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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

5. LA CARTOGRAFÍA ROMANCÍSTICA Y LA EXPLORACIÓN DE LA TRADICIÓN EN LA SERRANÍA DE CUENCA, EN LAS BALEARES, EN SORIA, EN SEGOVIA, EN ÁVILA, EN LA MESETA MANCHEGA, EN ALISTE Y EN MARRUECOS, 1947-1948.

5. LA CARTOGRAFÍA ROMANCÍSTICA Y LA EXPLORACIÓN DE LA TRADICIÓN EN LA SERRANÍA DE CUENCA, EN LAS BALEARES, EN SORIA, EN SEGOVIA, EN ÁVILA, EN LA MESETA MANCHEGA, EN ALISTE Y EN MARRUECOS, 1947-1948 VI. EL ARCHIVO DEL ROMANCERO Y RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL CONFINADOS EN SU CASA.

       La colaboración de Galmés y mía en el "Seminario de Estudios Históricos" se centró en dos áreas de trabajo bien diferenciadas. De una parte, en el estudio de la tradición oral moderna; de otra, en la reelaboración de los estudios de romances pertenecientes a los ciclos épicos de tema nacional. Sobre la segunda actividad hablaré más adelante; respecto a la primera, Ramón Me­néndez Pidal consideró formativo el encomendarnos en primer lugar el actualizar, mediante el análisis de todas las variantes observables en los centenares de versiones coleccionadas, el estu­dio de la diversidad textual en Gerineldo y en La boda estorbada (= La Condesita) que, con me­nos textos, había él realizado en 1920104. Ese trabajo sería el que más tiempo llegó a ocuparnos y en el que más obsesivamente invertimos nuestra novel pasión investigadora. Iniciado en el año académico 1946-47, los análisis, las ampliaciones de la base documental, las representaciones cartográficas de los datos y la redacción del estudio y de las conclusiones nos ocuparon múlti­ples horas del siguiente, 1947-1948. Hacia el final de ese curso, nos habíamos dejado conven­cer, por los familiares observadores de nuestro trabajo, de que padecíamos "gerinelditis" agu­da105. Pero era difícil cerrar las investigaciones en aquel punto, dejando sin rematar en forma publicable un trabajo tan rico en sugerencias acerca de cómo los romances geográficamente muy difundidos se diversifican textualmente mediante la expansión, en el espacio y en el tiempo, de múltiples creaciones parciales (variantes narrativas o del discurso poético) surgidas en lugares y momentos diversos.

      El conocimiento de que, en los romances de amplia difusión —como Geríneldo y La condesita106, El conde Niño107, La muerte ocultada, La hermana cautiva108, etc.—, la diversidad tipo­lógica observable y hasta cada variante de las que en el relato se dan están vinculadas a la "geo­grafía", puesto que ocurren en áreas determinadas, nos llevó (a Álvaro Galmés y a mí) a considerar precisa la exploración de las regiones españolas cuyo repertorio romancístico estaba peor representado en el "Archivo Menéndez Pidal". La cartografía romancística denunciaba la existencia en el centro de la Península, en lo que hoy forma la comunidad de Castilla-La Man­cha, de un área casi vacía, que nos propusimos rellenar. En consecuencia, proyectamos dos en­cuestas sucesivas: una en la Serranía de Cuenca; otra en La Mancha. En uno y otro caso, nues­tras dos experiencias previas de encuestadores, en el habitat norteño y en los alrededores de Valladolid, nos iban a ser sólo de mediana utilidad.

      A finales del mes de Junio o Julio109 de 1947 emprendimos la primera excursión. Nos dirigi­mos a Cuenca capital110 con el propósito de internarnos en la Sierra. A fin de hacer boca, baja­mos del tren en Chillarón, donde recogimos algún romance111 antes de continuar, andando al son de cientos de chicharras aposentadas en los árboles de la carretera, en dirección a Cuenca. Como, según allí se nos dijo, en ciertas partes de la Sierra había partidas guerrilleras, al decidir la ruta de nuestra encuesta nos atuvimos a las instrucciones del alcalde de Cañete y "procurador de los Marqueses de Cañete", a quien nos presentaron unos comerciantes de Cuenca112 para quienes llevábamos cartas de recomendación de Angeles Gasset de las Morenas. De acuerdo con la opinión de las "fuerzas vivas" locales, que "nos indicaron la distribución aproximada de los maquis y los no maquis" y que nos recomendaron vivamente no apartarnos de la carretera a Valencia, tomamos aquella noche el coche de línea a Cañete. Llegados al lugar, admiramos el amu­rallado y encastillado pueblo, que con su aspecto medieval ("calles de Edad Media, plaza para un juglar...", llegué entonces a escribir) y su "fisonomía" medio árabe, medio cristiana, parecía prometernos una abundante recolección para la jornada siguiente113. Pero, en el nuevo día, la actitud recelosa de las gentes del lugar nos hizo incluso maldecir el oficio de colector, al tener que darnos por vencidos. Siendo un pueblo grande, no atreviéndonos a llamar a las puertas de las casas, nuestro método de preguntar abordando a los transeúntes por las calles no dio buenos resultados, pues la gente se avergonzaba de ponerse en ellas a recitar cantares y, no digamos, a cantarlos. Rezumando hostilidad hacia los reticentes sujetos de quienes habíamos intentado sa­car romances, me puse a publicar en carta nuestro despecho:

    "Empiezo a escribir ésta tumbado en la cama, comido por las moscas y de muy mal hu­mor. Son las 7 menos ¼, estamos en Cañete aún hoy, Viernes. Nuestra recogida ha sido un rotundo fracaso. Total: Mala suegra (Carmelita) y Gerineldo, incompleto (...). Hemos recorri­do todo el pueblo 20 ó 30 veces y preguntado a todos los preguntables y no hemos logrado formar ambiente (...). Tan desesperados de repetir el mismo disco a 20 ó 30 grupos y oír las mismas contestaciones estúpidas, que sólo se pueden aguantar cuando luego se saca algo (...). / A las 8 ½ volvemos a la recogida de cazurrerías, y con un Me casó mi madre y ½ Catalinita cerramos la jornada a las 10. / Dormimos y, con un dulce despertar (comidos de moscas), salimos para Salvacañete (...)" (carta a la familia, escrita poco a poco en Cañete y Salvacañete durante el Viernes y el Sábado [25 y 26 de Junio, al parecer, de 1947] y echada el Domingo en Carboneras).

Llegados a Salvacañete, el Sábado de mañana, antes de subir al pueblo, aprovechamos para la­varnos bien en un caudaloso arroyuelo; una vez arriba, descubrimos un horno, al que acudían muchas mujeres a cocer sus panes, y creímos que el lugar era óptimo para recoger romances, pero sólo se nos respondía con monosílabos. Sobre la marcha, en la carta que venía escribiendo desde Cañete, continué entonces anotando las vicisitudes de la encuesta, que pronto se hicieron muy singulares:

    "Salvacañete. Unas 15 mujeres amasando, y nada. Desesperación. / (9 h[oras]): Ahora nos detiene la Guardia Civil, y largo interrogatorio. / (10 ¼): Llega un camión de sardinas que viene de Castellón. Se reúnen aquí las mujeres. Seguimos en «libertad provisional». Aquí, de­lante del Cuartelillo de la Guardia] Civil se nos acerca el médico (...). Se reúnen unas niñas. Aparece una Carmelita (Mala suegra), una Boda [estorbada] (extraña, aflornuevada) y una Delgadina, no cantadas. Otra niña (la hija del cabo de la G[uardia] C[ivil]), Me casó mi madre. Otra, Adúltera, en ó. / Pensábamos marcharnos en el camión de sardinas (...), pero seguíamos en "libertad provisional". Telegrafiaron a Cañete, al alcalde al cual habíamos sido presentados en Cuenca por los «Sara»; pero él se desentendió de nosotros, diciendo que no nos conocía. Luego telegrafiaron a Cuenca, parece ser que a los «Sara», y no sé si terminarán por llamar a Madrid (...). Aquí estamos a la puerta del cuartel, sin poder ir a recoger romances siquiera. Además las gentes no quieren, como es natural, decirnos romances; sólo las niñas «inocentes» (...). Llevamos ya «detenidos» 4 h[oras]. Otra vez vamos a ir por los pueblos que haya maquis, con tal de que no haya G[uardia] C[ivil]; nos darán menos lata (...). / Son las 2 h[oras] (...). / Son las 5-¼ y seguimos detenidos (...); no nos dejan ni movernos por el pueblo. Estamos ya 7 horas (...). ¡Hasta cuando despierte el cabo, que llame a Cuenca, para que llamen a Ma­drid (...)!. Tenemos «libertad de prensa», menos mal (...). / 6-¼, «Todo por la patria»: El cabo sigue durmiendo. / 6: El cabo se ha despertado, ¡Albricias! (...). Eso de que se despertó sigue sin notarse".

      Nuestra "liberación" se produjo inesperadamente (a las siete), gracias a que éramos portado­res del manual de encuesta sobre Romances tradicionales y canciones narrativas existentes en el Fol­klore español publicado por el Instituto Español de Musicología en Barcelona, 1945, en cuyas páginas "Al lector" figuraba la referencia al "publicado por doña María Goyri de Menéndez Pi­da! (...) bajo la inspiración del ilustre don Ramón Menéndez Pidal" en el Centro de Estudios Históricos "hace ya algunos años". Al mostrarle al cabo un impreso (eso "es muy importante") en que constaba el mismo apellido "Menéndez Pidal" que yo llevaba en segundo lugar en mi carnet universitario y que con alusión a ese nombre se copiaban versos de romances, llegó a aceptar que nuestra llegada en el coche de línea a Salvacañete podía, al fin y al cabo, tener por objeto tan peregrina actividad, como la que decíamos, sin propósitos subversivos. Abandonamos el pueblo y, aunque "nos cogió un tormentazo de padre y muy señor mío", llegamos andando (17 kms.) a dormir a Cañete. Como al día siguiente era Domingo, no había transporte públi­co; sin embargo, a las 6 113   de la mañana un camión cargado de pinos nos puso en Carboneras. Pero la Fortuna, o nuestros "macutos", nos trajo un nuevo encuentro, más espectacular, menos tedioso y un tanto cómico, con la Guardia Civil, que, de todas formas, vino a tener tan nefas­tas consecuencias para la investigación del Romancero conquense como el anterior.

      Ángeles Gasset, que aquel mismo año fue, en Agosto, a El Solán de Cabras (al Norte de Cuenca), donde aprovechó el tránsito de las gentes de los pueblos de la provincia que iban al balneario "a beber las aguas" para hacer una encuesta romancística con destino al "Archivo Me­néndez Pidal" sin necesidad de ir de un pueblo a otro, además de realizar esa tarea recolectora114, se enteró de los "sucesos" que últimamente habían alterado la vida cotidiana en unos y otros pueblos115. Vio al cabo de Salvacañete, que le contó de nuestro paso y, como resultado de ello, hasta su mujer le recitó algunos romances de aquellos que andábamos buscando. También se relacionó con una mujer de Carboneras, que le dio cuenta de cómo habían ido a su pueblo dos hombres, uno "muy alto" y otro menos, preguntando por Gerineldo:

    "¡Como que le iba a cantar Gerineldo Eran hombres malos, ¡iban con macuto! Los hom­bres buenos van con maletín y lo dejan en la posa[da]; eso ya es otra cosa. Pero estos, siem­pre de un lado a otro con el macuto, sin soltarlo (...). No [d]icían sino: que si la iglesia pa[ra] acá, que si lo otro pa[ra] allá (...) —meneando así los brazos—. Esto no lo hacen los hombres buenos. Ya ve, la cara la tenían fina y las manos de no trabajar (...); pero eran hombres ma­los. Las camisas eran buenas y la comida prepará[da] en casa; pero eran malos malos".

