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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

8.- 7. DOS PRINCIPIOS DE ESTRUCTURACIÓN: LOS SEÑORÍOS Y LA CRONOLOGÍA

7. DOS PRINCIPIOS DE ESTRUCTURACIÓN: LOS SEÑORÍOS Y LA CRONOLOGÍA. I. ALFONSO X HISTORIADOR.

      La revolucionaria concepción de la historia «nacional» que preside la organización de la Estoria de España no supone, sin embargo, una ruptura total con el neo-goticismo heredado de la historiografía leonesa y castellana precedente. Al iniciar el señorío de los godos, Alfonso afirma:                  

    «que fueron ende sennores depues aca todauia, cuemo quier que ouieron y los moros yaquanto tiempo algún sennorio»78 

y, en efecto, en su Estoria no se establece ninguna solución de continuidad entre Rodrigo y Pelayo.79 Ello le permite tomar la «Historia Gothica» del arzobispo don Rodrigo Ximénez de Rada como fuente estructural de la Estoria de España.

      De rebus Hispaniae constituye el «árbol» de la Estoria de España alfonsí al cual se vuelve una y otra vez para armar la historia. Pero, al igual que en la General estoria, la existencia de ese árbol no pone límites a la fronda de las ramas que de él salen. En su momento, la fuente estructural podrá ser olvidada durante 342 capítulos para dar entrada a la historia romana, o entrelazada, episodio tras episodio, con el envés islámico de la historia de la Península, alternando capítulos o pasajes de la Historia Arabum con capítulos o pasajes de la «Historia Gothica» en proporciones similares. Por otra parte, en la construcción histórica alfonsí, el equilibrio, la armonía del edificio no cuentan nada y la narración se ensancha y estrecha o se desborda en función del caudal de información que se posee: los «fechos» de que propor­cionan noticia historias particulares como la Historia Roderici, la historia de la conquista de Valencia de Ibn cAlqama o el Mío Cid han de contarse con el mismo detenimiento que los procedentes de las muy escuetas crónicas del Toledano o el Tudense, aun a riesgo de oscurecer la historia de un gran rey como es Alfonso VI, pero del que no se posee tanta información como de su «buen vasallo».

      Esta falta de cauce, de márgenes, no quiere decir que la Estoria de España esté poco estructurada. Todo lo contrario, la narración se ajusta a dos princi­pios de ordenación sistemáticamente implementados. A todo lo largo de ella (allí donde llegó a ser concluida),80 la narración de las fuentes aparece rigurosamente encuadrada en una malla cronológica que la obliga a caminar año por año, y, gracias al establecimiento de sincronías, se consigue poner en relación de contigüidad temporal hechos distantes en el espacio. Por otra parte, la equiparación, como sujetos de historia, de todos los reyes y gentes que a lo largo de los tiempos fueron señores de España, supone un tratamien­to formal similar (que en el códice regio de la Estoria se extiende a la foliación y a la capitulación de los primeros cuatro señoríos)81 del señorío de «griegos», «almuiuces» (al-Mağus, ’magos’), «africanos» (o cartagineses), «romanos», «vandalos, suevos, silingos y alanos» y «godos», a pesar de las enormes diferencias de espacio que necesariamente ocupaba la historia de unos y otros.

      Al crear este riguroso entramado de la Estoria unitaria de las Españas, se le plantean a Alfonso algunos problemas de carácter estructural.

      El primero derivó de su deseo de entrar en las razones de la «estoria del señorio» (de cada señorío) desde «donde viene el primero comienço de la cosa de que fabla en ella», esto es, de remontarse a su «comienço natural» o «de natura».82 Por lo general, se conformó con un capítulo (o menos) de visión retrospectiva introductoria (relativo a Hércules, responsable del domi­nio griego, o sobre la secta de los adoradores del fuego, o sobre la razón que impulsó a los cartagineses a venir a Cádiz, o acerca de cómo los romanos entraron en la Península por pactos y no en razón de conquista, o sobre «lo que les contescio ante que entrassen en Espanna ni ganassen el sennorio della» a los varios pueblos bárbaros);83 pero en relación a los godos tuvo que hacer una introducción de treinta y un capítulos, que puso en peligro la comprensibilidad de la armazón cronológica de la Estoria,84 a pesar del cuidado puesto en explicar cuando, acabado el larguísimo «flash back», regresa a la línea cronológica interrumpida.85 Otra ruptura del orden crono­lógico se produce al dedicar doce capítulos a contar «como fue primera mientre poblada Cartago e quales fueron los que la poblaron» y la tercera guerra púnica86 con motivo de los hechos de «Scipion en Espanna» y de su sobrenombre, «Affricano», adquirido por haber conquistado antes África y haber quemado y destruido «la grant cibdat de Carthago», «de guisa que numqua iamas assi fue poblada com ante».87

      Menos comprensible que estas largas digresiones explicativas, perfecta­mente ajustadas a los ideales didácticos de Alfonso, es el tratamiento dado a las historias de los reinos periféricos de la España medieval: Navarra, Aragón y Portugal.88 En vez de contar los sucesos en sus debidos tiempos, se presenta «unada» la historia de cada reino, aprovechando el momento en que incide en la historia «central» de España. Sirva de ejemplo la forma en que se injerta, a propósito de la muerte del infante don García hijo del conde de Castilla don Sancho, toda la historia anterior y posterior de Navarra (y, encadenada con ella, la de Aragón):

    «Quenta la estoria que despues de la muerte del rey don Uermudo de Leon e de la del conde don Sancho de Castilla, assi commo dixemos, que fallesçio el linage de los uarones e torno el señorio a las mugeres. Et por ende, conuiene aqui de enxerir el linage de los Reyes de Nauarra que casaron con las dueñas cuyo era el señorio de Leon e de Castiella.»89 

      Este tratamiento «unado» de la particular historia de Navarra, Aragón y Portugal que Alfonso heredó de su fuente (la Historia Gothica del arzobispo don Rodrigo Ximénez de Rada), no supone, creo, un reconocimiento de la autonomía política de cada uno de «los cinco reinos de España»,90 sino más bien todo lo contrario, un modo de marginalizar a esos «otros» reinos cristia­nos, con los que no se desea repartir el señorío de las Españas por el cual vienen compitiendo, desde la invasión musulmana, «godos» y «alarabes». Pero, a pesar de lo conveniente que políticamente pudiera ser para el rey de Castilla y León esta presentación de las «estorias» de Navarra, Aragón y Portugal heredada del arzobispo Toledano, Alfonso se sentía insatisfecho con la ruptura de la estructuración cronológica de la Estoria de las Espannas General que esas historias injeridas representaban. En efecto la Estoria de España, después de acompañar al arzobispo en su relato de la historia de los reyes de Portugal desde el conde don Henrique hasta «el tiempo en que el esta estoria fazie en el latin»91 y de anunciar que retorna «a nuestro cuento de la estoria de los nuestros reyes de Castiella et de Leon» en el tiempo en que la interrumpió,92 no sólo aclara que ha roto el orden cronológico de acuerdo con el arzobispo «pora fablar en esta estoria de los reyes de Portugal et enxerirla con esta»,93 sino que promete una actuación diferente en el futuro:

      «et o nos acaesciere en la estoria, diremos y de los reyes de Portogal como fiziemos et faremos de los reyes de Aragon et de Nauarra, por o nos acaesciere que las sus razones uengan y, ca esta nuestra Estoria de las Espannas General la leuamos Nos de todos los reyes dellas et de todos los sus fechos que acaescieron en el tiempo passado, et de los que acaescen en el tiempo present en que agora somos...»94

Diego Catalán. La Estoria de España de Alfonso X. Creación y evolu­ción. (1990) 

NOTAS

78  Alfonso X, Estoria de España, ms. E1 (del scriptorium alfonsí), f. 131v (PCG, p. 215b42-44).

79  La división que acepta R. Menéndez Pidal al editar la Primera crónica general procede de una manipulación de los códices preexistentes E1(orig) y E2(orig) por parte de un historiador tardío (de tiempos de Alfonso XI). Véase D. Catalán, De Alfonso X (1962), cap. II, pp. 32-49, y cap. VI, § a, pp. 77-80 [y aquí adelante el cap. II, 1 y el cap. IV, 1, esp. n. 25].

80  Sobre la inconclusión de la Estoria de España véase D. Catalán, «El taller alfonsí» [reed. en el presente libro, cap. II].

81  En el códice E1(orig) los primeros capítulos van numerados: I-XIII (= PCG, caps. 1-13), I-II (= PCG, caps. 14-15), I-VII (= PCG, caps. 16-22). Cada serie corresponde a un señorío, que se introduce (menos en el primero de ellos) mediante un anuncio en un recuadro: «AQUI SE COMIENÇA LA ESTORIA DEL SENNORIO QUE LOS ALMUIUCES OUIERON EN ESPANNA», «AQUI SE COMIENÇA LA ESTORIA DEL SENNORIO QUE LOS DE AFRICA OUIERON EN ESPANNA», «AQUI SE COMIENÇA LA ESTORIA DEL SENNORIO QUE LOS ROMANOS OUIERON EN ESPANNA». Además, el señorío se hace constar en las foliaciones: IIIIr: GRIE, IlIIv-Vr, Vv-VIr, VIv-VIIr: GRIE/GOS, VIIv: GRIEGOS, VIIIr-v: ALMV-IUCES, IXr: AFRI, IXv-Xr: AFRI/CA, Xv: ROMA. El texto correspondiente está escrito por dos manos: la mano c escribe desde el f. III al VIIIa21 y la mano b’ desde el f. VIIIa21 al X. La iluminación de lo escrito por la mano c es muy peculiar, pues incluye cinco miniaturas: el arca de Noé (f. 3r), Hércules estrangu­lando dos leones (f. 4r), los mojones de Hércules en Cádiz (f. 4v), los seis pilares de Hércules en Sevilla (f. 5r), encuentro de Rocas con Tarcus en la cueva de Toledo (f. 7v).

82  Véase la explicación incluida por Alfonso en la General estoria (2ª Parte, Lib. de los Juyzes, cap. 438) sobre las «dos maneras... que ouieron los abtores de que vsaron en las entradas de sus razones», el comienzo «natural, de natura» y el comienzo «de maestria o del arte».

83  Caps. 4, 14, 16, 23, 365 de PCG, respectivamente.

84  PCG, caps. 386-416. El carácter introductorio y, por lo tanto, fuera de la cronología de la Estoria de España, que tenían estos capítulos, no fue comprendido por el refundidor que, en fecha muy temprana (quizá en vida aún de Alfonso X), elaboró la Versión vulgar de la Estoria de España. De resultas, trató de «normalizarlos» sobreimponiéndoles el sistema cronológico habi­tual en la obra, sin percatarse de que estaba volviendo atrás en el tiempo e historiando años que, en la concepción de la Estoria de España, pertenecían al señorío de los romanos.

85  Tanto al acabar la breve introducción a la historia de los pueblos bárbaros, como esta muy extensa referente a los godos, se detiene a explicar: «E por ende la estoria, por seguir la orden de los annos cuemo fasta aqui fizo, torna en este logar el cuento al diziochauo anno dell imperio de Honorio et quinto de Theodosio, que fue el primero del sennorio de los vuandalos et de los sueuos et de los alanos et de los silingos en Espanna» (PCG, p. 209a38-44); «E por que este Theuderico fue el primer godo que ouo el sennorio d’Espanna, por ende torna aqui la estoria a su orden a contar del sexto anno dell imperio de [Marçiano], que fue el primer emperador en cuyo tiempo los godos regnaron en las Espannas» (PCG, p. 238a9-14). Enmiendo el ms. E1 con el ms. Ss y la Versión vulgar, que ofrecen una lección más antigua que el códice del scriptorium alfonsí y sus descendientes, los cuales substituyen, indebidamente, «Marçiano» por «Anastasio». Menéndez Pidal, en su edición, corrigió ya el texto de E1 apoyándose en los manuscritos de la Versión vulgar que conocía.

