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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

7. EL ROMANCERO AÚN VIVE. VOCES NUEVAS DE LA TRADICIÓN ORAL, 1977-1978

 

7. EL ROMANCERO AÚN VIVE. VOCES NUEVAS DE LA TRADICIÓN ORAL, 1977-1978. VIII EL ARCHIVO DEL ROMANCERO RENACE COMO PATRIMONIO CULTURAL DE INTERÉS MUNDIAL.

      Sólo a raíz del "Second International Symposium of the Hispanic Ballad", celebrado en la University of California, Davis, los días 9, 10 y 11 de Mayo de 1977, a iniciativa del profesor Antonio Sánchez Romeralo, los apoyos económicos, largamente trabajados, de entidades públi­cas de Estados Unidos y de España hicieron posible, al fin, acometer la nueva empresa de ex­ploración de la tradición oral española anunciada como proyecto urgente en 1973. En la ver­sión impresa de ese Simposio, El Romancero hoy, tres volúmenes publicados en 1979 por la Cátedra-Seminario y la University of California108, pudo ya darse cuenta de los resultados de las dos primeras campañas de recolección realizadas por los equipos conjuntos del "Seminario Me­néndez Pidal" y la University of California109.
      En 1976-1977, la colaboración en el campo de estudios del Romancero entre el "Seminario Menéndez Pidal", de la Universidad Complutense de Madrid, y el "Center for Iberian and La­tin American Studies", de la University of California, recibió el apoyo del "Comité Conjunto Hispano-Norteamericano para Asuntos Educativos y Culturales" y, con esa ayuda, se concibió una encuesta «piloto» por el Norte de España durante 18 días (8-23 y 27-28 de Julio de 1977), con un doble propósito:

a)  "formar un equipo de investigadores especializados en el rastreo de los «últimos» testi­monios del acervo cultural tradicional y en el acopio de versiones  que aún sobreviven en el repertorio folklórico de la población campesina en este último cuarto del siglo XX"

b) "comparar los resultados obtenidos con el auxilio de medios técnicos modernos y de mé­todos nuevos de encuesta con los logrados en las recolecciones del período áureo de la inves­tigación de campo sobre el Romancero"110.

      La principal innovación planeada en la encuesta fue el recurrir a un "colectivo" de encuestadores, a un amplio equipo que se subdividía en formas cambiantes cada jornada de encuesta, a fin de cubrir en tiempo breve una extensa área sin por ello atentar a la unidad de ese "colectivo" (para aprovechar, en días sucesivos, los conocimientos que sobre la tradición de la comarca encuestada fuesen reuniendo los diversos equipos coyunturales). Otra, consistió en ir pertre­chados, no sólo de los manuales de encuesta impresos en tiempos pasados, sino de un comple­jo manual ad hoc:

    "La confección de nuestro «manual de encuesta» se realizó entresacando sistemáticamente de las colecciones inéditas (o editadas) del «Archivo Menéndez Pidal» los comienzos, típicos de las provincias que iban a ser exploradas (León, Palencia, Santander, Zamora, Lugo), de cuantos romances se habían hasta entonces encontrado en ellas, consignando la procedencia de cada cita (...)111.
    Los romances o versiones destacables por su rareza o por el excepcional interés de sus par­ticulares variantes se incluyeron en el «manual» íntegras, acompañadas de los datos conocidos sobre recitador, fecha de recolección, colector, etc., a fin de poder perseguir sus huellas en la actualidad de la forma más efectiva posible (...). Además de las muestras de romances, el «ma­nual» incluía listas de los recitadores de cada pueblo, especificando los romances que propor­cionaron a los investigadores anteriores, si es que tales datos nos constaban (caso de la reco­lección de Josefina Seía en el alto León central)"112.

      La encuesta se diferenció radicalmente de las de tiempos anteriores por la posibilidad de gra­bar electrónicamente las letras y músicas y por la movilidad de los mini-equipos utilizando co­ches particulares por una red caminera en general modernizada. La forma de abordar a los po­sibles informantes y de localizar a los mejores portadores de tradición fue, en cambio, heredera de mi experiencia de colector en los años 40 y no requirió modificaciones.
      En cuanto a la selección de comarcas visitadas y de cómo organizar la encuesta itinerante, me atuve a un criterio que para aquella «encuesta piloto» consideré esencial: buscar el éxito.
      En consecuencia, decidí iniciar la encuesta en un área que conocía bien de antemano por ha­berla recorrido a pie en 1946 y ser la más conservadora del romancero viejo de cuantas Galmés y yo habíamos explorado en los años 40: el valle de Polaciones y Pesaguero113. Como destaca­ron, en su día, Flor Salazar y Ana Valenciano al dar noticia de aquella «encuesta piloto»:

    "El empezar la encuesta por un área muy explorada y de tradición romancística rica tenía sobre todo un propósito: el facilitar la iniciación de los encuestadores noveles, colocándoles en un territorio romancístico fértil, cuyo repertorio era bien conocido, para así impedir el de­saliento"114.

El equipo encuestador, constituido por mí (Diego Catalán), por los cuatro miembros del "Se­minario Menéndez Pidal" (Jesús Antonio Cid, Paloma Montero, Flor Salazar y Ana Valenciano) y por cuatro becarios del "Center for Iberian and Latin American Studies" (Teresa Catarella, Thomas Lewis, Madeline Sutherland y Jane Aiko Yokoyama)115, necesitaba, en efecto, foguear­se antes de poder aprovechar su amplitud numérica para visitar un substancial número de alde­as entre las múltiples que se hallan dispersas por los valles de la Cordillera Cantábrica y su ale­daños. Instalados inicialmente en Potes (Liébana),

    "recorrimos, en excursiones radiales, el reducto occidental de la provincia de Santander for­mado por los valles de Cabuérniga, Polaciones y Liébana, en las estribaciones de los Picos de Europa"116.

      Desde luego, la impresión general que obtuvimos sobre la evolución sufrida entre 1946 y 1977 por la vida rural de la montaña cántabra nos llevó a destacar, por delante de cualquier otra observación, lo siguiente:

    "La vitalidad de la cultura tradicional en el área explorada durante el verano del año 77 re­sulta muy diferente a la que Catalán y Galmés aún encontraron en los años 40. En aquellas fechas, los pueblos todavía estaban constituidos por núcleos de población estable con una fuerte vida comunal. Valles densamente poblados, tradiciones unitarias, poco contacto con el exterior. Hoy encontramos unos pueblos escasamente habitados, la vida de las comunidades reducida al mínimo (mantenida casi sólo por ancianos) y una sociedad rural asaltada por to­das partes por la nueva «cultura» de la sociedad de consumo. La penetración de la cultura ciu­dadana en los pueblos y aldeas se produce por dos caminos muy diferentes, por la expansión de la economía consumista que se extiende por todos los rincones en busca de nuevos mer­cados, y sobre todo por la incorporación de los campesinos desarraigados a la sociedad in­dustrial (...). La emigración de casi toda la población activa en muchos de los lugares visita­dos parece anunciar el fin irreversible de la cultura tradicional, multisecular, de las comunidades rurales del Norte de España"117.

      No obstante, aquella impresión puede expresarse más matizadamente con sólo dos palabras, que sirvieron de título a la comunicación publicada por dos de las encuestadoras que en 1977 se "estrenaron ilusionadamente como colectoras" en El Romancero hoy. Nuevas fronteras: "El Ro­mancero aún vive".
      En efecto, así nos lo dejaron ver, desde el primer momento, las experiencias que cada sub-equipo colector tuvo el primer día de encuesta. Recordaré, ante todo, la mía.

