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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

2.- 1. EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO

 

 1.   EL CORAZÓN DE DURANDARTE, TEMA MOMIFICADO. I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

      on Quijote, al acometer en solitario la aventura del descenso a la cueva de Montesinos 1, reproduce, a su manera, la hazaña suprema de los héroes: la transgresión, sin perder la vida, de las fronteras del tiempo y el espacio. Durante una hora escasa en la que Sancho y el «primo» que les sirvió de guía lo mantienen dentro de la sima, don Quijote, entre un sueño y otro, recorre el más allá, guiado por el mismí­simo Montesinos, por espacio de tres días con sus noches. Pero, en esta hora glo­riosa, la imaginación le juega una mala pasada: en lugar de volar libremente (apro­vechando que los sentidos de Sancho no podían esta vez registrar una versión antitética de los sucesos), le ofrece una aventura, digna sí de su fantasía, pero pre­ñada de contradicciones. En ella, el mundo heroico quijotesco aparece contrapun­teado con notas naturalistas de realismo y miseria humana, implantadas en el sub­consciente del hidalgo por la invención de una Aldonza anti-Dulcinea mediante la cual el villano había intentado socarronamente «quedarse con» su amo durante la comprometida visita al Toboso. El viaje al más allá comienza, es cierto, con don Quijote despertándose en un deleitoso prado frente a un castillo cristalino, del que sale Montesinos a darle la bienvenida y a constatar que tan grande hazaña sólo para el invencible corazón y ánimo estupendo de don Quijote de la Mancha estaba guar­dada; pero acaba con la visión de una Dulcinea transformada en grosera aldeana, que acude saltando y brincando como una cabra y trata de empeñar su faldellín a don Quijote por media docena de reales para hacer frente a la extremada pobreza en que se halla. La mixtura, en el sueño del hidalgo, de «datos» facilitados por el mundo de la literatura y de «datos» procedentes de la experiencia cotidiana resulta especialmente caótica en la escena del encuentro con su admirado maestro en el arte de amar, con Durandarte, arquetipo romancístico de caballeros enamorados.

    «Apenas me dixo que era Montesinos —cuenta don Quijote a sus expectantes auxiliares— quando le pregunté si fue verdad lo que en el mundo de acarriba se contava, que él avía sacado de la mitad del pecho con una pequeña daga el coraçón de su grande amigo Durandarte y llevádole a su señora Belerma como él se lo mandó al punto de su muerte. Respondióme que en todo dezían verdad, sino en la daga; porque no fue daga, ni pequeña, sino un puñal buydo más agudo que una lezna». «... Esto dicho, el mísero Durandarte, dando una gran voz, dixo:

O mi primo Montesinos,    lo postrero que os rogava,
que quando yo fuere muerto    y mi ánima arrancada,
que llevéis mi coraçón    adonde Belerma estava,
sacándomele del pecho,    ya con puñal, ya con daga.

    Oyendo lo qual el venerable Montesinos se puso de rodillas ante el lastimado Cavallero y con lágrimas en los ojos le dixo: Ya, señor Durandarte, caríssimo primo mío, ya hize lo que me mandaste en el azyago día de nuestra pérdida, ya os saqué el coraçón, lo mejor que pude, sin que os dexasse una mínima parte en el pecho, yo le limpié con un pañizuelo de puntas, yo partí con él de carrera para Francia, aviéndoos primero puesto en el seno de la tierra con tantas lágrimas, que fueron bastantes a lavarme las manos y limpiarme con ellas la sangre que tenían de averos andado en las entrañas, y por más señas, primo de mi alma, en el primero lugar que topé, saliendo de Roncesvalles, eché un poco de sal en vuestro coraçón porque no oliesse mal y fuesse, si no fresco, a lo menos amojamado a la presencia de la señora Be­lerma...».