86  PCG, caps. 49-70. [El contraste entre esta larga digresión sobre Cartago en la historia consular y la brevedad de la introducción sobre el origen del dominio cartaginés («africano») en España del cap. 16 ha sido comentado por I. Fernández-Ordóñez («La EE y la GE, criterios») poniéndolo en relación con los problemas que planteó la organización de la historia a los conpiladores alfonsíes].

87  PCG, cap. 48, p. 31a9-10.

88  La historia de Navarra y Aragón ocupa los caps. 783-786 y 790-798 de PCG y abarca hasta el mismo punto a que la había llevado el arzobispo don Rodrigo (hasta «Theobalt» I, 1234-53, PCG, p. 474a29-b3, y hasta la boda de Violante, hija de Jaime I de Aragón, con don Alfonso, entonces infante heredero de Castilla, 1244, PCG, p. 480b4-16). La historia de Portugal constituye los caps. 969-972 de PCG y, de acuerdo con la fuente, queda interrumpida en el reinado de Sancho I (1223-47), sin contar su deposición y exilio a Castilla.

89  Cito la Versión concisa alfonsí de la Estoria de España por el ms. T; la edición de Menéndez Pidal reproduce aquí (PCG, c. 783) la Versión amplificada de 1289, estilísticamente retocada.

90  Pese a lo cual quizá contribuyese a facilitar la importación del modelo cronístico «Estoria de España» por parte de Navarra y Aragón (Euguí, Fernández de Heredia, etc.) y de Portugal (el conde don Pedro de Barcelos). Sobre la llegada de la historiografía alfonsí a Portugal véase D. Catalán, De Alfonso X, pp. 289-411, donde recojo y completo las averiguaciones de L. F. Lindley Cintra, Crón 1344, I, cap. VI. [Véase además, ahora, el cap. VIII del presente libro].

91   «Aqui dize ell arçobispo don Rodrigo et fabla y como si la cosa fuesse en aquel tiempo en que el la estoria componie, et diz aquel rey don Sancho aun oy es, et razonalo asi que por aquell oy que el aqui pone que entendamos fascas que era aquel rey don Sancho en aquel tiempo en que el esta estoria fazie en el latin, ca assi era a aquella sazon este rey don Sancho; et dize otrossi adelant ell arçobispo Dios enderesçe las carreras del, esto es, deste rey don Sancho» (PCG, ca. 972, p. 653a18-29).

92  «Onde agora, pues que auemos departido assaç en su comienço et dicho de su linnage, tornarnos emos a nuestro cuento de la estoria de los nuestros reyes de Castiella et de Leon» (PCG, p. 653a37-41).

93  «Aun razona aqui desta guisa ell arçobispo don Rodrigo, et esto dezimoslo Nos con el, que, por razón que ayuntassemos la estoria dell comienço de los reyes de Portogal a la estoria de los reyes de Castiella et de Leon, salimos dessa cuenta de los reyes de Castiella et de Leon pora fablar en esta estoria de los reyes de Portogal et enxerirla con esta» (PCG, p. 653a29-37).

94  PCG, p. 653a41-50. (Para la continuación, véase atrás el texto citado en conexión con la n. 68).

CAPÍTULOS ANTERIORES:  LA ESTORIA DE ESPAÑA DE ALFONSO X. CREACIÓN Y EVOLUCIÓN:

PRESENTACIÓN

1.- PRESENTACIÓN. «LA ESTORIA DE ESPAÑA DE ALFONSO X. CREACIÓN Y EVOLUCIÓN»

I. ALFONSO X HISTORIADOR

*  2.- 1. LA FUNCIÓN DEL CONOCIMIENTO EN LA RESTAURACIÓN DEL IMPERIUM

3.- 2. LA HISTORIA COMO CONOCIMIENTO CIERTO Y EXHAUSTIVO DE LOS HECHOS PASADOS

4.- 3. TEXTO Y GLOSA. LA EXPLICACIÓN DE HECHOS Y PALABRAS

5.- 4. LA ESTRUCTURACIÓN CRONOLÓGICA DE UNA HISTORIA ECUMÉNICA

6.- 5. LA ARMONIZACIÓN DE LO NARRADO Y EXPLICADO POR LAS VARIAS FUENTES EN LA GENERAL ESTORIA

7.- 6. LA ESTORIA DE ESPAÑA HISTORIA DEL SOLAR «ESPAÑA» Y DE SUS NATURALES

Diseño gráfico: 

 

La Garduña Ilustrada 

Imagen: comienzo del manuscrito De rebus hispaniae. Biblioteca Nacional, Madrid.

7.- 6. LA ESTORIA DE ESPAÑA HISTORIA DEL SOLAR «ESPAÑA» Y DE SUS NATURALES

6. LA ESTORIA DE ESPAÑA HISTORIA DEL SOLAR «ESPAÑA» Y DE SUS NATURALES. I. ALFONSO X HISTORIADOR.

      El proyecto alfonsí de escribir una «Estoria de las Espannas general», concebido con anterioridad al de la «General e grand estoria», tiene muchos rasgos comunes con el de esta obra magna. También respecto a España aspira Alfonso a abarcar todo el pasado hasta sus días:

    «Ca esta nuestra Estoria de las Espannas General la leuamos Nos de todos los reyes dellas et de todos los sus fechos que acaescieron en el tiempo passado, et de todos los que acaescen en el tiempo present en que agora somos»68

y también se propone absorber en su narración de una forma exhaustiva los relatos varios que las fuentes hitoriográficas le proporcionaban sobre la historia peninsular:

    «E por end, Nos don Alfonsso... mandamos ayuntar quantos libros pudimos auer de istorias en que alguna cosa contassen de los fechos d’Espanna,... et compusiemos este libro de todos los fechos que fallar se pudieron della desdel tiempo de Noe fasta este nuestro».69

      Si nos dejamos llevar de una primera impresión, la idea de componer una Estoria de las Espannas General nos parece de mucho menor atrevimiento que la ambiciosa empresa de «contar la estoria toda... e non dexar della ninguna cosa» desde la Creación hasta el presente. Sin embargo, en cuanto a diseño, la «historia general» de España representa una mayor novedad que la «historia general» universal. Hoy estamos tan acostumbrados al modelo historiográfico de las historias nacionales, que no solemos parar mientes acerca de las bases teóricas o prespuestos en que esas historias se apoyan, ni creemos preciso justificar la aparición de su modelo en la historia de la historiografía.

      Cuando, unos 25 años antes, el padre de Alfonso X, el rey Fernando, encarga al arzobispo de Toledo don Rodrigo Ximénez de Rada una «historia de España» que tratase «de antiquitatibus Hispaniae et de iis etiam quae ab antiquis vel modernis temporibus acciderunt» y «a quibus gentibus calamitatis Hispania sit perpessa, et Hispanorum Regum origo»,70 el arzobispo no se apartó en lo esencial del modelo de la «Historia Gothorum» ideado, para la Hispania de Sisebuto y Suíntila (a comienzos del s. VII), por el obispo de Hispalis, Isidorus.

      La revolución historiográfica protagonizada por San Isidoro había consis­tido en haber despojado a la historia universal (a la cual dedica su Chronica maiora) de las provincianas conclusiones con que los historiadores del Occi­dente romano-gótico intentaban continuar la historia cristianizada del orbe, y haber puesto en pie, a su lado, «la primera historia nacional de un pueblo de la Edad Media».71 Pero para Isidoro, aunque hispano-romano de origen, la historia de la «nación» se identificaba con la de la etnia creadora del «regno», la «Gothorum gens ac patria», y, por tanto, su historia «nacional» arranca con la fabulosa prehistoria heroica del pueblo godo (identificado con los descendientes del bíblico Magog y con los escitas y los getas) y sigue, paso a paso, el deambular de esa nación desde los extremos orientales del Imperio a través de Roma y las Galias hasta que «post multiplices in orbe victorias» arrebata a los romanos la más hermosa de las provincias que hay entre Occidente y las Indias, España, tierra de promisión donde al presente «la gloriosa fecundidad de la nación goda se recrea y florece abundantemen­te». Su modelo hitoriográfico poco tiene en común con el de las historias nacionales de la Europa moderna, pues no hace sino adaptar a un nuevo pueblo elegido, la «Gothorum florentissima gens», el modelo bíblico de la historia del pueblo de Israel.72

      Aunque la curiosidad de San Fernando por «las antigüedades de España» y por las gentes «que corrieran et quebrantaran e estragaran a España»73 obliga al arzobispo don Rodrigo Ximénez de Rada a rebasar en sus pesquisas el marco definido por la Historia Gothorum isidoriana, su concepción de la historia patria no rompe con el esquema tradicional de la «Historia Gothica»: En su De rebus Hispaniae se conforma con prologar la historia de los godos con una introducción relativa a los primeros moradores de Hispania, basada en las consideraciones etimologistas de San Isidoro sobre éste y otros topóni­mos, y con redactar, a modo de apéndice, historias de los opresores de España: una Historia Romanorum, una Ostrogothorum Historia, una Hunnorum, Vandalorum, Suevorum, Alanorum et Silinguorum Historia y una Historia Arabum.74

      Alfonso X, aunque utiliza al arzobispo toledano como fuente principal de su Estoria de España, rechaza decididamente el modelo de la «Historia Gothica» y, por primera vez en la historiografía cristiana, fundamenta la segrega­ción de una historia nacional de la historia del orbe en la identidad transhistórica de una morada vital llamada España. A diferencia de don Rodrigo, Alfonso considera el señorío de los romanos y de los árabes (junto a los anteriores de los griegos, los «almujuces» y los africanos) como parte inte­grante de su historia «general» de España, pues dentro del marco geográfico peninsular ningún sujeto de hechos históricos debe ser, en principio, discriminado:

    «Ca esta nuestra Estoria de las Espannas General la leuamos Nos de todos los reyes dellas et de todos los sus fechos... tan bien de moros como de cristianos, et aun de judios si y acaesciesse en que»75

      Para hallar un precedente a este modelo alfonsí es preciso salirse de la historiografía cristiana y acudir a la Córdoba omeya, donde Amad ibn Muammad al-Rāzī, cuatro siglos y medio antes que Alfonso, había escrito una «Historia de los reyes de España» (Ajbār Mulūk al-Andalus) en que, a diferencia de Isidoro, no busca los antecedentes del presente hispano fuera del marco geográfico de la Península: su historia no se inicia en Oriente con los omeyas de Damasco o con la expansión islámica, sino describiendo la geografía (física, humana y económica) de al-Andalus y dando cuenta de sus primeros pobladores y del dominio sucesivo que en ella tuvieron griegos, cartagineses, romanos y godos, hasta la llegada de los musulmanes en tiempos de Vitiza y Rodrigo. Sin duda, el historiador de la «España» de ’Abd al-Rahmān III al-Nasir tenía bien claro que la autonomía y grandeza del Califato de Occidente sólo era posible (tras el fin de las guerras étnicas, de las rebeliones muladíes y del desafío autonomista de las comarcas periféricas de al-Andalus) a base de la convivencia y cooperación de todas las «gentes» que se sentían identificadas con ese solar hispánico.76

      Por su parte, Alfonso, cuando organiza su Estoria de España tomando como base un escenario permanente donde actúan (conviviendo o en lucha) pueblos diversos, es bien consciente de que el «ser y existir» de un grupo humano, cohesionado por una herencia cultural común y no por una ipseidad genética, depende de la conciencia social y genealógica que venga a tener respecto a sí mismo, conciencia que puede crearse y modificarse mediante la acción de la palabra y la escritura.