En efecto, cuando llegamos a Carboneras, a las ocho de la mañana, "tuvimos nuestro fracaso ini­cial"116. Una hora después, salimos al campo, por necesidades perentorias de Álvaro Galmés (que, salvo en una cuadra, no había otra forma de solucionar); yo me senté a esperarle en una roca; pero, súbitamente,

    "fuimos sorprendidos por los gritos de ¡Alto, manos arriba! de un guardia civil (cabo), mientras otro, realizando un movimiento envolvente, nos encañonaba también con la pisto­la desde el otro lado. Nos hicieron avanzar manos en alto, nos cachearon y, mientras uno nos vigilaba, a Álvaro sentado [ya] en la vía [del tren] y a mí arrimado a una tapia, el otro (sol­dado) registraba cuidadosamente los macutos".

Como, entre los romances anotados, llevaba yo una carta contando a unos amigos, con cierto sarcasmo (incluyendo el vítor "Viva la Guardia Civil honrada que va a barrer de España toda esta canalla"), la detención de Salvacañete, este cabo se convenció al punto, pues era más pers­picaz, de nuestro carácter inofensivo y nos dieron suelta. Pero el pueblo ya no estaba para ro­mances:

    "En este pueblo, que no es nada pobre (escribiría yo entonces), los habitantes, según nos dicen, no sólo no cantan, sino que no comen, no tienen hijos ni madres, no juegan al corro, no salen, no paran mientes, no están para eso, no hay niñas... lo único que hacen es trabajar y morírseles esos hijos, padres y abuelos que no han tenido. Es una calamidad".

Según la narradora local entrevistada por Angeles Gasset, en el pueblo vivieron así nuestro paso por Salvacañete:

     "La [Fulana] los vio cuando estaban comiendo. Y el uno le dijo al otro: «Mira, ésa es la que nos ha denuncia[d]o a la Guardia Civil». Y la [Fulana] llegó a su casa que se moría; se ciscó y todo. Se metió en la cama y ni comió ni nada. Y la vecina se estuvo allí, que ni puso el puchero ni na[da]. La [Fulana]: «¡Que esos hombres me la tienen guardá[da] y que yo no salgo hasta que se vayan!». Cuando ya se habían ido, no se quería levantar, pues no se lo creía: «¡Que no se han ido! ¡que no es verdad! ¡que esos me hacen algo, que me la tienen guardá[da]!»".

Sólo una vez vueltos a Cuenca, conseguimos, aquel mismo día Domingo, "bastantes romances, en un ratito, de unas niñas", y el Lunes, por la mañana, seguimos recurriendo a otras niñas ("las niñas son un portento"). Tras las jornadas de los pueblos, la recogida ciudadana "fue reconfor­tante; sobre todo, en el barrio alto, el del castillo, ¡hasta nos los dijeron las niñas de los guardias civiles del cuartelillo!" No obstante, debo recordar que, según información recogida en El Solán de Cabras por Ángeles Gasset, la niña "que nos dijo más romances recibió una buena paliza de su madre esa noche".

      Si las terribles sospechas que despertaba la llegada a los pueblos conquenses de unos jovencillos ciudadanos hicieron inviable en 1947 una exploración seria del romancero, al menos aquel intento proporcionó al "Archivo" una pequeña muestra de los temas más comunes117 y abrió el camino a nuevas investigaciones en la provincia, empezando por la ya citada de Angeles Gasset. Para nosotros, fue una lección que nos permitiría abordar la recolección en La Mancha con una táctica encuestadora diversa a la utilizada en el Norte de la Península.

      Durante los meses de verano, Álvaro Galmés y yo continuamos recogiendo romances; pero cada uno por separado.
      El 25 de Agosto él me comunicaba, en carta desde Cala-Ratjada (Mallorca), lo que llevaba hecho:

    "Mi colección de romances hasta ahora es bastante pobre; he tenido mala suerte. He reco­gido romances, hasta hoy, en Menorca y en Capdepera, un pueblo que está aquí cerca (...). Todas las versiones que tengo de Menorca las recogí en Fornells, de donde hubiera podido sa­car una buena cosecha (...), pero estuve sólo hora y media. Además eran recelosísimos en ese pueblo y tardé mucho en formar ambiente. Después que volví de Menorca he ido a Capde­pera a recoger romances (...), pueblo pescador muy poco conservador (...). Estuve allí todo el día y sólo pude sacar unas diez o doce versiones corrientes y un trozo de Guardadora de un muerto (...). Tiene la ventaja de que allí todas las mujeres se dedican a hacer labores con pal­mito (cestas, bolsos, etc.) y se reúnen, a la puerta de sus casas, en corros muy aptos para nues­tro oficio (...). Tengo proyectadas excursiones romancísticas por Porto Cristo, Son Servera, Son Carrió y Artá (...)".

A pesar de estos reparos, Álvaro Galmés reunió aquel verano una curiosa colección de textos, no sólo de Fornells (Menorca), sino también mallorquines118, complementando así lo que en esa misma comarca de Mallorca habían conseguido sus padres antes de la Guerra Civil119. El con­junto representó para el Archivo Menéndez Pidal un muy útil suplemento "moderno" a los ma­teriales baleáricos del s. XIX, a través de los cuales venía siendo hasta entonces conocida esa rama del romancero pan-hispánico.

      Por mi parte, hice aquel verano, desde San Rafael (Segovia), varias excursiones con el propó­sito de buscar romances. La más larga tuvo como lugar de arranque San Esteban de Gormaz (So­ria)120, donde, tras recoger algunos romances, consideré haber agotado el repertorio local121; también exploré el lugar próximo de Atauta122. Durante mi estancia en San Esteban, visité So­ria capital123 e hice una breve parada en Calatañazor124. Aunque en todas partes conseguí ro­mances, lo obtenido en la provincia de Soria, visto en conjunto, no me pareció gran cosa125. También hice un pequeño viaje en "tren-tortuga" al primer lugar de la provincia de Burgos, Zizones, donde, después de una serie de vanos esfuerzos126,

    "al fin tuve suertecilla, yendo a parar a casa de una vieja que sabía bastantes; en el tiempo que tuve, le di un repasillo y salieron algunas cosas buenas: una Mala suegra muy buena, Ci­priano. [= Adriana] o La acusada por la reina, una Gallarda (incompleta), una Muerta pleiteada y otro, que primero creí era un Cristo testigo y no lo es, es como una Vengadora de su honra".

Mayor interés tuvo el improvisado final de aquel viaje. Me apeé del coche al pie del Puerto de Somosierra y decidí ir a pernoctar a Casla127. Al pasar por Siguero y Sigueruelo encontré, en­tre otros romances128, unas espléndidas versiones del de La muerte del maestre de Santiago don Fadrique. A causa del comienzo de la narración

(...) que mañana son los Reyes,     la primer fiesta del año
cuando damas y doncellas     al rey piden aguinaldo,
unas le pedían seda,     otras sedilla y b[r]ocado.
«¿Qué pide, María de Padilla,     qué pide por aguinaldo?:
La cabeza del Maestre,     del rey don Pedro su hermano»
Y el rey se la ha concedido,     concedido y otorgado (...),

el trágico suceso de 1358 servía en aquellos pueblos de canto petitorio, "aguilandero" (’aguinaldero’), para los grupos de mozos y mozas que recorren el pueblo reuniendo donativos a fin de organizar la fiesta de "El Reinado" (día anual en que "reina" la juventud en muchos pueblos de España)129. Aunque la costumbre de utilizar este romance como cuestatorio en "la primer fies­ta del año" se dé en una gran área geográfica, son pocos los lugares que cantan completa la his­toria del fratricidio y con versos de tan viejo abolengo como los que aparecen en las versiones de Sigueruelo y de Siguero:

Cartas me van y me vienen     del rey don Pedro, mi hermano
que me vaya a los torneos     que en Sevilla se han armado,
que lleve poquita gente,     que son los gastos muy largos.
Llevé ciento de a mulilla    y otros ciento de a caballo,
todos vestidos de verde,     sólo uno de encarnado.
A la pasada del río     y a la colada del vado,
cayó mi mulilla en tierra,     quebró mi puñal dorado;
se me ha ahogado un pajecillo     de los míos más amados,
conmigo come a la mesa,     conmigo duerme a mi lado,
somos hermanos de leche,     una madre crió a entrambos (...)130.

A la mañana siguiente, día de San Luis [25 de Agosto], viajé desde Casla a Matabuena131, para continuar a pie, hacia Pedraza. Al pasar por Canicosa encontré el pueblo desierto, pues esta­ban todos "a caminos" arreglando como prestación comunal los caminos vecinales. La villa medieval de Pedraza se hallaba entonces prácticamente despoblada, ya que los más de sus ha­bitantes se habían ido realojando a orillas del río, en La Velilla, en busca de agua. Resultaba impresionante recorrer aquel noble esqueleto de ciudad, muerta en apariencia, pero sin que sus casas hidalgas se hallaran ruinosas. Pese a los pocos moradores que había en ella, mien­tras un trapero-cacharrero hacía sus intercambios, pude anotar varios romances, todos ellos de "tipos" antiguos que hoy están desapareciendo en Castilla. Seguí en dirección a Turégano, pasando por Arahuete, "un pueblaco muy pobre", al que llegué a las 3 ¼ hambriento. Eran aún tiempos de penuria. No olvidaré nunca la escena y suceso vivido en la "taberna" del lu­gar, a la cual me encaminó una mujer; carecía de signo exterior identificador y en su interior no tenía ni mostrador. Estaban sentados a una mesa pequeña dos mujeres y un hombre comiendo una sandía y apartaban cuidadosamente las pipas haciendo con ellas un montoncillo; nada podían venderme de comer, ni guisado, ni crudo, ni de lata; a mis preguntas con­testaron que el primer lugar donde podría hallar comida estaba a dos leguas largas de camino; cuando trasponía, triste, la puerta, me hicieron entrar de nuevo («¡Cómo vamos a dejar al ca­minante que se vaya sin comer bocado!») y me ofrecieron una parte de la libreta de su pan de racionamiento y un cuartillo de vino, más dos tomatillos diminutos de su huerta (me en­señaron que no los tenían mejores) y una raja de la sandía que estaban comiendo, sin acep­tar cobrarme, salvo lo que les había valido a ellos dinero, el pan y el vino; por lo otro nada, ya que era de lo suyo. Hablamos de guerra, amnistía, tiempos malos, injusticias: ¡Hasta los subsidios familiares son sólo para los ricos, pues qué pobre puede tener varios hijos! El de la mujer más joven, a la cual yo apenas diferenciaba en su edad de la madre (¡tan envejecida es­taba!), era el gaitero del pueblo y lamentaron, dado mi oficio de reunir cantares antiguos, que estuviera ausente, pues, siendo él también "músico", hubiéramos podido hacer un intercam­bio de viejos por nuevos, ya que yo era de un pueblo, Chamartín de la Rosa, próximo a la capital. Una de las mujeres me interpeló de pronto, diciéndome: «Ya que es usted tan alto ¿por qué no se hace guardia civil?» «Calla, mujer, a lo mejor no quiere» «¡Cómo no ha de querer!, ¡con el racionamiento que tienen!» Fui a dormir a Turégano y, allí, cometí el error de aceptar pasar la noche en el pajar de una taberna. Cuando me di cuenta de que no era lo mis­mo dormir en el tamo que en un hórreo asturiano, ya no puede salir, pues habían trancado la puerta. Mi cuerpo fue aquella noche un "pulgódromo", pues las pulgas competían en re­correrlo sin descanso.

