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ROMANCERO DE LA CUESTA DEL ZARZAL

16.- 4. LA «QUARTA PARTE» DE LA ESTORIA DE ESPAÑA EN LA SECCIÓN DEDICADA A LA HISTORIA «MODERNA» (FERNANDO I-ALFONSO VI)

16.- 4. LA «QUARTA PARTE» DE LA ESTORIA DE ESPAÑA EN LA SECCIÓN DEDICADA A LA HISTORIA «MODERNA» (FERNANDO I-ALFONSO VI)

4. LA «QUARTA PARTE» DE LA ESTORIA DE ESPAÑA EN LA SECCIÓN DEDICADA A LA HISTORIA «MODERNA» (FERNANDO I-ALFONSO VI). II. EL TALLER HISTORIOGRÁFICO ALFONSÍ

      Retrocedamos ahora a la sección de la Primera crónica immediatamente anterior, relativa a la historia de los tres primeros reyes de la dinastía castellana, Fernando I, Sancho II y Alfonso VI; sección únicamente conserva­da por los dos mismos manuscritos E2(orig) y F.

      Aquí ya la compilación resulta digna de la Estoria de España alfonsí. No hay sección de la Crónica en que las historias del Toledano y el Tudense hayan sido desbordadas por tantas y tan ricas fuentes como en estos tres reinados; la armonización de todas ellas, conforme a las directrices que rigen la obra alfonsí, está generalmente realizada con todo cuidado y minucia; la cronologización de la historia castellano-leonesa con la de los otros reinos peninsulares y con la europea son llevadas a término de forma muy comple­ta.

      A pesar de todo, me parece evidente que la Estoria de España no llegó tampoco en esta sección a ser concluida.

      Desde luego, a partir del capítulo 896 —en que precisamente se producía en el viejo manuscrito E2(orig) de tiempo de Sancho IV una extensa laguna, antes de que se completara la historia mediante una larga interpolación copiada a mediados del s. XIV—36 falla la distribución del relato por años de reinado; al mismo tiempo desaparecen las indicaciones referentes a la suce­sión de Pontífices, Emperadores y reyes de Francia (tomadas de Sigebertus Gemblacensis y de Martinus Oppaviensis), así como las noticias analísticas sobre el reino de Aragón. Es más, la historia árabe de Ibn cAlqama se trascri­be en adelante desnuda de toda adición procedente de las restantes fuentes alfonsíes que venían utilizándose hasta aquí de un modo sistemático: la Historia Roderici, el viejo Mío Cid, el Cronicón lusitano y otros anales, quizá toledanos. En cambio, una vez concluida la fuente árabe, se prolonga la biografía cidiana con un relato —atribuido al alguacil del Cid en Valencia, Ibn al-Faraŷ («Abenalfarax»)— fabricado en el monasterio de Cardeña a base de una *Refundición del Mío Cid, hasta aquí no utilizada por la Crónica, y de ciertas leyendas cidianas enteramente novelescas, adaptadas a los intereses del monasterio. Estas y otras observaciones me llevan al convencimiento de que la compilación de la Estoria de España quedó interrumpida en el capítulo 896 de Primera crónica y que la traducción alfonsí de Ibn cAlqama fue aprove­chada posteriormente por el forjador de la historia cidiana del pseudo Ibn al-Faraŷ. La inexistencia de una verdadera Estoria de España a partir del capítulo 896 creo se comprueba con el comportamiento de la Crónica de veinte reyes: esta Crónica deja precisamente aquí de basarse en la compila­ción de la Primera crónica y continúa por su cuenta elaborando un relato fiel a las normas estructurales de la Estoria de España, compuesto a partir de todas las fuentes auténticamente alfonsíes y sin la interferencia de la historia del pseudo Ibn al-Faraŷ.37

      Pero incluso con anterioridad al capítulo 896 pueden observarse señales evidentes de la inconclusión del trabajo compilatorio: al lado de pasajes perfectamente acabados, aparecen en la Primera crónica, con una disconti­nuidad bien curiosa, ciertos fragmentos estructuralmente imperfectos. Y precisamente en estos trechos defectuosos la Crónica de veinte reyes deja de asentarse en la Primera crónica para compilar por su cuenta las fuentes alfonsíes;38 mientras en los pasajes más acabados respeta la labor previamen­te realizada en el taller de Alfonso X tal como se encuentra en la Primera crónica. Esta coincidencia me parece ser un testimonio decisivo en favor de la inconclusión de la Estoria de España que venimos defendiendo.

