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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

10.- 4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA

 

4. LA PRIMERA SECUENCIA DEL ROMANCE UTILIZADA EN 1613 POR VÉLEZ DE GUEVARA. II PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

     unque el romance nunca fuera impreso en el Siglo de Oro, a comienzos del si­glo XVII era suficientemente conocido del público que asistía a las representaciones teatrales como para que Luis Vélez de Guevara, en una comedia de tema folclórico, La Serrana de la Vera (que se conserva autógrafa), escrita bien en 1603, o bien en 161353, decidiera recurrir a la primera secuencia del poema tradicional para construir una escena dramática en que un supuesto testigo cuenta la muerte del prínci­pe y para que en ese relato dejara caer, de cuando en cuando, un verso del roman­ce tradicional (Acto 2° w. 1629 y ss. de la «tragedia»):

D. Garz.         Luego en llegando me aprobó el consexo,
           1630  aunque llegué a ocasión a Salamanca
                    para España bien trágica.

Capitán.                             ¿En qué estado
                    queda el príncipe?

D. Garz.                                 Oydme con cuydado.
                    Después que de la carrera
                    de aquel caballo, que a España

           1635  fue el de Troia, pues a sido
                    de tan gran desdicha causa,
                    quedó
el príncipe don Juan
                    tan
enfermo en Salamanca,
                    de su mal lograda vida

           1640  con tan pocas esperanzas,
                    Fernando y doña Isabel,
                    la jornada de Granada
                    dexando, dieron la buelta
                    a llorar tan gran desgrazia.
          
1645  Siete dotores lo curan,
                    y entre ellos el De la Parra,
                    nuebo Galeno español
                    que a Esculapio se adelanta.

                    Todos hasta el catorzeno
          
1650   la vida al príncipe alargan,
                     y el De la Parra una noche
                     le dize tales palabras:
                    
«Muy malo está vuestra alteza,
                     don Juan, Príncipe de España;
           1655   al cuerpo faltan remedios,
                     acúdanse a los del alma.
                     La muerte a nadie perdona,
                     que de los reyes las guardas
                     atropella y no respeta

           1660   como maior rey la manda.
                     Tres oras tenéys de vida
                     y la una ya se pasa,
                     que de la vida es el pulso
                     el relox que las señala.

           1665   Quien os engaña, no os quiere,
                     y a quien oy os desengaña
                     debéys más, que las lisonjas
                     aquí no sirben de nada.
                     Sin herederos vox dexa

           1670   el cielo: secretas causas
                     debe de aver que lo ordenan,
                     que en la tierra no se alcanzan.
                     El reyno, por vuestra muerte,
                     queda a la señora infanta;
           1675   anpare Dios a Castilla
                     y a bos os perdone el alma».
                     Valor mostrando, responde
                     el príncipe al De la Parra:
                     «Con ser la verdad primera
           
1680   que me han dicho, no me espanta.
                      Natural cosa es la muerte;
                      sólo me aflige la falta
                      que puedo hazer a Castilla,
                      aunque dexo tres hermanas;
           
1685   pero Dios, que determina
                      que muera, sabrá anparalla
                      con herederos que inporten
                      más a su yglesia romana.»
                      Y recibiendo de nuebo

            1690   los sacramentos, dio el alma
                      al zielo, luto a Castilla
                      y general llanto a España.

      El efecto buscado por Vélez de Guevara está claro. En medio del lenguaje típico de la comedia del siglo XVII, los versos tomados de la tradición oral resaltan por su di­ferente troquel, constituyendo llamadas de atención del autor al público ante quien se representaba la obra para que se percate del recurso literario consistente en la utilización en las tablas por la poesía cortesana de la literatura colectiva popular, que todos conocen porque viene siendo cantada y transmitida oralmente a través de los tiempos.

      La constatación de que a comienzos del siglo XVII se cantaba el romance de la Muerte del príncipe don Juan fue hecha en 1916 por el matrimonio Menéndez Pidal al editar la comedia autógrafa de Vélez54, pero pasó inadvertida a Bénichou. Gracias a ella sabemos que, como era de esperar55, los «siete doctores» y «el De la Parra» eran parte integrante de la historia romancística desde tiempos lejanos y que el pronóstico de las tres horas escasas de vida («tres oras tenéys de vida      y la una ya se pasa») era ya la fórmula tradicional56 empleada para anunciar la inmediatez de la muerte del príncipe y no una creación poética tardía.

