ibn Abbad de Sevilla a cobrar el tributo ("las parias") que el rey moro se había comprometido a pagar anualmente a cambio de que el rey de León y Castilla no le "corra" de las tierras de su reino, depredándolas, sino, por el contrario, le proteja frente a la ambición de otros Reyes de Taifas vecinos y de expedicionarios cristianos codiciosos del oro musulmán. Y, durante aquella misión, fue protagonista de una batalla campal en Cabra (1075), en las fronteras del reino de Sevilla con el de Granada, no contra al-Mu`tamid, sino en defensa suya, frente al rey Abdallah y los caballeros castellano-riojanos que ejercían de protectores de este rey de Granada (no sólo respecto a los reyes moros vecinos, sino a sus propios súbditos, hartos de pagar tributos ilegales para satisfacer la insaciable codicia de oro musulmán manifestada por el rey de León y Castilla). En la batalla, Rodrigo Díaz derrotó, de forma humillante, a dos grandes magnates castellano-navarros (Garci Ordóñez y Fortún Sánchez), casados con las infantas hermanas del rey de Navarra Sancho García, las cuales, poco después (en junio de 1076), serían partícipes, en grado diverso, en la conjura que dio lugar al magnicidio de ese infortunado rey, regicidio fratricida en virtud del cual Alfonso VI se anexionó la Navarra najerense y vino a llamarse Emperador de España (1077). Aunque la gloria de aquella batalla campal de Cabra fue celebrada (en latín) por el Carmen Campidoctoris, como uno de los grandes hechos de Rodrigo Díaz, la enemistad de "el Campeador"con la alta nobleza de Castilla y La Rioja (que aquella lid campal vendría a consolidar) sería un obstáculo permanente para que el infanzón Rodrigo gozara de una buena relación con su rey.
--i--iEl "juglar" de San Esteban de Gormaz que, según mis estimaciones, estrenó el canto de la gesta en lengua vulgar de Mio Cid el año 1144, en las bodas en León (19 de junio) y tornabodas en Pamplona del nieto del propio "héroe" (García Ramírez, el restaurador del Reino de Navarra), con la "infantissa" hija bastarda del Emperador Alfonso VII, bodas que pusieron fin a las intermitentes guerras navarro-castellanas, sabía también que el Cid había vencido y aprisionado en Cabra a su "enemigo malo", el conde don García y de su ida a cobrar las parias debidas a su rey. Pero llegó, por su parte, a suponer (sincopando varios años de la vida del Campeador), que la causa inmediata del primer destierro de Rodrigo Díaz (que ocurrió en 1081) fueron acusaciones cortesanas acerca de que, en su embajada, había recibido secretamente del rey de Sevilla y retenido una fuerte cantidad de oro musulmán monedado.
--i--iPero, aunque el romance recoja tradiciones histórico-épicas, no es heredero directo de la poesía épica. El poema de Mio Cid empezó siempre con la salida de Rodrigo de Vivar camino del destierro, esto es, cuando ya la ira del rey ha causado que sus palacios se hallen vacíos (con las puertas abiertas y sin candados) y que su mujer e hijas hayan buscado refugio en el Monasterio de Cardeña, siendo en él recogidas por caridad. Nunca se narró en él ni la prisión del Conde don García en Cabra, ni la petición de parias al rey de Sevilla (las crónicas que combinan datos extraídos de la Historia Roderici y del Mio Cid no deben aducirse como testimonio de tal comienzo). Y en otros poemás épicos se buscó otra ocasión y otra causa para el destierro de Rodrigo.
--i--iFueron, evidentemente, los relatos en prosa de las crónicas y no las gestas en verso los que sugirieron a un romancerista la escenificacion del encuentro del Cid con "el moro" a quien viene a exigir el pago de las parias.
--i--iConocemos varias versiones del siglo XVI del romance, junto a citas de su exordio y trasposiciones del tema aplicándolo a las ganancias de Amor o de la Vida (tanto anteriores como posteriores a esas versiones). Ofrezco a continuación un texto facticio, ejemplar, de lo narrado en la brillante escena romancística cantada, con variaciones, en los siglos XVI y XVII, para que el lector perciba lo que el romance del siglo XX hereda e innova:

De las ganancias del Cid,
--ibuen rey, no ayáis codicia,
que quanto gana en un año
--itodo lo pierde en un día.
Con quinientos cavalleros
--ique lleva en su compañía,
por el Val de las Estacas
--ipassa el Cid a medio día,
en su cavallo Babieca,
--ique gruessa lança traýa.
Dávale el sol en las armas,
--i¡o quán bien que parecía!,
A man derecha le dexa
--icastillo de Costantina,
ývase para Jaén
--iy a toda el Andalucía,
a buscar al moro Adarte,
--ique enojado le tenía.
El rey moro, que lo supo,
--ia recebirlo salía,
con trezientos cavalleros,
--ila flor de la morería:
-Bien seáys venido, Cid,
--ibuena sea vuestra venida.
Si venís a ganar sueldo,
--idoblado se os daría;
o, si venis por muger,
--idaros he una hermana mía;
si os venís a tornar moro,
--iyo por mejor lo tendría.
-Yo no vengo a ganar sueldo,
--ique no le gané en mi vida,
ni vengo yo por muger,
--ique doña Jimena es viva;
ni me vengo a tornar moro,
--ique mejor ley es la mía.
Mas vengo yo por las parias
--id'ese buen rey de Castilla;
tres años eran passados
--ique tú no se las enbías.
-Yo no devo nada a nadie,
--iantes él a mi devía;
essas parias, el buen Cid,
--iessas vos no llevaríays;
si mi padre las pagó,
--ihizo lo que no devía.
-Si por bien no me las das,
--imuy caro te costaría,
que te correré las tierras,
--idesde Córdova a Sevilla,
y te tajaré los panes,
--ilas bestias los pacerían.
-¡No lo haréis vos, el Cid,
--ique yo buena lança avía!
-En quanto esso, rey moro,
--icreo nada te devía,
que si buena lança tienes,
--ipor buena tengo la mía;
te prenderé por la barva,
--illevarte he presso a Castilla.
-No os enojéis, buen Cid,
--ique burlando lo dezía;
por ser vos el mensajero,
--idobladas os las daría.

--i--iLa herencia de la versión hoy tradicional en La Gomera, por vía oral, sin interferencias de los textos puestos por escrito en los siglos XVI y XVII, respecto a la tradición oral antigua es segura, dado que en la versión moderna perviven detalles del viejo romance que se hallan dispersos en las varias versiones impresas y manuscritas.
--i--iMás interesante que esa continuidad tradicional es, en el romance del siglo XX, el partido sacado de uno de los procesos innovadores más comunes en el Romancero oral: el recurso, para enriquecer un tema con motivos adicionales, al acervo de motivos y versos proporcionado por el conjunto del "saber" romancístico de los trasmisores. En el texto canario de "El Cid pide parias al moro" se ha incorporado, de una parte, a la descripción de la cabalgada, el motivo épico de los caballeros que se entretienen jactándose ("gabándose") de sus pretendidas hazañas amorosas (tomándolo del romance viejo de El tornadizo y la Virgen) y, de otra, se ha dado más relieve al de "la lança" del Cid, motivo rico en connotaciones simbólicas y figurativas, añadiendo la descripción hiperbólica de su longitud y de su flexibilidad en manos del héroe (descripción hiperbólica tópica desde tiempos medievales, que en el romancero viejo es parte sustancial del tema del romance "fronterizo" de Portocarrero). El romance del siglo XX resultante nada tiene que envidiar a su antecesor del siglo XVI.

