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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

5.- 4. LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

5.- 4.   LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ

4.   LA «CREACIÓN» DEL ROMANCE TRADICIONAL. EL TESTIMONIO GITANO-ANDALUZ. I. HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE.

      a proliferación durante el siglo XVI y comienzos del siglo XVII de textos impre­sos y manuscritos romancísticos nos ha permitido seguir con gran detalle las transformaciones del tema de la manda testamentaria del corazón enamorado, desde la invención de «O, Belerma, o Belerma» hasta la publicación por Tortaja­da de su ciclo narrativo compuesto por cinco romances. El estudio diacrónico de los textos nos ha puesto en evidencia que el romance tradicional cantado en las aldeas «conqueiras» procede de la más tardía manifestación literaria del tema. Pero esta constatación no resuelve el misterio de lo ocurrido desde la publicación de los cinco romances en la Floresta hasta que en 1980 unos forasteros se intere­san en grabar el romance cantado por algunos vecinos de la parroquia de Sisterna. Al tener que abandonar el campo de estudio de la transmisión escrita (o semioral semiescrita) de la literatura, para entrar en el de la transmisión oral, la investigación tropieza con el silencio de las voces que se oyeron y que nadie re­gistró, silencio mucho más impenetrable que el vacío dejado por la pérdida de documentos escritos.

      Tres cuestiones básicas se nos plantean. La primera es explicar cómo, de los ciento veintiséis versos dieciseisílabos de que consta el ciclo publicado por Tortajada, ha podido producirse el romance tradicional cantado por Anselmo, que sintetiza en sólo veintidós versos la historia de Durandarte, Montesinos y Belerma. Al escuchar el romance «conqueiro», sorprende la soltura con que se han aprovechado motivos y versos del relato cíclico para construir un poe­ma perfectamente integrado en el lenguaje poético del Romancero tradicional, y tan trabado que incluso la singular ruptura del punto de vista del relato en el verso:

Guillerma estaba en Paraiso    de doncellas enrodeada,

hija de la incorporación al romance anterior del que comienza:

 En Francia estava Belerma    alegre y regozijada,

nos parece un recurso estilístico pensado para acrecentar el dramatismo de la esce­na final. La segunda y tercera cuestiones son cómo llegó a ese rincón de la monta­ña asturiana el ciclo narrativo de Tortajada y por qué los aldeanos, artesanos y mercaderes ambulantes «conqueiros» han seguido interesándose hasta hoy por este relato, ideado a partir de un «concepto» de la poesía trovadoresca, 375 años des­pués de que Cervantes diera por momificado el tópico.

      Tanto para la primera como para la segunda pregunta resulta de especial interés un testimonio inesperado. Muy lejos de la montaña occidental de Asturias, en Andalucía, el ciclo de romances impreso en la Floresta de Tortajada ha dejado tam­bién huellas en la tradición oral. El extraordinario recolector de romances que fue Manuel Manrique de Lara descubrió en 1916 en Triana (Sevilla) un portador de romancero de repertorio singularísimo, Juan José Niño. Entre los numerosos ro­mances, únicos o casi únicos dentro de la tradición andaluza, que recordaba este gran depositario de la tradición romancística típicamente gitana50, se encuentra el que comienza:

Las campanas de París    están tocando a alba.

Este verso, tan llamativo, es el cuarto del romance «Por el rastro de la sangre» (en sus versiones varias de los siglos XVI y XVIl). Tras él siguen en el de Juan José Niño otros:

Entró el noble Montesinos,    entró de noche en la batalla,
cortando piernas y brazos    y a muchos que derribaba;
mucho le ayuda la yegua,    porque la tiene enseñada,

que recuerdan el comienzo del primer romance del ciclo incluido por Lucas Rodrí­guez y Tortajada:

Por la parte donde vido    más sangrienta la batalla
se metía Montesinos,    lleno de angustia y saña,
quantos con la lança encuentra,    a tierra los derribava;
la yegua también ayuda,    que muchos atropellava51.

El romance tradicional de Andalucía la Baja cuenta después cómo Montesinos va en busca de los pares:

Entró al pesque de Roldan,    ese señor de Loraña,
ese que suena entre ellos    que de Montalbán le llaman,

y cómo, al combatir con un moro, cuyo alfanje se halla «teñido en sangre cristiana», pierde sus armas:

Allí quedó Montesinos    sin espá, escudo ni lanza,

conservando sólo, como resto de ellas, «una varita»,

para arrear a su yegua    que la tiene muy cansada.

