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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

39.- 1. LA SECULARIZACIÓN DE LA HISTORIOGRAFÍA POR OBRA DE ALFONSO X

39.- 1. LA SECULARIZACIÓN DE LA HISTORIOGRAFÍA POR OBRA DE ALFONSO X

1. LA SECULARIZACIÓN DE LA HISTORIOGRAFÍA POR OBRA DE ALFONSO X. VI POESÍA Y NOVELA EN LA HISTORIOGRAFÍA CASTELLANA DE LOS SIGLOS XIII Y XIV*

      Al estudiar el desarrollo de la prosa castellana desde Alfonso X (1252-1284) a don Juan Manuel (cuya actividad literaria se inicia en torno a 1320) no se ha tenido en cuenta que, durante la media centuria situada a caballo de los siglos XIII y XIV, la prosa histórica post-alfonsí recorre a paso acelerado un largo camino. Como Menéndez Pidal ha puesto bien de mani­fiesto, Alfonso X, con su personal preocupación por el «castellano drecho», cuando en Castilla aún no existía una arraigada tradición prosítica, no sólo dotó a España de una primera historia general de la nación en lengua vulgar, sino que creó la forma de expresión de esa historia, la prosa castellana.1 Sin embargo, el científico respeto a la letra de las fuentes y el racionalismo didáctico, característicos de las escuelas alfonsíes, presuponían la absoluta sumisión de la expresión al contenido histórico, e impedían toda expansión puramente literaria.2 En cambio, al desaparecer el mecenazgo alfonsí, la decadencia del rigor científico permitió a la historiografía castellana de las últimas décadas del s. XIII y primeras del XIV ensayar nuevas formas de historiar, en que el retoricismo, la oratoria, la novelación, el anecdotismo, tienen creciente cabida.

      La importancia literaria de la degeneración de la historiografía resulta patente si nos detenemos a considerar los comienzos de don Juan Manuel como escritor. Es bien sabido que don Juan escribió sus tres primeras obras tomando como modelo inmediato otras tantas obras de su tío Alfonso X;3 pero suele pasarse por alto que la primera en el tiempo fue la Crónica abreviada (entre 1320 y 1325),4 en la cual se limitó, con devota admiración, a resumir capítulo tras capítulo el contenido de un manuscrito de la «Crónica de España» alfonsí.5 Esta primera «obra» de don Juan Manuel 6 va precedida de un «Prólogo», todo él ya muy personal y muy representativo del estilo manuelino.7 En ese Prólogo el novel escritor se nos muestra preocupado por trazarse unas normas estilísticas:

      «E por esta rrazon los que fazen o mandan fazer algunos libros, mayor mente en rromance —que es señal que se fazen para los legos que non son muy letrados—, non los deuen fazer de rrazones nin por palabras tan ssotiles que los que las oyeren non las entiendan o por que tomen dubda en lo que oyeren. E por ende, en el Prologo deste libro que don Iohan, fijo del muy noble ynfante don Manuel,... mando fazer non quiso poner palabras nin rrazones muy sotiles. Pero quiso que lo fuesen yaquanto, por que segunt dizen los sabios, quanto omne mas trabaja por auer la cosa, mas la terna despues que la ha... Pero son tales, que todo omne que aya buen entendimiento, avn que non sea letrado, las entenderá...» etc.8

Tan elaborados razonamientos para introducir un simple Prólogo ponen bien de manifiesto cómo don Juan Manuel había madurado su concepción de la prosa literaria desde antes de iniciar su producción como escritor, es decir, cuando era mero lector de obras ajenas. Y hacia qué modelos iban entonces sus preferencias, nos lo revela el Prólogo mismo: Don Juan construye en él una razonada alabanza intelectual de su tío Alfonso X 9 para justificar la afirmación lapidaria de que

    «ninguno non podría y mas dezir, nin avn tanto nin tan bien commo el»

y pondera, muy en especial, la «Crónica de España» alfonsí, no sólo por su contenido, sino también por su estilo:

    «E este noble rrey don Alfonso, entre muchas nobles cosas que fizo, ordeno muy conplida mente la Cronica d’España, e pusolo todo conplido e por muy apuestas rrazones, e en las menos palabras que se podia poner...»