Diego Catalán

Dibujo de portada: www.leergratis.com

LA SERRANA DE LA VERA

55
LA SERRANA DE LA VERA

Allá en Garganta la Olla
--en las sierras de la Vera,
donde el rey no manda nada
--y la justicia no llega,
ni los hombres tienen miedo,
--ni las mujeres vergüenza,
habitaba una serrana,
--alta, linda, ojimorena,
blanca como pan de leche,
--rubia como la canela.
Al uso de cazadora,
--gasta falda a media pierna,
botín alto y argentado
--y en el hombro una ballesta;
trae recogidos los rizos
--debajo de la montera,
que no se diferenciaba
--si era varón o era hembra.
Cuando tiene gana de hombre,
--se bajaba a la ribera,
va por ver cantar el agua
--y bailar a las arenas;
cuando de amores no quiere,
--se sube a las altas peñas.
Estando yo con mis cabras
--donde llaman Torrambela,
vi bajar a la serrana
--brincando de piedra en piedra.
Me ha desafiado a luchar,
--me puse a luchar con ella.
Me dice "Pollo calzado",
--le digo "Gallina clueca";
me tiró la zapateta,
--le tiré la zancajuela,
ni ella me tumbaba a mí,
--ni yo tumbarla pudiera.
Quiso Dios y mi Fortuna
--por debajo me cogiera,
y, de que me vio vencido,
--me llevó para su cueva.
No me lleva por camino
--ni tampoco por vereda,
que me lleva por carriles
--que de cristianos no eran.
Me dio yesca y pedernal
--para que la lumbre encienda:
-Prende, prende, serranillo,
--que voy a buscar la cena.-
El fuego sin encender,
--ya la serrana volviera;
de conejos y perdices
--trae la pretina llena,
de conejos y perdices,
--de tórtolas y aragüeñas.
-¡Alégrate, caminante,
--que buena cena te espera!-
Y se puso a hacer la lumbre
--con huesos y calaveras.
Mientras que el conejo se asa,
--la perdiz está en cazuela.
Se pusieron a cenar;
--me mandó cerrar la puerta,
pero yo, de prevenido,
--la dejé un poco entreabierta.
Si buena cena me dio,
--muy mejor cama me diera:
sobre pieles de venado
--su mantellina tendiera
y de cabecera puso
--las pieles de una coneja.
Ella toca un rabelillo,
--a mí me dio una vihuela.
Yo, que lo sabía hacer,
--me puse a templar las cuerdas,
la prima con la segunda,
--el bordón con todas ellas.
Vino tinto para mí,
--vino blanco para ella.
-Bebe, bebe, serranillo,
--bebe por la calavera.-
Venga vino sobre vino,
--venga vino en borrachera.
Por un cantar que ella canta,
--yo cantaba una docena;
intentó dormirme a mí
--y yo la adormecí a ella.
Desde que la vi dormida,
--de un brinco me salí afuera,
con las bragas bajo el brazo,
--los zapatos en chancleta.
Legua y media llevo andado
--sin revolver la cabeza;
una vez que la volví,
--¡ojalá no la volviera!,
vi venir a la serrana
--bramando como una fiera,
dando brincos como corza,
--relincha como una yegua.
Puso un chinarro en la honda,
--que pesaba arroba y media,
luego del primer hondazo
--me ha tumbado la montera.
-¡Espérate, serranillo,
--que te dejas la montera,
la montera es de buen paño
--y es lástima que la pierdas!
-Aunque fuera ella de oro,
--yo por ella no volviera.
-Por Dios te pido, serrano,
--no me descubras mi cueva.
-No te la descubriré,
--hasta la primera venta.
-¡Ay de mí, triste cuitada,
--que ahora seré descubierta,
que mi padre comió pan
--y mi madre pació hierba!
Soy hija del Conde Orgaz,
--engendrada en una yegua,
mis hermanos son dos potros,
--que andan por la alta sierra.

