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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

19.- 6. EL ÇEÇEO SEVILLANO, DESCRITO POR NEBRIXA

19.- 6. EL ÇEÇEO SEVILLANO, DESCRITO POR NEBRIXA

6. EL ÇEÇEO SEVILLANO, DESCRITO POR NEBRIXA. II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA

       Las cacografías confundidoras de ç y s-, -ss- son, pues, bastante abun­dantes en el trentenio 1490-1520, época en que el sevillano Nebrixa nos pro­porciona las primeras descripciones de /ç/  y /s/. Según Amado Alonso, Ne­brixa constituye un «testimonio a silentio... decisivo» para probar que en 1507 los sevillanos (y los andaluces en general) diferenciaban las sibilantes como los castellanos, no habiendo aún aparecido el çeçeo41. En completo desacuerdo con esta opinión, hoy tan recibida, creo, por el contrario, que Nebrixa nos proporciona el primer testimonio explícito de la práctica ceceo­sa en el reino de Sevilla.

      Nebrixa42 explica que la pronunciación del sámech hebreo «qui non est absimilis ei quem nostri temporis inscitia dat c litterae e vel i sequentibus» (1503, cap. XVII)43, difiere de la del sin hebreo (= s castellana, según Nebri­xa) 44 por su carácter de dental:

    «...quod sama ad supernorum dentium radices lingua appulsa sonum reddit, sin vero ad médium caeli palatum illisa formatur» (1503, cap. XVII).

        En 1507, fol. 130, insiste precisando aún más:

    «nam sin priori lingua ad palatum applicata effingitur, sama vero ad supernorum dentium radices lingua illisa sonum reddit».

       Deducimos de aquí que la oposición entre /ç/ y /ss/ en castellano se basaba en el punto de articulación, ya dorso-dental (como en el sámech), ya ápico-palatal (como en el sin). Nebrixa continúa: 

    «Atque Martianus Capella, ubi in Philologiae Nuptiis inducit Grammaticen in qua oris parte litterae formentur graphice describentem, s, inquit, littera sibilum facit dentibus verberatis. Ex quo fit sigma graecum et s latinum eo modo proferre debeat quo sama hebraicum, hoc est, lingua ad su­pernos dentes appulsa, ut vult Martianus, non eo modo quo sin hebraicum, hoc est, lingua ad médium caelum illisa, quo modo huius rationes ignari proferunt» (1503, cap. XVIII).

       Basándose en Marciano Capella, que describe la s latina como dental, Nebrixa deduce la equivalencia s latina = sámech hebreo. Al concluir, por esta y otras consideraciones45, que la s greco-latina era, no una ápico-palatal como la s castellana y el sin hebreo, sino una dental como el sámech y la ç del castellano vulgar, se le impuso la comparación con la pronunciación de los ceceosos hispanos: los clásicos, ¡qué paradoja!, pronunciaban su s como aquellos hispanos que, apartándose de la norma del castellano, extendían la pronunciación de la /ç a la /ss/ romance:

     Ex ómnibus igitur his rationibus satis constat s litteram quem sonum reddere debeat: hoc est, non eum..., sed eum potius quem genus quoddam hominum ceceosos Hispani vocant, non sine quadam offensionis levissimae venustate» (1503, cap. XVII). «Fuit tempus quo et putabam hanc litteram tali sono debere proferri quali nunc imperitum vulgus enunciat, et quas in illius prolatione delicias fieri prohibet Quintilianus coniectabam illorum esse quod vulgo Hispani ceceosos vocant; nunc vero, his rationibus quas supra attulimus convicti, asseveramus illos recte, nos perperam hodie hanc litteram pronunciare, ut qui solebant a nobis derideri possint nos vicissim iure suo eludere. Sed nos illos hac una in re superamus: quod utramque vocem possumus efferre; illi vero inemendabili oris pravitate non possunt» (1507, fol. 130).

      Este razonamiento de Nebrixa cobra sólo su verdadero sentido si no nos obstinamos en identificar a los ceceosos españoles, citados por Nebrixa, con los escasísimos individuos diseminados por toda España que, tarados fisioló­gicamente, eran incapaces de pronunciar correctamente la s, a causa de tener una lengua estropajosa, gorda o con frenillo46, y reconocemos en ellos a los hablantes coterráneos de Nebrixa que, por un hábito lingüístico heredado de sus mayores, practicaban la indistinción de los fonemas /ss/ y /ç/. Los estu­dios filológicos llevaron a Nebrixa a suponer que la s greco-latina no era ápico-palatal como la s castellana [ṡ], sino dorso-dental. De ahí que enseñase la equivalencia s greco-latina = ç castellana [ş]; o, lo que es lo mismo, s greco-latina = s de los ceceosos, puesto que los ceceosos daban a la /ss/ la misma realización [ş] que a la /ç/, siendo incapaces de distinguir ambos fonemas. Nebrixa explica claramente que la pronunciación ceceada de la s era, sin más, la que él mismo reservaba (como distinguidor entre /ss/ y /ç/) para la /ç/; así, aunque los ceceosos le aventajaban por continuar dando a la s la pronunciación dorso-dental que tenía en las lenguas clásicas, él tenía sobre ellos la superioridad de saber pronunciar, además de esa sibilante dorso-dental (que utilizaba en castellano como /ç/) equivalente a la s greco-latina y al sámech hebraico, una sibilante ápico-palatal (que utilizaba en cas­tellano como /ss/) carente de precedentes greco-latinos, pero comparable al sin del hebreo.

Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

NOTAS

41 A. Alonso, «Historia del ceceo», pp. 121-123.

42 1503 = De vi ac potestate litterarum, Salamanca, 1503.
   1507 = Repetitio quarta. De litteris hebraicis, cum quibusdam annotationibus in Scripturam Sacram, Alcalá? o Salamanca?, 1507. Véase, A. Alonso, «Nebrija», p. 1.

43 A. Alonso, «Nebrija», p. 21, n. 36.

44 Véase A. Alonso, De la pronunciación, p. 112, n. 14. La igualación sin = s castellana se deduce de numerosos pasajes (Véase A. Alonso, «Nebrija», pp. 20-25 y 52-54).

45 Nebrixa apoya esta su tesis sobre muy variados argumentos filológicos: Además de aducir la autoridad de San Jerónimo y las descripciones de Terenciano y Marciano Capella, hace notar las transcripciones de la s latina por el sámech hebreo en nombres propios de personas y lugares, y la continuidad de la interjección de silencio latina si o st (y del correspondiente verbo sileo) en la interjección romance ci (dato que considera muy significativo pues «interiectionum voces naturales prope sint, quippe quae neque locorum distantia neque temporis diuturnitate mutentur»).

46 Según hace A. Alonso, «Historia del ceceo», pp. 122-123.

CAPÍTULOS ANTERIORES:  EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

ADVERTENCIA

1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

*   2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

*   3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

*   4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

*   5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

*   6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

*   7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

*    8.- 7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII)

*   9.- 8. EL CAMBIO EN LA NORMA CORTESANA, VISTO POR LOS GRAMÁTICOS EXTRANJEROS

10.- 9. EL ESPAÑOL ORIENTAL ANTE EL TRIUNFO DE LA NUEVA NORMA DE MADRID

11.- 10. RESISTENCIA DEL ANTIGUO SISTEMA TOLEDANO EN LA ALTA EXTREMADURA

*   12.- 11. LA NUEVA NORMA ANTE EL CECEO ANDALUZ

*   13.- 12. CONCLUSIÓN

 II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA.

*   14.- 1. ESTADO DE LA CUESTIÓN

*   15.- 2. CECEOSOS DE LENGUA ESTROPAJOSA

*   16.- 3. CECEOSOS POR HÁBITO LINGÜÍSTICO

17.- 4. COMUNIDADES CECEOSAS A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVI. SU LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICA Y SOCIAL

18.- 5. EL ÇEZEO SEVILLANO EN TIEMPO DE LOS REYES CATÓLICOS, SEGÚN EL TESTIMONIO DE LAS GRAFÍAS

       Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

Imagen: Letra mayúscula U de Albert Durero.

18.- 5. EL ÇEZEO SEVILLANO EN TIEMPO DE LOS REYES CATÓLICOS, SEGÚN EL TESTIMONIO DE LAS GRAFÍAS

18.- 5. EL ÇEZEO SEVILLANO EN TIEMPO DE LOS REYES CATÓLICOS, SEGÚN EL TESTIMONIO DE LAS GRAFÍAS

 

5. EL ÇEZEO SEVILLANO EN TIEMPO DE LOS REYES CATÓLICOS, SEGÚN EL TESTIMONIO DE LAS GRAFÍAS. II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA.

      Las noticias explícitas de çeçeo, aunque proporcionan datos muy valio­sos para la reconstrucción del origen y expansión del fenómeno, son, como es lógico, demasiado esporádicas e incompletas para que se basten a sí mis­mas. De ahí el interés que tienen los testimonios gráficos de confusiones entre /ç/  y /ss/ y entre /z/ y /s/.

      Por los años en que el capitán Luis Marín departía, çeçeando como sevillano, acerca de los avatares de la conquista de México con Bernal Díaz del Castillo, en Sevilla «un clérigo apasionado de la casa de Niebla» empe­draba de cacografías un su Discurso de la comunidad de Sevilla, an. 1520 (ms. fechado en 1522): Esija (2 veces), comenso, sinco, çiento y sincuenta, ensima (3 veces), «que limaban los cerrojos serrojos o ponían serraduras nue­vas», parese, mosos, rregradesia, senar, serezo, monson, sercar, serca, serbantes, alcansolos, señidas, debosión, y, como contrapartida, proviçion (3 veces), cortapiça (2 veces), amaçar pan, çierpe; Ximenes, Xeres (2 veces), pas, bautisó, peresosos, y, como contrapartida razo y vizitando32. La lengua çezeosa del buen clérigo le traicionaba a cada paso, haciéndole escribir s por /ç/, ç  por /ss/, s por /z/ y z por /s/, a pesar de su deseo de ajustarse a las normas gráficas tradicionales33.

      Bastaría este ejemplo para probar qué razón tenía Bernal Díaz cuando consideraba a los sevillanos prototipo de hablantes çeçeosos; pero quiero citar además otro buen ejemplo (aducido por Menéndez Pidal)34, de 1519. Se trata de la contrata del albañil sevillano Cristóbal García, donde figuran en pocas líneas un buen número de cacografías: sanjas (2 veces), sanjar, ensima (8 veces), sepa ’cepa’, simientos, travasón, «que aljorose toda la madera», «aljorose la madera» (otros albañiles: «aljoroce la madera»), casos todos de s por /ç/, y ronpedisa y plaso, en que la s reemplaza a /z/.

