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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

12. LOS ARCHIVOS DEL ROMANCERO NUEVAMENTE EN EL FOCO. LOS LABORATORIOS HUMANÍSTICOS INSTALADOS EN EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS MENÉNDEZ PIDAL, 1988-1998

 

12. LOS ARCHIVOS DEL ROMANCERO NUEVAMENTE EN EL FOCO. LOS "LABORATORIOS HUMANÍSTICOS" INSTALADOS EN EL "CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS MENÉNDEZ PIDAL", 1988-1998. VIII EL ARCHIVO DEL ROMANCERO RENACE COMO PATRIMONIO CULTURAL DE INTERÉS MUNDIAL.

      En el Otoño de 1988, al regresar de mi último curso de docencia en la University of Cali­fornia, San Diego (1987-1988), viéndome con 60 años cumplidos, creí preciso buscar un futu­ro extra-familiar para los fondos que Ramón Menéndez Pidal me encomendó testamenta­riamente y para los por mi reunidos durante varios decenios de actividad investigadora. Contaba con la existencia de un organismo público, el Instituto Universitario Interfacultativo Seminario Menéndez Pidal, y de una institución privada, la Fundación Ramón Menéndez Pidal, estatuta­riamente interesados en ese objetivo, y, de otra parte, con el inmueble que la Fundación Ramón Areces permitía utilizar para el desarrollo de las actividades de la Fundación Ramón Menéndez Pidal, la antigua casa familiar situada en la calle Menéndez Pidal, 5. Pero la "historia" del "Se­minario" y de la casa no invitaban a considerar de una fácil consecución el proyecto de garanti­zar, en un futuro que trascendiera a mi persona, que esos fondos pudieran seguir manteniéndo­se reunidos y accesibles. Si Ramón Menéndez Pidal y Jimena Menéndez Pidal habían tenido que dejar inconclusos planes similares, un desarraigado del entramado social español como yo era no iba a tener mejores oportunidades que las generaciones precedentes para convencer a los here­deros de la España de la Cuarta Restauración borbónica del interés para el Patrimonio nacional de los Archivos en cuestión. Pero había que intentarlo.

      Tras ponderar las posibilidades de desarrollo que en la nueva legislación universitaria tenía el "Instituto Universitario Interfacultativo Seminario Menéndez Pidal" (entrevistándome con el Rector de la Universidad Complutense, Gustavo Villapalos, 28 de Noviembre de 1988, y con diversos Vicerrectores, así como con el entonces Ministro de Educación y Ciencia, Javier Sola­na, 19 de Diciembre de 1988), me propuse como meta el hacer entrega al Estado español y, a través de él, al público interesado en su consulta, de los "Archivos reunidos" depositados en Chamartín (en Menéndez Pidal 5), procurando que la transferencia de titularidad de los fondos no provocara el desmantelamiento de los organismos, público y privado, que con esos fondos ve­nían trabajando, ni contribuyera a hacer más difícil el acceso a ellos. De entrada, la situación del Instituto Universitario no favorecía mis proyectos, ya que las reformas universitarias le dejaron sin la posibilidad, a partir de 1988, de contar con un presupuesto propio para sus publicacio­nes. Además, ese hecho vino a dar lugar a que la "Editorial Gredos", que tenía la exclusiva de la distribución de las publicaciones del "Seminario Menéndez Pidal" desde su creación en 1955, dejara arbitrariamente desde aquel año de ingresar las liquidaciones debidas, pese a que el coste de la edición de los libros había recaído exclusivamente sobre los presupuestos anuales del "Se­minario".

      La muerte, el 15 de Febrero de 1990, de Jimena Menéndez Pidal, quien con su presencia en la antigua casa de su padre había representado el lazo vivo entre el pasado y el presente, intro­dujo, algún tiempo después, un factor psicológico más de urgencia a las gestiones para formali­zar el traspase al Estado de la responsabilidad en el mantenimiento de esos Archivos. Pero el pro­ceso de transferencia de esa responsabilidad, aunque nunca quedara oficialmene interrumpido, se prolongaría de un año en otro, a pesar de que, a raíz de la muerte de mi madre, me entrevis­té nuevamente con el Ministro de Educación Javier Solana llevándole un borrador del plan de acción que creía posible.

      Por entonces, ya había iniciado conversaciones con la Directora de Archivos Estatales, Marga­rita Vázquez de Parga, a fin de diseñar un proyecto de catalogación e informatización de los "Ar­chivos reunidos" depositados en la "Fundación Ramón Menéndez Pidal", que permitiera una es­calonada cesión de su titularidad a "Archivos Estatales". Pensamos que ese proyecto de catalogación y digitalización, basado en la experiencia de modernización tecnológica reciente­mente desarrollada en el "Archivo de Indias", debía iniciarse con el análisis de los fondos docu­mentales escritos y sonoros del Romancero297, por ser los de carácter más insustituible y más fre­cuentemente consultados. En Octubre de 1990, se firmó un primer convenio entre la Dirección General de Bellas Artes y Archivos y la "Fundación Ramón Menéndez Pidal" para la "Ordena­ción, catalogación y difusión de los fondos documentales del Archivo manuscrito y del Archivo Sonoro del Romancero", que fue renovado en Setiembre de 1991298. Mediante un cursillo, im­partido por mí en el "Seminario Menéndez Pidal" preparé a un grupo de diecisiete postgraduados para que, con ritmo acelerado, rellenaran las fichas descriptivas de los documentos escritos y orales de uno y otro archivo299, a fin de transmitir esa información a las bases de datos de la red de terminales P.I.C. del Centro de Información Documental de Archivos (C.I.D.A.)300.

      La firma, el 16 de Octubre de 1992 (con la anuencia de la "Fundación Ramón Areces"), de un "Acuerdo de Cooperación Científica" entre el "Instituto Universitario Interfacultativo Semi­nario Menéndez Pidal" de la Universidad Complutense de Madrid301 y la "Fundación Ramón Menéndez Pidal"302, por el cual la "Fundación" puso a disposición de los "Laboratorios Huma­nísticos Menéndez Pidal" del "Instituto Universitario" la Planta primera y la Entreplanta del in­mueble propiedad de la Fundación Ramón Areces, en el n° 5 de la Calle Menéndez Pidal, Ma­drid, 28036, con su mobiliario e instalaciones, representó un importante paso hacia el futuro. En virtud de ese Acuerdo, el "Instituto Universitario" pudo disfrutar para sus investigaciones de una forma institucionalizada tanto de la "Biblioteca Menéndez Pidal" (propiedad de la Fundación Menéndez Pidal), como de los importantes fondos documentales (de mi propiedad) allí deposi­tados; entre ellos del "Archivo Menéndez Pidal" y del "Archivo Sonoro del Romancero", que ante­riormente sólo había podido manejar a título de gracia. Por su lado, el "Instituto Universitario", como parte de sus "Laboratorios", contribuyó al funcionamiento del centro aportando sus re­cursos institucionales (equipos, material fungible) y, adicionalmente, con el 50% del coste del mantenimiento de los servicios.

