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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

8. EL SEMINARIO MENÉNDEZ PIDAL Y EL FUTURO DEL ARCHIVO-BIBLIOTECA MENÉNDEZ PIDAL, 1963-1966.

8. EL SEMINARIO MENÉNDEZ PIDAL Y EL FUTURO DEL ARCHIVO-BIBLIOTECA MENÉNDEZ PIDAL, 1963-1966.  VII. LA PUBLICACIÓN DE LOS FONDOS DEL ROMANCERO ENCOMENDADA AL SEMINARIO MENÉNDEZ PIDAL.

      Durante el año académico 1962-63, el nuevo Ministro de Educación, Manuel Lora Tamayo, había emprendido un plan de reformas universitarias cuyo desarrollo parecía abrir posibilidades nuevas que podrían, quizá, beneficiar indirectamente el desarrollo del "Seminario Menéndez Pi­dal"167; por otra parte, había dado muestras de estar dispuesto a conceder algún tipo de ayuda a Ramón Menéndez Pidal que le permitiera llevar a término sus obras mayores aún pendientes de conclusión168. No obstante, al comenzar el curso 1963-1964, la situación económico-admi­nistrativa del "Seminario Menéndez Pidal" continuaba siendo muy penosa, según se deduce de un informe elaborado antes de que el Romancero tradicional II viera la luz:

      "El Seminario está dotado por el Ministerio con una consignación de 150.000 pesetas anuales que no todos los años ha sido librada. No hubo libramiento en los años 1956, 1958 ni 1962; el de 1963 está pendiente de que el Ministerio lo conceda de los fondos de la Caja";

y las gestiones realizadas para percibir esta consignación de 1963 dieron resultados negativos:

    "Según tus indicaciones [notificaba el Decano de la Facultad de Filosofía y Letras José Ca­món Aznar a Rafael Lapesa] escribí al Director General de Universidades [=Torcuato Fernández Miranda], pero en estos momentos no dispone de dinero y volveremos a la carga a co­mienzos del año próximo" (11-XII-1963).

      La falta de apoyo estatal español a los proyectos de Menéndez Pidal (y del "Seminario" en­cargado de desarrollar las obras que él personalmente no podía aspirar a concluir), planteó la ne­cesidad de buscar otras vías de financiación de las investigaciones y publicaciones: Menéndez Pi­dal, utilizando como intermediario a Julián Marías, sondeó la posible ayuda de instituciones norteamericanas promotoras de labor científica, mediante un plan de obras titulado "Seminario Menéndez Pidal. Proyecto de trabajos realizables en diez años", elaborado al comenzar el curso académico 1963-1964169; pero la deseada ayuda no llegó a materializarse.

      Entre tanto, Menéndez Pidal había intentado conseguir de Lora Tamayo un mínimo de per­sonal adscrito al Seminario que ayudara a continuar las obras pendientes:

    "Yo le pedí dos auxiliares fijos para el Seminario y para mí. A ver si atiende la petición, por­que así tendríamos personal permanente",

me comentó, con ciertas esperanzas de ser atendido en su petición, en carta dirigida a Bonn el 5-XII-1963, aunque la información que recibía por entonces de Rafael Lapesa le obligaba a ser bastante escéptico:

    "Pero el descuido burocrático es invencible. Hace un año que se daba como fija en Presu­puestos la asignación del Seminario, y Lapesa me dice que no hay tal cosa y que se deben dos anualidades (...)".

La gestión directa de Menéndez Pidal con el Ministro dio sus frutos. El 4 de Febrero de 1964, en carta a don Ramón, Lora Tamayo le anunciaba, satisfecho, que había sido enviada al Minis­terio de Hacienda una orden por la que se concedía al "Seminario Menéndez Pidal" una "Ayu­da de Investigación" que montaba a 500.000 pesetas.

      Aquel mismo mes, el día 24, Rafael Lapesa, en carta dirigida a Bonn, cuando Ramón Me­néndez Pidal preparaba ya nuestro viaje a Israel ("La noticia del proyectado viaje a Israel nos ha llenado de asombro. Don Ramón no quiere ser menos que Pablo VI. ¡Magnífico! ¿Cuándo pien­sas venir? No dejes de llamarme, para que hablemos"), me hacía, sin embargo, partícipe de su extrema desconfianza respecto a los "proyectos ministeriales" relativos a la Universidad y, particularmente, en relación con el decaído "Seminario":

    "(...) Y nada te digo del «Seminario Menéndez Pidal», porque la irregularidad de sus con­signaciones es tal que no permite asegurar nada. Llevamos tres años sin ver un céntimo; ahora le dice el ministro a don Ramón que va a dar 500 mil este año (con lo que el ministerio se embolsa 100 mil, pues la consignación prometida era de 150.000 anuales) (...)."

      A pesar de lo justificadas que eran las observaciones de Rafael Lapesa acerca del medio mi­llón de pesetas prometidas por el entonces Ministro de Educación Nacional Manuel Lora Tamayo, la concesión tenía gran importancia tras los varios años de absoluta "sequía" presupues­taria. No sólo eran bienvenidos los fondos prometidos (que aún tardarían algunos meses en estar disponibles170), sino asimismo el cambio de actitud oficial hacia el centro que la concesión de esa "Ayuda" representaba.

      Por esos años, Ramón Menéndez Pidal trataba de que, ante las reformas en la Universidad que el Ministro anunciaba, me ilusionara y que proyectara mi inmediato futuro negociando una venida a la Universidad de Madrid. Pero, a aquellas alturas de mi vida, yo era muy escéptico acerca del futuro del país y, como muchos otros españoles a quienes se les ofreció la oportuni­dad, había decidido tomar el camino de la emigración171.

      La decisión de aceptar una posición permanente en un buen departamento de estudios his­pánicos de una Universidad americana no suponía, sin embargo, que me desentendiera del fu­turo de la obra inédita y de los materiales de Ramón Menéndez Pidal, ni tampoco del "Semi­nario Menéndez Pidal". Respecto al "Seminario", aproveché mi situación de excedente (después de renunciar a mi cátedra en La Laguna y en espera del permiso de inmigración a Estados Uni­dos) y "las nuevas perspectivas económicas" que abría la "Ayuda a la Investigación" últimamen­te concedida, para aceptar temporalmente (del 1 de Setiembre de 1964 al 31 de Enero de 1965) la posición de "Profesor jefe de grupo" en ese centro de investigación de la Universidad de Ma­drid. Mi propósito era "proyectar una profunda reorganización del Seminario, que debe co­menzar por la aprobación del Reglamento y por el nombramiento oficial del Subdirector del Se­minario y del Director de Investigaciones"172 (según se propuso entonces a las autoridades ministeriales en una "Memoria de la actividad realizada", rematada con una "Propuesta de Reglamento del Seminario Menéndez Pidal"173) y dirigir en él un pequeño equipo de trabajo "en­cargado a) De la edición crítica de la Crónica General de 1344, b) Del volumen III de versiones del Romancero Tradicional, c) Del Romancero General Canario’’, con la "misión" (según le expliqué, en carta del 26 de Enero de 1965, a Arturo Torres-Rioseco, el nuevo chairman del Depar­tamento de Español y Portugués de Berkeley) de "dejar encarrilado de tal forma el trabajo, que los Colaboradores pudiesen seguir adelante con la edición de las tres obras después de mi parti­da y publicar los tres volúmenes durante este año [el de 1965]".

      El volumen IIIº del Romancero tradicional, de cuya planificación ya hemos tratado (véase atrás, § 2), pudo quedar claramente definido antes de que yo me ausentara de España. Según la "Memoria de la actividad realizada por el «Seminario Menéndez Pidal»" presentada a las auto­ridades ministeriales a principio de año, se trataba del Romancero de la vuelta del primer esposo y en ella ya se anunciaba como "de próxima impresión". La esperanza de verlo pronto impreso de­pendía de la reciente incorporación al "Seminario" (el 1° de Noviembre de 1964), como beca­rio, de Francisco de Bustos Tovar, en cuyas manos iba a quedar el tomo cuando yo partiera para California. En mis primeros días en Berkeley traté de seguir de cerca la marcha del trabajo:

    "Que me escriba Bustos con lo que haya de Romancero" (Domingo, 7-III-1965).

      La inclusión en los planes editoriales del "Seminario Menéndez Pidal" del Romancero Gene­ral Canario, cuya publicación había intentado realizar anteriormente en vano en la Universidad de La Laguna (véase atrás, § 4), permitió reanudar, asimismo, durante mi temporal estancia en Madrid, el trabajo de compilación y edición de ese gran corpus regional. Gracias al apoyo del nuevo Rector de la Universidad de La Laguna, Antonio González, el Cabildo Insular de Tene­rife se interesó en la prosecución de la obra, dotando una beca para que un becario me ayudara en la preparación del original174. Cuando me ausenté de Madrid, pude dejar el trabajo de la be-caria en marcha175.