      El interés y el amor con que don Juan Manuel leyó la «Cronica de España», como uno de los más relevantes «clásicos» de la prosa romance medieval, nos exige prestar especial atención al contenido y estilo de esa crónica «conplida» que él sumarió en su Crónica abreviada, pues esa «Crónica de España» no era, como don Juan creía, un texto alfonsí de la Estoria de España, sino una versión refundida que solemos llamar *Crónica manuelina.10 Para mi actual propósito basta con señalar que esa *Crónica manuelina, derivada de la Estoria de España de Alfonso X, presenta ya, en alguna de sus secciones los más característicos pasajes de la nueva manera de historiar desarrollada en los últimos años del s. XIII y primeros del s. XIV, acerca de cuya importancia pretendo aquí llamar la atención.

      Cuando Alfonso X (con anterioridad a 1270) emprende, con recursos regios, la compilación de una nueva historia de España, hacía pocos años que el docto arzobispo toledano don Rodrigo Ximénez de Rada había con­cluido su síntesis historiográfica (1246).11 El rey rara vez considera discutible la autoridad del arzobispo, cuya obra utiliza como espina dorsal de su nueva compilación; pero la Estoria de España alfonsí descansa sobre una concep­ción de la historia tan diversa, que debemos considerar a Alfonso como el iniciador de una nueva edad en la historiografía española.

      Ante todo, la decisión tomada por Alfonso de abandonar el latín en sus obras científicas y entronizar como lengua de la nueva cultura laica el caste­llano fue un paso decisivo en el proceso de secularización y vulgarización de la historia nacional. La Estoria de España alfonsí no quedó confinada a un público restringido de eruditos (como solía acontecer con las obras latinas anteriores), sino que vino a ser leída durante siglos, por todo español de mediana cultura (reyes y caballeros, clérigos y burgueses), contribuyendo así a moldear la conciencia nacional de las sucesivas generaciones en «los cinco reinos de España».

      No menos trascendental que el empleo de la lengua vulgar fue la reorien­tación histórica: Aunque Alfonso tuvo interés en reafirmar la tesis del neo-goticismo de la monarquía española,12 concibió «el fecho d’Espanna» unita­riamente,13

    «ca esta nuestra Estoria de las Espannas general la leuamos Nos de todos los reyes dellas et de todos los sus fechos que acaescieron en el tiempo pasado, et de todos los que acaescen en el tiempo present en que agora somos, tan bien de moros como de cristianos, et aun de judios si y acaesciese en que»14

La historia nacional deja con él de ser la historia de un pueblo (el pueblo godo) y pasa a ser la historia de un territorio, España, sobre el cual han tenido o tienen «señorío» diversos pueblos: los griegos, los almujuces, los africanos, los romanos, los vándalos, silingos, alanos y suevos, los godos y los aláraves.15 Al hacer del solar hispánico el sujeto de la historia, Alfonso aban­donó el concepto tradicional, según el cual las Crónicas se escriben para contar los hechos de los reyes, y concibió una historia enciclopédica de todos los sucesos acaecidos en ese territorio, conforme anuncia en el Prólogo:

    «Et compusiemos este libro de todos los fechos que fallar se pudieron della —esto es, de España— desdel tiempo de Noe fasta este nuestro»16

Frente a la historia latino-eclesiástica anterior, que sólo atendía a la Monar­quía y a la Iglesia, la nueva historia enciclopédica en lengua romance se interesa por los hechos todos de las generaciones pasadas: junto a los prínci­pes seculares y los altos dignatarios de la Iglesia, desfilan ahora por el tablado histórico multitud de personajes menos encumbrados; la escueta enumeración de victorias, derrotas, rebeliones castigadas, fundaciones piado­sas y calamidades públicas, que satisfacía a los historiadores en lengua latina, se ve enriquecida con abundantes escenas en que la vida bulle y en que los actores piensan y sienten a nuestra vista.