      Aquel Acuerdo, de carácter trienal (automáticamente prorrogable, mientras no fuera denun­ciado por una de las partes), llevó aneja la aprobación de un Proyecto de investigaciones con­juntas de ambas instituciones, pública y privada, en los "Laboratorios Humanísticos Menéndez Pidal" durante los años 1991-1994, que previamente había sido presentado por mí a la "Fun­dación Ramón Areces" y que había recibido el apoyo económico solicitado (12 de Junio de 1991). Aunque esta "Ayuda puntual para el trienio 1991-1994" no incluyó, por entonces, al "Laboratorio de Romancero y Poesía Oral", dejó abierta la puerta al desarrollo, en el centro inaugurado en 1985 por la reina Sofía, de actividades científicas continuas, de acuerdo con mi concepción del mismo.

      El 30 de Agosto de 1993 me entrevisté con la nueva titular del Ministerio de Cultura, Carmen Alborch, para presentarle un proyecto de cesión a Archivos Estatales de los archivos depositados por mí en la "Fundación Ramón Menéndez Pidal", previa realización de la digitalización e informatización de los mismos y de la creación de unos módulos de consulta303 en el centro de Me­néndez Pidal 5 (Madrid 28036), sede tanto de la citada fundación privada como del Instituto Universitario Seminario Menéndez Pidal de la Universidad Complutense de Madrid; y el 20 de Diciembre el Director General de Bellas Artes y Archivos, José Guirao Cabrera, me comunicó, en el curso de una nueva entrevista, la aceptación por el Ministerio de mi proyecto de cesión304.

      No obstante, las reformas en la organización del Ministerio de Cultura que supusieron el paso de "Archivos Estatales" a la "Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas", dejando de ser parte de la "Dirección General de Bellas Artes", y la transferencia de competencias cultura­les por el Estado a la Comunidad Autónoma de Madrid afectaron indirectamente de forma ne­gativa al proyecto, tanto en lo relativo a los planes de cambio de titularidad de los fondos305, como en lo tocante a las disponibilidades económicas para avanzar en el trabajo de catalogación, informatización y digitalización.

      Finalizado el trienio 1991-1994, la colaboración de "Archivos Estatales" en los proyectos de informatización de los archivos del Romancero (aunque muy limitada y a veces interrumpida) facilitó que la "Ayuda puntual" de la Fundación Ramón Areces a las investigaciones por mí di­rigidas en los "Laboratorios Humanísticos Menéndez Pidal", al ser renovada el 25 de Noviem­bre de 1994, contemplara la integración en un gran proyecto unitario de todas las actividades que en el pasado se venían realizando en ellos, así como de las que se consideraban posibles en el futuro inmediato, incluidas las referentes al campo del Romancero. Durante el nuevo trienio (1994-1997), el apoyo de la Fundación Ramón Menéndez Pidal al Seminario Menéndez Pidal, permitió, en consecuencia, relanzar muchos de los viejos sub-proyectos pertenecientes a este campo, abandonados desde comienzos del decenio, y, a la vez, intentar consolidar el proyecto de modernización de los archivos, escrito y sonoro, del Romancero.

      Esta reactivación en 1994 de las actividades del "Laboratorio del Romancero y Poesía oral" recibió un importante soporte con la concesión por la "Dirección General de Investigación Científica y Técnica" (DGICYT), en concurso público, de una subvención destinada a la insta­lación en los "Laboratorios Humanísticos" de una "Estación de Digitalización y Grabación en CD-ROM" y de una "Estación de Consulta de Base de Datos, imágenes, CD-ROM e impre­sión", que permitió, a la "Fundación Ramón Menéndez Pidal" y al "Instituto Universitario Se­minario Menéndez Pidal" poner en marcha un proyecto conjunto con el que se pretendía re­coger los frutos de decenios de trabajo en torno al Romancero tradicional como una singular creación comunal de los pueblos que se expresan en las lenguas hispánicas neo-latinas (castella­na, gallego-portuguesa, catalana y judeo-española).

      El proyecto, titulado "El Romancero tradicional pan-hispánico. Recopilación, archivación y estudio de un género literario en peligro de extinción", presentado al Ministerio de Educación y Ciencia el 17 de Marzo de 1995 por ambas instituciones, privada y pública, ofrecía:

    "a. La creación, a partir de un archivo privado, de un Archivo Internacional del Romance­ro y de un Archivo Sonoro del Romancero de propiedad estatal, previa catalogación, descrip­ción, informatización, digitalización y grabación en disco óptico de los fondos escritos del Archivo Menéndez Pidal I Goyri y la grabación en CD-ROM del Archivo Sonoro del Roman­cero de D. Catalán.

    b. La preparación de los originales de 15 volúmenes sobre b. 1. Arte poética del Romancero oral; b. 2. Bibliografía crítica de los estudios del Romancero (desde 1971 al presente); b. 3. Ca­tálogo analítico de los documentos del Archivo Menéndez Pidal/Goyri; b. 4. índices descriptivos del Archivo Sonoro del Romancero; b. 5. Romanceros Regionales (Galicia, Asturias, Cantabria, Extremadura, Acores, Madeira, Paísos Catalans); b. 6. Romancero vulgar, b. 7. Romancero gene­ral de Cuba; b. 8. Romancero judeo-español de Sarajevo; b. 9. Cancionero-romancero del emba­jador de Felipe II en Francia".

      Los firmantes del equipo investigador fueron Diego Catalán (Investigador principal) y Sa­muel G. Armistead, Suzanne Petersen, Ana Valenciano, Flor Salazar, Jesús Antonio Cid, Pedro Alfonso Ferré, Beatriz Mariscal, Krinka Vidakovic, Salvador Rebés, José Luis Forneiro, y los be­carios adscritos a los "Laboratorios Humanísticos" Raquel Calvo, Débora Catalán, Inés de la Cruz, Belinda García Barba, Javier Gómez, María González Piñeiro y Joaquín López Martínez.

      Las promesas editoriales hechas en el punto b) de este ambicioso proyecto empezaron a cum­plirse desde ese mismo año 1995. Para fines de 1998, en que concluía la ayuda a la renovación de los medios de trabajo proporcionada a los "Laboratorios" por el DGICYT, varios de los li­bros programados habían salido de las prensas.

      Gracias a un acuerdo editorial entre la "Fundación Ramón Menéndez Pidal" y "Siglo XXI de España Editores, S. A." vieron la luz dos volúmenes de mi autoría sobre el Arte poética del Ro­mancero oral: Parte 1ª Los textos abiertos de creación colectiva y Parte 2ª Memoria, invención, ar­tificio, Madrid, 1997 y 1998, respectivamente306.

      También se publicaron los dos primeros volúmenes del Catálogo analítico del Archivo Menén­dez Pidal Goyri, referentes a los Romances de tema nacional, preparados, bajo mi dirección, por los becarios de los "Laboratorios Humanísticos" de la Cruz, García, Gómez, González y Martí­nez (Barcelona: Quaderns Crema, 1998), que fueron subvencionados parcialmente por la Fun­dación Ramón Menéndez Pidal307.