    "Para lograr un mayor radio de acción nos habíamos distribuido los encuestadores en va­rios coches que seguían rutas diversas. En mi caso, acompañado de Flor Salazar, inicié la en­cuesta por el lugar donde treinta años antes había encontrado más viva la tradición: Uznayo, en Polaciones. Yendo camino de la aldea, alcanzamos a un chiquillo que iba andando hacia ella con un cántaro de leche en la mano. Le invitamos a subir al coche. En el camino, al preguntarle si era de Uznayo, nos replicó: «No, soy alemán». Había nacido en Mannheim. Era un hijo de la emigración. Pensé que nuestras pesquisas sobre los romances iban a resultar va­nas, visto que hasta allí llegaba el efecto de la «revolución» sociológica ocurrida en el campo. Pero, al saber el objeto de nuestro viaje, el «alemán» (que así era llamado por sus compañe­ros) nos hizo saber que él mismo sabía versos de romances, pues los cantaba su abuelo. Y, en efecto, llegados a la casa, el abuelo, que estaba labrando unas almadreñas de madera, fue nues­tro primer informante y allí en Uznayo, mientras esquilaban unas ovejas, mujeres jóvenes y viejas recordaron para nosotros romances que en nada tenían que envidiar a los recogidos en 1948 o antes de la Guerra Civil"118.

Flor Salazar, que relató también, en su día, ese comienzo de la encuesta, precisó en su informe acerca de los familiares del «alemán»119:

    "su abuela nos cantó, entre otros, El raptor pordiosero, La noble porquera y Grimaldos deste­rrado y nacimiento de Montesinos, mientras su marido recordó un fragmento de El conde pre­so y Bernardo en tanto que labraba unas almadreñas. El niño «alemán» les ayudaba a refrescar la memoria y hasta, en ocasiones, corregía sus lecciones atinadamente. Sin duda, al regresar a casa de sus padres en Alemania llevaría, entre los recuerdos de su experiencia campesina, me­moria de alguna parte del repertorio romancístico de sus abuelos".

También acerca del grupo de esquiladoras precisó Flor Salazar algunos detalles120:

    "Un poco más abajo, un grupo de mujeres, mientras esquilaban unas ovejas, nos cantaron, entre otros, los romances de La muerte del príncipe don Juan y Las señas del esposo. Las esqui­ladoras, en su faena, daban la impresión de ser miembros de una comunidad aldeana ajena al proceso de transculturización de que venimos hablando. Pero esta imagen era falsa: ninguna de aquellas mujeres vivía permanentemente en la aldea. Se reunían allí los veranos y retorna­ban, con alegría, a su pasado; pero su vida estaba fuera del valle, en la cabeza de partido, en la capital o en Alemania. Pero, aun desarraigadas de la comunidad, conservaban memoria viva de su acervo romancístico"121.

      No menos fácil y sorprendente fue el hallar romances para el mini-equipo de Teresa Catarella y Ana Valenciano que iniciaron su experiencia encuestadora en Tresabuela. En plena carrete­ra abordaron a una mujer casualmente venida ese día desde la vecina aldea de Salceda:

    "A la pregunta de los encuestadores de si conocía romances, respondió con un «Sí, Valdovinos», dejando atónitos a los miembros del equipo, ya que en siglo y medio [de encuestas romancísticas] sólo se habían recogido 17 versiones de ese tema"122.

      La aldea de Uznayo, visitada por Flor Salazar y por mí, podría considerarse modelo de la si­tuación sociológica que por aquellos años predominaba en toda la montaña de Cantabria y co­marcas con un habitat similar, de una etapa en la transformación social que aún dejaba grandes esperanzas de que el Romancero podía adaptarse a la evolución de la vida en el campo:

    "En aquella aldea, físicamente inalterada desde los años cuarenta, no es fácil discernir qué predomina, si los nuevos moldes culturales que traen inevitablemente los emigrantes, o el per­tinaz apego a las ancestrales costumbres. Los hogares, abiertos generosamente para nosotros, reflejaban una aceptación natural de la «prosperidad» representada por los electrodomésticos (neveras, televisores, aparatos de agua caliente, lavadoras), al lado de una falta total de servi­cios sanitarios; la pervivencia del hogar de leña, al lado de la novísima cocina esmaltada. Cues­tión de gustos personales, de hábitos adquiridos aquí o allá. Una de las ancianas se aferra a su cocina de puchero: «esas cosas (la cocina de gas) no son para mí», decía; y, mientras hacía la comida, su nieto nos recitó la ambigua escena del romance de La esposa de don García. Ha­biendo refrescado el tiempo, a la caída de la tarde, fuimos invitados, en lo alto del pueblo, a pasar a una amplia cocina donde nos ofrecieron un vaso de vino de la casa, añejado en un ba­rril cuidadosamente mantenido durante generaciones. Nuestros anfitriones, una pareja de an­cianos, acababan de llegar de California y conocían perfectamente las costas del Pacífico, des­de San Francisco a San Diego [donde D. Catalán residía], por donde les había paseado su nuera, una profesora americana casada con uno de los hijos que había ido de pastor a Neva­da. Una hija recién repatriada de Alemania tenía a su marido en paro, pero había incorpora­do a la casa familiar de la aldea el lujo necesario de una lavadora, una nevera y una magnífi­ca cocina123. La modernización parcial del hogar aldeano —carente, por otra parte, de servicios— y la experiencia internacional no les impedía a madre e hija conservar vivo un ve­nero de romances tradicionales"124.

En suma125:

    "el hecho de que los electrodomésticos poblaran el interior de las mismas casas de siempre o de que los paisanos pudieran conversar en alemán con el marido de una de nuestras encuestadoras foráneas126 no había atentado a la continuidad de la vida de la tradición roman­ceril".

      Sólo después de aquella experiencia tan positiva de recolección, los encuestadores

    "pasamos a la vertiente sur de la Cordillera Cantábrica, donde exploramos en Palencia, Pisuerga abajo, las comarcas de Brañosera, Castillería, Camporredondo y la cuenca del Requejada, y, en León, el alto Esla; en esta segunda etapa nuestras bases fueron Aguilar de Campóo y Guardo"127;

en esta área, como conocimientos previos, "sólo se contaba con los resultados de una encuesta relámpago realizada por Catalán, limitada al pueblo de Brañosera", según observaron en su in­forme Flor Salazar y Ana Valenciano.
      Pero aquella encuesta del año 1951128 permitió a Antonio Cid, Flor Salazar y Jane Yokoyama buscar la pervivencia de la tradición en el seno de una familia, con resultados positivos:

    "(...) conocimos un ejemplo de conservación (...) del legado tradicional familiar en el caso de la hija y las nietas adolescentes de una antigua informante de D. Catalán en los años 50: Concepción (sic) Cenera. Sus nietas, a pesar de no vivir ya en el pueblo de origen y de estu­diar en la capital de la provincia, nos cantaron, mientras descargaban el heno, las versiones de La serrana de la Vera y Aliarda que habían oído a su abuela y que conservaban orgullosamente como un legado de gran valor129".