      Creo suficientes estos dos ejemplos para afirmar el arraigo en Sevilla del çeçeo-zezeo (con perfecta distinción de sordas y sonoras) hacia 1520.

      Remontémonos ahora a un período algo anterior, el de los Reyes Cató­licos y Nebrixa, para el cual tenemos bastantes datos gracias a la labor de Amado Alonso35, Lapesa36 y Menéndez Pidal37.

    Confusiones de /s/  y /z/.  Sabido es que las grafías -s por -z no son siempre indicadoras de una confusión fonética pues (al menos en los patronímicos) podían deberse simplemente a una costumbre gráfica38. Por ello son mucho más interesantes los casos inversos, de -z por -s: Lapesa ha aducido el magnífico testimonio del canónigo de Sevilla Pedro de Toledo, limosnero de la Reina Católica, que en su libro de cuentas escribe, en 1487, Roblez, inglez, fijoz, Andrez, Blaz, al lado de viscayno, Beatris, durasnos, Sanches, Gomes.

       En cuanto a -s- por -z- hay que dejar de lado la mayoría de los casos de seseo gráfico que aparecen en ediciones modernas de documentos del s. XV, pues se deben a transcripciones erróneas de signos ambiguos39. Sin embargo, parecen bastante segu­ros los que Menéndez Pidal aduce (apoyándose en lecturas de Antonio Muro Orejón) tomados de unas relaciones de sucesos ocurridos en Sevilla: resiamente, granason (1471), quartisaron, honse (1480), alguasyl (1496), y de otro documento del Archivo de Protocolos de Sevilla (5 de enero de 1484) en que se transcribe faser, poso ’pozo’ (y aljorose); no sé si son fiables los que Lapesa cita (creyendo firmes las lecturas de Juan de M. Carriazo) procedentes de documentos sevillanos de 1488-1492: Gausyn, al­guasyl, gosarnos, Plasentines. Un conjunto de cacografías verdaderamente magnífico proporcionan las contratas hechas por albañiles, pintores y escultores, que cita Me­néndez Pidal: pedaso (1496), quitaiones, quitasión (1503), barro cosido (1505), faser, renunsyamos (1509), tresientos, fiso, varias veces (1510), hasiendoles, rasymos, barnis, aseyte, cuatro veces, junto a artezon, artezones, dos veces (otra arteson) (1518). Otro caso de -z- por -s-, prezilla ’presilla’, aparece en una relación de bienes de 1503 (en que abunda además s por ç). Entre las lecturas dignas de confianza hállanse quizás las que Amado Alonso aduce del Instituto Hispano-Cubano de Historia de América (Sevilla): alguasyl (2 veces), rrasón (3 veces), Altesas (5), armasón (7), catorse (2), vesyno (2), quinse (2), dosyentos, trese (2), tresyentos, fasen, faser (2), fasyendo, fasyenda, Andalusía, dise, desfaser en 1500; vesyno, aseyte, contradesir, faser (3 veces), desir, rrasonaren, desfaser, rrayses en 1508; faser (2),plaser, desir, rrasón (A), plaso en otro documento de 1508; hiso (3), vesyno, faser (2),jueses, deshaser, rrayses, en 1509; y cacografías semejantes en docs. de 1509, 1510, 1511, etc.

      Fuera de toda sospecha se hallan desde luego los casos preciosos en que la z se halla sustituida por s larga , de inconfundible lectura: lizenia, grande∫a, quatro∫ientos en carta de 1492 fechada en Sevilla, dirigida por los reyes al concejo de la capital andaluza.

    Confusiones de /ss/ y /ç/. Como no entrañan problemas de lectura (salvo en ediciones especialmente descuidadas40), las trascripciones merecen nuestra confianza. Lapesa cita, de 1492, el caso de los «sirios de libra» que el cabildo de Sevilla manda llevar en las procesiones que celebren la toma de Granada; Menéndez Pidal aduce una relación de bienes sevillana de 1503 (la que escribía prezilla) en que se dan reunidas las cacografías calaboso, asadón, sestos, sercadura, calsas de hierro, y un docu­mento de la misma fecha sobre obra de albañilería donde, junto a fasiéndole, apare­cen sincho y sepilladura. De 1506 son las grafías synborio ’cimborrio’ y sero ’cerró’, recogidas por Lapesa.

      Estos datos nos permiten considerar, de acuerdo con Lapesa y frente a Amado Alonso, que las grafías çemençera, çenzilla, çenzillo, diçensiones que hacia 1475 contiene la Gaya del sevillano Pero Guillen de Segovia, reflejan algo más que simples trueques, debidos a asimilaciones o disimilaciones; la presencia de otra ç, z o s no causa el cambio fonético, simplemente ayuda a confundir la memoria de un hablante indistinguidor, que de resultas no acier­ta con la forma gráfica tradicional de la palabra.

Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

NOTAS

32 A. Alonso, «Historia del ceceo», pp. 143-145.

33 Que nuestro clérigo procuraba atenerse a las normas gráficas tradicionales se ve claramente si tenemos en cuenta que las cacografías, si bien abundantísimas, «están en pequeñísima proporción» (según recuento de A. Alonso) respecto a las lecciones correctas. La «ortografía» apoyada en el español «toledano», aunque conculcada por el clérigo sevillano, conservaba su prestigio normativo.

34 En un artículo, en vías de publicación [publicado en 1962]: «Sevilla frente a Madrid» [p. 115].

35 A. Alonso, «Historia del ceceo», pp. 140-147.

36 Lapesa, «Sobre el ceceo andal.», pp. 72-74.

37 Menéndez Pidal, «Sevilla frente a Madrid», [pp. 111-116].

38 A. de Torquemada, en su Tratado llamado manual de escribientes, advierte: «Escrebimos muchas veces s y pronunciamos z, como en Xuares, Lopes. Lo que yo sospecho desto es que la z se hacía de una manera ʒ que parece s; y como después mudó su forma, nosotros escrebímosla conforme a lo antiguo y pronunciámosla conforme a lo moderno, aunque esto ya se va perdien­do, porque solamente lo usan los Escribanos antiguos». (Ap. Gallardo, Ensayo IV, 753). Véase A. Alonso, «Historia del ceceo», p. 151.

39 Durante mucho tiempo los editores modernos de mss. de los siglos XIV y XV interpreta­ron erróneamente como grafías de s las z del tipo ʒ o σ.

40 Aunque la ç y la s o ss no puedan confundirse, ni siquiera en una lectura atropellada, hay ediciones modernas en que, sin pretender modernizar la ortografía, se emplean caóticamente ç, z y s, con independencia de sus ocurrencias en el manuscrito editado, por culpa de algún transcriptor dialectal. Sirva de ejemplo la edición hecha en La Laguna 1949, por E. Serra en Fontes Rerum Canariarum, IV, de las actas del Cabildo de Tenerife que se conservan en el Archivo Municipal de La Laguna. Según pude comprobar al consultar directamente el manuscrito y preparar con Ana María Hernández un trabajo inédito sobre el español atlántico en tiempo de los Reyes Católicos, las grafías de la edición no responden a las del original.

CAPÍTULOS ANTERIORES:  EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

ADVERTENCIA

1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

*   2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

*   3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

*   4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

*   5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

*   6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

*   7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

*    8.- 7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII)

*   9.- 8. EL CAMBIO EN LA NORMA CORTESANA, VISTO POR LOS GRAMÁTICOS EXTRANJEROS

10.- 9. EL ESPAÑOL ORIENTAL ANTE EL TRIUNFO DE LA NUEVA NORMA DE MADRID

11.- 10. RESISTENCIA DEL ANTIGUO SISTEMA TOLEDANO EN LA ALTA EXTREMADURA

*   12.- 11. LA NUEVA NORMA ANTE EL CECEO ANDALUZ

*   13.- 12. CONCLUSIÓN

 II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA.

*   14.- 1. ESTADO DE LA CUESTIÓN

*   15.- 2. CECEOSOS DE LENGUA ESTROPAJOSA

*   16.- 3. CECEOSOS POR HÁBITO LINGÜÍSTICO

17.- 4. COMUNIDADES CECEOSAS A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVI. SU LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICA Y SOCIAL

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17.- 4. COMUNIDADES CECEOSAS A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVI. SU LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICA Y SOCIAL

17.- 4. COMUNIDADES CECEOSAS A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVI. SU LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICA Y SOCIAL

4. COMUNIDADES CECEOSAS A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVI. SU LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICA Y SOCIAL. II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA.

      Dejando aparte el caso del fraile «çaceador» de la Comedia Thesorina, que acabamos de citar, el ceceo o pronunciación de /ç/ por /ss/ y de /z/ por /s/, se especializó en el teatro como rasgo lingüístico caracterizador de un tipo social muy llamativo, el gitano.

      En 1521 Gil Vicente en su Auto de hüas ciganas hace çesear (ceñurez, çumuz, deceuz, etc.) y zezear (fidalguz, limuzna, dichuz,  mezura, rozica, etc.) a unas gitanas que hablan en castellano; en su Auto da Festa (1526?) vuelve a emplear el zezeo para caracterizar a una gitana; y en su Auto da Lusitänia Venus, que viene de Egipto, habla con çeçeo (cervirá, çantos, etc.) y zezeo (ujuz, bodaz, etc.) como egipciana o gitana. El ceceo sirve también para caracterizar el habla de los personajes gitanos al sevillano Lope de Rueda, 1510-1565, tanto en Medora como en la Comedia Eufemia, En la Farsa llamada Ardamisa (1530?, 1550?) del burgalés Diego de Negueruela sale a escena una gitana que çeçea (çacandonoz, cezo, ací, etc.), y zezea (poderozo, ezpantoza, gracioza), pero sin acertar a distinguir completamente entre la sonora y la sorda (viezes, zerás, zoportallo, etc.), lo que no es de chocar visto que Negueruela, como buen castellano viejo, no practicaba en el habla la distinción entre /ç/ y /z/ ni entre /ss/ y /s/. Timoneda en la Comedia Aurelia, impresa en Valencia 1564, hace hablar a los gitanos con ç  por /ss/ y z por /s/23. La fácil caracterización seguirá siendo em­pleada en el teatro del último tercio del s. XVI y aún más adelante.