      Una novedad particular, de extraordinaria importancia para el ulterior desarrollo de la historiografía, fue la prosificación in extenso de las fuentes poéticas. La utilización de la historia juglaresca por la historiografía erudita no fue invención de Alfonso X: en mayor o menor grado, directa o indirecta­mente, los historiadores en latín venían haciéndose eco de las leyendas tradicionales. Pero sólo ahora, en la compilación alfonsí, los poemas fueron incorporados a la historia en toda su extensión narrativa, episodio tras episodio, desechando sólo las escenas o detalles que no contenían informa­ción «histórica».17 Tan extensa acogida no supone, sin embargo, una sobrevaloración de las fuentes épicas, una decadencia en el juicio crítico: Si en la rigurosa jerarquización de las «autoridades» utilizadas, el Toledano ocupa el más alto lugar,18 los cantares de gesta se sitúan, evidentemente, en el escalón más bajo.19 Un estudio detenido de la técnica compositora empleada por los «estoriadores» alfonsíes nos muestra claramente que Alfonso X trató de incorporar la historia poética a la erudita sin sacrificar lo que creía ser la verdad histórica. La inclusión de los poemas no se debe a una condescenden­cia respecto a un público acostumbrado a oir la historia tal como la cantaban los juglares; se explica simplemente como una consecuencia del concepto enciclopédico con que fue planeada la Estoria de España, que exigía aprovechar toda la información contenida en todas las fuentes disponibles: Alfonso, que se había propuesto dar a conocer en su integridad «el fecho d’Espanna», no podía prescindir de los relatos juglarescos, aunque reconociese sus «defec­tos» como obras históricas.20

Diego Catalán. La Estoria de España de Alfonso X. Creación y evolu­ción. (1990)

NOTAS

* Remonta a una conferencia dada en un simposio en la Universidad de Giessen, 1964, y en el Romanischen Seminar de la Universidad de Heidelberg, 30-VI-1964. Publicado, en su redacción definitiva, en Melanges offerts a R. Lejeune, Gembloux: Duculot, 1969, pp. 423-441.

1  R. Menéndez Pidal, Primera Crón.2 (1955), p. LII.

2  El respeto a la letra de las fuentes y el deseo de acoger y exponer cumplidamente todos los pormenores informativos encerrados en ellas, no quiere decir, claro está, que el relato alfonsí vierta o reproduzca fielmente los textos utilizados; al contrario, supone una incapacidad de aprehender o aceptar su contenido, su intención [como textos pertenecientes a un determinado contexto cultural]. Por ello, al tratar de ofrecer al lector una versión completa, razonada y palpable de lo que las fuentes decían, los «estoriadores» alfonsíes actualizan y deforman el sentido de esas fuentes, y, naturalmente, cambian por completo el estilo de los originales. Pero, aunque en la tarea expositiva se acuda a la amplificación y a otros expedientes retóricos, habituales en la época, es evidente que tales procedimientos no están usados primordialmente para embellecer el relato, ni para innovarlo. Si las versiones alfonsíes «traicionan» a sus fuentes, ello se debe a los propósitos didácticos de la compilación, al afán de clarificar los sucesos, y no a un uso consciente de la libertad recreativa literaria. Cfr. las observaciones de M. R. Lida «La GE-notas» (1958), pp. 122-131, y «Josefo en la GE» (1959), p. 115; también: F. Lázaro «Sobre el modus interpretandi alfonsí» Ibérida, VI, 1961, pp. 97-114; R. Menéndez Pidal, Primera Crón.2, p. L; D. Catalán «El Mio Cid de Alf. X» (1963), pp. 295-300 y [cap. IV del presente libro, § 3] y «La Biblia en la literatura medieval española», HR, XXXIII (1965), p. 312; A. Badía, «La frase de la Primera Crónica general en relación con sus fuentes latinas», RFE, XLII, 1958-59, 179-210, «Los Monumenta Germaniae Historica y la Primera Crónica general de Alfonso el Sabio», Strenae. Estudios... dedicados a... M. García Blanco, Salamanca, 1962, pp. 69-75 y «Dos tipos de lengua cara a cara», Studia Philologica. Homenaje a... D. Alonso, I, Madrid, 1960, pp. 115-139; F. Gormly, The Use of the Bible in Representative Works of Medieval Spanish Literature, 1250-1300, Washington, 1962, pp. 52-66 [y la nueva evaluación del esfuerzo alfonsí debida a F. Rico, Alf. el S. y la GE (1972) y a O. Tudorica Impey, «Un dechado» (1980), «En el crisol» (1982), «Del duello de los godos» (1986)].