La versión de Aliarda y Florencios aquí citada comenzaba así:

Gallarda y sus doncellas     mucho habían caminado,
no madrugan por rezar,     ni las mata tal cuidado,
van por ver los caballeros     que entran en misa de gallo.
Entran condes y entran reyes,     hijos de duques hidalgos,
también entra don García    con su hijo de la mano.
Galiarda, que le ha visto,     del niño se ha enamorado (...) 130.

      Aunque las descendientes de Encarnación Genera no lo recordaran, otro romance poco co­mún hallado en 1951 pervivía en Herreruela de Castillería, el de El sacrificio de Isaac, y fue re­cogido el 12 de Julio de 1977 por Cid, Salazar y Valenciano131. En aquella comarca palentina

    "otro de los rarísimos poemas encontrados fue el romance fronterizo, estudiado por D. Ca­talán, La merienda del moro, conocido anteriormente sólo en Asturias, Lugo y una pequeña área de Santander, pero que ahora podemos asegurar se conserva en el Norte de Palencia, en boca del joven alcalde132 de un pequeño pueblo, Santa María de Redondo, y en la memoria de casi todos los habitantes de Fontecha de la Peña, por haber sido cantado hasta tiempos recientes por los mozos el día de Reyes"133.

      Allí en tierras de Palencia se produjo un hallazgo inesperado de gran interés para los estudios de la balada europea:

    "el casual encuentro (...) con una recitadora vasca, quien, junto a un pequeño repertorio de romances castellanos, cantó en euskara vizcaíno la versión espléndida de una balada tradi­cional: La novia de Francia (en título provisional), desconocida en los cancioneros y reperto­rios vascos. Trátase de un romance emparentable con los temas de la «mala suegra» difundi­dos en España y en Europa, aunque localizado en un contexto arcaico de luchas de linaje sin paralelo con las formas románicas conocidas"134.

      Por gran fortuna, uno de los encuestadores, Antonio Cid, era conocedor del vasco y no sólo estaba en condiciones de apreciar la importancia del hallazgo, sino de convertir a aquella ver­sión de Frantzia ’ko anderea en punto de partida de una serie de investigaciones, de que más ade­lante hablaré.

    "La siguiente etapa se centró totalmente en la provincia de León. Aquí tomamos como lu­gares donde pernoctar, Riaño, Boñar, León y Ponferrada, y recorrimos el norte de la provin­cia trazando un arco desde Riaño, al Este, hasta Candín en la sierra de Ancares, en el occi­dente, a través de Gordón, Alba, Luna, Laciana, el Bierzo y La Fornela"135.

Aquel "arco" incluía comarcas de tradición bien explorada y otras de tradición peor conocida.

    "Entre las bien exploradas en el pasado se destacaban los valles altos del Porma, el Torío y el Bernesga, recorridos sistemáticamente por Josefina Sela entre 1914 y 1921, cuya extensa colección podía ser consultada (en sus originales manuscritos), no sólo para sugerir temas, sino también para localizar antiguos recitadores"136.

      En efecto, aún conseguimos entrevistar a dos de sus informantes. En Peredilla, "María Gon­zález, con 95 años aún recordaba parte del repertorio cantado a sus 34 años"137; pero una parte mínima: en 1916 Josefina Sela recogió de ella versiones de nueve romances138, en cambio, en la entrevista de Flor Salazar y Jane Yokoyama el 16 de Julio de 1977, sólo pudo recordar el ro­mance de El galán y el convidado difunto "con grandes dificultades"139. En Buiza, "Carmen Al­fonso, de 89 años, recordaba aún la entrevista que le había hecho Josefina Sela a principios de siglo", cuando, de creer en la exactitud de su recuerdo, le daba "una peseta por cada romance"140. Carmen Alfonso seguía siendo una excelente transmisora de la tradición romancística: tanto en 1920, con 32 años, cuando la entrevistó Josefina Sela, como en 1977, con 89 años, cuando el 17 de Julio la localizaron Cid, Lewis, Sutherland y Valenciano, Carmen Alfonso dijo Conde Cla­ros en hábito de fraile, Gerineldo y Los estudiantes y el alma en pena. Para Josefina Sela recordó además Penitencia del rey Rodrigo, La infanta preñada, La doncella guerrera, La fe del ciego y Ca­brera devota elevada al cielo; para los encuestadores de 1977 La muerte ocultada, La mala suegra, La condesita, La hermana cautiva (octosílabo), Blancaflory Filomena, La infanticida, Las tres cautivas141. Observamos, con pena, que "las hijas de estas recitadoras no habían conservado en la memoria ninguno de los romances maternos"142.
      En algunos lugares de estos valles centrales encontramos excelentes versiones y también en la ladera occidental de los Picos de Europa y sus estribaciones; pero las comarcas donde hallamos una tradición más rica y unos cantores y recitadores con repertorios más sorprendentes fue en el Occidente, en La Fornela y en Los Ancares.

    "Extraordinario es el hallazgo [comenté yo entonces en 1979143] en Trascastro, en La For­nela (León), del romance cidiano que comienza
    —¡Oh Valencia, oh Valencia,     oh Valencia, valenciana,
    antes fuestes de moros     que de cristianos ganada!
    Y mañana, a estas horas,     de moros serás cercada.
Hallazgo que muestra (...) la perdurabilidad de un tema raro a través de las generaciones den­tro de una comunidad geográficamente bien delimitada. De El rey moro que reta a Valencia y al Cid, los colectores del s. XIX y los de los dos primeros tercios del s. XX sólo habían con­seguido reunir, fuera de las tradiciones sefardí, portuguesa y catalana, tres versiones andaluzas [procedentes de la tradición gitana], cuatro de Zamora y dos de León. Una de estas dos ver­siones leonesas (aunque recogida en 1916 de boca de un mendigo en Ponferrada) procede de Guímara, también en La Fornela, y la hermandad entre la lección de 1977 y la de 1916 es evidente. Ambas contienen múltiples detalles que contrastan llamativamente con el resto de la tradición. Recordaré aquí sólo uno, el motivo en que la hija del Cid (aquí «Rey Guil») re­clama al moro una prenda de amor y él ofrece un anillo que
    el hombre que lo tuviera    nunca morirá en campaña,
    la mujer que lo tuviera    nunca morirá encintada.
Diferente es el caso de Gaiferos libera a Melisendra recogido del mismo excepcional recita­dor —David Ramón (69 a.)— en Trascastro. Hasta entonces, ninguna de las 16 versiones que se conocían procedía de la tradición española del Norte de España (...). La versión de Tras­castro conserva en 55 versos la estructura [narrativa] completa del viejo romance juglaresco de 306 versos que comenzaba
    Assentado está Gaiferos     en el palacio real,
    assentado está al tablero     para las tablas jugar,
    los dados tiene en la mano,     que los quería arrojar,
    cuando entró por la sala    don Carlos el emperante...
y cuyas escenas más famosas, la de Gaiferos entretenido en el juego y la de la fuga de Meli­sendra de Sansueña, sirvieron a maese Pedro para montar el retablo de donde don Quijote quiso sacar a los fugitivos, para librarlos de la morisma, dando al traste con todos los mu­ñecos.
      David Ramón comenzaba el romance con el reproche del emperador
    —Para eso sodes, Gaiférez,     para los dados jugar,
    no sois para buscar a Melisendra    que en poder de moros está.
    —Siete años hay que la busco    y no la puedo encontrar,
    cuatro van por morería    y tres van por cristiandad.
    Dice que estaba en Sansueña,     dice que en Sansueña está (,..)"144.