      Más adelante, don Quijote encontrará a la propia Belerma, acompañada de sus doncellas, llevando «en las manos un lienço delgado y entre él [...] un coraçón de carne momia», y Montesinos le explicará cómo las doncellas «quatro días en la semana hazían aquella procesión y cantavan, o por mejor dezir lloravan, endechas sobre [...] el lastimado coraçón».

      Cervantes, al echar sal al sangriento despojo de Durandarte, amojamaba y convertía en «carne momia» no sólo el «coraçón del más valiente que en Francia ceñía espada», sino todo un tópico de la poesía trovadoresca y la prosa caballeresca y sentimental, el de que el enamorado (o enamorada), por el hecho de amar, enajena su corazón, que en adelante pertenece a su amada (o amado). Este tópi­co, muy recurrente en la literatura medieval paneuropea, es el que el Romancero del siglo XV había acertado a desarrollar en forma de relato, presentando una es­cena en que un caballero anónimo, malherido, exige a su primo Montesinos antes de morir que, como último acto de camaradería, lleve su corazón a su amada Be­lerma:

¡O Belerma, o Belerma,   por mi mal fuyste engendrada!
¡ Siete años te serví,    que de ti no alcancé nada,
y agora que me querías    muero yo en esta batalla!
No me pesa de mi muerte,    aunque temprano me llama,
mas sólo por que de verte   y de servirte dexava.
Señor primo Montesinos,    lo postrero que os rogava,
que quando yo fuere muerto    y mi ánima arrancada,
vos llevéys mi corazón    adonde Belerma estava,
y servílda de mi parte,    como de vos se esperava,
y traeréys le a la memoria    dos vezes cada semana
y diréysle que se acuerde    quán cara que me costara
................................         .................................

      El éxito de este romance fue extraordinario: antes de mediar el siglo XVI se le habían hecho nada menos que ocho glosas diferentes2 y una contrahechura para acusar a la casa real hispanoborgoñona de ingratitud hacia sus servidores («O Borgoña, o Borgoña,    por mi mal fuiste engendrada, / siete años te serví     que no pude alcançar nada...»)3, y había dado nacimiento a una continuación en que Montesinos, después de muerto el caballero enamorado (a quien se identifica en el nuevo romance como Durandarte, cosa que «O Belerma, o Belerma» no hacía), cumple el encargo de sacarle el corazón. Este segundo acto de la historia alcanzó también extraordinaria popularidad desde los primeros decenios del siglo XVI, se­gún muestra el hecho de que nos sean conocidas seis versiones diversas del roman­ce (la mayor parte de ellas también glosadas) de la primera mitad del siglo4. En el  curso de las reelaboraciones sufridas por este segundo romance «Muerto yaze (queda) Durandarte» (y no en las de «O Belerma, o Belerma»), nacieron algunos de los detalles que Cervantes explota cómicamente en su relato: el paño, utilizado por Montesinos para limpiar el obsequio, y la «pequeña daga», a partir de la cual construye Cervantes ese estupendo verso absurdo «sacándomele del pecho, ya con puñal, ya con daga» para burlarse, sin duda, de los eruditos correctores de romances que, en sus días, trataban de armonizar las versiones varias de un romance con la pretensión de acercarse, así, a la «verdadera historia» del mismo (pero que hoy nos parece dirigido a reírse de nosotros, modernos estudiosos de las variantes de la poesía oral). En efecto, junto al relato:

hecha le tiene la huesa    en una penosa cava,
quitándole estava el yelmo,    desciñéndole la espada,
desarmándole los pechos    el coraçón le sacava
para llevarlo a Belerma    como él selo rogara,

conservado por dos de las versiones5 (y simplificado en una tercera6), otra versión, publicada en un pliego suelto y difundida también por Timoneda en su Rosa de amores (1573)7, dice:

La fuessa le está haziendo    con una pequeña daga,
desenlázale el arnés,    el pecho le desarmava,
por el siniestro costado    el coraçón le sacava,
bolviéndolo en un cendal    de mirar lo no cesava
Coraçón del más valiente    que en Francia ceñía espada,
agora seréis llevado    a donde Belerma estava8.