----La tradición oral moderna nos ha conservado hasta hoy este famoso romance en diversas regiones. En las Islas Canarias es el romance más cantado y mejor recordado, según un modelo muy rico en pormenores. También se ha recogido su letra y música en Cataluña. Fuera de estas tradiciones particulares, el área compacta de su difusión moderna abarca, que ahora me conste, la Andalucía occidental, Extremadura, Castilla-La Mancha, Ávila, Salamanca, Zamora, Bragança, León, Asturias, Palencia, Burgos y Cantabria.
El tema de "La serrana de la Vera" atrajo a los literatos del siglo XVII inclinados a aprovechar las tradiciones populares insertándolas en contextos propios de los gustos dominantes en la sociedad letrada de su tiempo. Lope de Vega y Vélez de Guevara lo desarrollaron en sendas comedias, Bartolomé de Enciso y el Maestro Valdivielso en dos autos. El incipit del romance fue recordado, de una parte, en una ensalada de disparates y, de otra, en una loa en morisco. Por otra parte, la historiografía localista lo consideró documento histórico.
----El que la serrana matadora de hombres pertenezca a la especie mítica de seres producto del apareamiento entre humanos y animales es variante minoritaria en la tradición oral de los siglos XIX y XX; pero su dispersión en versiones sueltas de Cáceres (en la propia Vera, en versión de 1877), Ávila , Salamanca y Zamora (y, aunque deformada, en otras de Zamora, Palencia, Toledo y Ciudad Real) hace indudable su antigüedad en el romance.
----Los comediógrafos del Siglo de Oro evitaron hacerse eco de esa justificación de la fiereza y comportamiento de la "Serrana", y buscaron otra más ajustada a las preocupaciones de la sociedad de su tiempo: el odio al varón, por haber sido engañada y deshonrada por un hombre.
----En mi versión antológica de la tradición oral moderna, he aceptado el criterio estético, dominante en ella, de no hacer explícita la secuencia final de la leyenda: la prisión de la serrana y su ejecución pública. En las versiones en que existe reviste varias formas, que contienen motivos incompatibles entre sí, y resulta curioso observar que la incompatibilidad de esos componentes está muy relacionada con una cuestión básica que atañe al conjunto del romance: ¿de qué tipo de texto literario pre-tradicional procede el romance cantado en el siglo XX? Por un lado, la imagen y descripción de la bella cazadora responde a la variante temática presente en el romance tal como lo conocieron y glosaron los autores a comienzos del siglo XVII; por otro, en las versiones en que la serrana es finalmente cazada por "siete ayuntamientos", a los que ella les da "tela" antes de ser prendida traicioneramente, su fiereza viene a ser justificada observando que "cada pie pesa una arroba, / cada brazo arroba y media" (obviamente debido a su herencia materna). Parece que, en el romance llegado hasta nuestros días, se han entrecruzado restos de una tradición legendaria remota con un prototipo romancístico textualmente creado, tardíamente, en el siglo XVI. De ahí, los contrastes narrativos que pueden percibirse en la versión arriba publicada. Pero, sea como sea, el resultado es un magnífico poema tradicional.

Diego Catalán

Imagen versionada de National Geographic

EL CAUTIVO Y EL AMA BUENA

54
EL CAUTIVO Y EL AMA BUENA

Me cautivaron los moros
--entre la paz y la guerra,
me llevaron a vender
--a Jerez de la Frontera.
Siete días con sus noches
--estuve en el almoneda
y no hubo moro ni mora
--que por mí una blanca diera,
si no fuera un renegado,
--que a malas lanzadas muera:
metió mano a su bolsillo,
--las cien doblas por mí diera.
Llevárame a la su casa,
--echárame la cadena;
me daba una vida mala,
--me daba una vida perra:
de día a moler esparto,
--la noche a moler cibera,
con un frenito en la boca,
--porque de ella no comiera.
Quiso Dios y mi fortuna,
--que encontré una ama buena:
cuando el moro no está en casa,
--me aflojaba la cadena;
me daba a comer pan blanco,
--del que el moro tenía en mesa,
me daba a beber del vino,
--del mejor de la bodega;
me echaba en su regazo,
--me espulgaba la cabeza.
Siempre me andaba diciendo:
---Cristiano, vete a tu tierra.
Si lo haces por caballo,
--yo te daré una yegua;
si lo haces por dineros,
--no te faltará moneda.
-¿Cómo me iré yo, señora,
--dejando tu cara bella?
-Más vale tu libertad,
--que no amor en tierra ajena.