      También durante aquel verano (en Julio, Agosto y Setiembre) crucé repetidas veces la Sierra para encuestar en los pueblos de Santa María de la Alameda (Madrid), Peguerinos, Las Navas del Marqués y Navalperal (Ávila). Mi mejor hallazgo fue, sin duda, una versión de La muerte ocultada (hexasílaba), del tipo más conservador, con el combate entre don Bueso y la Muerte, representada por un "puerco" (< el huerco, en latín Orcus):

— Puerco, no me empuerques     las aguas de arriba,
no dejes a doña Ana    viuda y recién parida132,

tipo sólo conocido en unas pocas versiones de las zonas serranas de Ávila, Salamanca y Cáceres. En una ocasión, prolongué la excursión yéndome a Ávila y desde allí al Puerto de Villatoro. Tras recoger por esa serranía algunos romances, entre ellos varias versiones de La condesita, una de ellas con el motivo de vieja raigambre (heredado del Conde Dirlos):

Contigo me voy, buen conde,     contigo me has de llevar.
— Las mujeres a la guerra    no las podemos llevar,
que se nos quitan las fuerzas,     las ganas de pelear133,

me vi forzado a volver andando toda la noche los 34 kms. de la llanada del Valle Ambles. El frío no me permitió dormir a la intemperie en un pinarillo y caminé al paso de una carreta de bueyes, que llevaba cereal a Ávila134, viendo cómo giraban las constelaciones de la bóveda celeste según pa­saban las horas; así aprendí a ver cómo "las Cabrillas ya van altas" (de acuerdo a como señala la hora en que se acercan los lobos a su majada el pastor que guarda las ovejas "de un cornudo" en el romance de La loba parda135), después de haberlas antes visto asomar por el horizonte. Aquel Setiembre era la noche tan fría que la mujer que inicialmente iba acurrucada sobre el carro hubo de bajarse y, en la alborada, se escarchó el sudor de los bueyes. Cuando esclarecía, mientras cami­nábamos al paso lento de los bueyes, yo iba anotando de boca del hombre y de la mujer los ver­sos de una versión de La condesita de Santa María del Arroyo136 muy diversa de la recogida en Vi­llatoro, pues se ajustaba al tipo regional que habíamos denominado "extremeño" y que comienza "La condesita lloraba, tiene bien por qué llorar"137. Salía el sol cuando llegamos a Santo Tomás y los frailes dominicos, encapuchados, cantaban no sé qué horas desde el coro y en torno al se­pulcro marmóreo del Príncipe don Juan, obra de Domenico Fancelli.

      Los avatares de la encuesta conquense condicionaron los planteamientos de la siguiente ex­pedición conjunta de Álvaro Galmés y mía por Castilla la Nueva, en aquel próximo Octubre de 1947: ante todo, era preciso llegar a los pueblos con documentación e imagen de "hombres bue­nos". Conseguimos, pues, de antemano, certificados oficiales capaces de impresionar a las auto­ridades locales, en caso de que levantáramos sospechas138, documentos que evitaron, en efecto, "encontronazos" con la Guardia Civil y que acabaríamos por considerar verdaderos "amuletos". En ocasiones utilizamos "el papel" para que se nos diera cama en las posadas y pensiones manchegas, y hasta para obtener pan de ración139. De sobreprenda, portábamos ciudadanas gabar­dinas, que demostrasen nuestro origen burgués. Por otra parte, nos cuidamos de empezar siem­pre las jornadas buscando, aunque fuera muy de mañana, alojamiento para pasar la noche, a fin de dejar en él, bien aparcados, los "macutos". Conforme a la costumbre de nuestros compañeros de posada, los arrieros, nos proveíamos en el mercado de la comida, que llevábamos a gui­sar a la ventera: tomates, tocino fresco y unos huevos (que el vendedor miraba uno a uno pre­viamente al trasluz, por ver que no estuvieran engallados o viejos); a veces, "echábamos" un quilillo de carne a compartir con un arriero cordobés que seguía en parte nuestra misma ruta... La práctica de apalabrar de mañana las camas tenía una razón adicional: tratar de evitar que se nos diera cuarto sin ventilación, o compartido, o con la ropa previamente hollada por anteriores durmientes. En aquella España de la postguerra nuestro "higienismo" no dejaba de ser una marca de "señoritismo" que resultaba un tanto fuera de lugar, no ya en las posadas, sino inclu­so en las fondas y pensiones en que podíamos alojarnos de acuerdo con nuestro presupuesto de investigadores estudiantiles:

    "Nos birlaron la habitación y dormimos en una que su única ventilación era un ventanu­co a la cuadra, que lo abrimos nosotros, ... y olía!!"140;

    "Llegamos a la posada, que no nos agradó mucho. Preguntamos, nos enseñaron una habi­tación disculpándose de que no habían arreglado el cuarto. La habitación no estaba mal. Di­jimos que sí. Nos quedamos dentro y, para facilitar la lucha por la ropa limpia, se nos ocurrió manchar las sábanas y las almohadas escandalosamente, pues, como no estaban muy sucias, suponíamos que por las buenas no las mudarían. Las dejamos hechas una perdición y nos marchamos muy satisfechos de la ocurrencia. A pesar de todo, cuando llegamos a comer (12 ½), estaban hechas las camas con las sábanas de marras. Dijimos que nos las cambiaran. Dijeron que a la noche (malo!). A las 7½, cuando volvimos, resultó que no había luz eléc­trica en el cuarto y, entonces, decidimos abandonar el campo. Dimos con nuestros huesos y nuestras carnes en una pensión (...)"141.

    "Dimos en una fonda «Castilla» regulareja (...) «—Que, mientras cenamos, nos pongan la ropa limpia, que nos queremos acostar (...)». Las tres [camas] del balcón tenían ropa sucia; las otras dos no tenían nada (...) Total, que yo terminé durmiendo con calcetines, calzoncillos de­bajo del pijama, los pantalones del pijama atados por abajo con cuerdas y el calcetín por en­cima. De funda de almohada puse el saco de la ropa. Pasé mucho frío, porque no quería meter los brazos dentro, ni subirme el embozo. La lucha por la ropa limpia es una operación di­fícil"142.

      Hicimos en tren143 la ruta Madrid-Villacañas (Toledo)144-Alcázar de San Juan (Ciudad Real)145-La Roda (Albacete), donde aún encontramos a un aldeano, Antonio Martínez, "autoridad" local en folklore, quien conoció a Navarro Tomás e intervino "en una película de don Baldomero y Ruiz Castillo, en que Sancho se calzaba unas abarcas", y cuya hermana, "una morena", salía en la pelí­cula del azafrán. Desde un principio nos fue bien: "No nos han detenido; ni se escaman"; "Por lo menos, son simpáticos"; "Me gustan estos pueblos". De La Roda seguimos a Villarrobledo y, en transporte rodado, a Munera. La recolección de romances era, cada día, abundante:

    "Como visteis, (...) no nos va mal. En La Roda, 36; en Villarrobledo 28. Son pueblos muy grandes y tuvimos bastante suerte (...). La región es rica en romances, todo el mundo sabe. Los cantan en la vendimia, en el azafrán, por Navidad, por Pascuas con la zambomba, etc. Como tenemos que recorrer bastante área, estamos un día en cada pueblo (y su noche). Al atardecer, si tenemos casa conocida, nos va muy bien. La cuestión es entrar adentro; en la ca­lle no los dicen. Si se entra y le ofrecen a uno silla, está la cosa hecha. Suelen ser amables; has­ta los que dicen que no lo quieren decir. Seguimos sin usar el «documento», sin tratar con los Guardias civiles" (carta desde Munera, 8-X-1947).

El "transporte rodado", para ir de pueblo en pueblo, que utilizaríamos desde Villarrobledo a Munera, El Bonillo y Alcaraz, no ofrecía otro problema sino el de la holgura, que por nuestra parte logramos resolver al ser calificados de "exploradores":

    "Este coche que hace el servicio entre Villarrobledo y Alcaraz, del que ya usamos en nues­tra etapa Villarrobledo-Munera, es un taxi, con rayita colorada alrededor y todo. Cuando fui­mos antesdeayer a coger el «coche», nosotros nos lo imaginábamos un autobús: había espe­rando por lo menos catorce personas y un montón de maletas, bultos, sacas de correo y cajones. No comprendíamos en qué coche iríamos, ya que los dos allí estacionados eran, uno este taxi, y otro, un coche por el estilo. Yo primero pensé que iríamos en aquellos dos, pero decidí en mi interior que allí no cabíamos; y, en efecto, uno de ellos lo metieron en una cua­dra. Pero, entonces, arreglaron el otro para salir y, después de contarnos, decidieron que, algo apretados, cabríamos todos, con los bultos. Fuimos: 9 atrás + 3 delante, 1 en el estribo y 4 arriba, detrás de los bultos. Los «exploradores» fuimos arriba, con otro viajero y el chico del coche, que era un chaval de unos 12 ó 14 años, hablador como él solo, que nos contó una se­rie de historias (,..)146".

Llegados a Alcaraz (el día 10 de Octubre), hicimos balance de lo que hasta allí llevábamos re­cogido: "170 versiones; unos 25 a 30 romances como mínimo en cada pueblo"; "gente abierta y nada recelosa". Pero,

    "ahora entramos en una zona distinta, según parece; la gente es menos abierta, el terreno es más accidentado y el pueblo más pequeño y pobre, aunque de más abolengo (...). Este pue­blo es bonitísimo’, "Alcaraz me ha sido mucho más antipático, otra gente más antipática, todo más sucio y menos pueblerino, en el buen sentido de la palabra".

Pese a todo, Alcaraz no constituyó una excepción negativa en la encuesta albacetense: "llevo yo solo recogido ya, en dos horas, 10"147.
      Desde Alcaraz decidimos cruzar andando, con mucho calor, a Villanueva de la Fuente, en Ciudad Real. En vista de que en Villanueva de la Fuente, la gente ("el personal" y los guardias municipales), parecían más desconfiados y que era Domingo, decidimos cuidar nuestra imagen:

    "Esta mañana, para ser «hombres buenos» asistimos a la procesión, a la misa cantada y con sermón religioso-patriótico, etc., porque hoy era el Pilar, fiesta del pueblo. De tan buenos como quisimos ser, nos pasamos por el otro lado", "resulta que se corrió la voz por todo el pueblo de que éramos «delegados» (= de Abastos)148, ¡y ya podéis figuraros lo bien recibidos que éramos!149. Sólo hemos logrado vencer la desconfianza en tres puntos, de donde han sa­lido algunos romances (...)".

Al vernos avanzar por las calles, retiraban de frente a las casas las legumbres que tenían puestas a secar. Y, antes de que nos aproximáramos a cualquiera, ya nos estaba meneando la cabeza con un gesto preventivo de "no"150.
      En Infantes, donde pernoctamos dos noches,

    "tuvimos gran suerte. A la segunda pregunta nos dirigieron a la casa de enfrente; allí con la primera que topamos creyó que era una broma y gracias a eso no se asustó, ¡alabado sea Dios! Al ver que iba en serio, llamó a una prima suya, muy, muy «culta», que nos dijo: «Sin duda serán ustedes poetas o amantes de la poesía; porque, claro, los estudiantes lo primero que aprenden es a hacer versos. A mí todo lo que sea de artista me encanta. Me pasaría todo el día escribiendo poesías151. A mí me gusta mucho el firmamento y el movimiento de las es­trellas y me gustaría haberlo estudiado. Yo no quisiera morirme sin verlo». Nos ofrecieron sillas (¡buen augurio!) y, después de tomar asiento, empezaron a decirnos algunos romances. Pero la culta, que tenía las obras completas de Gabriel y Galán152 y el Quijote en verso, em­pezó a escamarse y a decírnoslo claramente".

Entonces, le enseñamos "el papel" y pareció convencida; pero luego, cuando llegó otra mujer, Sacramento, empezaron a hablar de maquis y de falsificación de documentos y volvieron a las andadas. Nosotros, impasibles,

    "seguimos apuntando de otra mujer y ésta, al terminar, se puso muy seria, de repente, y nos espetó la pregunta: «¿Quién es Dios?». Nos quedamos con la boca abierta, sin saber qué decir, y ya veíamos hundirse la bóveda celeste sobre nosotros".

Pero, al fin, salí del paso diciéndole el Pater noster en latín. ¡Qué mayor prueba de que éramos hombres buenos! No obstante seguíamos sin parecerlo.

   "Nos lanzaban preguntas capciosas: «—¿Por qué hay gentes que no creen en Dios?», «¿Ver­dad que hay Dios? —Claro, que sí, ¡pues no lo ha de haber!, ejem».—
    Al decirnos la otra mujer [el romance] «Carmela se paseaba...» (La Mala suegra), se le me­tió a la culta en la cabeza que aquello era malo: «—Esa mujer era mala. Faltaba al 7° manda­miento que dice No fornicar. —¡Pero, si don Pedro era su marido! —¡Quién sabe! ¡A lo mejor era otra cosa! —¡Pero, si está hablando con la suegra! —No, me sospecho que esa mujer es... como ustedes".