      Al defender la autonomía y unidad del suelo hispano como razón de ser de una historia particular y común de todos los «españoles», Alfonso prima, sobre otros principios de afinidad, la «naturaleza» de los hombres (el ser «naturales» de un territorio) y añade así un nuevo elemento de presión aglutinante a favor de la restauración de una monarquía hispana unitaria, mucho más eficaz que el viejo mito de la continuidad de la línea de los godos en los reyes de Asturias, León y Castilla.77

Diego Catalán. La Estoria de España de Alfonso X. Creación y evolu­ción. (1990) 

NOTAS

68  Estoria de España (PCG, p. 653a45-b3).

69  Estoria de España (PCG, p. 4a21, a26-28, a44-46).

70  Según explica en el Prólogo. Véase Roderici Ximenii de Rada Opera Praecipua Complectens, en PP. Toletanorum quotquot extant Opera, III, Madrid: Ibarra, 1793, p. 3.

71  Según la evaluación de R. Menéndez Pidal, «San Isidoro, lazo de unión entre la cultura antigua y la moderna», en La Nación de Buenos Aires, 15-XII-1963, 4ª Sección. Véase también su prólogo («Universalismo y nacionalismo. Romanos y germanos») al vol. Ill de la Historia de España por él dirigida, Madrid: Espasa Calpe, 1940, pp. XXIII-XXIV.

72  Véanse las pp. 18-20 de Catalán, «España en su historiografía: De objeto a sujeto de la Historia», en R Menéndez Pidal, Los españoles en la historia, Madrid: Espasa Calpe, 1982, pp. 9-67.

73  Cito aquí a don Rodrigo a través de la versión castellana de su obra contenida en el Toledano romanzado (ms. H).

74  Pueden consultarse en la ed. cit. en la n. 70 o en su reimpresión fotográfica moderna (a menor tamaño), en la colección «Textos Medievales», 22, Zaragoza 1985. A este grupo de obras se incorpora, en la tradición manuscrita de la Opera historica latina de don Rodrigo, una Chronica omnium Pontificum et Imperatorum Romanorum, que es una adaptación, hecha en España, del cronicón de Gilbertus (concluido entre 1220 y 1227) [Véase adelante, cap. III, 3].

75  Estoria de España (PCG, p. 653a45-48, a50-52).

76  Véase Crónica del Moro Rasis. Versión del Ajbār mulūk al-Andalus de Amad ibn Muammad ibn Mūsà al-Rāzī, 889-995; romanzada para el rey don Dionís de Portugal hacia 1300 por Mahomad, alarife, y Gil Pérez, clérigo de don Perianes Porçel, ed. D. Catalán y M. S. de Andrés, et al. «Fuentes Cronísticas de la Historia de España», III, Madrid: SMP y Gredos, 1974, pp. XXIX-XXXII, y D. Catalán, «España en su hitoriogr.», pp. 20-34.

77  D. Catalán, «España en su historiogr.», pp. 34-37.

CAPÍTULOS ANTERIORES:  LA ESTORIA DE ESPAÑA DE ALFONSO X. CREACIÓN Y EVOLUCIÓN:

PRESENTACIÓN

1.- PRESENTACIÓN. «LA ESTORIA DE ESPAÑA DE ALFONSO X. CREACIÓN Y EVOLUCIÓN»

I. ALFONSO X HISTORIADOR

*  2.- 1. LA FUNCIÓN DEL CONOCIMIENTO EN LA RESTAURACIÓN DEL IMPERIUM

3.- 2. LA HISTORIA COMO CONOCIMIENTO CIERTO Y EXHAUSTIVO DE LOS HECHOS PASADOS

4.- 3. TEXTO Y GLOSA. LA EXPLICACIÓN DE HECHOS Y PALABRAS

5.- 4. LA ESTRUCTURACIÓN CRONOLÓGICA DE UNA HISTORIA ECUMÉNICA

6.- 5. LA ARMONIZACIÓN DE LO NARRADO Y EXPLICADO POR LAS VARIAS FUENTES EN LA GENERAL ESTORIA

Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada 

Imagen: Fragmento de  folio miniado del Beato de San Millán de la Cogolla (finales del siglo X). Biblioteca del monasterio del Escorial.

6.- 5. LA ARMONIZACIÓN DE LO NARRADO Y EXPLICADO POR LAS VARIAS FUENTES EN LA GENERAL ESTORIA

 

5. LA ARMONIZACIÓN DE LO NARRADO Y EXPLICADO POR LAS VARIAS FUENTES EN LA GENERAL ESTORIA. I. ALFONSO X HISTORIADOR

      Aparte de la cronologización, la otra gran exigencia estructural fue la armonización de las exposiciones y glosas presentes en las múltiples fuentes laboriosamente reunidas. El historiador, para escudriñar «la mas affincada verdad» examina y contrasta las razones de «los buenos uarones sabios» para ver si «acuerdan» o «semeia que se contrallan»64 y trata de construir un relato inclusivo en que todo tenga cabida. Suele ser preferido quien «cuenta ende mas»,65 de acuerdo con el deseo de hacer máximamente explícita la historia, y cuando hay contradicción se opta respetuosamente por el eclecti­cismo o por la resignada contraposición de opiniones (aunque, claro está, siempre se respeta la jerarquía entre los autores: la Biblia, Josefo, maestre Pedro, etc.). Sírvanos de ejemplo la historia, a que arriba aludíamos, de los pilares de los saberes. Alfonso, al contraponer las versiones discordantes de sus fuentes, lo hace de tal forma, que nos ilustra a la vez acerca del laborioso proceso de composición de su obra (según comentó ya María Rosa Lida):66

    «Otra agudeza e sotileza fallamos que fizo aun este Jubal empos esto, segund lo cuenta mahestre Pedro en la Estoria Escolastica sobre este logar»

dice inicialmente, y a continuación inserta la versión anunciada; pero segui­damente nota:

    «Mas pero que au(i)emos aqui dicho que lo cuenta mahestre Pedro assi e lo prueua por el Iosepho, catamos Nos el Iosepho e fallamos que es assi; mas que esta escriptura [de los pilares]... que los de las generaciones de Seth... lo fizieron. Mas otrossi fallamos que dize Rabano en la Glosa del Genesis sobreste logar que este Iubal la fizo esta escriptura e prueua lo Rabano otrossi por el Iosepho».

y, ante tan grave contradicción, deja en libertad al lector para inclinarse a una u otra de las posibilidades:

    «Et quien lo oyere, entienda lo que fue fecho por de qual parte quisiere»,

aunque, a la vez, sugiere una posible armonización de los relatos suponiendo dos series distintas de pilares escritos:

    «e pudo seer que fizieron los de Caym [esto es, Iubal] lo suyo, e que fue de las artes que dizen mecanicas, e los de Seth de las artes liberales»67 

Diego Catalán. La Estoria de España de Alfonso X. Creación y evolu­ción. (1990) 

NOTAS

64  Cfr. General estoria, 1ª Parte, Lib. XIII, cap. 22, Lib. X, cap. 10; también Lib. VI, cap. 32 (ed. Solalinde, I, pp. 372b, 269b y 168a).

65  Cfr. General estoria, 1ª Parte, Lib. XXIII, cap. 13: «e con estas palabras et non mas se libra Jheronimo deste juyzio en la Biblia, mas Josepho cuenta ende mas, como oyredes, e dize ell ende aqui assi» (I, p. 645b39-42).

66  M. R. Lida, «Josefo en la General estoria», Hispanic Studies in Honour of I. González Llubera, ed. F. Pierce, Oxford, 1959, pp. 163-181 (esp. pp. 179-180).

67  General estoria, 1ª Parte, Lib. I, cap. 17 (I, pp. 13b39-42, 14a36-b1, 14b1-2, 14b5-8).

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PRESENTACIÓN

1.- PRESENTACIÓN. «LA ESTORIA DE ESPAÑA DE ALFONSO X. CREACIÓN Y EVOLUCIÓN»

I. ALFONSO X HISTORIADOR

*  2.- 1. LA FUNCIÓN DEL CONOCIMIENTO EN LA RESTAURACIÓN DEL IMPERIUM

3.- 2. LA HISTORIA COMO CONOCIMIENTO CIERTO Y EXHAUSTIVO DE LOS HECHOS PASADOS

4.- 3. TEXTO Y GLOSA. LA EXPLICACIÓN DE HECHOS Y PALABRAS

5.- 4. LA ESTRUCTURACIÓN CRONOLÓGICA DE UNA HISTORIA ECUMÉNICA

Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada 

Imagen: La serpiente de las siete cabezas. Folio miniado del Beato de San Millán de la Cogolla (finales del siglo X). Biblioteca del monasterio del Escorial.

5.- 4. LA ESTRUCTURACIÓN CRONOLÓGICA DE UNA HISTORIA ECUMÉNICA

5.- 4. LA ESTRUCTURACIÓN CRONOLÓGICA DE UNA HISTORIA ECUMÉNICA

  4. LA ESTRUCTURACIÓN CRONOLÓGICA DE UNA HISTORIA ECUMÉNICA. I. ALFONSO X HISTORIADOR.

      El principio de «contar la estoria toda como contescio e non dexar della ninguna cosa»,56 entendido como lo entendió Alfonso, exigía manejar un caudal de testimonios inmenso en su extensión y, a la vez, complejísimo en sus interrelaciones. De ahí que el desafío mayor fuera dar estructura a esa suma de informaciones y comentarios.

      Basándose en la tradición de los Chronici Canones de Eusebius-Iheronimus, Alfonso impuso como principio ordenador la cronología. Para los tiem­pos más antiguos recurrió a la Biblia y a la «linna de los padres del Uieio Testamento» como fuente estructural capaz de proporcionar una historia continua desde la Creación hasta que, con el cautiverio de Babilonia, «la cuenta de la estoria se perdio por una uez de tod en todo yr por los annos de la linna de los ebreos e passo la cuenta a los gentiles».57 En efecto, hasta el «segundo anno de Dario, rey de Persia fijo de Ydaspo», en que en virtud del Cautiverio los judíos «perdieron la ondra desta cuenta», Alfonso, por muy extensamente que cuente «las razones de los gentiles desse tiempo», actúa de acuerdo con el principio expresado en el «Prólogo» del Libro XI de la General estoria:

    «Nos, en tod este libro la estoria de la Biblia auemos por aruol a que acordamos de nos tornar toda uia como a linna cada que acaba­mos las razones de los gentiles que contamos en medio»58

      Sin embargo no se sintió satisfecho con el modo que tenía la Biblia de fragmentar temporalmente la historia; de ahí que haga notar:

    «Sabed que nin Moysen nin Jheronimo, como quier que lieuen la estoria de la Biblia por annos, non la lieuan por la cuenta dellos departiendo las estorias diziendo: Esto contescio en tal anno e esto en tal»,59

y que ejemplifique esa insuficiencia comentando cómo la Biblia y Jerónimo suelen conformarse con decir:

    «nacio Seth tal anno, e empos esto cuentan luego su estoria unada, e en cabo dizen: Seth fizo fijos e fijas e uisco tantos annos e murio, mas non fazen y en la estoria otros departimientos por annos. E assi lieuan las uidas e los annos de todos los otros padres de la linna, saluo ende en muy poquillos logares...»60