      Como si la sal cervantina no fuera bastante para momificar y enterrar el tópico de la entrega o manda testamentaria del corazón, años antes (en 1582) Góngora, en un malicioso romance9 que comienza:

Diez años vivió Belerma    con el coraçón difunto
que le dexó en testamento    aquel francés boquirrubio,

había supuesto que la mismísima doña Alda venía al encuentro de la llorosa Belerma para darle algunos sanos consejos:

Bolved luego a Montesinos    esse coraçón que os truxo
y embiadle a preguntar    si por gavilán os tuvo.
…………………………      ………………………..
La iglesia de San Dionís    canónigos tiene muchos,
delgados, cariaguileños    carihartos y espaldudos,
escojamos, como en peras,    dos déligos capotuncios,
de aquestos que andan en mulas    y tienen algo de mulos.
De todos los doze pares    y sus nones abrenuncio,
que calçan bragas de malla    y de azero los pantuflos.
¿De qué nos sirven, amiga,    petos fuertes, yelmos lucios?,
armados hombres queremos,    armados, pero desnudos.

Diego Catalán. Arte poética del Romancero oral II. Memoria, invención, artificio.

OTAS

1 Quixote, 2ª parte, caps. XXII-XXIII. Cito por la ed. de M. de Cervantes, Don Quijote de la Mancha. Facsímil de la primera impresión. Tomo 2, según la edición príncipe de Juan de la Cuesta, Madrid, 1615 (Palma de Mallorca: Alfaguara/The Hispanic Society of America/Papeles de Son Armadans, 1968).

2  a) Glosa de Alberto Gómez [Tizón] (i.: Oyendo como salieron / los doze pares de Francia). Incluida en los pliegos sueltos: DicARM 222 [Londres, British Mus., C.63.g.l7(l)] «Romance de Obelerma agora / nueuamente glosado por Alberto gomez»; DicARM 223 [Madrid, Bibl. Nacional R-9457], «Romance de Obelerma agora nue-/uamente glosado por Alberto gomez». De este pliego tomó el ro­mance (despojándolo de su glosa) Martín Nució, Cancionero de Romances, Anvers, s. a. [c. 1547-1548], f. 254v (y, a través de él, otros romanceros);- b) Glosa de Francisco Marquina (i.: «En los tiempos que en la Francia / reynauan los doze pares»). Incluida en los pliegos sueltos: DicARM 340 [Madrid, Bibl. Nacional R-3664 = F. Colón, Abecedarium, núm. 12363] «Aquí comiençan vnas glosas nue= /uamen-te hechas e glosadas por Francisco marquina...»; DicARM 339 [Praga, Universitäts-Bibl., núm. LXXIX] «Aqui comiençan vnas glosas nue/uame«te hechas e glosadas por Francisco de marquina»;- c) Glosa de Bartolomé de Santiago (i.: «Con mi mal no soy pagado / según las faltas he hecho»). Incluida en el pliego suelto DicARM 534 [Madrid, Bibl. Nacional R-9463]: «Glosa al Romance de O belerma nue-/uamente glosado por Bartolomé de santiago...»;- d) Glosa (de Bernardim Ribeiro?) (i.: «Quando esta con la razón / ligado el entendimiento»). Incluida en el pliego suelto de 1536 DicARM 486bis [Lisboa, Bibl. Nacional] «Trouas de dous pastores, s. Sil.-/uestre e Amador. Feytas por Bernal-/din ribeyro. Nouamente empremidas / Com outros dous romances com suas / grosas...»;- e) Glosa anónima (i.: «El conde Partinuples / y el obispo de Çamora»). Incluida en el pliego suelto DicARM 891 [Madrid, Bibl. Nacional R-9462] «Glosas de los romances de O / belerma. Y las de passeauase el / rey moro. Y otras de riberas / de Duero arriba. Todas he/chas en disparates»; y, con notables variantes, en el Cancionero [manuscrito] de Juan Fernández de Ixar, f. 13 8v (Estudio y edición crítica de José María Azaceta, Ma­drid, 1956);-f) Glosa anónima (i.: «Quexoso boy del biuir / o quexa muy desigual»). Incluida en el pliego suelto DicARM 890 [Londres, British Mus. C.39.f.28 (2)] «Glosa nueuamente compuesta / sobre las doze coplas Moniales...»;- g) Glosa (de Juan Fernández Heredia?) (i.: «Si tan poco sentimiento / me diesse verme sin ti»). Incluida en un manuscrito de Poesías escritas en Valencia, siendo la ciudad corte de Germana de Foix y del Duque de Calabria, 1526-1538 [Madrid, Bibl. Nacional, ms. 2621, (olim: M-322), siglo XVI, fol. 38] y en Obras de Juan Fernández de Heredia, Valencia, 1562; es la versión que, sin glosa, se incluye en la Tercera parte de la Silua de varios Romances. Steuan G. de Nagera, Çaragoça, 1551, f. CXVI r y v;- h) Glosa anónima (i.: «O batalla de dolor / sangrienta de cada parte»). Incluida en un pliego suelto perdido DicARM 747 [citado por F. Colón, Abecedarium, núm. 14553] «Bellerma roman­ce con glosa con las coplas del vir»; [Id. (i.: «O batalla carnicera / tan cruel de cada [parte]»)]. Incluida en otro pliego suelto perdido [citado por F. Colón, Abecedarium B, núm. 12389 y Suplementum, fol. 30v b. Vide A. L-F. Askins, «The Pliegos Sueltos of the Biblioteca Colombina in the Sixteenth Century: Notes to an Inventory», RPh, XXXIX (1985-86), 305-322, n° 62].

