Blogia

ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

11.- 10. RESISTENCIA DEL ANTIGUO SISTEMA TOLEDANO EN LA ALTA EXTREMADURA

11.- 10. RESISTENCIA DEL ANTIGUO SISTEMA TOLEDANO EN LA ALTA EXTREMADURA

10. RESISTENCIA DEL ANTIGUO SISTEMA TOLEDANO EN LA ALTA EXTREMADURA. I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY.

      Según hemos visto, Gonzalo Correas, nacido en Jaraíz de la Vera de Plasencia, buen conocedor de las peculiaridades lingüísticas de Extremadu­ra79, afirma decididamente en 1626: «i es error imaxinar que tenemos mas de un sonido de ze en Castellano», sin embargo, la distinción entre una /ç/ sorda y una /z/ sonora, tal como existía en el habla cortesana del Toledo de Carlos V, ha continuado en uso hasta tiempos actuales en la región del Tajo, tanto en la Extremadura castellana como en la leonesa. Modernamente, /ç/ y /z/ se realizan, en los lugares que han mantenido la distinción, interdenta­les [θ ] : [đ], sin que se llegue a confundir la /z/ con la /d/ (pronunciada en posición intervocálica [đ] en el español común), ya que en toda esa área la -d- intervocálica tiene como resultado cero  [Ø]80. (Podríamos hablar, si aca­so, de la existencia de un nuevo fonema /d/81, que en posición intervocálica se articula [đ] y procede de /z/, y en posición inicial se articula [d] y procede, normalmente, de /d/ y muy rara vez de /z/82). Este área, en la que el fonema sonoro /z/ (>/d/) sobrevive, fue objeto, en 1935, de una detallada monografía escrita con las limitaciones naturales impuestas por el estricto foneticismo de la escuela de Navarro Tomás83.

      Pienso que esta práctica regional de distinguir /ç/ y /z/ era ya, en el primer tercio del siglo XVII, lo mismo que hoy, un ruralismo, que los extre­meños cultos (como Correas) se cuidaban bien de eliminar de su habla84. La sonoridad de la z sería ya entonces un «afeto provinzial» como la xe «mui espresa» que pronunciaban los extremeños, según denuncia Correas85. El ca­rácter rural de la distinción extremeña, en el propio siglo XVII, se comprue­ba, creo, por el hecho de que Bravo Graxera, nacido en la Baja Extremadu­ra, no se apoyase en ella para defender, en su polémica contra Correas, la necesidad de mantener en la ortografía la dualidad de signos ç y z86.

      La diferencia existente a comienzos del siglo XVI entre el norte y el sur de la Península respecto a las sibilantes ha dejado sus huellas hasta hoy día. Mientras la tardía aceptación del viejo sistema castellano por Toledo no fue suficiente para desterrar por completo las sibilantes sonoras de la región del Tajo (pues lograron mantener su vigencia hasta tiempos recientes en Extre­madura), en el Norte el sistema castellano viejo consiguió, en cambio, pene­trar más allá de las fronteras del castellano, invadiendo los dominios lingüís­ticos leonés y gallego, hasta alcanzar la costa atlántica87.

Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

NOTAS

79 «El lugar de Jarahiz, mi patria, pueblo en la Vera de Plazencia, 6 leguas al oriente de la ciudad [...]» (nota marginal de Correas en el Arte Grande). «La xe los Extremeños la pronunzian mui espresa» ( Ortografía, 27). «Este vizio [el zezeo] afetan, por kuriosidad no, sino nezedad, en la Fuente del Maestre en Estremadura, i en Malpartida una legua de Plasenzia, lugares mui kortos i bien distantes» (Ortografía, 11-12).

80 A. Alonso, De la pronunciación, I, n. 277, resume incorrectamente el sistema de la Alta Extremadura, al suponer que «la antigua z [...] se ha igualado con la [d] fricativa de todo, vida [...]  Espinosa, p. 156, señala lo reciente de esta igualación z = [d]». Precisamente Espinosa desta­ca en esa página de Arcaísmos dialectales (véase nuestra n. 83) que «la pérdida de la otra [đ] intervocálica, producto de -T-, -D- latinas, se verifica regularmente en el habla popular de esta región», insistiendo en el hecho de que «la [đ] que deriva de la /z/ antigua no tiene el mismo tratamiento en estos dialectos que la de -T-, -D- latinas». Como ejemplos de la permanencia, en posición intervocálica, de la oposición /z/:/đ/, podemos citar ládo ’lazo’ : láu ’lado’; crúdo ’cruzo’ : crúo ’crudo’; erídu ’erizo’ : heríu ’herido’; nevádu ’nevazo’ : neváu ’nevado’; tenáda ’tenaza’ : tena ’tenada’.

81  Para el caso específico del dialecto de Malpartida de Plasencia (tipo çeçeo-zezeo), véase D. Catalán, «Concepto lingüístico del dialecto chinato en una chinato-hablante», RDyTP, X, 1954, pp. 10-28. [reed. en el cap. 4 del presente libro].

82 En posición inicial absoluta: dagál, dáqui ’zaque’, dordál ’zorzal’, dórra, dumbál ’zumbar’, dángano. «El sonido sonoro aparece como [d] oclusiva en posición inicial absoluta [...]; al convertirse en oclusiva se altera también el punto de articulación, pasando de dentointerdental a dental. Se ha identificado por completo, de este modo, con el sonido de la d española» (Espino­sa, libro citado en nuestra nota 83, p. 152). De ordinario, tras n se encuentra la oclusiva: [óndi], [kíndi], [endína], [endíva]~[endíbah], [θendílo], [frundíl]; pero Espinosa encuentra en dos oca­siones la forma [ónđi] en la que la n y la d eran fricativas dento-interdentales (p. 153). Quizá sean reliquias de una situación más temprana, en la que la /z-/ todavía no había sido absorbida por la /d-/. 

83 A. M. Espinosa, Arcaísmos dialectales. La conservación de «s» y «z» sonoras en Cáceres y Salamanca, Madrid, RFE-Anejo XIX, 1935. Al delimitar el área que mantiene la /z/, clasifica las diferentes localidades de acuerdo a si el fenómeno se encuentra en forma intensa, en forma debilitada, o si solo persisten restos abundantes o restos esporádicos. Estos criterios subjetivos son de poco interés, pues caben apreciaciones discrepantes. Lo que se debería haber señalado es si la oposición /z/:/ç/ permanecía o no viva. Los lugares donde /z/ se conserva sólo inicialmente, incorporada plenamente a la /d/, deberían sacarse de la zona. [Posteriormente, M. Torreblanca ha creído poder reducir la existencia de sibilantes sonoras en la Alta Extremadura a un caso particular de la moderna sonorización de oclusivas y fricativas sordas que le revela el estudio de la fonética actual del castellano en un área geográfica mucho mayor (véase «Las sibilantes sonoras del Oeste de España: ¿arcaísmos o innovaciones fonéticas?», Revista de Filo­logía Románica 1, 1983, 61-108 y «La sonoridad de las consonantes oclusivas españolas», Hispania 66, 1983, 169-177). Sin embargo, puedo afirmar que en localidades apartadas, como Serradilla y Malpartida de Plasencia, la oposición sonora : sorda en las sibilantes es fonológica y característica del habla «antigua», no práctica moderna. Véase la reed. en este libro del artículo citado en la n. 81].

84 Creo que ésta es la mejor explicación para la aparente paradoja (comentada ampliamente por A. Alonso, De la pronunciación, I, pp. 394-396) de que sea precisamente un natural del área del Tajo en Extremadura, donde la sonoridad de /z/ se ha mantenido hasta tiempos modernos, el que niega más enérgicamente el carácter castellano de la distinción /z/:/ç/.

85 «La xe los Extremeños la pronunzian mui espresa. La ze kon alguna diferenzia diversas provinzias i personas. Mas todos estos diferentes afetos no konstituien diferente letra, ni es kausa bastante de alterar la eskritura. I fuera nunka akabar kerer dar modos de eskrivir kosas tan livianas i disparatadas, i otros énfasis ke tienen en algunas partes.»

86 Graxera siempre considera fonéticamente iguales las dos letras que quiere conservar en la escritura por razones etimológicas. Era natural de la villa de Arroyo de San Serván, cerca de Mérida; más tarde fue obispo de Coria, ciudad que, según Pedro Fernández del Pulgar, en su Teatro clerical (A. Alonso, De la pronunciación, I, n. 251) prefería a Palencia «por ser cerca de su patria» (los pueblos de Coria aún distinguían en los años 30 del s. XX entre /z/ y /c/).

87 Me ocupo extensamente de la propagación de la pérdida de sibilantes sonoras fuera de los límites del dominio castellano en «El çeçeo-zezeo al comenzar la expansión atlántica de Casti­lla», Boletim de Filología, XVI (1956-57), 305-334.  [El artículo se reedita como cap. 2 del presente libro].

CAPÍTULOS ANTERIORES:  EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

ADVERTENCIA

1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

*   2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

*   3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

*   4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

*   5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

*   6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

*   7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

*    8.- 7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII)

*   9.- 8. EL CAMBIO EN LA NORMA CORTESANA, VISTO POR LOS GRAMÁTICOS EXTRANJEROS

10.- 9. EL ESPAÑOL ORIENTAL ANTE EL TRIUNFO DE LA NUEVA NORMA DE MADRID

       Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

Imagen:Letras mayúsculas Ç y Z Tiranti Solid

10.- 9. EL ESPAÑOL ORIENTAL ANTE EL TRIUNFO DE LA NUEVA NORMA DE MADRID

10.- 9. EL ESPAÑOL ORIENTAL ANTE EL TRIUNFO DE LA NUEVA NORMA DE MADRID

9. EL ESPAÑOL ORIENTAL ANTE EL TRIUNFO DE LA NUEVA NORMA DE MADRID. I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY.

      El caso de Ximénez Patón, natural del área de Villanueva de los Infantes (Ciudad Real), que hacia 1604 no hace ninguna distinción entre /z/ y /ç/, es un buen ejemplo de la rápida regresión del sistema «toledano» en La Man­cha. Pero más al sudeste, el reino de Murcia no prestó quizá tanta atención, en un principio, a las innovaciones lingüísticas de la corte madrileña. Amado Alonso presenta, con considerable reserva, esta hipótesis (De la pronuncia­ción, I, pp. 342 y 353), apoyándose en el testimonio paralelo de varios erudi­tos, todos ellos, en realidad, de dudosa autoridad.  

      Las distinciones que hace Nicolás Dávila en Cartagena, en 1630, no apoyan, a mi parecer, la existencia de una diferencia fonética. Dávila, como otros muchos, incurre en el error de creer que la z es más fuerte que la c: «mucha semejança tiene la ç cedilla con la z, i se diferencia en que se pronuncia menos aguda y afectuosamente que ella», pues la pronunciación de z «siempre es con fuerça i agudeza como deteniéndonos para pronunciar dos ce». Dávila recurre a reglas particulares para ayudar a retener la distinción ortográfica, como hacen los ortógrafos que confunden /ç/ y /z/ en la pronunciación60. Por otra parte, de acuerdo con el testimonio del propio Dávila61, sabemos que las sibilantes dorso-dentales /ç/, /z/ y las ápico-alveolares /ss/, /s/, se confundían en Cartagena; por tanto, la indistinción, por parte de Dávila, de los fo­nemas, antes sordo y sonoro, /ss/:/s/ es otra evidencia adicional de la identificación de /z/ con /ç/. Creemos, en vista de todo ello, que el habla popular de Cartagena fundía en un solo fonema sordo los cuatro del sistema toledano anterior, y que el culto Dávila, despreciando el común «sececeo», pronunciaría ç y z como /c/, y ss y s como /ss/, según hacían sus contemporáneos el toledano Luna (1620), y los extreme­ños Correas (1626) y Graxera (1634).

      El maestro de Dávila, Cascales, murciano (1604 y 1620?), «nos ofrece poco y dudoso en esta materia», según observa Amado Alonso (De la pronunciación, I, p. 340). Cascales se basa en Nebrixa (un siglo y cuarto anterior!) para la caracterización de las «letras» castellanas (A. Alonso, De la pronunciación, I, pp. 340-341), porque era un ortógrafo etimologista: «yo mas me atengo al uso antiguo de escribir, como fundado en doctrina, porque de aquella manera no se confunde la etymologia del vocablo». Obviamente confirma la «diversa pronunciación» de ç  y z, y hasta parece sorprendido (en 1620?) de que «yerran muchos como si fuera alguna cosa difícil»; pero, en concreto, sólo nos dice (en 1604) que «la z significa un sordo ruido» y no da ninguna información sobre la /ç/. Realmente, lo único que le preocupa es el hecho de que los poetas españoles son «con oido tan boto y obtuso» que son incapaces de distin­guir, como los toscanos, ç de z, ss de s, x de j y b de v: «Tengamos empacho nosotros de tener tan rustico oido que no hallemos en los ejemplos dichos la diferencia que ellos». En fin, ¡qué mejor prueba, de la falta de base fonética para sus distinciones, que verle citar cuatro octavas de Ariosto para probar que en español deberían hacerse las rimas correspondientes!