      Aunque Menéndez Pidal nunca se desinteresara respecto a la posible consolidación institu­cional del "Seminario Menéndez Pidal", teniendo, como ya tenía, más de noventa y cinco años de edad y habiendo vivido casi treinta de esfuerzos infructuosos por conseguir que los materia­les (incluido el "Archivo del Romancero") y obras inéditas inconclusas, que había reunido o cre­ado en el curso de una laboriosa y prolongada actividad investigadora, quedaran vinculados a un centro de investigación vivo con perspectivas de futuro, había perdido la fe en el Estado es­pañol (y sus instituciones) como garante de la conservación y efectiva utilización de esos fon­dos. Los vaivenes políticos de aquella España del tardofranquismo tampoco permitían recurrir a organismos laicos españoles con garantías de continuidad y que pudieran considerarse inde­pendientes del poder político. Menéndez Pidal creía que sólo en países anglo-sajones existía la  tradición de unas instituciones culturales con autonomía suficiente para salvaguardar un legado cultural, como el que él había creado, de las arbitrariedades de los políticos de turno o de indi­viduos acaparadores del trabajo ajeno. De ahí que meditara recurrir al apoyo de instituciones fo­ráneas, aunque considerara siempre fundamental que su Archivo-biblioteca permaneciera en Es­paña. Durante el verano y otoño de 1964 y el primer mes de 1965, que pasé en la Península, en el curso de los paseos vespertinos que casi diariamente dábamos Ramón Menéndez Pidal y yo por los pinares de San Rafael (Segovia) o por los desmontes de Chamartín y Hortaleza (Madrid), ponderamos juntamente las posibilidades de buscarle un futuro al Archivo-Biblioteca en con­sonancia con las aspiraciones y temores señalados. Como consecuencia de aquella preocupación compartida se conserva un documento, escrito a máquina, con correcciones (que destaco entre < >) de puño y letra (y trazo firme) de Ramón Menéndez Pidal:

     "A) Creación por R[amón] M[énendez] P[idal] de un ARCHIVO-BIBLIOTECA MENÉNDEZ PlDAL al cual dona los libros de su biblioteca y los materiales de trabajo acumulados (Ro­mancero, Crónicas, Documentos lingüísticos, Ficheros , etc., etc.)
    1.  Gobernado y administrado por un Patronato constituido por
     a)  un representante del SEMINARIO MENÉNDEZ PlDAL DE LA UNIVERSIDAD DE MADRID.
     b)  Un representante de la ACADEMIA.
     c)  Un representante de la UNIVERSITY OF WlSCONSlN?
    d)  GONZALO Menéndez-Pidal o (heredero) <tachado y substituido por descendiente> Li­cenciado en Filosofía y Letras.
    e) JlMENA MENÉNDEZ-PlDAL o (heredero) <tachado y substituido por descendiente Licen­ciado en Filosofía y Letras.
    2.  El Archivo-Biblioteca Menéndez Pidal tendrá por objeto promover y facilitar la investi­gación filológica en los varios campos cultivados a lo largo de su vida por R[amón] M[enén-dez] P[idal].
     3. El Archivo-Biblioteca M [enéndez] P[idal] se gobernará de acuerdo con las cláusulas fun­dacionales siguientes..." [no figuran las cláusulas].

Pero sobre esa misma copia se halla escrito (de mi letra): "Rechazado".

       No obstante, el proyecto de institucionalización del "Archivo-Biblioteca Menéndez Pidal" vino a ser nuevamente objeto de atención en las semanas previas a mi partida para California con ocasión de la llegada a Madrid de Antonio Sánchez Barbudo, "Vilas Professor" de la University of Wisconsin, quien, en el curso de una visita que realizó a Ramón Menéndez Pidal en su casa, recibió el siguiente mensaje, no sólo oral sino escrito176:

    "R. Menéndez Pidal ha pensado en la posibilidad de «institucionalizar» su archivo-biblioteca, recabando el auxilio de alguna entidad cultural que pudiera interesarse en ello. Desde luego, desea la permanencia en España de los materiales y aspira a hallar la fórmula que no prive a aquellos de sus herederos que trabajan en los mismos campos de investigación de los beneficios que supone el disponer de sus papeles y libros. Pero preferiría substraer el archivo-biblioteca al control del Estado español.
    Considera no sólo aceptable, sino muy conveniente, la participación en el proyecto de una entidad cultural extranjera (inglesa, americana) que garantizase la autonomía del archivo-biblioteca, al mismo tiempo que su continuidad y futuro desarrollo".

      Juntamente con esta nota, Ramón Menéndez Pidal entregó a Sánchez Barbudo una descrip­ción del "Seminario Menéndez Pidal" y sus publicaciones, en la cual se hablaba asimismo del futuro:

    "El Seminario aspira a desarrollarse como Centro especializado de investigaciones histórico-filológicas hispánicas en que colaboren profesores y estudiantes graduados tanto españoles como extranjeros.
    En su reglamento está prevista la posibilidad de recibir ayuda económica pública o priva­da, nacional o extranjera".

      En Febrero de 1965 me establecí en Berkeley (California) y comencé allí mi vida académica. Ramón Menéndez Pidal, dispuesto a poner todos los medios a su alcance para que no me des­vinculara de la Universidad española y continuara participando activamente en los proyectos del "Seminario Menéndez Pidal"177, pensó que, aprovechando la fundación del "Archivo-biblioteca Menéndez Pidal", podía forzar la creación de una "Cátedra" adscrita al "Seminario Menéndez Pidal" "sin consignación presupuestaria", la cual tuviera una doble función: a) de investigación y edición de obras, y b) de formación de investigadores graduados españoles e hispanistas ex­tranjeros178. Por mi parte, al margen de tales planes, que juzgaba, cuando menos, prematuros, apremiaba a mis familiares en Madrid para que no descuidaran el proceso de consolidación ins­titucional del "Seminario Menéndez Pidal":

    "Si el Rector ya firmó, el Abuelo [= Ramón Menéndez Pidal] debe recuperar la instancia (vía Lapesa, que es quien firma). No dejéis pasar el tiempo, pues un día u otro las cosas llevarán a la caída de Lora. Por la prensa de acá sabemos algo de las manifestaciones universitarias";

al mismo tiempo les informaba de que la conversación y notas que en Febrero de 1965 trans­mitió Antonio Sánchez Barbudo a las autoridades administrativas de la University of Wisconsin habían sido acogidas muy positivamente por el Chairman del Spanish and Portuguese De­partment de aquella universidad, Edwin R. Mulvihill, quien se había apresurado a establecer comunicación conmigo:

     "Abuelo, me telefoneó Mulvihill interesándose por las ideas de que le hicimos llegar noti­cia. Que me escribirá con propuestas, cuando pueda".

Pero cuando yo escribía esta carta, el Domingo 7 de Marzo de 1965, estaba en proceso un des­graciado suceso que vendría a modificar profundamente la situación que yo había dejado antes  de partir para California: el 4 de Marzo Ramón Menéndez Pidal había tenido los primeros sín­tomas de una trombosis, que el 10 de Marzo le llevaría a ser ingresado en un hospital. Aunque pudo recuperarse parcialmente de los efectos y conservó la memoria y la capacidad de escribir sin ver, las secuelas de la hemiplejía resultante le impidieron en adelante leer y, claro está, man­tener una actividad investigadora como la que hasta entonces había llevado179.

      La hospitalización de Ramón Menéndez Pidal, a causa de la hemorragia cerebral sufrida, no impidió que la University of Wisconsin continuara estudiando la propuesta relativa al "Archivo-biblioteca Menéndez Pidal" transmitida por Antonio Sánchez Barbudo. Edwin R. Mulvihill, siendo conocedor de la situación en que se hallaba Menéndez Pidal180, se dirigió el 2 de Abril a Rafael Lapesa como corresponsal alternativo para tratar de llegar prontamente a un acuerdo firme:

    "Me interesó extraordinariamente la noticia transmitida por Antonio [Sánchez Barbudo] de que hay la posibilidad de llegar a un acuerdo de colaboración de una Universidad ameri­cana con el «Seminario Menéndez Pidal» y especialmente el hecho de que Wisconsin pueda ser esa Universidad. El asunto ha sido ya estudiado por el Executive Commitee del Departa­mento, donde la idea recibió un apoyo unánime y entusiasta. Seguidamente, hemos tratado el tema con un grupo de altos administrativos de la Universidad, incluidos el Presidente, el Vice-Presidente, el Decano de la Escuela Graduada de la Facultad de Letras y Ciencias, que han expresado un gran interés en desarrollar ese proyecto de colaboración y me han encarga­do de presentar algunas cuestiones esenciales sobre las que precisarían clarificación para po­der seguir adelante con el proyecto".181

Al ser yo consultado, asimismo, por Mulvihill182, traté de responder detenidamente a las pre­guntas relativas al "Seminario Menéndez Pidal" y al "Archivo-biblioteca de Menéndez Pidal" que necesitaban esclarecimiento. Sobre el Archivo-biblioteca le expuse cuanto habíamos habla­do Ramón Menéndez Pidal y yo durante el semestre pasado respecto a las pros y los contras de una institucionalización. Pero, acerca de los "Trámites de la negociación", creí preciso anotar:

    "La negociación con el «Seminario» puede hacerse a través de su Subdirector en funciones, Lapesa, teniendo presente el gran margen de maniobra que permite su Reglamento en vías de aprobación.
    La negociación respecto a la posible «Institucionalización» del «Archivo-biblioteca Menéndez Pidal» ha de hacerse directamente con Menéndez Pidal pues sólo él puede y debe de­cidir sobre el destino que quiere dar a sus papeles de trabajo y a sus libros. Decisión que to­mará, según creo, después de sopesar las posibilidades varias, en unión de sus familiares más directamente interesados: mi tío, mi madre y yo. Por el momento, Menéndez Pidal no está en condiciones de meditar sobre la cuestión, pero confío en que cuando Vds. lleguen a pro- poner una o varias fórmulas ya él esté recuperado (va mejorando mucho) y podrá conside­rarlas y sopesarlas" (25 de Abril de 1965).