Esta información combina datos de los dos romances que Tortajada tomó de Lucas Rodríguez:

Vio un moro esforzado    que mucho se aventajava,
un alfanje trae el moro    teñido en sangre de Francia.
…………………………........     …………………………….........…
y el golpe que dio en el suelo    hizo pedazos la lança,

no le quedó a Montesinos    sino un pedazo del asta
……………………………………………     .............……………….
No ve golpe de Oliveros,    ni oye el señor de Brana52
                                            
(«Por la parte donde vido»).

Como viene de la guerra   trae las armas destroçadas;
sólo en la mano derecha   trae un pedaço de lança
…………………………..........      ……………………………
trae aquesta asta el francés    porque le sirva de vara
para hazer andar la yegua,    que la llevava cansada53
                                             
(«Por el rastro de la sangre»).

A continuación, en la versión de Triana, el primer verso de este último roman­ce, refundido por la tradición oral en;

Por el reguero de la sangre    Montesinos se guiaba,

sirve de enlace con la escena del encuentro entre los primos:

El ha escuchado una voz,    parece que le llamaba:
— Primo, primo Montesinos,    mal nos fue en esta batalla
... etc.

      La conexión de la versión de Juan José Niño con el texto de Tortajada resulta evidente a la vista de versos como:

Asín que me veas muerto,    muerto que no tenga habla,
por este lado siniestro,    con esta pequeña daga,
me sacas el corazón   y se lo entregas a mi dama
y me das sepultura    al pie de ese árbol de haya54,

así como en uno de los versos que rematan la versión, basado ya, como el último citado (y algún detalle anterior), en el tercero de los romances del ciclo, «Muerto yaze Durandarte al pie de una verde haya»:

corazón del más valiente    que el rey tenía en España55.

      A diferencia del romance de Corralín, el de Triana carece de toda huella del siguiente romance de Tortajada56, pero recuerda claramente un verso de «Sobre el corazón difunto      Belerma estava llorando»:

afortunado en amores    y desgraciado en batalla57.

      A pesar de que, durante muchos años, el relato de Juan José Niño haya sido una versión única en el Romancero moderno andaluz, creo evidente que testimo­nia la existencia de una tradición gitano-andaluza en cierto modo análoga a la de las aldeas «conqueiras». Las numerosas variantes en el plano de la expresión, que, respecto a los romances impresos por Tortajada, ofrece la versión recogida en Sevi­lla excluyen la posibilidad de que Juan José Niño haya memorizado mal un texto escrito. Para disipar toda duda respecto a la perduración oral del ciclo de Tortaja­da en la tradición andaluza, podemos aducir la incorporación de tres versos del ro­mance, dos de ellos derivados de «Por el rastro de la sangre» y uno de «Muerto yaze Durandarte», a un fragmento de romance que comienza con tres versos de Moro alcaide, recogido en Cádiz por el propio Manrique de Lara de boca de una mujer (sin duda también gitana) de 48 años, Rosario Vega58:

— Sácame del corazón    con esta pequeña daga
y se lo das a Belerma,    a mi linda enamorada.—
—  ¡Oh corazón más valiente    que en Francia lo derribara!,

pues, al igual que ocurría con la versión de Juan José Niño, los versos de este fragmento derivados de «Por el rastro de la sangre» ofrecen lecciones exclusivas de la versión retocada por Tortajada59 y el último citado recuerda evidentemente al que figuraba en la Floresta bajo la forma «corazón del más valiente que en Francia ceñía espada».

      Hoy puedo añadir a lo dicho en 1981 que el romance recitado en 1916 por Juan José Niño no ha desaparecido por completo del repertorio romancístico gita­no. Gracias a las pacientes pesquisas de Luis Suárez Ávila sobre el Romancero gi­tano del Puerto de Santa María y de Cádiz, podemos juntar a las voces de Juan José Niño y de Rosario Vega, de principios de siglo, la de Juana Suárez la O, «la del Cepillo» de El Puerto de Santa María, oída en 1968:

Estando yo paseando    por los campitos de batalla
yo he sentido unos quejiditos    entre medio de verdes matas.
Yo m’había acercadito a él    a ver si era Pare de Francia
y era un primito mío,    aquel que yo más estimaba.
……………………........….       ……………………………
Y me dijo: — Primo,    párteme tres costillas
y me sacas el corazón    y se lo entrega’ a Gironarda,
ya que ella lo niegue en muerte,    que en vida no me lo negara.—
                                  — Corazoncito mío de mi alma,
afortunadito en amores    y desgraciadito en batalla,
yo me casaré contigo,    como si en el cuerpo estara.—

[y la de María Gracia Ortiz Vázquez, «Amina», grabada en 1985 en Arroyo de la Miel, Torremolinos (Málaga), quien la aprendió de su padre, el guitarrista Juan «el Ciego» en Cádiz (Juan estaba emparentado con la familia gaditana de «Los Churri» y con Antonia, «la Obispa», del Puerto):

Venganza, gitano, venganza,
pero no tanta.