      El problema del ceceo gitano ha sido planteado correctamente por Amado Alonso en estos términos: «Cómo es que los gitanos, que no habían ceceado antes de entrar en España, una vez aquí adquieren tal hábito? ... ¿de dónde lo tomaron?». Tras ensayar algunas posibles conexiones histórico-lingüísticas que ayudasen a contestar estas preguntas, Amado Alonso se sien­te insatisfecho («no creo haber sacado con esto de su misterio el ceceo de los gitanos españoles»), pero seguro de una sola conclusión: el ceceo gitano no se relaciona con el ceceo dialectal, el cual, según opinión de Amado Alonso, no empezó a tener estado social hasta después de 154724. Sin embargo, no puedo hacer mía esta única conclusión; y, en oposición a Amado Alonso, incluso creo posible afirmar que el ceceo gitano constituye un testimonio indirecto de la existencia en España, a principios del s. XVI, de comunidades ceceosas limitadas geográfica y socialmente.

      Atendamos una vez más a la tan comentada frase de João de Barros sobre «o cecear cigano de Sevilla», torcidamente interpretada por todos los que la citaban hasta que Amado Alonso vino a devolverle su verdadero sen­tido25. Barros (1540), elogiando la superioridad sin igual de la lengua portu­guesa, hace al castellano una pequeña concesión:

    «certo è que a limpa castelhana muito melhór è que o Vasconço de Biscaya e o çeçear cigano de Sevilha, as quaes nã se pódem escrever» 26.

      Es evidente, como ha hecho ver Amado Alonso, que Barros se refiere al caló, lengua carente en efecto de escritura, y no a la especial pronunciación que daban al castellano los gitanos de Sevilla. Pero no por ello debemos dejar de lado, como sugiere Amado Alonso, «o cecear cigano de Sevilha», pues ¿qué justificación tiene el que Barros llame al caló cecear cigano si no es la bien conocida pronunciación ceceosa del castellano agitanado? Que ésa es y no otra la explicación nos lo prueba otro pasaje de Barros27 en el cual, aludiendo a la diferente pronunciación en portugués de ça, ço, çu respecto a ca, co, cu, aclara que en el primer caso «as syllabas ficam çeçeadas da maneira dos çiganos». En consecuencia, la frase de Barros «o cecear cigano de Sevilha» nos proporciona una noticia nada desestimable: Por los años de 1540 el ceceo gitano, que los autores teatrales venían utilizando como marca lingüística distintiva de esa comunidad de gentes vagabundas, parecía a un portugués fenómeno especialmente radicado en Sevilla y tan típico de esa ciudad o reino como el vascuence pueda serlo de Vizcaya.

      Testimonios muy varios nos harán ver que el considerar a Sevilla la tierra solariega del ceceo gitano no es, en modo alguno, una suposición infundada.

      La localización del ceceo en Sevilla a principios del s. XVI vuelve a ser testimoniada por Bernal Díaz del Castillo, y esta vez no referida al especial grupo étnico y social de los gitanos, sino a la población de Sevilla en su conjunto: Bernal Díaz, hablando del capitán Luis Marín, a quien conoció y trató desde 1519 a 1526 en Méjico, lo describe como hombre «de buena conbersaçión» y que «çeçeava un poco como sebillano»28. Amado Alonso, para adaptar el testimonio de Bernal Díaz a su personal reconstrucción de la cro­nología del ceceo, insiste en que «el capitán ceceoso había pasado a México en 1519, pero la asociación de su ceceo con el sevillano pudo y tuvo que ocurrírsele a Bernal Díaz al escribirlo» en 1568; y en consecuencia concluye: «no vale pues como dato de que los sevillanos eran conocidos por su ceceo en 1519»29. No comparto la opinión de Amado Alonso: Bernal Díaz pudo quizá asociar por primera vez el ceceo de Luis Marín con el sevillano cuando escri­bía; pero no es eso lo más probable. Sin forzar el dato (para ajustado a una cronología de antemano reconstruida) el testimonio debe considerarse válido para el período 1519-1526. En el primer cuarto del s. XVI, por lo tanto, era ya el ceceo rasgo lingüístico caracterizador de los naturales de Sevilla.

      Amado Alonso al comentar la noticia de Bernal Díaz, se desinteresa completamente por el ceceo del capitán; creo, sin embargo, que es un dato importante. Luis Marín era natural de Sanlúcar (Cádiz), en el reino de Sevi­lla, nacido hacia 148530, y en consecuencia su ceceo nos prueba que allá por el año de 1500 entre los muchachos de Sanlúcar era ya común la práctica confundidora de /ss : s/ con /ç  : z/. Podemos atribuir sin vacilaciones el ceceo del capitán a hábito social, y no a defecto fisiológico individual, a causa de la identificación de su çeçeo con el sevillano hecha por Bernal Díaz, y en vista del determinativo «un poco», cuyo valor nos es ya conocido; al denunciar Bernal Díaz, en otro pasaje anterior, el ceceo de un hidalgo de Medellín que debía de tener lengua estropajosa (el capitán Gonzalo de Sandoval) nos dice en cambio que «çeçeava tanto quanto»31 y no se le ocurre comparar su ceceo con el sevillano.

      En suma, los primeros testimonios de ceceo no individual sino caracteri­zador de una comunidad apuntan explícitamente a Sevilla como patria y centro de los hablantes ceceosos ya en la primera mitad del s. XVI. «O cecear cigano de Sevilha» de João de Barros y el «ceceava un poco como sevillano» de Bernal Díaz del Castillo, apoyándose mutuamente, nos permiten llegar a la conclusión de que en el primer cuarto del s. XVI el çeçeo era en Sevilla práctica lingüística muy común, hasta tal punto que para los forasteros cons­tituía un rasgo caracterizador del habla sevillana.

      Las escasas noticias que sobre el ceceo se recogen en la primera mitad del s. XVI proporcionan, además de las precisiones geográficas indicadas, interesantes sugerencias respecto al estado social de la indistinción de / ss : s/ y  /ç : z/ en esta época: De una parte el ceceo gitano, que debió generalizarse desde la gitanería de Sevilla (sin duda los gitanos acudieron en gran número a Sevilla atraídos por el gran emporio que fue la capital atlántica de España desde el descubrimiento de América), nos indica lo arraigado de la indistin­ción entre el hampa y las clases bajas sevillanas, cuyo lenguaje modeló, no hay duda, decisivamente el de los gitanos; de otra parte, la insistente utiliza­ción del çeçeo en el teatro para caracterizar a los gitanos constituye una buena muestra del desprecio con que las clases más educadas consideraban todavía la práctica neológica confundidora. Sin embargo, el hábito del çeçeo estaba ya lejos de ser privativo de la «canalla» sevillana: Para un Bernal Díaz, las dos determinaciones «sevillano» y «çeçeoso» eran poco menos que inseparables; y gracias a él sabemos que el capitán Luis Marín, llevó a Amé­rica, como herencia de su naturaleza, la costumbre de cecear a lo sevillano.

Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

NOTAS

23 Véase, respecto a todos estos testimonios del cezeo gitano, Catalán, «The End of /z/», pp. 287-290 [en el presente libro, cap. 1, §§ 5 y 6]. En el Auto da Festa (1526?), no incluido en la. edición de 1562, una gitana habla con cuatro únicos zezeos: habraz, camizon, cozita, cortezia. Pero, al no poder consultar la edición vieja, sospechamos que Gil Vicente haría también aquí çeçear a la gitana con regularidad.

24 A. Alonso, «Historia del ceceo», pp. 189-197.

25 A. Alonso, «O cecear cigano de Sevilla, 1540» en RFE, XXXVI (1952), pp. 1-5.

26 «Diálogo em louvor de nossa lingua» incluido en su Grammática, 1540. Según la reimpre­sión en Compilação de varias obras do insigne portuguez Joam de Barros, Lisboa, 1785, p. 218. Tomólo de A. Alonso, «O cecear cigano».

27 Hállase en la «Ortografía» puesta al fin de su Grammática, p. 195 (Véase A. Alonso, «O cecear cigano», p. 2).

28 En su Historia verdadera de la conquista de Nueva España, terminada en 1568, cap. 206. (Según R. Lapesa, «Sobre el ceceo en Hispanoam.», pp. 413-414, Bernal Díaz, nacido en Medina del Campo, acabó él también por çezear a la mexicana, después de vivir cincuenta años largos en el Nuevo Mundo, pues el manuscrito autógrafo de la Historia verdadera de hacia 1568 pre­senta notabilísimas confusiones de sibilantes. Por entonces no le habría llamado ya la atención el çeçeo de un sevillano). [Pero el propio Lapesa, posteriormente, ha quitado importancia a estas confusiones por haberse demostrado que el manuscrito no es autógrafo. La corrección todavía no figura en Hist. de la lengua esp.8 (Madrid: Gredos, 1980), p. 567, donde aún supone que el manuscrito es «en parte al menos autógrafo»; pero en Estudios de historia lingüística española (Madrid: Paraninfo, 1985), p. 273, nº 17, da por demostrado que el manuscrito no es de mano del autor. Siendo así, las cacografías son, simplemente, un testimonio más entre muchos de la implantación del çezeo en el Virreinato en la segunda mitad del s. XVI].

29 A. Alonso, «Historia del ceceo», pp. 117-118.

30 El propio Bernal Díaz nos da a conocer que «sería de hasta treynta años cuando acá pasó, era natural de San Lúcar». El capitán Luis Marín pasó a Indias en 1514 (según A. Alonso, «Historia del ceceo», p. 118).

31 En el propio cap. 206 (Véase A. Alonso, «Historia del ceceo», p. 117).

CAPÍTULOS ANTERIORES:  EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

ADVERTENCIA

1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

*   2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

*   3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

*   4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

*   5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

*   6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

*   7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

*    8.- 7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII)

*   9.- 8. EL CAMBIO EN LA NORMA CORTESANA, VISTO POR LOS GRAMÁTICOS EXTRANJEROS

10.- 9. EL ESPAÑOL ORIENTAL ANTE EL TRIUNFO DE LA NUEVA NORMA DE MADRID

11.- 10. RESISTENCIA DEL ANTIGUO SISTEMA TOLEDANO EN LA ALTA EXTREMADURA

*   12.- 11. LA NUEVA NORMA ANTE EL CECEO ANDALUZ

*   13.- 12. CONCLUSIÓN

 II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA.