3  Las tres obras más antiguas son, indudablemente, la Crónica abreviada, el Libro de la caballería y el Libro de la caza. En el Prólogo de este último, don Juan Manuel declara: «Entre muchos conplimientos e buenas cosas que Dios puso en el rrey don Alfonso, fijo del sancto e bien aventurado rrey don Ferrando, puso en el su talante de acresçentar el saber quanto pudo, e fizo por ello mucho, assi que non se falla que del rrey Tolomeo aca ningun rrey nin otro omne tanto fiziesse por ello commo el... Et el dicho rrey don Alfonso... mando fazer muchos libros buenos en que puso muy conplida mente toda la arte de la caça... Et tan conplida mente lo fizo que bien cuydan que non podra otro emendar nin enader ninguna cosa mas de lo que el fizo, nin avn fazer tanto nin tan bien commo el. Et por que don Iohan su sobrino, fijo del infante don Manuel hermano del rrey don Alfonso, se paga mucho de leer en los libros que falla que conpuso el dicho rrey e fizo escriuir algunas cosas que entendía que cunplia para el de los libros que fallo que el dicho rrey abia conpuesto — señalada mente en las Cronicas de España et en otro libro que fabla de lo que pertenesçe a estado de caualleria —, e quando llego a leer en los dichos que el dicho rrey ordeno en razon de la caça... etc.». Las tres obras son anteriores al Libro del caballero y el escudero (fines 1326-1327) y a la 1ª parte del Libro de los estados (iniciado al concluir el del caballero y el escudero y acabado el 22-V-1330); en el Libro de los estados se vuelve a citar el de la caballería. [Véase, ahora, D. Catalán, «DJM ante el modelo alfonsí» (1977), reed. en el cap. IX del presente libro].

4  Ms. 1356 de la Bibl. Nacional, Madrid (ant. F-81); ed. por R. L. y M. B. Grismer (Minneapolis, 1958). En el Prólogo, don Juan Manuel se titula «tutor del muy alto e muy noble rey don Alfonso su sobrino», luego es anterior a agosto de 1325 (en que Alfonso XI salió de su menor edad) y posterior a junio de 1319 en que murieron los infantes tutores don Pedro y don Juan.

5  En el Prólogo, que tiene grandes semejanzas con el del Libro de la caza, don Juan Manuel explica: «El muy noble rey don Alfonso, fijo del muy bien auenturado e con que podemos dezir por el segunt las sus obras el santo rey don Ferrando e de la rreyna doña Beatriz, por que los grandes fechos que pasaron, señalada mente lo que pertenesce a la estoria de España, fuesen sabidos e non cayesen en olvido, fizo ayuntar los que fallo que cunplian para los contar, et tan conplida mente e tan bien... que ninguno non podría y mas dezir nin avn tanto nin tan bien commo el... Por que don Iohan su sobrino sse pago mucho desta su obra e por la saber mejor... fizo poner en este libro en pocas rrazones todos los grandes fechos que se y contienen; e-... saco de la su obra conplida vna obra menor. E non la fiso si non para ssi en que leyese... etc.»

6  Como obra personal la cita en el Prólogo de El conde Lucanor y en el Prólogo general que puso a sus obras al depositar en Peñafiel el manuscrito fidedigno de las doce que hasta entonces había escrito.

7  La razonada alabanza de Alfonso X, a que luego aludimos, y las disquisiciones acerca del grado de sotileza que deben tener las razones y palabras de un libro para legos, que citamos a continuación, son ya ejemplos muy típicos de la prosa manuelina.