      Si en Cascales (en 1604) la distinción /ç/:/z/ no se basaba en una oposición real, no creo que el murciano expatriado, Ambrosio de Salazar, que defendía la oposición /ç/:/z/ (al entablar polémica con Oudin en Francia, de 1612 a 1640), constituya un testimonio adecuado para afirmar la supervivencia de una /z/ sonora en Murcia hacia 1596 (cuando Salazar dejó España). Distingue /z/ de /ç/ y /s/ de /ss/, basándose en la sonoridad62-; pero, por otro lado, compara /ss/ y /ç/ con la «francesa63, y /s/ y /z/  con la z francesa64. Dado que no distingue la articulación dorso-dental de la ápico-alveolar, su distinción basada en la oposición sorda: sonora quizá haya que considerarla un galicismo. Salazar, que carecía de una sólida educación cuando dejó España, es un ejemplo antiguo de un fenómeno muy frecuente hoy día; el de la tendencia de los inmigrantes incultos, a deformar su lengua nativa, al tiempo que tratan, en vano, de dominar con seguridad la lengua del país de adopción. Morel-Fatio65 observó que el español escrito de Salazar dejaba bastante que desear, tanto quizá como su francés, y que, «con frecuencia, no sabía repartir a cada lengua sus giros propios» (cf. A. Alonso, De la pronunciación, I, p. 344). Otra explicación sería atri­buir el sistema de sibilantes que propugna para el español a su andalucismo adopti­vo66; en ese caso, su observación (la sobrevivencia de /z/ sonora = /s/ hacia 1596) en vez de referirse a Murcia se referiría a Andalucía; pero, en verdad, el testimonio así extraído de la polémica de Salazar con Oudin estaría basado en una serie de conside­raciones poco seguras.

      La parte occidental del Reino de Valencia, originariamente de habla aragonesa, había gravitado tan decididamente dentro de la órbita catalana durante la Edad Media, que, cuando el «seseo» (= [ṡeṡeo]) —ya completado en la primera mitad del siglo XV67— se estaba propagando, el habla local no catalana siguió al catalán en el proceso de desfonologización: la /ç/ y /z/ aragonesas68 se identificaron con /ss/ y /s/ en las comarcas de Segorbe69, Villar del Arzobispo70, Chiva, Hoya de Buñol71, Canal dé Navarrés y Engue­ra72, Aspe y Monforte y Orihuela73, regiones todas ellas en las que el caste­llano de hoy, de tipo aragonés, es «seseoso»74. En cambio, durante los Siglos de Oro, con la hegemonía nacional de Castilla, el sistema de la prestigiosa  lengua central carente de la marca de sonoridad en las sibilantes hizo presión sobre las hablas castellano-aragonesas del Reino de Valencia. La propia ciu­dad de Valencia, aunque lingüísticamente catalana, era, durante los siglos XVI y XVII, uno de los centros culturales más importantes en que se culti­vaba la lengua castellana; consiguientemente, siguió pronto las modas lin­güísticas de la corte de Madrid. La observación, en 1556, de Juan Martín Cordero de que «no se dize hixo sino hijo»75 constituye un testimonio de la temprana invasión del ensordecimiento en el castellano hablado en Valencia. El propio catalán valenciano debió, pronto, seguir la moda castellana; y, en seguida, «la huerta», desde el Júcar al Palancia, imitaría a la capital.

      La resistencia rural a la nueva fonética fue, sin embargo, fuerte. Al norte del Millares y al sur del Júcar la distinción entre /s/ sonora (76 y Navarrés, y en Anna y En­guera (Valencia)77, por lo menos.

      En el resto de la zona, los cuatro proto-fonemas, /ç/, /z/, /ss/ y /s/, se han reducido (como en el «apitxat» valenciano) a uno solo: fonéticamente a una ápico-alveolar sorda [ṡ]. La expansión de la interdentalización castellana se vio detenida por la anterior desaparición de /ç/ y /z/, de forma que sólo alcanzó a afectar a una nueva /z/, la procedente de /d/ + /z/ (dodze, tredze), que se convirtió fonéticamente en [θ]78. (Cfr. lo ocurrido en el «apitxat» valenciano, en el que /z/>[ṡ], pero /d/ + /z/ es fonéticamente [ts]).

Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

NOTAS

60 «Antes de consonante en medio de parte se suele también poner z [...]»; «algunos infiniti­vos se escriben con z, como dezir, hazer, introduzir. I también las terceras personas de presente de indicativo [...]; i las de pretérito imperfecto [...]. El conocimiento de todos vendrá del cuidado i del uso»; «después de vocal i en fin de parte se usa también la z [...]».

61 Para la noticia de sececeo en Cartagena que proporciona Dávila véase BICC, VII, 1951 p. 133.

62 Salazar, entre sus vagas observaciones (como la de justificar la pronunciación de c en ce, diciendo: «... cecear con gracia se permite a las Damas»; o que la z se pronunica «ayudandose del estomago»), define claramente la diferencia entre /ç/ y /z/, basada en la sonoridad de la última, a la vez que las equipara en otros aspectos de su pronunciación: c «se pronuncia pegando un poco la lengua sobre el paladar y sobre los dientes de arriba, tirando la lengua hasta los mesmos dientes»; z «como avemos dicho en el c, se pronuncia sacando un poco la punta de la lengua entre el paladar y los dientes de delante, en redondo, ayudandose del estomago y de la garganta, y que el viento salga haziendo un ruydo escuro que haga coxquillas saliendo» (1614).
    Salazar también defendía la pronunciación sonora de la /s/. Pero, por otro lado, igualaba /x/ y /j/  en una articulación sorda: «la letra j o ijota se pronuncia como ch en Frances, o poco va a dezir [...]», e incluso da ejemplos de pronunciaciones mucher, chavon, charro. (Nótese el contraste con Dávila, que igualaba /s/ y /ss/, pero pedía que se distinguiera /j/ de /x/).

63 «Quanto al C ella sirve como en el Frances sirven las dos ss, como dezir caça ’chasse’, o poco va a dezir» (1614). «Yo digo pues y afirmo que la ç con cerilla se pronunica en lengua castellana como el francés hace sus dos ss.» (1615). La frase «[...] antes el s se acomodaría en lugar de z que no el c; ya sabemos que sebo y cebo son dos, y aun dessa manera se confunden, el mesmo que si el c tuviesse su pronunciación como el z también, pues se podría escribir zebo, que es la mayor locura que nunca fue [...]», una vez liberada de su embrollada redacción, puede interpretarse, en mi opinión, dándole el siguiente sentido: aunque sebo y cebo tienen grafías distintas, se han fundido en un solo sonido, lo que no ocurre en el caso de zebo, forma inexisten­te en la escritura; si c y z tuvieran la misma pronunciación, como afirmaba Oudin, habrían sido igualmente intercambiables.

64 «Cuando la s está entre dos vocales se pronuncia como z, queso, quezo fromage, casa, caza maison» (1640).

65 A. Morel-Fatio, Ambrosio de Salazar et l’étude de l’espagnol en France sous Louis XIII, París, 1900, p. 31: «[...] Le tout en fort piètre espagnol et en français plus mauvais encoré. Évidemment, Salazar connaissait assez bien sa langue et pouvait l’enseigner pratiquement, comme un maitre d’école; mais il eprouvait plus de peine á l’écrire correctement, parce qu’il manquait un peu trop d’études sérieuses et de lecture».

66 Si rechazáramos la explicación por «galicismo», ¿a qué región habría que adscribir la conservación de la sonoridad que Salazar denuncia en 1596? Es preciso recordar que Salazar consideraba al andaluz como el prototipo de español más digno de imitación: «[...] a mi me agrada mucho mas la lengua Andaluz que ninguna otra ni aun la Castellana no le llega con muchos quilates, pues que no ha mucho tiempo se hablava muy grosseramente en Castilla [...] —Según me dize, la lengua Andaluz se llama acá en nuestra Francia Castellana? —Si, señor, que aunque sea la mesma que la Castellana con todo esso yo la hallo mejor y mas delicada» (1614). Quizá Salazar, que antes de irse a Francia estaba al servicio de un grande en Andalucía, sea un observador válido de la persistencia de los sonidos sonoros en Andalucía hacia 1596. (Ello no es imposible).

67 Véase E. Alarcos, «Algunas consideraciones sobre la evolución del consonantismo cata­lán», en Estructuralismo e Historia. Miscelánea-Homenaje a A. Martinet, II, Ed. D. Catalán, «Biblioteca Filológica», La Laguna: Universidad, 1958, pp. 5-40.

68 Mientras en la época de la propagación del seseo la /z/ catalana estaba todavía en vigor sólo en posición fuerte (al menos en valenciano), la /z/ aragonesa se mantenía en todas las posiciones, sin que la /z/ intervocálica se hubiera fundido con /d/.

69 Según M. Sanchis Guarner, en RFE, XXXIII, 1949, p. 36, sin especificar la zona. Remite a C. Torres Fornes, Sobre voces aragonesas usadas en Segorbe, Valencia, 1903, p. 112.

70 Según V. Llatas, «Lenguaje de Villar del Arzobispo», Anales del Centro de Cultura Va­lenciana, XV, 1947, p. 164. Este artículo sirvió a J. Giner como base para una aventurada reconstrucción de un supuesto «valenciano montañés» del siglo XIII, en esos mismos Anales, XVI, 1948, pp. 128-133.

71 Según los datos de M. Sanchis Guarner, RFE, XXXIII, 1949, p. 36, sin especificar la zona.

72 R. Menéndez Pidal (Manual de Gramática Histórica Española, 6.a ed., Madrid, 1941, p. 115, n. 1) hizo saber, en 1905, que Enguera, Anna y Navarrés distinguían /s/:/ss/ etimológica­mente, pero fundían /z/ y /ç/ en una consonante sonora. M. Sanchis Guarner, RFE, XXXIII, 1949, p. 43, insiste en que estas tres localides conservan la distinción /s/ : /ss/, pero, en la p. 36 nos informa, por otra parte, de que son zonas de seseo. Posiblemente la z sonora ([ẓ] o [d]) a la que hace referencia la fuente de  Menéndez Pidal, es sólo el resultado de /d/ + /z/ (véase n. 78 más abajo), mientras que /ç/ >[ś] y /z/ >[ź].

73 La zona de seseo de la comarca de Orihuela fue delimitada por T. Navarro Tomás y sus jóvenes colaboradores en «La frontera del Andaluz», RFE, XX, 1933, pp. 258-260. Incluye Torrevieja, S. Miguel de Salinas, La Bojosa, Formentera, Algorta, Almoradí, Rafal, Daya, S. Fulgencio, Dolores, Catral, Albatera, Granja, Cox, Benferri, Callosa, Redován, Jacarilla, Bigastro, Benejúzar y Orihuela, además de Aspe y Monforte (Pilar de la Horadada, Alic, S. Pedro del Pinatar, Balsicas, Dolores, Roda y Los Alcázares, Mur. todavía hacen la distinción). Nava­rro Tomás y sus colaboradores no señalan la existencia de [z] sonora en esta zona. En conse­cuencia, debemos suponer que la pérdida es completa.

74 Creo posible afirmar, a partir de estos datos, que en los siglos XIV y XV todas las comu­nidades de habla aragonesa pertenecientes al Reino de Valencia siguieron al catalán en el seseo de /ç/ y /z/. Desde luego, ni el señorío de Villena (Castilla), ni los territorios agregados a la provincia de Valencia en época moderna, como Chelva y Requena (también de Castilla) partici­paron de este fenómeno. [Véase ahora M. Torreblanca Espinosa, Estudios del habla de Villena y su comarca (Alicante: Instituto de Estudios Alicantinos, 1976)].

75 Ya aducido por Cuervo (véase M. Sanchis Guarner, en RFE, XXIII, 1936, p. 52).

76 Nos apoyamos en la breve nota de M. Sanchis Guarner en «Noticia del habla de Aguaviva de Aragón», RFE, XXXIII, 1949, p. 43, basada en observaciones personales.