*   14.- 1. ESTADO DE LA CUESTIÓN

*   15.- 2. CECEOSOS DE LENGUA ESTROPAJOSA

*   16.- 3. CECEOSOS POR HÁBITO LINGÜÍSTICO

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16.- 3. CECEOSOS POR HÁBITO LINGÜÍSTICO

16.- 3. CECEOSOS POR HÁBITO LINGÜÍSTICO

3. CECEOSOS POR HÁBITO LINGÜÍSTICO.  II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA.

      El Canciller Ayala en su retrato del rey don Pedro nos informa de que «ceceava un poco en la fabla»14. ¿Era el rey tartamudo? ¿Qué quiere indicar Ayala con esa limitación del ceceo a «un poco»?

      El caso aislado de don Pedro adquiere mayor interés si lo comparamos con las noticias, muy abundantes, de çeçeo que tenemos a fines del s. XV. Fernando del Pulgar al retratar a sus Claros Varones atiende con frecuencia como rasgo caracterizador a la pronunciación ceceosa: El conde de Cifuentes a más de «la nariz un poco luenga» «tenía la lengua çeçeosa»; Don Gastón de la Cerda, conde de Medinaceli, fijo de don Luis de la Cerda, ... «çeçeava un poco»; «Don Alfonso de Sancta Maria obispo de Burgos... fue de linaje de judíos... Fablava muy bien e con buena gracia, çeçeava un poco»; «Don Francisco, obispo de Coria... natural de la ciudad de Toledo, sus avuelos fueron de linaje de los judíos convertidos... Fue muy gran pedricador e çeçeava un poco, e como quier que pequeño de cuerpo, su órgano resonava muy claro, e tenía singular gracia en sermonear...». En tres de los cuatro casos de çeçeo denunciados por Pulgar vemos reproducirse la expresión de Ayala «çeçeava un poco»; y en dos de estos tres casos el çeçeo parece ser considerado como una gracia más en la estudiada elocución de un buen pre­dicador; en fin, de uno de estos dos célebres sermoneadores sabemos incluso que su órgano bucal «resonava muy claro»15. No cabe, pues, la posibilidad de que los dos obispos ceceosos citados por Pulgar fuesen tartamudos o de lengua estropajosa con frenillo (como quiere Amado Alonso)16; la expresión «çeçeava un poco», con que Pulgar caracteriza al conde de Medinaceli y a los dos prelados, no puede hacer referencia a un defecto fisiológico incorregible y ridículo, sino a un hábito lingüístico socialmente estimado.

      La existencia de un çeçeo propio de cortesanos y gentes que se preciaban de bien hablar aparece confirmada por un testimonio poético del Cancionero General recopilado por Hernando del Castillo (Valencia, 1511). Hállase en este cancionero una poesía anónima dirigida contra el «frayle lindo de pala­cio», Fray Iñigo de Mendoza, en que se contrapone el comportamiento que como religioso debiera el fraile tener, con la realidad de su vida galante; entre otras amonestaciones figura esta:

... no por gracia el cecear
contrahaziendo el galán;
no el reyr, no el burlar,
no de muy contino estar
do amores vienen y van17.

      Con este çeçeo galante de fines del s. XV se relaciona también el empleo del verbo çaçavear por Alfonso de Palencia en su Traslación de las Vidas de Plutarco de latín en romance. Aunque el verbo latino traducido sea BALBUTIO, según arriba dijimos, el çaceo de Alcibiades está muy lejos de ser un defecto molesto y risible como el de los ceceosos de lengua estropajosa: «et la natura allende desto le añadió una manera de çaçavear quando fablava, la qual parecía que le acrescentasse splendor en la boz y gracia en su razonamiento...»18.

      En suma, al lado de los ceceosos por lengua estropajosa, existían ceceo­sos «por gracia», como Fray Iñigo y los galanes a quienes el fraile lindo imitaba; ello no es de chocar pues sabemos que por entonces era muy común  cierto çeçeo que prestaba «buena y singular gracia» al hablar, acrecentando el esplendor de la voz, çeçeo no sólo bueno para galanes, sino apreciado en obispos predicadores.

      Creo que la frase hecha «çeçeava un poco», repetida tres veces por Pul­gar y usada antes por Ayala, se refiere precisamente a este çeçeo por hábito lingüístico o afectación, en contraste con el çeçeo por defecto incorregible de la boca, al que Pulgar parece aludir con la expresión «tenía la lengua çeçeosa» cuando delinea el retrato del Conde de Cifuentes. Adelante veremos cómo Bernal Díaz del Castillo en el s. XVI utiliza a su vez la oposición ceceava un poco : ceceava tanto quanto para distinguir el çeçeo debido a hábito lingüístico regional, del çeçeo por defecto fisiológico.

      En fin, podemos asegurar, no obstante la insistente igualación de cecear con tartamudear y BALBUTIO durante los siglos XIII-XV y aún en la primera mitad del s. XVI, que este no era el único significado del vocablo. Y, en efecto, todo un Juan de Valdés (1535) censura a Nebrixa, entre otras malas correspondencias latino-españolas, la de traducir «por cecear y ceceoso, BALBUTIRE y BALBUS»19. Lo que Valdés no específica es qué entendían por ce­cear y ceceoso él y aquellos cortesanos toledanos cuya habla servía de nor­ma al fino castellano imperial. Pero, pese al silencio de Valdés, nos es posible determinar, gracias a otras citas de los primeros años del s. XVI, en qué consistía ese « çeçear un poco» tan cortesano, tan galán, tan lleno de gracia y desenvoltura.

      En primer lugar tenemos la curiosa alusión de Pedro de Alcalá (1505), a los ceceosos que pronunciaban extrañamente la c «con el pico de la lengua entre los dientes altos y baxos»20. Por otra parte el propio Nebrixa (1503 y 1507), a pesar de la equivalencia dada en el Vocabulario, nos habla de «quos vulgo Hispani ceceosos vocant» caracterizándolos, según luego veremos, por el defecto lingüístico de pronunciar /ç/ dorso-dental en lugar de /ss/ ápico-palatal21; y, en fin, Jaime de Huete en su Comedia Thesorina (h. 1528) saca a escena un fraile ermitaño que habla sustituyendo siempre  en vez de /ss/ y z en vez de /s/, peculiaridad lingüística que aclara en la acotación inicial di­ciendo «los interlocutores son los infrapuestos y es de notar que el fraile es çaçeador»22.

      Estos testimonios nos bastan para afirmar que en el s. XV, aparte de una significación amplia, que permitía usar cecear y ceceoso (y sus variantes) con referencia a toda clase de defectos fisiológicos de elocución, estaba bien arraigado un significado más concreto de esas voces. En este sentido más restringido cecear (o çacear) quería decir pronunciar, en lugar de /ss/ y /s/ ápico-alveolares, /ç/ y /z/ dorso-dentales (Nebrixa, Huete), o, en otros ca­sos, dar a la /ç/ (quizá también a la /ss/?) una realización interdental con «el pico de la lengua entre los dientes altos y baxos», según especifica Pedro de Alcalá.

Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

NOTAS

 

14 Crónica, cap. 32. Véase A. Alonso «Historia del ceceo», p. 185.

15 XVII, XX, XXIX y XX en la ed. de 1486. Ed. J. Domínguez Bordona, «Clásicos castella­nos» 49, pp. 77, 95, 137-138, 142. [ed. R. B. Tate: Clarendon Press, 1971, pp. 39, 47, 66, 68, 69].

16 «En los siglos XIV y XV, y también en los dos siguientes, los ceceosos o zazos (defecto personal, lengua con frenillo) debieron de ser frecuentes en España, a juzgar por el número de personajes históricos y literarios de que tenemos noticias» supone A. Alonso («Historia del ce­ceo», p. 185). Este ingenuo comentario precede a la noticia del «ceceo» del rey don Pedro y de los personajes retratados por Pulgar.

17 Ed. «Bibliófilos Esp.», II, p. 38 [mejor ver la ed. facs. de la Real Academia Española (Madrid, 1958), fol. CLXX]. Véase también A. Alonso «Historia del ceceo», p. 186, quien cree al fraile «zazo (defecto personal, lengua con frenillo)», según se deduce de la p. 185.

18 Véase la nota 12.

19 A. Alonso, Estudios hispanoam., pp. 42-43.

20 Pedro de Alcalá, Vocabulista arábigo, 1505, folio 104, n.a. Véase «Historia del ceceo», p. 189.

21  Véase más adelante nuestro apartado «El ceceo sevillano descrito por Nebrixa».

22 Tomo este dato de un trabajo inédito de R. Menéndez Pidal («Sevilla frente a Madrid», publ. en 1962]. Véase Catalán, «The End of /z/», p. 287 [en el presente libro, c. 1, p. 21 y n. 6].

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I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

*   2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

*   3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

*   4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

*   5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

*   6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

*   7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

*    8.- 7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII)

*   9.- 8. EL CAMBIO EN LA NORMA CORTESANA, VISTO POR LOS GRAMÁTICOS EXTRANJEROS

10.- 9. EL ESPAÑOL ORIENTAL ANTE EL TRIUNFO DE LA NUEVA NORMA DE MADRID

11.- 10. RESISTENCIA DEL ANTIGUO SISTEMA TOLEDANO EN LA ALTA EXTREMADURA

*   12.- 11. LA NUEVA NORMA ANTE EL CECEO ANDALUZ

*   13.- 12. CONCLUSIÓN

 II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA.

*   14.- 1. ESTADO DE LA CUESTIÓN

*   15.- 2. CECEOSOS DE LENGUA ESTROPAJOSA

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15.- 2. CECEOSOS DE LENGUA ESTROPAJOSA

15.- 2. CECEOSOS DE LENGUA ESTROPAJOSA

2. CECEOSOS DE LENGUA ESTROPAJOSA. II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA.

      El español del Renacimiento heredó de la Edad Media el adjetivo ceceo­so y el verbo cecear (variantes: çacear, çaçavear) como sinónimos de tarta­mudo y tartamudear. Ambas parejas de adjetivo y verbo servían para desig­nar todos los defectos propios de hablantes con «lengua estropajosa», fuesen ’zopaz’ de lengua gorda o con frenillo, o ’tartajas’ balbucientes.