Pero al explicar (aquel mismo 25 de Abril) a mi madre —Jimena Menéndez Pidal— a qué se re­fería Rafael Lapesa cuando en conversaciones con ella le había aludido a noticias recibidas des­de Wisconsin y al remitirle yo entonces copia de la respuesta que había dado a las preguntas formuladas por Mulvihill, sugería que no inquietara a su padre hablándole de la cuestión mien­tras no hubiera propuestas en firme de la Universidad de Wisconsin183.

      La enfermedad de Ramón Menéndez Pidal trajo, por otra parte, una súbita interrupción de los trabajos de edición del Romancero tradicional, ya que la labor se venía realizando "al pie" del "Archivo", en la casa de Chamartín de don Ramón, donde estaban los materiales inéditos y la bibliografía complementaria y donde Francisco Bustos hasta entonces había podido recurrir di­rectamente a Menéndez Pidal cuando se hacía precisa su intervención:

    "Aguirre dio hace tiempo presupuesto para el tercer tomo del Romancero —me escribió el 28 de Setiembre de 1965 Rafael Lapesa a California explicándome la situación—. Pero el tra­bajo está interrumpido. Paco Bustos se encontró con que, al no poder trabajar bajo la direc­ción de don Ramón —cuando estaba en el sanatorio— su presencia en Chamartín resultaba perturbadora e inútil, pues no podía disponer de originales para organizar los textos. Si ha de continuar —mejor dicho— reanudar esa tarea, será necesario que tú des instrucciones para que alguien en Chamartín le entregue los originales, para que trabaje fuera, en la Facultad, a no ser que ya pueda volver a Chamartín mismo. Yo no sé si en las circunstancias actuales ha dejado de ser estorbosa o no la presencia de no íntimos"184.

      Aquellas Navidades escribí a Ramón Menéndez Pidal tratando de animarle, con la llegada de un nuevo año y recurriendo al Romancero:

    "Querido abuelo. Hace unos días, llegó carta de Lapesa, muy cariñosa hablándome de la última entrevista contigo y de los trabajos del «Seminario» (...). Lapesa me hablaba del tomo del Romancero, que dejé ahí encarrilado en manos de Bustos. Necesitaría confrontar toda una serie de textos con los originales. Preguntaba si sería mejor que lo hiciese en Chamartín o sa­cando los originales. Le contesté que consultase con madre [= Jimena Menéndez Pidal] por teléfono; pero que siempre me parecía un tanto peligroso el sacar originales... Creo que, si tra­baja un poco en el volumen, podría dejarlo listo para sacarlo cuando yo llegase ahí y le diese una última revisión (...).
    Por fin se acaba este año fatídico 1965. Confío en que el 1966 nos traerá a todos más ale­grías. Durante él nos veremos otra vez reunidos y estoy seguro que discutiremos, bajo los oli­vos de Chamartín, sobre los detalles del tomo III del Romancero. Hay que hacer varias ver­siones facticias del Conde Sol, tarea siempre agradable".

Pero, en vista de las circunstancias, Bustos no se reincorporaría como becario al "Seminario" has­ta Febrero de 1966185.
      También perdí, por entonces, toda traza del Romancero general canario en preparación. En carta a Jimena Menéndez Pidal del 22 de Octubre de 1965 le decía:

    "Puesto que te pregunto de trabajos de ahí, ¿sabes, madre, si el Romancero canario —los materiales— están en casa [en la Cuesta del Zarzal] ? ¿o en [la imprenta de] Aguirre? He per­dido contacto con la chica que trabajaba en ello. Sé que estuvo en Aguirre para pedir presu­puesto. Después no sé más. Sería un dolor si se perdieran".

      Hallándome en California, sin tener aún una clara noción de los límites de la actividad inte­lectual diaria que Ramón Menéndez Pidal podía soportar cuando se reintegró desde el Sanato­rio a su hogar una vez pasada la primer convalecencia de la trombosis, me empeñé en sugerir a su hija Jimena —mi madre— que intentara darle ánimos envolviéndole —como había hecho en 1927 durante la convalescencia de la operación de retina186— en la elaboración de versiones literarias "facticias" de romances, a base de combinar motivos y versos de diferentes versiones tradicionales modernas existentes en su "Archivo". La idea, repetidamente formulada en mis car­tas187, llegó un momento en que pudo ponerse en práctica188, y hoy se conserva un cuaderno con las versiones elaboradas en comandita por Ramón y Jimena Menéndez Pidal en sesiones di­versas de lectura realizadas en el curso de los largos meses de abstinencia de trabajo investigador a que Ramón Menéndez Pidal hubo de resignarse en los últimos años de su vida189.

      Llegó el verano del curso académico 1964-1965 sin que, en otro orden de cosas, hubiera no­ticias positivas referentes a las disposiciones oficiales que veníamos considerando necesarias para poder creer que el "Seminario Menéndez Pida!", como un centro de investigaciones, fuera a te­ner más largas posibilidades de vida que las de la persona cuyo nombre llevaba190. Aunque la or­den de aprobación de su Reglamento fue finalmente firmada por el Ministro el 6 de Julio, sólo después que el 2 de Agosto se publicase en el Boletín Oficial del Estado llegó a ser comunicada a Rafael Lapesa191, y éste nada supo hasta Setiembre.

      Entre tanto, la situación de la Universidad española, de una forma paralela a lo que estaba ocurriendo en las universidades de otros países del "Mundo Occidental"192, iba haciéndose más y más crítica. El Sábado 18 de Setiembre de 1965 escribía a mi familia en Madrid:

    "El abuelo [= Ramón Menéndez Pidal] comenta sobre sucesos de actualidad exteriores; ma­dre [= Jimena Menéndez Pidal] alude a los de la universidad española, como si estuviéramos muy al tanto. Es poco lo que la lectura de la prensa nos ha hecho saber sobre las nuevas depu­raciones [de catedráticos] y las dimisiones en solidaridad con los expulsados. No creo que se asusten, si el movimiento no es masivo: oyendo este invierno pasado a Antonio [González, co­laborador íntimo del Ministro Lora Tamayo], ya vi que estaban dispuestos a que emigrasen to­dos los profesores «inútiles»: ¡que se vayan, si no les gusta! (...). Por aquí también se oscurece el horizonte. La economía necesita aumento de gastos de guerra (...). En el frente interno pro­ceden a la movilización ideológica, y a la coerción, respecto a los disidentes. Como ahí".

      En vista de estos acontecimientos, al tener noticia de la aprobación del Reglamento, me apre­suré a aconsejar (23-IX-1965):

    "Creo que no debéis en estos días hablar a Lapesa de escribir a Lora! Es demasiado gordo lo de las expulsiones para tratar con el ministerio como si nada".

      Pero este consejo llegó tarde. El 18 de Setiembre Ramón Menéndez Pidal había elevado al Ministro Lora Tamayo la propuesta de los dos nombramientos, de Subdirector (Rafael Lapesa) y de Director de Investigaciones (Diego Catalán). En la carta que acompañaba a la propuesta le informaba, además, de que estaban en curso conversaciones "con algunas autoridades acadé­micas norteamericanas" para obtener ayuda económica para el "Seminario"193.
 