77 La conservación de la /s/ sonora en Enguera, Anna y Navarrés como fonema indepen­diente de /ss/ fue descubierta por Menéndez Pidal en 1905 (véase arriba n. 72). Algunos dialectólogos valencianos han repetido la información, sin ampliarla. Las explicaciones dadas por un entusiasta aficionado [B. Martínez] en los Anales del Centro de Cultura Valenciana, XV, (1947), p. 85, no aclaran mucho: «la s... tiene, además, un sonido más prolongado y silbante que en castellano, más dulce y suave, parecido al de los niños que cecean un poco; al articular este sonido llegan a colocar la lengua en contacto con la parte interior de los dientes superiores. Quizá sea más curioso aún el sonido de la z, muy suave y silbante, hasta el punto de confundirlo algunas veces con la s, antes de la z parece oírse una ts, casi imperceptible». No es fácil interpre­tar estas palabras, aún sabiendo (véase n. 82) que éstas son áreas de seseo.

78 Sanchis Guarner, en RFE, XXXIII, 1949, p. 59, menciona que el castellano-aragonés de las regiones de Chiva y Hoya de Buñol tienen [θ] como resultado de D’Ḱ  (doθe, treθe), aunque son áreas de seseo (sinco, onse, dies, catorse). En Villar del Arzobispo, según V. Llatas (ACCV, XV, 1947, p. 164), «es tan general el seseo que sólo se pronuncian la c y la z en los vocablos doce, trece, lazo, pozo, mozo, en los diminutivos de los tres últimos y en todas las palabras acabadas en azo y aza». Compárese el aragonés seseoso de Benasque, donde los dos numerales son doche y treche.
    La misma diferencia entre los resultados de /dz/ y /z/ se encuentra en valenciano: la /z/ del catalán antiguo, que llegó a ser cero [Ø] en posición débil, se mantuvo en posición fuerte como [z] (>[d] en Aguaviva, por interdentalización) y en el área de seseo como [z] (Castellón, Alicante, etc.) ~ [s] (en «apitxat»); en cambio, para la combinación /d/ + /z/ tenemos los resul­tados [d] (>[dd] por interdentalización, en Aguaviva) y en el área de seseo [dź] (Castellón, Alicante, etc.)~[tś] (en «apitxat»).
    También el judeo-español (véase A. Alonso De la pronunciación, I, pp. 120-121, que no lo interpreta correctamente), que es zezeoso, mantiene, junto al resultado [z] común a /z/  y /s/, una africada derivada de /dz/ que no se funde con /s/: dodze, tredze y variantes (Salónica, Filipópolis, Brusa y otros lugares en Bulgaria. Karaferia, Esmirna, Bucarest, Bitoli, Monastir, Bosnia). La /z/  da, curiosamente, el mismo resultado en el caso aislado de podzu (Salónica, Kastoria, Karaferia, Bulgaria, Bitoli, Monastir, Bosnia), exactamente como en Villar del Arzo­bispo. La /z-/, en posición fuerte, también se mantiene distinta de /s/ y /-z-/, pero con menos frecuencia (Bulgaria, Esmirna, Bucarest, Bitoli, Monastir, Bosnia).

CAPÍTULOS ANTERIORES:  EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

ADVERTENCIA

1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

*   2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

*   3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

*   4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

*   5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

*   6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

*   7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

*    8.- 7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII)

*   9.- 8. EL CAMBIO EN LA NORMA CORTESANA, VISTO POR LOS GRAMÁTICOS EXTRANJEROS

       Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

Imagen:Letra capitular  Ç miniada.

9.- 8. EL CAMBIO EN LA NORMA CORTESANA, VISTO POR LOS GRAMÁTICOS EXTRANJEROS

9.- 8. EL CAMBIO EN LA NORMA CORTESANA, VISTO POR LOS GRAMÁTICOS EXTRANJEROS

8. EL CAMBIO EN LA NORMA CORTESANA, VISTO POR LOS GRAMÁTICOS EXTRANJEROS. I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

      Los gramáticos no españoles nos proporcionan una visión complemen­taria de las alteraciones que sufrió el español de los Siglos de Oro. Su infor­mación, naturalmente, se refiere al habla de la corte, y, en general, se apoya más en el español normativo que en el español coloquial.

      En 1524 tenemos un testimonio de incomparable claridad. Trissino trata de introducir en la ortografía italiana un signo nuevo para distinguir z, zz sonoras de sus sordas correspondientes. Como conocía bien el español, pensó que el método más adecuado sería adoptar la ç  con cedilla; pero, al observar la mayor frecuencia en italiano del fonema sordo, prefirió reservar la z para él, e introducir el nuevo signo ç para el sonoro, por lo que añade: «Ne mi è nascoso che ritrovandosi parimente questa pronunzia diversa, e con diversi characteri scritta, ne la lingua Spagnuola, che essi usano i characteri a l’opposito di quel che facc’io: cioè, usano il z commune quando la pronunzia è simile al g, e quando è simile al c usano l’altro»53. La identificación de la z de su ortografía reformada con «la c lombarda» y de su ç  con «g como en Bologna», donde «virgines» se pronuncia virçines y «generoso» çeneroso (con la ç  sonora de su ortografía reformada), nos proporciona nuevos elementos de comparación para la /ç/ y la /z/ españolas. Trissino, por tanto, empareja perfectamente, en 1524, la /ç/ y /z/ españolas (lo que los humanistas de la primera mitad del siglo XVI no hacían, a causa del origen de las letras), caracterizándolas como sorda y sonora respectivamente. Sus observaciones corresponden a la información que teníamos sobre el «fino castellano» de Toledo, o de la corte, del primer cuarto del siglo XVI.

      Alessandri d’Urbino también describe claramente en 1560, las corres­pondencias ítalo-españolas. Define con insistencia la /ç/ (tal como se en­cuentra en dança, çamorra, braço, garavanço), identificándola con la z sorda del italiano (de forza, zeppa, zingaro, zoppo, zucchero, etc.), esto es, con «la nostra z quando ha gagliardo spirito», y con «t dinanzi la i con ispressione di z». Y, cuando explica la doble grafía española ç y c ante e, i («[...] come se havesse la istessa zeriglia»), añade una nueva comparación, al observar «il che si costuma da nostri Lombardi ancora». Respecto a la /z/ española (de hazer, azedia, azogue, azul), señala su equivalencia con la z sonora italiana (de azaria, zefiro, azimo, zodiaco, azurro) «di poco suono e de leggiero spirito».

      No tenemos nuevas descripciones útiles54 hasta los últimos años del siglo XVI y primer cuarto del siglo XVII. Por entonces, la identidad de /z/ y /ç/ es obvia para los mejores observadores55. El francés Oudin, en 1597, señala que la /z/ «quelquesfois se prononce plus rudement que le c ou l’s quasi comme nostre z François, mais le plus souvent elle a le mesme son que le dit c, et i’ay veu bien souvent escrit hacer pour hazer, lienço, pour lienzo, baço [...] ie l’ay veu escrit vazo». En la edición de 1619, después de viajar por España, Oudin incluso pone más énfasis en la identidad.  Respecto al nombre de z, rebate a aquellos que la llaman «zé» con sonora «pour ceste derniere prononciation du z, qui se rapporte à celle de nostre François, et aussi a nostre  s   quand il se trouve entre deux voyelles, elle n’est nullement Castillane, ce que i’ay soigneusement remarqué par la practique que i’ay peu avoir des naturels Castillans». Y, para probar la identidad de ç  con z, cita a Covarrubias («et pour preuve de ceste affinité, voyez Covarrubias en son Tesoro, qui renvoye au ç  les dictions qui commencent par z»).

      En 1624, el italiano Franciosini afronta la crítica de los que todavía creen que los signos ç y z representan diferencias de pronunciación («molti s’annegano nella profundità delle distinzioni [...]») y afirma: «Trovando la zeta con alcuna di queste due vocali e, i, si pronunzierà formalmente come se fusse con la lettera c e dicesse ce, ci [...]. Cosi za, zo, zu non fará in lettura ne in pronunzia differente da ça, ço, çu». Como Oudin, Franciosini basa en la experiencia personal su oposición a los viejos gramáticos distinguid ores de c:z y sus seguidores impenitentes: «Ho diligentemente osservato che tra la zediglia e la zeta ordinariamente ci è nella pronunzia e nell’uso poca o niuna differenza, per questo non ho voluto (com’alcuni) tuffarmi nel golfo de’precetti [...]»56.

      En 1593, un cuarto de siglo antes de Franciosini, Giuffredi, un buen observador italiano, frente a Oudin, todavía compara la ç española con las sordas italianas z o zz (que él transcribe Z) y la z española con las sonoras italianas z o zz (que él transcribe z). La c se denomina en español «Ze con Z forte e non dolce e non Ci»; mientras que la z se denomina «Zè o Izè, ma con zeta dolce, non forte», ya que «lo stesso suono ha la zeta Spagnuola che ha la zeta dolce Toscana», mientras que la ç «avrá forza d’una di queste Z Italiane, cioè, forte ed aspra»57. Las notas de Giuffredi sobre pronunciación están en forma de Annotazioni a Troiano, 1569 (el traductor de Miranda, 1565), y en ellas se ven —creo— huellas de Alessandri, 1560 58, pero no de Las Casas, 1570. Sospecho que la fecha de 1593, el año de la dedicatoria, y también de la muerte de Giuffredi (el libro es postumo), no corresponde al año de la composición de las anotaciones, que deben ser muy anteriores. En cualquier caso, es casi seguro que Giuffredi, que tenía unos sesenta años en 1593, des­cribía el español cortesano de unos veinticinco o treinta años antes (cuando él tenía treinta o treinta y cinco), al que ya había prestado alguna atención cuando editó un Trattato per insegnare agli Spagnuoli la pronunzia toscana (previo a las Annotazioni)59, inédito y perdido.

      En resumen, el testimonio de los no españoles, que se ajustarían preferentemente al uso del habla cuidada de la corte en sus formas más conserva­doras, no desmiente la imagen anteriormente reconstruida a partir de los tratadistas españoles. Hasta mediados del siglo XVI, los mejores testigos no españoles (Trissino, 1524; Alessandri, 1560) definen la /z/ española como el correlato sonoro de /ç/, de acuerdo con la norma toledana. Pero en la últi­ma década del siglo XVI había llegado a ser tan usual la confusión de z y c en el habla cortesana («fino castellano»), que incluso los gramáticos extranje­ros decidieron enseñar la nueva norma, ya que la consideraban mucho más ampliamente aceptada (Oudin, en 1597). En el primer cuarto del siglo XVII, se considera la fusión como la única norma del español hablado (Oudin, 1619; Franciosini, 1624).

Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

NOTAS

53 En italiano ejemplifica la z que «tiene alquanto del con çephyro, meço, reço (escritas según su ortografía reformada) y la z que «tiene alquanto de c» con zoccolo, belleza, spezo.

54  No se puede deducir nada de Meurier (1558 y 1568), escritor flamenco que se contenta con afirmar que la c en español es «assez difficile à prononcer» y la z «n’est pas moins difficile à prononcer»; o del inglés Hart (1569, borrador de 1551), que no describe la z e iguala ce i, ç  con s. Rhys, un gales en Italia, identifica la ce i  ç española y portuguesa con las mismas grafías lom­bardas e incluye a los españoles entre aquellos que pronunican ti como s y z como s suave.

55 Ingleses y alemanes no añaden nada. Thorie (1590), traduciendo el manual de Corro, da la equivalencia /ç/ —o griega (Corro había dicho que /ç/ = θ griega) e iguala la z española con la misma letra inglesa («as we pronounce our English z»), deduciéndolo del texto que traduce; Percyvall (1591), aunque da una descripción de /ç/ muy interesante, no dice nada sobre /z/; ¿la consideraría igual a la /ç/?. Stepney (1591) es un mero plagiario sin interés. Owen (1605) se contenta con referir la c y la z a las correspondientes letras inglesas. Doergangk (1614) copia sin originalidad. Wadsworth (1622) traduce el texto de Oudin (1597) sin molestarse en añadir nada de su cosecha. Etc.

56 De estas afirmaciones de Franciosini sólo infiere Amado Alonso que «las antiguas africa­das [dz] y [ts] han precipitado su proceso fonético y ha triunfado casi del todo su pronunciación igualada fricativa y sorda [...] Franciosini refleja bien esta casi igualación» (De la pronunciación, I, p. 182). Creo necesario quitar este «casi». Evidentemente, Franciosini sabía que, en la práctica, la pronunciación de la /z/ no era otra que la de la /ç/: «Trovando la zeta con alcuna di queste due vocali, e, i, si pronunzierá formalmente come se fusse con la lettera c e dicesse ce, ci. Stando la zeta con alcuna di queste tre vocali a, o, u, cosí za, zo, zu, non fará in lettura ne in pronunzia differente da ça, ço, çu».