Hubo que explicarle la historia de la pobre Carmela, a quien la suegra envía a parir a casa de su madre y aprovecha su ausencia para enconar la voluntad de su hijo contra ella. Al cabo, conse­guirnos la confianza de aquellas mujeres, que hasta hicieron que una niña nos acompañara a otro barrio con la recomendación

"Di que no se asusten, que son hombres de los nuestros, de los que creen que Dios está en el cielo, en la tierra y en todas partes".

Eramos, al fin, "hombres buenos", además de poetas. Con gran sorpresa nuestra, nos recomen­daron que en ese otro barrio no dejáramos de buscar "a las Putonas", que sabían muchos roman­ces; sólo llegados a él comprobaríamos que se trataba del apodo de toda una familia (cuyos miem­bros varones eran llamados paralelamente "los Putones") y, efectivamente, tuvimos ocasión de interrogar a una de ellas que, cuando pasaba por la calle, fue llamada estentóreamente "eh, Putona, ven acá, que unos señores preguntan por ti". La buena mujer, amablemente, nos fue trans­mitiendo su repertorio, pero al decirnos Carmela, esto es La mala suegra, y llegar al pasaje en que la madre de don Pedro acusa a su nuera de que "Nos ha llamado de putas hasta el último lina­je", se interrumpió pudorosa y, en vez del verso, nos dijo: "aquí viene la mala palabra".

      Si en Infantes, una vez ganada la confianza de todas aquellas mujeres, la recolección fue bue­na, en Valdepeñas fue mejor:

    "A la 1 ½  nos fuimos a recoger cada uno por un lado. Sacamos en total 50 versiones, que suponían 31 romances distintos (...)153. Aquí cantan la mayoría como aguinaldos de Navidad y los llaman «aguilanderos» (...). Ya tenemos 215 recogidos. Hasta ahora vamos en progresión (...). ¡Eso de que esta región no canta romances o canta pocos es un camelo!"

      Desde Infantes contábamos con tren. Pero aquellos trenes competían con los coches de línea:

    "Escribo (...) desde [la] Estación de Valdepeñas, de pie, esperando «El Pescadero», en don­de parece que iremos, efectivamente, como sardinas en lata según el número de gente que hay", "nos hemos levantado a las 6 ½ y son las 9, aún seguimos esperando al maldito «Pesca­dero»154".

    "Estamos esperando el tren que va a Malagón. Ya lleva una hora de retraso, con lo que nos va a estropear del todo el día, ya que son ahora las 12 ¼ de la mañana (...). Esto sigue sin mo­verse y es ya la 1 menos 10. Total, que en Malagón no vamos a hacer nada (...). Es un tren muy divertido, un mixto larguísimo con sólo 2 [coches] de viajeros (...) De pronto empezaron a subirse las mujeres a los asientos porque corría por el suelo un ratón (...) Sigue sin salir el cacharro este y es la 1’05, perderemos el día"155.

      Ciudad Real, "la maldita", era aún en aquellos años un pueblo de La Mancha, más grande que los demás, pero hermoso, con sus largas calles de casitas bajas y blancas. Tampoco nos de­fraudó en cuanto lugar conservador de tradición. Claro está que la "joya" de La Mancha fue, desde cualquier punto de vista que recuerde nuestra excursión, Almagro. A la belleza urbanísti­ca, que aun hoy conserva, se unía entonces la vida artesanal: en cada portal se veía un grupo de mujeres de tres generaciones haciendo, con dedos tan ágiles como los de un buen pianista, bo­lillos. Como la tarea mecánica les dejaba libre la mente y la boca, no había problema para que atendieran nuestras peticiones y cantaran los romances que sabían. La convivencia entre las artesanas más viejas y las más jóvenes facilitaba la transmisión del "saber" tradicional.

      Como final de nuestro recorrido (después de haber tenido que viajar incluso en los topes de un vagón de ganado, para no ir dentro de él, sin ventanillas, con el resto del "personal" viajero), cruzamos los Montes de Toledo, deteniéndonos a recoger romances en Los Yébenes y Mora (To­ledo), antes de poner término a las encuestas en la propia Toledo.

      En Diciembre de 1947 aproveché un breve viaje con mi padre, Miguel Catalán, a Zaragoza para recoger allí algunos romances. Poco después, a finales del mes, acompañé a mi abuelo, Ra­món Menéndez Pidal, en su ida a Valencia al ciclo de conferencias sobre Cervantes arriba alu­dido. Aproveché entonces una visita a Sagunto de los participantes en ese ciclo, llevados a pre­senciar una "colada" en los Altos hornos, para, tras el banquete de rigor, buscar en el pueblo, durante una hora, romances:

    "Encontré pista enseguida y, en un taller de costura, recogí unos pocos. Creo que volveré a recoger más",

afirmaba en una carta inconclusa156.

      Entre tanto, Alvaro Galmés  aprovechó una visita a Javier (Navarra), para recoger allí, aquel mismo mes de Diciembre, algunos romances.

      Aquellas vacaciones universitarias de las Navidades del 47/48, las dedicamos Galmés y yo, en su mayor parte, a recorrer una comarca ya visitada en 1910 por Tomás Navarro Tomás, Alis­te (en Zamora). "El Rincón", como por allá llaman a la comarca, me interesaba especialmente, pues en ella había encontrado don Tomás una magnífica versión del romance que recuerda el épico reto de Búcar a Valencia y al Cid y la persecución por Babieca de la yegua en que cabalga el moro fugitivo, tema que yo estaba estudiando157.

      Pasamos en Zamora el fin de año. Allí "conseguimos el Pasaporte de Fronteras" necesario para poder andar en las proximidades de la de Portugal. En un paseo nocturno por el casco urbano, a las 10 de la noche, obtuvimos los "últimos romances de 1947", y el 1 de Enero de 1948, mientras íbamos, "de iglesia en iglesia, de monumento en monumento", recorriendo aquella Zamora que aún no había sufrido los desmanes urbanísticos que traería la "modernización" de España, hasta "recogimos una Loba parda muy rara", por la mañana, y, a la tarde, extramuros de la muralla

    "dimos con una mujer de Losacio de Alba, al N. E. de Aliste, que nos dio una avanzadilla de la tradición de esa zona (...). Ella sabía algunos, que le enseñó su madre, entre ellos Con­de Claros, y no empezando «Paseábase Lisarda» o «Galancina, Galancina, hija del conde Ga­lán», sino «Media noche era por hilo los gallos querían cantar»".

Nos aseguró que "su padre sabía «Helo, helo» y su madre Penitencia del rey Rodrigo, Muerte del Maestre y muchos otros". Esta información nos haría, días después, modificar el itinerario de en­cuesta.

      De acuerdo con nuestra preocupación por la "geografía" de la tradición romancística, obser­vaba yo al segundo día de estar en Zamora:

    "Lo que es clarísimo, en cuanto a los romances, es que estamos en una zona de transición. Hasta aquí llega la influencia (...) del Sur y del Centro; a partir de aquí, entramos en la re­gión conservadora del N.O.".

      Acabadas las festividades del cambio de año, pudimos viajar a Alcañices apretujados en el de­partamento de atrás de un pequeño autobús, de techo bajo ("doy en él yendo sentado"), te­niendo que llevar en una rodilla a Alvaro y en otra a una mujer. Desde Alcañices, en que la hi­giene y el frío nos hizo dormir vestidos y "con guantes puestos", y donde "nada bueno (ni malo)" les sonaba de romances, seguimos andando hasta "El Rincón", Aliste (donde "no hay luz eléc­trica, a pesar de que esté muy cerca de [la central hidroeléctrica de] Ricobayo").

      Al llegar a Sejas, el escenario nos pareció prometedor de maravillas tradicionales158:

    "El pueblo es precioso y conserva el vestido con saya y blusa, collares y pañuelo"; "se tra­tan de vos: «¿sabéis vos eso?». Usan el adjetivo charro por ’burdo, pueblerino’, o algo así. Como diminutivo usan el -ico (arrobica, madrecica, ultimico, etc.), creo que también el -ete («Chiqueta» como mote)".

Y lo fue, en efecto, la misa del Domingo:

    "Las mujeres, todas vestidas [con el traje tradicional], de rodillas, delante; los hombres, de­trás, bastantes con una capa parda y sombrero ancho. Las mujeres en la parte [de la misa] de sentarse, se sientan en sus propios pies (...)".

Nuestras expectativas tenían el listón tan alto, que nos quejamos de los resultados, aunque en modo alguno fueran despreciables, pues recogimos varios realmente difíciles de hallar:

    "Pero de romances no está la cosa tan bien. De algo raro van La esposa de don García, Celinos, «Tengo apostadas... dormir Moriana antes gallo cantar», Gallarda, Teresita que se le que­ma el niño"15S’.

Malhumorado, remataba yo mi carta afirmando "No tenemos ni idea de cómo se recogen los romances esos" (en referencia a los de origen épico, así como a Espínelo y a El Enamorado y la  Muerte, que Navarro Tomás pudo encontrar en 1910). En la "posada de Gonzalo", "muy sim­pática y limpia", de suelo "lleno de barro" y techo "de chorizos, tocino, costillas y jamones",

    "el caldero está puesto sobre la lumbre, los hombres fuman alrededor del fuego (...), los ca­rabineros juegan a la brisca y todos cantan...; pero no romances, sino al hablar, porque pare­cen gallegos";

previamente, aquella noche, el cabo de carabineros y el alcalde del pueblo nos habían sometido a un minucioso interrogatorio, pues el "documento" les sabía a poco, ya que no éramos porta­dores de un especial "permiso para recoger romances" en El Rincón y ese incidente nos parecía de mal agüero.

      El tiempo frío (que nos obligaba a soplarnos los dedos para poder escribir), pero soleado, de los primeros días, cambió en lluvioso. A Nuez llegamos andando bajo la lluvia:

    "Las calles, que ya en Sejas, con tiempo bueno, eran un pozal de gallinas, ahora aquí (...) parecían ríos que van a dar a la mar (...)"; "En la calle se oyen los crac, crac de las cholas (unas botas con suela de madera), entre el gotear triste y continuado"; "Este pueblo es más grande que Sejas, pero los habitantes (el personal) son más charracos. Estamos en zona de f- y de pa­latalización de L- inicial".

      Aunque las gentes de Nuez conservaban menos el vestido tradicional que las de Sejas, pese a ser más pobres160, mantenían, conforme a las referencias que ya teníamos, más viva la tradición oral. Por lo pronto, eran "muy copleros"161; también su repertorio romancístico nos pareció, des­de un principio, francamente bueno162; sin duda porque, "por fin", conseguimos una versión de El moro que reta a Valencia, la preciada pieza que nos empeñábamos en cazar. Es verdad que, para recoger de boca de Rosa Fernández el texto con que aquel mismo año encabezaría mi artí­culo "Importância da tradiçao portuguesa para o romanceiro hispánico", publicado en la Revis­ta da Faculdade de Letras de Lisboa163, fue preciso trabajarlo:

    "Por fin damos con «Helo, helo», pero no lo recuerda nada bien y tenemos que sacárselo con sacacorchos; por fin va quedando algo completillo. Veremos si, mañana, con la ayuda de la almohada, lo completa".

      Esa mañana era la festividad de los Reyes. Se representaba por las calles y la iglesia de Nuez un Auto de Navidad. Los tres magos iban vestidos regiamente, enagua sobre enagua, de forma que las puntillas, con que cada una de las que llevaban sobrepuestas se remataba, formaran, en cascada de encajes, un espléndido faldón todo labrado; llevaban las cabalgaduras de los Reyes (un caballo, una mula y un asno), cogidas de sus correspondientes ronzales, tres chiquillos a pie, a modo de pajes, con uniformes de "regulares", guardia civil y soldado. Tras entrevistarse con Herodes, asomado al balcón del ayuntamiento, se dirigieron en busca del Niño, que estaba en el interior de la iglesia. Un grupo de "pastorcillas", en traje regional, dirigidas por un mayoral a modo de zorromoco y acompañadas de un "bobo", llegaron por las calles bailando y cantando hasta entrar en la iglesia. Todos los hombres del pueblo, engalanados con sus capotes y provis­tos de cayado, fueron a la misa, así como, por su lado, las mujeres. Cada personaje iba recitan­do los versos del Auto que le correspondían (el texto no era arcaico), incluso el bobo, que den­tro de la iglesia no acertaba con el portal de la Sagrada Familia, ni acababa de reconocer al Niño-muñeco objeto de la Adoración. Todo el pueblo participó en los cánticos de la misa can­tada, que resultó "polifónica", pues cada voz humana entonaba a su manera una melodía al rit­mo de los cuentos de los cayados golpeados contra el suelo164.