     Rafael Lapesa me comentó al respecto, días después (28-IX-1965):

    "Hace tiempo que quería escribirte, sobre todo al no venir tú este verano y acercarse el nue­vo curso ya inminente (en todo su sentido etimológico). El Reglamento del «Seminario» se aprobó el 6 de julio, cosa que se nos comunicó en agosto. Sé que don Ramón ha pedido que se nos nombre respectivamente, a ti Director de Investigaciones, y a mí Subdirector del «Se­minario», haciendo constar que veníamos desempeñando esos cargos (...). Ahora está ya más consciente del momento en que vive (...). No han dado al «Seminario» la consignación co­rrespondiente a 1965. Trataré de conseguirla, o al menos, que no se escape la de 1966. Aho­ra tenemos dinero para pagar a «Gredos» la impresión del II tomo del Romancero y el I de la Crestomatía y aún sobrarán algunas pesetas. No he de ocultarte que se me hace cuesta arriba las gestiones con Decano e aínda mais, dada la actual situación de nuestra Facultad. Pero habrá que intentarlo (...). Dios sabe lo que será de nosotros y de la Universidad en cuanto em­piece el curso. Con la ausencia de los expedientados y la de [Antonio] Tovar, que ha pedido la excedencia voluntaria, la minoría disidente ha quedado más destacada y más tentadora para el aplastamiento".

      Las circunstancias me hicieron volver a entrar en contacto con Rafael Lapesa después de me­ses de incomunicación:

    "Hace muchos meses [le escribí el 5 de Octubre de 1965 desde la University of California, Berkeley] tuve escrita una carta para Vd., con ocasión de la que le escribió Mulvihill acerca del «Seminario» y de los planes de mi abuelo [= Ramón Menéndez Pidal] respecto a su archivo-biblioteca. Las noticias de Madrid paralizaron su salida.

    Ahora me llega su cariñosa carta, cuando de nuevo me proponía escribirle. Lo cierto es que con el súbito derrumbamiento de la antes prodigiosa vitalidad de mi abuelo (a que tan acos­tumbrados estábamos que no acierto a imaginarme otra situación), con la imposibilidad de salir de aquí durante los meses pasados (pues carecía de pasaporte), con el nacimiento de Déborah [mi sexto hijo], con las depuraciones políticas de la Universidad española, todos mis  proyectos han quedado destruidos de raíz, hasta tal punto que no sé qué escribirle.

    Yo aquí vivo al día, ahogado momentáneamente por trabajos de tipo muy distinto, que no me dejan hora libre para pensar. No estoy contento. Pero ¿? (...).

    Me alegro de que el Reglamento del Seminario llegara a aprobarse. Siento, en cambio, que la preocupación familiar por dejar afirmada la estructura del Seminario haya venido a crear­le a Vd. problemas en unos momentos en que el equipo ministerial se ha lanzado a la brutal represión de toda voz liberal e independiente. En mi última carta a Chamartín les pedía que suspendiesen por ahora toda acción que supusiese tratos con el ministerio. Veo que no llegué a tiempo.

    Por aquí —universidades de los USA— cambiamos ideas respecto a cuáles pasos, de los pocos que cabe dar, pueden ser más útiles en relación con los catedráticos perseguidos (...).

    Yo hago planes y trato de buscar soluciones «americanas» (en vista de cómo está la situa­ción universitaria española) para poder ir a Madrid durante una temporada larga y echar una mano en la reorganización de la vida de mi abuelo en estos tiempos difíciles. La súbita crisis, apenas salido yo de España, me ha colocado en una situación muy difícil. Recién llegado aquí me resulta casi imposible el plantear, con probabilidades de ser comprendido y atendido, mi deseo de volver ahora a España a pasar una temporada. Pero, aunque nuestros lazos familia­res sean incomprensibles en el ambiente americano, estoy tratando de hallar una solución".

      Simultáneamente (29-IX-1965), el Ministro de Educación Nacional LoraTamayo, comuni­có personalmente a Ramón Menéndez Pidal que había atendido a las propuestas formuladas194, y el 21 de Noviembre, Lapesa me hizo saber:

    "Otra vez te escribo con retraso (...). Supongo tendrás ya ahí el nombramiento de Direc­tor de Investigaciones del Seminario, fechado el 15 de octubre (...). Camón pidió al Ministe­rio la consignación olvidada —la de 1965— y ya está concedida. Tenemos, pues, dinero para salir adelante con los trabajos (...). Tu abuelo [= Ramón Menéndez Pidal] ha mejorado con­siderablemente en estos meses últimos. Se le ve con mayor lucidez y ha empezado a andar un poco (...). Claro está que por ahora no puede pensarse en que trabaje, ni siquiera los tres cuar­tos de hora diarios que constituyen ahora la meta de sus deseos. Pero se interesa mucho en las lecturas y tiene mucha más conciencia de la realidad circundante. La Universidad sigue mal (...). La tensión entre estudiantes y autoridades universitarias está dando lugar a incidentes enojosos que pueden llegar a ser muy graves. En cuanto a los catedráticos sancionados, nada práctico se ha hecho a su favor. Les denegaron el recurso de reposición en el Consejo de Mi­nistros y ahora presentarán nuevo recurso ante el Tribunal Supremo (...)".

      La relativa mejoría experimentada por Ramón Menéndez Pidal durante estos meses de convalescencia le habían provocado una cierta ansiedad por resolver sus asuntos testamentarios con objeto de facilitar las futuras relaciones entre sus hijos y dejar encarrilado, entre otros proble­mas, el que representaban su archivo-biblioteca y sus obras inéditas. De ese nuevo "problema" me hice eco en carta del 22 de Octubre de 1965:

    "En vuestras últimas cartas insistís en el problema del testamento. Si falta la armonía para acordar comunalmente una solución que presentar al abuelo y que le libere de esa preocupa­ción, creo que se le debe ahorrar el tener que pensar sobre un futuro poco ajustado a sus deseos. Me parece inmoral el discutir sobre una partición de Chamartín como si se tratara de un solar parcelable: no creo que haya que hacerle pasar el trago de planear la destrucción de lo que él construyó con trabajo y amor (...). En cambio, el disponer de su propiedad «espiri­tual» en una forma clara y precisa puede representar una preocupación placentera, y, al mis­mo tiempo, puede ser un acto trascendental para que esa propiedad «espiritual» no se pierda, disperse o inutilice. En consecuencia, creo que es importante separar ese legado (Romancero, obras empezadas, ficheros, etc.; Biblioteca; Obras publicadas) de la propiedad «material»".

      Mi asociación oficial al "Seminario Menéndez Pida!" de la Universidad Complutense de Ma­drid mediante el nombramiento de Director de Investigaciones del organismo, como parte de un proceso de reafirmación institucional de ese centro de investigación, se producía, según re­sulta claro de todo lo anteriormente expuesto, en circunstancias exteriores y personales que eran, cuando menos, difíciles para ejercer el cargo con efectividad. Así hube de exponerlo el 21 de Enero de 1966 al propio Ministro de Educación nacional español que había firmado el nombramiento:

    "Le escribo desde esta lejana California para agradecerle la aprobación del Reglamento del «Seminario Menéndez Pidal», así como mi nombramiento como Director de Investigaciones del mismo.
 
   La institucionalización de la estructura (hasta aquí provisional) del «Seminario» puede ser un gran aliciente para Menéndez Pidal ahora que su salud ha sufrido un duro golpe dejando muy recortadas sus posibilidades de trabajo y, al mismo tiempo, será una garantía de que sus obras inconclusas y los materiales por él acumulados reciban, un día, forma publicable.
 
   En relación con mi nombramiento para la dirección de las publicaciones del «Seminario» tengo la satisfacción de poderle comunicar que acabo de aceptar un puesto de Profesor en el «Institute for Research in the Humanities», de Wisconsin, que, por su naturaleza, me permi­tirá dedicar la mayor parte de mi tiempo a la investigación. Además, reconociendo que las fuentes y materiales básicos de mi investigación se hallan radicados en España, el Decano de Letras y Ciencias y el Decano de la Escuela Graduada de aquella Universidad me han pro­metido un máximo de facilidades en relación con mis deseos de hacer frecuentes y, en oca­siones, prolongados viajes a España, y me han manifestado que no ven inconveniente en mi simultánea asociación a la Universidad de Madrid a través del «Seminario».

    En vista de todo ello, el próximo Junio saldré, con Alicia [= mi mujer] y los chicos (aho­ra 6), para España, a pasar medio o, quizá, todo el curso 66-67. De esta forma, tendré oca­sión de seguir de cerca los últimos pasos de las obras del «Seminario» que ahora están en pu­blicación y asentar las bases de otras nuevas, al mismo tiempo que trabajo en las bibliotecas españolas.

    El viaje me permitirá, por otra parte, apreciar de modo personal los rumbos culturales de España y la evolución de la Universidad desde mi última conversación con Vd., hace ahora un año.