      En la Grande e General Estoria de Alfonso X (1272-75) se cuenta que Moisés de niño se quemó la lengua con un ascua, «de guisa que dallí tomó porque siempre ceceó después cuando fablava, e fue por ende tartamudo et esta fue la una razón por que dizié ell ebraygo que fue Moysén enbargado de la lengua»10. A fines del s. XV, en el Corbacho del Arcipreste de Talavera las voces ceceoso y tartamudo aparecen empare­jadas nuevamente («... los ojos bermejos e pintados, la boca grande, ceceoso, tarta­mudo, los dientes afelgados e dentudos»)11; Alfonso de Palencia emplea la variante çaçavear como traducción de un BALBUTIEM latino12; y Nebrixa en su Vocabulario (1495) da las equivalencias «cecear: BALBUTIO« y ceceoso: BALBUS, BLESUS» exactamen­te las mismas que para tartamudear y tartamudo. Ya en el s. XVI, Delicado en la Lozana Andaluza (1528) identifica una vez más cecear con tartamudear: «Lozana: ... ¿Me dirás celestial sin tartamudear?. Coridón: Ce, les, tial. Lozana: ¡Ay amarga, mu­cho tartamudeas!  Di alcatara. Coridón: Al, ca, go, ta, ra. Lozana: ¡Ay amarga, no ansí y tanto cecear, lengua de estropajo tienes!». Finalmente el aragonés Fray Miguel de Salinas en su Rhetorica (1541) termina una enumeración de tipos de voz (delgada, rezia, de mediano cuerpo, flaca, ronca) añadiendo que «algunos tartamudean o çaçean», defecto para el que da más adelante remedio: «en el tartamudear y çeçear así aprovecha mucho más la diligencia y exercicio, como paresce en Demosthenes, que teniendo la lengua muy estropajosa, tanto que la primera letra del arte que estudiava no podía pronunciar, y por dezir rhetorica dezía letorica, emendó este vizio poniendo chinas debaxo de la lengua y procurando hablar mucho con ellas»13.

      Pero este sentido de cecear no explica bien el ceceo de una serie de personajes prominentes de los siglos XIV y XV denunciado por los historia­dores coetáneos.

Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

NOTAS

10 Grande e General Estoria, Parte primera (1272-1275), Libro XI, cap. XXVI. Ed. Solalinde, p. 302 a, b.

11 El Corvacho, Parte II, 6. Apud A. Alonso, Estudios hispanoam., p. 43, n. 1.

12 Alfonso de Palencia, Traslación de las vidas de Plutarco de latin en romance, Colonia, 1491, fol 1, 2 v.o al hablar de Alcibiades. Véase A. Alonso, Estudios hispanoam., p. 43, n. 1.

13 Véase A. Alonso, Estudios hispanoam., pp. 43-44. Todavía en 1617 Christobal Suarez de Figueroa en El pasajero, Alivio VI (ed. Bibliófilos Esp., Madrid, 1914, p. 333) emplea cecear con esta significación: «Indignóse su ama con la respuesta, y con lengua llena de donosidad, por ser con frenillo y ceceosa, aunque de sesenta años, comencé a denostarle diziendo: ¿Mi budico [’burrico’] engoldáiz con induztria majadero? ¿Puez de qué sirve la cebada?... etc. Véase «Histo­ria del ceceo», p. 187.

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I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

*   2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

*   3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

*   4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

*   5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

*   6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

*   7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

*    8.- 7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII)

*   9.- 8. EL CAMBIO EN LA NORMA CORTESANA, VISTO POR LOS GRAMÁTICOS EXTRANJEROS

10.- 9. EL ESPAÑOL ORIENTAL ANTE EL TRIUNFO DE LA NUEVA NORMA DE MADRID

11.- 10. RESISTENCIA DEL ANTIGUO SISTEMA TOLEDANO EN LA ALTA EXTREMADURA

*   12.- 11. LA NUEVA NORMA ANTE EL CECEO ANDALUZ

*   13.- 12. CONCLUSIÓN

II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA.

*   14.- 1. ESTADO DE LA CUESTIÓN

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14.- 1. ESTADO DE LA CUESTIÓN

14.- 1. ESTADO DE LA CUESTIÓN

1. ESTADO DE LA CUESTIÓN. II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA.

      El español imperial, de Carlos V, Valdés y Garcilaso, mantenía los cua­tro fonemas, heredados de la Edad Media.
       /ç/   :    /ss/
       /z/   :     /s/

      Hoy el español atlántico —andaluz, canario,  hispano-americano— man­tiene en su lugar un único fonema, identificable con la /ç/ del sistema de cuatro miembros(a). Según que la realización de esta /ç/  sea una dorso-dental siseante [ş]1  o una dorso-dental ciceante [θ con cedilla]2, se considera, por los hispano-hablantes de hoy3, que se trata de «seseo» o «ceceo». Históricamente tanto el llamado «seseo» como el llamado «ceceo» son variedades del «çeçeo»4 (o mejor del çeçeo-zezeo o çezeo), pues suponen la generalización de las dorso-dentales /ç/ y /z/ a costa de las ápico-alveolares /ss/ y /s/5, y çeçeosos fueron considerados, en consecuencia, durante el Siglo de Oro to­dos los hablantes que sustituían la pronunciación ápico-alveolar de /ss/ y /s/ por una pronunciación dorso-dental. 

      Durante siglos los cuatro fonemas /ç/, /z/, /ss/, /s/, habían venido realizándose así:

 africadasfricativas
sordas[tş]
[ṡ]
sonoras
[dȥ]
[ż] 

      La marca de sonoridad oponía /z/ y /s/ a /ç/ y /ss/, y el carácter de africadas o fricativas era el rasgo pertinente en la correlación /ç/, /z/ :: /ss/, /s/. Pero las africadas se diferenciaban, además, de las fricativas por un rasgo concomitante inicialmente no fonológico: /c/ y /z/ tenían una re­alización dorso-dental6, /ss/ y /s/ ápico-alveolar7 (o, con terminología más expresiva, ápico-palatal o cacuminal)8. Cuando en una época dada las africadas se fricatizaron, el punto de articulación, ya dorso-dental (> interdental), ya ápico-alveolar, sirvió como marca nueva de la oposición y previno en el español normativo la convergencia de los dos órdenes. Pero esto no ocu­rrió en todas partes: entre ciertas minorías castellano-hablantes, el triunfo de las realizaciones fricativas de /ç/ y /z/ permitió el desarrollo de la práctica çeçeo-zezeosa. Todo estudio del ceceo ha de tener, por tanto, en cuenta la cuestión previa de la fricatización de /ç/ y /z/, pues hasta no cumplirse este proceso no hubo posibilidad de una desfonologización de /ç/:/ss/ y /z/:/s/.

      Tanto la fricatización de /ç/ y /z/ como los orígenes del seseo-ceceo han sido objeto de documentadísimas monografías de Amado Alonso9, siendo hoy las conclusiones de sus magistrales estudios comunmente aceptadas por la lingüística y la filología. Pero, a mi parecer, no obstante los grandes avan­ces logrados por Amado Alonso (gracias a una valoración de los datos y testimonios incomparablemente más sistemática que las de sus predecesores), la novedosa reconstrucción de este capítulo de la historia fonética del español por él trazada requiere una profunda revisión.

      Como un primer paso —al que han de seguir otros varios— me propon­go en el presente artículo reescribir la historia del çeçeo en un momento crucial: aquel en que se inicia la expansión atlántica de Castilla. Los testimo­nios y materiales sobre que se basa mi reconstrucción son, simplemente, los ya aducidos por Amado Alonso, en sus varios trabajos, más alguno otro añadido por Lapesa o Menéndez Pidal. Pero la interpretación de ellos es radicalmente distinta.

Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

NOTAS

* Publicado en Boletim de Filología 16 (1956-1957) [publ. en 1958], pp. 306-334.

a A fin de no prejuzgar, en modo alguno, la realización fonética de los fonemas, / /, en el español medieval y renacentista, utilizaré para designarlos las grafías tradicionales desde Alfon­so X a Nebrixa (o la más distintiva en caso de haber varias). Así:

/z/ es el fonema que la ortografía medieval y nebrixense representa con el grafema z.

/ç/ el fonema entonces ortografiado c o c e,i.

/s/ el fonema correspondiente a -s- y -s. /ss/ el fonema representado, según su posición, como s- o -ss-.
 

 En cuanto a las realizaciones fonéticas, [ ], distingo entre:

[θ] = Interdental, fricativa, sorda.

[ş] = Dorso-dental de timbre «siseante», fricativa, sorda.

[θ]Dorso-dental de timbre «ciceante», fricativa, sorda.

[ẓ] = Dorso-dental, fricativa, sonora.

]tṣ[ = Dorso-dental, africada, sorda.

]dẓ[ = Dorso-dental, africada, sonora.

[ṡ] = Apico-alveolar (o cacuminal), fricativa, sorda.

[ż] = Apico-alveolar (o cacuminal), fricativa, sonora.

      Por lo demás, empleo la siguiente nomenclatura:

«ceceo» = Tradicionalmente se viene reservando este nombre para la indistinción de «ese» y «ce» cuando el resultado indistinto es [θ].

«seseo» = Tradicionalmente llámase así a la indistinción de «ese» y «ce» si el resultado indis­tinto es [ṡ] o [ṣ].

çeçeo = (A fin de evitar toda posible confusión con lo que tradicionalmente se llama «ce­ceo», utilizo la forma con ç, con cedilla superflua, para designar la) pérdida del fonema /ss/ por igualación de sus resultados con la realización habitual de /ç/.

zezeo = Pérdida del fonema /s/ por igualación de sus resultados con la realización habitual de /z/,

çezeo = çeçeo + zezeo.

1 No creo constructivo el detenerse a distinguir dentro de la «ese» dorso-dental variedades coronales, corono-predorsales y predorsales, según la costumbre de los fonetistas españoles. Un inmoderado «foneticismo», propio de una época pre-fonológica, llevó a T. Navarro Tomás, A. M. Espinosa (hijo) y L. Rodríguez Castellano en «La frontera del andaluz» a sobrevalorar los matices varios que descubrían en la [ṣ] dorso-dental, creyéndolos incluso pertenecientes al «fondo inmemorial y permanente del acento andaluz», trasmitido «de la población hispanoára­be» a los conquistadores castellanos (!).