      Al comentar en 1991 el romancero leonés hallado en la encuesta de 1977 destaqué entre sus transmisores "dos figuras próceres de varones de personalidad muy diversa". El primero es el que nos dijo, entre otros, estos dos romances que acabo de comentar:

    "De un lado, David Ramón (con 69 años), de Trascastro (com. La Fornela), quien en sus años de prisión en las cárceles franquistas había adquirido una cultura política extraordinaria para su nivel de instrucción previo y que en 1977 gozaba de una autoridad indiscutible entre sus convecinos; su dominio en el repertorio de romances de temática poco común le hacía, asimismo, una autoridad respetada a la hora de transmitir el saber tradicional y él mismo es­taba muy seguro de sus excepcionales conocimientos"145.

Su conciencia de la importancia del Romancero le llevaba a considerar necesario reservar para entre hombres su disfrute, de modo que nos hizo llamar, a través de un muchacho, a Antonio Cid y a mí (con exclusión de Ana Valenciano y Flor Salazar) a fin de decirnos los romances en un medio cultural exclusivamente para hombres, la taberna. Sólo en ese entorno, en que que­daban excluidas las mujeres, quiso decirnos El moro que reta a Valencia, Gaiferos libera a Melisendra, Belardo y Valdovinos, Conde Claros en hábito de fraile y El conde Grifos Lombardo (versión vulgata, en que Belardo libera a su primo). Como señalé en post scriptum de mi informe sobre "El romancero de tradición oral en el último cuarto del siglo XX",

    "Cuando en setiembre de 1979, los encuestadores de la CSMP volvieron a Trascastro, en una nueva excursión exploratoria de la tradición cultural de La Fornela, descubrieron con do­lor, que David Ramón había muerto";

y añadía a la infausta noticia:

    "Sólo nos queda, pues, decir con el poeta «Y aunque la vida murió, nos dejó harto con­suelo su memoria»"146.

      Constituye una paradoja el hecho de que, al volver a Trascastro el 13 de Agosto de 1985 en compañía de Cruz Montero e ir a visitar a la familia de David Ramón, descubriéramos que Rolindes Ramón, la viuda, era depositaria de una tradición que competía en riqueza de viejos te­mas con la de su marido. Comprobamos, además, que esa tradición sobrevivía en su hija y, has­ta en sus nietas, aunque una y otras sólo "ayudaban" a Rolindes cuando vacilaba en su recuerdo, dejándole el debido protagonismo que su edad (77 a.) exigía147.
      En radical contraste con David Ramón, el otro gran depositario de tradición romancística ha­llado en 1977 fue un hombre nada propenso a asumir un papel destacado entre sus convecinos. Aunque su extraordinario repertorio de romances era notorio en el lugar y por ello nos encami­naron a él148,

    "Jesús Salgado (con 64 años), jornalero de Candín (com. Ancares) sólo rompía su hermetis­mo poniéndose a cantar, en respuesta inmediata al estímulo de un incipit, y permanecía impa­sible entre canción y canción, refugiada su mente en un mundo de impenetrable soledad"149.

Lo abordamos cuando, dentro de un establo, descargaba, desde lo alto de un carro, paja, y hu­bimos de esperar a que terminara a la tarde sus obligaciones como jornalero para encuestarle150 e ir oyendo de su boca, uno tras otro, la Penitencia del rey Rodrigo, Belardo y Valdovinos, El con­de Grifos Lombardo (versión vulgata), El conde Niño, Una fatal ocasión, La serrana de la Vera, El quintado + La aparición de la enamorada, Tamar, Delgadina y Ricofranco. Su soledad y hermetis­mo explican que acabara voluntariamente su vida arrojándose a un pozo151.
      Hacia el final de la excursión algunos mini-equipos encuestaron tierras de Zamora (en Sanabria y en el rincón formado por los pueblos de Santa Cruz de los Cuérragos, Río Manzanas y Villarino de Manzanas) y de Lugo (en la zona del alto Navia). En una de estas incursiones se obtuvo otra de las mejores piezas de la encuesta de 1977:

    "El romance más raro entre los recogidos es, sin duda, el de las Quejas de doña Urraca. En la tradición española moderna sólo se conocían dos versiones, una fragmentaria, dicha en Se­villa [en 1916] por el tantas veces recordado Juan José Niño (...)152 y otra unida al romance mixto de Testamento de Felipe III y Testamento de Felipe II de Santa Cruz de los Cuérragos (Za­mora), recogida en 1910 por Tomás Navarro Tomás. / Setenta y siete años después de la visita de Navarro Tomás a Santa Cruz de los Cuerragos el romance sigue formando parte de la cul­tura de esta pequeñísima y apartada aldea. Cuando el 27 de julio de 1977 llegué a ella153 con el decidido propósito de saber si aún quedaba memoria del romance, la primera mujer (Josefa López, de 57 a.) a quien pregunté lo reconoció de inmediato y recordó que hacía pocos días se lo había estado cantando la tía Manuela. Esperamos un rato, pues Manuela Martínez estaba en una huerta replantando unas hortalizas que le habían destrozado los gallos. Al fin apareció; tenía 95 años, pero se mantenía sana de cuerpo y firme de memoria. Recordó con facilidad el romance (...). Quizá gustaba recordarlo porque, en su final, encontraba una alusión a dos to­pónimos que según ella, se identificaban con unas peñas de la sierra próxima, al lado de las cuales existía un accidente del terreno que había atraído su imaginación desde niña":

—¿Quién es aquella doncella    que tanto se amarguraba?
—Es vuestra hija, el buen rey,     vuestra hija doña Urraca.
—Cállate tú, hija mía,     que un rincón se me olvidaba:
ahí, en Peña Castillo,     rayando Peña Gallarda,
y tú has de ir a vivir     entre los moros y España.

    "Peña Castilla y Peña Gallarda están ahí arriba. Había un patio muy grande, limpio. En­trábamos por urces. Ahora se cayó la peña. Había una niña, una cueva, un pozo. Había juncos. Oí a mi padre que había un pozo. Caían ovejas. Lo enturbiaron con urces y piedras. En­tró un perro y salió en Tab’ra"154.

      En total, mediante la encuesta itinerante cubrimos 24 lugares de Cantabria, 18 de Palencia, 42 de León, 7 de Lugo y 5 de Zamora, con variables resultados, según el informe presentado en Julio de 1977 al "Comité Conjunto Hispano-Norteamericano para Asuntos Educativos y Cul­turales".
      Al ponderar el estado de la tradición romancística en la franja norteña recorrida en 1977 ob­tuvimos una impresión mixta:

    "En todas partes pudimos comprobar que «el romancero aún vive». El mayor o menor én­fasis en el verbo («vive») o en el adverbio («aún»), que cada cual subjetivamente añada al leer esta afirmación, matizará diversamente su valoración de las perspectivas de sobrevivencia del romancero en este final de siglo. Entre los propios miembros de la expedición la visión «op­timista» y la visión «pesimista» del estado de la tradición oral en 1977 predominaron alter­nativamente según las experiencias particulares de cada día"155.