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

53 Ms. R-101 de la Biblioteca Nacional, Madrid. El manuscrito autógrafo, firmado por el autor al final de los dos últimos actos, fecha la «tragedia de la Serrana de la Vera» «en Valladolid a 7 [sin mes] de 1603». Lleva, además, el envío «Para la señora Jusepa Vaca». Como M. A. Buchanan señaló en su breve reseña de la ed. Menéndez Pidal-Goyri de la «tragedia» (MLN, XXXII, 1917, 423-426), nos consta que el 25 de agosto de 1603 el marido de Jusepa Vaca, Juan de Morales, cobraba en Valladolid, sede de la Corte, 600 reales, de orden de la reina, por dos comedias representadas en su presencia (BHi, IX, 1907, p. 368). Es de notar, sin embargo, que al principio de las tres jornadas, después de la invocación «Jhesus, María, Jhosé», Vélez escribe los nombres «Luys [el suyo propio], Úrsola [el de su segunda mujer], Francisco [?], Juan [el de su hijo nacido en 1611], Antonio [el de su hijo bautizado el 1 de enero de 1613]», dato este que, unido a la afirmación de Luis Vélez, en un memorial dirigido a Felipe IV, de que su llegada a Valladolid (después de servir a Felipe III en Italia Oriente y Argel) se produjo «la misma noche del Viernes que para dicha del mundo vos nacéis y Cristo muere» [Viernes Santo, 5 de abril de 1605] torna problemática la relación del manuscrito autógrafo con la fecha en él señalada (cfr. la ed. Menéndez Pidal-Goyri, cit. en la n. 54, pp. 125-127). E. Rodríguez Cepeda en su edición de La serrana de la Vera, «Aula magna» (Madrid: Alcalá, 1967), admite como lectura del autó­grafo el año 1613 y no el de 1603 y argumenta en favor del año 1613, utilizando criterios métricos y el de que «Vélez estaba en Valladolid este año, de paso para las fiestas de Lerma, y Jusepa y su marido, Juan de Morales, preparaban viaje para esta ciudad en la misma fecha» (p. 17).

54  Luis Vélez de Guevara, La Serrana de la Vera, ed. R. Menéndez Pidal y Ma Goyri de Menéndez Pidal, en «Teatro Antiguo Español. Textos y estudios». I, Madrid: Centro de Estudios Históricos, 1916, pp. 157-159. Aparte de lo comentado en esas páginas, en el texto de la «tragedia» los editores destacaron en cursiva varios versos que consideraban de procedencia romancística.

55  Bénichou, Creación poética, p. 100, sin conocer la referencia de Vélez de Guevara, había observado con respecto a la primera secuencia del romance, que «este comienzo, si es antiguo, como parece por su presencia en toda la tradición, atestigua una poetización temprana del relato de la muerte de don Juan, efectuada según las normas propias del estilo tradicional. Lo demuestran la ausencia casi completa de datos sobre la enfermedad del protagonista, el uso de números tradicionales (cinco doc­tores, tres horas), los detalles contrastados (muchos médicos alentadores, uno pesimista...), la increíble precisión del pronóstico».

56  Bénichou se asombraba de que el pronóstico únicamente «quede formulado racionalmente en una sola versión», la que dice «tienes tres horas de vida,    cuatro con la comenzada», mientras que «ha triunfado umversalmente en la forma ilógica», representada por el verso «tres horas tienes de vida,    hora y media ya pasada» (y semejantes).

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

*   5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

*   6.- 5. TRANSMISIÓN Y RECREACIÓN DE CONTENIDOS SIMBÓLICOS. EL EJEMPLO DE EL PRISIONERO

II    PERMANENCIA DE MOTIVOS Y APERTURA DE SIGNIFICADOS: MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*   7.- 1. EL ROMANCE DE LA MUERTE DEL PRÍNCIPE DON JUAN

*   8.- 2. EL ROMANCE EN LA TRADICIÓN ANTIGUA Y MODERNA

*   9.- 3. EL DOCTOR DE LA PARRA DESAHUCIA AL PRÍNCIPE

  Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada
Letras capitulares
Ehmcke Fraktur

Imagen de portada: Grial de Rochefaucould

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