      De los Romanceros regionales propuestos han ido saliendo: El Romancero tradicional extremeño. Las primeras colecciones (1809-1910), textos editados por Luis Casado de Otaola, bajo la dirección de Diego Catalán, Mérida: Asamblea de Extremadura y Fundación Ramón Menéndez Pidal, 1995; Beatriz Mariscal, Romancero general de Cuba, México: El Colegio de México, 1996; Silva as­turiana VI. Nueva colección de romances (1987-1994), recolección y edición de Jesús Suárez López, con la colaboración de Mariola Carbajal Álvarez, transcripciones musicales de Susana Asensio Lla­mas, Oviedo-Madrid: Fundación Ramón Menéndez Pidal, Real Instituto de Estudios Asturianos, Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Gijón y Archivo de Música de Asturias, 1997; Romanceiro xeral de Galicia, I: Os romances tradicionais de Galicia: Catálogo exemplificado dos seus temas, por Ana Valenciano con la ayuda de José Luis Forneiro, Concha Enríquez de Sa­lamanca y Suzanne Petersen, Madrid-Santiago de Compostela: Centro de Investigacións Ramón Piñeiro y Fundación Ramón Menéndez Pidal, 1998. Según más adelante se reseñará, un año después del periodo indicado se ha concluido, por fin, la impresión en 1999 del volumen Silva asturiana, I: Primeras noticias y colecciones de romances en el s. XIX. Estudio y edición de J. A. Cid, serie de la cual se halla en proceso de impresión el vol. II sobre El Romancero asturiano de Juan Menéndez Pidal y su compilador.

     Como anticipo de la publicación integral del Romancero de Sarajevo, se ha realizado la edición de su sección sonora.

      También se publicaría, tras larga espera, en 1999, como adelante se dará cuenta, el tomo re­ferente a El Romancero vulgar y nuevo. Preparado en el Centro de Estudios Históricos Menén­dez Pidal con la guía y concurso de Diego Catalán, por Flor Salazar.

      Para la prosecución de las ediciones de otros de los libros ofrecidos, la "Fundación Ramón Menéndez Pidal" ha firmado diversos convenios editoriales con la Xunta de Galicia308, la Asam­blea de Extremadura309 y la Universidad de Cantabria310 y ha recibido subvenciones de la Di­rección General de Relaciones Culturales (del Ministerio de Asuntos Exteriores) y de la "Fun­dación Rich"311, aparte de la ya citada "Ayuda Puntual" de la "Fundación Ramón Areces".

      Aunque el Seminario Menéndez Pidal no volviera a organizar bajo mi dirección encuestas de campo como las de los años 1977-1985, la labor de preparación de ediciones de romanceros regionales ha tenido, en algunos casos, como complemento una nueva labor de recolección, de mayor o menor importancia. Excepcional ha sido el enriquecimiento del corpus romancístico asturiano por obra de Jesús Suárez y Mariola Carbajal, enriquecimiento en el que sólo de una forma lateral intervino el "Seminario Menéndez Pidal"312. Suárez y Carbajal no sólo grabaron 1.399 versiones de 150 temas romancísticos en los más varios concejos del Principado, sino que lograron reunir, entre 1987 y 1994, una colección que por sí sola supera a todas las colec­ciones anteriores de los siglos XIX y XX, tanto en riqueza temática, como en el hallazgo de te­mas insospechados, como en la excelencia de las versiones. Esta colección nos permite enfatizar el hecho de que en la Asturias del último decenio del siglo XX, el romancero sigue "viviendo".

      Una serie de cifras que Jesús Suárez consigna en la "Introducción" de su libro nos dan una imagen de cómo es hoy esa "vida" tradicional del Romancero:

    "Entre los 370 informantes entrevistados —personas que han cantado o recitado una o más versiones de romances—, se cuentan 54 hombres frente a 316 mujeres. De los 54 infor­mantes masculinos, solamente 5 igualan o sobrepasan la cifra de 10 versiones: Juan García Berdasco, con 83 años, natural de Los Corros, concejo de Luarca (13 versiones); Adolfo Ordóñez García, de 66 años, natural de Río Aller (12 versiones); Domingo García, de unos 60 años, natural de Corralín, concejo de Degaña (10 versiones); Toño, de 70 años, natural de Fojo, concejo de Yernes y Tameza (10 versiones). Aunque portadores de un repertorio más re­ducido (4 y 3 versiones respectivamente), cabe destacar también a Jóse Frial Pérez, de 76 años, natural de Siñeriz, concejo de Valdés y a Jesús, de 77 años, natural de Villanueva de Óseos, recitadores de las dos únicas versiones de Don Manuel y el Moro Muza recogidas en esta co­lección. A pesar de no tener un repertorio romancístico muy extenso, los escasos colaborado­res masculinos con que he contado resultaron casi siempre buenos informantes en sentido cualitativo: accedieron de buen grado a comunicar su saber tradicional y recitaron o cantaron de manera fluida.
    La edad de los informantes se sitúa, por lo general, entre los 60 y los 90 años, aunque hay algunas excepciones notables: Ana Cano Cano, de 13 años, natural de Aristébano (Valdés), que cantó el romance de Una fatal ocasión; Claudio, de 11 años, natural de San Clemente (Ibias) que recitó una versión de Grifos Lombardo. Y ya muy cercanas al siglo de vida: Josefa Miranda, con 96 años, natural de Villaverde (Allande), recitadora de El caballero burlado, Gri­fos Lombardo, Blancaflory Filomena, La mala suegra y El rastro divino, o María Fernández Fer­nández, con 98 años, natural de Obona (Tinco), recitadora de Conde Claros en hábito de frai­le, Blancaflor y Filomena y varios otros romances «de pliego» (...).
    Muchas de las personas que han demostrado ser buenos informantes, capaces de recitar de corrido y sin lagunas diez, quince, o más versiones del repertorio tradicional, aclararon explí­citamente a lo largo de la encuesta que no sabían leer ni escribir. Es el caso de Rosa Vuelta Menéndez, de 78 años, natural de Trasmonte (Cangas del Narcea), que recitó 10 versiones; de Belarmina y Cecilia Martínez, hermanas de 85 y 82 años respectivamente, naturales de Riotorno (Cangas del Narcea), con 18 versiones en su haber; de Adela González, de 78 años, natural de Tablado (Degaña), a quien debemos 14 versiones; o de Aurelia, de 84 años, natu­ral de Candín, provincia de León, que recitó íntegramente 18 versiones. Cabe destacar entre estas últimas a la excepcional recitadora Belarmina Sal González, de 83 años, natural de Sis­terna, pequeña aldea del concejo de Ibias, que cantó y/o recitó 28 romances en una sola entrevista, incluyendo varios temas de los citados anteriormente como de extremada rareza.
    Además de las mujeres citadas, habría que incluir a otras 23 informadoras más dentro de la nómina de personas que han cantado o recitado más de una decena de versiones. El hecho de haber sobrepasado esta cifra, obviamente arbitraria, no es definitorio en sí mismo de la condición de portador «cualificado» del saber tradicional, pero conlleva, por regla general, otras cualidades que caracterizan a los buenos informantes: cantan o recitan con fluidez y se­guridad, sus versiones-objeto muestran una buena memorización del «modelo» aprendido y un notable grado de maestría en el arte de la reelaboración tradicional. Y en la mayor parte de los casos, además de meros «depositarios» de la tradición, han sido en algún momento de su vida «transmisores» activos de su repertorio"313.

