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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

LA CANCIÓN DEL HUÉRFANO

LA CANCIÓN DEL HUÉRFANO

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LA CANCIÓN DEL HUÉRFANO

-Hijo, cuando te parí,
--triste, no dormía, no;
con lágrimas de mis ojos
-- te lavé ese día yo.
Tu padre estaba a la muerte,
-- a mí te me encomendó:
que te diese buen enseño
-- y entregase a buen señor.
Yo te puse con el rey
-- no hallando otro mejor,
¡y tú, como un mal hijo,
-- me hiciste la traición
de dormir con la infanta
-- la hija de tu señor!
Todos en la Corte dicen
-- que para ti no hay perdón.-
Caballeros le visitan
-- y gente de gran valor;
también le va a ver su madre
-- encerrado en la prisión:
-Así vivas, el mi hijo,
-- cántame una canción.
-¡Oh, qué madre tan cruel,
-- tan dura de corazón:
el hijo tiene a la muerte
-- y le pide una canción!
-Toma la vihuela en mano
-- y cántame la canción:
la que cantaba tu padre
-- la noche de la Ascensión;
canta, hijo mío, canta,
-- te daré mi bendición.-
Tomó vihuela en su mano,
-- la ha templado a su tenor.
Cuando la hubo templado,
-- ha cantado la canción.
Aves que van por el aire
-- no podían volar, no;
niños que estaban en cuna
-- se dormían de dulzor.
El buen rey, que lo escuchaba
-- desde un alto mirador:
-¿Si ángel es de los cielos
-- o sirena de la mar?
-Ni ángel es de los cielos
-- ni sirena de la mar,
mas el triste, sin ventura,
-- que enviastes a matar.
Merced te pido, señor,
-- dádmelo para casar.
-Tómalo, hija, por marido,
-- Dios te lo deje gozar.

---- De este romance sólo se publicó en el siglo XVI un texto que cercena, en la historia del huérfano, el motivo de la canción que, a petición de la madre, canta cuando espera la muerte y que le ha de traer el perdón de la traición cometida. El editor de la Silva de varios romances de Zaragoza, Esteban G. de Nájera, que en 1551 lo incluyó en su “Tercera parte”, retocó malamente la historia, imbuido del espíritu monárquico del siglo XVI, y prefirió imitar el desarrollo del conocidísimo romance de “Conde Claros, preso”, seducido por la hermandad temática entre uno y otro. Pero la tradición oral de los siglos XIX y XX nos hace saber que la “fábula” primigenia es la de la versión aquí publicada.
---- Del romance de “La canción del huérfano” la tradición moderna conserva, para la mayor parte de su argumento, el recuerdo de su expresión verbal tanto en español, como en portugués, como en catalán, aunque, como tema, sólo perviva propiamente en escasas versiones. Curiosamente, en las diversas ramas del romancero tradicional, pasajes en todo análogos se hallan refundidos echando mano de asonantes diversos.
---- Las comunidades judeo-españolas de Oriente (de Sarajevo, Lárissa, Salónica, Brussa, Estambul, Damasco), consideradas en conjunto (pues muchas de las versiones allí recogidas son fragmentarias), nos dan a conocer un texto del romance centrado en la escena de la visita de la madre al condenado a muerte, la insólita petición de que cante la canción paterna y el resultado de ese canto; pero, en vez del comienzo de mi versión, se utiliza la introducción de otro romance, con un muy distinto desenlace, que las comunidades judeo-españolas de Marruecos conservan completo: “Bodas de sangre”.
---- El tema de la canción maravillosa a la hora de la muerte con un encabezamiento propio ha pervivido en la tradición catalana. Cuando lo estudié por vez primera en 1947, reconocí su estructura primitiva gracias a cinco versiones conservadoras de Gerona y Lérida (ya que las otras catorce que en catalán alcancé a conocer reducían ya la historia a la escena de la canción). .
---- La misma historia se hallaba en una versión, oída en el siglo XIX en Ponta do Sol, Madeira, naturalmente en portugués. Pero, por lo común, en la tradición portuguesa isleña, el tema del hijo criado en la Corte que duerme con la infanta ha tendido a confluir con el del hijo criado en la Corte acusado de dormir con la reina, cuyo desenlace primitivo era, lógicamente, trágico (“Bodas de sangre”). El entrelazamiento de las dos historias ya hemos visto que se da también en la tradición de los sefardíes de Oriente, obviamente a causa de la similitud temática de sus comienzos. La mixtura de motivos procedentes de uno y otro romance tiene formas varias (algunas poco consecuentes) en diversas versiones de las islas atlánticas, tanto de Madeira como de las Açores, alternando incluso los desenlaces felices con los sangrientos.
---- Otra utilización del comienzo de la historia del huérfano criado con el rey que comete la traición de dormir con la infanta ocurre en un texto del siglo XIX de la “Princesa peregrina” procedente de Tavira (Algarve), romance al cual sirve de introducción.
---- El recuerdo de pasajes y versos típicos del episodio más característico de “La canción del huérfano” (el desechado por la versión impresa en 1551) se da, por otra parte, en romances de mejor fortuna en que son también los amores con una infanta los que han puesto en peligro al preso que salva la vida gracias a la canción maravillosa. En una versión de “Conde Claros preso” recogida en Adeganha (Tras-os-montes) en el siglo XIX, es la madre del conde, sentenciado a muerte por dormir con la infanta, quien consigue el perdón regio para su hijo, gracias a que tañe la vihuela cuando éste espera ya la muerte. Pero es otro argumento análogo el que con mayor frecuencia ha absorbido el motivo central de “La canción del huérfano”: el de “Gerineldo y la infanta”. En muy diversas comarcas, el paje consigue el perdón, estando ya en prisión, gracias al canto de la maravillosa canción. Ello ocurre en una versión catalana de Gratallops (Tarragona), en otra de Duruelo de la Sierra (Soria) y en otra de la isla de San Jorge (Azores) y, asimismo, en versiones del siglo XIX, al parecer procedentes de Ribatejo, en Portugal. Estas, que sólo conocemos a través de dos textos “facticios” elaborados por el descubridor del Romancero portugués de tradición oral, Almeida Garrett, son las de mayor interés para nuestro romance, pues en ellas se conservaba, interpolada en el tema de “Gerineldo”, la historia completa del huérfano criado en la Corte, en todo análoga a la de las versiones catalanas, y no sólo la escena del canto maravilloso.
---- Nuestro romance antológico consagra, por tanto, un poema que la tradición romancística del siglo XX tendía a olvidar, confundido en el universo temático del Romancero.

Diego Catalán

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