3  Con numerosas variantes figura en los manuscritos: París, Bibl. Nationale Mss. Esp. 373, ff. 115v-116v (núm. 602 de A. Morel-Fatio, Catalogue des manuscrits espagnols et des manuscrits portugais, Paris, 1892); Madrid, Bibl. de Palacio II-2805 (olim: 2-D-10 Poesías varias), siglo XVI, f. 72; Madrid, Bibl. de Palacio II-570 (olim: 2-F-4 Poesías varias), cartapacio salmantino de c. 1580, f. 114b; Cancionero musical e poetico da biblioteca Públia Hortensia (aneja a la Bibl. Municipal), Elvas, ms. 11973, siglo XVI (?), núm. 14, ff. 15-16 (ed. Manuel Joaquim, Coimbra, 1940, pp. 163-164).

4  a) De gran antigüedad es la glosa atribuida a Juan Sánchez Burguillos (i.: «Por pago de sus dolores / al último fin llegado»). Se nos conserva en varios manuscritos (con variantes y deturpaciones va­rias): París, Bibl. Nationale Mss. Esp. 371, f 44v (Morel-Fatio, Catalogue, núm. 603) (= E); Madrid, Bibl. de Palacio Real 11-617 (olim: 2-F-5 Poesías varias), siglo XVI, f 250 (= B); 11-2503 (olim: 2-C-10 Poesías varias), siglo XVII (principios), f 108 (= D), 11-1580 (olim: 2-B-10 Poesías varias en cinco tomos, tomo 4, siglo XVl), f 68v (= C), 11-531 (olim: 2-F-3 Poesías varias), h. 1590, f 40d (= A). Con este texto glosado se hermanan las versiones (sin glosa) incluidas en la Tercera parte de la Silua de varios Romances, Steuan G. de Nágera, Çaragoça, 1551, f 117 y en el Cancioneiro de Evora, ms. de fines del siglo XVI (ant. c.x.iv/1-17 de la Bibl. Pública de Evora), núm. 72 (de la ed. de V. E. Hardung), [y en el cuarto de los cartapacios encuadernados juntamente en el ms. 11-961 de la Biblioteca de Palacio Real (ed. Zorita-Di Franco-Labrador, Poesías del maestro León..., Cleveland: Cleveland State Univ., 1991, pp. 202-203)];- b) Otra glosa, en que el romance aparece muy abreviado, es la del famoso médico (de fines del siglo XV y primera mitad del siglo XVl) Francisco López de Villalobos (i.: «Aunque nuevas de pesar / sea pesar descubrillas»), acogida en el Cancionero general de obras nueuas..., Esteuan G. de Ná­gera, Zaragoza, 1544 (publ. por A. Morel-Fatio, L’Espagne au XVl siécle, Heilbronn, 1878, p. 550);- c) Otra glosa anónima (i.: «Quando el gran Carlos quería / sin razón dar en España») se conserva en el pliego suelto DicARM 659 [Praga, Universitäts-Bibl. (núm. XVII)] y DicARM 660 [Madrid, Bibl. Na­cional R-9489] «Aquí comiençan dos roma«ces con / sus glosas. El primero de