Objetivamente,

    "No hay duda de que (...) muchos de los actuales portadores de folklore pueden represen­tar el último eslabón de la cadena de transmisión oral. Salvo en las raras ocasiones en que el desarrollo de una pequeña industria local, de un cultivo intensivo especializado, o la pervivencia o resurgimiento de alguna artesanía tradicional ha recreado una vida comunitaria con activo intercambio interpersonal de experiencias y saberes, las condiciones para el manteni­miento de un folklore vivo, patrimonial, han dejado de existir. Sin embargo la muerte de la tradición no es, ni mucho menos, inminente. Abuelos y nietos siguen aún, en muchos casos, intercambiando saberes en medio de esas aldeas medio ruinosas, medio inamovibles, medio renovadas"156.

En este sentido pudimos observar que la consideración del transistor y de la televisión como las más graves amenazas a la sobrevivencia de la cultura tradicional campesina en este fin de siglo podía ser un prejuicio; en efecto, la participación de las sociedades rurales en la civilización ciu­dadana a través de la radio, la televisión, los cassettes ha promovido, más que inhibido, el apre­cio de las tradiciones locales:

    "paradójicamente, la televisión, difusora de una visión del mundo que constituye una agre­sión a los sistemas de valores de la cultura tradicional, ha contribuido de un modo muy es­pecial a que los portadores del folklore revaloricen sus propias tradiciones. El descubrimien­to de su valor para el mundo exterior, el mundo ciudadano, a través de los programas televisivos dedicados a presentar aspectos varios de la cultura de las diversas regiones, ha ve­nido a dar nueva vida a un folklore que, por presiones externas o por decadencia de la vida  comunal, se había ido dejando perder. Esta revalorización contribuye, sin duda, a que aque­llos que aún saben «las cosas que se cantaban en el pueblo» exhiban su saber con orgullo"157.

      El ingente caudal de textos coleccionados en la encuesta de 1977 y la situación de la tradición oral romancística descubierta a través de ella, nos incitaron en el "Seminario Menéndez Pidal" a

a) Transferir la encuesta a un "Archivo internacional electrónico del romancero" (AIER), como un primer paso para la constitución de unos fondos de fácil acceso para todo investi­gador interesado en la materia158;

b)  Publicar los resultados de la encuesta y las observaciones que nos sugirió su realización, como ejemplo para otros posibles investigadores de los ocultos "archivos memoriales" de los depositarios de tradición oral159;

c)  Continuar la exploración del Romancero oral en otras comarcas, solicitando una nueva Ayuda a la Investigación Cooperativa del Comité Conjunto Hispano-Norteamericano, que nos fue concedida (8-VIII-1977).

      Esta última decisión nos llevó a organizar en 1978 una encuesta en el Sur de España. Esta vez no fue itinerante, sino con una base fija en un cortijo, cerca de Siles (Jaén), en el cual su pro­pietaria, María Teresa Garrido, nos ofreció, no sólo cobijo, sino un placentero tiempo de des­canso y aún de entretenimiento en las pocas horas libres después de las largas jornadas de en­cuesta y viajes por carreteras comarcales.
      El equipo encuestador, del que formaban parte, bajo mi dirección, Antonio Cid, Beatriz Mariscal, Paloma Montero, Suzanne Petersen, Flor Salazar, Madeline Sutherland, Ana Valen­ciano y, en la etapa final de la encuesta, Ana Vian160, recorrió grandes distancias, repartido en mini-equipos de composición variable, por las Sierras de Segura y de Cazorla y valles circun­dantes, para encuestar en los pueblos, muy poblados y distantes entre sí, situados en la con­junción de las provincias de Jaén, Granada, Albacete y Murcia161. El Sur de España no presen­ta la riqueza temática ni la variabilidad de formas de un mismo romance que el Norte; en cambio, puede decirse que allí los romances se cantan más y tienen melodías menos monóto­nas que en el Norte. Este carácter de canción, que los romances tienen, hacía posible que los romances siguieran aún siendo repetidos en 1978 por generaciones jóvenes de cantores duran­te las actividades laborales en que, por tradición, venían cantándose desde tiempos pasados, ya que la agricultura se mantenía en aquellas tierras idéntica a la de antes de las décadas en que se produjo la gran emigración del campesinado español. Pero, por más que lo procuramos, no conseguimos dar con la manida del ciervo del pie blanco, ni aun siquiera, con el santo ermitaño haciendo la santa vida recordados por la mujer de Beas de Segura desplazada a Castellón que entrevistó Francisco Romero162.
      Al año siguiente, 1979, yo ya había regresado a la University of California, San Diego; pero un equipo constituido por Cid, Salazar, Valenciano, Bárbara Fernández, Margarita Pazmany y Saturnino Sanjuán llevó a cabo la encuesta anual, esta vez con base en Villafranca del Bierzo (León), para tratar de explotar al máximo el venero descubierto en 1977 en las tierras de La Fornela y el Valle Alto del Sil. La encuesta (realizada entre el 20 y el 25 de Setiembre) dio, como era de esperar, resultados espléndidos en las 15 localidades recorridas:

    "Versiones sobre temas tan interesantes como El moro que reta a Valencia, Don Manuel y el moro Muza, Pérdida de don Beltrán, Gaiferos libera a Melisendra, La caza de Celinas, Conde Cla­ros en hábito de fraile, Muerte del príncipe don Juan, Sacrificio de Isaac, La infanta preñada + La infanta parida, El veneno de Mariana, junto a otras sobre temas más comunes, comprobaron que en este último cuarto del s. XX estas comarcas leonesas constituían (junto con otras contiguas asturianas y gallegas) la más notable, dentro de España, de las «reservas» del romancero"163.

      La "Cátedra-Seminario Menéndez Pidal" logró también en estos años fomentar el conocimien­to de la tradición portuguesa, tan olvidada durante el s. XX en Portugal, apoyando la labor reali­zada por los investigadores norteamericanos interesados en ella. Las dificultades económicas que venían impidiendo la edición de los romances de California remitidos al "Archivo Menéndez Pi­dal" por Fontes, tuvieron el efecto positivo de permitir ahora negociar con la Universidade de Coimbra una edición paralela, no de uno, sino de dos volúmenes, de un Romanceiro portugués dos Estados Unidos, por lo que vieron sucesivamente la luz, como partes de una obra, los tomos I: Nova Inglaterra (1980) y II: California (1983)164. A continuación se publicó de la misma forma otra co­lección, el Romanceiro da Ilha de S. Jorge (1973)165, reunida por Manuel da Costa Fontes en el curso de la primera de sus exploraciones trasatlánticas, realizada ya en la propia isla azoriana.
      Entre tanto, se había producido también la incorporación al "Archivo del Romancero" de los fondos romancísticos de Joanne B. Purcell: con ocasión del "2nd International Symposium" sobre el Romancero, celebrado en Davis en 1977 (acerca del cual luego hablaremos), cuando regresá­bamos a La Jolla el grupo de participantes del "Center for Iberian and Latin American Studies" (CILAS), desviamos nuestra ruta para acercarnos a la casa de Joanne B. Purcell en Ventura (Cali­fornia), a fin de que me hiciera entrega de una copia completa de sus grabaciones y apuntes de campo de los archipiélagos de Açores y Madeira y de Portugal continental para que las integrara en el "Archivo del Romancero". Las 187 bobinas magnéticas donativo de Joanne B. Purcell con­tienen un millar y medio de textos recogidos en 1969 y 1971 en la encuesta de que ya hemos he­cho mención y que había representado para la rama portuguesa del Romancero una experiencia colectora sin precedentes. Estas grabaciones, que el 20 de Diciembre de 1977 pasaban la Aduana del Aeropuerto de Barajas 166, no eran las primeras cintas magnéticas en llegar al "Archivo"167; pero el donativo de Joanne B. Purcell vino a abrir, por primera vez en él, una sección "sonora" con en­tidad propia en la colección romancística atesorada en Chamartín, una sección que, a partir de la encuesta del "Seminario" en el verano de 1977, iría adquiriendo en los años siguientes cada vez más importancia. La edición de esta espléndida colección sólo sería iniciada, en la "Serie Luso-brasileira" años después, en 1987, gracias al apoyo de la Fundação Calouste-Gulbenkian168.