      Pero más significativo para el estudio del Romancero oral como literatura que este conjunto de datos resulta, posiblemente, el tener presente que, una vez más, en 1992 hizo su aparición, ante un explorador de la tradición, una versión del todo inesperada. ¿Quién iba a suponer que en los años 90 del siglo XX iba a poder recogerse en una braña de Luarca una versión de Lanzarote y el ciervo del pie blanco, cuando en siglo y medio de activa recolección en Asturias nadie había topado con tan extraordinario romance! Y, sin embargo, el 23 y 24 de Junio de ese año Jesús Suárez grabó, cantada por Generosa Garrido Riesgo, de 83 años, en l’Argumosín una es­pléndida versión de este romance de tema artúrico, que en el s. XV comentó Nebrixa, y del que hasta 1992 sólo eran conocidas unas rarísimas versiones modernas de Canarias y Andalucía:

      El buen rey, que Dios mantenga,     sus tres hijas que tenía
 2   por un inojo que tuvo     todas tres las maldecía:
     — ¡Malditas seáis, mis hijas,     de Dios y Santa María! —
 4   Una se metiera a moro    y l’otra no parecía
      y otra se metiera a toro     n’el monte del rey Sevilla.
 6   Su padre desque lo supo     a escribirles bien corría,
      una carta echó por Francia    y otra por Andalucía:
 8   que el que mate al toro pinto     casará con la infantina.
      Don Bernardo se alabó     entre las damas un día
10   que él solo mataba al toro,     sólito sin compañía.
      Cogió su espadita al hombro     y echa andar al monte arriba
12  y allegando al medio’l monte   encontró con u’armitaño,
     ’los que vida santa hacía.
14   — Dime, armitaño, por Dios,    por Dios y Santa María,
      por Dios me diz la verdad    y me niegas la mentira:
16   el toro del cuello pinto     ¿en qué monte regería?
      — Por aquí pasó esta noche     tres horas antes del día,
18  ni deja duques ni condes     ni cosa que él hallaría. —
      Si no fuera de vergüenza    don Bernardo se volvía;
20   bajara una voz del cielo,     d’esta manera decía:
      — Siga, siga, don Bernardo,     siga, siga para arriba;
22   siga, siga, don Bernardo,      que ésa ganadita iba. —
      Cogió su espadita al hombro     y echa andar al monte arriba
24   y allí lo hallara durmiendo     al pie de una fuente fría,
      donde la nieve se encuba,     l’agua menudita y fría,
26   donde la coluebra canta,     la sirpiente respondía.
      Le dio siete puñaladas,     de la menor se murira,
28   con el fervor de la sangre     d’esta manera decía:
      — Si me matas, don Bernardo,     es por la disgracia mía,
30   la hija del Al dragón     mañana se casaría. —
      ¡Válgame el señor San Pedro,     válgame Santa María,
      Nuestra Señora nos valga    y la Virgen Soberana!

      Tan sorprendente hallazgo nos permite augurar que en el s. XXI aún habrá posibilidades de hallar, ocasionalmente, piezas romancísticas que la intensiva caza de romances realizada en el s. XX no ha sido capaz de hacer salir de las soterrañas madrigueras de la tradición oral.

      En comparación con las encuestas de Suárez y Carbajal, la labor "de campo" de otros encuestadores más directamente vinculados al "Seminario Menéndez Pidal" hecha en estos años no tiene apenas importancia para el conocimiento del Romancero, ni, por otra parte, ofrece una imagen de continuidad de la tradición tan esperanzadora de que el Romancero pueda en el pró­ximo futuro seguir transmitiéndose de memoria en memoria entre las gentes de muchas co­marcas.

      La encuesta realizada en Cantabria durante los días 17 a 25 de Julio de 1996 por unos equi­pos calcados en su organización de los del antiguo proyecto DEAPHR314, dio frutos muy desi­guales. Según palabras de J. A. Cid, uno de los participantes con mayor experiencia previa recolectora de romances315

    "La transformación en el habitat rural ha sido absoluta, según puede percibirlo con toda claridad quien haya visitado, por ejemplo, los valles de la zona media con un intervalo de sólo quince o diez años. En la encuesta realizada el año pasado pudo comprobarse que, incluso en áreas muy ricas en el pasado, los romances habían desaparecido prácticamente, que los úni­cos depositarios eran sólo testigos residuales, y que sus textos, si no eran fragmentos mal re­cordados, rara vez añadían algo a lo ya conocido".

Pero esta impresión tan negativa, respecto al estado de la tradición y a los resultados de la en­cuesta, requiere matizaciones. El propio Cid lo reconoce:

    "Sólo en contadas excepciones y en áreas poco exploradas hasta entonces, como en Valdeolea y Valdeprado, afloró ocasionalmente un Romancero de gran calidad (...).
    A nadie puede dejarle indiferente el que estos versos recogidos en Reinosa el pasado verano

Un día el rey y la reina    juntitos iban hablando,
con su boca iban diciendo     y con sus ojos llorando:
— ¡Quién tuviera entre los míos     un valeroso soldado
que matara al perro moro,     ese traidor elevado
que delante de mi vista     tres hombres ya me ha matado (...).

sean el principio, mejorado, de un romance fronterizo que pudieron escuchar los cortesanos de Isabel la Católica. O que en este otro comienzo de Mediadoro (Valdeprado)

Van a caza, van a caza,     los cazadores del rey,
no encontraron qué cazar     ni tampoco qué coger.
Cae el agua menudita    y atrás se quieren volver;
se han arrimado a un palacio     que llaman Castro Jerez.
Y en medio de aquel palacio     estaba doña Isabel,
oro y plata dan por ella,     lo que se pesa en un mes.
Respondieron sus hermanos:     —Ni lo que se pesa en tres.—
La ha puesto a jugar su padre     en el juego ’el aciprez (...).

tengamos el romance hispánico (Ricofranco) que representa un modelo arquetípico, el de la violencia masculina contrarrestada por la sagacidad fremenina para la venganza, presente en toda la baladística europea".

      Otro de los encuestadores veteranos, Jesús Suárez316, quizá debido a la satisfacción de poder compartir fatigas y experiencias con otros investigadores del Romancero317, se muestra más op­timista que Cid respecto al estado de salud de la tradición cántabra:

    "Entre las decenas de textos recogidos en esa semana de trabajo de campo, recuerdo espe­cialmente una excelente versión de Grimaldos desterrado y nacimiento de Montesinos grabada en Reinosa junto con Ana Valenciano y Jesús Antonio Cid. / Recuerdo también, entre las nu­merosas personas encuestadas, haber entrevistado a algunos informantes excepcionales, bue­nos conocedores del repertorio tradicional de su comarca y capaces de cantar o recitar de ma­nera fluida más de una decena de romances. Es el caso de la recitadora de Reinosa anteriormente citada, que comunicó varias versiones excelentior de temas históricos y carolingios; de una mujer de Valderredible, que poseía un excelente repertorio y que, como suele su­ceder, lo estimaba en poco y se mostraba reacia a colaborar (...); o del matrimonio octogena­rio de Campo de Ebro, entrevistado en compañía de José Manuel Fernández García, buenos informantes ambos, que recitaron un buen número de romances salpicados de comentarios jocosos y agudas interpretaciones personales sobre las historias que estaban narrando".

      Otra pequeña encuesta colectiva318 por comarcas de la Cordillera central en las provincias de Avila y Salamanca, durante los días 28 a 30 de Junio de 1997, simbólicamente cerrada por mí en el pueblo abulense de Chamartín319, mostró la extinción, casi total, de la tradición oral en al­gunos pueblos, en que las mujeres viejas se esforzaban en recordar sin éxito versiones "vulgatas" otrora de conocimiento universal, y la pervivencia en otros lugares de repertorios muy limitados. Curiosamente, en comarcas de tradición decaída, los mejores informantes fueron casi sis­temáticamente hombres y no mujeres320. En aquella rápida excursión los más positivos resulta­dos se obtuvieron en la vertiente Sur de la Cordillera Central, en la provincia de Ávila321, pese a su más directa relación (como zonas de veraneo) con Madrid.