— Este noble caballerito    que venéis de Granada
¿no habéis visto por allí     a un primito de mi alma?
— Baje usted, buena señora,    que yo le traigo grandes novedades:
aquí le traigo el corazoncito    de mi primito de mis carnes.
— Corazoncito del más valiente    del más valiente de España
yo me casaría contigo    como si en tu cuerpo estara.
— Yo ya no como pan    y meno’ afeito mi barba
hasta que yo no vengue la muerte    de mi primito de mi alma
……………………………........…          ……….........………………….

(comunicada por Luis Suárez Ávila en carta del 24/IV/1996)].

        La presencia en Andalucía de un romance tradicional que ensambla motivos y versos de los tres primeros romances del ciclo publicado por Tortajada nos aclara que el proceso de tradicionalización del ciclo no ocurrió comarcalmente en las aldeas «conqueiras», sino que participaron en él transmisores de romances de regiones muy varias de España60. Por otra parte, el contraste tan llamativo entre las dos ramas de la tradición oral moderna, no sólo por la diferente selección de los romances y motivos del ciclo retenidos, sino en el grado de evolución del discurso poético empleado, nos permite ver sobre la marcha la progresiva integración de los romances literarios en el lenguaje del Romancero tradicional: en la tradición gitano-andaluza, aunque los versos heredados del modelo no tradicional aparecen renovados mediante adaptaciones vulgarizadoras, no se ha alcanzado esa naturalidad expresiva, esa adecuación perfecta a la poética del Romancero oral que tanto nos atrae y nos admira en el romance «conqueiro». Gracias a ese contraste, resulta ma­nifiesto que la transformación del lenguaje «literario», propio de los romances im­presos en la Floresta, en lenguaje tradicional es fruto de una lenta labor perfeccionadora, realizada por la cadena de transmisores orales que une a Anselmo García (y demás cantores asturianos) con los lectores de la Floresta que, en época lejana, empezaron a cantar unitariamente la historia en romances del envío del corazón de Durandarte a Belerma.

 Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

 OTAS

50 El excepcional repertorio de Juan José Niño (y de algunos otros informantes andaluces como Diego Jiménez, de Sevilla, Joaquín Jiménez y Rosario Vega, de Cádiz) me había llamado la atención desde que estudié el Romancero de Bernardo del Carpio (Romancero tradicional de las lenguas hispáni­cas, 1, Madrid: Seminario Menéndez Pidal, 1957, pp. 161-162, 170-174, 245-246, 248-251). Lo comenté en las pp. 88-89 de «El Archivo Menéndez Pidal y la exploración del Romancero castellano, catalán y gallego», El Romancero en la tradición oral moderna, ed. D. Catalán et al, Madrid: Seminario Menén­dez Pidal, 1972, pp. 85-94. Hoy se ha clarificado, en parte, la razón de ser de este especial repertorio: se trata del saber romancístico gitano-andaluz, que difiere profundamente del saber romancístico «payo»-andaluz. Antonio Mairena nos puso en la pista, al proporcionar las primeras noticias sobre esa tradición (en Las confesiones de Antonio Mairena, ed. A. García Ulecia, Sevilla: Universidad, 1976, pp. 46-47, 61, 169, y en su disco Historia del cante gitano andaluz, 2), según noté en las pp. 232-236 de El romancero hoy, I: Nuevas fronteras, ed. A. Sánchez Romeralo et al., Madrid: Seminario Menéndez Pidal, 1979. Pos­teriormente, el arraigo en Andalucía la Baja, entre ciertas familias gitanas, del extraño repertorio de aquellos extraordinarios romancistas de principios de siglo descubiertos por Manrique de Lara vino a quedar manifiesto gracias a las versiones incluidas en el artículo de José Blas Vega, «Los corridos o ro­mances andaluces», incorporado a la Magna antología del cante flamenco, editada por «Discos Hispavox», Madrid, 1982. Estos textos probaban que las «confesiones» de Mairena (aunque ocultaran el ori­gen concreto de los textos romancísticos llegados a su conocimiento) se basaban en una realidad indiscutible: la existencia de un Romancero gitano claramente diferenciado del Romancero propiamen­te andaluz. Pero sólo después de conocer a Luis Suárez Ávila y sus investigaciones sobre el Romancero gitano-andaluz de la bahía de Cádiz me fue posible evaluar correctamente esa rama tan desconocida de la tradición romancística (para una noticia completa del estado actual de esas investigaciones, véase Luis Suárez Ávila, «El Romancero de los gitanos bajoandaluces. Del Romancero a las tonás», en Dos si­glos de flamenco. Actas de la Conferencia Internacional, Jerez, 21-25 junio, 1988, Jerez: Fundación Anda­luza de Flamenco, 1989, pp. 29-129) [; y sobre el repertorio de Juan José Niño, Teresa Catarella, El ro­mancero gitano-andaluz de Juan José Niño, Sevilla: Fundación Machado, 1993].