----La única versión antigua que conocemos, publicada por primera vez (con su correspondiente glosa letrada) en dos Pliegos sueltos del siglo XVI (antes de ser reeditada, con correcciones, en diversos romancerillos de bolsillo), tiene un final mucho menos poético, ya que carece del diálogo entre el cautivo y su ama y reduce a pura lujuria el comportamiento de la mora y a puro interés el del cautivo: 

Por un plazer que le hize,
--otro muy mayor me hiziera:
diérame los cien doblones
--y embiarame a mi tierra.
Y assí plugo a Dios del cielo
--que en salvo me pusiera.

----El romance, ha tenido vida oral hasta tiempos modernos en ramas muy diversas de la tradición hispánica: en algunas comunidades sefardíes de Turquia (en el Oriente mediterráneo) y en las de Marruecos y Argel (en Occidente); entre los gitanos de El Puerto de Santa María (Cádiz); en toda la extensión geográfica de la tradición portuguesa (con alguna versión vieja lingüísticamente aún sólo aportuguesada a medias); en Galicia y Zamora; en Cantabria, y en la tradición catalana. Ninguna remata el romance guiada por la interpretación del texto impreso en el siglo XVI y, las más comparten el diálogo final entre el ama buena y el cautivo, con elementos comunes que reaparecen a larga distancia.
----Pero el texto poéticamente perfecto aquí acogido, en que la narración del "cuento" queda truncada en el punto de máxima tensión dramática, es un fugaz hallazgo de la tradición oral moderna (propio de las versiones judeo-españolas occidentales y de la única versión cántabra que conozco). Los "creadores" de este truncamiento tuvieron el acierto estético de escoger un motivo, en su origen secundario, y convertirlo en clave de todo el romance mediante la eliminación de cuanto pudiera seguirse en él contando.
----En comparación con esta invención elíptica, poco valen estéticamente los esfuerzos de otras ramas de la tradición para dotar a la historia de un desenlace. Las versiones catalanas y las portuguesas del centro y Sur de Portugal y de las islas atlánticas coinciden en contar la liberación del cautivo en forma de rescate: al volver el amo, el cristiano le paga las cien doblas dadas por él, mintiéndole respecto al origen del dinero. En estas versiones portuguesas, el desenlace se complica, aprovechando un romance de cautivos tardío, asonantado en -á.o, e introduciendo una escenificación elegíaca de cómo la mora (que ha dejado de ser la mujer del renegado, para convertuirse en la hija de un turco de Argel, amo del cautivo) contempla la partida, embarcado, de su amor, ante la mirada suspicaz de su padre. Frente a estas tradiciones, la formada por las versiones del Norte de Portugal, de Galicia y de Sanabria (en Zamora) escenifica la huida del cautivo siguiendo las instrucciones que en versiones de otras áreas le daba el ama. Pero en Orense y en Sanabria, la huida resulta frustrada, ya que se encuentra en el camino con el amo y no logra engañarle, por lo cual:

Con la furia, el perro moro
--de la mano me cogiera,
hiciérame decir misa
--a la sombra de una higuera,
ofreciéndome de cáliz
--un zapato de su yegua;
hiciérame consagrar
--la sangre de una culebra
y me hizo comer, por hostia,
--una hojita de hiedra,
haciéndome renegar
--la fe de Dios verdadera.