8  Ms. 1356, f. 24. Ed. Grismer, p. 37.

Las razones son muy curiosas: el gran entendimiento que le dio Dios, el gran talante de hacer cosas nobles y provechosas, los sabios que atrajo a su corte y el sosiego con que realizaba las obras junto a sus colaboradores.

10  La *Crónica manuelina no ha sido aún descrita con suficiente detalle. Pero, aquí y allá, se han ido haciendo interesantes observaciones. Según el sumario de la Crónica abreviada, estaba dividida en tres libros. Acerca del Libro I (que acaba en PCG, cap. 429, p. 244b45) véase lo que digo en «El Toledano romanzado» (1966), p. 52, y notas 170-171 [cap. V, § 2 y nn. 8-10 del presente libro]. El Libro II no empalma con este primero (pues sólo comienza en PCG, cap. 454, p. 256a49). Al tratar de los reyes de León, la *Crónica manuelina sigue a la Versión concisa original, según digo en De Alfonso X (1962), pp. 124-203 (en especial, pp, 172-175 y 201-203). El Libro III (correspondiente a la «Cuarta Parte» de la Crónica General) es el más singular: Hasta el cap. 896 (primera mitad) de PCG, concuerda con la Primera crónica (respecto a la importancia de esta «frontera» en la elaboración de la Estoria de España véase lo que digo en «El Mio Cid de Alf. X», 1963, pp. 205-215 [y cap. IV, § 2 del presente libro]; el final del cap. correspondiente a PCG 896 («laguna cidiana») ha sido estudiado por R. Menéndez Pidal, en «Tradicionalidad» (1955), 156-157; sobre la sección siguiente, en que la *Crónica manuelina se hermana con la Crónica de Castilla, véanse mis observaciones en «Reyes de Africa de Gilberto» (1963), pp. 350-351 [y, en el presente libro, cap. VII, § 3]; después del cap. 962 [= 963] de PCG la *manuelina coincide con la Primera Crónica (nótese que en este punto acaba la «Interpolación» introducida por la «mano 4ª» en el ms. E2 de la Primera Crónica, «Interpolación» que comenzaba precisamente en la segunda mitad del cap. 896. Véase De Alfonso X, pp. 64-69), salvo en los caps. 197-205 y 213-215 (interpolados en medio del cap. 991 de PCG y en medio del cap. 997 de PCG, respectivamente), que sólo tienen correspondencia en la ed. ocampiana (O), en los mss. Q y V y en el Suplemento en pergamino del padre Pineda (véase L. F. Lindley Cintra, Crón. de 1344, (1951), pp. CCCIV-CCCVIII y CCCXV; R. Menéndez Pidal, en «Tradicionalidad» (1955), p. 198; D. Catalán, «El Toledano romanzado» (1966), pp. 66-69 y notas [y en el presente libro, cap. X, § 3]; al final, la *Crónica manuelina incluye la Crónica particular de San Fernando (cfr. De Alfonso X, pp. 80-86 y 91) [Para mayores detalles, véase ahora D. Catalán, «DJM ante el modelo alfonsí» (1977), reed. en el cap. IX del presente libro].

11  El Toledano dio por concluida su Historia Gothica en 1243; pero en el Prólogo general de su «Opera histórica», escrito sin duda después de tratar de los opresores de España (romanos, suevos, vándalos, etc. y árabes) se da a Fernando III el título de rey de Jaén, conquistado en 1246 (y no el de rey de Sevilla, conquistada en 1248).

12  Catalán, De Alfonso X, pp. 89 y 154.

13  Como ya destaca R. Menéndez Pidal, Primera Crón.2, pp. LII-LIII.

14  Cfr. mi comentario en «El taller alfonsí» (1963), p. 360 [c. II, § 2, p. 49 del presente libro].

15  Cfr. R. Menéndez Pidal, Primera Crón.2, pp. XXXVI-XXXVII.

16  El pasaje dice así: «E por end Nos don Alfonsso... mandamos ayuntar quantos libros pudimos auer de istorias en que alguna cosa contassen de los fechos d’Espanna... et compusiemos [etc.]». Cfr. D. Catalán, «El taller alfonsí» (1963), p. 360 [c. II, § 2, p. 49 y n. 17 del presente libro].