      El ejemplo más claro y llamativo de esa inconclusión es la existencia en la Primera crónica de un doble relato de la invasión almorávide:39 el primero respetaba la muy incorrecta historia trazada por las dos fuentes más venera­das por la Estoria de España, el Toledano y el Tudense;40 el segundo, más rico en información (y más auténtico), estaba formado con la ayuda de varias fuentes secundarias: Ibn cAlqama, el Cronicón lusitano, la Historia Arabum, unos anales y sólo secundariamente daba entrada a dos breves pasajes de la Historia Gothica del Toledano (cuya presencia nos asegura que el compila­dor reconocía en ambos relatos dos versiones de unos mismos hechos).41 Me parece, por tanto, indudable que, inicialmente, esto es en un cuaderno de trabajo alfonsí, las dos versiones contradictorias debieron de hallarse yuxta­puestas en espera de ser armonizadas; pero más tarde, en época post-alfonsí, el cronista creador de la Primera crónica, al querer aprovechar aquellos mate­riales a medio elaborar, no se percató del carácter provisional del texto que manejaba y torpemente convirtió en dos series de hechos sucesivos lo que no era sino dos versiones de unos mismos sucesos. Ello le obligó a introducir una serie de arreglos con el fin de paliar las graves inconsecuencias. Para justificar la alternante aparición de dos miramomelines, Yuçaf Abentexefín y Alí, debida al desorden cronológico provocado por la duplicación del relato, inventó una rebelión de un alguacil mayor Alí conta Yuçaf;42 añadió entre las dos versiones yuxtapuestas una frase de empalme;43 borró en la segunda toda aparición del rey de Sevilla Abenhabet, pues lo había matado en la primera,44 e introdujo comparaciones con el pasado siempre que el segundo relato contaba sucesos paralelos al primero.45 A esta versión malamente arreglada remontan los dos textos conocidos de la Primera crónica, el de E2(orig) y el de F, si bien cada cual intentó por su cuenta mejorar el relato con abundantes enmiendas adicionales.46 La Crónica de veinte reyes, en cambio, manejó los materiales alfonsíes aún libres de todas esas correcciones, tanto de las particulares de uno y otro texto de la Primera crónica, como de las más antiguas, comunes a ambos, y armonizó convenientemente el doble relato en una sola narración.

      Otra importante laguna en el trabajo compilatorio ocurre mucho antes, desde finales del año 35 de Fernando I hasta el año 2º de Sancho II. La Primera crónica está estructuralmente acabada antes y después de esos lími­tes; pero no en ese fragmento.

      Por lo pronto, falla la cronología, que desde el año 35 salta bruscamente al año 40, último del reinado de Fernando I;47 esta imperfección no es un simple descuido, pues acarrea, como en otros casos semejantes, la desaparición de las referencias al mundo extrapeninsular:48 después de haber anunciado el comienzo del pontificado de Victor II, el 156 apostólico según el cómputo de la Estoria de España,49 falta toda noticia de la sucesión papal hasta el de Alexandre, cuya muerte y sucesión por Gregorio VII, 161 apostólico, se contará durante el reinado de Alfonso VI;50 aunque al reseñar la subida al trono de Francia de Henrric se ha advertido que reinará 30 años,51 se omite en el lugar correspondiente toda mención de su sucesor.