      Acabado el Auto y la misa cantada aún tuvimos tiempo de que la señora Rosa completara la historia del "morito", incluida su persecución:

Al estar n’estas razones,     el su padre que asomaba.
Donde pon la yegua el pie,     pon el caballo la pata.
[Al pasar un arroyuelo],     al llegar a una esplanada,
[ya] le tira[ba] la lanza    y se la deja clavada:
— ¡Atrás, atrás, el morito,     que me llevas una alhaja!

      Más allá de Nuez, estaba ya Portugal. No cabía seguir más adelante. El recuerdo de los "ma­ravillosos padres" de nuestra informante zamorana de Losacio nos hizo tomar el camino de la Tierra de Alba; era preciso andarlo, pues no había transporte ninguno, ni caminos rodados. Tu­vimos suerte de que hasta San Vitero (7 de Enero) "no llovió prácticamente nada, a pesar de lo que amenazaba" y en dar, al siguiente día, con una hermosa serrana, que, tras huirme esquiva, acabó por enrutarnos hacia Gallegos del Río, cuando íbamos perdidos165. La luz eléctrica, que por primera vez allí reencontramos, el vinillo, aunque amargo, y la ropa limpia de la posada166, nos hizo especialmente simpático el pueblo. En cada lugar que pasábamos anotábamos roman­ces, si bien muchas veces fragmentarios. Al cantar el gallo, bajo la lluvia, con una copa de aguar­diente, para matar el bicho, salimos de Gallegos para Losacio. Nos alojamos en la propia casa del padre de nuestra informante zamorana, que no resultó ser, como habíamos pensado, un extraordinario portador de tradición. Pero en la velada invernal en torno al fuego, su mujer y seis de sus siete hijas (y entre ellas ningún varón) que permanecían en la casa paterna nos revelaron cuán diferente era el papel de la mujer en aquellas tierras de transición respecto al que estábamos acos­tumbrados a contemplar recorriendo tierras de pan llevar de la meseta castellano-leonesa. Parti­mos, así, camino del embalse del Esla y de Zamora, más entusiasmados con lo vivido en aque­lla etapa de la excursión inverniza que con lo conseguido en los primeros días, los de más productiva recolección.

      En Marzo-Abril de aquel año de 1948 tuve la oportunidad de participar en una excursión es­tudiantil fuera de la Península. Por entonces, salir fuera de España era un deseo que pocos podían realizar; en aquella excursión tratábamos de ir lo más lejos posible sin necesidad de un pasaporte para viajar al extranjero. Nuestro objetivo167 era el territorio "español" de Ifni, en la costa saharia­na, pues el pretexto de asistir al 10° aniversario de su ocupación constituía la única forma a nues­tro alcance de atravesar el Estrecho168. A nuestro paso por el "Protectorado español" en el Norte de Marruecos tuve la posibilidad, que no desperdicié, de visitar el barrio judío de Tetuán169:

    "Ayer estuve con un judío licenciado en Derecho y muy inteligente que me dirigió por aquí —escribía a mi madre y abuelos el Viernes 2 de Abril—. Encontré una mujer que sabía 40 romances o más. Hoy los apuntaré. Tienen melodías preciosas"170

y horas más tarde comentaba:

    "Esta mañana he estado recogiendo romances en una casa de la judería, de boca de una he­brea anónima de unos 70 o más años. Los sabía todos. Recogí 23 y ya estaba agotado yo, de escribir, y ella, de hablar. Sabía muchísimos más, prácticamente todos los del Catálogo"171.

Ante un repertorio semejante, me sentí apabullado:

    "Da mucha rabia estar recogiendo romances de[l] Cid, de Bernardo, Fronterizos, sin emo­cionarme nada, como quien escribe Gerineldo por 400ª vez. He apuntado los que se me ha antojado".

Respecto al uso de los textos y las melodías anoté entonces:

    "Algunos no los quería cantar, porque son tristes y, en ese caso, se aplican a las lamentacio­nes y se cantan entonces: Muerte ocultada, [Muerte del] Príncipe don Juan y otros. Muchas de sus músicas son aprovechadas para himnos en hebreo".

      Por otra parte, me llamó la atención la penetración en la tradición judeo-española de versio­nes y narraciones de tardía o reciente difusión en la Península172, y el comprobar, frente a los prejuicios de Manrique de Lara173, que

    "Los judíos no son nada interesados, sino muy simpáticos y abiertos".

      Al llegar noticia a Menéndez Pidal de aquella recolección, comentó entusiasmado:

    "(...) Buena suerte de haber encontrado la recitadora total! Como Bénichou interesa por dar el caudal completo de una sola familia, tú puedes dar el caudal de una sola recitadora. A ver si, a la vuelta, tienes tiempo de completarlo (...). Y parece que el caudal de esa recitadora es más abundante que el de Bénichou!!, pues dice que se sabe todos los del Catálogo" (5-IV-1948).

      Como destaca S. G. Armistead en su estudio de la tradición sefardí en el Archivo Menéndez Pidal, en aquella "breve, pero fructífera encuesta" los textos recogidos no pasaron de 32; pero se hallaban "entre ellos varios temas raros: C13.11. La expulsión de los judíos de Portugal (í.o); F4.14. El juicio de París (í.a); G1.10 Espínelo (í.a) (contaminado con C5. Abenámar, í.a)), y L11.5 La lavandera de San Juan"174. Junto con la colección de Paul Bénichou, formada por las versiones que le remitió su tía R. Serfatí desde Oran (antes de 1939) y que él mismo corrigió en Oran en 1942 y las cantadas en Buenos Aires por las hermanas Coriat, 1943175, y la reunida por Baruch Uziel en Tel Aviv, 1946, que vino a incorporarse, no sé en qué años, al Archivo Me­néndez Pidal176, mi pequeña colección tetuaní fue un anticipo de lo que, años después, Armis­tead denominaría recolección in extremis, la concebida ante el temor de "la total desaparición de la preciosa herencia hispánica conservada entre los judíos españoles de la diáspora", tras "la bru­tal y masiva destrucción de las comunidades judías de Europa durante la Segunda Guerra Mun­dial, junto con la aculturación progresiva de los sefardíes dondequiera que hayan podido sobrevivir"177. Como mi interlocutor y guía, el citado Licenciado en Derecho, me informaba,

    "Las comunidades de los Balcanes han sido totalmente eliminadas por los alemanes (...). Quedan sólo unos miles de los 6 millones que había en Europa central y del S.E."; "La po­blación inmigrante de Palestina es casi toda sefardí y (...) necesitaría apoyo de España para que no se perdiera el habla, etc."; "convendría un mayor contacto de España con ellos", "que se fundase en España una especie de centro universitario hispanoisraelita, al que acudirían los judíos de toda Europa"178.

      La reactivación de los estudios sobre el romancero y la reiniciación de las encuestas de cam­po por miembros de la familia de Menéndez Pidal durante los años de existencia del "Semina­rio de Estudios Históricos"  llevó a la reanudación de contactos con personas y entidades inte­resadas en la recolección de la música "popular" e, incidentalmente, de romances tradicionales. En la posguerra esa labor se había oficialmente centralizado en el "Instituto Español de Musi­cología" del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, con sede en Barcelona. Aunque las relaciones de Menéndez Pidal con el "Consejo" se habían mantenido durante años en unos mí­nimos, ya hemos visto que seguía estando en relación muy cordial con Higini Anglés y deseaba que él se hiciera responsable de la edición de la música del Romancero; por otra parte, algunos de los colaboradores o becarios del "Instituto Español de Musicología" tomaron la iniciativa de remitir a don Ramón versiones de romances recogidas en el curso de sus "misiones". Tal es el caso de Magdalena Rodríguez Mata (1945-1947)179, quien aportó, sobre todo, versiones de la provincia de Jaén y que depositó, finalmente, muchas de sus transcripciones musicales en el "Archivo"; también llegaron a él versiones recogidas por Bonifacio Gil, tanto en su tierra extre­meña (en general, antes de la Guerra Civil), como en La Rioja (1945), Córdoba y Granada (1946) y Ciudad Real (1947), entregadas a Menéndez Pidal por mediación de Manuel Muñoz Cortés, quien en 1947-1951 trabajaba en el "Seminario de Estudios Históricos" que dirigía Ra­món Menéndez Pidal180.
 
     Una política de mayor apertura intelectual de los directivos del Consejo Superior de Investi­gaciones Científicas permitió, por estas fechas, la reanudación de contactos con Tomás Navarro Tomás (en el exilio) y con dos de sus colaboradores, Aníbal Otero y Manuel Sanchís Guarner (quienes, habiendo quedado en España, habían pasado largos años en la cárcel)181, con el fin de intentar completar el Atlas lingüístico de la Península Ibérica. Sanchís Guarner, estando preso, ha­bía recurrido en 1942 a Menéndez Pidal para conseguir que una comisión revisora le rebajara la condena de 12 años y un día a 6 años y un día o "por lo menos ese dichoso día", ya que ello le bastaría "para salir a la calle" en libertad provisional182; ahora, el 19 de Junio de 1947, le escri­bía ya reintegrado a sus actividades intelectuales183:

    "Al revolver los armarios en busca de los cuestionarios del Atlas de las Baleares, hemos en­contrado una serie de adhesiones a la campaña que se hizo solicitando el premio Nobel para Vd. Le envío adjunto dichos documentos (...). Le adjunto también una versión del Gerineldo recogida en Cullera [Valencia] en julio de 1936, en cumplimiento de un encargo suyo que me transmitió Vallelado. Me temo que, debido a la anormalidad de aquel dichoso mes, no llegara yo a entregársela"184.

      Esta pequeña, más bien simbólica, entrega de una versión recogida en Cullera, junto con la rápida recolección por mí realizada en Sagunto el mes de Diciembre siguiente incentivaron que el olvidado romancero de Valencia fuera objeto de investigación por Arturo Zabala, archivero-bibliotecario de la Diputación Provincial de Valencia, quien el 17 de Febrero de 1948 escribió a Menéndez Pidal:

    "También le adjunto dos romances tradicionales recogidos de una muchacha de Cortes de Pallas, en esta Provincia. Contra lo que creí, hay abundantes rastros de romances (...)185. Lo que sí he confirmado es que los que conservan algún rastro proceden de tierra adentro (...)186.
    La melodía de los romances que le adjunto también se la enviaré más adelante, pues tengo que hacérsela tomar a un muchacho músico que se ha prestado a ello".

El 27 de Abril adjuntaba algunos nuevos textos:

    "También le mando cuatro romances recogidos por mí con bastantes defectos que, para no aumentarlos, dejo a su corrección"

y el 16 de Julio incrementaba lo enviado:

    "Adjunto le remito el producto de mi última colecta (...). El romance de Gerineldo (...) no pude conseguirlo íntegro pues la mujer interrogada recuerda solamente partes del mismo (...)187. Por la información que me da esta misma mujer, presiento que la zona montañosa de Buñol, Requena, Sieteaguas, etc., sea un vivero de romances"188.

Diego Catalán: "El archivo del Romancero, patrimonio de la humanidad. Historia documentada de un siglo de historia" (2001)

NOTAS

104 Véase atrás, cap. III, § 11.

105 En El Romancero en la tradición oral moderna (1972), frente a la p. 138, se reproduce una fotografía de una jornada de trabajo sobre la cartografía de Ge­rineldo (adobada con algún elemento humorístico).

106  Según mostraban el estudio de Ramón Menén­dez Pidal de 1920 (cfr. atrás, cap. III, § 11) y nues­tro trabajo.

107  Según el estudio iniciado en 1923 por Jimena Menéndez Pidal (cfr. atrás, cap. III, § 11), que yo ha­bía venido reelaborando.