      En comarcas extremeñas se hicieron un par de incursiones en 1997 , una realizada por mí, otra a cargo de Ana Valenciano, Pere Ferré y Teresa Araújo. Aparte de las muestras del romancero que aún se conservan en la tradición, acerca de las cuales enseguida hablaré, ambas encuestas aporta­ron datos muy interesantes acerca de un fenómeno nuevo en el campo del Romancero cantado en medios rurales: la artificiosa creación de "informantes" con repertorios cuidadosamente preparados de antemano por un "folklorista" letrado interesado en promocionar, en el "mercado cul­tural" regionalista, una determinada comarca y a sí propio, como descubridor de ignoradas joyas tradicionales. La "falsificación" de tradiciones se había dado, a veces, en el pasado, de forma más o menos descarada o sutil; pero únicamente como parte del proceso de publicación de romances populares. Sólo ahora, como consecuencia del moderno etnocentrismo cultural de la "España de las autonomías", ha surgido esta "variante" en las prácticas falsificadoras, una variante con la cual los estudiosos del Romancero deberemos, en adelante, contar.

      Mi conocimiento de este nuevo género de textos predataba a mi última encuesta en solitario. José Manuel Fraile había enviado tiempo atrás al Archivo, entre otros romances de diversa pro­cedencia322, unas versiones de Las Hurdes temática y formalmente sorprendentes. Su análisis me convenció, desde un primer momento (y así se lo comuniqué por escrito, 30-III-1996), que, como versiones procedentes de la tradición oral, eran sospechosas de creación fraudulenta y, dado que, supuestamente, procedían de cantores y lugares diferentes, que mi desconfianza se centraba en el colector común que se las había proporcionado:

    "30 de marzo de 1996./ Amigo Chema./ Gracias por el rápido envío de tu Ramito de arrayán + Gritando va el caballero. Lo incorporo a mi estudio./ En cuanto a lo que me consultas acer­ca de los tres romances supuestamente cantados en Las Hurdes a Félix Barroso Gutiérrez mi diagnóstico es que son falsificaciones. No tengo la menor duda de ello. Están plagados de vo­ces, sintagmas, construcciones sintácticas y elementos narrativos ajenos a lo que han podido he­redar de la tradición oral sujetos varios de Martilandrán, Pinofranqueado y Las Mestas. Si no fueran individuos varios de distintos lugares los «cantores», podría creer que han recibido la he­rencia de un maestro de escuela, cura párroco u otro mixtificador y han memorizado ese tex­to «letrado». Pero la serie sólo puede ser debida al colector. Lo siento./ Un abrazo de / Diego".

      Andado el tiempo, el 20 de Octubre de 1996, en la sección de "Cultura" del periódico re­gional "Hoy", apareció un reportaje, firmado por Félix Barroso Gutiérrez, titulado "Eminentes investigadores se interesan por el romancero popular hurdano" y subtitulado "La primera toma de contacto de estos investigadores fue en el pueblo de Caminomorisco", lugar donde el repor­tero ejercía de maestro (en el Colegio Isabel de Moctezuma). La crónica de "Hoy" daba cuenta de la visita "hace escasos días" de un equipo de investigadores (...) formado por la catedrática israelí Susana Weich-Shahak y los conocidos miembros del Seminario Menéndez Pidal, Jesús An­tonio Cid y José Manuel Fraile Gil" y refería sus experiencias en territorio hurdeano, tanto por diversas alquerías y pueblos, como en un "serano", organizado en su honor, "al que acudieron hurdanos de los pueblos de Casares de Hurdes, Asegur, Aceitunilla y El Cerezal". Al decir del articulista, "no pudieron por menos los investigadores que sentir auténticos escalofríos al escu­char a aquellas gentes de Las Hurdes romances que se creía que sólo conservaba la comunidad de los judíos sefarditas de Marruecos" y, como consecuencia de ello, ofrecer que "todo el equi­po de investigadores apoyará, unánimemente, con su asesoramiento, las medidas que la Conse­jería de Cultura y Patrimonio [de Extremadura] adopte en aras a la salvaguarda e inminente re­colección de la importante cultura oral de Las Hurdes".

      La ulterior audición de las cintas y lectura de los textos, grabados y transcritos por o en com­pañía del maestro de Caminomorisco, me ratificaron en mi anterior impresión de que, junto a las versiones "normales", propias de la tradición extremeña comarcal, aparecían en los reperto­rios hurdanos, para cuya difusión impresa se pedía el apoyo del Instituto Universitario Semina­rio Menéndez Pidal, otras "versiones" de origen foráneo, letrado, que habían sido "implantadas" artificiosamente en la tradición de Las Hurdes. En unos casos se trataba de temas histórico-legendarios o de gran rareza en el conjunto del romancero tradicional moderno sin base en tex­tos tradicionales próximos323; en otros, de romances cambiados de asonante en forma no acep­table según las prácticas refundidoras de los auténticos portadores de tradición324. Quedaba por precisar a qué tiempos, modernos desde luego325, remontaba la "implantación" y las razones de ese trabajo de "repoblación folklórica".

      Cuando Félix Barroso Gutiérrez, desde el Colegio Isabel de Moctezuma en Caminomorisco, me remitió directamente (29 de Abril de 1997) una muestra de la colección que proyectaba in­cluir en su libro Romancero Jurdano y me invitó a utilizarla en el Romancero tradicional extreme­ño. Nuevas colecciones, que teníamos en preparación (diciéndome: "Somos partidarios de que al­gunas versiones hurdanas aparecieran en la obra que se va a editar aunque aposteriori se publique el Romancero Jurdano"), le hice saber mi opinión sobre lo reunido:

      "En Madrid, a 16 de mayo de 1997. / Muy Sr. mío /. Recibí su carta del 29 de Abril y las versiones de romances que me adjunta. Ya tenía noticia de la colección de usted, pues José Ma­nuel Fraile, primero, y Jesús Antonio Cid, después, me mostraron y me dejaron oír textos de ella sobre muy variados temas. / Los fenómenos que en ella se manifiestan resultan muy cu­riosos, no ya sólo por los temas —como Vd. bien dice— y las mutaciones de asonancia, sino por su vocabulario —tan pronto del s. XVI, como castellano moderno, como extraído de los dialectos extremeños locales— y su sintaxis y versificación —con indudables huellas de una composición letrada, rasgos muy del 27 y fórmulas de romancero antiguo y moderno—. / Los vengo examinando en detalle, desde que las primeras muestras llegaron a mis manos, y estos últimos textos resultan aún más ilustrativos del proceso histórico de este singularísimo roman­cero hurdeano. / Espero dedicarle un estudio especial en nuestro Romancero tradicional extre­meño. Claro está que me gustaría poder hacerlo teniendo a la vista toda su colección, de la cual sólo haría citas si es que veía la luz antes de que Vd. publicara su Romancero Jurdano".