      La historia «ecuménica» concebida por Alfonso necesitaba de mayores precisiones cronológicas:

    «Mas Nos, lo uno por que auemos mester estos departimientos por los fechos et por las estorias e por las razones de los gentiles que enxerimos en la estoria de la Biblia, e auemos otrossi mester annos sennalados de la linna que nombremos en que contescieron aquellas cosas de los fechos de los gentiles e los metamos alli en la estoria, lo al otrossi por que fallamos estos departimientos fechos que los fizieron los sabios en sus estorias e pero aun esto que lo fazen sobre las razones de los gentiles mas non sobre las de la Biblia si non como auemos dicho, conuiene nos aqui a departir los annos...»61

      A partir del Cautiverio de Babilonia, la General e grand estoria abandona la «linna» de los patriarcas, jueces y reyes de los hebreos y recurre a la de los reyes gentiles de «el mayor sennorio del mundo» que en cada tiempo hubiera, según se había anunciado en la Parte 1ª, Lib. X, cap. VI «De como se contaron a tiempos las estorias por los annos de los reyes gentiles»:

    «Pero sobresto es otrossi de saber que muchos años fallaredes en que se cuenta la estoria por los reyes gentiles, como por los annos del rey Dario, e por los de Alexandre el Grand, e del rey Arthaxerses e de los otros reyes gentiles d’aquellos tiempos, e de los romanos otrossi como de Julio Cesar e Otauiano Cesar, e d’otros reyes e emperadores de quien oyredes adelant en esta Estoria; mas esto fue otrossi por que el regno de Israel finco estonces como destruydo después de la catiuidad de Babilonna, donde se ouo a contar la estoria por los reys gentiles que era estonces el mayor sennorio del mundo». «Et maguer que después de la catiuidad de Babilonna o esta cuenta e la ondra della perdieron cobraron regno, pero nunqua despues esta cuenta cobraron nin se contó la estoria por los annos de la su linna, como ueredes en esta Estoria. E de la uenida de Christo a adelant cuentan se las estorias por los annos de los cesares e de los emperadores de Roma e por la su era; e qui quiere cuenta por la encarnación de Christo o aun qui quiere por todo fascas por amos estos tiempos e por amas estas cuentas del Cesar e de Christo, esto es, por ell era e por la encarnation»62

      De acuerdo con estas declaraciones tan explícitas, una de las mayores preocupaciones que se manifiestan en la construcción de la General estoria es el estudio de las sincronías y el establecimiento de criterios para poder fragmentar las historias «unadas» y decir «esto contescio en tal año e esto en tal» otro.63

Diego Catalán. La Estoria de España de Alfonso X. Creación y evolu­ción. (1990)

NOTAS

56  Véase atrás, n. 29.

57  General estoria, 1ª Parte, Lib. X, cap. 6 (I, p. 267b38-48).

58  Ed. Solalinde, I, p. 288a21-26.

59  General estoria, 1ª Parte, Lib. XXI, cap. 2 (I, p. 595a50-55).

60  General estoria, 1ª Parte, Lib. XXI, cap. 2 (I, p. 595b18-26).

61   General estoria, 1ª Parte, Lib. XXI, cap. 2 (I, p. 595b36-50).

62  General estoria, 1ª Parte, Lib. X, cap. 6 (I, p. 267b22-37 y 267b50-268a9).

63  Cfr. F. Rico, Alfonso el Sabio y la G. E., 2ª ed., Barcelona, Ariel, 1984, pp. 56-59. [La primacía de la cronología sobre otros criterios de organización de la historia, aunque reconocida como regla por Alfonso, fue repetidamente conculcada en la General estoria, por razones didascálicas. Sirva de ejemplo el «Prólogo» a la «Estoria de Troya» (2ª Parte, Lib. de los Juyzes, cap. 437): «E pero por que non seamos reprendidos de los tienpos en que los fechos de aquellas otras estorias contesçieron nin ayan en que nos trauar en ello, dezimos que aquellas estorias non son todas de vn anno, asi commo lo departiremos alli do fablaremos dellas, e maguer leuamos esta General estoria por los annos en que acaesçieron las cosas e se deurien contar cada vna dellas en sus tienpos, pero por memoria d’esta estoria de Troya e por que fuese el su fecho todo ayuntado e que se entendiese por y mejor toda la estoria e los achaques por do vino aquel destruymiento d’esta çibdad, touimos estas estorias e sus razones todas para aqui, asy commo vienen vnas en pos otras ordenada mientre» (ed. Solalinde et al, II, 2, p. 48a40-b9). I. Fernández-Ordóñez, «La Estoria de España, la General estoria y los diferentes criterios compilatorios», Revista de Literatura, 50 (1988), 16-35, ha llamado certeramente la atención respecto a las vacilaciones y cambios de criterio que se perciben en las dos grandes compilaciones alfonsíes, la Estoria de España y la General estoria, entre dar preferencia a la estructuración cronológica o a la presentación razona­da de las «estorias» en que se articula la Estoria].

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PRESENTACIÓN

1.- PRESENTACIÓN. «LA ESTORIA DE ESPAÑA DE ALFONSO X. CREACIÓN Y EVOLUCIÓN»

I. ALFONSO X HISTORIADOR

*  2.- 1. LA FUNCIÓN DEL CONOCIMIENTO EN LA RESTAURACIÓN DEL IMPERIUM

3.- 2. LA HISTORIA COMO CONOCIMIENTO CIERTO Y EXHAUSTIVO DE LOS HECHOS PASADOS

4.- 3. TEXTO Y GLOSA. LA EXPLICACIÓN DE HECHOS Y PALABRAS

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La Garduña Ilustrada 

Imagen: miniatura de Juegos diversos de Axedrez, dados, y tablas con sus explicaciones, ordenados por mandado del Rey don Alfonso el sabio.

EN SOLIDARIDAD CON LA WIKIPEDIA, CONTRA LAS LEYES SOPA, PIPA, SINDE, LLERAS, DÖRING, POR LA LIBRE TRANSMISIÓN DE LA CULTURA Y DEL CONOCIMIENTO

EN SOLIDARIDAD CON LA WIKIPEDIA, CONTRA LAS LEYES SOPA, PIPA, SINDE, LLERAS, DÖRING, POR LA LIBRE TRANSMISIÓN DE LA CULTURA Y DEL CONOCIMIENTO


      "La Wikipedia se encuentra profundamente preocupada por el proyecto de ley Stop Online Piracy Act que actualmente se encuentra en discusión en el Congreso de los Estados Unidos.

     La Stop Online Piracy Act (SOPA, por sus siglas) fue presentada ante el Congreso estadounidense por el diputado republicano por el estado de Texas Lamar Smith. 1 Dicha ley tiene por objeto mejorar la protección de la propiedad intelectual en internet. Sin embargo, bajo dicho argumento se pretenden limitar muchas de libertades que hasta ahora han gozado los usuarios de internet. Ya que los medios empleados promoverán la censura y limitaran la inovación.      

     Entre los elementos que guarda tal proyecto de ley y que Wikipedia considera contrarios a sus propósitos son los siguientes 2:

  • Conforme al texto de SOPA, Wikipedia encuadraría dentro de la definición de "Motor de búsqueda" (Internet search engine) respecto a los cuales se otorga al Fiscal general de los Estados Unidos, mediante orden judicial, la función de mandarle retirar enlaces a páginas señaladas como "sitios extranjeros infractores" (foreign infringing sites) o sujetarla a sanciones judiciales. La definición de "sitios extranjeros infractores" es bastante ambigua y podría afectar, incluso a sitios con contenido legal o en los cuales, presumiblemente, el contenido es ilegal. El elevado costo de la defensa contra estos procedimientos puede llevar a muchas páginas de internet a no dar contestación y dejando sobrevivir la presunción de ilegalidad por parte del gobierno estadounidense.
  • Como resultado de ello si alguno de los proyetos de Wikimedia es sujeto a dicha orden judicial, sería obligado a revisar millones de enlaces a "sitios extranjeros infractores" alojados en ellos y bloquearlos. Ello representaría un enorme gasto financiero y humano, que impediría el rápido crecimiento que Wikipedia ha tenido hasta este momento. Al mismo tiempo, tales medidas se oponen a nuestra cultura del conocimiento libre siempre respetuosa de los derechos de autor.
  • También, esta ley abre la puerta para que cualquier persona pueda solicitar la investigación e intervención de los sitios web bastando una presunción de ilegalidad o la sospecha de la violación de derechos de autor.
  • La Ley SOPA impone restricciones a la red imponiendo barreras a través de los servidores DNS, lo que impediría el fácil acceso a la mayor parte de los dominios de internet con el que actualmente se cuenta.


     Lo anterior podría parecer, de primera instancia, una realidad que afectaría solamente al territorio estadounidense y a los hablantes de la lengua inglesa. Sin embargo, debe considerarse que la mayor parte de los datos que conforman las distintas versiones de esta enciclopedia libre se encuentran en servidores localizados dentro del territorio de Estados Unidos, incluyendo la Wikipedia en español, quedando de esta manera sujetos a dicha jurisdicción.

     El grave atentado contra la libertad en internet, ha provocado que muchas otras empresas y organismos se unan a la detracción de SOPA entre otros: AOL, Creative Commons Foundation, eBay, Electronic Frontier Foundation, Facebook, Google, Human Rights Watch, Internet Foundation, Kaspersky, Mozilla, Reporteros sin Fronteras, Twitter y Yahoo.

     En el mismo espíritu, los miembros de la comunidad de Wikipedia en español hacemos extensivo el rechazo a toda legislación o proyecto legislativo que pretenda emular los fines de la ley SOPA o vulnerar cualquiera de los derechos y libertados con que los usuarios de internet cuentan hasta ahora obstaculizando el desarrollo del conocimiento libre. Por ello, esta protesta se hace extensiva a las siguientes leyes y proyectos de los distintos países cuya lengua comparte la Wikipedia en español:

Atentamente,

La comunidad de Wikipedia en español."

4.- 3. TEXTO Y GLOSA. LA EXPLICACIÓN DE HECHOS Y PALABRAS

4.- 3. TEXTO Y GLOSA. LA EXPLICACIÓN DE HECHOS Y PALABRAS

3. TEXTO Y GLOSA. LA EXPLICACIÓN DE HECHOS Y PALABRAS. I. ALFONSO X HISTORIADOR.

      La integración de las fábulas paganas en el esquema histórico alfonsí no ofrecía al rey el más mínimo problema, pues como declara repetidamente (extremando la actitud apologética de los Padres de la Iglesia), aunque las sectas, opiniones, antojanzas, fantasías y visiones hicieron a los antiguos idolatrar a la tierra, agua, aire o fuego, a los hombres vivos o muertos (elevados a los cielos como dioses-planetas), a las constelaciones del ochavo cielo, sus idolatrías anunciaban, ya, sin tener ellos conciencia de ello, la creencia verdadera33 (según ponían claramente de manifiesto las «semejan­zas» propuestas en cada capítulo o ley del Setenario dedicado a interpretarlas y cuyo esquema se descubre en titulares al estilo de: «De commo los que aorauan la Tierra, a Santa Maria querían aorar ssi bien lo entendiesen"34; «De commo la antiguedat que dauan a Ssaturno e el mouimiento tardinero, a Dios Padre lo deuyeran dar, que nunca sse mueue»,35 «De commo errauan los que aorauan el ssigno de Tauro, queriendo aorar a Ihesu Christo, por non lo entender», 36 etc.).