108  Estudiados bajo este aspecto por Ramón Me­néndez Pidal (antes de la Guerra) haciendo apunta­ciones y mapas en las correspondientes carpetas. La hermana cautiva le venía interesando desde antiguo por sus relaciones temáticas con el poema germánico Kudrum, cfr. R. Menéndez Pidal, "Supervivencia del Poema de Kudrum (Orígenes de la balada)", RF£, XX (1933), 1-59.

109 Según el único matasellos claro de las cartas sin fecha se trataría de Julio; pero los días 28 y 30 que se leen en dos matasellos de las dos cartas sucesivas sólo cuadran en el mes de Junio con los días de la semana a que las cartas aluden.

110  Donde anteriormente había yo ya recogido al­gún romance durante una estancia de un solo día. En aquella anterior ocasión "en 10 minutos saqué varios romances, y con facilidad" (recordaría, extrañado, en carta escrita desde Carboneras durante esta encuesta con Galmés). Según informa el catálogo de romances conquenses que cito en las nn. 101 y 104, "Diego Catalán visitó anteriormente Cuenca en Marzo de 1947,   donde recogió dos versiones de Conde Niño, una de una mujer de 50 años y otra de una joven de 17 años" (pp. 26 y 57).

111  "Desaprovechamos" a una mujer "que nos dijo un Gerineldo y una Boda [estorbada] separados" (car­ta desde Cañete, [24-VII-1947]).

112  Aludidos en mis cartas identificándolos como "Sara" y su hijo menor, estudiante de Arquitectura en Madrid.

113 "Si aquí no sacamos algo, algo no, muchísimo, podemos desistir. Es lo apropiado: un pueblo y grande".

114 La colección reunida entonces por A. Gasset ha sido inventariada y descrita en el catálogo elaborado por Souad Hadj-Ali, "El Romancero conquense", te­sina de licenciatura de la Universidad Autónoma de Madrid, Octubre de 1982, pp. 28-30 y entradas co­rrespondientes del catálogo. "Con la ayuda de una bañista, Eloisa Catalán Paje, pudo recoger 32 temas y 56 versiones" procedentes de muy diversos lugares de la provincia.

115 Angeles Gasset relató su estancia y experiencias en el balneario en un escrito cuya versión impresa no he localizado. Cito su relato por apuntes de él toma­dos por mí.

116  Según relato de la carta escrita durante la en­cuesta (echada en Cuenca).

117 Un inventario de las 70 versiones de 78 temas recogidas puede verse en la tesina de licenciatura de Souad Hadj-Ali, "El Romancero conquense" (1982), pp. 26-28 y entradas correspondientes del catálogo.

118  En RTLH, VII (1975), láms. entre las pp. 56 y 57, se reproduce un original de Porto Cristo propor­cionado a Álvaro Galmés en el verano de 1947.

119 Véase cap. IV, §5, final.

120 Debido a la hospitalidad de García Lomas, que me indujo al viaje.

121  "En San Esteban, pareció que iba muy bien la primera tarde, cuando llegué, que en dos horas apun­té ocho romances; pero luego agoté el repertorio, lo creo sinceramente. Desprecié Delgadina, Alfonso XII, «[Un] sevillano [en Sevilla]», etc.".

122  A 5 kms., a donde subí andando. "Topé con una buena recitadora, según las demás, que me em­pezó a decir un Conde Niño; pero el marido apareció jurando por todo lo jurable, y metió en casa a su vie­ja a empellones. No me arredré y, mientras él chilla­ba, siempre contra ella, me siguió diciendo casi hasta el final (...). El hombre aquel gruñía no sé qué de «trigo..., sacarnos el dinero», pero tan bien emparedado entre tacos que no me enteré bien qué era de lo que desconfiaba". En Atauta acabé intercambiando romances: les enseñé Gerineldo (con música de Las Navas del Marqués) y La doncella guerrera, a cambio de un Quintado, una Vuelta del marido y una Mala suegra tipo "Carmela se paseaba" "¡salieron ganando en el cambio!".

123 Entre los romances recogidos en Soria, algunos lo fueron de informantes de Valloria (Soria) e Illueca, en Aragón.

124 "En Calatañazor paré a la vuelta una hora y sólo saqué el Gerineldo ese, con trabajo".

125 "Ya ves, no es mucho"; "No saqué mucho, ya lo ves, pero sí algo".

126 "Primero fue desesperante, como en Carboneras, las mismas contestaciones y quejas; una, muy curiosa, me la dijeron en varios sitios por separado: «si con los cantares viejos hubiesen de venir aquellos tiempos, no estaría mal», [seguida de] cálculos económicos".

127 En casa de un compañero de universidad y fu­turo maestro nacional, Aniceto Gómez, quien, poste­riormente, recogió alguna versión romancística de su pueblo.

128 Era Domingo y había abundantes gentes en co­rrillos en las calles que venían de misa. Pero recela­ban. Tuve que decir que era un coplero y que com­praba los romances que yo no sabía para usarlos en mi oficio. Una chica se arrancó a cantar y, de prime­ras, salió el romance aguinaldero de que en texto ha­blo; y, tras él, con el incentivo de la propina, uno tras otro. Pero la recolección se vino de pronto abajo, sin remedio, cuando se me ocurrió, en mala hora, pen­sando halagar su vanidad de recitadora, preguntarle el nombre. El concurso comenzó a cuchichear y a la muchacha se le oscureció la mirada, palideció y le su­pieron amargas las tres pesetillas que había ganado. En Sigueruelo tuve más suerte: en un corralón al que llamé, di con una vieja, buena cantora, que estaba peinando al sol a su hija, una guapa mujer. ¡Hasta las 7 estuve apuntando romances uno tras otro! Se me agotó el papel.

129 Véase, sobre esta costumbre, R. Menéndez Pi-dal, Romancero hispánico (1953), II, pp. 383-385 y D. Catalán, Siete siglos (1969), pp. 95-98.

130  Cito por la versión de Sigueruelo dicha enton­ces por Gabriela Moreno Martín, 64 a. Reproducción fotográfica en la lám. frente a la p. 139 de El Romancero en la tradición oral moderna, ed. D. Catalán et al, Madrid: Seminario Menéndez Pidal, 1972.

131 Donde tomé nota de la existencia de seis grandes nidos habitados de cigüeñas para ponerlo en conocimiento del naturalista Francisco Bernis. Mis apuntes sobre este viaje se hallan escritos, en parte, en una de las tarjetas postales de "Encuesta sobre la Cigüeña" editadas por Bernis en el Instituto José de Acosta.

132 He comentado estas versiones en Arte poética del Romancero oral, Madrid: Siglo Veintiuno, 1997, vol. II, cap. III. Véase también en RTLH, XII (1984-1985), el estudio de Beatriz Mariscal de este tipo del romance.

133  Sobre este motivo y las relaciones entre los te­mas de Dirlos y de La condesita, véase A. Galmés y D. Catalán, "El tema de la Boda Estorbada. Proce­so de tradicionalización de un romance juglaresco", Vox Románica, XIII (1953), 66-98. Las versiones de Villatoro pueden leerse en RTLH, IV (1970), pp. 155-157.

134  Para hacer su entrega a la Fiscalía de Abastos, que controlaba su venta.

135  Cfr. RTLH, IX (1978), p. 17.

136 Se halla publicada en RTLH, IV (1970), p. 177.

137  Sobre este tipo, véanse las pp. 244-245 en D. Catalán y Á. Galmés, "La vida de un romance en el espacio y en el tiempo", en R. Menéndez Pidal et al, Cómo vive un romance (1954), pp. 143-301; y sobre las versiones "independientes" las pp. 222-241 y el "mapita" núm. 5 (en que se señala el área del motivo de la guerra y la presencia en ella de las mujeres).

138 Con membrete del "Ministerio de Asuntos Exte­riores" y sello del "Instituto de Cultura Hispánica", el Secretario General del mismo certificaba en los docu­mentos (provistos de fotografías) que éramos colabo­radores de ese Organismo y que teníamos la función de "buscar y coleccionar romances populares y demás material folklórico" por "pueblos y aldeas alejados de los centros de población" y rogaba a "las autoridades civiles y militares" que se nos prestara ayuda.

139 "Cuando llegamos a Almagro (...), llevábamos ya los tomates de Manzanares, pero necesitábamos pan. Resulta que la cosa del pan se está poniendo es­tos días feísima. La progresión de precios que regis­tramos nosotros no se debe a la geografía: La Roda = 5 pts; Munera = 6 pts. (...); Manzanares = 9 pts., y ya estaba agotado. Nos dirigimos a una taberna, donde pensábamos comer y dejar los morrales; allí pregun­tamos por pan. El tabernero nos dijo que sólo en Abastos nos podrían proporcionar, y allá nos dirigi­mos. Preguntamos por el Delegado y, como la cosa más natural, le dijimos que éramos del Instituto de Cultura Hispánica y que nos proporcionara pan, y ti­rando del «papel» lo usamos por primera vez sólo para bien. Nos dio un resultado magnífico. El Dele­gado hizo un vale de 4 raciones y con él sacamos un pan de la panadería. Así que comimos pan gracias al documento, ¡honrado y alabado sea!" (carta del 17-X-1947).

140  Carta desde Munera (Albacete), Miércoles 8 de Octubre, 1947.

141   Carta sobre sucesos en Manzanares  (Ciudad Real), escrita en el tren camino de Almagro [16-X-1947]

142  Carta referente a la estancia en Ciudad Real la noche del 16 de Octubre (escrita el Viernes 17-X-1947).

143  Que desde Alcázar a La Roda fue "el mercancí­as n° 1500", desde el cual escribí las primeras impre­siones (6-X-1947).

144 En Villacañas, "que ya era una villa blanca", ob­tuvimos sólo unos pocos romances: El robo del Sacra­mento y algún otro vulgar de adulterio, media Albaniña, La hermana cautiva ("El día de los torneos"), y otros temas del romancero "de niñas". Salimos "tris­tes y muy descontentos" (carta del 6-X-1947).

145  En Alcázar, el repertorio que conseguimos fue ya más amplio que en Villacañas (según detalla la car­ta del 6-X-1947).

146 Carta desde El Bonillo, 10-X-1947. El original se halla reproducido fotográficamente en RTLH, XI (1977-1978), frente a la p. 17.

147 Cartas desde Alcaraz (Albacete) y Villanueva de la Fuente (Ciudad Real), 11 y 12 de Octubre.

148  De la Fiscalía de Abastos, que controlaba la en­trega de la producción agrícola.

149 Nos enteramos que habían ido varios vecinos a la posada a inquirir si éramos "delegados".

150  Pese a todo, la recolección no fue, finalmente, tan desastrosa ("al fin no ha estado mal").

151  "Le hizo unos versos a Franco, y todo, y otros a la de Perón" (a Evita).

152  "A mí lo que me gusta son las poesías del alma, como lo de Gabriel y Galán, que la hacen a una llorar".

153 "Sacamos unos Mozos de Monleón bastante bueno. Una Serrana regulareja. Lobas pardas, Bas­tarda, Robo Sacramento con fin de [Penitencia del] rey Rodrigo, "pisar el pie" [= La molinera y el cura], además de los «geográficos» y otros más corrientes" (carta desde el tren, 16-X-1947 referente al día an­terior).

154 Carta citada en la nota anterior.

155 Carta desde Ciudad Real, Viernes, 17 de Octu­bre.

156 En RTLH, IV (1970), pp. 249-250, se publica­ron dos de las versiones recogidas en Sagunto, procedente una de Carlet y otra de Casinos (Valencia) y en RTLH, VII (1975), pp. 40-41 otras dos procedentes del propio Sagunto.

157 Véase atrás, § 3.

158  Carta del 3-4 de Enero, 1948. Una fotografía, anterior a la Guerra Civil, de un serano de Sejas pue­de verse en R. Menéndez Pidal, Cómo vivió y cómo vive el Romancero, Valencia, s. a. (reed. en Estudios so­bre el Romancero, (1973), entre las láminas que si­guen a la p. 445).