      Durante mi rápida visita a Las Hurdes326, pude observar que los repertorios coleccionados para el futuro Romancero Jurdano respondían, al menos, a dos categorías de informantes. Una de ellas la constituían verdaderos transmisores de tradición cuyo primitivo repertorio local había sido reformado mediante un aprendizaje reciente de versiones proporcionadas o "mejoradas" por el maestro. Tal es el caso de la suegra de Barroso, Ricarda Iglesias Montes, buena cantora tradicional327, que ya había sido encuestada por Ana Valenciano en 1981328, y del "coro" de mujeres de Aceitunilla seleccionado para las actuaciones folklóricas patrocinadas por el maestro329. Otro género de "informante" lo formaban, lamentablemente, individuos muertos hace muchos años. La fecha de su defunción (comprobada por mí acudiendo, en dos de los casos, a los propios pa­rientes de los muertos) resultaba ser anterior a la fecha señalada como día de la recolección de las versiones supuestamente dichas por ellos y, a veces, incluso anterior a la de la llegada por aque­llas tierras del maestro. La tipología de los "informantes" del Romancero Jurdano puede comple­mentarse gracias a la "encuesta Portugal-Extremadura, 23-28 de Junio de 1997" realizada por Fe­rré y Valenciano. Las monjas de Erías (Cáceres) les mostraron copias de todos los textos mecanografiados por Barroso que ellas colaboraban en distribuir entre los campesinos para que "recordaran mejor" la vieja tradición romancística que el maestro estaba interesado en revitalizar, y les proporcionaron una muestra de ellas; también las benditas hermanas ayudaban al maestro en la tarea de poner melodías a los romances distribuidos. Este testimonio directo vino a escla­recer la anécdota, protagonizada por José Manuel Fraile y Jesús Suárez, cuando una mujer alde­ana de Nuñomoral se les quejó de que su hombre "ya no estaba para estudiar, que estaba jarto hasta los cojones de que lo tuvieran pa[ra] acá y pa[ra] allá sin ganar na[da]" y que no podía aprenderse más romances de las hojas que le daban, pues ya era viejo y le costaba mucho memorizar tanta historia.

      La experiencia de proporcionar a cantores populares textos y melodías pseudo-tradicionales, ocultando su verdadero origen, quizá llegue a originar, como ocurrió antes con algunos textos de procedencia libresca, versiones neo-tradicionales dignas de estudio330; pero, por el momen­to, las versiones recogidas no pasan de ser memorizaciones de un texto fraudulento331.

      En cuanto al estado de la tradición romancística en Extremadura, la impresión que recibimos en 1997 fue variable. Con ocasión de la firma de un nuevo convenio con la "Asamblea de Extre­madura", el 27 de Mayo de 1997, hice una rápida encuesta en Montánchez, atraído por el recuerdo de su historia y de los versos glosados por Juan del Enzina: "O castillo de Montangez,     por mi mal te conocí, / cuytada de la mi madre     que no tenia mas de a mí". Apenas puesto el pie en tierra, mientras contemplaba por su exterior la iglesia, una vieja mujer que estaba sentada en el atrio me sometió a un interrogatorio. Enterada de mi interés por los romances, se apresuró a encaminarme, si le guardaba el secreto de ser ella quien me dio las indicaciones, a casa de su hija, a la cual todos conocían como "La obradora", debido a que había regentado un taller de costura en el que apren­dieron sucesivas generaciones de muchachas jóvenes. Por vez primera, inicié una encuesta llaman­do a una casa a través de un portero automático. ¡Y con resultados muy positivos!332

      Otra cala en la tradición oral hecha en Julio de 1998 en algunos lugares de Sanabria y de La Ca­brera Alta, a donde fui acompañado por Rosa Paradela, Enrique Jerez y Raúl López Redondo, tam­bién me permite mitigar el diagnóstico de que el romancero oral se halle en estado terminal, ya que en un Domingo conseguimos una mediana recolección de textos en San Martín de Castañe­da (Zamora), Truchillas e Iruela (León), que hasta incluía un romance de gran rareza como Alabó­se el Conde Vélez; y Paradela y Jerez, en pueblos de la comarca en torno a Becedas (Avila), y López Redondo, en Lanzarote, pudieron aquel Agosto aplicar la lección y recoger por su cuenta, una cu­riosa colección de romances, en buena parte pertenecientes a la tradición local.

      La labor de descripción de los fondos grabados del el "Archivo Sonoro del Romancero" se re­planteó en 1996. Decidí remitir al "Archivo del Romancero Menéndez Pidal / Goyri" las trans­cripciones en papel de los textos grabados para incorporarlas a ese archivo escrito. En cuanto a los textos sonoros, consideré conveniente transferirlos a minidiscs y reinventariar los contenidos grabados en cada día de encuesta por cada equipo colector para elaborar un índice descriptivo del Archivo Sonoro del Romancero. En esa labor ha venido trabajando continuadamente Débora Catalán y, en periodos distintos, han contribuido además a ella José Manuel Pedrosa y Enrique Jerez (véase adelante, "Epílogo", n. 38).

Diego Catalán: "El archivo del Romancero, patrimonio de la humanidad. Historia documentada de un siglo de historia" (2001)

NOTAS

297 Tras describir y clasificar los fondos del Roman­cero, se continuaría con los de Dialectología y con los de Cronística medieval.

298 Siendo Director General José María Luzón Nogué.

299  El equipo de licenciados por mí preparado en 1990-1991 estuvo constituido por Santiago Alonso, Ignacio Canel, María Jesús Centeno, Inés de la Cruz, Roberto Domínguez, Relinda García, Javier Gómez, María González, Marta González, Sol Gozalo, Teresa López, Joaquín López, Elvira Morales y Carola Saiegh, como "analistas" de la documentación escrita ("AMP" = Archivo Menéndez Pidal), José Luis Forneiro, Débora Catalán y Luis Casado, como "analis­tas" de la documentación sonora ("ASOR" = Archivo Sonoro del Romancero). Con el objeto de garantizar que el Catálogo descriptivo proyectado tuviera utili­dad para especialistas en campos de investigación di­versos (así como para un público lector no especiali­zado), el "formulario descriptivo", "ficha matriz" o "machote" diseñado para describir cada uno de los documentos fue, desde un principio, mucho más rico en información y mucho más complejo en el campo del contenido que los habitualmente cumpli­mentados por el C.I.D.A. No obstante, la reevalua­ción de los resultados obtenidos en el curso de una primera "ronda" de descripción del conjunto de los fondos, dio en 1991 lugar a una profunda reforma del método de trabajo e, incluso, de la estructura de la "ficha matriz". En la nueva etapa de descripción de la documentación escrita el equipo que siguió traba­jando en esa sección (bajo mi dirección, pero ya con una mayor capacidad de rellenar las fichas descripti­vas de forma más metódica y homogénea) quedó re­ducido a cinco licenciados: de la Cruz, García Barba, Gómez, González Piñeiro y López Martínez.

300  La conexión con el C.I.D.A. se realizó a través de Carmen Sierra, Jefe de la Sección de Información Documental.

301  Por la Universidad firmó el acuerdo el Vicerrec­tor de Investigaciones Arturo Romero.

302  Representó a la Fundación el Presidente de su Patronato Rafael Lapesa.

303 El proyecto, en sus aspectos técnicos, fue elabo­rado por la alianza informática Corte Inglés-IBM. España ("Archivos y Bibliotecas A.I.E.") en Julio de 1993.