      La Crónica de veinte reyes suple todos estos fallos: Consigna uno tras otro el comienzo de los años 36, 37, 38 y 39; alude en sus lugares correspondientes a la muerte y acceso al Pontificado de los apostólicos 156, 157, 158, 159 y 160 (según el cómputo de la Estoria de España)52 así como a la muerte de Enrique de Francia y sucesión por su hijo Phelipe.53

      Pero, además, la Crónica de veinte reyes cumple en toda su extensión el habitual programa compilatorio, mezclando cuidadosamente el relato del Tudense54 al del Toledano y añadiendo la particular información de otra fuente alfonsí, la Historia Roderici.55

      En contraste, la Primera crónica deja de lado al Tudense,56 ignora la Historia Roderici, y para completar al Toledano, acude a una fuente descono­cida. La radical oposición entre la estructura de una y otra Crónica en este fragmento contrasta con la general fidelidad de la Crónica de veinte reyes a la compilación de la Primera crónica antes del año 35 de Fernando I y desde el año 3º de Sancho II, esto es, en los trechos estructuralmente concluidos.

      En fin, me parece claro que la Primera crónica se encontró aquí con una laguna compilatoria de la Estoria de España y salió del paso malamente, sin completar la labor inconclusa. Para comprender cuales fueron las causas de que el taller alfonsí vacilase antes de componer un relato completo basta echar una ojeada a la Crónica de veinte reyes: la única fuente que describía con riqueza de pormenores e intervención de toda una serie de personajes históricos la importantísima escena del reparto de los reinos entre los hijos de Fernando I era el Poema épico de las particiones,57 en su primer Cantar, el llamado «del rey Fernando»; pero el relato juglaresco de la lenta agonía de Fernando I en Cabezón, rodeado de personajes vociferantes y violentos, como preludio de la lucha fratricida que pronto habría de ensangrentar a España, no era fácilmente armonizable con la versión clerical de una muerte santa y sosegada en la ciudad de Léon, tal como la descrita por los historiado­res más dignos de fe, el Toledano y el Tudense, quienes consideraban hecho ya el reparto del reino en plena salud de Fernando I.

      Sólo la Crónica de veinte reyes, compilatoriamente acabada, superó la dificultad, armonizando lo armonizable y contraponiendo lo que era contra­dictorio en una y otra versión (con la advertencia de que sólo la de los historiadores era digna de crédito; pero sin omitir la juglaresca, por ser mucho más rica en detalles).58 La Primera crónica, al encontrarse sin un texto de la Estoria de España compilado, suplió el defecto con un mínimo de esfuerzo, incorporado tan sólo a la traducción del Toledano (pues ni siquiera parece haber utilizado al Tudense)59 dos breves pasajes de la gesta; 60 al obrar así, no tuvo en cuenta que más adelante, durante la guerra civil, la Estoria de España aludía, siguiendo al «Cantar del rey don Sancho» a toda una serie de sucesos que figuraban en los episodios del Poema de las particiones dejados aquí de lado y que sólo conocemos gracias a la Crónica de veinte reyes: La «escatima» que Fernando I dijo a los «portogaleses» al tiempo de repartir los reinos (esto es: «que nunca fizieran buen señor que entre las manos les cayese»),61 la llegada del Cid a Cabezón después de las particio­nes62 (nótese que en la Primera crónica esta entrevista ocurre en Léon),63 las palabras que le dirige don Fernando (esto es, «que si vos quieren creer sienpre serán bien consejados», refiriéndose a sus hijos),64 la donación que entonces hace don Sancho al Cid de un condado en Castilla;65 el planto de Arias Gonzalo sobre Fernando I («la guerra que vos soliades dar a moros... se tornara agora sobre nos, e matarnos hemos parientes con parientes e asy seremos todos astragados los mezquinos d’España»).66

      En fin, indudablemente la Primera crónica, texto post-alfonsí, aprovechó en los reinados de Fernando I a Alfonso VI un cuaderno de trabajo de la Estoria de España muy avanzado ya en su elaboración, pero incompleto aún, desde el punto de vista compilatorio, en ciertos pasajes donde la armoniza­ción de las fuentes ofrecía especial dificultad; el formador de la Primera crónica, ajeno a la técnica historiográfica alfonsí, no intentó en sus arreglos completar esas lagunas según el plan estructural de la Estoria de España. [Por su parte, el redactor de la Crónica de veinte reyes heredó, no sólo la parte ya elaborada de la Estoria de España, sino también las fuentes reunidas por Alfonso X, y emprendió por su cuenta la labor de concluir el proyecto alfonsí.]