57 Giuffredi, interesado en hacer claras las confusas reglas de Troiano (es decir, de Miran­da), insiste repetidamente en la distinción sordez: sonoridad, tanto en italiano como en español. Sólo he transcrito uno de sus párrafos.

58 Las series de ejemplos coincidentes de Giuffredi y de Alessandri en italiano y español me parecen significativas: Zappa, Zoppo, Zucchero, Dança, Garvanço, Cuscuçú, (Çaragoça, Çamora, Çoçobra, çumo (Giuffredi); forza, zeppa, zíngaro, zoppo, zucchero, dança, Çamorra (sic), baço, garavanço (Alessandri. Todos estos ejemplos están juntos en un solo párrafo; mezclados con otros ejemplos figuran en otro párrafo (Çamorra, Çaragoça... çumo).

59 El mismo Giuffredi menciona este tratado al final de sus Anotaciones (A. Alonso, De la pronunciación, I, n. 86).

CAPÍTULOS ANTERIORES:  EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

ADVERTENCIA

1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

*   2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

*   3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

*   4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

*   5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

*   6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

*   7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

*    8.- 7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII)

       Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

Imagen:Letra capitular  Ç,  s/XVI

8.- 7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII)

8.- 7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII)

7. LA PÉRDIDA DE LA DISTINCIÓN /Ç/ : /Z/ NORMA GENERAL DEL HABLA (EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVII). I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

      Durante la segunda mitad del siglo XVI vemos formarse, entre los escri­banos y los ortógrafos, la teoría (opuesta a la práctica antigua) de que /z/ difiere de /ç/ en que se pronuncia con más fuerza. Antes de que Villalón, en 1558, considerase que la ç  era «media z», un escritor anónimo explicaba en 1555 en Lovaina a sus lectores franceses que la ç  se pronunciaba «mas áspe­ramente que la s y mas delicadamente que si fuesse z, de manera que es media pronunciación entre las dos [...] mas áspero que Caesar en latín»; pero tan pobre descripción no especifica siquiera si esta z «menos delicada» es una z francesa (lo que parece más lógico) o una z española. No es mucho más ilustrativa una comparación similar de otro escribano, el sevillano Las Casas (1570), quien sitúa a la zz italiana en un lugar intermedio entre la ç  y «nues­tra z ablandándola un poco». La confusa teoría se encuentra, por fin, expre­sada de forma directa, aunque tímidamente, por Benito Ruiz en 1587: z «en algunas palabras muestra un poco más de fuerça» que c. Conviene no olvidar que tanto el castellano viejo Villalón como el madrileño Ruiz exponían sus teorías sobre cómo era la pronunciación de la /z/ basados en su erudición gramatical, ya que, en la práctica, estaban inmersos en comunidades lingüís­ticas que habían confundido /z/ y /ç/. (Respecto al escritor anónimo de Lovaina y a Las Casas, no tenemos datos, ni positivos ni negativos, para decidir si eran o no distinguidores).

      Esta teoría de la mayor fuerza de la /z/ fue aceptada en el siglo XVII por dos ilustres autoridades. En 1610 Covarrubias observa en su Tesoro «de aqui adelante se siguen las dicciones que se escriven y pronuncian con cédilla ç, las quales no son tan fuertes de pronunciar como las que tienen la zeta z». Y en 1620 Bonet insiste de nuevo: «ay diferencia entre la z y la ç  en ser esta menos fuerte de pronunciar que aquella».

      Amado Alonso deduce de estos testimonios:

     «La declaración [...] de que en español la /z/ era más fuerte que la /ç/ no podía atender ni a la correlación de sonoridad, pues la sonora es lenis en oposición a la sorda fortis, ni a la articulación, que en toda España se estaba ablandando [...] hasta hacerse fricativa» (p. 167). «Siendo homorgánicas sordas y siendo la /z/ fricativa, sólo siendo africada la /ç/ podían ser distintas» (De la pronunciación, I, p. 381).

      En vista de ello, Amado Alonso considera «seguro que la práctica de la pronunciación africada [de /ç/] duró hasta 1620» (De la pronunciación, I, p. 381)39, y que, si se sentía como más débil que /z/, ello se debía al «rehilamiento» de la /z/ ensordecida.

      Sin embargo, no veo necesidad de suponer que la /z/ ensordecida fuese distinta de la /ç/. Creo posible afirmar que no eran distintas en el habla de Villalón; y, desde luego, Ruiz tampoco las distinguía. Covarrubias era tan incapaz de separar las voces con una y otra articulación, que cuando, en su diccionario, el orden alfabético le obliga a tratar de las palabras con z remite a la ç  diciendo: «Muchos vocablos de la z están declarados arriba en la ç, y assi en este lugar no haremos mas que remitillos» 40. El único testimonio que podría invalidad nuestra conclusión sería el de Bonet, el famoso autor del primer libro para enseñar a hablar a los mudos (1620), cuya descripción de /ç/ y /z/ es comentada por Alvaro Alonso a lo largo de diez páginas.

      Desde que el maestro de los fonetistas españoles, Navarro Tomás, co­mentó las doctrinas de Bonet41, Bonet ha venido siendo considerado el «fo­netista más extraordinario de Europa antes de la fonética instrumental del siglo XIX», el más independiente de todo tipo de «resabios librescos que no correspondieran a la realidad de la buena pronunciación», el informante «de calidad máxima» entre todos los de los siglos XVI y XVII (A. Alonso, De la pronunciación, I, pp. 326-327). Sin embargo, a pesar de mi respeto y admira­ción por su magnífica aplicación a la enseñanza de los sordomudos de sus excepcionales conocimientos acerca de la fisiología articulatoria, no creo que esté tan completamente libre de prejuicios académicos (¡quién no los tenía entonces!) como Tomás Navarro Tomás y Amado Alonso suponen. Me veo obligado a poner en duda la intangilibidad de su testimonio.

      Bonet, por «táctica didáctica», como Amado Alonso la denomina, co­mienza advirtiendo que a los estudiantes mudos se les enseñe a pronunciar ç  como z:

    «Esta c con cedilla se ha guardado para enseñársela con la respiración de la z, por la facilidad que tendrá su enseñança sabida la pronunciación de aquella, y al mudo se le ha de dar a entender que tiene el mismo sonido, porque como no es otra la diferencia que en ser mas ó menos fuerte aquel ceceo, para la locución del mudo no importa, que quando este mas perito se le dará a entender que ay diferencia entre la z y la ç [...].»

      Esta instrucción, incluida en el Libro II (que trata de métodos de ense­ñanza para mudos), nos pone en guardia. Es verdad que aconseja algo pare­cido en el caso de n y ñ42; pero no deja de ser por ello significativo que Bonet considerase la enseñanza de la distinción /ç/:/z/ como de poca importancia.

      En el Libro I, el doctrinal («la parte más culta y erudita» del trabajo, según Navarro Tomás), se muestra muy vago al describir la distinción que había dejado de lado en el libro sobre técnica didáctica43.

    La /c/ se pronuncia «arrojando fuera de la boca con alguna violencia la respiración un ceceo suave y sutil». La /z/ «tiene por nombre el sonido de una respiración mas fuerte y larga que la de la c quando se junta con las vocales e y i que haze ce y ci; y assi el mas ordinario usar della es en las finales de las partes, que allí es larga y fuerte y por eso no acaba la palabra en c, sin virgula ni con ella, aunque se parezcan en el sonido; y en los principios de las partes pocas vezes se pone, si se escrive ortográficamente, y Antonio de Nebrija sola la hallo en quinze principios de vocablos; en medio de palabra también es larga su pronunciación.»

      Puesto que Bonet, al describir cada una de las vocales y las consonantes b, d, g, m, n, l y r, alude a la sonoridad, su silencio en el caso de z es válido como prueba de la naturaleza sorda de la articulación (como deduce A. Alonso, De la pronunciación, I, 335-336). Además, Bonet no distingue la /s/ sonora de la sorda, y considera que la letra j es meramente una grafía del fonema /x/.

      En contra de Bonet, tenemos la autorizada opinión del último gran fo­netista que acepta y trata de poner en práctica el principio renacentista de que «no falte ni sobre letra en lo ke se escrive, sino ke se axuste lo eskrito kon lo pronunziado», Gonzalo Correas (1626), profesor en la Universidad de Salamanca (desde 1598):

«Muchos que no xuzgan con desengaño de nuestra pronunziazion Es­pañola Castellana quieren dezir que la çedilla es blanda y la zeda mas fuerte i rrezia. I es error imaxinar que tenemos mas de un sonido de ze en Caste­llano». La /z/ «en Castellano sienpre es senzilla [...] en Griego la llaman doblada, i dizen vale por estas dos ds, i algunos llevados desto, i no rreparando que aquello es en otra lengua, ni en la pronunziazion castellana de única z, dizen que es mas fuerte i vehemente que la ce i çedilla. Otros por­que la ven escrita con forma crezida entienden que tiene mas fuerza [...]». «Piensan los otros de la z ke por ser de gruesos trazos o trozos tiene mas fuerza [...]». «En lo qual de tenerla por fuerte rreziben grandísimo engaño nuestros Castellanos letrados [...]». «Lo kual en nuestro Kastellano es falso, ke no tienen diferencia ninguna en el sonido. I ansi andan konfusas ke kada uno eskrive la primera ke le okurre kalça, mozo, Zamora, Andaluzia o kalza, moço, Çamora, Andaluçia, este kon çerilla o sin ella [..., etc.]»44.

      Las razones fonéticas de Correas para desechar el «grandísimo engaño» en que hombres instruidos como Bonet caen —creyendo que hay una duali­dad de fonemas /ç/:/z/45— se ven corroboradas por un eminente adversario del fonetismo de Correas, Bravo Graxera (1634), que defiende la necesidad ortográfica de distinguir las dos letras, basado en argumentos etimológicos y no fonéticos:

    «No de valde los Antiguos en el Abecedario español [...] pusieron des­pués de las letras Latinas con que hablamos dos letras Griegas [...] como son y, z, enseñando en esto que, aunque las latinas i, c, lo podian suplir, no era bien usar dellas, sino que las Griegas señalassen en el vocablo el origen [...].»

      Hacia 1634, pues, no había ni siquiera memoria de la antigua diferencia fonética entre ç y z.

      Amado Alonso pensó primero que la contradicción a lo afirmado por Bonet, explícita en Correas e implícita, pero no por ello menos significativa, en Graxera, se debía a diferencias regionales, siendo Bonet representante del habla «toledana», que se mantendría aún diferente del habla de tipo castellano-viejo (sic) extendida por las dos Extremaduras46. Pero se vio pre­cisado a abandonar esta explicación geográfica en vista de varios testimonios muy significativos. Ximénez Patón, manchego (1611)47, al hablar de los tres valores de c («propio», ç  y c + h), afirma: «[...] el segundo es prestado y es quando se pronuncia como zeta griega, poniendo debajo una zerilla, como en estas diciones: zapato, çapato, zedaço, zarça, çeniza, çieno»48, y en la prácti­ca, de acuerdo con esta identificación total de los dos signos, los emplea indistintamente sin preocuparse de la vieja ortografía nebrixense49. Aún más decisiva para negar la posibilidad de un uso conservador toledano de la dis­tinción es la afirmación terminante de Alexandro de Luna, toledano de pura cepa, quien en 1620 (el mismo año en que se publicó el libro de Bonet) asegura a sus lectores de Toulouse que en el «fino castellano» de Toledo «esta letra ç  con aquella coma abajo, y esta z tienen en todo el mismo valor».

      Un testimonio tan rotundo como el de Ximénez Patón50 (1604-1611), Luna (1620), Correas (1626) y Graxera (1634) me convence de que Bonet (como Covarrubias y Ruiz) cedía a prejuicios cultos cuando trataba de carac­terizar la z frente a la ç  por tener «una respiración más fuerte y larga». Si, a la luz de esta sospecha, releemos el texto arriba citado de Bonet, resaltarán en él varios párrafos que denuncian la naturaleza culta de la distinción51. Seguramente, Bonet se dejaría guiar en el habla ordinaria (como Covarrubias y Ruiz) por el mismo principio práctico que defiende en la enseñanza: «Como no es otra la diferencia que en ser mas o menos fuerte aquel ceceo, para la locución del mudo no importa».