304 Entre tanto, la "Dirección General de Bellas Ar­tes y Archivos" del Ministerio de Cultura había rea­nudado su apoyo a los Archivos, mediante un acuer­do  de cooperación científica,  firmado por José Guirao, para la creación de un "Archivo Pan-hispánico informatizado del Romancero" y la elaboración del primer volumen de un Catálogo-índice analítico del Ar­chivo romancístico Menéndez Pidal I Goyri. 12-XI-1993; acuerdo renovado el 24-111-1994. Tras una inte­rrupción en la cooperación del Ministerio, se estableció un nuevo "Acuerdo de cooperación científi­ca entre la Dirección General del Libro, Archivos y Bi­bliotecas", firmado por el Director General Francisco Javier Bobillo de la Peña el l-IX-1995, según el cual "la difusión de los resultados se hará a través de la red de terminales de los P.I.C. y paralelamente se incluirán en la Red Internacional «Internet»". Dicho acuerdo fue renovado el 23-VII-1997, por el nuevo Director General el Libro, Archivos y Bibliotecas, Fernando Rodríguez Lafuente. De conformidad con estos acuerdos, los datos recopilados se siguieron transfiriendo al Centro de Información Documental de Archivos. Las contribuciones ministeriales, siempre bienvenidas, fueron en todos estos años parcas, ya que no permitían mantener en activo ni siquiera a un mínimo de implementadores de fichas para avanzar en el proceso catalogador ofrecido en el proyecto de la DGICYT.

305 La "Comunidad Autónoma de Madrid" detuvo durante años el expediente administrativo antes de manifestar su desinterés en contribuir, ni siquiera de forma puntual, a necesidades económicas vinculadas al proceso de institucionalización del "Archivo Me­néndez Pidal". Las tácticas dilatorias de la Hacienda de la Comunidad representaron una trampa econó­mica que acabó por afectarme personalmente.

306 "Siglo XXI" obtuvo una ayuda de la "Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas" del Minis­terio de Educación y Cultura.

307 La publicación contó con una ayuda de la "Di­rección General del Libro, Archivos y Bibliotecas" del Ministerio de Educación y Cultura.

308 Para la coedición con el Centro Ramón Piñeiro de cuatro volúmenes del Romanceiro xeral de Galicia, incluido el ya citado (s. d.-II-1996).

309 A fin de preparar el vol. II de El Romancero tra­dicional extremeño (27-VI-1997).

310 Para la publicación integral del Romancero gene­ral de Cantabria (6-II-1996).

311 Para facilitar las contribuciones de los investiga­dores extranjeros que colaboran en el Romancero de Sarajevo y para la edición del componente sonoro de la publicación (7-II-1996 y 16-X-1996).

312 Según Suárez hace saber en los "Agradecimien­tos" de la versión impresa de su colección, tuvo como "maestro", "norte y guía" a Jesús Antonio Cid: "Me honra hacer constar mi reconocimiento a mi maestro y amigo Jesús Antonio Cid, que puso norte y guía a mi trabajo y me prestó las armas metodoló­gicas para acometer tamaña empresa, y a Diego Ca­talán, por servir de espejo y punto de referencia in­sustituible a todos los que nos dedicamos al estudio del Romancero", Silva asturiana. Nueva colección (1997), p. 9.

313 J. Suárez, Silva asturiana. Nueva colección (1997), pp. 13-14.

314 Fernando de Vierna, uno de los participantes, describió en "El Diario Montañés", Miércoles, 24-XII-1997, lo que consideró un acierto en la organiza­ción de la encuesta colectiva, subrayando: "Tuvimos nuestra base en el hotel Vejo de Reinosa, desde donde cada mañana la salida a nuestros puntos de destino es­taba cargada de la ilusión por acudir a algún lugar que en el pasado había sido escenario de importantes re­colecciones de romances o la esperanza de descubrir alguna versión inédita en Cantabria (...). A última hora de la tarde, durante el regreso a Reinosa, los tra­yectos, a veces excesivamente largos, eran amenizados con las anécdotas y comentarios sobre la jornada. Una vez en el hotel, a medida que iban llegando los equi­pos, los comentarios se intercambiaban entre todos (...). El buen ambiente existente entre todos los miem­bros de la encuesta lo propiciaba la ilusión por el tra­bajo que estábamos desarrollando, pero creo que el hecho de que los compañeros de ruta cambiaran cada día facilitó el intercambio de anécdotas y experien­cias". Los equipos encuestadores estuvieron constitui­dos por Jesús Antonio Cid, Flor Salazar, Ana Valen­ciano; Mariano de la Campa, Inés de la Cruz, Belinda García Barba, Roberto Sendino; José Manuel Pedrosa, Jesús Suárez, Koldo Biguri; Fernando Gomarín, Juan Haya; José Manuel Fernández, Francisco J. Sáez, Carmen Sáinz, Fernando Vierna.

315 En el "Suplemento" dedicado al "Romancero General de Cantabria", publicado el Jueves, 11-XII-1997 por "El Diario Montañés".

316 En el "Suplemento"citado de "El Diario Mon­tañés".

317 Según él mismo comenta: "La participación en la encuesta Cantabria 1996 fue mi primera ocasión de trabajo en equipo tras diez años de encuestas ro­mancísticas en solitario".

318  En la que participaron Mercedes Bravo, Débora Catalán, Diego Catalán, Inés de la Cruz, Ana Fer­nández Vega, Javier Gómez, Ángel Minaya, Francis­co Sáez, Flor Salazar y Maribel Solís.

319 En que dos mujeres viejas, después de su paseo vespertino por los alrededores del cementerio celta, se reunieron en una casa a cantarnos su limitado re­pertorio a Mercedes Bravo, Ángel Minaya, Maribel Solís y a mí.

320 Entre esos informantes varones el de mayor per­sonalidad fue Mariano, "el Pastor", en Puente de Congosto (Salamanca), narrador extraordinario de su vida desde que le mataron al padre los clericales y hubo de empezar a ganársela como rabadán en el pas­toreo trashumante. Al margen del Romancero, nos narró y cantó una espléndida misa jocosa.

321  En la comarca de Pinares.

322 José Manuel Fraile, que en los primeros tiempos del proyec­to DEAPHR colaboró en la duplicación de los mate­riales sonoros producidos por las encuestas, inter­mitentemente remitió después al Archivo cintas o transcripciones con especímenes de los textos que re­cogía (por sí mismo o en equipo) y, en diversas oca­siones, me consultó acerca del carácter de algunos de los textos hallados.

323 Este carácter tienen las versiones (a que hacen referencia las descripciones 1115.1; 3561.1; 4051.1, 4051.2 y 4051.3 del Catálogo analítico del Archivo romancístico Menéndez Pidal-Goyri) de los romances Siete infantes de Lara, Yusuf rechazado en Valencia y Penitencia del Rey Rodrigo (é.a), respectivamente, la referente a la batalla de Roncesvalles o la elaborada a partir de Lanzarote y el ciervo del pie blanco, según ex­plicaré en el vol. II del Romancero tradicional extre­meño.

324 Labor que produce textos apócrifos tanto de ro­mances raros (por ejemplo El sueño de doña Alda, Pe­nitencia del rey Rodrigo, El conde Grifos Lombardo, Gaiferos y Galván, Mariana o Canta, moro), como de romances mucho más conocidos en la tradición pe­ninsular (por ejemplo La Gallarda, Conde Niño o Sol­dados forzadores).

325 Como ya le señalé a Barroso en mi carta del 16-V-1997 luego citada.

326  El día 28 de Mayo de 1997.

327 Actualmente, según pude observar en mi visita el 28 de Mayo de 1997 a Aceitunilla, en las Hurdes Al­tas (Cáceres), la señora Ricarda gobierna un grupo de cantoras, al que toda mujer del lugar remite al visitan­te afirmando que ese grupo es el único autorizado in­formante sobre tradiciones y costumbres locales. Las cantoras del grupo comparten un repertorio que can­tan a coro. El coro es, claramente, liderado por la se­ñora Ricarda, quien maneja a la perfección, como ins­trumento, unos tejuelos. En el repertorio del grupo hay, junto a textos evidentemente espúreos, otros tra­dicionales de raíz local.