2 Los autores de «La frontera del andaluz», aunque no consideraban las articulaciones [ṣ] y [θ] como variantes del mismo sonido, no pudieron dejar pasar por alto su esencial hermandad. «En la mayor parte de los casos el ceceo [θeθeo] andaluz se produce con articulación coronal, sin que el ápice de la lengua se sitúe entre los dientes y sin que la fricación ocurra exactamente en el filo de los incisivos superiores. La corona lingual se estrecha contra la parte más baja de la cara de dichos incisivos, elevándose en forma más o menos convexa, de la cual participa también el predorso, y el ápice entretanto forma contacto con los dientes inferiores. Hay escasísima dife­rencia, como se ve, entre esta clase de ceceo y la articulación de la s predorsal o coronopredorsal. Con la misma disposición de los órganos y sin otra modificación que la de dar a la estrechez linguodental una forma más o menos acanalada o alargada, el sonido pasa casi insensiblemente del timbre seseante al ceceante, o viceversa» (p. 270). Los fonetistas insisten seguidamente en la dificultad de «clasificar entre el seseo y el ceceo» las articulaciones de ciertos hablantes encuestados.

3 El verbo «sesear» fue introducido muy tardíamente en la lengua, acuñado sobre el modelo de «çeçear» (cuya historia medieval estudiaremos más adelante). Hallamos «sesear» por vez pri­mera en 1611 o 1614, fecha del Epítome de la ortografía latina y castellana de Bartolomé Ximénez Patón quien comenta: «En Sevilla ordinariamente convierten la S en C, y pienso que de vicio, diciendo Cevillano, ceñor, ci. En Valencia al contrario, y aquí no es vicio, sino natural pronunciación de aquel reino, por c ponen s, como diciendo Mersed, sapato, sedaso, alcusa; y assi a lo sevillano llamamos zezear y a lo valenciano sesear». Considerar «seseo» el [ṣeṣeo] anda­luz es propio sólo de tiempos modernos, cuando en Castilla y el reino toledano se han olvidado por completo las realizaciones dentales de /ç/ y la sola articulación de este fonema es [θ]. El primer testimonio claro no remonta más allá del s. XVIII cuando el naturalista José Celestino Mutis (1766) comenta ocasionalmente: «En la pronunciación no pude distinguir el seseo de los andaluces...» Véase R. Lapesa, «Sobre el ceceo andal.», pp. 77-80.
    En los estudios lingüísticos la costumbre de dividir tajantemente entre «seseo» y «ceceo» arraiga, sobre todo, a partir de T. Navarro et al, «La frontera del andaluz».

4 Me he decidido a generalizar esta grafía, con cedilla superflua (pues ante e, i era innecesa­ria, aunque bastante usual) para evitar toda confusión con lo que hoy suele entenderse por ceceo, esto es [θeθeo].

5 Hasta finales de los años 40 se venía creyendo en la antigüedad de la [ṣ] dorso-dental andaluza y se interpretaba el [ṣeṣeo] como «seseo», es decir, como generalización del fonema /ss/ en lugar de /ç/. A. Alonso demostró en forma definitiva (en «Nebrija», pp. 53-54 y 56-58; en «Correspondencias arábigo-españolas» pp. 45-53 y 56-67, y en «Historia del ceceo» pp. 169-175) que Andalucía, antes de igualar /ss/ y /ç/ (y /s/ y /z/), realizaba la /ss/ como [ṡ] ápico-alveolar, exactamente igual que Castilla o el reino de Toledo. Extraña ver cómo A. Alonso, que columbró la senda hacia la explicación «lingüística» de la s dorsodental, no llegó a recorrer el camino que se abría delante de él extrayendo la conclusión que lógicamente se derivaba de sus averiguaciones (conclusión que, a partir de sus trabajos, se ha impuesto como verdad incontro­vertible) : la [ṣ] dorso-dental es históricamente una /ç/, no una /ss/. Véase la primera formula­ción publicada de esta hipótesis (sobre la cual venimos trabajando independientemente, desde 1953, Lapesa, Cintra, Galmés y yo) en R. Lapesa, Historia de la Lengua Española, 3.a ed., Madrid 1955, p. 241. Lapesa ha desarrollado después ampliamente la tesis en «Sobre el ceceo andal.».
    En Portugal, al no haberse interdentalizado la /ç/ en las zonas que han mantenido la oposición /ç/ : /ss/, nadie ha dudado en clasificar el [ṣeṣeo] del portugués normativo, o el especial de Porto, como «ceceo» y no como «seseo». La existencia en el Norte de Portugal de una extensa área conservadora de la oposición /ç/:/z/ : : /ss/:/s/ en la forma [ṣ]:[ẓ] : : [ṡ]:[ż] no permitía una interpretación distinta.
    Sin embargo, cuando fonetistas españoles han estudiado el [ṣeṣeo] de territorios gallego-portugueses (T. Navarro, A. M. Espinosa y L. Rodríguez Castellano, «La frontera del andaluz», respecto a Olivenza, Herrera de Alcántara, Cedillo y Alamedilla; A. Zamora Vicente, respecto a las aldeas de las rías gallegas, en Filología, III, 1951, p. 84 y ss), lo han calificado de «seseo», considerando que se trataba de una generalización de /ss/ a costa de /ç/ (y, donde se mantienen las sonoras, de /s/ en lugar de /z/).

6 El carácter «apical» que A. Alonso supuso, sin razón, para la /ç/ y la /z/ (fundado en una descripción de Nebrixa) ha sido generalmente rechazado. Véase, entre otros, A. Martinet, «The Unvoicing of Old Spanish Sibilants», Romance Philolgy, V, 1951, p. 140 y nº 32. Menos expre­samente reitera Martinet la corrección a A. Alonso en Économie des changements phonétiques, Berne 1955, pp. 300 y 303.

7 Para una descripción precisa de la [ṡ] ápico-alveolar, véase T. Navarro Tomás, Manual, § 106.

8 Prescindiendo de las excesivas distinciones en el «punto de articulación» introducidas por lá fonética tradicional, podría llamarse a la [ṡ] ápico-alveolar «ese ápico-palatal». Un orden de ápico-palatales se opone, en ciertas lenguas, de una parte al orden de las dentales y de otra al de las dorso-palatales; la posición del ápice de la lengua retraído hacia el paladar es lo que produce la característica cacuminalidad de tales articulaciones; Los vasquistas no han tenido reparo en llamar cacuminal a su s [ṡ] «mi-chuintée», fonema que se opone a una z [ş] análoga a la ese francesa.

9 Véase, sobre todo, A. Alonso, De la pronunciación y «Historia del ceceo».

CAPÍTULOS ANTERIORES:  EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

ADVERTENCIA

1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

*   2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

*   3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

*   4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

*   5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

*   6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

*   7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

*    8.- 7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII)

*   9.- 8. EL CAMBIO EN LA NORMA CORTESANA, VISTO POR LOS GRAMÁTICOS EXTRANJEROS

10.- 9. EL ESPAÑOL ORIENTAL ANTE EL TRIUNFO DE LA NUEVA NORMA DE MADRID

11.- 10. RESISTENCIA DEL ANTIGUO SISTEMA TOLEDANO EN LA ALTA EXTREMADURA

*   12.- 11. LA NUEVA NORMA ANTE EL CECEO ANDALUZ

*   13.- 12. CONCLUSIÓN

II EL ÇEÇEO-ZEZEO AL COMENZAR LA EXPANSIÓN ATLÁNTICA DE CASTILLA.

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La Garduña Ilustrada

Imagen: Letra z,  s/XVII, church text

13.- 12. CONCLUSIÓN

13.- 12. CONCLUSIÓN

12. CONCLUSIÓN.   I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY.

      La lingüística, si no se restringe al punto de vista sincrónico y pretende hacer frente a los problemas del lenguaje en evolución, debe tener como obje­tivo último la explicación del por qué de esa evolución, el estudio de las causas del cambio lingüístico. De acuerdo con esta idea, la fonología diacrónica, tras decidirse a abandonar el simple descriptivismo (en el que ciertas escuelas históricas y muchas escuelas sincrónicas han tratado de mantener confinada a la lingüística), se ha propuesto, de nuevo, como principal objeto de investigación, la explicación causal de los fenómenos lingüísticos.

     La búsqueda a todo trance de hipótesis causales formulables mediante elegantes esquemas tiene, sin embargo, el peligro de fomentar simplificacio­nes inexactas y, lo que aún es más grave, de generalizar una concepción de la evolución lingüística esencialmente falsa. Creo que es hora de que la fonolo­gía reaccione contra las explicaciones causales simplistas, que no tienen en consideración la compleja realidad de los cambios tal como se producen en las lenguas. La investigación completa de un cambio, con precisiones espacia­les y temporales (y no como una ecuación metacrónica), pondrá en claro la necesidad de distinguir entre las causas iniciales, que hacen posible la emer­gencia de un rasgo nuevo, y las causas sucesivas, que contribuyen al triunfo de ese rasgo nuevo como una nueva norma. Las razones por las cuales un neologismo surge inicialmente no coinciden, muy a menudo, con las razones por las cuales ese neologismo se generaliza en el conjunto de la comunidad hablante.

      Esta es la lección que, según creo, podemos aprender del estudio del caso ejemplar constituido por la pérdida del fonema /z/ en español, pérdida sobre la que hoy contamos con una información geográfica y cronológica muy precisa.

      La desaparición del fonema /z/ (y la generalización de /ç/ en su lugar) ocurrió en el habla cortesana del Madrid de Felipe II, hacia la mitad del siglo XVI. En la década de los 60 los escribanos públicos dejan de distinguir entre /z/ y /ç/; en la de los 70 los gramáticos censuran la confusión, pero denuncian que se halla ya arraigada incluso en el habla de los más educados; en la del 80 los impresores intercambian los dos grafemas bastante caóticamente, y los propios maestros de las escuelas primarias han dejado de enseñar la distinción.

       Toledo siguió, en seguida, los pasos de la corte, aunque todavía en 1584 un escritor conservador toledano defiende la distinción entre la sonora y la sorda, censurando como «vicio» la práctica común. El neologismo cortesano se extendió pronto a Valencia, donde la primera noticia del ensordecimiento de las sibilantes sonoras remonta a 1556. Finalmente, hacia 1580, la nueva norma madrileña triunfa definitivamente en el habla de Sevilla.

      La rápida implantación del nuevo sistema en el habla de Madrid, Tole­do, Valencia y Sevilla no supone, desde luego, el completo abandono de la antigua ortografía. El sistema tradicional se mantuvo, mal que bien, como práctica ortográfica durante buena parte del siglo XVII, moderando el caos gráfico que la aceptación del neologismo estaba causando por todas partes. Pero podemos estar seguros de que a principios del siglo XVII nadie (salvo los rústicos de algunas regiones) era ya capaz de hacer la distinción correc­tamente en el habla. Desde los últimos años del siglo XVI, algunos gramáti­cos extranjeros comenzaron ya  a señalar, con curiosidad, que la pronuncia­ción de una /z/ sonora, distinta de una /ç/ sorda, recomendada por los manuales tradicionales, «n’est nullement castillane».