    Creo un deber no ocultarle que la expulsión de ciertos Catedráticos de ideas liberales y la suspensión de otros me ha causado gran consternación y ha destruido mis esperanzas de que en la España de mañana haya un lugar para todos los españoles de buena voluntad. Si las de­puraciones a raíz de la guerra civil (de las cuales mi propio padre y mi mismo abuelo fueron víctimas) constituyeron un torpe acto de intransigencia intelectual, ¿qué justificación pueden tener estas nuevas depuraciones después de casi 30 años de congelación política? En fin, quie­ro transmitirle mis más sentidos votos por que se llegue pronto a la revisión de tan duras san­ciones contra unos compañeros que quizá disientan en ciertos aspectos, intelectuales, sociales o políticos, respecto a las directrices del gobierno, pero cuyo interés por la «cosa pública» de nuestro país es absolutamente sincera y, sin duda, merecedora de respeto".

      En esta carta se alude a mi decisión de renunciar a la cátedra de Berkeley a fin de poder tras­ladarme por un año a Madrid, con una beca Guggenheim, desde un nuevo puesto de trabajo americano195 El hecho de que mi nueva cátedra estuviera en la University of Wisconsin vino a contribuir, sin duda, al relanzamiento del proyecto que, en el año anterior, Ramón Menéndez Pidal había esbozado a Sánchez Barbudo196.

      A principios de 1966, Ramón Menéndez Pidal me instó directamente a opinar sobre sus pro­yectos testamentarios, por lo que intenté examinar la cuestión conociendo la opinión, no sólo de mi madre, Jimena Menéndez Pidal, sino de mi tío, Gonzalo Menéndez Pidal, a quien escri­bí por lo largo desde Berkeley, el 17 de Febrero, encabezando así mi carta:

    "Hace unos días me puso el abuelo [= Ramón Menéndez Pidal] unas letras preguntándo­me lo que yo pensaba acerca de sus proyectos de testamento en relación con Chamartín. Como parece que quiere librarse de esa preocupación cuanto antes, he aceptado (no sin ven­cer la natural resistencia a intervenir en materia tan delicada y, en estas circunstancias, tan de­sagradable) el dar mi opinión desde aquí, cosa nada fácil".

Respecto a la "Biblioteca" creía saber con exactitud cuáles eran las "ideas" que tenía Ramón Me­néndez Pidal al respecto197 y sólo veía problemático su mantenimiento a largo plazo:

    "Como el sostenimiento de una biblioteca familiar pro-indiviso no puede concebirse como eternizable, hay que dejar alguna puerta abierta, tanto a la colaboración en su sostenimiento, como a la posible entrega de ella, en el futuro, a una entidad".

      Esta carta mía no obtuvo respuesta y otros intentos de tratar el tema de forma conjunta por los diversos miembros de la familia desembocaron en el fracaso. Como consecuencia de ello, Ra­món Menéndez Pidal escribió de su mano un testamento, en el cual se incluían las siguientes disposiciones acerca del archivo y de la biblioteca:

    "Dono a mi nieto Diego la totalidad de mis trabajos en preparación y estudio, para que pon­ga todo su interés y voluntad en continuarlos y completarlos para que puedan ser publicados. La Biblioteca se la dejo a mis dos hijos pro indiviso y no debe alterarse su unidad segre­gando libros de ella. Y no se debe enagenar ni ceder mientras sirva de instrumento de traba­jo a algunos de ellos o de sus herederos (...).
    16 mayo 1966
    [firmado:] R. Menéndez Pidal".

      Cuando este testamento ológrafo del 16 de Mayo del 66, escrito en líneas tortuosas por la pe­nosa situación de la vista de Ramón Menéndez Pidal, recibió una redacción ante notario (4-II-1967), la cláusula relativa a los trabajos quedó modificada en la siguiente forma:

    "(...) encomienda a su hijo Gonzalo Menéndez Pidal-Goyri los trabajos del testador de Historia Moderna Española, incluidos los Reyes Católicos, y también la continuidad de la Historia de España que publica la Editorial Espasa Calpe, y encomienda a su nieto Diego Ca­talán Menéndez Pidal la totalidad de los restantes trabajos en preparación y estudio, sobre los que viene trabajando en el Seminario Menéndez Pidal, con la recomendación de que pongan todo su interés y voluntad en continuarlos, para que puedan ser publicados".

      La manda que en este testamento abierto se me hacía me exigía, pues, en cuanto al Roman­cero, encargarme de cumplir la trabajosa y larga tarea de velar por la integridad del "Archivo" y de divulgar en forma impresa, convenientemente elaborados, sus materiales, para lo cual conta­ba con la colaboración del "Seminario Menéndez Pidal". Más que heredarme en unos "bienes", su donación constituía desde su perspectiva una trasmisión de unos fondos, que tanto él como yo considerábamos de interés nacional e internacional y no "mercantilizables", a persona fiable de que cumpliría con la misión encomendada.

Diego Catalán: "El archivo del Romancero, patrimonio de la humanidad. Historia documentada de un siglo de historia" (2001)

NOTAS

167 El 8 de Abril de 1963 lo reconocía ya yo desde La Laguna, en carta dirigida a Antonio Sánchez Bar­budo a Madison (Wisconsin): "En el plan de refor­mas que ha emprendido este ministerio caben posi­bilidades hasta hace poco insospechadas".

168 El 5 de Diciembre de 1963 Ramón Menéndez Pidal me escribía a Bonn: "El Ministro ha hecho saber a María Luisa [Vázquez de Parga] que tendrá tres horas diarias de trabajo extraordinario para que me ayude" (como auxiliar mecanógrafa). Por otra parte, Antonio González, a quien Manuel Lora ha­ría por entonces Rector de la Universidad de La La­guna, cuando viajaba a Madrid   (donde, por amis­tad conmigo, solía alojarse en casa de mis suegros), servía de informante oficioso, a causa de su intimi­dad con Lora, sobre los buenos propósitos del Mi­nistro.

169 Con la subvención solicitada, de 10.000 $, se pretendía llegar a la publicación de la Crónica General de España de 1344 (textos españoles), la Cró­nica General Manuelina, la Crónica de Castilla y la Crónica de Veinte Reyes (como parte del proyecto I: "Publicación de Crónicas Nacionales de la Edad Media"), de 3 volúmenes con la Historia de la epo­peya española de Ramón Menéndez Pidal, otros de edición de textos épicos y "por lo menos diez otros volúmenes" (aparte del I, ya publicado, y el II, en prensa) del Romancero tradicional de las lenguas hispánicas (español, portugués, catalán, sefardí) (como parte del proyecto II: "Publicación y estudio de la Epopeya y Romancero Hispánicos"), y de la Cres­tomatía del español medieval y del Glosario del espa­ñol primitivo y la Historia de la lengua española de Ramón Menéndez Pidal, además de la prosecución de los Trabajos sobre el dominio románico leonés (como parte del proyecto III: "Estudios lingüísti­cos"). ¡Un conjunto de obras en progreso cuya pu­blicación 35 años más tarde aún no ha podido ser completada!

170 Sólo el 9-IV-1964 el Decano comunicaría a Ra­fael Lapesa la concesión de la "Ayuda a la Investiga­ción" y el 13 de ese mes se pudo cobrar la primera mitad de ella.

171  Aunque, durante el quinto año de estancia en Tenerife (noveno como catedrático de la Universidad de La Laguna) se me había desarrollado el imperioso deseo de escapar de las consecuencias del insularismo mental que la isla propiciaba, no consideraba acepta­ble entrar en la Universidad de Madrid por "méritos" ajenos (heredados y no propios), así es que me había formado el propósito de abandonar asimismo, por largo tiempo, la España cerrada y sin horizontes en que me había tocado crecer. El "nacionalismo", in­cluso el cultural, me parecía intelectualmente cas­trante y moralmente inaceptable en el mundo de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial (Todo ello, según dejan ver mis discusiones por correo con los miembros de mi familia, que me presionaban con toda clase de argumentos contra mis planes de emi­grar).

172 Aunque en la Orden Fundacional del "Semina­rio Menéndez Pidal" de 1954 se preveía como paso inmediato la aprobación de un Reglamento, el nom­bramiento de un Subdirector y la creación de una estructura profesoral, todo ello había sido imposible durante el decenio transcurrido. Tanto Lapesa como yo veníamos realizando sin nombramiento oficial las labores propias de los dos cargos ahora propuestos.

173 Cito este documento por un borrador sin fecha, pero cuya redacción puede colocarse a primeros de Febrero, antes de mi partida para California.

174 Desde Madrid, sin fecha, escribí al Rector de La Laguna: "Querido Antonio: Te escribo en relación con la publicación del Romancero General de Canarias. Tengo un candidato, mejor candidata, a la beca de que hablamos: ARACELI GONZÁLEZ (la hija de don Emilio, el de la Biblioteca), con quien ya he tenido una entre­vista. Fue una alumna aventajada, según creo. Está aquí. Para que la publicación quede encarrilada antes de mi partida es urgente que comience a trabajar la próxima semana. Te ruego, pues, que me telegrafíes si, desde el punto de vista económico, no hay inconve­niente para ello. Después me puedes puntualizar por carta la cuantía de la beca y demás precisiones".