Diego Catalán 

Imagen de antuandetet.linkara.com

LA GALLARDA MATADORA DE HOMBRES

-¿Dónde vive la Gallarda,
--madre, que es cosa muy linda,
dónde vive la Gallarda?,
--yo visitarla quería.
-¡No vayas allá, hijo mío,
--no vayas, por vida mía!,
que también tu padre fue
--y no encontró la venida.
-Calle, calle, la mi madre,
--mi palabra he de cumplirla;
me ha brindado la Gallarda
--a dormir con ella un día.-
De los caballos que tiene,
--al mejor puso la silla,
y comienza a navegar
--por unas vegas arriba.
En el medio del camino,
--halló una fuente muy fría
y se apeara a beber,
--porque la sed le afligía.
Viera estar a la Gallarda
--en su ventana florida,
peinando cabellos de hombre,
--parecen seda torcida.
-Apéese, el caballero,
--que aquí tiene su dormida.
Suba, suba, caballero,
--suba, suba para arriba,
que tengo siete criadas
--gobernando la comida.-
Al subir las escaleras,
--alza los ojos y mira
siete cabecitas de hombres
--colgaditas de una viga.
Una era de su padre,
--la barba le conocía;
otra era de su hermano,
--la prenda que más quería.
-¿Qué es esto, linda Gallarda,
--qué es esto, Gallarda linda?
-Son cabezas de lechones,
--criados en la montina.-
Gallarda pone la mesa,
--caballero bien la mira.
-Come, come, caballero,
--come, come, por tu vida.
-¡Cómo he de comer, Gallarda,
--si con la sed no podía!-
Gallarda le escancia el vino,
--caballero bien la mira.
-Bebe, bebe, caballero,
--bebe, bebe, por tu vida.-
Gallarda hace la cama,
--caballero bien la mira.
Púsole siete colchones,
--sábanas de holanda fina;
entre colchón y colchón
--un puñal de oro metía.
Allá por la media noche,
--Gallarda se revolvía.
-¿Qué buscas, linda Gallarda,
--qué buscas, Gallarda linda?
-Busco mi rosario de oro,
--que lo rezo cada día.
-El rosario que tú rezas
--en mis manos lo tenía.-
Anduvieron vuelta y vuelta,
--por ver el que más podía;
el caballero debajo,
--la Gallarda quedó encima;
se lo espetó por la espalda
--y el corazón le partía.
-¡Abre las puertas, portero,
--que ya va viniendo el día.
-Estas puertas no se abren
--hasta que amanezca el día,
que yo, si las puertas abro,
--Gallarda me mataría.
-No temas a la Gallarda,
--ni toda su gallardía,
la sangre de la Gallarda
--por la sala ya corría.
-¡Oh, bien haya, el caballero,
--la madre que le paría!
¡cuántos hijos de hombres buenos
--aquí perdieron la vida!

---- Sin duda debido a su tema, no fue publicado en el Siglo de Oro; pero no cabe duda de que su personaje central y los componentes esenciales del argumento son herederos de una fabulación medieval que rebasa los límites geográficos de la literatura peninsular.
----En la tradición oral moderna ha gozado el aprecio de los cantores de Bragança, en Portugal, de toda Galicia, de Asturias, de León, del Norte de Zamora, de Palencia y de Potes, en Cantabria, territorios que definen el área donde es un romance bastante conocido. Fuera de ella, sólo conozco versiones únicas de Zaragoza, de Toledo, de Cáceres, de Málaga, de Granada y de Tetuán. Todas son muy semejantes entre sí, incluso las exteriores al área norteña; pero, dentro de ellas, son más numerosas las que omiten la escena inicial, del diálogo con la madre, y comienzan, según un molde muy común en el Romancero, presentando a la Gallarda:

Estándose la Gallarda
--en su ventana florida,
vio...

----Algunos cantores han confundido a los "lechones" (en su origen, los jóvenes puercos monteses, no las crías de los cerdos "criados con mi harina", que dicen ciertas versiones) con "leones", confiriendo mayor prestancia a las cabezas colgadas de la viga:

-Son de los siete leones,
que la reina se comía,

...que a la reina se comían

....que a la tierra se comían

...que a la reina perseguían,

coinciden en decir versiones cantadas en Granada, Villaluenga (Toledo), Cañaveral (Cáceres) y Caldueño (Llanes, Asturias), mostrando que ha habido una difusión tardía del romance por la Península.
----La melodía con que el romance se canta en tierras sanabresas me es familiar por intermedio de una cantora atípica, la escritora Eulalia Galvarriato.
----Quizá la escasa representación del romance en el Centro y Sur de la Península se deba a la preferencia, desde el Siglo de Oro, por la historia de otra matadora de hombres sociológicamente diversa: la Serrana de la Vera.

Diego Catalán

Imagen de portada basada en Irene Papas