17  R. Menéndez Pidal, Reliquias1 (1951), pp. LIII-LV. He examinado con detalle el caso del Mio Cid en «El Mio Cid de Alf. Χ»» (1963), pp. 294-300 [cap. IV, § 3 del presente libro].

18  En caso de conflicto, el testimonio del Toledano es preferido al del Tudense (cfr. los ejemplos aducidos por Menéndez Pidal en Reliquias1, p. L) o al de la Historia Roderici (véanse los casos a que aludo en «El Mio Cid de Alf. X» (1963), p. 208, n. 46 y p. 211, nn. 60 y 63 [en el presente libro cap. IV, § 2 p. 101 y p. 104, nn. 60 y 63]. Es de notar que, alguna vez, el Toledano es enmendado con Ibn cAlqama (D. Catalán, «El Mio Cid de Alf. X», p. 211, n. 62), aunque otras veces Ibn cAIqama es retocado con la Historia Arabum del arzobispo (Catalán, «El Mio Cid de Alf. X», p. 208, n. 46 [en el presente libro, cap. IV, p. 104 y n. 62 y pp. 101 y 104 y n. 64. respec­tivamente]).

19  Reliquias1, pp. L-LII.

20  Sobre el enciclopedismo didáctico que Alfonso X cultiva (de acuerdo con su siglo) cfr. M. R. Lida, «Josefo en la GE» (1959), 164-167 y «La GE-notas» (1958), pp. 111-113. El principio que rige la composición de las obras históricas alfonsíes está expresado claramente en la General estoria (II, 130b): «Nos, que queremos contar la estoria toda como contescio e non dexar della ninguna cosa de lo que dezir fuesse...».

CAPÍTULOS ANTERIORES:  LA ESTORIA DE ESPAÑA DE ALFONSO X. CREACIÓN Y EVOLUCIÓN:

PRESENTACIÓN

1.- PRESENTACIÓN. «LA ESTORIA DE ESPAÑA DE ALFONSO X. CREACIÓN Y EVOLUCIÓN»

I. ALFONSO X HISTORIADOR

*  2.- 1. LA FUNCIÓN DEL CONOCIMIENTO EN LA RESTAURACIÓN DEL IMPERIUM

3.- 2. LA HISTORIA COMO CONOCIMIENTO CIERTO Y EXHAUSTIVO DE LOS HECHOS PASADOS

4.- 3. TEXTO Y GLOSA. LA EXPLICACIÓN DE HECHOS Y PALABRAS

5.- 4. LA ESTRUCTURACIÓN CRONOLÓGICA DE UNA HISTORIA ECUMÉNICA

6.- 5. LA ARMONIZACIÓN DE LO NARRADO Y EXPLICADO POR LAS VARIAS FUENTES EN LA GENERAL ESTORIA

7.- 6. LA ESTORIA DE ESPAÑA HISTORIA DEL SOLAR «ESPAÑA» Y DE SUS NATURALES

8.- 7. DOS PRINCIPIOS DE ESTRUCTURACIÓN: LOS SEÑORÍOS Y LA CRONOLOGÍA

9.- 8. LA ARMONIZACIÓN DE LOS RELATOS DE LAS FUENTES EN LA ESTORIA DE ESPAÑA

*   10.- 9. LA EXPLICACIÓN DE LOS HECHOS

*   11.- 10. EJEMPLARIDAD Y DECORO HISTORIOGRÁFICOS

*   12.- 11. EL ESPEJO DE LA HISTORIA

II. EL TALLER HISTORIOGRÁFICO ALFONSI.

13.- 1. LA PRIMERA CRÓNICA GENERAL NO ES LA CUMPLIDA REALIZACIÓN DE LA ESTORIA DE ESPAÑA PROYECTADA POR ALFONSO X

14.- 2. CÓMO SE ELABORÓ LA ESTORIA DE ESPAÑA EN LAS ESCUELAS ALFONSÍES. ETAPAS VARIAS EN LA COMPILACIÓN

15.- 3. LA «QUARTA PARTE» DE LA ESTORIA DE ESPAÑA. LA SECCIÓN DEDICADA A LA HISTORIA «CONTEMPORÁNEA» (ALFONSO VII-AÑO 1243)