Diego Catalán: "El archivo del Romancero, patrimonio de la humanidad. Historia documentada de un siglo de historia" (2001)

NOTAS

108  El Romancero hoy. 2° Coloquio Internacional, University of California, Davis, Madrid: Cátedra-Se­minario Menéndez Pidal, Universidad Complutense de Madrid; CILAS, University of California, San Diego; University of California, Davis, 3 vols.: Iº Nuevas fronteras, eds. A. Sánchez Romeralo, D. Ca­talán y S. G. Armistead, con la colaboración de J. A. Cid, F. Le Clair, S. Martínez de Pinillos, M. Pazmany, F. Salazar y A. Valenciano; IIº Poética, eds. D. Catalán, S. G. Armistead y A. Sánchez Romeralo. Con la colaboración de J. A. Cid, B. Mariscal, S. Martínez de Pinillos, M. Pazmany, S. Petersen, F. Sa­lazar, M. Sutherland y A. Valenciano; IIIº Historia, Comparatismo. Bibliografía crítica, eds. S. G. Armis­tead, A. Sánchez Romeralo y D. Catalán. Con la co­laboración de J. A. Cid, F. Le Clair, S. Martínez de Pinillos, M. Pazmany, F. Salazar y A. Valenciano.

109  F. Salazar y A. Valenciano,"El Romancero aún vive. Trabajo de campo de la CSMP «Encuesta Norte-77»",  en  El Romancero hoy: Nuevas fronteras (1979), pp. 261-421, así como las pp. 242-256 de D. Catalán, "El romancero de tradición oral en el últi­mo cuarto del siglo XX", en ese mismo volumen, pp. 217-256.

110  Según se explica en el informe de F. Salazar y A. Valenciano, "Arte nuevo de recolección de romances tradicionales", que acompaña (pp. LXl-LXXll) a la pu­blicación de los resultados de la encuesta, en Voces nuevas del Romancero castellano-leonés, 2 vols., ed. a cargo de S. Petersen, Madrid: Seminario Menéndez Pidal, 1982.

111  "Dado que la distribución geográfica de los ro­mances y tipos de cada romance no se atiene a las di­visiones administrativas, consideramos necesario ampliar la información, e incluir también en el «ma­nual» los romances exclusivamente documentados hasta entonces en comarcas colindantes pertene­cientes a otras provincias".

112 F. Salazar y A. Valenciano, "Arte nuevo de reco­lección" (1982), p. LXXI. "La organización de los tex­tos dentro del «manual» respondía a criterios prácti­cos, relacionados con el acto de encuesta: mayor o menor divulgación de los romances y parentesco te­mático entre romances"; "aunque consideramos el «manual de encuesta» como un instrumento básico de trabajo para toda encuesta sistemática, es necesa­rio advertir que debe utilizarse con flexibilidad y que es necesario prescindir de él en varias ocasiones a lo largo de la recolección". Nunca debe utilizarse el ma­nual "como un cuestionario rígido, que abrume al sujeto y llegue a hacerle sentirse desmoralizado al comprobar su ignorancia de una serie interminable de temas"; "naturalmente, tan pronto como se tiene noticia, aunque sea fragmentaria, de la existencia en la zona encuestada de un tema nuevo, ese tema debe incorporarse al «manual» de todos los colectores".

113 Véase atrás, cap. VI, § 8.

114  F. Salazar y A. Valenciano, "El Romancero aún vive", p. 363.

115 Fotografías del equipo encuestador (al que oca­sionalmente se unieron, algunos días, José Manuel Cela, Javier Catalán y Alicia Gutiérrez del Arroyo, y, continuadamente, Franz Fusseder) pueden verse en Voces nuevas del Romancero castellano-leonés, ed. S. H. Petersen, Madrid: Seminario Menéndez Pidal, 1982, pp. LXI-LXXXII, frente a la p. LXIV. El origen extranje­ro de muchos de los encuestadores no dificultó la encuesta.

116 En Voces nuevas del Romancero (1982), p. LXVI.

117  F. Salazar y A. Valenciano, "El Romancero aún vive", pp. 369-370.

118 D. Catalán, "Notas históricas, desde la perspec­tiva del Archivo Menéndez Pidal, sobre el progresivo descubrimiento de la tradición oral cántabra", en F. Gomarín, Romancerillo cántabro, Santander, 1997, pp. III-XL: pp. XXXVIII-XXXIX.

119 F. Salazar y A. Valenciano, "El Romancero aún vive", p. 371.

120  F. Salazar y A. Valenciano, "El Romancero aún vive", pp. 371-272.

121  Frente a la p. 369 de El Romancero hoy. Nuevas fronteras (1979) y frente a las pp. LXV y LXXII del vol. I de Voces nuevas del romancero (1982), se reproducen fotografías del grupo de mujeres y niños esquilando (en dos de ellas aparece Flor Salazar anotando o gra­bando).

122 F. Salazar y A. Valenciano, "El Romancero aún vive", p. 374. "En la semana y pico de recolección, pudieron sumarse a esas versiones 5 espléndidas y 2 fragmentos. Nuestros 5 textos, 4 de León y 1 de San­tander, corresponden a dos tipos claramente diferen­ciados, y aparecieron curiosamente al extender la ex­ploración hacia los límites externos de la zona comprendida entre ambas provincias, intensamente explorada en su parte central [en el pasado], y donde se daba por ausente el tema de Belardo y Valdovinos". Entre las pp. LXIV-LXV de Voces nuevas del Romancero pueden verse fotografías del valle y lugar de Salceda, hechas en aquella ocasión.

123 "En estos últimos años, debido a la contracción económica de Centro-Europa, se ha producido un cierto retorno al campo de emigrantes que salieron en los decenios pasados", F. Salazar y A. Valenciano, "Arte nuevo de recolección", p. LXVIII.

124 F. Salazar y A. Valenciano, "El Romancero aún vive", p. 372.

125 D. Catalán, "Notas históricas", p. XXXIX.

126  Franz Fusseder, marido de Teresa Catarella y "chófer" de uno de los coches de la encuesta.

127 F. Salazar y A. Valenciano, "El Romancero aún vive", p. 364. Fotografías de actos recolectores en Salcedillo, Herreruela de Castillería y Santa María de Redondo (Palencia) y en Geras (León) pueden verse frente a la p. 368 de El Romancero hoy. Nuevas fronteras (1979) y entre las pp. LXIV y LXV y LXXII y LXXIII de Voces nuevas del Romancero, vol. I (1982).

128 Véase atrás cap. VI, § 9.

129  F. Salazar y A. Valenciano, "El Romancero aún vive", p. 378. Entre las pp. LXXII y LXXIII de Voces nue­vas del Romancero (1982), vol. I, puede verse una fo­tografía en que Ana Valenciano graba "en Herreruela de Castillería (Palencia) a la hija (Ceferina Llorente, 52 años) y la nieta (María del Mar Cabezas, 13 años) de Concepción (sic) Genera, recitadora en Brañosera para Diego Catalán en el verano de 1951".

