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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

EL DESDEÑO DEL AMOR

EL DESDEÑO DEL AMOR

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EL DESDEÑO DEL AMOR

 

¡Largos son los montes, madre,
--llargos y malos de andar,
malhaya la cinta verde,
--lcausa de mi pena y mal!
Me amara un caballero,
--l de aquí de mi lugar,
me amara un caballero
--l y yo no le supe amar.
Me demandó a mi madre,
--l palabras le fue a otorgar;
me demandó a mi padre,
--l respuesta no quiso dar.
Caballero, con gran saña,
--l lejas tierras fue a casar.
La doncella, con amores,
--l no podía sosegar;
se fuera de villa en villa
--l y de lugar en lugar.
Siete días con sus noches
--l ni durmió ni comió pan;
a la ochena, cuando vino,
--l se ha empezado a desmayar,
allí abajo, en una fuente,
--l se sentó a descansar.
Alzó ojos a lo lejos,
--l cuanto más los pudo alzar,
viera un palacio de oro,
--l la almenara de cristal,
dentro había una doncella,
--l en el mundo no hay su par.
Labrando estaba, labrando,
--l labrando en un cabezal:
tan pronto coge la aguja,
--l tan pronto coge el dedal,
tan pronto coge la seda,
--l tan pronto coge el torzal.
-Dios os guarde, la señora
--l y el pulido trabajar.
-¿Qué buscáis vos, la doncella,
--l n’este apartado lugar?
-Busco yo a un caballero
--l que de armas blancas va.
-Aquí mora el caballero,
--l en la sierra anda a cazar;
si lo queríais muy presto,
--l lo mandaré yo a buscar;
si no lo queríais tan presto,
--l asentaos a almorzar.-
Estas palabras diciendo,
--l caballero en el portal:
-¿Quién te trajo aquí, la niña,
--l de mi tierra natural?
-Celos son del caballero
--l los que me han hecho llegar.
Tus amores, caballero,
--l nunca los pude olvidar,
de día estando en la calle,
--l de noche en cama real.
-En un tiempo yo te quise,
--l tú no me supiste amar;
te pedí y te deseé,
--l no te me quisieron dar.
Ahora, pobre doncellita,
--l ya está otra en tu lugar:
tengo una mujer bonita,
--l ¡Dios me la deje gozar!,
y dos niños como rosas,
--l chiquitos y por criar.
Yo te daré pan y carne,
--l dineros para gastar,
te pondré mulas y coche,
--l que vuelvas a tu lugar,
con un paje de los míos,
--l que te vaya a acompañar.
-Abrázame con tus brazos,
--l yo en ellos quiero finar.

--l--lConozco versiones de éste romance que desarrollan el tema de forma similar a la del texto aquí publicado tanto de la tradición judeo- española oriental (de Estambul y de Beirut), como de todo el ámbito de la tradición portuguesa (peninsular, isleño y brasileño), como de la gallega, como de la asturiana, como de la canaria.
--l--l Pero, aunque éste núcleo temático, sin duda primitivo, resulta poéticamente autosuficiente, los transmisores del tema han reaccionado, desde tiempo atrás, frente a su mensaje, sea queriendo justificar en un principio que el pretendiente sea desdeñado, o dando otra razón para su partida, sea por empatizar con la doncella peregrina y considerar que los amores primeros no son de olvidar. A esa “crítica” de la narración se debe el que hayan recurrido a motivos y versos de otros varios romances, bien en los comienzos del nuestro o bien en su desenlace. La innovación de mayor éxito ha sido la de hacer morir adicionalmente al caballero y lograr el goce compartido del imposible amor en un mundo fantástico, mediante la transformación de ambos en plantas, aves o incluso templos (echando mano de versos procedentes de tradiciones varias del romance de “Amor más poderoso que la Muerte” o “Conde Niño”, mejor o peor integrados en el tema presente)
--l--lEl reverso de esta absorción de motivos y versos ajenos ocurre, por otra parte, en la tradición judeo-española de Rodas y de Marruecos, donde sólo sobreviven algunos motivos sueltos procedentes de nuestro romance incorporados a otras “fábulas”.

Diego Catalán

Foto de Oscar
Rejlander

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