      En suma, encuentro indiscutible la afirmación de Amado Alonso de que, en el siglo XVI, «conservar o abandonar la sonoridad de la /z/ era entonces conservar o abandonar su entidad como signo». Pero no encuentro razones convincentes para mantener su arriesgada suposición de que «durante casi medio siglo —hasta Bonet, 1620— la oposición c : z siguió siendo funcio­nante después de haber perdido su marca única de oposición (la sonori­dad)»52. Los tratadistas (Villalón, en Castilla la Vieja, 1558; Ruiz, en Ma­drid, 1587; Covarrubias, en el Reino de Toledo, 1610, y Bonet, en Toledo, 1620) que describen la z como articulada con más fuerza que la ç, se dejaron llevar por prejuicios etimológicos y ortográficos, atrayendo por esta razón la censura de Correas. Creo que todos ellos, en su propia habla, eran seguros (Villalón, Ruiz, Covarrubias) o muy probables (los restantes) confundidores.

      Resumiendo, la fusión de /ç/ y /z/, que ya se había completado en Castilla la Vieja, invade en el último tercio del siglo XVI el habla cortesana de Madrid y Toledo, de tal manera que, en el último cuarto de siglo, incluso los maestros de escuela enseñan el uso no distinguidor, pues ellos mismos ya no conocen la diferencia. Sólo unos pocos gramáticos todavía defienden en­tre 1578 y 1584 la vieja oposición de sonoridad : sordez, frente a la confusión triunfante en el habla de todas las clases sociales. No hay que extrañarse, pues, de que en 1610 un lexicógrafo de la categoría de Covarrubias, en el reino de Toledo, sea incapaz de distinguir z de ç, o de que alguien como Ximénez Patón, en 1611, considere que los dos signos tienen la misma pro­nunciación. En resumen, «por los años de Bonet todavía no se había extin­guido del todo en algunos la conciencia tradicional de la dualidad c-z» (man­tenida por la distinción ortográfica y por prejuicios etimológicos), pero ninguno, ni siquiera el cortesano más conservador, era capaz de imaginar el «verdadero» sonido de z (que, algunos años antes, Velasco, Madrid, 1578, y Cuesta, Toledo 1587, todavía oponían correctamente al uso no distinguidor triunfante en ambas ciudades).

Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

NOTAS

39 Amado Alonso cree que la naturaleza africada de la /ç/ de Bonet (1620) puede deducirse también de la propia descripción que da Bonet de este fonema: «[...] hiriendo la lengua en los dientes inferiores y arrojando fuera de la boca, con alguna violencia, la respiración un ceceo suave y sutil»; «[...] la punta de la lengua pegada a los dientes inferiores». No creo que las expresiones «con alguna violencia» y «pegada a los dientes inferiores» sean suficientes para su­poner una /ç/ africada; por el contrario, esta última frase excluye la posibilidad de una articula­ción africada del fonema. Si hubiera una oclusión, tal oclusión no se produciría contra los incisivos inferiores, sino entre el dorso de la lengua y los dientes superiores. Bonet no podía haber dejado de indicar en su descripción un punto de contacto tan obvio. En una fricativa, sin embargo, el único punto de contacto de la lengua, cuando produce el «ceceo suave y sutil», es el descrito por Bonet.

40 Amado Alonso fuerza los datos, creo yo, cuando señala que «el toledano Covarrubias, 1610, iguala sin escrúpulo alguno z y c en posición inicial» (De la pronunciación, I, p. 392), en lugar de admitir que estamos ante un no distinguidor que, a causa de sus prejuicios librescos, todavía hace alguna concesión a la distinción ortográfica. Oudin, en 1619, vio claramente que el comportamiento de Covarrubias era prueba patente de que la pronunciación sonora de /z/ «n’est nullement Castillane» y de que z «a le mesme son» que c (véase después mi apartado «El cambio en la norma cortesana, visto por los gramáticos extranjeros»).

41 T. Navarro Tomás, «Doctrina fonética de Juan Pablo Bonet» en Revista de Filología Española, VII (1920), pp. 150-177.

42 Véase en A. Alonso, De la pronunciación, I, n. 233, la espléndida descripción que hace Bonet de la /ñ/, a pesar de que, para la enseñanza práctica, recomiende igualarla con la /n/ («quando juntare letras el mudo se le ha de dar a entender que es lo mismo que m>).

43 En el libro II (práctico) sólo señala de pasada: «quando este mas perito se le dará a entender que ay diferencia entre la z y la c en ser esta menos fuerte de pronunicar que aquella y formarse teniendo el mudo la punta de la lengua pegada a los dientes inferiores».

44 Correas insiste en este punto en numerosas ocasiones, cambiando cada vez algo la forma de estas observaciones polémicas.

45 Correas, que era un magnífico observador, va más allá de la fonología en sus minuciosas precisiones fonéticas, abarcando incluso rasgos de fonética sintáctica. Pero niega que estas diferencias deban reflejarse en la escritura, precisamente por el hecho de no ser «fonológicas», esto es, por su carácter «no arbitrario». Así, destaca la naturaleza fuerte de la d- inicial, frente a la -d- intervocálica y la -d final que son «floxas»; observa que «kasi... doblamos» la r ante l, n, y que r o s, ante rr, y s, ante s, casi desaparecen; nota que n, ante b o p, parece alterarse algo. Pero todos estos «leves afetos de konkursos» no son razón suficiente «para alterar letras» (como algunos hacen escribiendo mb, mp), puesto que «lo ke de suyo se haze, ello no a menester señal ni enseñarse», argumento realmente muy razonable. Al igual que estas adaptaciones fonéticas no son suficientes para destruir la identidad de cada fonema o «letra», tampoco las varias pronun­ciaciones regionales alteran su identidad: «La xe, los Extremeños la pronunzian mui espresa. La ze, kon alguna diferenzia diversas provinzias i personas. Mas todos estos diferentes afetos no konstituien diferente letra, ni es kausa de alterar la eskritura».

46 En su artículo «Cronología de la igualación c-z en español», Híspante Review, XIX, 1951, pp. 161-162. Pero en las propias Addenda a este artículo (p. 163) Amado Alonso cita el testimo­nio de Alexandro dé Luna (1620), y reconoce, consiguientemente, que «c y z sonaban en Toledo igual en 1620, año del libro de Bonet. Esta declaración descuenta mucho de mi explicación geográfica».

47 Natural de Almedina y vecino de Villanueva de los Infantes (de la que Almedina forma ahora parte legalmente).

48 Amado Alonso, extrañamente, interpreta que la «z griega» a la que se refiere Ximénez Patón es la ζ del griego. Comenta: «Nebrija, como luego Erasmo, sostenía y predicaba la pro­nunciación sd para la ζ; en los tiempos de Ximénez Patón la interpretación uniforme de la ζ era ds; luego lo veremos otra vez con Bonet. De este modo concuerda Patón con nuestros demás testimonios coetáneos de que la /ç/ guardaba aún, en pronunciación plena, su estructura de africada» (De la pronunciación, I, p. 323). Basta leer los ejemplos que cita Patón para ver que se refiere a la igualdad de pronunciación çapato = zapato. Su /ç/ no era africada, ni conocía una /z/ distinta de /c/; no podemos sorprendernos, como hace Amado Alonso, al ver que «no dice en la Ortografía una palabra de la z castellana, ni siquiera al hablar de la grecolatina».

49 Amado Alonso reconoce que, en este libro, la «anarquía ortográfica» de ç y z es completa. «En su propia escritura apenas usa de la letra z (el único uso regular es en posición final...). La mantiene unas pocas veces en los verbos dezir y hazer, que también escribe con q, y escribe naturaleça, sencillas, veces, etc.; y de pronto zapato, zedaço, zarça, zerzenar, zerilla, zezear».

50 Ximénez Patón, antes de publicar su Epítome de Ortografía (la aprobación es de 1611), había publicado en 1604 un libro sobre Eloquencia española, que, en su edición de 1621 (en el Mercurius Trimegistus), tiene el siguiente párrafo (que no hay razón para considerar una inter­polación a la primera edición, que no hemos podido consultar): «... los que comiençan o acaban en za, ze, zi, zo, como zaquizamí, zamarro, zapato, zedaço, çepillo, Mozo, Moza, Mazizo». Tal afirmación es una clara muestra de la completa indiferenciación entre /ç/ y /z/, según admite el propio A. Alonso, De la pronunciación, I, nota 225: «Observemos de paso que la entera confu­sión entre ç y z no está sólo en la ortografía, con posible atribución a la imprenta, sino en los ejemplos».

51 «El mas ordinario usar della [la z] es en las finales de las partes, que alli es larga y fuerte y por eso no acaba la palabra en c, sin virgula ni con ella, aunque se parezcan en el sonido, y en los principios de las partes pocas vezes se pone, si se escrive ortográficamente, y Antonio de Nebrija solo la hallo en quinze principios de vocablos». Bonet pone a Nebrija como prueba de que la z- inicial de palabra es rara, porque, en el fondo, el problema es «escribir ortográficamen­te» y no según la pronunciación.

52 Los libros impresos en la Corte en el primer cuarto del siglo XVII comprueban nuestra conclusión: «En las Novelas exemplares de Cervantes (Madrid, 1613) se desvían de la ortografía antigua aderezar, enzima, bozal, simplizidad, recien, rezelar, traza, enronquezer, trazista, quiza, trenzilla; en la Plaza Universal de Suárez de Figueroa (Madrid, 1615) se desvían, fuera del plaza del título, adelgaçar, trecientos, mazo, matrices, vacio, porqueçuela, cuecese, traza, brazo, real­zar, en el Teatro de las grandezas de Madrid de González Dávila (Madrid, 1623), Zamora, Zaragoça, Galicia, placia, yacian, regazo, alianza; en Los Cigarrales de Toledo de Tirso (Ma­drid, 1630), coraçon, açuzenas, apacible, aderezo, Salcedo, amenaçar, zelo, rezeloso, empieze, tropezo, pieza, poça, enriquezer, etc.» (según los datos recogidos por Cuervo en la Revue hispanique, II, 1895, pp. 43-44. Véase nota 333 de A. Alonso, De la pronunciación, I). La abundancia de faltas de ortografía en los libros de este período no sólo prueba la existencia de la confusión de /ç/ y /z/ en el habla de la corte, sino también que la antigua oposición se había olvidado ya incluso como base de la ortografía.

CAPÍTULOS ANTERIORES:  EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

ADVERTENCIA

1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

*   2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

*   3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

*   4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

*   5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

*   6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

*   7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

       Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

Imagen:Letra capitular  miniada Ç

7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

7.- 6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI)

6. LA CONFUSIÓN SE CONVIERTE EN NORMA DEL HABLA DE LA CORTE (FINALES DEL SIGLO XVI).   I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY.

      En la segunda mitad del siglo XVI, la disidencia de Castilla la Vieja gana terreno rápidamente.

      En contraste con los personajes çeçeo-zezeosos de la primera mitad de siglo, los gitanos que aparecen en escena en el teatro de la segunda mitad del siglo no distinguen las sonoras de las sordas 14.

      Así, en los Autos manuscritos del Códice de varios autores de la Biblioteca Na­cional de Madrid 15 anterior a 1578   16, los gitanos, esto es, «egipcianos», del Auto de la huida de Egypto (representado en 1576?) zezean siempre con z, tanto en lugar de /s/ como en lugar de /ss/17. Una práctica similar se encuentra en el Auto del finamiento de Jacobo (algo anterior?)18. En un paso representado en el Colegio de los Jesuítas de Sevilla en 1580 «salen dos Gitanillos, que son el amor sensual y el interesal, los quales hablan siempre c por s», y, efectivamente, ç (y nunca z) reemplaza a toda /s/ y a toda /ss/19. Un estado intermedio refleja la Comedia Aurelia de Timoneda, Valencia, 1564, pues en ella se intenta la distinción entre z (por /s/) y ç  (por /ss/) en el habla de los gitanos, pero hay confusiones como ze y dezeax20.

      Volviendo a los tratadistas. En Castilla la Vieja, donde sabemos que la confusión reina desde hace mucho tiempo, Cristóbal de Villalón (de Cuenca de Campos), profesor en Valladolid, aunque es incapaz de oír la oposición sorda-sonora en /ss/ : /s/ o /x/ : /j/, todavía quiere mantener, en 1558, estas distinciones acudiendo a reglas mnemotécnicas, pues su Arte o Gramática versa, según nos aclara en el prólogo, sobre «la costumbre y uso común de la lengua no corrompida»21. En cuanto a /ç/:/z/, sustenta una nueva teoría: c «usa della el Castellano con çedilla y... entonces vale tanto como media z»; z tiene «la mesma pronunciación que la c con çedilla dos vezes pronunçiada». ¿Se puede dar crédito a esta afirmación? Amado Alonso señala, con razón, que una valoración semejante de /ç/ y /z/ no pudo haberse hecho mientras siguieran siendo pronunciadas [ts] y [dz], «porque, a igual articulación, la sonora es más débil o ’floxa’ que la sorda» (p. 422). Si, además, recordamos lo ilógicamente que defiende Villalón la existencia de otros fonemas, que él mismo no distinguía en el habla22, nos inclinaremos decididamente a consi­derar esta distinción impresionista de /ç/ : /z/ como una fórmula vacía, que oculta a un no distinguidor23.