175 El 27-VII-1965, S. G. Armistead me escribió desde Los Angeles a Orinda (California) sobre este proyecto: "Lo del Romancero general canario en pre­paración me llena de entusiasmo. Será de mucha uti­lidad. Hay que estar sobre esa becaria canaria para que ultime aquello", y se interesaba por el descubri­miento de los originales de Agustín Espinosa que yo había logrado obtener para corregir las muy enmen­dadas versiones que en su día publicó este erudito: "Lástima que Espinosa, como tantos otros, retocara sus textos. Es un hallazgo lo de los MSS. originales".

176 Según hace ver una carta posterior mía, escrita desde Berkeley el Lunes [25]-IV-1965 a Jimena Me­néndez Pidal en Madrid, las copias que aquí tengo ocasión de citar fueron guardadas, a raíz de la entre­vista con Antonio Sánchez Barbudo, por el propio Ramón Menéndez Pidal entre los documentos relativos al "Seminario": "La carta a que aludía Lapesa (...) es resultado del sondeo hecho vía Sánchez Barbudo, a quien el abuelo dio en Chamartín unas hojas (de que guarda copia en el cajoncito dedicado al Semi­nario en su despacho)."

177 Donde yo había cesado el 31 de Enero de 1965.

178 Se conserva un texto mecanográfico, con correc­ciones de mano de Ramón Menéndez Pidal, posterior a mi transitoria pertenencia al "Seminario Menéndez Pidal", en que, tras describir mi labor de colaboración desde tiempos antiguos hasta finales de 1964 y argumentar: "Con el fin de que Diego Catalán, en la ac­tualidad Profesor (numerario) de la Universidad de California (Berkeley) continúe su labor en el Seminario Menéndez Pidal sería muy deseable que se integra­se oficialmente a la organización del Seminario’, se hace la referida propuesta.

179  La "recuperación" notada en los días y semanas posteriores mantuvo la esperanza familiar de que las se­cuelas de la trombosis no fueran permanentes. Ante mi imposibilidad de viajar fuera de Estados Unidos (por te­ner retenido aún mi pasaporte por las autoridades ame­ricanas de inmigración para procesar mi "residencia"), dependí de esas impresiones durante largo tiempo.

180 En la carta que cito a continuación, Mulvihill explicaba a Lapesa que, si bien "este no es un momento oportuno para plantearle al propio Menéndez Pidal tales cuestiones", me remitía a mí una copia de ella para que el trato iniciado no se interrumpiera.

181 Traduzco del inglés.

182 Con ocasión del envío de copia de la carta a La­pesa. Mulvihill, antes de recibir respuesta de Lapesa y mía, me aseguraba nuevamente el 27 de Abril: "Tan pronto como oiga de ti y de Lapesa, puedes estar se­guro de que tiraré para alante" (traduzco del inglés).

183  "No es ocasión de complicarle la vida al abuelo, aludiendo a ello. Si respiran nuevamente, ya habrá oca­sión de ello. Pero para que no patines con Lapesa...".

184 Al responderle yo, el 3-X-1965, poco podía de­cir sobre la cuestión: "La crisis del tercer tomo del Romancero, aunque sea triste, es comprensible. ¿Por qué no me escribe Bustos sobre la situación del tra­bajo y sus problemas? Quizá podría seguir adelante. Yo creí que los criterios estaban señalados y que él po­día continuar. El problema de su instalación en Chamartín podría consultarse con mi madre; sólo ella verá si actualmente resultaría aún estorbosa su pre­sencia". Francisco Bustos hizo el informe solicitado ("Sé también [me escribió el 21-XI-1965 nuevamen­te Lapesa] que Bustos te escribió sobre el Romancero III; en vista de que yo me retrasaba en hacerlo, le aconsejé emplear la vía directa. De todos modos ahí te mando la nota suya sobre lo que está hecho y por hacer"); pero, por el momento, interrumpió su tra­bajo como becario.

185 Sólo el 1-II-1966 Francisco Bustos se reincorpo­ró al "Seminario", según me informó Rafael Lapesa (5-II-1966) y notificó simultáneamente al Decanato: "A partir del 1 del actual D. Francisco de Bustos Tovar ha reanudado sus trabajos en la preparación del Romance­ro Hispánico (...), Madrid, 3 de febrero de 1966".

186 Véase atrás, cap. III, § 17.

187 Ya el Jueves, 25 de Marzo de 1965, ante las pri­meras noticias sobre su recuperación, sugerí: "Lo más estimulante son las noticias sobre su claridad de ca­beza (...). Madre, cuando empiece a sentirse menos débil, podrías intentarle un trabajo (como en aquella ocasión la Flor Nueva) que le llenase y le impidiese pensar en los pendientes que no puede reanudar (...). Puedes sugerirle (...) iniciar otra segunda Flor Nueva de romances no heroicos. Siempre le ha gustado eso de seleccionar estéticamente variantes para componer textos facticios". Meses más tarde insistí sobre el tema: "No veo claro por qué lo del Romancero no cuaja. Si insistieses un poco, yo creo que picaría. Es tarea fácilmente realizable en ratos sueltos, sin conti­nuidad" (Martes 31-VIII-1965); "¡Qué alegría ver le­tra del abuelo comentando las últimas noticias! (...). En cuanto a lo de las lecturas, yo creo, madre, que, si intentaseis otra Flor Nueva con romances fuera de los ciclos épicos, le gustaría. Hay muchos buenos ade­más de los de Flor Nueva. A él siempre le ha atraído hacer versiones facticias a base de las tradicionales..." (Viernes 20-VIII-1965).

188 "(Creo que la 2a Flor Nueva no debe ser con ro­mances viejos (en general ya muy publicados), sino con los de la recolección moderna. Y, por tanto, so­bre temas novelescos, no histórico-épicos. Es donde cabe hacer versiones facticias depurando y seleccio­nando (como El enamorado y la muerte)" (6-III-1966). "Es una gran cosa que pueda ya salir al jardín (...). También me alegro de que vaya cuajando lo de la nueva Flor de Romances’ (Jueves, 17-III-1966); "Me alegro de que el abuelo haya encontrado interés en el jardín y huerta de romances (¿por qué el doble nombre?)... La idea de repartirlos por áreas me pare­ce buena. Claro que el área castellana habrá que di­vidirla en regiones varias. Creo que sería interesante el repetir en ocasiones un mismo romance en regio­nes varias, cuando las versiones difieran bastante. En cuanto a la selección, creo que lo mejor es ir cogien­do carpetas y exprimiéndolas. Puesto que sólo va a comprender romances recogidos modernamente, yo ensayaría otro título" (3-IV-1966).

189 Cuando, algunos años después, Samuel G. Armistead pasó múltiples jornadas en el "Archivo" es­tudiando los materiales sefardíes contenidos en sus cajones y carpetas y "halló" este cuaderno, se entu­siasmó con el hallazgo y me instó repetidas veces a que publicara los textos facticios de aquella iniciada Huerta de romances, pero no llegué a hacerlo.

190 El Jueves [12] de Agosto de 1965 Jimena Me­néndez Pidal aún se lamentaba: "Del asunto del Se­minario siempre que viene Antonio [González, Rec­tor de la Universidad de La Laguna] a Madrid le damos una batida y él dice, cuando se va, que lo deja enfocado, pero no se ve que dé un paso. Ahora en Agosto es tiempo muerto; en Setiembre haremos cuanto se nos ocurra. El Ministro lo ha pedido, pero no sabemos dónde se atasca, ni cómo buscar para averiguarlo si no es a través de Antonio". Y el 20 de ese mes yo respondía: "Sobre los famosos estatutos del Seminario voy a escribir al Ministro directamen­te, interesándome por ello. El que eso se apruebe es un paso imprescindible para que yo figure oficial­mente en el Seminario! Los pasos previstos eran: a) Aprobación ministerial de los Estatutos, o como se llamen; b) Nombramiento oficial de Lapesa y mío para los cargos indicados: Subdirector del Seminario y Director de Investigaciones, respectivamente". El día 31 de Agosto aún insistía: "Veo que te han pare­cido mal mis comentarios a la ley universitaria (...). Pero, como te decía, la ley en sí no me brinda buenas oportunidades; habrá que esperar a la práctica de su aplicación (...). Lo que ahora puede hacerse es lo del Reglamento del Seminario, para que, una vez apro­bado, pueda proponer el abuelo mi nombramiento en el Seminario, a fin de tener un pie en la Universi­dad de Madrid (...). Ahora en Setiembre voy a escri­bir a Lora sobre lo del Seminario, pues veo que des­de ahí no hay modo de que se haga andar". No sabíamos que, para entonces, ya estaba aprobado el Reglamento.

191  El Rector informó de la aprobación al Decano el 29-VII-1965, pero únicamente el 3-VIII-1965 el Jefe de la Secretaría de la Facultad de Filosofía y Le­tras comunicó a Rafael Lapesa la aprobación salida el día antes en el B.O.E.