159 Junto a ’’La bastarda, Gerineldo (andaluz), Casadita de lejas tierras, El raptor pordiosero, "Día de los torneos" (con Cortijo de Casablanca)", romances es­tos que nos parecían "nada", "absolutamente nada", "mucho menos que en la Mancha, a pesar de que hi­lan y toman el sol", pero que, vistos a redrotiempo, constituyen un excelente repertorio.

160 En Sejas, como "la gente es muy simpática por lo general, incluso los carabineros, que son de una amabilidad extremada", y estaban satisfechos con sus medios de vida, pues "tienen de todo para co­mer, según dicen", decidimos no propinear; tam­bién nos movió a ello otro factor: "estuvieron aquí impresionando discos y [nos] es imposible competir con ellos en lo de pagar". En cambio, llegados a Nuez, aldea más pobre, "propineamos abiertamen­te. El dinero (...) tapa la boca y la abre para cantar romances".

161  Sabían La peregrina doctora., Doña Inés Portocarrero, La enamorada de Cristo, Santa Genoveva, Olive­ros de Castilla, Rosaura del tronco, Rosaura del guante, Espinela del Castillo, etc.

162  Pronto conseguimos, además de "Helo, helo", "Media noche era por filo", "Tristes nuevas" (Conde de Alba), un trocito de "Canta moro", Reina y cauti­va, hermanas (completo, "no como se da por ahí").

163  RFLy XIV (1948), 97-116. Refundido después en las pp. 135-215 de Siete siglos de romancero (His­toria y poesía), Madrid: Gredos, 1969.

164 El Auto tenía como complemento una relación cantada en que el "mayoral" hacía la crítica social del año.

165  "Toda la gente es simpatiquísima y las mozas muy guapas, da lástima pasar con tanta prisa. En el camino, que era muy bunitu, tuve una aventura muy arcipréstica con una serrana esquiva a la que preguntaba el camino para Gallegos. Tuvo gracia" (carta desde Gallegos, 8-9 de Enero de 1948).

166 Según reconocía en la citada carta escrita en el pueblo.

167 En un vano intento de recaudar fondos fuera de Madrid para el viaje con destino a Ifni, recorrimos previamente Granada y Sevilla.  Durante ese viaje aproveché para recoger romances, junto con Valentín Muñoz Gallardo, en los trenes. Pueden leerse algunas versiones de esa singular recolección andaluza en RTLH, V (1971-72), pp. 42 (de Puebla de los Infan­tes, Sevilla], 45 (de Córdoba); VIII (1976), pp. 60-61 (de Puebla de los Infantes, Sevilla), 65-66 (de Córdo­ba); XI (1977-1978), pp. 56-57 (de Córdoba).

168  Se nos negó el acceso al Protectorado, pues las autoridades militares se habían hartado de los reite­rados "viajes de estudios" a Marruecos planeados en las Universidades de la Península.

169  Donde se conservaba la comunidad perfecta­mente segregada: "El traje de los judíos no tiene nada que ver con el traje árabe. Tienen prohibido el uso de las prendas árabes. El traje típico de los hebreos es el bonete negro y el ropón negro (...). Muchos van de europeos".

170 En postal, desde Tetuán, Viernes [2 de Abril de 1948].

171   En carta desde Tetuán  [del 2 de Abril de 1948]. Naturalmente, el Catálogo a que hacía referencia es la publicación de R. Menéndez Pidal, "Catálogo del romancero judío-español",  Cultura Española, IV (1906), 1045-1077 y V (1907), 161-199.

172  "Ayer recogí entre los romances Lux Aeterna!! [poesía de Juan Menéndez Pidal que se ha tradicionalizado] (...). Junto al tipo marroquí [de Gerineldo o de La Condesita] encuentro algunas formas andaluzas viejas" (3-IV-1948).

173 Véase atrás, cap. III, § 9 y n. 147.

174  S. G. Armistead, El romancero judeo-español (1978), I, p. 8 y n. 9, 23 y III, p. 151. En su "Anto­logía de romances rarísimos", incluye la edición de dos textos de mi colección (nos 8B: Abenámar + Espí­nelo y 15B El juicio de París + Rosaflorida y Montesi­nos), pp. 16 y 24-25.

175 Véase atrás, n. 101.

176 S. G. Armistead, obra cit., I, p. 23 y III, p. 150 da noticia de los textos de Uziel en el Archivo Me­néndez Pidal, pero no logró saber nada acerca de cómo o cuándo se integraron en él. Véase adelante, cap. VII, § 7 y n. 151.

177 S. G. Armistead, obra cit., I, pp. 7-9.

178  Ideas que, convencido de su interés na­cional, transmití a mi familia desde Tetuán, 2-VIII-1947.

179 Sobre Magdalena Rodríguez Mata véase atrás, § 2 y n. 43.

180 Véase atrás, n. 87.

181  En una papeleta Ramón Menéndez Pidal había anotado a raíz de la Guerra Civil: "Vallelado viene a verme 11 jun[io] 1940, depurado en Ministerio de Industria, excluido del escalafón (...). Otero está con 30 años en Presidio. Sanchís Guarner en la cárcel (...) con unos 12 años".

182 Carta escrita desde la prisión en "Valencia, 14 Fe­brero 1942" dirigida a Menéndez Pidal, en que adjun­ta la información pertinente al caso. Sanchís Guarner había sido condenado el 1° de Junio de 1940.

183  Carta con membrete del Instituto Antonio de Nebrija, del C.S.I.C.

184  La versión fue publicada, sin lograr identificar al colector, en RTLH, VII (1975), p. 43.

185  Si bien, al realizar las encuestas a través de gen­tes "consultadas en la ciudad" de Valencia, por lo co­mún sólo recordaban "versos sueltos".

186  Creyó poder afirmar que "en el litoral no se conserva (...) tradición de este género", sin tomar en cuenta lo fácil que a mí me fue hallar romances tan­to de Sagunto como de Carlet.

187 Le llamaba la atención que siguiera con "La boda estorbada"   (= La  condesita).  Véase  RTLH, VIII (1976), pp. 196-197.

188  Aunque lo recogido fuera, a fin de cuentas, poco, las muestras logradas por A. Zabala enrique­cieron los exiguos conocimientos que se venía te­niendo acerca del romancero valenciano, del que R. Ferreres sólo había podido anteriormente pu­blicar "Siete romances castellanos tradicionales re­cogidos en la provincia de Valencia" en el Boletín de la  Sociedad Castellonense de  Cultura,  XXII (1946).

 

LÁMINAS

Álvaro Galmés y Diego Catalán elaborando los mapas para ilustrar cartográficamente la diversidad textual de los romances de Gerineldo y La condesita. (Setiembre de 1948. Foto Gonzalo Menéndez Pidal).

Borrador de Versiones y tipos de La condesita (romance autó­nomo).

 

Prueba de un mapa. Distribución de ciertas variantes antes de la expansión de los "tipos regionales".

En el barrio alto de Cuenca, el del castillo, Galmés y yo pudimos, al fin, recoger romances, pero sólo dichos por niñas ("las niñas son un portento"); hasta nos los dijeron las niñas del cuartelillo de la Guardia Civil... que luego, a la noche, recibieron una buena paliza de su madre por haberlo he­cho. (Junio 1947).
Cuenca. Acceso al barrio del castillo a mediados de los años 40 (Archivo Presidencia del Gobierno Castilla-La Mancha).

Carta de D. Catalán durante su excursión romancística desde Santo Tomé del Puerto a Turégano por pueblos de la sub-sierra segoviana. Desde Arahuete, Agosto de 1947.

Para evitar detenciones de la Guardia Civil, al ir a La Mancha en Octubre de 1947, Galmés y yo fuimos provistos de un "documento" acreditativo de nuestra misión ¡con el que hasta obtuvimos boletos para adquirir pan de racionamiento!

Tan "hombres buenos" quisimos ser que, en una, ocasión, nos tomaron por miembros de la Fiscalía de Abas­tecimientos... y la población local nos cerró las puertas contestándonos con recelosos "noes" a toda pregunta.

El trabajo artesanal en compañía era ocasión para la transmisión del Romancero. En un sólo día de recolección de octubre de 1947 Diego Catalán y Álvaro Galmés anotaron en Villarrobledo 28 ver­siones de romances.
Villarrobledo en 1947. Foto Escobar. (Archivo Presidencia del Gobierno Castilla-La Mancha).

 

"Seguimos apuntan­do [romances] de otra mujer, y ésta, al termi­nar, se puso muy seria, de repente, y nos espetó la pregunta: «¿Quién es Dios?»... y ya veíamos hundirse la bóveda ce­leste sobre nosotros cuando se me ocurrió decirle el Pater noster en latín, ¿qué mejor prueba de que éramos «hombres buenos»?". (Foto Nicolás Muller. Ar­chivo Presidencia del Gobierno Castilla-La Mancha).

 

"-Esa mujer era mala. Faltaba al 7° mandamiento que dice «No fornicar». ¡Era mala..., como ustedes! —¡Pero, si don Pedro era su marido!".
"—Aquí viene la mala, palabra", se detuvo la re­citadora, apodada "La putona" (sin que se ofen­diese), para no decir, en el texto del romance que nos estaba recitando, la pala­bra "puta".

El "transporte rodado" de pueblo a pueblo no ofrecía otro problema que el de la escasa holgura. De El Bonillo a Alcaraz, en un coche de cuatro plazas "fuimos: 9 atrás + 3 delante + 1 en el estribo + 4 arriba, detrás de los bultos".

Fotos Escobar. De Villacañas y Almagro. La de arriba de 1948; la de abajo sin fecha.

"Escribo desde la estación, de pie, esperando "El Pescadero", en donde parece que iremos, efectiva­mente, como sardinas en lata, según el número de gente que hay"... "Es un tren muy divertido, un mixto larguísimo, con sólo dos coches de viajeros"; "sigue sin salir..., perderemos el día"; "comenza­ron las mujeres a subirse a los asientos porque corría por el suelo un ratón... "
(Foto Escobar. Archivo Presidencia del Gobierno Castilla-La Mancha).

Un "serano" en Sejas de Aliste (Za­mora).

Aunque en Sejas no halláramos algu­nos de los más raros romances que Nava­rro Tomás anotó en 1910, Galmés y yo pudimos recoger en el invierno de 1948 una magnífica ver­sión de La caza de Celinos, el romance derivado de la gesta francesa de Beuves de Hantone.

Versión del romance El moro que reta a Va­lencia y al Cid, recogida en Nuez (Aliste, Zamo­ra) por D. Catalán y A. Galmés, el dia de Reyes de 1948.

  

Bailando el "cachumbambé" con Valentín Muñoz Gallardo (compañero de encuestas en trenes andaluces) y con otro cuate de la expedición a Ifni (en La Cañada, Ávila, tras viajar de polizones en un tren de mercan­cías, final de las "tornabodas" del viaje universitario a Marruecos-Ifni).

En 1948, aprovechando un viaje universitario a Ifni, Diego Catalán, al pasar por Tetuán (Ma­rruecos, "Protectorado español"), recogió romances en el barrio judío.

Calles del gueto judío de Tetuán (según fotos de Joseph H. Silverman, Agosto 1962).

Versión recogida por D. Catalán en Tetuán, 2-IV-1948, del romance Jui­cio de Paris + Rosaflorida y Montesi­nos.