51 En Lucas Rodríguez: lleno de una furia insana; al suelo los d.; le a.; q- a. m.

52  En Lucas Rodríguez: vio andar un; se señalava; del golpe; quebró por medio la l.; le queda; mas de un pedaço; golpes; al s. de Braua.

53  En Lucas Rodríguez: lleva un p. de l.; lleva la a. el f.

54  Seguidamente describe el cumplimiento de la acción: «Asín que lo vio muerto,    muerto que no tenía habla, / por aquel lado ensiniestro    y con aquella pequeña daga / le sacó el corazón,    n’un pa­ñuelo lo liaba». En Tortajada: «que quando yo sea muerto       y mi cuerpo esté sin alma, / me saquéis el coraçón    con esta pequeña daga / y lo llevéis a Belerma   la mi linda enamorada» («Por el rastro de la sangre»); «Muerto yaze Duran[dar]te    debaxo una verde haya, / con él está Montesinos,    que a la su muerte se halla; / haziéndole está la fuessa       con una pequeña daga / ... / por el costado siniestro,    el coraçón le sacara, / enbolvióle en un cendal      y consigo lo llevava, / entierra primero al primo...» («Muerto yaze Durandarte»).

55   En Tortajada: «Coraçón del mas valiente    que en Francia ceñía espada».

56  Del que comienza: «En Francia estava Belerma,    alegre y regozijada», que proporciona a las ver­siones conqueiras el escenario de su segunda parte.

57  En Tortajada: «Coraçón de mi señor    Durandarte muy preciado, / en los amores dichoso    y en batallas desdichado».

58  El fragmento comienza: «Moro Atarfe, moro Atarfe    el de la barbita blanca». Véase CGR 0055 (D. Catalán et al., El Romancero Pan-hispánico. Catálogo general descriptivo. CGR 2, Madrid: Seminario Menéndez Pidal, 1982, pp. 281-285).

59  «Lo que os encomiendo, primo      lo postrero que os rogava, / que quando yo sea muerto      y mi cuerpo esté sin alma, / me saquéis el coraçón      con esta pequeña daga / y lo llevéis a Belerma,      la mi linda enamorada», dice Durandarte en la versión de Tortajada, mientras el viejo romance de «O Beler­ma, o Belerma» no aludía al acto de sacarle el corazón, diciendo únicamente: «Que quando yo fuere muerto    y mi ánima arrancada, / vos llevéys mi coraçón    adonde Belerma estava».

60 Hoy puedo añadir, en confirmación de este supuesto, que hacia 1963 un vaquero de unos 60 años de Albacete gustaba de repetir la exclamación: «— ¡Ay, amigo Montesinos,    mal nos fue en batalla, / que mataron a Galín,    capitán de nuestra escuadra!», revelando el conocimiento de unos ver­sos muy típicos del texto de «Por el rastro de la sangre» impreso por Tortajada (cfr. n 47). Aunque ob­viamente la tradición «conqueira» no deriva de la moderna de los gitanos bajo-andaluces, el oficio de vendedores ambulantes de los «tixileiros» tiene que ser parte en la explicación del común origen de dos tradiciones, la «conqueira» y la gitana.

CAPÍTULOS ANTERIORES: 

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

*   2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

3.- 2. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA AÚN VIVO EN LA MONTAÑA ASTURIANA

4.- 3. LA TRANSMISIÓN ESCRITA DEL TEMA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII Y EL ROMANCE TRADICIONAL «CONQUEIRO»

  Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

Imagen de portada de O. Koson

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