      En Madrid y Toledo, la práctica castellano-vieja de confundir la /ç/ y la /z/ fue imponiéndose en el habla descuidada de la mayoría a lo largo de esta segunda mitad de siglo24, hasta tal punto que, en el último cuarto del siglo XVI, había triunfado incluso entre los más letrados, con la consiguiente alarma de gramáticos y preceptistas.

      1578. Velasco (de Vinuesa, Soria, residente en Castilla la Vieja hasta la edad de treinta años), que vivió en Madrid y El Escorial de 1565 a 1598, da el primer grito de alarma al denunciar que, «de ser tan propinco y parecido el sonido», «de ser tan vezinas en el lugar y forma de pronunciarse», mucha gente iguala /ç/ y /z/, no sólo en la pronunciación, sino —y esto es lo malo— en la escritura: «Muchos, de no las pronunciar, no perciben la diffe­rencia dellas, y de no percibirla vienen con error a escrevir la una por la otra». Ello ocurría ya entonces «no solo entre gente sin letras, pero entre curiosos y obligados a saberlo». Ante esta situación caótica, Velasco rechaza el criterio fonetista de escribir como se pronuncia, que había predominado en el Renacimiento: «De la pronunciación, por andar tan confusa y estragada, no se puede hazer regla ni fundamento para la escritura», «no puede fiarse la escriptura de sola la pronunciación sin recurrir al origen que las palabras traen». Y, tras condenar a «los maestros que enseñan a leer y escrevir mal a los niños», insiste en que sean «enseñados a pronunciar el sonido verdadero de cada letra del alphabeto clara y distintamente, con fuerza de los labios y lengua». Al pedir que el habla se ajuste a la escritura y, a su vez, que la ortografía se ajuste a principios etimológicos, la exigencia de la distinción deja de hacer referencia a la realidad de una oposición fonológica y busca apoyo en reglas mnemotécnicas: muy pocas palabras comienzan con z; tras n y r, casi siempre ç,  los diminutivos y aumentativos llevan z; los verbos en -cer, con ç, «salvo hazer, cozer, iazer, y plazer», etc. ¿Qué prueba mejor que estas reglas para testimoniarnos que la neutralización ha sido aceptada com­pletamente por todas las clases sociales?25.

      1584. El toledano Cuesta sabía perfectamente distinguir la sorda /ç/, con «sonido rezio y doblado que la z», de la sonora /z/, que «tiene su sonido más floxo» (con idéntica oposición distingue /ss/ de /s/). Interesado, como Velasco, en la conservación de la pronunciación «verdadera», se detiene a describir con detalle incluso las pequeñas diferencias en el «punto» de articu­lación entre una y otra: la ç se pronuncia «allegando la lengua a los dientes y apretando los dientes algo, porque al tiempo que tornamos a abrir los dientes se haze de golpe el sonido della en la punta de la lengua y en los dientes», mientras que z se pronuncia «abriendo algo los dientes y metiendo la punta de la lengua entre ellos, que salga la lengua un poco fuera». A pesar de los principios etimológicos y antifonetistas de Cuesta (sustenta como norma la de que «a cada letra se le dé lo que es suyo»), creo que podemos aceptar su descripción de /ç/ como [ş], o mejor, quizá, [tş], y la de /z/ como [d].

      En cuanto a la sociedad en la que vivía, Cuesta nos informa que se había generalizado la indistinción en el propio Toledo. Con Velasco, censura du­ramente a los maestros de escuela por no exigir de sus discípulos la pronun­ciación correcta de cada letra, y los culpa del caos «porque de no tener cuen­ta los que enseñan [...] después vienen a dezir y escrivir çacharías [...] veci­nos, , hicimos [...] Vecerro, catorce y [...] amonestaziones, mozo [...] petizion, haziendo un rebolvimiento de la C y Z que ni saben que sonido tienen, ni lo que hazen, ni se entienden, que causa desabrimiento y descontento muy grande de los discípulos, enfado a quien les oye hablar o leer lo que escriven»26.

       1587. Confirmando las acusaciones de Velasco y Cuesta, el maestro de escuela madrileño Benito Ruiz muestra que en 1587 (o incluso bastante tiempo antes27) él mismo era ya incapaz de comprender las viejas oposiciones fonológicas del habla de la Corte, aún cuando el peso de la letra escrita le hacía tratar tímidamente de marcar alguna diferenciación entre /ç/ y /z/. Comienza por afirmar con decisión que «tres bozes tiene nuestra lengua que cada una dellas la exerçita con dos letras diferentes...; las bozes son de be, de çe, de je... La de çe se exercita con la que llaman çe con çedilla que es esta: ç, i con la que llaman zeda, que es esta: z». Pero, después, intenta justificar esa dualidad de signos defendiendo que estas tres «bozes» se representan con dos letras «porque se pronuncian algunas palabras con mas fuerça que otras, aunque es poca, i por otros rrespetos», y, al describir la z, insiste de nuevo en que «usa la mesma boz de çe, pero en algunas palabras muestra un poco de mas fuerça». Las demás notas distintivas que registra, basadas en el «punto» de articulación, nos convencen de la artificialidad de sus distinciones28. Él mismo reconoce lo forzado de su distinción al comentar que «tampoco en esto es todo çierto, porque se truecan estas dos letras muchas vezes, i muchas palabras que se escriven con esta z se pronuncian con esta ç, que suenan mejor por ser mas delgadas».

      Después de esto, no podemos sorprendernos de que, en el testamento de Ruiz, el escriba confunda completamente ç y z29. Benito Ruiz prueba que en Madrid «no solo entre gente sin letras, pero entre curiosos y obligados a saberlo» (como decía Velasco en 1578), /ç/ y /z/ no se diferenciaban la una de la otra. Resulta verdaderamente irónico que Cuesta y Velasco quisieran encargar a los maestros como Ruiz la tarea de restaurar el «verdadero» soni­do de /ç/ y /z/.

      Sólo como evidencia complementaria del avance del empleo de la fusión citaré el caso de Juan de Miranda, español residente en Venecia, del que no conocemos la región de origen. En 1565, Miranda nos muestra que conocía teóricamente la oposición /ç/ sorda : /z/ sonora, pero que era incapaz de distinguir la sorda y la sonora en el habla30.

      En suma, la confusión de /ç/ y /z/ de Castilla la Vieja, que, en la prime­ra mitad del siglo parecía ceñirse al habla regional familiar sin llegar a ame­nazar el imperio de la norma de Toledo, se deslizó subrepticiamente, después de la mitad del siglo, al sur del Guadarrama, arraigando en el habla de Ma­drid, e incluso de Toledo. Por los años 1570-1580, en la corte, incluso las clases más cultas habían aceptado ya la confusión como norma, para cons­ternación de unos pocos «ortógrafos» etimologizantes.

      La ortografía de los libros corrobora la imagen que hemos reconstruido a partir de los tratadistas: en la primera mitad del siglo XVI todos los impre­sores aceptan la norma toledana, habiendo, por ejemplo, «regularidad com­pleta en el Marco Aurelio de Guevara (Sevilla, 1531), en las Cartas de su contradictor Rhua (Burgos, 1549), en la traducción del Momo por A. de Almazán (Alcalá, 1553)». En cambio, desde poco después de 1580 algunas imprentas madrileñas publican libros con muchísimas cacografías: «En la Nueva Filosofía de la Naturaleza por Doña Oliva Sabuco (Madrid 1587) bacio y vacio (por vazio), blanquiço (por blanquizo), hacia (por hazia] partecita y leyecita (por partezita y leyezita), almorçar (por almorzar], azequia (por acequia);... en la Vida de S. Gerónimo de Sigüenza (Madrid, 1595) esparcir y satisfacer (por esparzir y satisfazer), cuentecillo y rosconcillo (que debieran llevar z31.

      Antes de que se manifestara en los libros, la desaparición de la distin­ción entre /ç/:/z/ en Madrid se reveló en los manuscritos. Citaremos como ejemplo llamativo el Aprecio de los bienes muebles, joyas, oro y plata, bestidos... de la magd. de la rreina nuestra señora, que esta en gloria 32 comen­zado en noviembre de 1568 y acabado antes del 3 de agosto de 1569 33 Sigue un resumen de las grafías g y z que aparecen en los fragmentos del inventario publicados por González de Amezúa34:

I. INTERVOCÁLICAS

l./z/ etimológica.

Falta de ortografía

2./ç/ etimológica.      

Falta de ortografía

hazer (haz-e, -en, -ella, -iendo, hizo, deshizo)              10

hacer (hicieron, deshacer)              2

cabeça (cabeça,-era, -adas, -ones)       6

cabeza (cabeza, -era)                    2

 

 

 

caza                     1

hazes                  1

fazetas                4

haçes                  2

pieça, entrepieça26

pieza                    2

doze                    4

dozientos             3

treze                   2

Alteza                  5

 

guarne-cido, -ición                   37 troços                   2
baçin                    1
caçoleta                1
parece                  1 Naçimiento            1
Adoraçion              1 Anunçiación           1
deboçion               1
servicio                 1
muçeta                 1

guarnezido            2



cazuela                 1

Naszimiento          1

lazos 2

azul 3

bazios 1

clabazon 1 caballeriza 1matizes                2

laços                    1

 

 

clabaçon               2

matices                 1

 



tapezeria              2 rrapazejos            1 botezillos             1

entapiçar               1

cofrecito                1

rriço, -ado            7

bocaçi                  1

 

bocazi                   1

 

 

 

guadamezies         1

II. INICIALES

1./z/ etimológica.

Falta de ortografía

2. /ç/ etimológica.

Falta de ortografía.

onze                  1

 

onça

onza                  11

quinze                6

 

ençima               6

enzima              2

 

catorce                1

lienço                 2

lienzo                1

arzón                  1

arçon                  1

Florençia             3

 

 

 

Francia-Francisco 5

 

 

 

prudençia           1

prudenzia           1

 

 

trençilla,

 

 

 

trançellin             2

trenzilla              1

 

 

cordonçillos        3

cordonzillos        1

 

 

botoncillos           1

botonzillos           1

 

 

maletoncillos       1

 

 

 

prinçipe               2

 

 

 

terçias                2

 

 

 

terciopelo          38

 

 

 

atonçalado          2

torzido                1

 

 

cenefa                2

zenefa                2

 

 

 

zerrar, zierra.

 

 

cerradura            1

zerradura            3

 

 

çint-a, -ura         6

zint-as, -os          2

 

 

 

zerco                  2

 

 

çielo                   2

zielo                   1

 

 

çafires                1

 

 

 

 

zapatos               1

 

 

çien, çiento         4

zien, ziento         7

 

 

çinco                 14

Zinco                  7

 

 

ciudad                2

 

 

 

 

zebellinas            1

      El Libro en que se asientan los remates que sé hazen de los vienes que quedaron de la reina35 nos da una visión complementaria del estado del ha­bla de Madrid. El archivero real Francisco Escudero, encargado de la subas­ta pública (comenzada el 11 de diciembre de 1569)36, y su sucesor Gregorio d’Olmedo (desde el 12 de septiembre de 1572 en adelante)37 están más aten­tos a la ortografía tradicional que el registrador del Inventario. Pero en los fragmentos de la Venta Pública editados por González de Amezúa 38 aparece un número considerable de faltas de ortografía:

      Vecinos (12 diciembre 1569), cabezera (19 diciembre 1569), honza dos veces (9 octubre 1570), Luçero (13 enero 1571), honce (17 enero 1571), vecino (18 enero 1571), boteçillos dos veces, caballeriça (12 febrero 1571), caballeriça (6 marzo 1571), honce, açul (2 abril 1572), brazete, onzas, maneçitas, maneçillas (24 abril 1572), açabache (26 abril 1572), onzas (30 abril 1572), maneçillas tres veces, vecino, catorce (14 mayo 1572), doçientos (10 julio 1572), enzima dos veces (12 septiembre 1572), trenzillas (13 octubre 1572), lazos (23 diciembre 1574), maneçillas (?). Cacografías a las que hay que añadir el nombre propio Quiçedo ~ Quizedo, escrito cuatro veces con ç y dos con z.

Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

NOTAS

14 El caso de z por /ss/ (zeñora) que se encuentra en la Comedia Eufemia de Lope de Rueda, Sevilla, 1576 (cfr. la edición en «Clásicos Castellanos» de la Lectura, 1924, de J. Moreno Villa), no debe atribuirse al año de la composición, sino al año de la impresión. Por lo demás, si creyésemos que Cotarelo utilizó la edición princeps, el razonamiento habría que referirlo a la versión de Valencia, 1567 (Obras de Lope de Rueda, ed. Academia Española, Madrid, 1908). En las dos ediciones sólo los primeros parlamentos de los gitanos muestran zezeo (limoznica, Dioz, prozperada); en los restantes se usa la s. No hay casos de ç por /ss/.

15 L. Rouanet, Colección de autos, farsas y coloquios del siglo XVI, I-V, 1901.

16 El Auto de la Resurrección de Christo, copiado algún tiempo después que los que ahora ocupan nuestro interés, incluye una licencia para su representación en Madrid fechada el 28 de marzo de 1578.

17 Por ejemplo: azemilon, rezuzitar, deziendo, zeñorez, mezon, oz, zoy, graçiosa, grazioza, zazon, ezta, zoziega, etc. Sin embargo, la grafía ç aparece alternando con z en el caso de /ç/:/z/, pero abundan los errores (véase Rouanet, II, p. 374). La fecha de representación es una deduc­ción de Rouanet, IV, p. 227: «Un auto que pourrait être la même que celui de nôtre recueil fut représenté  à Séville en 1576 (S. Arjona, Anales, p. 56)».

18 Ejemplo: Pazqua, roza, coza, donoza, cazado, limoznica, pienzas, avizado, zabraz, zeraz, manzo, etc. La grafía ç aparece, por su parte, en landreçilla, paresçen, pedaço, maliçioso, etc. (Véase Rouanet, I, pp. 207-210).

19 Véase A. Alonso, «El ceceo y seso españoles», Boletín del Instituto Caro y Cuervo, VII, 1951, p. 193.

20 En la edición facsímil de Turiana: Colección de comedias y farsas que sacó a luz Juan de Timoneda, Madrid, 1936, los gitanos de la Comedia Aurelia siempre emplean z por /s/ (Dioz, gitanoz, frezcura, dezdenez, limoznica, etc.; roza, caza, camizon, graziozica, etc.). Pero, en lugar de /ss/ encontramos a veces ç (ce, çomoz, en dos casos), otras, z (ze, dezeaz), y ocasionalmente s.

21  Respecto a la oposición /ss/:/s/ ofrece la regla de que «quando la s está entre dos vocales semejantes... entonces es neçesario que doble la s...». Véase A. Alonso, De la pronunciación, I, n. 299. Cfr. también la nota 300, sobre /x/:/j/, donde encontramos que: «la x en el castellano tiene la mesma pronunçiación en el vocablo que tiene la y larga... porque poca differencia haze dezir jarro o xarro, jornada o xornada, porque todo se halla escripto en el Castellano», y, sin embargo, Villalón aún trata de distinguirlas: «Verdad es que algo mas áspera se pronuncia la x que la/..».

22 Como A. Alonso, observa [De la pronunciación, I, p. 423), Villalón consigna el carácter aspirado de la h-, que era característico del habla toledana, pero que hacia 1540 era ya descono­cido en Castilla la Vieja según testimonio de fray Juan de Córdoba (véase atrás, notas 10 y 11); sin embargo, lo ilustra absurdamente con la h de hombre (de carácter exclusivamente gráfico, debida a criterios etimologizantes). Sus reglas sobre /ss/:/s/ (véase la nota anterior) son inexac­tas. Aunque describe la oposición de /b/:/v/ como [b]:[b], sostiene equivocadamente que el que quiera escribir bien «dirá xavon y no jabón» (cuando lo correcto sería xabon).

23 El testimonio de otro norteño, algo posterior, nos indica que los más cultos eran incapa­ces de poner en práctica la norma toledana. Se trata de un vasco, Pedro de Madariaga, que escribe en Valencia 1565 (quien copia mucho, especialmente a Nebrixa y Vanegas). Sabía teóri­camente que «siempre que pronunciaremos la c en toda su fuerça y rigor se pone c» y «quando la  no trae su entero sonido, sino que viene con mayor suavidad y dulçura, entonces echaremos z.». Pero de los tres ejemplos con los que trata de ilustrar su regla, uno es erróneo: azibar.

24 El Inventario de los bienes de la reina Doña Isabel de Valois, escrito hacia la época de su muerte (Simancas: Casa Real, leg. 24, núm. 2) nos proporciona un buen testimonio sobre el avance del sistema de Castilla la Vieja en el habla de la Corte en 1569. La transcripción de A. González de Amezúa del documento, Isabel de Valois, Madrid, 1949, III. p. 535, es digna de toda confianza. Volveremos sobre esta importante muestra del habla popular de Madrid más adelante.

25 ¿Daría el «verdadero» sonido a /ç/ y /z/ en su propia habla este castellano-viejo? Según sus detalladas descripciones, /ç/ y /z/ debían pronunciarse «arrimada la parte anterior de la lengua a los dientes», «no apretados, sino de manera que pueda salir algún aliento y espíritu»; pero con una pequeña diferencia en el «lugar» de articulación: «la estremidad» de la lengua estaría en el caso de /ç/ «casi mordida de los dientes», y en el caso de /z/ «no tan apegada», «arrimada a los dientes pero no metida entre ellos»; y con otra diferencia en el «modo» de pronunciación: el «espíritu» o aliento en /ç/ «a de ser blando y lleno», mientras que «si se esfuerça y adelgazándose sale con algún zumbido o silvo, conviértese en la voz y sonido de la z».
    Si nos atrevemos a afirmar que en su descripción nuestro «ortógrafo» atendió efectivamente a cómo se pronunciaba y no a cómo se debía pronunicar y creemos que describió la práctica real, ¿cómo interpretar la oposición? Analizando, sin prejuicios, las diferencias destacadas, po­dríamos afirmar que corresponden a una oposición del tipo [θ ]:[d], no diferente de la conservada hasta época moderna en extensas zonas de la Extremadura leonesa y castellana. Pero no olvi­demos su afirmación de que «el bien hablar... no lo es sino adquirido y procurado» y que «la pronunciación verdadera de las letras... no siempre se percibe por la oreja», sino que está deter­minada por «la escriptura».

26 Según la interpretación de A. Alonso, De la pronunciación, I, pp. 302-303, 381, los niños toledanos, y no los adultos, practicaban la confusión, lo cual indicaría que la no distinción «en la tierra de Juan de la Cuesta era reciente». Esta suposición de A. Alonso se basa en los siguien­tes comentarios de Cuesta: «Hase de tener muy gran cuenta que en esto de las pronunciaciones desde luego sepan los niños distinguir el sonido de la c a la z, porque ordinariamente (si bien se mira) hallaran que muy pocos niños hazen diferencia en pronunciar estas dos letras, es la causa no mirar los que enseñan al principio en ello»... «porque de no tener cuenta los que enseñan y quererse escusar del trabajo de hazer a sus niños o discípulos bien pronunciar esta letra a dife­rencia de la c, después vienen a dezir y escrivir [...]». No creo que Cuesta quisiera destacar aquí la existencia de una diferencia generacional en la pronunciación de /?/ y /z/. Dirige su ataque a los maestros de la escuela primaria, convencido, como los ortógrafos de todas las épocas, de que la corrección del lenguaje está en las manos de los que enseñan a los niños. Inquieto por el caos fonético y ortográfico que veía a su alrededor, deseaba remediar el mal atacándolo en su base. Cuesta, en esto, no hace sino seguir a Velasco (como A. Alonso reconoce, De la pronunciación I, pp. 299-300).

27 En 1587, Benito Ruiz era ya un hombre maduro (murió en 1605) cuando escribe, en la «dedicatoria» de su Declaración, que su libro era «el primer fruto de mis obras». Quizá sus observaciones sobre la fusión de /ç/ y /z/ sean válidas para los mismos años que las de Velasco.

28 Su descripción de /z/ «no es satisfactoria», según ya concluye A. Alonso (De la pronun­ciación, I, p. 308): «forma su boz mas en medio de la lengua i dentro de la boca que la c, con cedilla, haziendo la lengua çerto temblor y tocando en las muelas de la derecha mas que en las de la izquierda, i casi no se siente si toca en las enzias de arriba». La información adicional de que «su boz es a manera del ruido que haze el abejón o moscón» está tomada de Alexo de V anegas, el autor más frecuentemente citado en la Declaración (como indica A. Alonso, De la pronunciación, I, p. 307).

29 Según A. Alonso (p. 308), que cita: zarza, raçon, vecinos, juicio, çorrilla, laçaro, etc.

30 Su observación de que debe escribirse dança y fuerça, «e non danza ne fuerza, che haverebbe cattivo suono in Spagnuolo», sólo denota un conocimiento teórico de la oposición sonori­dad: sordez. En la práctica se muestra incapaz de percibirla. La norma de que ç= ital. z, z= ital. zz, que nos da, olvidando la dualidad de z «aspra» : z «dolce», no tiene fundamento en la realidad; pero es verdaderamente significativo que apoye esta norma con ejemplos erróneos, comparando (contrariamente a la costumbre «toledana») la z castellana con la zz en asprezza durezza, dulcezza (que es sorda).

31 En su nota 331, A. Alonso, De ¡a pronunciación. I, reproduce la lista procedente de Cuervo, Revue hispanique, II (1895), pp. 43-44.

32 El manuscrito está en Simancas (Casa Real, leg. 26, núm. 2: cuaderno de 64 páginas).

33 Fourquevaux, en una carta a Catalina de Médicis, fechada en Madrid, el 18 de noviembre de 1568, se refiere al comienzo del inventario de bienes de Isabel de la Paz. El 2 de agosto, 1569 una vez que se completó el inventario, el guarda-joyas de la Reina Isabel se hizo cargo de todas sus pertenencias. El nombre del notario que figura en el inventario nos es conocido: «A los herederos de Alonso Verde de Castilla 39286 mrs... que los hobo de haver por 86 días que se ocupo en hazer el ynventario y aprecio de los bienes de la dicha Serenissima Reina doña Ysabel y por la escritura del aprecio de los bienes y ropas del». Quizá otros le sucedieron en la actividad después de su muerte.

34 A. González de Amezúa, Isabel de Valois, 1949, III, pp. 535-551, publicó amplios frag­mentos de este inventario, trascritos fielmente. (En toda la obra las grafías de los documentos citados son cuidadosamente respetadas, actitud desgraciadamente poco frecuente en los histo­riadores españoles). En mis cómputos de ç y z  prescindo de las adiciones al inventario que se hicieron después de que los artículos catalogados fueran entregados al guarda-jovas de la reina el 2 de agosto de 1569.

35 Encontrado en Simancas (Casa Real, leg. 38, núm. 1) en un legajo manuscrito de 166 pliegos numerados. Véase A. González de Amezúa, Isabel de Valois, 1949, II, n. 311.

36 «En la villa de Madrid, a honze dias del mes de diziembre de mill y quinientos y sesenta y nuebe anos [...] por quanto [...] es a su cargo hazer el almoneda de los vienes [...] de [...] la reina doña Ysabel, nombro a mi, Francisco Escudero, por escriuano ante quien pasen los autos rremates y todo lo tocante y dependiente de la dicha almoneda [...].»

37 «En Madrid a doze dias del mes de septiembre de mili e quinientos e setenta e dos años, por ante mi, Gregorio Dolmedo, escribano desta corte[...].»

38 A. González de Amezúa, Isabel de Valois, 1949, III, pp. 554-573, reproduce algunos fragmentos de este manuscrito en los que se dan detalles de la lenta subasta.

CAPÍTULOS ANTERIORES:  EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

ADVERTENCIA

1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

       Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

Imagen:Letra capitular Ç

6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

6.- 5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO

5. LA FALTA DE DISTINCIÓN /Z/ : /Ç/, REGIONALISMO CASTELLANO - VIEJO. I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

      Durante la primera mitad del siglo XVI la situación es clara. Todos los tratadistas españoles aceptan la oposición, heredada de la Edad Media, entre una z sonora y una ç sorda: el andaluz Nebrixa (1481-1517), Alexo de Vanegas (1531), Antonio de Torquemada en Benavente (h. 1535), y el toledano, aunque expatriado, Valdés (h. 1535).

      La persistencia de estos dos fonemas claramente distintos se revela tam­bién (en contraste con lo que más tarde ocurre) en la pronunciación defec­tuosa de los hablantes çeçeosos utilizados como tipos cómicos en el teatro. Su testimonio es especialmente significativo, ya que las grafías z (</s/) y ç (</ss/) no pueden, en este caso, ser debidas a la presión de la norma escrita.