       Esta rápida generalización de la /ç/ en lugar de la /z/ del español anti­guo no se debió a un proceso fonético, sino a un cambio en el sistema fono­lógico. No es correcto hablar de la evolución, o del ensordecimiento de [dȥ ~ ȥ] en [tş ~ ş ~ θ], pues el «cambio» consistió en la pérdida, por parte del sistema, de la correlación de sonoridad en las sibilantes (desaparición que también acarreó la identificación de /z/>/ç/, /s/>/ss/, /j/>/x/). Pero nos engañaríamos si tratáramos de buscar una explicación lingüística para esta súbita revolución ocurrida en el sistema fonológico del español normativo durante la segunda mitad del siglo XVI, porque el nuevo sistema de Madrid no tuvo su origen en el habla de la corte de principios de siglo, sino que fue importado de un área «dialectal», donde venía existiendo desde tiempo atrás.

      Sabemos, en efecto, que durante la primera mitad del siglo XVI, frente al español cortesano de la Toledo imperial, teóricamente aceptado como norma por toda España, se hallaba ya arraigado un uso dialectal castellano-viejo, seguido por todos los hablantes de la meseta norte, desde Benavente a Burgos, y por los castellano-hablantes del País Vasco, cuya principal caracte­rística era la confusión de /z/ con /ç/, /s/ con /ss/, /j/ con /x/ (y de /v/ con /b/). La revolución fonológica del siglo XVI se reduce, por tanto, a un fenómeno cultural y social, y su explicación requiere sólo contestar a la pre­gunta de por qué el Madrid de la Contrarreforma aceptó como nueva norma lingüística la que, durante el período «imperial», estaba en vigor dialectalmente en el habla al norte de la Sierra de Guadarrama; y por qué esta norma, descalificada durante el período de primacía toledana en la primera mitad del siglo XVI (incluso por aquellos hablantes que entonces la practicaban), logra rápidamente prestigio entre las clases más cultas del Ma­drid de Felipe II98. Obviamente, una vez destronado el viejo sistema toleda­no del habla de la corte, no es de extrañar que la nueva norma se impusiese, sin gran oposición y en un período de tiempo relativamente corto, en el habla de toda la comunidad hispano-hablante.

      Tras averiguar que la revolución fonológica ocurrida en la segunda mi­tad del siglo XVI debe explicarse, fundamentalmente, como un resultado de las transformaciones sociales ocurridas en el Madrid de la Contrarreforma, todavía queda por resolver, como problema bien distinto, el del origen y razón de ser del nuevo sistema castellano-viejo carente de sibilantes sonoras: Por qué y cuándo surgió un hábito lingüístico disidente en Castilla la Vieja opuesto a la norma de la comunidad; cómo ésta innovación tuvo éxito y ganó el asentimiento social y, finalmente, cómo el habla de una parte de la comunidad castellana logró imponerse avasallando a la prestigiosa norma de la corte 99.

      En conclusión, tenemos dos problemas causales que un examen fonoló­gico esquemático (desarrollado sin tener en cuenta las precisiones de una investigación filológica) tendería erróneamente a reducir a uno: Las fuerzas que, en un tiempo, condicionaron la sustitución en el español normativo de la «norma de Toledo» por la «norma de Castilla la Vieja», no pueden con­fundirse con las fuerzas que, en un período completamente diferente, dieron nacimiento, en un rincón del norte de Castilla y en un determinado grupo o estrato social de la naciente comunidad castellana, a la práctica de un neolo­gismo que, siglos después, llegaría a imponerse como la nueva norma general de la gran comunidad hispano-hablante.

Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

Universidad de La Laguna y University of California, Berkeley

NOTAS

98 No es mi intención aquí responder a estas preguntas de naturaleza sociocultural. Véase R. Menéndez Pidal, «Sevilla frente a Madrid. Algunas precisiones sobre el español de América», en Estructuralismo e Historia. Miscelánea-Homenaje a A. Martinet, III, ed. D. Catalán, «Bibliote­ca Filológica», La Laguna: Universidad, 1962, pp. 99-165.

99  A. Martinet, Économie des changements phonétiques, Bern, 1955, pp. 318-320, basándose en la comparación estructural (entre el español y el vasco), ha defendido la hipótesis de que el sistema español moderno de sibilantes se habría originado en el rincón castellano del norte de Burgos, donde la interferencia lingüística vasco-románica podría explicar adecuadamente la re­ducción de las sibilantes sonoras a sordas. En un próximo artículo aduciré nuevos argumentos en confirmación de esa hipótesis.

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*   1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

*    2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

*    3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

*    4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

*    5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

*     6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

*    7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

*     8.- 7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII)

*    9.- 8. EL CAMBIO EN LA NORMA CORTESANA, VISTO POR LOS GRAMÁTICOS EXTRANJEROS

*   10.- 9. EL ESPAÑOL ORIENTAL ANTE EL TRIUNFO DE LA NUEVA NORMA DE MADRID

11.- 10. RESISTENCIA DEL ANTIGUO SISTEMA TOLEDANO EN LA ALTA EXTREMADURA

*     12.- 11. LA NUEVA NORMA ANTE EL CECEO ANDALUZ

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La Garduña Ilustrada

Imagen: Letra mayúscula C de Albert Durero.

12.- 11. LA NUEVA NORMA ANTE EL CECEO ANDALUZ

12.- 11. LA NUEVA NORMA ANTE EL CECEO ANDALUZ

11. LA NUEVA NORMA ANTE EL CECEO ANDALUZ.  I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY.

      El triunfo de la confusión en el reino de Toledo y su incorporación al «fino castellano» de la corte debió de tener una temprana repercusión en las grandes ciudades andaluzas. Pero en Andalucía la lucha entre los antiguos hábitos distinguidores y la nueva simplificación sirvió, además, para poner de relieve la crítica situación en que allí se hallaba el sistema medieval de sibilantes, a causa de la caducidad de la oposición entre las dorso-dentales /ç/ y /z/ y las  ápico-alveolares /ss/ y /s/88.

      1557. Durante el período en que las sibilantes sonoras estaban todavía vigentes, Antonio de Corro, un antiguo fraile sevillano, publicó en la emigra­ción, en Oxford (1586), un pequeño tratado de español para franceses (escri­to hacia 1560, cuando el autor estaba en Francia). Su testimonio es, sin duda, válido para los años anteriores a 1557, fecha en que salió de España. Su /z/ era sonora, pues recomienda que «los franceses la pronuncien como su s, pero con mayor vehemencia» y la compara con el zaim hebreo89.

      1584. La primera indicación sobre la costumbre de confundir /ç/ y /z/ aparece ligada al problema del «ceceo»: en 1584, Juan Sánchez, cordobés que publica en Sevilla, denuncia la habitual confusión de «la s con la c o con la z, diziendo o escriviendo sera por cera [...] casa por caça, coser por cozer, etc., o al reves [...]». Estos homónimos dialectales no se deben sólo a la pérdida de la oposición ápico-alveolar : dorso dental (caso de coser = cozer o sera = ce­ra), sino también a la desaparición de la sonoridad (casa, con /s/ sonora, igualado a caça, con /ç/  sorda). Si ésta no fuera de por sí una prueba sufi­ciente, podríamos aducir una evidencia adicional: la afirmación de que si a la z «le dieramos el nombre de ze, que vulgarmente se le da, coincidiera con el nombre de nuestra c, lo cual fuera de algún inconveniente»90.

      Como un resultado natural de la penetración en el andaluz del sistema madrileño (con su carencia de las oposiciones /ç/:/z/, /ss/:/s/, /x/:/j/, /b/:/v/), la ortografía tradicional entra en crisis en Andalucía, igual que anteriormente había ocurrido en el reino de Toledo. El caos gráfico que sus­tituye a la regularidad anterior es denunciado, con interesantes precisiones cronológicas, por el «culto sevillano» Juan de Robles, quien dice91:

«[...] escribían todos nuestros abuelos y padres una misma Ortografia, como lo diran las escrituras y cartas antiguas, si hay quien las tenga. A lo menos soy testigo de vista de las de ahora cincuenta años [Robles escribe en 1631] en que aprendi a leer, en las cuales nunca halle diferencia que me inquietase ni confundiese, con ser muchas respeto de la universal corres­pondencia que tenia mi tio el contador Juan de Robles con todo el estado de la gran casa de Medina-Sidonia. Esto duro hasta el año 1580, en que, con el contagio de aquella peste que tanto afligió esta provincia, entro el de la novedad y alteración, afligiendonos en su modo mas [...] Lo cual se vee hoy, no solo entre los ignorantes (que de eso no hay que hablar), sino entre los doctos y bien entendidos entre quien no hallaran dos que totalmente se conformen en el escribir92

(Es importante señalar, sin embargo, que, aunque Robles aprendió, an­tes de 1580, la ortografía tradicional en las escrituras antiguas de la Casa de Medina-Sidonia, él mismo ya no tuvo oportunidad de entender las dife­rencias fonéticas en que se basaba la distinción gráfica entre c, ç y z)93.

En confirmación del doble testimonio de Sánchez y de Robles, que coin­ciden en señalar como fecha crítica para la implantación del nuevo sistema sin /z/ y /s/ sonoras en el habla sevillana los comienzos de la década del 80, podemos aducir el «paso» representado en el Colegio de los Jesuítas de Sevilla el año 1580 (véase más arriba, n. 19), donde el ceceo ha suplantado total­mente al zezeo.

Carecemos de nueva información hasta un cuarto de siglo después, en que Mateo Alemán, sevillano, publica en México (1609) su Ortografía (escri­ta en España pocos meses antes). Alemán rechaza explícitamente cualquier criterio etimológico como base de la escritura, diciendo: «lo que pretendo introduzir solo es que a la lengua imite la pluma [...]»« para que otros [...] de nuestro escrevir vengan ellos a hablar segun i de la manera que hablamos», pues, de otra forma, «el estranjero no sabra como lo tiene de pronunciar». Su fonetismo puede resumirse en una frase: «la ortografía es un arte de bien escrevir y el escrevir es copia del bien hablar». Pero nótese que Alemán reco­noce una norma de «bien hablar» por encima de los malos hábitos personales de los hablantes94, e incluso de los suyos propios, según vamos a ver.