192 Tanto en América como en Europa se producían confrontaciones de carácter violento entre las autori­dades universitarias y el alumnado, apoyado por una parte del profesorado, por lo que para el conjunto de la sociedad vino a convertirse súbitamente en "noticia" la profunda crisis de la Universidad tradicional (tal como había existido en el s. XIX y primera mitad del s. XX). Desde Berkeley, el 26-III-1965, yo comentaba sobre los sucesos locales: "Por la Universidad soplan malos vientos. Ahora los Regentes se han subido a la parra y están dispuestos a pelear con el profesorado, a quien consideran subversivo en cierto modo. Son nombrados por el Gobernador para representar al Es­tado de California y, claro, son representantes de las «fuerzas vivas» conservadoras y anti-intelectuales de la región. Tienen poderes absolutos sobre la Universi­dad. El desafío que han lanzado hoy al profesorado y alumnos favorecerá a las organizaciones radicales de estudiantes que estaban perdiendo ímpetu". Los vien­tos que soplaban en Madrid no eran mejores, ya que, ante las manifestaciones masivas estudiantiles, consi­deradas no menos "subversivas", y la solidaridad de ciertos profesores con los estudiantes golpeados por la policía en el campus universitario, el Ministerio no du­daría en sancionar a los catedráticos que más se habían destacado como disidentes, echándolos de sus cáte­dras.

193 "Diego [Catalán] pensaba entrevistarse con al­gunas autoridades académicas norteamericanas para interesarlas por la labor del «Seminario» por ver si concedían alguna eventual ayuda económica para ciertos trabajos que en él se hicieran de común inte­rés".

194 El mismo día 29-IX-1965 el Director General de Enseñanza Universitaria puso en conocimiento de Rafael Lapesa los nombramientos ordenados por el Ministro. Menéndez Pidal, en carta del 6-X-1965, contestó a Lora Tamayo agradeciéndole la rapidez en la tramitación de los nombramientos.

195  La University of California no aceptó que, ha­biéndome incorporado a ella tan recientemente, pu­diera desplazarme por un semestre a España con una "Fellowship" de la John Simón Guggenheim Memo­rial Foundation, que entonces se me concedió; en la oferta de la University of Wisconsin que acepté se incluía el que la universidad me complementaba la beca semestral Guggenheim con otro semestre adi­cional, permitiéndome investigar todo un año en España antes de incorporarme al campus de Madison.

196 Al remitir a Wisconsin (8-I-1966) mi carta de aceptación del nombramiento en el Departamento de Español y en el Instituto de Investigación en Humanidades, escribí a E. R. Mulvihill una larga carta describiéndole mis planes para el año que iba a resi­dir en Madrid y le comentaba: "Varios de estos pla­nes se relacionan, más o menos directamente, con los proyectos de que más de una vez hemos hablado. Pero, sin tomar el pulso de la realidad en Madrid, es difícil concretar nada".

197 "Entiendo por tal los libros. Creo que el abuelo tiene aquí ideas propias bastante firmes. Por las con­versaciones que tuvo conmigo el otro año deduzco que tiene gran interés a) en que no se divida o enaje­ne, b) que perdure sin que vaya a parar al Estado, c) que no salga de España, d) que sirva de instrumento de trabajo para nosotros".

 LÁMINAS

En 1964-65 Menéndez Pidal hacía planes para que el "Archivo-biblioteca Menéndez Pidal"pu­diera sobrevivirle con objeto de "promover y facilitar la investigación filológica" en España.
Proyecto (ponderado y finalmente rechazado) perteneciente a aquellos años, en que se plantea la posible par­ticipación de la University of Wisconsin en el eventual Patronato del Archivo-biblioteca.

Edwin R. Mulvihill, chairman del Departamento de español y portugués de la Universidad de Wisconsin, trató de salvar el futuro de la Biblioteca y Archivo de Menéndez Pidal negociando el apo­yo de su universidad a un proyectado centro de estudios superiores basado en ese Archivo-Biblioteca.
Mulvihill con Catalán en Madrid, por los días en que Fraga abría la mano censora y se representaba un Moliere con pantomimas alusivas al presente español. (Mayo de 1963).

Testamento ológrafo de Ramón Menéndez Pidal (16 de Mayo de 1966) disponiendo de sus mate­riales de trabajo y biblioteca, cuando el estado de su vista le obligaba a escribir a tientas.
16-Mayo 66 Ológrafo

  


SUMARIO:

I
PRESENTACIÓN: EL ROMANCERO Y EL ARCHIVO MENÉNDEZ PIDAL

* EL ARCHIVO DEL ROMANCERO, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

II. CREACIÓN Y ORÍGENES DEL ARCHIVO MENÉNDEZ PIDAL DEL ROMANCERO

*1. LOS FONDOS DEL S. XIX

* 2. DESCUBRIMIENTO DE LA TRADICIÓN ORAL CASTELLANA EN 1900

* 3. LOS PRIMEROS PASOS EN LA COMPILACIÓN DE UN ROMANCERO ORAL PAN-HISPÁNICO

* 4. EN BUSCA DE ROMANCES FUERA DE LA PENÍNSULA: EN CANARIAS Y EN LAS COMUNIDADES SEFARDÍES, 1904

* 5. "A POR PAN Y A VER AL DUQUE": PRIMER VIAJE A AMÉRICA, 1905-1906

* 6. EL FONÓGRAFO DE CILINDROS DE CERA VIAJA EN BUSCA DE MELODÍAS, 1905-1906

* 7. LA MÚSICA Y LA DANZA COMO PARTE DEL ROMANCERO, 1905

* 8. ANTE UNA BUENA COSECHA, 1905-1908

* 9. MENÉNDEZ PIDAL HACE INVENTARIO: LAS PRIMERAS MIL QUINIENTAS VERSIONES DEL ARCHIVO Y LAS CONFERENCIAS EN LA COLUMBIA UNIVERSITY DE NUEVA YORK EN 1909

* III EL ROMANCERO HISPÁNICO BAJO LOS AUSPICIOS DE LA JUNTA PARA AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS

* 1. LA CREACIÓN DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS Y EL ROMANCERO DE RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL

* 2. LOS DIALECTÓLOGOS Y EL ROMANCERO ORAL: 1910-1912

* 3. MANRIQUE DE LARA COLECTA EN ORIENTE EL ROMANCERO SEFARDÍ, 1911-1912

* 4. OTRAS APORTACIONES AL ARCHIVO ANTERIORES A LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL, 1909-1913

* 5. EL ROMANCERO HISPÁNICO DE AMÉRICA DEL NORTE, 1913

* 6. LOS PLIEGOS SUELTOS DE PRAGA LLEGAN AL ARCHIVO, 1913-1914

* 7. MENÉNDEZ PIDAL VUELVE A AMÉRICA, PERO DEJA DE LADO EL ROMANCERO, 1914

* 8. LAS GRANDES ENCUESTAS REGIONALES DE JOSEFINA SELA Y DE EDUARDO M. TORNER, 1914-1920

* 9. MANRIQUE DE LARA, EL ROMANCERO DE LOS JUDÍOS DE MARRUECOS Y DE LA PENÍNSULA Y LA MÚSICA DE LOS VIHUELISTAS, 1915-1922

* 10. POESÍA POPULAR Y ROMANCERO, 1914-1918

* 11. LA GEOGRAFÍA FOLKLÓRICA Y LA EXPLORACIÓN DE REGIONES HASTA EL MOMENTO POCO ENCUESTADAS, 1920

* 12. AURELIO DE LLANO Y EL CONOCIMIENTO DEL ROMANCERO ASTURIANO, 1919-1925

* 13. OTRAS APORTACIONES AL ARCHIVO DE COMIENZOS DE LOS AÑOS 20

* 14. LA TERCERA PARTE DE LA SILVA, PERDIDA, 1921

* 15. EL ARCHIVO DEL ROMANCERO, EN EL OLIVAR DE CHAMARTÍN DE LA ROSA, 1925

* 16. SIGUE LA ACTIVIDAD RECOLECTORA, 1926-1927

* 17. LA CEGUERA TEMPORAL DE MENÉNDEZ PlDAL Y SU "FLOR NUEVA DE ROMANCES VIEJOS", 1926-1928

* 18. MANRIQUE DE LARA NUEVAMENTE EN ORIENTE. EDICIÓN FRUSTRADA DE LAS MÚSICAS DEL ROMANCERO: 1923-1928

* IV. EL PROYECTO DE PUBLICACIÓN DE EPOPEYA Y ROMANCERO FINES DE LOS AÑOS 20, COMIENZOS DE LOS AÑOS 30

* 1. EL ROMANCERO, PARTE DE UNA MAGNA OBRA A PUNTO DE PUBLICARSE

* 2. LAS FUENTES DOCUMENTALES ANTIGUAS

* 3. GALICIA EN EL FOCO DE LAS INVESTIGACIONES SOBRE EL ROMANCERO PAN-HISPÁNICO, 1928-1931

* 4. APORTACIONES AL ARCHIVO DE COLECCIONES AJENAS. EL ROMANCERO CATALÁN, 1930-1933

* 5. 1930. LOS BAILES ROMANCEADOS QUE AÚN PERDURAN

* 6. NUEVAS CAMPAÑAS DE RECOLECCIÓN DE MÚSICAS Y TEXTOS POR LA SECCIÓN DE FOLKLORE DEL CENTRÓ DE ESTUDIOS HISTÓRICOS, 1930-1936