Diego Catalán. La Estoria de España de Alfonso X. Creación y evolu­ción. (1990) 

NOTAS

36 La «mano cuarta» de E2 (= E2d). Véase De Alfonso X, pp. 61-69. A diferencia de lo que ocurre en capítulos anteriores, las Crónicas *manuelina y de Castilla se hermanan en esa sección, y su prototipo utiliza un texto en algún detalle más completo, aunque similar, al de Primera crónica.

37  Estudio por lo largo estos problemas en «El Mio Cid de Alf. X» (1963), pp. 195-215 [reed. en el cap. IV del presente libro, § 1-2].

38  [La independencia en esos pasajes de la CrXXReyes respecto a la inicial labor compilatoria de los redactores de la Estoria de España se denota en un cambio estilístico que afecta al modo de utilizar, romancear y prosificar las fuentes.]

39  Llamó ya la atención a Menéndez Pidal, quien hizo sobre el particular acertadas observacio­nes en Crón. General-Discurso (1916). Véase Primera Crón.2, pp. XXVIII-XXX.

40  PCG, caps. 883-885, pp. 552b44-556b3.

41   PCG, caps. 886-888, pp. 556b5-559a3. El pasaje de la p. 558a30-b50 que en las «Fuentes» de Primera crón.2 se asigna a Ibn cAlqama, procede de la Historia Arabum del Toledano, XLIX. Los dos trechos derivados de De rebus Hispaniae (libro VI, caps. 30 y 31) figuran en la p. 557a29-35 (con utilización también del Tudense), b2-21 (en «Fuentes» se atribuye indebidamente a Ibn cAlqama hasta 557b8) y en la p. 558b12-21; nótese que los fragmentos fundados en el cap. 31 del Toledano (p. 557b17-21 y 558b12-24) fueron utilizados también en el primer relato: PCG, p. 554b variante.

42  PCG, p. 554a18-19; a29-34; a38; b11-13 variante no anotada por Menéndez Pidal de forma completa: «yaziendo doliente en la çiudat de Toledo, aquel moro Haly que se feziera llamar miramamolin después que ouo muerto Abenhabet rrey de Seuilla e tornado todo de su parte lo mas del Andaluzia» (ms. F). El miramomelín Yuçaf Abentexefin figuraba originariamente en el primero y en el segundo relato de la invación almorávide y derrota cristiana en Sacralias y el miramome­lín Alí con ocasión de la posterior derrota de Uclés (de acuerdo con la realidad histórica); pero la yuxtaposición de las dos versiones hizo parecer que Alí era un «miramomelín» intruso entre las dos actuaciones de Yuçaf Abentexefin.

43  «Et pecharonle todauia fasta que ueno otro poder de moros de allend mar que lo contrallo» PCG, p. 556b1-3 (al fin de la primera versión). «Este rey don Alffonso el seteno teniendose por maltrecho en que assi perdiera Cuenca et lo al de la tietrra quel diera su muger donna Maria, queriendolo cobrar todo o lo mas que pudiesse dello f. s. S. que es a essa parte», PCG, p. 556b15-21 (al comienzo de la segunda versión).

44  En PCG, p. 557a10 omite la participación de Abenhabet en el consejo de los moros andaluces de enviar llamar en su auxilio a Yuçaf; y en la p. 557a36 la prisión en Sevilla de Abenhabet y su confinamiento allén mar, que se contaba inmediatamente antes de la muerte de su hijo en Córdoba. La muerte de Abenhabet había sido contada, siguiendo al Toledano y al Tudense, en PCG, p. 554a43-b1.

45  PCG, p. 557b36-37: «fue correr otra uez... et dessa uez llego fasta...»; PCG, p. 558b25-27: «membrandose de la malandança que ouiera contra moros la otra uez».