      Si en el Setenario Alfonso establece una estrecha correlación entre Ptolomeo y San Juan por haber ambos sabido más que cualquier otro hombre de «las poridades de los çielos», el uno siguiendo «la manera de las crençias antiguas que creyen las gentes» y el otro «las maneras de las crençias nueuas de Ihesu Christo»,37 en la General estoria, al citar «el libro de Fa(u)stos» de Ovidio, explica que es:

    «como martiloio de los gentiles, a la manera del Martiloio de la nuestra Eglesia pora nos»38

y respecto a las Metamorphosis aclara:

    «e el Ouidio mayor non es al entrellos sinon la theologia e la Biblia dello entre los gentiles»39

      Bastan estas comparaciones para comprender que la extraordinaria aten­ción prestada por Alfonso a la antigüedad gentil no supone un anticipo de actitudes renacentistas. Las fábulas interesan por los hechos que cuentan y por sus significados profundos, no por el mundo que evocan (ni, tampoco, como modelos sublimes de retórica elocuencia):40

    «Los auctores de los gentiles fueron muy sabios omnes e fablaron de grandes cosas, e en muchos logares en figura e en semeiança duno por al, como lo fazen oy las escripturas de la nuestra sancta Egle­sia» 41

      De ahí que al incorporar «las razones de los gentiles» a la historia «gene­ral», como al contar la hebraica veritas, el problema que ocupa a los historiadores no es la reconstrucción arqueológica del pasado, sino su incorporación al mundo cultural presente. Por ello, texto y glosa son compañeros insepara­bles. A todos los niveles de la exposición.

      Alfonso y sus colaboradores se esfuerzan por «departir» y «explanar» cada cosa que aparece en el relato, cada suceso que se narra. Esta obsesión por hacer todo comprensible, unida al deseo de lograr la exhaustividad informa­tiva, condiciona y da forma a la prosa castellana recién nacida. Lograr que en el traslado a la lengua vulgar no se pierda ningún matiz significativo de los contenidos en el texto y que todo resulte razonable, patente y palpable para el lector lego, exigen un esfuerzo a la vez gigantesco y minucioso. Aunque los historiadores tienen la intención de «despoetizar» los relatos, el respeto al contenido, a los varios significados latentes en cada historia, en cada frase, en cada palabra, imponen como técnica constante la amplifica­ción.

      Las palabras se desmenuzan en su matices significativos varios. Donde Ovidio dice «thalami nostri», «sedes scelerata», «nostri contemptor»,42 Alfon­so43 va desgranando significados: «del nuestro talamo e nuestro casamiento e del nuestro lecho», «maldita la siella dellas, descomulgada e lienna de pecados e de muchas e grandes nemigas», «el nuestro denostador e el nuestro despreciador, que nos echa en denosto e en deprez».44

      O bien se explican mediante equivalentes actuales o mediante glosas etimológicas o históricas, a fin de proporcionar al lector lego un marco referencial en el cual inscribir el neologismo:

    «Oraculo es palabra de latín e quiere dezir en el lenguage de Castiella tanto como oradero»45

    «Siringa es tanto como atraymiento, e por esta razon este nombre sirenes es por las serenas de la mar; e Siringa e sirenes lieuan estos nombres de siren, que dize el griego por atraymiento, por que las serenas tan dulce mientre cantan que non es omne del mundo cuya oreia la dulcedumbre del canto dellas alcance que nol atraya, e fazer le estar que donde la oye que se non puede yr dend assi como sil touiesse atado; e aun mas dizen muchos que esto de la dulcedumbre daquel cantar de las serenas que a muchas otras animalias lo faze, como a las aues que atrauiessan por y...»46

      Pero también es preciso desnudar a las palabras de su vestimenta figurati­va para que resulte claro el sentido último que encierran, de acuerdo con las interpretaciones de los exégetas:

    «E Argo, pastor de Juno, segund Ramiro en los Esponimientos de la Biblia, tanto [quiere decir] como mesura o mesurador, e es otrossi d’otra guisa Argo por argudo o reprehendedor o recabdador, e tal deue seer el pastor et el mayordomo; e por Argo otrossi, segunt maestre Iohan dize, podemos entender el Mundo»47

      Lo mismo ocurre con las acciones, que aparecen también desdobladas, desarrolladas, por deducción lógica de sus contenidos implícitos, según ilus­tra a la perfección la descripción del peinado de Diana por una ninfa:

    «uino luego con su peyne e peynola e afeytola, e troxo su cofia e pusogela e en tod esso cogio los cabellos e atogelos bien con su cinta»48

peinado que (según hizo notar María Rosa Lida)49 fue visualizado por Alfonso a partir de tres palabras tan sólo de Ovidio: «conligit in nodum».50

      Siempre que el contenido lo reclama, la exposición alfonsí explica con prolijidad didáctico-realista los sucesos, justificando racionalmente cada ac­ción y poniendo de manifiesto motivaciones psicológicas deducibles del contexto. A este respecto, baste recordar la detallada explicación en la Gene­ral estoria de cómo Pasiphé consigue el coito con el toro51 (relato expurgado más tarde por razones de decoro).52 Recorto el pasaje lo más que permite mi propósito de poner de relieve la técnica expositiva alfonsí:

    «Et era esto en el tienpo del mayo quando los toros quieren a las vacas e ellas a ellos. Et acaescio que un toro llego alli a una vaca ante la reyna de guisa que lo uio ella. Et fue en tal punto, que tamanna cobdicia le tomo de auer con aquel toro otro tal fecho qual le uio fazer con la vaca, que por poco non cayo desmemoriada en tierra. Mas pero ante la grant uerguença de las ricas fembras que eran y con ella, sufriosse e encrubiosse... E quando se començo a quexar, llegaron se las amas e las couigeras e las duennas sus priuadas e corrieron todas a ella a demandarle que dolor le tomara...

    Pasiphe quando uio a su ama tan afincada en aquel fecho... atrouosse a descrobirsele...

    Las amas e mayor mientre las uieias, assi como dize Ouidio en el libro del Arte de amar, sienpre sopieron mucho e assacaron mucho pora encrobir a sus criadas en fecho de amor...

    Et auie estonçes en las lauores del rey Minos un maestro carpentero muy sotil e muy engennoso. E el ama «non sopo estonçes al que fazer si non de enuiar por el carpentero, e por uentura que el, que era tan sabidor, que darie consseio a tal cosa, e enuio por el. Et Dedalo uino luego...

    Tomo luego tablas e dololas, e abino las de guisa que fizo dellas un estrumento assemeiança de vaca... e tomaron luego a aquella uaca tras que andaua el toro e apartaron a el con las otras, e mataron luego aquella. Et mientre la dessollauan, tomaron Dedalo e el ama a Pasiphe, e leuaron la a aquella fechura de uaca de las tablas e metieron la dentro, e pararon la de guisa que ouiesse ella con el toro lo que querie. Et guisado esto, fue Dedalo e tomo el cuero d’aquella uaca, e aduxol e tendiol sobre la vaca d’aquellas tablas de la guisa que estudiera en el cuerpo de la su vaca...

    El toro cuedosse que era aquella la uaca que solie e fue luego pora ella, e osmola, e caualgo la luego de guisa que alcanço a la reyna e enprennola...»

      Obviamente, si en las palabras «podemos entender» sentidos figurados que apuntan a contenidos alegóricos profundos, los sucesos se prestan mu­cho mejor a interpretaciones simbólicas y, de hecho, requieren el recurso a ellas, si no se quiere desacreditar los relatos mitológicos como puras fanta­sías:

    «Onde aquello que el en el primero libro dixo del rey Ynaco... non lo tenga ninguno por fabliella, porque es de las razones de Ouidio. Ca, el que las sus razones bien catare e las entendiere, fallara que non ay fabliella ninguna, nin freyres predigadores e los menores que se trabaian de tornarlo en la nuestra theologia non lo farien si assi fuesse, mas todo es dicho en figura e en semeiança de al»53

      El comentario, la exegesis, es así parte imprescindible de toda exposición completa.

      En fin, "la primacía absoluta del didactismo» (destacada por María Rosa Lida)54 confiere a la prosa historiográfica alfonsí (y, en general, a toda su prosa, bastante homogénea, por cierto) las dos características que admirati­vamente comenta don Juan Manuel y que, a primera vista, nos podrían parecer contradictorias:

    «e puso lo todo conplido e por muy apuestas rrazones, e en las menos palabras que se podía poner»55

      En efecto, la exposición histórica de Alfonso X es siempre lo más «complida» (esto es, completa, plena) y «declarada» posible, para que el lector no «tome dubda» de lo que «oye»; pero, a la vez libre de excrecencias retóricas y de sutilezas que puedan oscurecer el sentido, los sentidos del relato.

Diego Catalán. La Estoria de España de Alfonso X. Creación y evolu­ción. (1990)

NOTAS

33  Setenario, pp. 50-113.

34  Setenario, pp. 73-76 («Ley XLIII»).

35  Setenario, pp. 89-90 («Ley LIV»).

36  Setenario, pp. 93-94 («Ley LVI»).

37  Setenario, p. 113.

38  General estoria, 1ª Parte, Lib. X, cap. 31 (I, p. 280a6-8).

39  General estoria, 1ª Parte, Lib. VI, cap. 26 (I, pp. 162b55-163a2). Se compara, claro está, para que el lector lego entienda y no por incapacidad de comprender que el mundo de los «gentiles» fuera diferente, como a veces se ha dicho. Por ello, en este pasaje se explica «e esto tira a la su theologia de los gentiles mas que otras rrazones que ellos ayan» (I, p. 162b53-55).

40  Aunque Alfonso reconoce, junto a la función didascálica, una función creativa y placentera en la poesía, cuando explica a propósito de Ovidio que «poeta quier dezir tanto como fallador de nuevo de razon e enfennidor della e assacador por mostrar razones de solaz por sus palabras en este fecho e aun razones e palabras de uerdat», General estoria, 1ª Parte, Lib. VI, cap. 19 (I, p. 156a8-15).

41  General estoria. 1ª Parte, Lib. VI, cap. 26 (I, p. 162b47-52).

42  Metamorphoses, III, 267; IV, 455; XI, 7.

43  General estoria, 2.a Parte, Lib. de los Juyzes, caps. 26, 108, 215 (II, 1, pp. 155a21-22, 228a7, 324a24-26).

44  Aprovecho los ejemplos espigados por María Rosa Lida, «La General estoria: notas literarias y filológicas I», RPh XII (1958-59), 111-142 (esp. p. 123), quien comenta: «Alfonso quiere traer al castellano todo lo que dicen en sus lenguas respectivas las fuentes».

45  General estoria, 1ª Parte, Lib. XV, cap. 42 (I, p. 435a34-36). Ejemplo aducido por G. Hilty, El libro conplido, p. XLII. [Incomprensiblemente, no figura en H. A. Van Scoy, A Dictionary of Old Spanish Terms Defined in the Works of Alfonso X. Ed. I. A. Corfis, Madison: Seminary of Medieval Studies, 1986].

46  General estoria, 1ª Parte, Lib. VI, cap. 27 (I, p. 164b8-22). [La «definición» (General estoria, II, ms. N, f. 355r) preferida por Van Scoy en su Dictionary of A. X, s. v., es mucho más imprecisa, pues sólo hace inscribir el objeto «serenas» en su género: «...los bestiglos de la mar a que llaman serenas»).