130  Otra Aliarda y Florencios mucho más completa recogieron Cid, Salazar y Valenciano en Fontecha de la Peña, cantada por Agrícola Martín Izquierdo, de unos 60 años.

131  Dicho por Dionisia Llorente Tejerina de 68 años, excelente recitadora de romances.

132 Antonio Villa, de 37 años. Frente a la p. LXXIII de Voces nuevas del Romancero (1982) puede verse como "el joven alcalde de Santa María de Redondo (Palencia), de profesión mecánico, recita el romance de La merienda del moro a Jesús Antonio Cid y Ana Valenciano (11 de julio de 1977)", la fotografía va acompañada del comentario "La integración de la población campesina en nuevos moldes de vida, de­bido a la evolución económica de algunos pueblos, no supone siempre la discontinuidad de la tradi­ción".

133  F. Salazar y A. Valenciano, "El Romancero aún vive", p. 375.

134   F. Salazar y A. Valenciano, "El Romancero aún vive", p. 377.

135   F. Salazar y A. Valenciano, "El Romancero aún vive", p. 364.

136  F. Salazar y A. Valenciano, "El Romancero aún vive", p. 363.

137  Según se dice al pie de la foto publicada en El Romancero hoy. Nuevas fronteras (frente a la p. 368, y reproducida entre las pp. LXXII y LXXIII de Voces nue­vas del Romancero) en que la señora María aparece cantando flanqueada por Jane Yokoyama y Flor Sa­lazar.

138 El conde Niño, La hermana cautiva (hexasílabo), Santa Iria, Los soldados forzadores, El galán y el convi­dado difunto, El lindo don Juan, Difunto penitente, Madre que maldice a su hijo, El milagro del trigo.

139  D. Catalán, "El romancero leonés. Descubri­miento y compilación", en Romancero general de León (1991; 2a ed. 1995), p. LXXIII y n. 263.

140 Nota 22 de "El Romancero aún vive".

141  Romancero general de León (1991 y 1995), p. XXXI y n. 264.

142   F. Salazar y A. Valenciano, "El Romancero aún vive", p. 378.

143 D. Catalán, "El romancero de tradición oral en el último cuarto del siglo XX", pp. 248-253.

144  En las páginas que siguen del artículo (250-253) examino, con cierto detalle, como el texto oral rehace el viejo juglaresco.

145  Romancero general de León, I, p. LXXVI. Foto­grafías varias de David Ramón, rodeado de admira­dores y en compañía de Antonio Cid y mía, se ha­llan en varias publicaciones:  El Romancero hoy. Nuevas fronteras, (1979), frente a la p. 240; Voces nue­vas (1982), entre las pp. LXXX y LXXXI, y Romancero general de León (1991 y 1995), p. CXXXVI.

146  El Romancero hoy. Nuevas fronteras (1979), p. 256, n. 108.

147 Ya en 1977 habíamos encontrado en Trascastro a una mujer con un repertorio muy rico: Gloria Álvarez (67 a.) nos dijo 13 romances rodeada de niñas se­gún se ve en la fotografía publicada en la p. CXXXIV del Romancero general de León (1991 y 1995); en la fotografía publicada frente a la p. LXXX de Voces nue­vas queda oculta tras la chiquillada que rodea a Ana Valenciano. En 1988, con 78 a. tuvo ya dificultades para recordar su amplio repertorio.

148  En El romancero hoy. Nuevas fronteras (1979), frente a la p. 369, y en Voces nuevas (1982), entre las pp. LXIV y LXV, se recoge el momento en que, en una calle de Candín, Ana Valenciano, Antonio Cid y yo interrogamos a Dulcinia Fernández que intentó re­cordar Belardo y Valdovinos y nos encaminó al en­cuentro de Jesús Salgado.

149  Introducción al Romancero general de León (1991 y 1995), p. lxxvi.

150  Una fotografía del momento de la encuesta ha sido repetidamente publicada en El Romancero hoy. Nuevas fronteras (1979), frente a p. 240, en Voces nue­vas (a toda página), frente a la p. LXXXI, y en Roman­cero general de León, p. CXXXVI.

151 Con anterioridad a 1985 en que volvimos a pre­guntar por él en Candín (véase Romancero general de León, p. LXXVI, n. 281).

152 Véase atrás cap. III, § 9 y n. 130.

153 Acompañado de mi mujer Alicia Gutiérrez del Arroyo y de mi hijo Javier.

154 Véase las pp. 245-248 y la n. 87 de mi citado artículo en El Romancero hoy. Nuevas fronteras (1979). Mi esperanza de que la tradición del roman­ce no se extinguiera en Santa Cruz de los Cuerragos, ya que Manuela, que lo había aprendido de su padre, muerto en 1930 de cien años, lo había enseñado a su hija Florentina Alonso, entonces de 65 años, la cual en 1977 ayudaba en la recitación, no se ha cumplido. Cuando en 1996 volví a acercarme a Santa Cruz de los Cuerragos (acompañado de mi segunda mujer, Cruz Montero Garrido), era un lugar prácticamente muerto.

155   F. Salazar y A. Valenciano, "El Romancero aún vive", p. 372-373.

156   F. Salazar y A. Valenciano, "El Romancero aún vive", p. 370-371.

157   F. Salazar y A. Valenciano, "El Romancero aún vive", p. 373-374.

158  Véase S. H. Petersen, "El «Archivo Interna­cional Electrónico del Romancero»: Un proyecto cooperativo" e "Historia de la edición y tecnología em­pleada en su preparación", en las pp. IX-XXII de la obra citada en la nota siguiente.

159  En dos volúmenes de una incipiente colección titulada "AIER. Archivo Internacional Electrónico del Romancero": Voces nuevas del Romancero castellano-leonés, 2 vols., ed. a cargo de S. H. Petersen, Ma­drid: Seminario Menéndez Pidal, 1982.

160 Incluía además algunos elementos más jóvenes: Guillermo Diamante, Paloma Cela, Sara, Débora y Mará Catalán.

161  En el Sur de Albacete se grabaron romances en siete pueblos, en Jaén en nueve, en Granada, Mur­cia y Ciudad Real en uno, de que hoy se conserven cintas (algunas grabaciones se extraviaron durante el proceso de transcripción).

162 "Sólo pude encontrar en Férez (Albacete) un su­jeto capaz de completar algunos dieciseisílabos del romance cuando yo trataba de refrescar su memoria diciéndole los primeros hemistiquios de la versión de Beas", D. Catalán, en El Romancero hoy: Nuevas fron­teras (1979), p. 232, n. 46.