46  E2(orig) enmienda la segunda versión eliminando la llamada de los andaluces a Yuçaf (p. 554a11-13 variante cit. en la n. 44 aquí arriba) y sustituyendo «almorauides» por «moros dallend mar» (p. 557a2, a12 y a18-19); recuerda por dos veces al almiramomelín Alí con ocasión de acciones de Yuçaf paralelas a las ya contadas (p. 557a36 variante y 558b22 variante); introduce una referen­cia fuera de tiempo a Abenhut, señor de Sevilla y Córdoba (p. 558b5-7) y trata de paliar la derrota de Sagrajas (p. 558a12-26 variante y a30-31). F (y con él las Crónicas ocampiana y de Castilla) es más radical en su corrección: Por lo pronto, reparte el conjunto de las dos versiones en años de reinado sucesivos (año 23, cap. 884-885: Uclés-Alfonso contra Córdoba; año 24, cap. 886: desem­barco de Yuçaf; año 35, cap. 887: Sagrajas; año 26, cap. 888: Alfonso contra Sevilla). Omite de la primera versión los pasajes luego duplicados: rotas de Roda y Sagrajas y ataque de Alfonso a Córdoba (p. 554b1 variante), y, consecuentemente, procura enlazar la derrota de Uclés por Alí con la muerte de Abenhabet y conquista de Andalucía por los almorávides (en vez de PCG, p. 554b13-15). Al quedar la derrota de Uclés tan anticipada, no puede admitir como justificación de la ausencia de Alfonso su vejez y la sustituye por una enfermedad (p. 554b9-13), cuyo final consigna luego (p. 555b38 variante). Más tarde, considera imposible que el usurpador Alí pase a Marruecos (p. 556a49-51) y supone que no osa atravesar el Estrecho. Consecuentemente, en la segunda versión Yuçaf pasa a España preocupado por la traición de Alí (p. 557a22-28), a quien, una vez aprisionado en Sevilla, hará finalmente descabezar (p. 557a36-41).

47  PCG, caps. 811 y 812.

48  Las cuales ya sabemos que se añadieron a la compilación en el momento de fragmentar el relato por años de reinado.

49  En el año 33 de Fernando I.

50  En el año 1º de Alfonso VI se alude al año 7º del pontificado de Alexandre, y en el año 3º a su muerte.

51  En el año 9º de Fernando I.

52  Año 35 de Fernando I: Victor-Estevan VIII y Estevan-Benedito XII; año 36: Benedito-Nicolas II, obispo de Florencia; año 39: Nicolas-Alixandre II.

53  Año 37 de Fernando I: Enrique-Phelipe (que reinará 42 años).

54  Llamaron ya la atención sobre estos pasajes Th. Babbitt, CVR Latin Sources, pp. 54-55, 62-63, 66 y L. F. Lindley Cintra, Crón. de 1344, pp. CCLXXV-CCLXXVI, ofreciendo explicaciones en todo contradictorias. Mi hipótesis sale al encuentro de las de uno y otro.

55  Tanto Babbitt (CVR Latin Sources, p. 66) como Cintra (Crón. de 1344, pp. CCLXXV-CCLXXVI) comentaron ya, si bien con puntos de vista divergentes, la utilización de los primeros párrafos de la Historia Roderici en este trecho de la Crónica de veinte reyes.

56  [El único pormenor que pudiera basarse en su consulta es la alusión al «infantazgo» al consignar la herencia que Fernando I deja a sus hijas cuando parte sus reinos; pero faltan demasiados detalles característicos del relato del Tudense que los ayuntadores alfonsíes habrían habitualmente incorporado a la traducción del Toledano.]

57  El «Cantar del rey don Ferrando» y el «Cantar del rey don Sancho» (o de Zamora), citados por la Crónica de veinte reyes eran parte de una sola gesta. Llamo a esa gesta Poema de las particiones (de los reinos del rey Fernando) atendiendo al epíteto tradicional: don Fernando «que dixieron de las particiones».

58  El texto de la Crónica de veinte reyes puede leerse en R. Menéndez Pidal, Reliquias1 (1951) [o Reliquias2(1980)], pp. 240-256.

59  [Véase n. 56.]

60  PCG, p. 494a4-19 (negativa de don Sancho a aceptar la partición), a34-50 (Fernando I enco­mienda sus hijos al Cid).

61  Reliquias, pp. 243, 22-23. La tacha con que el rey don Fernando dejó marcados a los portugueses explica que su hijo el rey don García, antes de la batalla de Santarén, amoneste en su arenga a sus vasallos portugueses recordándoles el «mal prez» que tenían: «...vos auedes prez de fazer pocos sennores buenos entre uos; pues fazet uos oy bueno de mi...», (PCG, p. 500a22-31).