* 7. PARÁLISIS RECOLECTORA EN PORTUGAL, 1930

* 8. DISCOGRAFÍA Y PELÍCULAS ETNOGRÁFICAS; EL ROMANCERO INCORPORADO A LA ENSEÑANZA ESCOLAR. 1932-1936

* V. LA GUERRA CIVIL. EL ROMANCERO, PARTE DEL TESORO NACIONAL

* 1. DISCONTINUIDAD DE EPOPEYA Y ROMANCERO Y CONTINUIDAD LATENTE DEL ROMANCERO

* 2. MADRID BOMBARDEADO. EL ARCHIVO "REFUGIADO" EN LA EMBAJADA DE MÉXICO

* 3. OCASO DE LA JUNTA PARA AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS. CONTINUIDAD Y DISCONTINUIDAD DE LOS PROYECTOS DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS

* 4. ANÍBAL OTERO, ENCUESTADOR DEL ROMANCERO Y DEL ATLAS LINGÜÍSTICO, ACUSADO DE ESPIONAJE

* 5. MENÉNDEZ PIDAL, ANCLADO EN CUBA, A LA BÚSQUEDA DE ROMANCES

* 6. VERANO DE 1937. LOS DISCÍPULOS DE MENÉNDEZ PIDAL Y LAS CANCILLERÍAS SE PREOCUPAN DE LA SEGURIDAD DEL ARCHIVO DEL ROMANCERO

* 7. EL ROMANCERO Y LA HISTORIA DE LA LENGUA DE MENÉNDEZ PIDAL VIAJAN COMO PARTE DEL TESORO CULTURAL DE ESPAÑA

* VI. EL ARCHIVO DEL ROMANCERO Y RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL CONFINADOS EN SU CASA

* 1. DEPURACIÓN DE MENÉNDEZ PIDAL. FIN DE SUS PROYECTOS CON UNA PROYECCIÓN NACIONAL, 1939-1941

* 2. EL ROMANCERO DORMITA EN SUS CAJONES, 1939-1945

* 3. UNA NUEVA GENERACIÓN DE ROMANCISTAS TOMA EL RELEVO, 1945-1946

* 4. MENÉNDEZ PIDAL VUELVE AL ROMANCERO, 1946-1950

* 5. LA CARTOGRAFÍA ROMANCÍSTICA Y LA EXPLORACIÓN DE LA TRADICIÓN EN LA SERRANÍA DE CUENCA, EN LAS BALEARES, EN SORIA, EN SEGOVIA, EN ÁVILA, EN LA MESETA MANCHEGA, EN ALISTE Y EN MARRUECOS, 1947-1948

* 6. ÉXITO EN LA TRADICIÓN ORAL DE ALGUNAS VERSIONES FACTICIAS DE LA FLOR NUEVA

* 7. HACIA UNA RECUPERACIÓN DEL ROMANCERO PORTUGUÉS, 1948

* 8. NUEVAS ENCUESTAS: LIÉBANA Y POLACIONES; LA SIERRA DE BÉJAR Y PLASENCIA; SANABRIA. LLEGAN OTRAS APORTACIONES AL ARCHIVO. 1948-1949

* 9. FIN DEL SEMINARIO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS. FINAL DE LAS ENCUESTAS Y PUBLICACIÓN DIFERIDA DE LOS TRABAJOS SOBRE EL ROMANCERO, 1950-1954

* 10. ACTIVIDAD RECOLECTORA EN LA AMÉRICA HISPANA. SU REPERCUSIÓN EN EL "ARCHIVO MENÉNDEZ PIDAL", 1948-1952

* 11. REPERCUSIONES DE LAS PUBLICACIONES SOBRE EL ROMANCERO EN LA EXPLORACIÓN DE LA TRADICIÓN ORAL, 1953-1954

* 12. HACIA UNA EDICIÓN INTEGRAL DE LAS FUENTES IMPRESAS DEL ROMANCERO DEL S. XVI

* VII. LA PUBLICACIÓN DE LOS FONDOS DEL ARCHIVO DEL ROMANCERO ENCOMENDADA AL SEMINARIO  RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL

* 1. EL "SEMINARIO MENÉNDEZ PIDAL" DE LA UNIVERSIDAD DE MADRID Y EL ARCHIVO MENÉNDEZ PIDAL, 1954

* 2. LOS PRIMEROS DIFÍCILES AÑOS DEL "SEMINARIO MENÉNDEZ PIDAL" Y EL ROMANCERO, 1954-1959

* 3. INTENTOS DE ROMPER CON EL AISLAMIENTO INTELECTUAL DE LA ESPAÑA DE LOS AÑOS 50

* 4. GRAN RECOLECCIÓN DE ROMANCES EN LAS ISLAS CANARIAS, 1952-1957

* 5. EL ROMANCERO TRADICIONAL, CUESTIONADO, 1959-1962

* 6. ÚLTIMAS CONTRIBUCIONES DE MENÉNDEZ PlDAL AL ROMANCERO, 1959-1965

* 7. MENÉNDEZ PIDAL EN ISRAEL Y EL ROMANCERO SEFARDÍ, 1964

* 8. EL SEMINARIO MENÉNDEZ PIDAL Y EL FUTURO DEL ARCHIVO-BIBLIOTECA MENÉNDEZ PIDAL, 1963-1966

* 9. REACTIVACIÓN DE LA LABOR EDITORIAL DEL ROMANCERO, 1966

* 10. PROPUESTA DE CREACIÓN CON CAPITAL AMERICANO DE UN CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS EN EL ARCHIVO-BIBLIOTECA MENÉNDEZ PIDAL, 1967-1968

* VIII EL ARCHIVO DEL ROMANCERO RENACE COMO PATRIMONIO CULTURAL DE INTERÉS MUNDIAL

* 1. NON OMNIS MORIAR, 1969

* 2. BELLAS PALABRAS Y NEGRAS REALIDADES, 1969-1970

* 3. ACTIVIDADES DE LA CÁTEDRA-SEMINARIO MENÉNDEZ PIDAL. CATALOGACIÓN DE LOS FONDOS SEFARDÍES DEL ARCHIVO DEL ROMANCERO. LOS FONDOS PATXOT SE HACEN INACCESIBLES. 1969-1971

* 4. EL ARCHIVO DEL ROMANCERO Y LA CONEXIÓN AMERICANA, NUEVAS PERSPECTIVAS, 1971-1975

* 5. EL ROMANCERO ¿AÚN VIVE?, 1973-1975

* 6. CRECER, PARA NO MORIR, 1976-1981

* 7. EL ROMANCERO AÚN VIVE. VOCES NUEVAS DE LA TRADICIÓN ORAL, 1977-1978

* 8. DESCRIPCIÓN Y ANÁLISIS DEL ROMANCERO. UNA NUEVA EMPRESA COLECTIVA, 1977-1984

* 9. LAS GRANDES ENCUESTAS COLECTIVAS DEL PROYECTO DEAPHR, 1980-1984

* 10. LAS TRADICIONES ORALES LEONESAS Y EL ROMANCERO EN LEÓN A FINALES DEL S. XX, 1984-1988

* 11. FIN DE ETAPA. DISPERSIÓN DEL EQUIPO INVESTIGADOR DEL PROYECTO DEAPHR. LA FUNDACIÓN RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL Y EL CAPITAL PRIVADO INAUGURAN UNA ÉPOCA NUEVA. 1984-1989

* 12. LOS ARCHIVOS DEL ROMANCERO NUEVAMENTE EN EL FOCO. LOS LABORATORIOS HUMANÍSTICOS INSTALADOS EN EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS MENÉNDEZ PIDAL, 1988-1998

* 13. EL ROMANCERO ANTE EL CENTENARIO DEL ’98

* EPÍLOGO

* 1.- EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS MENÉNDEZ PIDAL DINAMITADO

* 2.- EL ARCHIVO DEL ROMANCERO ANTE LA REESTRUCTURACIÓN DE LA FUNDACIÓN MENÉNDEZ PIDAL Y DEL CENTRO SITO EN CHAMARTÍN

* 3.- LOS FONDOS DEL ARCHIVO DEL ROMANCERO Y LA INVESTIGACIÓN

* 4.- DESPEDIDA

Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

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