      Hacia 1528, Jaime de Huete (aragonés), en su Comedia Thesorina, saca en esce­na a un fraile ermitaño «çaçeador» que pronuncia las sordas s- y -ss- con çeçeo y las sonoras -s y -s- con zezeo6. En 1521 (o 1525) Gil Vicente presenta, en su Auto de hũas ciganas, unas gitanas que hablan español y que pronuncian /ss/ con çeçeo y /s/ con zezeo6. En su Auto de Lusitânia, 1532, Venus, que habla como gitana, usa çeçeo  y zezeo7, manteniendo la distinción entre sorda y sonora8. Diego de Negueruela (búrgales), en su Farsa Ardamisa (1530), también intenta hacer la distinción entre çeçeo y zezeo9.

      Pero la general aceptación de esta norma lingüística en el español escrito no supone que la distinción fuera practicada por todos los hablantes en toda España. Un inapreciable comentario de Fray Juan de Córdoba sobre las di­ferencias del español de Castilla la Vieja y Castilla la Nueva nos revela que, en la primera mitad del siglo XVI, existía una neta oposición entre Toledo, donde hazer (y jugar, etc.10) se pronunciaba de acuerdo con el español nor­mativo, y Castilla la Vieja, donde lo común era la pronunciación revolucio­naria (h)acer con c sorda (y xugar, etc.11). Indudablemente, esta información es válida para 1540, en que fray Juan de Córdoba abandonó España para trasladarse al Nuevo Mundo.

      La información de fray Juan de Córdoba viene a ser confirmada (h. 1535 12) por Torquemada, en Benavente, quien conocía y respetaba la norma toledana (ç  «echando el huelgo y pronunciación con fuerza»; z «más blanda y amorosamente [...] con la mitad de la fuerza menos que habéis pronunciado la C»; «muy grosero ha de ser el que no diferenciare la fuerza de la C de la blandura de la Z»), pero que denuncia la confusión como un hecho socialmente bien asentado: ç y z «se parecen casi tanto en el sonido de la pronun­ciación como la B y la V» —las cuales él mismo reconoce no distinguir en el habla13— «de manera que muchas personas no saben diferenciarlas, y mu­chas veces hallaréis puesta la una por la otra». (También denuncia la confu­sión de /j/ y /x/, y no reconoce diferencia entre /s/ y /ss/).

Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

NOTAS

6 Véase R. Menéndez Pidal, «Sevilla frente a Madrid. Algunas precisiones sobre el español de América», en Estructuralismo e Historia. Miscelánea-Homenaje a A. Martinet, III, ed. D. Catalán, «Biblioteca Filológica», La Laguna: Universidad, 1962, pp. 99-162 (en preparación cuando se redactó por primera vez este artículo).

7 El año 1521 es la fecha que la edición princeps de 1562 asigna a la obra. Los historiadores portugueses (Bramcamp, Michaelis, etc.) prefieren, sin embargo, fecharla en 1525. (Véase A. Alonso en Boletín del Instituto Caro y Cuervo, VII, 1951, p. 190, n. 79).

8 El autor supone que la diosa viene de Egipto, por eso habla con el ceceo característico de los «egipcianos» o gitanos.

9 La gitana de la Farsa llamada Ardamisa (1530?, 1550?), del burgalés Diego de Negueruela, requiere especial consideración, pues habla con çeçeo y zezeo, aunque con algunas confusiones. Esta distinción imperfecta entre ç< /ss/ y z < /s/ se debe al hecho de que el autor, al ser burgalés, no practicaría en su habla la distinción «toledana», aunque la admitiese como norma en una dicción correcta y procurase ajustarse a ella en la escritura. Negueruela, al tratar de distinguir /z/ de /ç/ y /s/ de /ss/, comete errores no sólo en la grafía, sino también en las rimas (A. Alonso, De la pronunciación, I, p. 447, consigna tres casos de /z/ rimando con /ç/ y seis de /s/ rimando con /ss/).

10 Las otras voces toledanas utilizadas por fray Juan en su comparación son hierro y halagar.

11 "Nuestro «etc.» incluye las dos voces castellano-viejas yerro y alagar que ejemplifican la pérdida de la aspiración de la h-, que el habla toledana aún conservaba. Otra característica del habla de Castilla la Vieja, no mencionada por Córdoba, pero que nos consta por otros testimo­nios, era la confusión de /v/ y /b/, frente a la correcta distinción de ambos fonemas en el habla toledana.

12 A. Alonso, De la pronunciación, fecha el Tratado llamado Manual de escribientes hacia 1560, sin explicaciones. R. Menéndez Pidal propone fechar el Manual de escribientes hacia 1532, pues Torquemada habla de la Orthografia de Alexo de Vanegas (Toledo, 1531) como un libro nuevo que conoce sólo por una carta del mismo Venegas. Sabemos que poco antes de 1528 Torquemada estuvo en Italia («yo conoci en Italia... el astrólogo de Chari... a un amigo mio le dixo que se guardasse del año de veynte y ocho», Jardín, fol. 47r); y que «sometime after 1530, Antonio returned to Spain and took up residence in the village of Benavente, where he was to remain for the rest of his life as secretary to Antonio Alfonso de Pimentel, Count de Benavente» (J. H. Elsdon, On the Life and Work of the Spanish Humanist Antonio de Torquemada, «Univ. of California Publications in Modern Philology», XX, núm. 3, pp. 127-186. A. González de Amezúa, en el prólogo de la edición de Madrid, 1943, del Jardín de Flores curiosas, infiere erróneamente de los textos citados que Torquemada «hacia 1530 ó 1531 se embarca en uno de nuestros puertos mediterráneos con rumbo a Italia»). El Manual está dedicado a su señor, el duque de Benavente, y tiene en cuenta el «uso y costumbre de la casa de Benavente», Torquema­da se refiere a sí mismo, en sus Coloquios Satíricos, como secretario del duque.

13 «[...] hallareis muy pocos hombres que sepan diferenciarlas y que dejen de errar algunas y muchas veces, poniendo la B por V y la V por B; y en esto también pecan los que algo entienden como los que no saben nada: que yo confieso mi pecado de que no dejo de tener algún descuido para esto por inadvertencia» (cfr. A. Alonso, De la pronunciación, I, p. 30).

CAPÍTULOS ANTERIORES:  EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

ADVERTENCIA

1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

*   5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

       Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

Imagen:Letra capitular  miniada Z

5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

5.- 4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO?

4. ¿PROPAGACIÓN DE UN CAMBIO FONÉTICO O DE UN SISTEMA FONOLÓGICO? I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

      Amado Alonso concibe el ensordecimiento de /z/ como un cambio fo­nético que acaeció en el español de base toledana en el último tercio del siglo XVI, alrededor del año 1580. Amado Alonso no desconocía el hecho de que, dialectalmente, en el español regional de Castilla la Vieja, el «cambio» había tenido lugar algún tiempo antes (se había completado ya en la primera mitad del siglo XVI, cuando menos). ¿Es apropiado, entonces, hablar de que en Toledo la articulación /z/ sufrió una evolución fonética? Me parece mucho más ajustada a la realidad la explicación de que una «norma innovadora» procedente de Castilla la Vieja, un «sistema» carente de sibilantes sonoras, logró imponerse en Madrid y Toledo a lo largo del último tercio del siglo XVI desplazando al viejo sistema propio de la corte toledana. No asistimos, por esas fechas, a la transformación de la /z/ toledana, sino a la imposición en el centro de España de unos hábitos lingüísticos venidos de fuera de esa área.

Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

CAPÍTULOS ANTERIORES:  EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

ADVERTENCIA

1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

       Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

Imagen:Letra capitular  Z Camelot

4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

4.- 3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?

3. ¿PROCESO FONÉTICO O CAMBIO FONOLÓGICO?. I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

       «En las sibilantes, la sonoridad se perdió en el último tercio del siglo XVI; hacia 1580 es cuando más se precipita este cambio fonético, según rimas y gramáticos. La relación fonética de z y c es, desde entonces hasta después de 1620, de [ş] a [ŝş] (con variedades en el timbre, entre siseante y ciceante). En este período todo el mundo las confunde o las iguala, pero al mismo tiempo muchos las siguen distinguiendo con los nuevos soportes ma­teriales. Para éstos, y durante casi medio siglo, la oposición c-z siguió sien­do funcionante después de haber perdido su marca única de oposición (la sonoridad), gracias a que la antigua diferencia concomitante fuerte-lene ha­bía producido una diferencia nueva: la presencia o ausencia de detención de aire [ŝş]-[ş], usada ahora intencionalmente como oposición de signos» (A. Alonso, De la pronunciación, I, pp. 385-386).

      La suposición de que existió un período durante el cual /ç/ y /z/ per­manecieron de alguna manera distintos después del ensordecimiento de /z/ es una de las deducciones más importantes de Amado Alonso; en ella se basa su cronología de los otros procesos: el de la fricación, el de la interdentalización o «ciceo», y el del «ceceo» o confluencia de /s/ y /ss/ con /z/ y /ç./, respectivamente. Sin embargo, creo necesario rechazar esa deducción.

      La hipótesis de Amado Alonso se basa en una concepción del proceso de ensordecimiento que no puedo compartir:

     La /z/ «pocos años después de este proceso [fricación] sufrió otro de ensordecimiento, común a las tres sibilantes sonoras (z, s, j). Ambos entran igualmente en el general ablandamiento articulatorio que sufrió el español en el siglo XVI. Las sibilantes sonoras tienen rehilamiento (o temblor local): una vibración adicional [...] al rozar el soplo en el punto de articulación las mucosas de la lengua [...]. En el general ablandamiento del habla, este soplo debió hacerse insuficiente para el rehilamiento, y la glotis fue parejamente proveyendo de más soplo con una creciente abertura supletoria; el soplo siguió así acudiendo en abundancia, pero implicó la supresión de las vibra­ciones laríngeas» (A. Alonso, De la pronunciación, I, pp. 379-380).

      No creo que el ensordecimiento de /z/, /s/ y /j/ y su confusión con /ç/, /ss/ y /x/ pueda ser explicado por una evolución en el habla. Es cierto que los cambios fonéticos ocurridos en el habla pueden trastornar la estructura fonológica de una lengua, venciendo con facilidad la resistencia que ofrece el sistema; pero los cambios de origen sintagmático se basan en la tendencia a asimilar, lo más posible, las articulaciones a su entorno fonético. Me parece incorrecto atribuir a la inercia articulatoria, que conduce a la lenición, un fenómeno como el ensordecimiento de -z-, -s- y -j- intervocálicas, cuando precisamente el entorno, siendo vocálico, favorece la sonoridad4.

En mi opinión, el cambio no tiene su origen en una relajación articulato­ria surgida en el habla (que secundariamente habría afectado gravemente al sistema, al amenazar toda una serie de oposiciones: /z/:/ç/, /s/:/ss/ y /j/:/x/). No se trata, creo, de una evolución fonética, sino de una crisis fono­lógica, nacida en el sistema y no en el sintagma. A mi parecer, André Martinet ha sacado este capítulo de la historia del español del callejón sin salida en que se hallaba, al atribuir la pérdida de las oposiciones /z/:/ç/, /s/:/ss/ y /j/:/x/ a causas fonológicas y no fonéticas5.

Diego Catalán. El español. Orígenes de su diversidad (1989)

NOTAS

4 Si el ensordecimiento se debiese, como piensa A. Alonso, De la pronunciación, al «rehila­miento» (sobre este término empleado por los fonetistas españoles véase A. Martinet, Économie des changements phonetiques, «Bibliotheca Románica», Berne: A. Francke, 1955, pp. 2-36), ten­dríamos que esperar, paralelamente, el ensordecimiento de /v/, dado su carácter claramente «rehilado».

5 A. Martinet, «The Unvoicing of Old Spanish Sibilants», Romance Philology, 5 (1951-52),-pp. 133-156. Incorporado a Économie, pp. 297-325.

CAPÍTULOS ANTERIORES:  EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

ADVERTENCIA

1.- EL ESPAÑOL. ORÍGENES DE SU DIVERSIDAD

I ORÍGENES DEL PLURALISMO NORMATIVO DEL ESPAÑOL DE HOY

2.-1. EL FIN DEL FONEMA /Z/ [DZ - Z] EN ESPAÑOL

3.- 2. EL FIN DEL FONEMA /Z/

       Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

Imagen de portada:"Ç" a la manera del siglo XVI de "Book of Hours, Ms. Library of Congress. Rosenwald" ms. 10 (1533), de www.fromoldbooks.org