62  Reliquias, p. 244, 1-2; en la PCG (p. 497b42-44) el Cid recuerda luego a don Sancho: «Bien sabedes uos que quando yo llegue a Cabeçon que uuestro padre partidos auia los regnos».

63  PCG, p. 494a19-50.

64  Reliquias, p. 247,8; en la PCG (p. 497b35-37), Sancho II recordará al Cid: «Lo que mi padre uos dixo quando se querie finar: que non serie mal conseiado quien creeruos quisiesse».

65  Reliquias, p. 247,12; en la PCG (p. 497b37-38) don Sancho recordará al Cid: «Et por esso uos di yo un condado en mi tierra».

66  Reliquias, p. 256, 6-11. En la PCG aparecen, más adelante, repetidas alusiones a «lo que Arias Gonçalo dixo» (p. 487a25-27 y p. 499b41-44): «¡Ay rey don Fernando! en mal punto partiste tu tus regnos, ca lo que Arias Gonçalo dixo ya se ua llegando: esto es que toda Espanna cadrie en perdimiento por nos» (en boca de doña Urraca); «alli se yua ya cumpliendo lo que dixiera Arias Gonçalo que se matarien sobre los regnos hermanos con hermanos et parientes con parientes».

CAPÍTULOS ANTERIORES:  LA ESTORIA DE ESPAÑA DE ALFONSO X. CREACIÓN Y EVOLUCIÓN:

PRESENTACIÓN

1.- PRESENTACIÓN. «LA ESTORIA DE ESPAÑA DE ALFONSO X. CREACIÓN Y EVOLUCIÓN»

I. ALFONSO X HISTORIADOR

*  2.- 1. LA FUNCIÓN DEL CONOCIMIENTO EN LA RESTAURACIÓN DEL IMPERIUM

3.- 2. LA HISTORIA COMO CONOCIMIENTO CIERTO Y EXHAUSTIVO DE LOS HECHOS PASADOS

4.- 3. TEXTO Y GLOSA. LA EXPLICACIÓN DE HECHOS Y PALABRAS

5.- 4. LA ESTRUCTURACIÓN CRONOLÓGICA DE UNA HISTORIA ECUMÉNICA

6.- 5. LA ARMONIZACIÓN DE LO NARRADO Y EXPLICADO POR LAS VARIAS FUENTES EN LA GENERAL ESTORIA

7.- 6. LA ESTORIA DE ESPAÑA HISTORIA DEL SOLAR «ESPAÑA» Y DE SUS NATURALES

8.- 7. DOS PRINCIPIOS DE ESTRUCTURACIÓN: LOS SEÑORÍOS Y LA CRONOLOGÍA

9.- 8. LA ARMONIZACIÓN DE LOS RELATOS DE LAS FUENTES EN LA ESTORIA DE ESPAÑA

*   10.- 9. LA EXPLICACIÓN DE LOS HECHOS

*   11.- 10. EJEMPLARIDAD Y DECORO HISTORIOGRÁFICOS

*   12.- 11. EL ESPEJO DE LA HISTORIA

II. EL TALLER HISTORIOGRÁFICO ALFONSI.

13.- 1. LA PRIMERA CRÓNICA GENERAL NO ES LA CUMPLIDA REALIZACIÓN DE LA ESTORIA DE ESPAÑA PROYECTADA POR ALFONSO X

14.- 2. CÓMO SE ELABORÓ LA ESTORIA DE ESPAÑA EN LAS ESCUELAS ALFONSÍES. ETAPAS VARIAS EN LA COMPILACIÓN

15.- 3. LA «QUARTA PARTE» DE LA ESTORIA DE ESPAÑA. LA SECCIÓN DEDICADA A LA HISTORIA «CONTEMPORÁNEA» (ALFONSO VII-AÑO 1243)

Diseño gráfico: 


La Garduña Ilustrada 

Imagen: Reina doña Urraca, tumbo de Santiago de Compostela.

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