16.- 4. LA «QUARTA PARTE» DE LA ESTORIA DE ESPAÑA EN LA SECCIÓN DEDICADA A LA HISTORIA «MODERNA» (FERNANDO I-ALFONSO VI)

17.- 5. LA «TERCERA PARTE» DE LA ESTORIA DE ESPAÑA

III. ALFONSO X NO UTILIZÓ EL «TOLEDANO ROMANZADO»

18.- INTRODUCCIÓN

19.- 1. VERSIONES EN ROMANCE DEL TOLEDANO

20.- 2. LOS MANUSCRITOS COMPLETOS DEL TOLEDANO ROMANZADO

* 21.- 3. LA «CHRONICA OMNIUM PONTIFICUM ET IMPERATORUM ROMANORUM» INCORPORADA A LA «OPERA HISTORICA» DE DON RODRIGO XIMÉNEZ DE RADA Y AL «TOLEDANO ROMANZADO»

22.- 4. EL PROBLEMA DE LA FECHA Y EL AUTOR DEL ROMANZAMIENTO

23.- 5. LA «HISTORIA DE LOS GODOS» DEL TOLEDANO ROMANZADO NO ES UNA HISTORIA GOTHICA CONTINUADA

24.- 6. LA « YSTORIA DE LOS GODOS» DEL TOLEDANO ROMANZADO NO ES UNA TRADUCCIÓN AMPLIADA DEL TOLEDANO

25.- 7. ADICIONES DEL TRADUCTOR

26.- 8. LA PRIMERA CRÓNICA GENERAL NO UTILIZÓ EL TOLEDANO ROMANZADO

IV. EL MIO CID DE ALFONSO X Y EL DEL PSEUDO IBN AL-FARAŶ

*   27.- INTRODUCCIÓN

*   28.- 1. LA ESTORIA DE ESPAÑA DE ALFONSO X Y LA PRIMERA CRÓNICA GENERAL

29.- 2. EL FIN DE LA ESTORIA DE ESPAÑA ALFONSÍ Y LA ESTORIA CARADIGNENSE DEL CID

*   30.- 3. EL MIO CID QUE UTILIZÓ ALFONSO X

31.- 4. LA «REFUNDICIÓN DEL MIO CID» Y LA «LEYENDA DE CARDEÑA»

32.- 5. CONCLUSIÓN

V. LA «VERSIÓN CRÍTICA» DE LA ESTORIA DE ESPAÑA Y SUS DERIVACIONES

*   33.- 1. UNA VERSIÓN OLVIDADA DE LA CRÓNICA GENERAL

34.- 2. LA «VERSIÓN VULGAR» Y LA «VERSIÓN ENMENDADA DESPUÉS DE 1274» DE LA ESTORIA DE ESPAÑA

35.- 3. UN «ARREGLO» DE LA «VERSIÓN ENMENDADA»

36.- 4. LOS REYES ASTUR-LEONESES. LOS MSS. L, *Ľ Y LA CRÓNICA GENERAL VULGATA

37.- 5. DOS RAMAS TEXTUALES DERIVADAS DE LA MISMA «*VERSIÓN CRÍTICA»

38.- 6. APARICIÓN DE LA VERSIÓN CRÍTICA. EL MS. SS

VI. POESÍA Y NOVELA EN LA HISTORIOGRAFÍA CASTELLANA DE LOS SIGLOS XIII Y XIV

Diseño gráfico: 


La Garduña Ilustrada 

Imagen: Henrique da Borgoña, Conde de Portugal, Tumbo A, Archivo de la Catedral de Santiago de Compostela.

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