Dura«darte...». De esta glosa procede el texto del romance (sin glosa) incluido por Juan de Timoneda en su Rosa de amores, Valencia, 1573, f 31v;- d) Otra versión sobrevive en un manuscrito del siglo XVI [Madrid, Bibl. Nacio­nal, ms. 1317, f 443c];- e) Martín Nució lo incorporó, como parte final de «O Belerma, O Belerma», a su versión corregida del Cancionero de Romances, Anvers, 1550, f 269v-270v;-/) También se incorpo­ró (DicARM 29) a un «Chiste nueuo con / seys Romances / y siete Villancicos / viejos agora nueuamen-te conpue/stos por Francisco de Arguello...» (i.: «Quitarme podéys la vida»); el fragmento ocupa el quinto lugar, después de otros dos romances y dos villancicos (alternados) [Londres, British Museum];- g) Tardíamente se hizo una refundición, atribuida a Juan de Ribera (i.: «Muerto queda Duran­darte   al pie de una gran montaña»); impresa en el pliego «Nueue romances: el primero de Lucrecia... compuestos por Juan de Ribera, año 1605».

5 Según la glosa de Burguillos (en los manuscritos más conservadores) y sus derivados, el texto de la Tercera parte de la Silua y el del Cancionero de Evora.

6 La glosada por Francisco López de Villalobos.

7 Véase n. 4, c).

8  El ms. 1317 (citado en la n. 4, d) dice, por su parte, «Hecha le tiene la huesa    con la punta de la espada / ... / Ya le quitava el almete,    ya le desciñe su espada, / ya le desarmava el cuerpo    y el coraçón le sacava / para llevarlo a Belerma / commo él se lo mandara / ... / Coraçón del más valiente    que en Francia ciñera espada / agora iréis a poder    de aquella que tanto amava».

9 Figura en el ms. Chacón. Se incluye, sin variantes, en las Obras en verso del Homero español que re­cogió luan Lopez de Vicuña (Madrid: Luis Sánchez, 1627), f 107v. (ed. facsímil, CSIC, Madrid, 1963), edición cuya ortografía sigo. En cambio, el texto acogido (como anónimo) en las Flores del Parnaso. Oc­tava parte. Recopilado por Luys de Medina (Toledo: Pedro Rodríguez, 1596), f 57v («Las Fuentes del Romancero General», 10, ed. A. Rodríguez Moñino, Real Academia Española, Madrid, 1957) ofrece variantes: Diez años vivió con él, / aunque a mí me ha dicho alguno; Esta ciudad de París / estudiantes tiene muchos.

NOTA INTRODUCTORIA

*   1.- NOTA INTRODUCTORIA. MEMORIA, INVENCIÓN, ARTIFICIO

I.    HALLAZGO DE UNA POESÍA MARGINADA: EL TEMA DEL CORAZÓN DE DURANDARTE

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