47  General estoria, 1ª Parte, Lib. VI, cap. 27 (I, p. 164a38-45).

48  General estoria, 2ª Parte, Lib. de los Juyzes, cap. 23 (II, 1, p. 131a28-31).

49  M. R. Lida, «La G. est.: notas», p. 125.

50  Metamorphoses, III, 170.

51  Figura en su redacción original en el ms. K (Bibl. Nac, Madrid, 10237, Olim I.1.79) de la General estoria (2ª Parte, Lib. de los Juyzes, caps. 329-331), que forma él solo familia frente a M, R, J, N, O, y a I, L, Q, los cuales redujeron el relato del cap. 331a cuatro frases y a una remisión al Libro mayor de Ovidio (II, 2, pp. 395b11-397a33).

52  Según hice notar ya, de pasada, en Catalán, «Los modos de producción y "reproducción" del texto literario y la noción de apertura», en Homenaje a Julio Caro Baroja, Madrid, 1978, pp. 245-270 (esp. n. 85).

53  General estoria, 1ª Parte, Lib. VI, cap. 36 (I, p. 163a3-4/44-52).

54  R. M. Lida, «La G. est.: notas», p. 124.

55  Cr. Abreviada. Prólogo (Ed. Grismer, p. 3841-42).

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*  2.- 1. LA FUNCIÓN DEL CONOCIMIENTO EN LA RESTAURACIÓN DEL IMPERIUM

3.- 2. LA HISTORIA COMO CONOCIMIENTO CIERTO Y EXHAUSTIVO DE LOS HECHOS PASADOS

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Imagen: miniatura del Beato de Liébana

3.- 2. LA HISTORIA COMO CONOCIMIENTO CIERTO Y EXHAUSTIVO DE LOS HECHOS PASADOS

3.- 2. LA HISTORIA COMO CONOCIMIENTO CIERTO Y EXHAUSTIVO DE LOS HECHOS PASADOS

2. LA HISTORIA COMO CONOCIMIENTO CIERTO Y EXHAUSTIVO DE LOS HECHOS PASADOS. I. ALFONSO X HISTORIADOR.

Aunque la razón, según había definido Alfonso en el Setenario,26

    «alunbra todas las cosas que sson oscuras de entender e de ssaber en todos los tienpos que los omnes han, tan bien en lo pasado, commo en lo de luego, commo en lo otro que ha de venir»,

el conocimiento de los «fechos», de los acaeceres, se ofrece al hombre con una esencial limitación:

    «Natural cosa es de cobdiciar los omnes saber los fechos que acahescen en todos los tiempos, tan bien el tiempo que es passado, como en aquel en que estan, como en el otro que ha de uenir —se nos dice al comienzo de la General estoria—. Pero destos tres tiempos non puede omne seer cierto fueras daquel que es passado. Ca si es del tiempo que ha de uenir, non pueden los omnes saber el comienço nin la fin de las cosas que y auernan, e por ende non lo saben çierta mientre; et si es del tiempo en que estan, maguer saben los comienços de los fechos que en el se fazen, por que non pueden saber la fin qual sera, tenemos que non lo saben complida mientre; mas del tiempo passado, por que saben los comienços e los acabamientos de los fechos que y se fizieron, dezimos que alcançan los omnes por este tiempo cierte mientre el saber de las cosas que fueron».27

    De esta forma, la esencial unidad del ayer, hoy y mañana en el plan divino queda rota en la historia, en tanto escritura del hombre:

    «Onde, porque el saber del tiempo que fue es cierto e non de los otros dos tiempos, assi como dixiemos, trabaiaron se los sabios omnes de meter en escripto los fechos que son passados pora auer remembrança dellos como si estonçes fuessen, e quelo sopiessen los que auien de uenir assi como ellos. Et fizieron desto muchos libros, que son llamados estorias e gestas... E dixeron la uerdat en todas las cosas e non quisieron nada encobrir» 28

      Este extenso razonamiento destinado a definir y delimitar el objeto de la historia (con que Alfonso abre la General e gran estoria) parece en su inicio intersado en echar a un lado posibles tentaciones «merlinianas», pero acaba por revelarse como un sutil procedimiento de dotar a la reconstrucción histórica de certidumbre total. Alfonso, sin la menor vacilación, proclama que la historia puede recrear los sucesos del pasado como si estuvieran ocurriendo en el ahora del historiador («como si estonçes fuessen») y, de esta forma, dar a conocer en el presente (y en el futuro, para siempre) la verdad.

      Garantizada la veracidad y exactitud de la historia por la bondad de los «omnes sabios» que en el pasado pusieron los hechos por escrito, el proble­ma fundamental del historiador «moderno» que quiere alcanzar conocimien­to cierto de lo que fue es ampliar al máximo las fronteras del saber. La historia «general» ha de aspirar a ser lo más exhaustiva posible:

    «et a Nos, que queremos contar la estoria toda como contescio e non dexar della ninguna cosa de lo que dezir fuesse... conuienenos a dezir...»29

      También, debe ser «ecuménica», en su visión sin fronteras de la Humani­dad, por lo que hay que reunir cuantas fuentes puedan hallarse:

    «Yo don Alfonsso... fiz ende fazer este libro, e mande y poner todos los fechos sennalados, tan bien de las estorias de la Biblia como de las otras grandes cosas que acahesçieron por el mundo, desde que fue començado fastal nuestro tiempo»,30

antes de jerarquizarlas según su mayor o menor autoridad:

    «Onde por todas estas cosas, yo don Alfonsso... despues que oue fecho ayuntar muchos escriptos e muchas estorias de los fechos antiguos, escogi dellos los mas uerdaderos e los meiores que y so­pe" 31

      La combinación de estas dos aspiraciones y la interpretación euhemerista de la mitología (que reducía el panteón a una lista de ilustres benefactores de la humanidad perfectamente aceptable para los apologistas judíos y cris­tianos), obligó a Alfonso en la General e gran estoria  a dedicar «a los amores de los dioses y los hombres según Ovidio, tanto esfuerzo declarador como a Moisés, y más esmero descriptivo que a los relatos del Génesis» (según observó Ramón Menéndez Pidal),32 y, en general, a conceder a «las otras grandes cosas que acahesçieron por el mundo» antes de la venida de Cristo, tanto o más espacio que a la hebraica veritas.

 Diego Catalán. La Estoria de España de Alfonso X. Creación y evolu­ción. (1990)

NOTAS

26  Setenario, p. 46

27  General estoria. Prólogo (Ed. Solalinde, I, p. 3a7-27).

28  General estoria. Prólogo (I, p. 3a28-b12).

29  General estoria, 2ª Parte, Lib. de los Juyzes, c. 2 (Ed. Solalinde et al., II. 1, p. 130b34-39).

30  General estoria. Prólogo (I, p. 3b20-21 b30-35).

31  General estoria. Prólogo (I, p. 3b20-21  b26-30).

32  R. Menéndez Pidal, «De Alfonso a los dos Juanes. Auge y culminación del didactismo (1252-1370))», Studia Hispanica in honorem  R. Lapesa, I, Madrid: Seminario Menéndez Pidal y Gredos, 1972, pp. 63-83 (esp. p. 68). La presencia de muchos de los episodios de las Metamorfosis y de las cartas de las mujeres infelices de las Heroidas en las obras historiográficas alfonsíes puede hoy estudiarse con facilidad en B. Brancaforte, Las «Metamorfosis»y /as « Heroidas » de Ovidio en la «General estoria» de Alf/onso el Sabio. Madison: Hispanic Seminary of Medieval Studies, 1990.

CAPÍTULOS ANTERIORES:  LA ESTORIA DE ESPAÑA DE ALFONSO X. CREACIÓN Y EVOLUCIÓN:

PRESENTACIÓN

1.- PRESENTACIÓN. «LA ESTORIA DE ESPAÑA DE ALFONSO X. CREACIÓN Y EVOLUCIÓN»

I. ALFONSO X HISTORIADOR

*  2.- 1. LA FUNCIÓN DEL CONOCIMIENTO EN LA RESTAURACIÓN DEL IMPERIUM

Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada 

Imagen: Cantigas del Rey Alfonso X

2.- 1. LA FUNCIÓN DEL CONOCIMIENTO EN LA RESTAURACIÓN DEL IMPERIUM

2.- 1. LA FUNCIÓN DEL CONOCIMIENTO EN LA RESTAURACIÓN DEL IMPERIUM

1. LA FUNCIÓN DEL CONOCIMIENTO EN LA RESTAURACIÓN DEL IMPERIUM. I. ALFONSO X HISTORIADOR

      Varias historias y obras de carácter político procedentes de los reinos periféricos de España (Portugal, Navarra, Aragón y Cataluña) nos han trasmi­tido una explicación de la triste postrimería de Alfonso X como castigo divino a una terrible blasfemia1:

    «Estando en Sevilla, dixo en plaça que si el fuera con Dios quando fazia el mundo, que muchas cosas emendara en que se fiziera mejor»2

      No sabemos qué autenticidad puede tener el comentario alfonsí sobre los defectos de la creación; pero «se non è vero, è ben trovato», y la acusación tiene la virtud de dirigir nuestra atención hacia dos hechos muy distintos: la fe de Alfonso X en la razón como instrumento para descubrir el significado de las cosas naturales (de que luego hablaremos) y la mezcla de incompren­sión y hostilidad que generó el proyecto alfonsí de reforma del regnum fuera del círculo de sus colaboradores.

      Evidentemente, la Historia no pagó a Alfonso X lo que el Rey Sabio había hecho por ella.

      La Crónica de 1344 del conde don Pedro de Barcelos, hijo bastardo del rey de Portugal don Dinis (hijo de la reina doña Beatriz, la hija más amada de Alfonso X, quizá por ser también bastarda) no sólo recoge la leyenda de la blasfemia que acabamos de citar, sino que ataca con saña al «rey astrólo­go», descalificándolo sin contemplaciones. En la obra de Barcelos, la historia del reinado de Alfonso X se reduce a un cúmulo de cargos, que llevan directamente a la sentencia de deposición puesta en boca del infante don Manuel:

    «Por quanto el rey don Alfonso mato a don Fadrique su hermano e a don Ximon Ruyz señor de los Cameros e otros muchos fidalgos sin derecho commo non deuia, pierda la justiçia.

    E por que deseredo los fidalgos de Castilla e de Leon e los çibdadanos e los conçejos, non lo resçiban en las villas nin en las fortalezas e sea deseredado dellas.

    E por que desaforo los fidalgos e los conçejos, non cunplan sus cartas nin le respondan con los fueros.

    E por que despecho la tierra e fizo malas monedas, non le den pechos nin seruiçios nin monedas foreras nin las martiniegas nin otros derechos ningunos de la tierra avnque los demande»3

      Más grave para la imagen futura del rey que las acusaciones del conde portugués fue, sin embargo, la incomprensión del Canciller del sello de la poridad de Alfonso XI. Cuando, también a mediados del s. XIV, Fernán Sán­chez de Valladolid trata de continuar la Estoria de España alfonsí con las «Tres crónicas» (o Crónica de tres reyes) de los reyes sucesores de San Fernan­do,4 fue incapaz, a pesar de su vinculación a la corona, de ofrecer una exposición articulada de los proyectos y realizaciones de Alfonso X. Es verdad, que lo que por entonces logró «fallar en escripto» era demasiado dispar como para formarse una idea coherente del reinado: Sólo para los años finales contó con un relato pormenorizado de carácter cronístico; pero esa crónica, escrita indudablemente en el entorno de doña María de Molina, no podía ser más ajena a los intereses de Alfonso X, pues su propósito era, precisamen­te, justificar la rebelión y acciones todas del infante don Sancho. Para los años anteriores dispuso de documentos de la cancillería regia, que le permi­tieron seguir de cerca las vicisitudes de la rebelión de los ricos hombres con el infante don Felipe, esta vez desde el punto de vista de la corona. En cambio, para la primera época del reinado la penuria informativa era tal que tuvo que recurrir a (y malinterpretar) una Historia hasta 1288 dialogada de contenido muy anecdótico.5 Pero quizá más importante que la calidad y carácter de las fuentes que tuvo a mano fue el hecho de haber sido «hechura» de la reina doña María,6 quien emerge como la verdadera protagonista de toda su Crónica de tres reyes, e, incluso, del comienzo de la de Alfonso XI. La fidelidad de Fernán Sánchez al «molinismo» no le permitió siquiera descu­brir en Alfonso X un antecedente valioso de la política monárquica de Alfonso XI que él mismo defendía (como diplomático y como cronista regio).