Alemán (que niega una dualidad de s o de j en español y se burla de los que siguen empleando ss y x como sustitutos gráficos de s y j), reacciona de modo diferente al discutir el caso de /ç/ y /z/. Ya en el prólogo Al lector observa: «Querer tratar del uso de las letras b por v, ni z por ç., con otras que andan al beneplacito de cada uno, seria proceder en infinito». Más adelante denuncia la mala costumbre de confundir /ç/ y /z/, ligando la cuestión al problema del ceceo: «muchos [...] equivocan [la z] con la ç i otros la truecan con la s»; «aunque andan trocadas entre Andaluzes, reino de Toledo i Caste­llanos viejos, la ç por s, i z por ç [...]»95, y bromea ingeniosamente sobre este «vicio»: «i aun ai algunos, yo los e visto, i no de los comunes, mas ombres de cuyas letras i autoridad se tiene gran conceto, que para dezir ciento ponen ziento, en que pierden mas de a ciento por ciento de credito». Alemán de­nuncia que es sumamente común la fusión de /z/ y /ç/ desde un extremo de España al otro, y nota que esta confusión se practica entre gente culta de elevado nivel. Pero insiste en que «quien atentamente las considerare hallara el vicio» acudiendo al oído, ya que «ni ai reglas para enseñar a poner ç por z o s por ç, b por v, ni lo contrario, mas de por el modo de pronunciacion de cada letra», «[...] mas del oido i entendimiento de cada uno»; y considera que, si se tratase de explicar la distinción «por arte y método», sería más práctico hacer un vocabulario. No obstante, confiesa que él mismo tiene la costumbre de confundir las sibilantes: «En lo que tambien conosco que yerro algunas vezes por descuido, porque me vuelvo al natural como la gata de Venus, i pecado jeneral en los Andaluzes, de que no se an escapado los Castellanos todos, poner ç por s i z por ç o al reves.» ¡Aunque Alemán remitía al oído de cada uno como base suficiente para distinguir ortográficamente ç y z, resulta que él mismo era uno de los muchos hablantes ceceosos incapaces de distinguir con exactitud ç, z y s! Después de saber esto, creo que es muy significativo que en su Ortografía no haya ninguna descripción de la z (cf. A. Alonso, De la pronunciación, I, n. 215).

En vista de la confesión de Alemán, me es imposible estar de acuerdo con las conclusiones de Amado Alonso. El testimonio de Alemán, hablante ceceoso, que en la práctica confunde s, z y ç (como reconoce A. Alonso, De la pronunciación, I, p. 317) y teóricamente no admite la oposición /s/ :/ss/, no puede ser base para afirmar la permanencia de una oposición fonética entre /ç/ :/z/ después de que ambas articulaciones coincidían en ser sordas, según pretende Amado Alonso, ni en Sevilla (donde el ceceo era lo usual), ni siquiera en la lengua general de fondo toledano o, mejor, madrileño96.

En suma: aunque los datos que nos proporcionan los gramáticos y tra­tadistas andaluces no son completos, podemos concluir lo siguiente: Hacia mediados del siglo XVI (antes de 1557: Corro), la distinción entre una /z/  sonora y una /ç/ sorda seguía siendo la norma en Andalucía; por otro lado, varias fuentes nos hacen saber que entonces era ya práctica común la confu­sión de las dos series de sibilantes, dorso-dentales (/ç/:/z/) y ápico-alveolares (/ss/;/s/), en una sola serie (/ç/:/z/). Una vez admitida en el habla cortesana de Madrid y Toledo la pérdida de la distinción /ç/ /z/, el neologismo encontró poca resistencia en Andalucía, que muy pronto siguió los pasos del reino toledano (Juan Sánchez, 1584). Los cuatro fonemas medievales /ç/, /z/, /ss/ y /s/ se fundieron allí en uno hacia finales del siglo. La solución fue pronto aceptada incluso por las personas más cultas (Alemán, 1609). Un sistema intermedio, con los cuatro fonemas reducidos a dos, /ç/, /z/, se mantuvo, posiblemente, por cierto tiempo97. Pero esos islotes lingüísticos indudablemente no incluían las ciudades andaluzas más importantes.

Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

NOTAS

88 Véase R. Lapesa, «Sobre el ceceo y el seseo andaluces», en Estructuralismo e Historia. Miscelánea Homenaje a A. Martinet, I, ed. D. Catalán, «Biblioteca Filológica», La Laguna: Universidad, 1957, pp. 67-94.

89 En 1570, el sevillano Cristóbal de las Casas, por lo general repetidor pasivo de lo leído en manuales anteriores, sólo nos ofrece un comentario vago: la doble z italiana (¿sorda?, ¿sonora?) se pronunciaba «como entre la c cerilla y nuestra z ablandándola un poco». ¿Sería todavía corriente la sonoridad de la /z/?

90 Amado Alonso no hace uso de la noticia de confusión entre casa y caça y, a propósito de la identidad de los nombres de las letras «ce» y «ze», comenta que «sería demasiado deducir de este texto la igualación de /ç/ y z en Córdoba o en Sevilla en 1584» (De la pronunciación, I, n. 208). Es de notar que Juan Sánchez «nada de provecho dice de la c ni de la z en sus lugares respectivos» (A. Alonso, De la pronunciación, I, p. 304), lo cual disipa las últimas dudas que pudiera haber en relación con nuestras deducciones.

91 J. de Robles, El culto sevillano, ms. de 1631.

92 Véase Amado Alonso, en Boletín del Instituto Caro y Cuervo, VII, 1951, p. 153, n. 44. Como el ceceo ya estaba arraigado en Sevilla desde el siglo XV, no creo que la crisis ortográfica denunciada por Robles dependiera del triunfo de la indistinción entre /ç/ y /ss/ y entre /z/ y /s/, como sugiere Amado Alonso.

93 Robles, en 1631, se nos muestra como un seguro no-distinguidor de /ç/ y /z/ cuando, al usar la ortografía como prueba, defiende la existencia de una pronunciación diferente, no sólo para z y c, sino también para ce, ci y ç (cfr. A. Alonso, De la pronunciación, I, n. 283). La doctrina ortográfica de Robles se basaba en la consideración de que «es falso decir ni entender que en el  ABC hay dos letras que sean tan conformes en el sonido que pueda la una dellas servir por ambas sin defecto ninguno».

94 Correas también rechaza, en nombre de la langue, ciertas peculiaridades de la parole, como son los casos de adaptación de un fonema a su contorno fónico (la asimilación de s ante rr, la labialización de n ante b, p o m, la r doble ante l, n, etc., cfr. arriba, n. 45), ya que «no son bastantes leves afetos de konkursos para alterar letras»; o, por otra parte, las peculiaridades fónicas de una comarca (aunque sean las de su país de origen, Extremadura): «la xe que los Extremeños la pronunzian muy espresa [...] mas [...] estos diferentes afetos no konstituien dife­rente letra, ni es kausa bastante de alterar la eskritura».

95 Amado Alonso tiene plena razón al considerar como intencionadamente oscuros éstos y otros párrafos de Alemán en los que parece incluir a andaluces, toledanos y castellanos viejos en una misma práctica criticable. Alemán, andaluz ceceoso, adopta, como táctica defensiva, la afirmación de que, si los andaluces cometen una transgresión al confundir s y c, los de Toledo y Castilla la Vieja no carecen menos de defectos, ya que confunden /c/ y /z/.

96 Antes de 1618, probablemente hacia 1605, Morales, maestro de escuela primaria de Montilla (Córdoba), señala que /ç/ tenía un sonido «que es el mesmo de la z, algo mas recio» y que /z/ «tiene su pronunciación y sonido como la c castellana [...] algo mas floxo»; y da como regla la de que «los nombres que con fuerça se pronuncian a de ser ç y los que algo floxamente z». Morales parece con ello describir una oposición /z/ sonora : /ç// sorda que quizá aún sobrevivía en unos pocos rincones conservadores. Pero, como señala Amado Alonso, probablemente nos hallamos ante reliquias de caracterizaciones previas tomadas de manuales. Conviene recordar a este respecto que, como el propio Morales nos dice, a su alrededor «muchas personas y lugares pronuncian mal la s poniendo en su lugar c y otros al contrario», y estos ceceosos seguramente no distinguían /s/, /z/ sonoras de /ss/ /ç// sordas, ya que el propio Morales iguala /ss/ con /s/.

97 Si diésemos crédito a Morales, quien, al menos teóricamente, distingue entre la /ç/ sorda y la /z/ sonora, al tiempo que denuncia el triunfo del ceceo (véase nota anterior). La dialectología moderna ha descubierto la existencia de s y z sonoras en un pequeño grupo de pueblos andaluces muy aislados, en el interior de la Sierra de Cantinero (al sur dé Córdoba, lindando con Granada y Jaén). «Encontramos por dicho camino [de Priego a El Higueral] un pastor de la Parrina que distinguía s y z, frente a la confusión característica de Rute, Priego, Alcalá la Real, etc.; pero lo que más nos sorprendió fue que pronunciase ambos sonidos como consonantes sonoras. Un muchacho de un cortijo, encontrado poco después, presentaba el mismo fenómeno. Hablamos con unas mujeres de La Laguna, las cuales también distinguían y sonorizaban. En El Higueral comprobamos más ampliamente dicha pronunciación». «La sonoridad era unas veces clara y plena y otras tenue y apagada». Según los ejemplos recogidos y la declaración de los investigadores, la sonoridad afectaba a /z/, /s/ y a /ç/, /ss/ ([meźa, doze, kabeza, panza]; y, por fonética sintáctica, podía incluso extenderse a la inicial: [-zinko, -źei]). No había, pues, resto de la oposición fonológica sordez : sonoridad, ya que las variantes sonoras y sordas funcionan como variantes articulatorias del mismo fonema (RFE, XX, 1933, p. 241).            

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ADVERTENCIA

1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

*   2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

*   3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

*   4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

*   5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

*   6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

*   7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

*    8.- 7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII)

*   9.- 8. EL CAMBIO EN LA NORMA CORTESANA, VISTO POR LOS GRAMÁTICOS EXTRANJEROS

10.- 9. EL ESPAÑOL ORIENTAL ANTE EL TRIUNFO DE LA NUEVA NORMA DE MADRID

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La Garduña Ilustrada

Imagen: Letra mayúscula Z de Albert Durero.