163  Romancero general de León (1991 y 1995), p. LXXIX.

164  M. da Costa Fontes, Romanceiro português dos Estados Unidos, I: Nova Inglaterra; II: California, Ma­drid: Cátedra-Seminario Menéndez Pidal, 1980 y 1983. El 2 de Mayo de 1978 Costa Fontes me daba noticia de su acelerado ritmo de trabajo coleccionan­do y preparando para su edición sucesivos corpora de romances: "Graças a urna bolsa do National Endowment for the Humanities, tenho um Romanceiro Por­tugués da Nova Inglaterra em preparacao. Consta de 240 versóes (incluíndo os romances de cegó populari­zados e os sacros) (...). Espero coligir um Romanceiro Português do Canadá em Maio e Junho. Depois terei até Dezembro para os editar. Como a Cátedra-Semi­nario Menéndez Pidal já tem a colecçao da California, que lhe parece da ideia de transformá-la numa trilo­gia intitulada Romanceiro Português da América do Norte, subdividida em I: California; II: Nova Inglate­rra; III: Canadá?". La negociación con Coimbra se re­alizó a última hora (Mayo-Junio de 1979), tras una conversación mía en Santa Barbara con María de Lourdes Belchior, de la que di cuenta a Manuel da Costa Fontes en carta del 4-V-1979. El Romanceiro português do Canadá no llegó a ser incluido en el pro­yecto de edición conjunta.

165 Romanceiro da Ilha de S. Jorge, Madrid: Cáte­dra-Seminario Menéndez Pidal, 1983. Ya el 2-V-1978 Costa Fontes me lo había descrito así: "A minha colecção de S. Jorge —muito mais rica do que os Cantos de T. Braga— terá cerca de 440 versões com as orações rimadas e outros textos poéticos"; y el 3-XI-1978 me había anunciado: "Creo que ya le hablé de mi Romanceiro da Ilha de S. Jorge. Espero acabar la edición para fines del verano de 1979. Por ahora, es­toy tratando de terminar el Romanceiro Português da Nova Inglaterra (...). Me gustaría publicarlos en la Se­rie Luso-Brasileira, pero las presentes dificultades me llevan a creer que tendría que esperar varios años, y yo tengo que pensar en mi carrera".

166  En esa fecha, hube de solicitar, corno Director de Investigaciones de la "Cátedra-Seminario Menén­dez Pidal", que la Administración de Aduanas de Madrid dejara pasar el cargo, alegando que las cintas magnéticas remitidas por CILAS eran "para ser trans­critas (...) y utilizadas como material educativo y de investigación por los profesores y alumnos de la Cá­tedra-Seminario" .

167 Véase atrás, cap. VII, § 4. También se habían in­corporado las de la pequeña encuesta del Maestrazgo.

168  La edición se inició con la publicación del volumen Novo romanceiro português das Ilhas Atlánti­cas. Coligido por J. B. Purcell, I. Ed. por I. Rodríguez com a colaboração de J. das Pedras Saramago. Ma­drid: Seminario Menéndez Pidal, 1987. La disconti­nuidad en la ayuda de la "Fundação Gulbenkian" trajo consigo la interrupción del proyecto editor. Re­cientemente, Pere Ferré ha puesto en marcha la con­tinuación de la labor interrumpida desde hace 12 años.

LÁMINAS

En el verano de 1977, Diego Catalán organizó la primera encuesta "colectiva", llevando al cam­po unos equipos itinerantes de noveles investigadores españoles y americanos para recoger de forma acelerada los repertorios romancísticos de aldeas y pueblos de la montaña en Cantabria, Palencia, León y Zamora.
En Uznayo (Polaciones,
Canta­bria,), el primer día de encuesta, Flor Salazar y Diego Catalán com­prueban, de inmediato, que "el ro­mancero aún vive", Mientras Ma­nuela García Rada (84 a.) canta, una de las mujeres de la casa es­quila una oveja (foto D. Catalán).

Vista de Salceda (Polaciones, Cantabria,), ejemplo de las aldeas en que mejor pervive el Romancero.


Concepción González, 82 años, natural de Velilla de Río Carrión, entrevistada el 12 de Julio de 1977 por Paloma Montero y Tere­sa Catarella en Salcedilla (Palen­cia), cantó, entre otros romances, La Gallarda (foto Franz Fusseder).

Antonio Villa, joven alcalde (37 años) de Santa María de Redondo (Palencia), de profesión mecánico, can­tando a Antonio Cid y Ana Valenciano La merienda del moro Zaide, un viejo romance fronterizo converti­do en canto "aguinaldero" (11 de Julio de 1977). (Foto Flor Salazar).

Versión de la balada vasca "La novia francesa’ anotada el 14-VI-1977 por J, A, Cid de una informante natural de Yurre (Vizcaya) durante la encuesta de los equipos del Seminario Menéndez Pidal y el Center for Iberian and Latin American Studies (publicada en Voces nuevas..., Vol. II, "Apéndice", pag. 327).


Página de una de las ponencias dedicadas a "La balada vasca" en el Tercer Coloquio Internacional sobre el Romancero. Madrid: UAM, 1982. (De Balada y Lírica, 2, Madrid 1994).

La Fornela (León) es una de las comarcas donde pervive un Romancero tradicional de más noble abolengo.
David Ramón (69 a.) de Trascastro (La Fornela) fue la "estrella" de los recitadores de romances en la en­cuesta de 1977. Entre varios romances de ascendencia épica (sobre tema español o carolingio), nos sorprendió el que comenzaba "Para eso sodes, Gaiférez, para los dados jugar", que en su día llevó a don Quijote a des­baratar el tablado de Maese Pedro (foto Flor Salazar).

 

Así se descubre un gran cantor de romances:
Diego Catalán, Antonio Cid y Ana Valenciano "acorralan" a una "informante" (Dulcinia Fernández) de Can­dín (Los Aneares, León), abordándola en medio de una calle. Sabía a medias el romance de
Belardo y Valdovinos, pero nos enrutó hacia un verdadero "portador de tradición": Jesús Salgado (foto Flor Salazar).

Jesús Salgado (64 a.) no pudo interrumpir su trabajo asalariado cuando descargaba paja en un  establo, pero accedió a cantar todo su extenso y excelente repertorio a la caída de la tarde (foto Diego Catalán)

 

Transcripción de campo y en limpio de Belardo y Valdovinos, romance cantado por Jesús Salgado (64 a.) en Candín (encuesta itinerante de 1977).

 

El romance de las Quejas de doña Urraca conserva una escena de la gesta de Las particiones del rey don Fernando que en el s. XIII prosificó Alfonso X en su Estoria de España. El romance se pu­blicó en el s. XVI en pliegos sueltos y cancioneros glosado por diversos poetas. En 1977 aún pude reco­gerlo de la tradición oral en el lugar zamorano de Santa Cruz de los Cuérragos hoy casi inhabitado.

 

           

 

Diego Catalán anotando un romance durante la encuesta por los pueblos de las Sierras (de Alcaraz, Ca­zorla, Segura, etc.) en Albacete, Jaén, Granada y Murcia, 1978. (Foto Flor Salazar).

Diego Catalán en Nerpio (Albacete). Imposibilitado de librarse de la chiquillería local, toca una trompeta de caza para convocar a los otros encuestadores dispersos por el pueblo, 1978. (Foto Flor Salazar).

Como complemento de unas conferencias dadas en Segovia en un curso para extranjeros, ilustré la sobrevivencia de la tradición oral recorriendo algunos pueblos de la subsierra segoviana (16-VIII-1978).

En Sigueruelo, nada más descender del coche, el alumno magrebí Jounes Tribak localizó a Sagrario Martín (58 a.) que sabía el romance aguinaldero de la Muerte del Maestre de Santiago (sobre el fraticidio de 1358)  en texto que en nada desmerecía del descubierto por mi en 1954. En la foto: la recitadora, rodeada por Sofía Marzec, estudiante polaca, por Tribak y por mí (foto Renata Kugaczewska); abajo: parte del romance.


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