      Obviamente, si la ambición alfonsí de completar la General estoria «fastal nuestro tiempo» y de contar en la Estoria de España, no sólo «todos los fechos que fallar se pudieron» pertenecientes al tiempo pasado, sino incluso «los que acaescen en el tiempo present en que agora somos»7 no hubiera quedado frustrada por el tiempo, el balance de las realizaciones de Alfonso X que hubiera heredado la historiografía moderna no se parecería mucho al que recogen las historias al uso. Al no haber sido así, el peso de la desafortunada reconstrucción del reinado de Alfonso X por el Canciller de Alfonso XI ha seguido haciéndose sentir hasta nuestros tiempos y los historiadores moder­nos del reinado han sido incapaces por sí mismos de integrar en una visión coherente las actividades «políticas» y «culturales» del Rey Sabio. La labor de Alfonso X como «escodriñador de sciencias, requiridor de doctrinas e de enseñamientos», que por medio de los sabios «se trabaia [en] espaladinar los saberes... e tornarlos en lengua castellana» (ponderada en estos términos por Yěhudà ben Mošé «el Coheneso»)8 ha sido tradicionalmente considerada una actividad inconexa respecto a su labor de gobierno, como si tan sistemá­tico esfuerzo pudiera ser un «hobby», un entretenimiento ajeno al proyecto regio de transformación de las estructuras del reino.

      A falta de una evaluación del reinado de Alfonso X hecha desde su entorno político, resulta de utilidad recurrir al juicio de su sobrino, don Juan hijo del infante don Manuel. Aunque escribe cuarenta años después de la muerte del Rey Sabio,9 aunque su padre apostó decididamente por el infante don Sancho en la contienda dinástica y aunque, como «fijo de infante», representaba a una clase política necesariamente hostil a los puntos de vista «monárquicos»,10 don Juan Manuel no comparte el odio o la miopía política de un don Pedro de Barcelos o de un Fernán Sánchez de Valladolid y percibe claramente la labor cultural del rey como un aspecto esencial de la política de un gran estadista:

    «Entre muchos conplimientos e buenas cosas que Dios puso en el rrey don Alfonso, fijo del sancto e bien aventurado rrey don Ferrando, puso en el su talante de acresçentar el saber quanto pudo, e fizo por ello mucho, assi que non se falla que del rrey Tolomeo acá ningun rrey nin otro omne tanto fiziesse por ello commo el. Et tanto cobdiçio que los de los sus regnos fuessen m[u]y sabidores que fizo trasladar en este lenguaje de Castiella todas las sçiençias...»11

      Es más, al comparar el reinado de Alfonso con los que a él le estaban tocando vivir, se asombra de la decadencia de España y de los juicios de Dios, que ha permitido el fin de tanto bien:

    «...en tal manera, que todo omne que la lea [se refiere a la Estoria de España alfonsí] puede entender, en esta obra e en las otras que el conpuso e mando componer, que avia(n) muy grant entendimiento, e avia muy grant talante de acrescentar el saber, e cobdiciaua mucho la onrra de sus rregnos, e que era alumbrado de la gracia de Dios para entender e fazer mucho bien. Mas, por los pecados de España e por la su ocasión, e señalada miente de los que estonçe eran a avn agora son del su linage, ovo tal postrimeria que es quebranto de lo dezir e de lo contar; e siguiosse ende tal daño que dura agora e durara quanto fuere voluntat de Dios ¡Bendito sea el, por todo lo que faze, ca derechos e marauillosos e escondidos sson los sus juizios!»12

      No hay duda de que Alfonso, educado con sus hermanos de una forma nueva (gracias, muy probablemente, a su madre doña Beatriz, transmisora de la tradición suaba Stauffen), se propuso desde muy pronto como tarea de gobierno «cumplir la gran mengua que era en los ladinos» en ciencias, doctrinas y enseñamientos, conforme subraya Yěhudà ben Mošé ha-Kohén en el prólogo del Libro de los juicios de las estrellas.13 La escala regia en que concibió «espaladinar los saberes», allegando a sí los sabios instructos en las diversas ciencias y doctrinas, es lo que torna su labor única en la Europa de su tiempo, es lo que la hace, como don Juan Manuel lamenta, inimitable:

    «E esto por muchas rrazones: Lo vno por el muy grant entendi­miento que Dios lo dio. Lo al, por el grant talante que auie de fazer nobles cosas e aprouechosas. Lo al, que auia en su corte muchos maestros de las ciencias e de los saberes a los quales fazia mucho bien (e) por leuar adelante el saber e por noblescer sus rregnos, ca fallamos que en todas las ciencias fizo muchos libros e todos muy buenos. E lo al, por que auia muy grant espacio para estudiar en las materias que queria componer algunos libros, ca moraua en algunos lugares vn año e dos e mas, e avn segunt dizen los que viuian a la su merced, que fablauan con el los que querían e quando [querían] e quando el queria, e ansi auia espacio para estudiar en lo que el quería fazer p[or] si mismo e avn para veer e esterminar las cosas de los saberes que el mandaua ordenar a los maestros e a los sabios que traya para esto en su corte» 14

      Pero el aspecto más renovador de su organizado esfuerzo fue el «espaladi­nar» los saberes en castellano, en lengua vulgar. Ello supone que los «ladi­nos» a quien Alfonso se proponía instruir con una tan vasta producción científica no constituían un privilegiado círculo de letrados, pues, según el propio don Juan Manuel nos hace ver, los libros que se hacen o mandan hacer en romance «es señal que se fazen para los legos que non son muy letrados».15 Los destinatarios de los libros alfonsíes y no sus productores son la justificación del recurso a la lengua vulgar. De conformidad con el ideal didáctico, que a la zaga de Alfonso defendería su sobrino, las palabras y razones en que se exponen los saberes serán «tales, que todo omne que aya buen entendimiento, aun que non sea letrado, las entendera».16

      La coherencia del proyecto cultural de Alfonso X y su estrecha conexión con su labor de gobernante resultan claras si no olvidamos los aspectos integradores que presentaban las ciencias y saberes particulares para la mentalidad medieval. Como Francisco Rico ha señalado:17 «La historia (sa­grada o profana)... se concibe en el mismo plano que la ciencia ’de naturas’ y, como ella, apunta a la ética y, en un soberano, a la política».

      Al elaborar el Setenario, obra que él mismo afirma que se debe a la voluntad de su padre el rey Fernando,18 Alfonso presenta claramente «el saber» como parte de un proyecto político. En la introducción del libro explica que su padre «en rrazon del enperio, quisiera que ffuesse asi llamado ssu sseñorío e non rregno, e que fuese el coronado por enperador segunt lo ffueron otros de su linage»; pero que hubo de renunciar a «ennobleçer e onrrar mas ssus ffechos, tornando su sseñorio a aquel estado en que ssolia sser e mantouyeran antiguamiente los enperadores e los rreyes onde el vinie», debido a que aún no se había acabado la reconquista de «la tierra daquent mar» y, sobre todo, porque los hombres de su reino desconocían a Dios, a su señor natural y a aquellos de quien venían y pasaban en sus actos contra razón, contra naturaleza de señorío y contra natura, y, en consecuen­cia, no le era posible organizar la corte, ni el consejo, ni los oficiales, ni tener leyes de acuerdo a derecho y razón, ni repartir tierras y soldadas, ni adminis­trar justicia «ssegunt que lo era en aquel tienpo» antiguo. Para «toller estos males», el rey don Fernando, convencido de que el «adereçamiento» del reino no se podría hacer «sinon por castigo e por conseio que ffiziesen el e los otros rreyes que después del viniesen», consideró que «conuenie que este castigo que ffuese ffecho por escripto para ssienpre», por lo que mandó hacer un libro «que touyese el e los otros rreyes que después del viniesen por tesoro... en que sse viessen ssienpre commo en espeio», libro destinado a que los hombres de su reino lo «oyesen a menudo, con que se costunbrasen para sser bien acostunbrados,... et que lo ouyesen por ffuero e por ley conplida e çierta».19

      Al asumir Alfonso el proyecto paterno, concibe el Setenario como una enciclopedia en que el Universo y el Saber, perfectamente homólogos, se entrelazan de mil formas; en sus «leyes» se adoctrina sobre las más diversas cosas que cabe imaginar. Este «tesoro» de conocimientos y doctrinas organi­zado en forma de «leyes» responde, según ha explicado Rafael Lapesa,20 «a la idea axial de que el ser y el acaecer del universo entero son simbólicos». La naturaleza, la historia y las obras de los grandes «auctores» del pasado tienen en común el ser libros abiertos, preñados de contenidos sémicos latentes que hay que descifrar; y, el última instancia, todas las verdades parciales encerra­das en las cosas, hechos y fábulas no hacen sino representar, por semejanzas, figurativamente, la única verdad, la del «Entendimiento primero» la del «Natura naturador».

      Pero la naturaleza, la historia (y las creencias todas de la antigüedad) son susceptibles de ser explicadas mediante razón, pues

    «Rrazon —según afirma Alfonso21—... es atal commo la lunbre entre las tinieblas, ca ella alunbra el entendimiento e ffaz connosçer la natura e ssabe cierta miente las cosas e demuestralas rrazonando e departiendo lo que sse muestra por ssignifficança, e ordena los ffechos cada vno o deue, e dales acabamiento commo conuyene».

      Me he detenido algún tiempo a recordar las afirmaciones de Alfonso en el Setenario porque creo que en este conciso tratado se nos explicitan con gran claridad la concepción del mundo y la función atribuida al conocimien­to que presiden la producción toda alfonsí. La mayor «especialización» de sus restantes obras ha desviado la atención de los lectores modernos hacia aspectos particulares de cada una de ellas y ha hecho olvidar, por lo general, su pertenencia a un planteamiento unitario del saber y a un plan conjunto de acción.

      En la obra de Alfonso, el elemental enciclopedismo del Setenario se desen­vuelve hasta adquirir proporciones gigantescas, que, en su ambición, nos obligan a recordar el extraordinario proyecto de los descendientes de Seth (citado por la General estoria)22 cuando, temerosos de la destrucción del mundo por agua o por fuego que Adán había profetizado, graban en piedra y ladrillo la totalidad de los saberes.

      El plan alfonsí de enderezar por doctrina su reino, para conseguir que su señorío volviera al estado mantenido antiguamente por los emperadores de donde él venía, es propiamente lo que comentan los últimos versos del poema laudatorio colocado sobre la miniatura de la Estoria de España en que el rey entrega la obra al infante heredero don Fernando:

Rex, decus Hesperie,      thesaurus philosophic
Dogma dat Hyspanis;      capiant bona, dent loca uanis.23

      Los «dogmas», las enseñanzas que Alfonso da a los hispanos podrán ser y de hecho serán codificadas en leyes; pero esas leyes se basarán en el estudio de la «natura» y de los «fechos», pues sólo el saber hace a los hombres obrar conforme a razón, respetando los derechos naturales de sus señores y el orden todo natural. En el conocimiento del ser y el acaecer estriba la capaci­dad del hombre de «semeiar a Dios»:24

    «Cada vno —afirma Alfonso en la General estoria 25 quanto mas a del saber e mas se llega a el por estudio, tanto mas aprende e creçe e se llega por ende mas a Dios»

      A mi parecer, es a la luz de este proyecto de restauración de las bases de un «imperio» a través del ejercicio de la razón como es preciso juzgar la concepción y práctica de las distintas ciencias y saberes por parte de Alfon­so X.