328  La señora Ricarda, suegra de Félix Barroso, fue entrevistada y grabada por Ana Valenciano cuando esta encuestadora participaba en un proyecto de CILAS ti­tulado "Las acciones de desarrollo comunitario como base de un modelo sociológico de desarrollo de las áre­as rurales de países no industrializados", 1980-1981, dirigido por el profesor californiano Aaron Cicourel. En aquella ocasión, el repertorio de la señora Ricarda lo constituían sólo auténticos romances locales.

329 Que no sólo han tenido éxito en el contexto re­gional de Extremadura, sino en festivales folklóricos realizados en otras Comunidades Autónomas.

330  Entre las muestras de romances pseudo-tradi­cionales llegados a mi conocimiento procedentes de actos folklóricos basados en el aprendizaje de estas "versiones" de creación erudita hay algún caso en que un mismo romance tiene dos formas; pero creo que una y otra han sido creadas por la misma persona y no son fruto de la transmisión oral.

331  Lo es, sin duda, la nueva versión oída por mí a la portadora de tradición Ricarda Iglesias Montes en Aceitunilla (Cáceres) del romance de La infantina. Entre los romances recogidos en 1980-1981 por Ana Valenciano a la señora Ricarda se halla el de La in­fantina + El caballero burlado, que acababa, con toda seguridad, en el verso: "-Vuelve, mi caballo, vuelve, sobre el tronco de la encina", pues, al preguntarle la colectora si, en efecto, volvían, la señora Ricarda co­mentó: "Vuelven, sí, vuelven, hasta el tronco de la encina". Pero según el texto registrado (con fecha 8-II-1997) por Barroso, el romance continuaría más allá de este verso con un nuevo episodio (proceden­te, en parte, de La hermana cautiva, como ocurre en versiones de muchas regiones que han sido publicadas), episodio que, en algunos detalles, parece no ge-nuinamente tradicional. Es esa "nueva" versión la que a mí me cantaron la señora Ricarda y su coro; pero, curiosamente, en un primer impulso la señora Ricar­da se detuvo en el mismo verso en que en 1980-81 daba fin al romance; sólo después me dijo el resto, que creo fraudulento. Al ver que los textos que en­tonces se me estaban cantando a coro reproducían, a la letra, los que ya conocía por vía escrita (remitidos por Barroso), tanto si tenían aspecto de ser tradicionales, como si eran, a mi parecer, creaciones eruditas, consideré inútil seguir grabando.

332 La casa era el número 6 de la calle de Santo Do­mingo. La obradora tenía 64 años y se llamaba Alfonsa Rosco Mateo. Conservaba la afición de cantar que, en el pasado, había desarrollado, cuando era ma­estra de un montón de chiquillas, debido a la prácti­ca de entretenerlas cantando "para que se callaran" y trabajaran mejor.

LÁMINAS

Las "Ayudas puntuales"de la Fundación Ramón Areces a los "Laboratorios Humanísticos" dirigi­dos por Diego Catalán en el "Centro de Estudios Históricos Menéndez Pidal" (trienios 1991-1994 y 1994-1997) permitieron continuar la labor científica, después del fín del proyecto DEAPHR.
Juan Manuel de Mingo y Diego Catalán firmaron los protocolos de la primera "Ayuda puntual" de la Fun­dación Ramón Areces (12-VI-1991).

Un "Acuerdo de Cooperación Científica" entre la "Fundación Menéndez Pidal"y el Instituto Uni­versitario "Seminario Menéndez Pidal"permitió a estas dos instituciones, privada y pública, reali­zar por dos trienios (1992-1995 y 1995-1998) diversos proyectos conjuntos.
Rafael Lapesa, acompañado de Diego Catalán, sube en el "Centro de Estudios Históricos Menéndez Pidal’ a inaugurar en él la "sala Lapesa" (27-VI-1994). Foto Ana Pelegrín.

En el último decenio del milenio, Asturias sigue siendo tierra de romances.
Algunos de los portadores de tradición descubiertos por Jesús Suárez son, a la vez, personas muy representa­tivas de todo un siglo de vida rural asturiana: Josefa Miranda, con 96 años, entrevistada en 1991 en Villaverde (Allande) dijo, entre otras, una versión de
El caballero burlado:
—¿De qué te ris, la niñeta,       de qué te ris, vida mía?
—De usted mismo, el caballero,       de usted mismo es la risa,
de pasar conmigo el monte       doncella como venía.
—Atrás, atrás, la niñeta,       y atrás, atrás, vida mía.
n’la fuente donde bebimos       quedó mi espada dorida
(Foto Jesús Suárez).

La tradición ha seguido pasando de generación en generación: Domingo García González (76 a.), vecino de El Bao (Ibias), heredó de su padre Anselmo, natural de Corralín (entrevistados a sus 93 y 60 años por Diego Catalán en 1980) un espléndido repertorio, con Durandarte envía su corazón a Belema, El moro que reta a Valencia y al Cid, El conde Niño + Valdovinos sorprendido en la caza, Muerte del príncipe don Juan, La princesa peregrina, El veneno de Moriana, La Gallarda, etc. Volvió a cantarlos con 71 años para Jesús Suárez en 1991 (foto Jesús Suárez, 1996).

A finales del s. XX, en la "España de las autonomías", ha renacido una costumbre entre eruditos regionales que hizo estragos en el s. XIX: la de crear romances "tradicionales" apó­crifos atribuyéndoselos a cantores po­pulares. Pero la novedad de este pro­ceso falsificador es que ahora no se destinan tan sólo a colecciones impre­sas, sino que se procede a implantar­los artificiosamente entre supuestos portadores de tradición para así au­tentificarlos y poder exhibirlos en actos folklóricos organizados y, consecuente­mente, rentabilizarlos.
En los ejemplos siguientes saltan al oido (más que a la vista) los rasgos inequívocos de que se trata de falsifi­caciones contemporáneas.
Versiones de
El veneno de Moriana (fal­sificadas) de la colección de Félix Barroso, supuestamente recogidas en Las Hurdes (en Caminomorisco y Aceitunilla) en 1994 y 1997. Reproducción parcial de los textos.

Dos romances de tema histórico-nacional supuesta­mente tradicionales en Las Hurdes (en Aceitunilla y en la alquería de Cambrón): La penitencia del rey don Rodrigo y Doña Elvira y doña Sol abandonadas en Corpes. De la colección Barroso. Claramente apócrifos.



Una contrafacta de los antiguos "seranos" de los pueblos del Occidente de España (en que los tra­dicionales productos locales fueron reemplazados con wisky "DYC" y chistorras del hipermercado "Continente" traídas de Madrid) sirvió de escenario para que los "eminentes investigadores" del Se­minario Menéndez Pidal escucharan "en vivo" los romances fronterizos, del Cid, de Los Infantes de Lara, del rey Rodrigo, de Roncesvalles, nunca vistos ni oídos en la tradición peninsular, con que los aleccionados aldeanos de las alquerías hurdanas les obsequiaron.

Un "informante" jurdano reticente a "estudiar" más romances "sin ganar nada" (visto por Cruz Montero Garrido).

Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

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