        

 

SUMARIO:

I
PRESENTACIÓN: EL ROMANCERO Y EL ARCHIVO MENÉNDEZ PIDAL

* EL ARCHIVO DEL ROMANCERO, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

II. CREACIÓN Y ORÍGENES DEL ARCHIVO MENÉNDEZ PIDAL DEL ROMANCERO

*1. LOS FONDOS DEL S. XIX

* 2. DESCUBRIMIENTO DE LA TRADICIÓN ORAL CASTELLANA EN 1900

* 3. LOS PRIMEROS PASOS EN LA COMPILACIÓN DE UN ROMANCERO ORAL PAN-HISPÁNICO

* 4. EN BUSCA DE ROMANCES FUERA DE LA PENÍNSULA: EN CANARIAS Y EN LAS COMUNIDADES SEFARDÍES, 1904

* 5. "A POR PAN Y A VER AL DUQUE": PRIMER VIAJE A AMÉRICA, 1905-1906

* 6. EL FONÓGRAFO DE CILINDROS DE CERA VIAJA EN BUSCA DE MELODÍAS, 1905-1906

* 7. LA MÚSICA Y LA DANZA COMO PARTE DEL ROMANCERO, 1905

* 8. ANTE UNA BUENA COSECHA, 1905-1908

* 9. MENÉNDEZ PIDAL HACE INVENTARIO: LAS PRIMERAS MIL QUINIENTAS VERSIONES DEL ARCHIVO Y LAS CONFERENCIAS EN LA COLUMBIA UNIVERSITY DE NUEVA YORK EN 1909

* III EL ROMANCERO HISPÁNICO BAJO LOS AUSPICIOS DE LA JUNTA PARA AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS

* 1. LA CREACIÓN DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS Y EL ROMANCERO DE RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL

* 2. LOS DIALECTÓLOGOS Y EL ROMANCERO ORAL: 1910-1912

* 3. MANRIQUE DE LARA COLECTA EN ORIENTE EL ROMANCERO SEFARDÍ, 1911-1912

* 4. OTRAS APORTACIONES AL ARCHIVO ANTERIORES A LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL, 1909-1913

* 5. EL ROMANCERO HISPÁNICO DE AMÉRICA DEL NORTE, 1913

* 6. LOS PLIEGOS SUELTOS DE PRAGA LLEGAN AL ARCHIVO, 1913-1914

* 7. MENÉNDEZ PIDAL VUELVE A AMÉRICA, PERO DEJA DE LADO EL ROMANCERO, 1914

* 8. LAS GRANDES ENCUESTAS REGIONALES DE JOSEFINA SELA Y DE EDUARDO M. TORNER, 1914-1920

* 9. MANRIQUE DE LARA, EL ROMANCERO DE LOS JUDÍOS DE MARRUECOS Y DE LA PENÍNSULA Y LA MÚSICA DE LOS VIHUELISTAS, 1915-1922

* 10. POESÍA POPULAR Y ROMANCERO, 1914-1918

* 11. LA GEOGRAFÍA FOLKLÓRICA Y LA EXPLORACIÓN DE REGIONES HASTA EL MOMENTO POCO ENCUESTADAS, 1920

* 12. AURELIO DE LLANO Y EL CONOCIMIENTO DEL ROMANCERO ASTURIANO, 1919-1925

* 13. OTRAS APORTACIONES AL ARCHIVO DE COMIENZOS DE LOS AÑOS 20

* 14. LA TERCERA PARTE DE LA SILVA, PERDIDA, 1921

* 15. EL ARCHIVO DEL ROMANCERO, EN EL OLIVAR DE CHAMARTÍN DE LA ROSA, 1925

* 16. SIGUE LA ACTIVIDAD RECOLECTORA, 1926-1927

* 17. LA CEGUERA TEMPORAL DE MENÉNDEZ PlDAL Y SU "FLOR NUEVA DE ROMANCES VIEJOS", 1926-1928

* 18. MANRIQUE DE LARA NUEVAMENTE EN ORIENTE. EDICIÓN FRUSTRADA DE LAS MÚSICAS DEL ROMANCERO: 1923-1928

* IV. EL PROYECTO DE PUBLICACIÓN DE EPOPEYA Y ROMANCERO FINES DE LOS AÑOS 20, COMIENZOS DE LOS AÑOS 30

* 1. EL ROMANCERO, PARTE DE UNA MAGNA OBRA A PUNTO DE PUBLICARSE

* 2. LAS FUENTES DOCUMENTALES ANTIGUAS

* 3. GALICIA EN EL FOCO DE LAS INVESTIGACIONES SOBRE EL ROMANCERO PAN-HISPÁNICO, 1928-1931

* 4. APORTACIONES AL ARCHIVO DE COLECCIONES AJENAS. EL ROMANCERO CATALÁN, 1930-1933

* 5. 1930. LOS BAILES ROMANCEADOS QUE AÚN PERDURAN

* 6. NUEVAS CAMPAÑAS DE RECOLECCIÓN DE MÚSICAS Y TEXTOS POR LA SECCIÓN DE FOLKLORE DEL CENTRÓ DE ESTUDIOS HISTÓRICOS, 1930-1936

* 7. PARÁLISIS RECOLECTORA EN PORTUGAL, 1930

* 8. DISCOGRAFÍA Y PELÍCULAS ETNOGRÁFICAS; EL ROMANCERO INCORPORADO A LA ENSEÑANZA ESCOLAR. 1932-1936

* V. LA GUERRA CIVIL. EL ROMANCERO, PARTE DEL TESORO NACIONAL

* 1. DISCONTINUIDAD DE EPOPEYA Y ROMANCERO Y CONTINUIDAD LATENTE DEL ROMANCERO

* 2. MADRID BOMBARDEADO. EL ARCHIVO "REFUGIADO" EN LA EMBAJADA DE MÉXICO

* 3. OCASO DE LA JUNTA PARA AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS. CONTINUIDAD Y DISCONTINUIDAD DE LOS PROYECTOS DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS

* 4. ANÍBAL OTERO, ENCUESTADOR DEL ROMANCERO Y DEL ATLAS LINGÜÍSTICO, ACUSADO DE ESPIONAJE

* 5. MENÉNDEZ PIDAL, ANCLADO EN CUBA, A LA BÚSQUEDA DE ROMANCES

* 6. VERANO DE 1937. LOS DISCÍPULOS DE MENÉNDEZ PIDAL Y LAS CANCILLERÍAS SE PREOCUPAN DE LA SEGURIDAD DEL ARCHIVO DEL ROMANCERO

* 7. EL ROMANCERO Y LA HISTORIA DE LA LENGUA DE MENÉNDEZ PIDAL VIAJAN COMO PARTE DEL TESORO CULTURAL DE ESPAÑA

* VI. EL ARCHIVO DEL ROMANCERO Y RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL CONFINADOS EN SU CASA

* 1. DEPURACIÓN DE MENÉNDEZ PIDAL. FIN DE SUS PROYECTOS CON UNA PROYECCIÓN NACIONAL, 1939-1941

* 2. EL ROMANCERO DORMITA EN SUS CAJONES, 1939-1945

* 3. UNA NUEVA GENERACIÓN DE ROMANCISTAS TOMA EL RELEVO, 1945-1946

* 4. MENÉNDEZ PIDAL VUELVE AL ROMANCERO, 1946-1950

* 5. LA CARTOGRAFÍA ROMANCÍSTICA Y LA EXPLORACIÓN DE LA TRADICIÓN EN LA SERRANÍA DE CUENCA, EN LAS BALEARES, EN SORIA, EN SEGOVIA, EN ÁVILA, EN LA MESETA MANCHEGA, EN ALISTE Y EN MARRUECOS, 1947-1948

* 6. ÉXITO EN LA TRADICIÓN ORAL DE ALGUNAS VERSIONES FACTICIAS DE LA FLOR NUEVA

* 7. HACIA UNA RECUPERACIÓN DEL ROMANCERO PORTUGUÉS, 1948

* 8. NUEVAS ENCUESTAS: LIÉBANA Y POLACIONES; LA SIERRA DE BÉJAR Y PLASENCIA; SANABRIA. LLEGAN OTRAS APORTACIONES AL ARCHIVO. 1948-1949

* 9. FIN DEL SEMINARIO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS. FINAL DE LAS ENCUESTAS Y PUBLICACIÓN DIFERIDA DE LOS TRABAJOS SOBRE EL ROMANCERO, 1950-1954

* 10. ACTIVIDAD RECOLECTORA EN LA AMÉRICA HISPANA. SU REPERCUSIÓN EN EL "ARCHIVO MENÉNDEZ PIDAL", 1948-1952

* 11. REPERCUSIONES DE LAS PUBLICACIONES SOBRE EL ROMANCERO EN LA EXPLORACIÓN DE LA TRADICIÓN ORAL, 1953-1954

* 12. HACIA UNA EDICIÓN INTEGRAL DE LAS FUENTES IMPRESAS DEL ROMANCERO DEL S. XVI

* VII. LA PUBLICACIÓN DE LOS FONDOS DEL ARCHIVO DEL ROMANCERO ENCOMENDADA AL SEMINARIO  RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL

* 1. EL "SEMINARIO MENÉNDEZ PIDAL" DE LA UNIVERSIDAD DE MADRID Y EL ARCHIVO MENÉNDEZ PIDAL, 1954

* 2. LOS PRIMEROS DIFÍCILES AÑOS DEL "SEMINARIO MENÉNDEZ PIDAL" Y EL ROMANCERO, 1954-1959

* 3. INTENTOS DE ROMPER CON EL AISLAMIENTO INTELECTUAL DE LA ESPAÑA DE LOS AÑOS 50

* 4. GRAN RECOLECCIÓN DE ROMANCES EN LAS ISLAS CANARIAS, 1952-1957

* 5. EL ROMANCERO TRADICIONAL, CUESTIONADO, 1959-1962

* 6. ÚLTIMAS CONTRIBUCIONES DE MENÉNDEZ PlDAL AL ROMANCERO, 1959-1965

* 7. MENÉNDEZ PIDAL EN ISRAEL Y EL ROMANCERO SEFARDÍ, 1964

* 8. EL SEMINARIO MENÉNDEZ PIDAL Y EL FUTURO DEL ARCHIVO-BIBLIOTECA MENÉNDEZ PIDAL, 1963-1966

* 9. REACTIVACIÓN DE LA LABOR EDITORIAL DEL ROMANCERO, 1966

* 10. PROPUESTA DE CREACIÓN CON CAPITAL AMERICANO DE UN CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS EN EL ARCHIVO-BIBLIOTECA MENÉNDEZ PIDAL, 1967-1968

* VIII EL ARCHIVO DEL ROMANCERO RENACE COMO PATRIMONIO CULTURAL DE INTERÉS MUNDIAL

* 1. NON OMNIS MORIAR, 1969

* 2. BELLAS PALABRAS Y NEGRAS REALIDADES, 1969-1970

* 3. ACTIVIDADES DE LA CÁTEDRA-SEMINARIO MENÉNDEZ PIDAL. CATALOGACIÓN DE LOS FONDOS SEFARDÍES DEL ARCHIVO DEL ROMANCERO. LOS FONDOS PATXOT SE HACEN INACCESIBLES. 1969-1971

* 4. EL ARCHIVO DEL ROMANCERO Y LA CONEXIÓN AMERICANA, NUEVAS PERSPECTIVAS, 1971-1975

* 5. EL ROMANCERO ¿AÚN VIVE?, 1973-1975

* 6. CRECER, PARA NO MORIR, 1976-1981

* 7. EL ROMANCERO AÚN VIVE. VOCES NUEVAS DE LA TRADICIÓN ORAL, 1977-1978

* 8. DESCRIPCIÓN Y ANÁLISIS DEL ROMANCERO. UNA NUEVA EMPRESA COLECTIVA, 1977-1984

* 9. LAS GRANDES ENCUESTAS COLECTIVAS DEL PROYECTO DEAPHR, 1980-1984

* 10. LAS TRADICIONES ORALES LEONESAS Y EL ROMANCERO EN LEÓN A FINALES DEL S. XX, 1984-1988

* 11. FIN DE ETAPA. DISPERSIÓN DEL EQUIPO INVESTIGADOR DEL PROYECTO DEAPHR. LA FUNDACIÓN RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL Y EL CAPITAL PRIVADO INAUGURAN UNA ÉPOCA NUEVA. 1984-1989

* 12. LOS ARCHIVOS DEL ROMANCERO NUEVAMENTE EN EL FOCO. LOS LABORATORIOS HUMANÍSTICOS INSTALADOS EN EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS MENÉNDEZ PIDAL, 1988-1998

* 13. EL ROMANCERO ANTE EL CENTENARIO DEL ’98

* EPÍLOGO

* 1.- EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS MENÉNDEZ PIDAL DINAMITADO

* 2.- EL ARCHIVO DEL ROMANCERO ANTE LA REESTRUCTURACIÓN DE LA FUNDACIÓN MENÉNDEZ PIDAL Y DEL CENTRO SITO EN CHAMARTÍN

* 3.- LOS FONDOS DEL ARCHIVO DEL ROMANCERO Y LA INVESTIGACIÓN

* 4.- DESPEDIDA

Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

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