Diego Catalán. La Estoria de España de Alfonso X. Creación y evolu­ción. (1990)

NOTAS

* El texto de este capítulo procede de la «lección inaugural» (titulada «Alfonso X, hitoriador») del Congreso internacional sobre Alfonso X el Sabio: Vida, obra, época. Madrid-Toledo-Ciudad Real-Murcia-Granada-Cádiz-Sevilla, 29 de marzo-6 de abril, 1984, leída el 29-III-1984, y de la ponen­cia presentada (con el mismo título) en An International Symposium on Alfonso X, The Learned, of Spain. University of Wisconsin, Madison, April 5-7, 1984.

1  La primera versión de la blasfemia nos la proporciona la Crónica geral de Espanha de 1344, obra del conde don Pedro de Barcelos. El carácter trunco del ms. M, único descendiente de la redacción original, nos obliga a consultar la obra en su redacción refundida de hacia 1400; pero el pasaje procede, evidentemente, de la redacción primitiva. En esta versión portuguesa del año 1344 de la leyenda el castigo divino recae sólo sobre Alfonso X; por lo tanto, la blasfemia justifica indirectamente la usurpación del reino por Sancho IV, cabeza de la dinastía entonces reinante en Castilla. Más tarde, la leyenda se refundió en beneficio de la usurpación Trastámara, exten­diendo la maldición de la casa castellana hasta la cuarta generación (Pedro I), en que se extinguirá, pues, seguidamente, subirá al trono de Castilla un rey todo bondad y nobleza (Enrique II), que reparará los daños ocasionados por sus antecesores (Alfonso X, Sancho IV, Fernando IV, Alfonso XI y Pedro I). Así figura en la Canonica del obispo navarro Euguí, h. 1390 (ed. G. Eyzaguirre Rouse, en Anales de la Universidad de Chile, 1908, p. 278 y ss.), en la Crónica de Pedro IV de Aragón, cap. VI, atribuyendo la blasfemia a Fernando IV (ed. A. de Bofarull, p. 323), en dos manuscritos, uno castellano, ms. 431 de la Bibl. Nac, Madrid, y otro catalán, ms. 271 de la Bibl. Central de Catalunya (publicados por P. Bohigas en el Butlletí de la Bibl. de Catalunya, VIII, 1935, del que sólo existe tirada aparte; y nuevamente el texto castellano en RFE, XXV, 1941, pp. 382-398), en una crónica de fines del s. XIV de Silos (dada a conocer por D. W. Lomax en el Homenaje a Fray Justo Pérez de Urbel, OSB, 2 vols., Silos, 1976-77, pp. 1323-1337) y en las Profecías del Sabio Merlin incluidas al final del Baladro del Sabio Merlin, Sevilla, 1535 (reed. por A. Bonilla San Martín, Libros de caballerías, I, en la «NBAE», VI). Llamé ya la atención acerca de las dos versiones básicas de la leyenda en D. Catalán, El poema de Alfonso XI (Madrid: Gredos, 1953), pp. 64-66. [Véase ahora J. R. Craddock, «Dynasty in Dispute: Alfonso X el Sabio and the Succession to the Throne of Castile and Leon in History and Legend», Viator 17 (1986), 197-219].

2  Crónica de 1344, c. 791. Mss. U (o Zabálburu, perteneciente hoy a la biblioteca del Marqués de Heredia Spínola), f. 204v, y Q (Bibl. Nac, Madrid, 10815), f. 189.

3  Crónica 1344, c. 859. Cito por el ms. U, f. 220, pero corrijo la lección errónea de U «resçebian» con la mejor lectura de Q: «resçiban».

4  En su redacción original, la Crónica de Alfonso XI, concluía, sin dar noticia de los años finales del reinado, el 8 de abril de 1344. Su autor fue, con toda seguridad, el Canciller Fernán Sánchez de Valladolid. La unidad de autor de esa crónica y de la Crónica de tres reyes (Alfonso X, Sancho IV y Fernando IV) me parece altamente probable. El prólogo de la Crónica de tres reyes sitúa la composición de la obra en el reinado de Alfonso XI y, si atendemos a la titulación dada al rey, estaría escrito después de la conquista de Algeciras (en abril de 1344). Es posible que se redactara a posterior, una vez concluidas las historias de los cuatro reyes. Es de suponer que la elaboración de esta continuación de la crónica regia de España más allá del reinado de Fernando III ocupara al Canciller varios años. [Sobre el prólogo de la Crónica de tres reyes véase ahora Paula Rogers, «Prolegomena to a Critical Edition of the Crónica particular de Alfonso X el Sabio», Ph. D. diss. (University of California, Davis, 1984)].

5  Según expliqué en el trabajo «El Toledano romanzado» (1966), pp. 77-80 [véase en la reed. incluida en el presente libro, cap. X, § 12].

6  Fernán Sánchez adquirió sus primeros cargos a la sombra de doña María, cuando la reina abuela «criaba» a su nieto Alfonso XI en Valladolid. En el testamento de la reina (Valladolid, 29 de junio de la era de 1395 [= 1321]) firman como testigos don Juan Sánchez de Velasco (su mayordomo mayor), don Nuño Pérez abad de Santander (su chanciller), Fernán Sánchez de Valladolid alcalde del rey, tres «escribanos de la señora sobredicha reina», dos «criados de la misma señora» y Fernando Fernández de Piña. Ed. En A. Benavides, Memorias de D. Femando IV de Castilla, I, Madrid: Real Academia de la Historia, 1860, pp. 680-686.

7  Alfonso X, General estoria, ed. Solalinde, I, p. 3b34-35 y Estoria de España, ed. Menéndez Pidal (= PCG), pp. 4a45-b3.

8  Aly Aben Ragel, El libro conplido en los iudizios de las estrellas. Traducción hecha en la corte de Alfonso el Sabio. Ed. G. Hilty. Madrid: Real Academia Española, 1954, p. 3ª

9  La Crónica abreviada de don Juan Manuel es de entre 1320 y 1325 [véase adelante, cap. IX, §2].

10  Sobre el protagonismo del infante don Manuel en el proceso de deposición de Alfonso X véase A. Ballesteros-Beretta, Alfonso X el Sabio, Barcelona: Salvat, 1961, pp. 966-969. Le valió la donación, por parte del infante rebelde don Sancho, del señorío de Chinchilla, Xorquera, Almansa, Aspe y Beas. Don Juan «fijo del infante don Manuel" explica claramente en su Libro de los estados (ed. R. B. Tate e I. Macpherson, Oxford: Clarendon Press, 1974, pp. 372-374) la delicada posición de los «fijos de infante», que aspiraban a tener tanta «honra» como sus padres (infantes) y abuelos (reyes), sin poseer los bienes y el poder para ello. La hostilidad de don Juan Manuel a Alfonso XI es manifiesta, desde que en 1327 descubre la ruptura de los pactos matrimoniales del rey con su hija, hasta los últimos años del reinado (sirva como prueba el documento secreto de setiembre de 1345 remitido a Pedro IV de Aragón que publica A. Giménez Soler, Don Juan Manuel, Zaragoza: La Académica, 1932, pp. 644-646). [Véase, a este respecto, María Cecilia Ruiz, Lit. y política: don Juan Manuel (1989), libro basado en su Ph. D. diss. (University of California, San Diego, 1987), quien analiza, con mayor rigor y perspicacia que los historiadores del reinado, los escritos políticos manuelinos].

11  Libro de la caza. Ed. G. Baist, Halle, 1880, p. 1.

12  Cr. Abreviada, Prólogo. Ed. R. L. y M. B. Grismer, pp. 3842-392.

13  Ed. Hilty, p. 3a: «el noble rey don Alfonso... qui sempre desque fue en este mundo asmo e allego a ssi las sciencias e los sabidores en ellas, e alumbro e cumplio la grant mengua que era en los ladinos por defallimiento de los libros de los buenos philosophos e prouados». La personalidad de Yěhudà ben Mošé ha-Kohen ha sido aclarada por G. Hilty, «El Libro conplido en los iudizios de las estrellas», Al-Andalus XX (1955), 1-74. Véase también D. Romano, «Le opere scientifiche di Alfons X e l’intervento degli ebrei», Oriente e Occidente nel Medioevo: Filosofia e Scienze. Convegno Internazionale, Firenze 9-15 aprile 1969, Roma: Accademia Nazionale dei Lincei, 1971, pp. 677-711 (esp. § 2.3.2.).

14  Cr. Abreviada. Prólogo. Ed. Grismer, p. 3826-39.

15  Cr. Abreviada. Prólogo. Ed. Grismer, p. 377-9.

16  Cr. Abreviada. Prólogo. Ed. Grismer, p. 3720-21.

17  F. Rico, Alfonso el Sabio y la General Estoria, Barcelona: Ariel, 1972; 2ª ed. Barcelona: Ariel, 1984, p. 124.

18  Alfonso X, Setenario. Ed. K. H. Vanderford, Buenos Aires: Instituto de Filología, 1945. Reed. Barcelona: Crítica, 1984 (es, salvo el estudio preliminar, reproducción facs. de la de 1945): «este libro que Nos començamos por mandado del rrey don Ffernando que ffue nuestro padre... Onde Nos, queriendo conplir el ssu mandamiento commo de padre e obedeçerle en todas las cosas, metiemosnos a ffazer esta obra mayormiente por dos rrazones: la vna, porque entendiemos que auya ende grant ssabor; la otra, porque nos lo mando a ssu ffinamiento quando estaua de carrera para yr a paraíso...» (pp. 8-9). Por esta razón se suele considerar el Setenario como una obra temprana de Alfonso X (baste citar a Lapesa, en el art. cit. en la n. 20). [Contra esta opinión argumenta J. R. Craddock, «La cronología de las obras legislativas de Alfonso X el Sabio», Anuario de historia del derecho español, LI (1981), 365-418].

19  Setenario, pp. 22-25.

20  R. Lapesa, «Símbolos y palabras en el Setenario de Alfonso X», NRFH, XXIX (1980), 247-261. [Reed., como estudio inicial, en la 2ª ed. del libro de Vanderford cit. en la n. 18 y en Estudios de historia lingüística española, Madrid: Paraninfo, 1985, cap. XII (pp. 226-238)].

21   Setenario, p. 46.

22  Alfonso X, General estoria. 1ª Parte, Lib. I, c. 17. Ed. A. G. Solalinde, I, pp. 13b42-14b8 (sobre las dos explicaciones alternativas del origen de los pilares contempladas por los redactores de la GE véase adelante el texto correspondiente a la n. 66).

23  Alfonso X, Estoria de España (PCG, p. 2).

24  Toda vez que "çiertamiente los ssaberes sson de Dios", Setenario, p. 44.

25  General estoria, 2ª Parte, Lib. de los Juyzes, c. 419. (Ed. A. G. Solalinde, Ll. A. Kasten y V. R. Oelschläger, II. 2, p. 31 b).

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PRESENTACIÓN

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I. ALFONSO X HISTORIADOR

 

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Imagen: Cantigas de Santa María del Rey Alfonso X  folio 92 recto